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¿HAY UN JAZZ POST-POST-MODERNO?

ACORDES Y DESACUERDOS (XXIX)

La primera vez que se usó el término postmodernismo fue en arquitectura. Hoy todo evoluciona arrollando a la propia evolución y necesitamos términos como post para todo. Hablando de jazz, ¿cómo definir la modernidad o, aún más complicado, la post-modernidad? La esencia del jazz es la modernidad, la continua evolución. Sí, es cierto, hubo rupturas importantes con el pasado (el bebop, el free, la electrificación del jazz...) pero ya todo parece tan mezclado (la promiscuidad, en palabras de Chema García Martínez) en tanto que conviven en el panorama jazzístico estéticas dispares y movimientos que avanzan tanto hacia atrás como hacia delante. ¿Cómo identificamos, entonces, lo moderno? Y la peor pregunta: ¿hacia dónde avanza el jazz hoy día?


I.
En el denso The Essential Jazz Records Volume 2: Modernism to Postmodernism, de Max Harrison, Charles Fox, Eric Thacker y Stuart Nicholson, se definen algunas líneas del postmodernismo en el jazz a partir de conceptos de Nietzsche (el caos de la vida moderna y su intratabilidad ante el pensamiento moderno), incidiendo en este capítulo en el collage como modo de superponer distintos mundos (y cultura, añadimos) en diversos ámbitos artísticos mientas que... 
...en el jazz el músico de jazz postmoderno expropió y transformó prácticas, fragmentos y "significantes" de diferentes, a veces ajenas, músicas y culturas, y las realojó dentro de su propio expresionismo. En particular, el postmodernismo no intenta legitimarse en referencia al pasado, una de las características del revival del bebop en los 80 y los 90.
En otro párrafo, podemos leer:
En contraste, la propuesta postmodernista era que el modelo esencialmente teleológico de evolución coherente había pasado a ser una variedad de contribuyentes individuales que se negaban a congregarse alrededor de la seguridad de los cánones establecidos y que, en cambio, creaban e interpretaban sus propias, a menudo altamente individualistas, interpretaciones del jazz, inspirándose en una variedad de fuentes que a menudo estaban más allá de la música. Fue con este feroz acercamiento de tan variadas referencias, declaraciones de la Era de la Información tomadas de culturas extrañas y descontextualizadas por yuxtaposición, como crearon "Lo Nuevo".

II.
En concepto viene corroborado en algunos de sus matices en un artículo titulado "El jazz en 2010. Informe de situación" incluido en el libro In-fusiones de jazz (2010, Arte/facto, Sevilla) del siempre analítico Chema García Martínez:
El jazz de la posmodernidad obra a partir de materiales de segunda mano combinados entre sí para producir un espejismo de novedad. La era de los "ismos", también en el jazz, es cosa del pasado.  El músico de jazz de 2010 ha renunciado a pensar en futuro. 
Y luego añade:
El jazz del siglo XXI es una música sin ideologías ni líderes. Una manifestación artística atomizada perfectamente inocua y absolutamente alejada del espíritu promiscuo que definió las décadas precedentes. 

Conclusión fuera de tono. El free jazz o jazz atonal o jazz post-post-moderno (a muchos se les atraganta aquello que no tenga etiqueta) es muchas veces como ver a los jugadores del Real Madrid y del Barça jugando al fútbol playa. No hay velocidad ni grandes regates ni pases precisos ni una visión coherente de grupo ni armonías ni...  pero, en el fondo, sabes que es jazz. 


La pintura de más arriba es White Light (1954) y pertenece a Jackson Pollock, pintor libre y siempre más allá del modernismo que, sin embargo, pintaba oyendo jazz clásico, solía declarar, razón por la cual el MoMA publicó en 1999 una recopilación con su nombre y los temas que solía escuchar: 


EL LIBRO DE LOS LIBROS (DE JAZZ)

La poesía del jazz

La historia comienza hace más de diez años, cuando tuve noción (con retraso) de que la revista Litoral había editado uno de sus fantásticos monográficos al jazz. Para entonces, el número (doble) 227-228 estaba agotado. Comenzó una búsqueda de esas que sólo son posibles por Internet, una búsqueda que ha durado más de diez años y en la que he recorrido librerías de nuevo y de viejo, habiendo encontrado sólo una oportunidad de comprar un ejemplar usado por 60€ (más del doble de su precio original) pero su propietario ya lo había vendido... Hoy puedo decir con satisfacción que he conseguido una copia facsímil en el lugar más inesperado y más lógico: el Ministerio de Cultura.

Pueden llamarme bibliófilo, bibliópata o bibliófago. Ya lo he escuchado antes, pero ha valido la pena la búsqueda y hoy puedo recomendarles que entren ustedes la web del Ministerio en su Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, donde encontrarán una versión (no muy bien) escaneada del volumen La poesía del jazz. No parece que sea por falta de interés pero hay páginas en blanco y (parece que) se ha hecho con un ejemplar aparentemente dañado. Sin embargo, resulta de gran utilidad al tratarse de una edición imposible de conseguir.

Bien, ¿a qué tanto interés? Este número de la revista Litoral es algo así como El Libro de los Libros sobre Jazz: en sus páginas hay fragmentos de tantas obras literarias (poéticas, narrativas, ensayísticas...) y también fotográficas y pictóricas que resulta imprescindible para cualquier aficionado al jazz, tanto es así que podríamos decir que su índice es como una lista de libros que todos deberíamos poseer o al menos leer si amamos el jazz.

Jean Dubuffet, Grand Jazz Band (New Orleans), 1944

Para no extenderme mucho, les diré que La poesía del jazz contiene fragmentos de textos de Sartre, Kerouac, Cortázar, Toni morrison, Juan Marsé, Gómez de la Serna, Felipe Benítez Reyes, Allen Ginsberg, Nat Hentoff... Sería interminable, ya que son 300 páginas... También incluye abundante material gráfico para ilustrar los textos, con fotografías y obras de arte de distintas épocas, una recopilación de carteles antiguos, un álbum fotográfico de Herminia Sirvent y un interesante artículo de Federico García Herraiz sobre el arte en las portadas de los discos de jazz.

Murmurando un aire sincopado,

tarareando suave aquí y allá,
oí tocar a un negro.
La otra noche abajo en la Avenida Lenox.
Junto a la triste y blanca palidez de una vieja luz de gas.
Se movía perezoso...
Se movía perezoso...
Mientras tocaba aquellos Cansados Blues.
Langston Hughes, "The Weary Blues"
(traducción de Charles Matz y Ana Jordá)

Pero no sólo de poemas vive el aficionado al jazz. Al lado de Lorca y Cesare Pavese podemos encontrar fragmentos del libro de Ross Russell sobre Bird, de Pero hermoso, de Como si tuviera alas, de las (casi) biografías de Ralph J. Gleason reunidas en Héroes del jazz... Una manera intensa y amena de repasar todos estos libros sobre jazz y de abrir boca para ir mañana a nuestra librería de siempre y volver loco al librero haciéndole encargos. Verán que pone una cara mezcla de sorpresa y satisfacción que es indescriptible, como el jazz... a pesar de todas las páginas que se escriben sobre el tema.

Resumiendo, la noticia es que lo he encontrado y quería compartirlo con ustedes.

El enlace a la página del Ministerio es éste: 



BLUE NOTE RECORDS

El punto (necesario) de referencia

Blue Note es la casa del hard bop, de Lee Morgan, de Jimmy Smith, de Freddie Hubbard, de Thelonious Monk, es esa portada que nos viene a la mente cuando pensamos en jazz hecho en serio. Creada por dos inmigrantes alemanes, Francis Wolff y Alfred Lion, Blue Note es, por encima de todo, un pilar básico en la Historia del Jazz.

Tras el parón estival y a rastras de un comentario de mi amigo Loco acerca de la camiseta que lucía en aquel autorretrato innecesario (aunque veraniego), he  revisitado el documental Blue Note, A Story of Modern Jazz (dirigido por Julian Benedikt y Andreas Morell en 1997). Aunque sólo destacaría de su visionado los solos de Freddie Hubbard (como documental es algo desordenado y poco esclarecedor), al menos su metraje deja reflejada la base que dio al sello el nombre que aún hoy tiene: el de la calidad. Si buscáramos una definición de lo que Blue Note ha significado para el mundo del jazz elegiríamos un eslogan del tipo La calidad en el jazz tiene un nombre. Aunque suene a propaganda. Alfred Lion solía decir que producía los discos que quería escuchar. Y esto se nota.

Desde la primera grabación (Albert Ammons y Meade Lux Lewis) que realizó Alfred Lion en 1939 en un estudio alquilado, su estilo y su espíritu se han mantenido. Con la llegada de los vinilos de 10 y 12 pulgadas en los años 50, el "estilo Blue Note" acuñó su estándar posterior basado en tres premisas: portadas artísticas y llamativas, un primer tema para comenzar los álbumes destinado a la radio, y la calidad (en todos lo sentidos, no sólo el musical). Lion no sólo producía a artistas seleccionados sino que incluso les pagaba por los ensayos, algo inaudito en una época en la que los músicos sólo cobraban por grabar y después no recibían ni siquiera royalties por las ventas...

Pero Blue Note también ha evolucionado con los tiempos. Del jazz tradicional pasó al bebop en los 40. En los 50 entraron a formar parte del equipo un joven ingeniero de sonido de 29 años llamado Rudy van Gelder y el diseñador Reid Miles. Los 60 trajeron la oportunidad de romper moldes con el free jazz y las vanguardias. Alfred Lion se retiró en el 67. El sello cerró, fue vendido, absorbido una y otra vez, y hoy en día es uno de los baluartes del nu-jazz sin perder el interés por el mainstream y manteniendo (para fortuna de los aficionados) el negocio del siglo: el de las re-ediciones de clásicos del jazz. 

Se podría decir que se mantiene el espíritu con el que Lion desarrolló su carrera, con el mismo afán juvenil con el que descubrió el jazz en su Alemania natal. 

De Francis Wolff, quien se ocupó por encima de todo de las finanzas de Blue Note, hay que reseñar su originalidad como fotógrafo. Su estilo es contundente: instantáneas tomadas casi siempre en el estudio durante los ensayos, un solo punto de luz, casi siempre un fondo oscuro y rotundo, fotografías únicas y reconocibles. Muchas de sus fotos aparecen en las portadas que diseñó Reid Miles y que han marcado una época y un estilo inconfundible: el estilo Blue Note.



 

Todas estas portadas son diseños de Reid Miles sobre fotografías de Francis Wolff. El contenido es de sobra conocido.





Más portadas en este interesante artículo: http://retinart.net/artist-profiles/jazzy-blue-notes-reid-miles/




JAZZLIFE

La fotografía es jazz para los ojos

Chet Baker toca la trompeta en la barandilla de un barco. Stan Getz lo hace bajo el claroscuro de una bombilla en la entrada de artistas del Cosmo Alley de Hollywood. Will Shade presume de su bajo casero de una sola cuerda. Durante un ensayo, Woody Herman cierra los ojos al tocar. Anita O'Day fuma, pensativa. Art Pepper sube la empinada cuesta de Fargo Street como una metáfora de las dificultades que supone luchar contra las drogas. Misas gospel, desfiles en Nueva Orleáns, sesiones de hardbop en los clubs de Chicago... En ocasiones, el salto de Hecho a Arte en un fotografía consiste sólo en saber encontrar el modelo adecuado, ensayar el encuadre perfecto y obtener la historia que, desde otro punto de vista o desde otro encuadre, jamás se contaría. El valor de William Claxton consiste en saber extraer esas historias de las imágenes y hacerlo respetando y/o descubriendo la esencia del personaje.

Recorrer Estados Unidos a bordo de un Chevrolet debe ser una aventura difícilmente igualable; hacerlo en 1960, cuando estaban en su etapa más creativa músicos como Ornette Coleman, Miles Davis, Dave Brubeck... debió ser una aventura irrepetible, histórica y musicalmente hablando. El fotógrafo William Claxton empleó en esta aventura tres meses de 1960 acompañado por el musicólogo alemán Joachim E. Berendt, de quien partió la idea, cubriendo todo el panorama desde Harlem hasta Hollywood, pasando por Louisiana, Kansas City, Chicago, San Francisco... y fotografiando clubs, ensayos, brass bands, aficionados, músicos profesionales y músicos callejeros... Al libro de Claxton sólo le falta la foto de Fats Domino siendo rescatado del Katrina en una barca.

Mi capítulo favorito del libro por cuestiones sentimentales es Nueva Orleáns. Sus personajes tienen el carisma primigenio que dio vida al jazz. Las imágenes tienen un folklorismo muy alejado de la sofisticación de los jazzmen de Nueva York o de la Costa Oeste. Paradójicamente, cuando se disponían a hacer escala en Nueva Orleans, recibieron este consejo en Nueva York: “Ni os molestéis en ir a Nueva Orleans,. El jazz en Nueva Orleans está muerto”. Es cierto que el jazz de principios de siglo desapareció una vez que los barrios “malos” como Storyville, que mantenían la mayor parte de los locales con música en directo, fueron cerrados por cuestiones morales (se adujeron otras razones de salud pública). La mayoría de los músicos se trasladaron a Kansas City, a Nueva York y a Chicago, dando paso a otros estilos que revolucionarían el concepto de jazz, como el Kansas City y el swing.  

Y lo que Claxton y Berendt encontraron en la ciudad del Mississippi fue una música más moderna y sofisticada de lo que esperaban. Quizás porque los mismos músicos orleanos pensaban que el jazz (el hot jazz) estaba muerto, explica el libro, estaban creando una música más evolucionada, más moderna. También se encontraron con reminiscencias de la inacabable guerra dialéctica sobre quién “inventó” el jazz, encarnada en Nick La Rocca (The Original Dixieland “Jass” Band) en una nueva versión: fueron los blancos los inventores (!).



El libro posee la calidad de la fotografía de Claxton en 552 gloriosas páginas, incluyendo algunas fotografías en color que no se habían incluido anteriormente y un prólogo del fotógrafo, que se suma a los incisivos aunque escasos textos de Berendt, y se ha convertido en un tesoro que, nada más abrirlo, devuelve la fe en un arte que alcanzó su punto culminante en aquellos años.

Creo coincidir con muchos aficionados en que este es El Libro de Fotografías de Jazz. Por excelencia. Es algo emocional, un objeto de culto tanto para los aficionados a la fotografía como al jazz, un libro al que siempre vuelvo cuando escucho un disco de jazz que no me convence. Este libro me redime de muchas cosas. Es Arte. En palabras de Claxton, la fotografía es jazz para los ojos.

Lo edita Taschen, por supuesto.

WILLIAM P. GOTTLIEB

La perfección en la paradoja

William P. Gottlieb, conocido como Mr. Jazz, se aficionó a la música cuando una pieza de carne en mal estado le provocó una triquinosis y le obligó a una tediosa convalecencia que mitigó con discos y revistas de jazz. A pesar de este desagradable comienzo, su relación con la música del siglo XX es una de las más productivas y celebradas en el mundo de la fotografía.



William P. Gottlieb no iba para fotógrafo. Entró a trabajar en el Washington Post por recomendación, sin aportar méritos, y acabó en la sección de Publicidad. Para ganar un poco más de dinero, sugirió al director la posibilidad de hacer una sección de jazz con fotografías. Tuvo que comprar su propia cámara, una Speed Graphic como la que usaban todos los periodistas de la época. Su camino hacia el jazz parece trazado a base de casualidades. De querer escribir pasó a hacer fotografías y, sin embargo, de alguna manera, a su manera, instauró el estándar de lo que hoy llamaríamos "una típica fotografía de jazz".

William P. Gottliebno era un perfeccionista. Al tener que pagarse las películas y las lámparas de flash de magnesio, que eran de un solo uso, ponía todo el cuidado del mundo en retratar el momento adecuado. Conocía a los músicos, sus tics y su forma de actuar, por lo que sólo tenía que poner un poco de paciencia para encontrar ese momento idóneo para hacer una fotografía, dos a lo sumo por noche. De este don para no desperdiciar negativos nacieron esas fotos ideales (pocas, pero ideales) que lo han hecho esencial.

William P. Gottlieb llegó a tener su propia columna de jazz, su propio programa de radio, y era conocido como organizador de concursos de baile (de swing, por supuesto) y de jam sessions a las que acudían los mejores músicos, ya que le tocó vivir la mejor época del jazz, la de los 40 y 50. Sin embargo, de la noche a la mañana lo dejó. Pasó de ser el referente en el mundo del jazz en blanco y negro a dedicarse a las películas educativas. Continuó con la fotografía, pero jamás volvió al jazz. Aún hoy no se conoce el motivo. Por fortuna, en 1995 la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos adquirió 1.600 negativos y diapositivas de Gottlieb, así como fotos enmarcadas y tiras de contacto con la ayuda del Fondo Ira & Leonore S. Gershwin. Aparecen en la web de la Biblioteca para la Memoria Americana, y desde este verano en Flickr. No se me ocurre mejor forma de recordarlo y de inspirar a los fotógrafos que queden por venir.

Todo alrededor de Gottlieb resulta paradójico y, sin embargo, no deja de ser perfecto, como si todo hubiera consistido en llegar por casualidad, hacer una sola foto y comprobar que era una obra maestra.














____________
Fotografías:
* Foto superior: Gottlieb con su Speed Graphic, julio 1997 (foto de Jim Higgins)

** La mejor foto de Billie Holiday la hizo Gottlieb en el Downbeat de Nueva York en febrero de 1947.

*** Django Reinhardt en el club Aquarium de Nueva York, noviembre de 1946

**** Espectacular instantánea de Sidney Bechet. Detrás están Freddie Moore, Lloyd Phillips, y Bob Wilber. Tomada en el Jimmy Ryan's Club, Nueva York, junio de 1947.

JAZZOLONTIA 2010

Festival Internacional de Jazz de Gibraleón

Nueva edición del Festival Internacional de Jazz de Gibraleón, con un interesante panorama de músicos españoles y portugueses, además de proyecciones, literatura y exposicones como ya es habitual.


Convento del Vado.
Gibraleón, Huelva.

Del 10 al 12 de septiembre 2010.




PROGRAMA: 

10 de septiembre, 22:00
Jerez - Texas (España)
Susana Travassos (Portugal)
Combo de músicos portugueses y españoles 

11 de septiembre
20:30
Proyección: Let's get lost (Bruce Webber, 1988) 

22:30
Mauri Sanchis Trio (España)
DJ´S Jazz Nono e Israel 

Día 12 de septiembre, a las 20:30
Presentación obra poética de Uberto Stabille
Cortometraje Tan Lejos de Dios (Uberto Stabile, 2010)
Acoustasonic Trio (España)
_______________
Los músicos:
Mauri Sanchís: www.maurisanchis.com
Acoustasonic: www.myspace.com/acoustasonicsguitarduo
Susana Travassos: www.myspace.com/sutravassos
Jerez-Texas: www.jereztexas.com

EL JAZZ ES... ¿QUÉ ES EL JAZZ?

ACORDES Y DESACUERDOS (III)

Llega mayo, el calor y Andalucía se llena de romerías, romeros y flamenqueos. El jazz me espera siempre al llegar a casa pero, en medio de las sevillanas, con una cerveza en la mano, ¿cómo le explico a mis amigos más floclóricos qué es el jazz?

I
“El verdadero jazz se encuentra en el Mississippi, brota de las manos del pianista de un bar de Storyville, o en medio de los hombres de una banda de músicos que tocan para acallar la violencia de un ajuste de cuentas en Chicago. El jazz es también la voz de un clarinete que exalta la vida, y es también una plegaria a Dios.” (Miguel Candegabe, Breve historia del jazz)

II
“El jazz es saludable para el alma humana” (Herbie Hancock)

III
“El jazz es el arte de la sorpresa” (de la página del Festival de Jazz de Vitoria)

IV
“El jazz es una visión del mundo, una forma innovadora de resistencia. Para mí, tocar jazz es luchar contra el orden mundial de Bush, Blair y Sharon, buscar la liberación incluso a sabiendas de que nunca la obtendré, atacar el nuevo colonialismo estadounidense, proclamar aquello en lo que creo, hacer campaña a favor de la liberación de mis hermanos palestinos e iraquíes. Tocar jazz es sugerir una realidad alternativa, reinventarme, estar listo para hacerlo hasta el amargo final.” (Gilad Atzmon)

V
“El jazz es la única música, junto con la de la India, que corresponde a la gran ambición del surrealismo en literatura” (Julio Cortázar)

VI
"El jazz es una música democrática, cada uno tiene su voz, pero al mismo tiempo su responsabilidad; no se puede hablar de cualquier cosa sin escuchar a los otros” (Werner Vana Gierig)

____________
(*) En la foto de más arriba, Carlos Barretto, Assaf Tsirkis & Gilad Atzmon según el fotógrafo JOAO HENRIQUES, tomada de la página de Tomajazz.

EFECTOS COLATERALES DEL ABURRIMIENTO

ACORDES Y DESACUERDOS (II)

“Después de tres pasadas por el estante de la música sin saber qué poner, oigo como en sueños a Lester Young; vale, digo Lester Young y dejo caer suavemente la aguja sobre el disco y comienza a llover, doblemente comienza a llover, una lluvia eléctrica procedente de una mala copia de los viejos discos de pizarra y una lluvia mojada de esas que parece que a San Pedro se le han roto las puertas y el refrán de los cántaros se queda chico. Lester Young, un saxofón retorcido que se me mete por las orejas, los ojos trepándome por la cara para enredarse en las macetas de la ventana y asomarse nuevecitos al otoño, primer día que llueve en cuatro o cinco meses, una cortina de agua que moja la azotea, una cortina de saxofón que moja mi oído...”
(Hipólito G. Navarro, El aburrimiento, Lester)

El tema al que se refiere el escritor es "You’re driving me crazy", pero os tendréis que conformar con este pedazo de vídeo donde deja clara la libertad con la que se movía Prez:

Lester Young murió muchas veces, de alcoholismo, de sífilis y por abuso de la marihuana. En cuanto a vivir, nació inspirado por el saxofonista Frankie Trumbauer, vivió el racismo, vivió un trauma a causa de la guerra y consiguió envejecer manteniendo su espíritu lírico y libre al mismo tiempo.

Histeria #2: El jazz es peligroso

Como comentaba en la entrada anterior, Boris Vian jamás ganó un céntimo como músico de jazz, incluso presumía del título de músico amateur. Esto no deja de ser una ironía porque su mayor frustración fueron los fracasos económicos de sus libros, así como del resto de sus peripecias artísticas. Como crítico de jazz, tampoco dejó jamás de ser un escritor amateur.

Durante casi diez años, Boris Vian envió a la revista francesa Jazz Hot crónicas en las que hablaba incluso de jazz. En un medio en el que se supone que se debe hablar sólo de jazz, él escribía sobre cualquier cosa, preconizando que no se debía entender la música en sentido absoluto sino en relación a la época. Sus primeras críticas en Jazz Hot eran revisiones de artículos americanos aparecidos en revistas especializadas; después, fue dejando salir su estilo, aprovechando cualquier tema para escribir, tuviera o no relación con el jazz, pero siempre postulando la idea de que la crítica de jazz debía ser imparcial y atendiendo siempre a la música en sí.


El jazz está patente en casi todas sus obras de ficción, marcando el tono oscuro en escenas que sin música quedarían artificiales y almibaradas. Según el análisis de Jean Clouzet en su estudio sobre Boris Vian, el escritor usa el jazz de una forma específica en cada una de sus obras: en Vercoquin y el pláncton, el jazz en estado puro hace vivir a unos personajes que son incapaces de bailar, beber o follar sin música, mientras que en La espuma de los días el jazz ilustra de forma sutil el deseo de que las dos únicas cosas que hay en la vida (las mujeres y el jazz) sean sensuales e inexplicables (“Hay solamente dos cosas: cualquier forma de amor con bellas muchachas y la música de New Orleans y de Duke Ellington).

Pero la pasión de Vian por el jazz fue también la pasión por lo prohibido. Cuando era un adolescente, se le prohibió tocar a causa de una enfermedad coronaria crónica; de adulto, asistió con consternación a la proscripción social de la música negra. En respuesta a ciertas actitudes vigentes enfrentadas al jazz, publicó en 1949 en Jazz Hot un elocuente artículo titulado El jazz es peligroso: Fisioterapia del jazz, en el que escribió fragmentos tan irónicos y, a la vez, elocuentes como éstos: “Tan lejos como uno quiera remontarse hasta la antigüedad, pueden encontrarse ejemplos de la acción esclerosante y necrosanta del jazz sobre la célula viva y las macromoléculas del citoplasma [...] Los trabajos del doctor René Theillier, relativos a las lesiones provocadas por la repetida agresión de una causa cualquiera, dilucidan igualmente el peligro de cualquier música de ritmo regular; el jazz es el ejemplo más típico, y por ello sería necesario que los poderes públicos (aquí Vian acusa sarcástica y directamente a los responsables de la prohibición) se decidieran por fin a aplicar el bisturí en esta llaga y a encontrar un remedio para las psicopatías cada vez más grandes que parecen apoderarse por completo de nuestros jóvenes contemporáneos”.

En el mismo artículo, llega a divagar sobre el supuesto experimento en el que “un perrito de pocos días” es sometido de forma regular a la audición de lo que llama “grabaciones de esta música de salvajes”. El resultado parece ser de necrosis y degeneración grasa de ciertas partes del organismo, por lo que añade un rebelde: “Existe un gran peligro al dejar a sus hijos escuchar la radio” (naturalmente, se refiere a una época en la que el jazz sonaba por la radio) Por eso os digo: padres, desconfiad del jazz”. Termina relacionando el jazz con los problemas que hacen flaquear la “armadura de la sociedad actual” y proclamando, histriónico: “Por ello es por lo que decimos a la Administración: ¡Cuidado! Hay peligro. Suprimid el jazz y habréis matado en el mismo huevo todos los gérmenes de la rebelión social que engendrarán a corto o largo plazo la guerra atómica.”. (Jazz Hot, noviembre de 1949).

Histeria #1: Boris Vian a la trompeta

Lo han definido como ecléctico y canalla, bohemio y espectacular, imprevisible improvisador y con muchos más adjetivos que encajan con la definición que me gusta del jazz, pero Boris Vian fue un artista (poeta, novelista, músico) que supo venderse tan bien que es muy común confundir autor y personaje. En el ensayo que acabo de leer, Jean Clouzet recurre a términos médicos para definir la personalidad de Boris Vian. “La psiquiatría, al esquematizar en extremo, nos enseña tres tipos principales de estructuras caracteriológicas: las obsesivas, las esquizoides y las histéricas”, escribe, y sitúa al escritor, sin titubear, en la tercera de estas tipologías. Boris Vian fue un bohemio, pero no por histeria o por accidente: Boris Vian fue un actor de la bohemia, un fingidor con las aptitudes necesarias para llamar la atención allá donde fuera, y encontró en la noche de París y en el jazz el método para expresar su espíritu singular.

Dicen que tocaba la trompeta al límite de la pasión, algo que le habían prohibido desde la adolescencia porque arrastraba una insuficiencia crónica pulmonar.



Cuando veo esa foto de Cortázar, perdido en su París desordenado y lleno de eternos estudiantes anclados en la displicencia, agarrado a una vieja trompeta que jamás aprendió a tocar, no puedo evitar pensar que intentaba imitar inútilmente a Boris Vian, un escritor que, como él, hizo de la escritura un camino que se salía de lo marcado, que construyó una prosa llena de improvisaciones que se reinventaba continuamente a sí misma con un inacabable diccionario de palabras con nuevos sentidos (conductor de pimienta, rasca-menú de los trópicos) y nuevos nombres para cosas de lo más trivial (bailar es, por ejemplo, la producción de interferencias por parte de dos elementos animados con un movimiento oscilatorio rigurosamente sincrónico), prosa imprevisible pero no ilógica sino (prefiero esta definición) inhabitual, un don que lo define más como amante de la improvisación que sus diez años de crónicas en Jazz Hot.

Como músico, Boris Vian no pasó de cierta pose. La música fue un medio más para sus poemas, convertidos en canciones. Más abajo elegiré uno de mis favoritos para ilustrar este tema. Sus letras siguen sorprendiendo a pesar del paso del tiempo. La prueba es el disco de Andy Changó, nada jazzístico (las canciones de Vian no lo eran), en el que recrea, actualizando el lenguaje y los guiños, poemas/canciones como Complainte du progrès, Le déserteur, J'suis snob o Ah! si j'avais un franc cinquante.

Pero abrí este blog para hablar de jazz. Aunque, como músico, no destacó en absoluto, su pasión adolescente (dicen que como reacción a la prohibición de la música negra) se materializó a los 18 años con su primera banda de jazz. Más tarde, en la orquesta de su amigo el clarinetista Claude Abadie, con la que penetró en el barrio de Saint-Germain-des-Près, donde se rodeó de la intelectualidad nocturna del momento (Camus, Sartre...) en las cavas del Tabú y en el Club Saint Germain. Sin embargo, la cima de la modernidad estaba muy lejos de la del jazz. Jamás llegó a triunfar como trompetista y su única incursión “profesional” en el jazz fue a través de sus reseñas en la revista francesa Jazz Hot. Quizás provocador, quizás realista, solía referirse a sí mismo con el orgulloso título de músico amateur.

Boris Vian
VALS TONTO

He compuesto para ti
Un vals así
Que nadie cantará
He querido que haya
De comer y de beber
En mi vals y está aquí
El resultado

Un vals en forma de silla
Sin posar en el suelo
Un vals con forma de fresa
Que se come con los dedos
Un vals con escamas
Como un pececillo
Un vals para las aves
Y para los embutidos
Un vals en madera de las islas, un vals de hilo de hilo
Un vals para afilar los romos cuchillos
Un vals en piel de anchoa
Un vals en pasta de oca
Vayamos al bosque, cantemos
Un vals sólido y espeso
Para construir una mansión
Un vals para hacer un pozo
En cualquier estación

Ya me he dado cuenta
Que mi torcido vals
No te rendía homenaje
Y he hecho enseguida
Un bonito cuplé
Para celebrar mi vida
Y helo aquí

Un vals en forma de endivia
Como tus ojazos azules
Un vals de larga cola y furtiva
Para llorar los dos
Un vals en forma de cabra
Tumbémonos en el prado
Pronto, déjame tus labios
Sí, te los devolveré
Ven, te daré mi corazoncito
Bailemos el vals sin parar hasta el amanecer
Sobre el puente de un buque tú y yo valseamos
Un buque con corderos que va a Santiago
Un vals tierno y sutil
Igual que tú y yo
Oh, qué fácil es la vida
Cuando estoy en tus brazos...

LATÍN Y JAZZ

De acuerdo, puede que últimamente sólo hable de Louis Armstrong, pero el anuncio de la película sobre su vida me recordó la otra peli y una cosa llevó a la otra y...

Aquí dejo un poema que me venía últimamente a la cabeza con demasiada frecuencia. Es un ensayo de equilibrismo del poeta chileno Gonzalo Rojas sobre cómo pisar al mismo tiempo dos terrenos plagados de apasionadas minas, de cómo conjugar el orden y el caos en un equilibrio emocional deseablemente inestable. Me encanta el final, que he leído un millón y medio de veces.

Su título es

LATÍN Y JAZZ
Leo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis Armstrong,
[lo reoigo
en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles
en el latín augusto de Roma con las trompetas libérrimas,
[lentísimas,
en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido
de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las olas
que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta
materia
que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar
en que amarro la ventolera de estas sílabas.

En el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor
del movimiento, loco el círculo de los sentidos, lo súbito
de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma
y África, la opulencia y el látigo, la fascinación
del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí
y el infortunio de los imperios, vaticinio
o estertor: éste es el jazz,
el éxtasis
antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis,
Catulo mío,
¡Tánatos!


Fotografía de Lisette Model

Calle 52, Mendoza, Argentina

Cuando hablaba hace un par de semanas de las grabaciones piratas, del ansia por grabar y guardar programas de radio y televisión y de copiar conciertos, reivindicaba el poder del aficionado para hacer perdurar sonidos y eventos que son de por sí volátiles. Verba volant, scripta manent (las palabras vuelan, lo escrito permanece).

Me acuerdo de esto ahora porque, revisando el blog de uno de mis programas favoritos, Calle 52, me he dado cuenta de que, si no colgaran en la red este programa que se hace desde Mendoza (Argentina) ni yo ni miles más lo conoceríamos; y, si no nos bajáramos estas grabaciones, las maravillosas palabras de Miguel García y de su equipo se perdería en el aire (verba volant...) un segundo después de terminar el programa. Hacer perdurar las cosas bellas, ¿no es un arte en sí?

De todas formas, un blog no sólo ayuda a conservar y difundir programas de radio que se retransmiten una sola vez, sino que lo convierten en algo mucho más interactivo, incluso visual. Calle 52, en concreto, es un programa que se emite en Radio Nihuil desde Mendoza. Sus temas son la literatura y el jazz, y en ocasiones, como el especial dedicado a Boris Vian, gracias al cual descubrí (vía Google) este programa, se convierte en un ejercicio de literatura en estado puro. Enmarcando esclarecedores textos del escritor dentro de temas musicales de una manera exquisita, uno llega a “vivir” el París de Vian de madrugada, ese París cuyo amanecer odiaba en la vulgaridad de los que madrugaban ¡para ir a trabajar! y sólo por el gusto ácido de escucharlo cantar, ya vale la pena.

Lo que me recuerda que sigo sin encontrar el libro de Boris Vian Escritos sobre jazz, pero, como suelo decir, todo se andará.

El programa en cuestión es de lo más recomendable. Lo más reciente que han subido es un especial sobre Chet Baker, que, si bien no es ni tan completo ni tan ameno como el de Boris Vian (a ratos se pierde entre otras divagaciones ajenas al tema) no deja de ser una joya.

Ya me contaréis.

Para saber lo último: http://calle52.blogspot.com/




ME GUSTA EL JAZZ

Escribo esta entrada respondiendo a Marina, que me dedicó unos incisivos comentarios en la anterior. En realidad, el hecho de titularlo "No me gusta el jazz" iba dedicado a ciertos amigos que tengo que oyen la Cadena 100, ven Operación Triunfo y se ríen de mí cuando hablo de jazz. Dicen que sólo escribo sobre jazz y decidí escribir que no me gustaba... Del juego de palabras salió esta entrada que tan poco le ha gustado a Marina.

En realidad, soy un tipo bastante optimista y siempre intento sacar lo mejor de lo que me toca vivir. Si voy al cine y la película es mala, siempre le saco algo bueno, técnico o artístico. Lo mismo me pasa con el jazz. Nunca he tirado un disco después de oírlo. Oigo más músicas y soy bastante abierto. No soy un purista ni un poseedor de la verdad. Es cierto que todo depende de quién lo oye y en qué momento.

Pero Marina me preguntó qué me gustaba. Me gusta el jazz.

Me gusta el jazz con ritmo, mainstream, pero dependiendo del momento, el cool, el swing, el hard bop...

Me gusta el jazz en directo, oír que el público aplaude los solos y que ningún músico se queda sin hacer el suyo.

Me gusta el jazz fusión cuando a pesar de la fusión sigue habiendo jazz, y lo mismo me ocurre con el jazz rock.

Me gusta Norah Jones para los ratos en que no tengo ganas de escuchar jazz.

Me gusta el jazz leído cuando se trata de El invierno en Lisboa, por ejemplo, o algún ensayo sobre alguno de mis músicos favoritos.

Me gusta el jazz con amigos, sean intelectuales o hooligans.

Me gusta el jazz lleno de ideas, inesperado, inteligente, capaz de sorprenderte a la primera y a la décima escucha.

Me gusta hablar de jazz.


Para Marina, por hacerme ver que hay que tener perspectiva.

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Foto de Art Blakey sacada de www.vervemusicgroup.com


JAZZ 2

Arte pop en versión jazz

El jazz tiene una cara que no es musical. Esta cara es una faceta gráfica que posee tanto atractivo como la música misma. La fotografía de jazz, las portadas y el cartelismo forman parte de la iconografía del siglo XX. Hoy os traigo una exposición que he visto en el último rincón de Andalucía:. Jazz2.


Manolo Cuervo (Isla Cristina, 1955) es un artista gráfico que se rinde al jazz. Conocido como el cartelista de los festivales de jazz de Sevilla, el Internacional en los 80 y en los 90 y el Rising Stars, su visión de la pintura pop va más allá del retrato al estilo Warhol. Mirando sus pinturas vemos a un artista pop sin miedo a experimentar, vemos sentimiento calculado, nunca experimentación improvisada, vemos el jazz en colores, retratos salvajemente coloristas muy alejados del estereotipo del blanco y negro generalmente asociado a esta música. Manolo Cuervo tiene su propia Biblia del color, del trazo, siempre inesperado y siempre excitante.

En esta exposición no hay carteles, aunque sí en el espléndido catálogo que la acompaña, donde aparecen casi todas las pinturas expuestas así como reproducciones en miniatura de una veintena de carteles. Lo que sí hay son retratos, visiones personales llenas de color en las que Manolo Cuervo, a partir de imágenes que se han convertido en iconos (Sarah Vaughan, Dizzy Gillespie, Max Roach, Betty Carter, Dee Dee Bridgewater...) experimenta, improvisa, impone ritmo a sus colores con pericia de diseñador gráfico e impone una voz personal que no deja indiferente. Es como el jazz.

En una reseña de ABC.es, Manolo Cuervo dice: «Es una exposición que continúa a la que hice en la galería sevillana de Félix Gómez [...] Cuando hacía los carteles para la Diputación tuve la oportunidad de conocer a músicos increíbles como Miles Davis o Dizzy Gillespie. Recuerdo que Ornette Coleman quiso conocerme porque le encantó mi cartel, pero yo no hablaba inglés y me dió vergüenza que me lo presentaran y no poder hablar con él».

Acompaña al catálogo de la exposición (50 páginas) un apasionado texto de Alberto Marina Castillo en la que desgrana su percepción del jazz para explicar de dónde viene y adónde va el artista. A través de cinco textos, titulados Kiss of Spain, It don’t mean a thing (if it ain’t got that swing), There’s no business like show business, Body and soul y Nostalgia in Times Square, a los que acompañan cinco recomendaciones de sus cinco versiones favoritas de estos temas, seguimos el ritmo de experiencias, anécdotas, historias del jazz y de la pintura y muchas citas, como ésta de Art Blakey que utiliza para explicar que la pintura de Manolo Cuervo tiene swing:

Haz buena música, bien interpretada, moderna, pero nunca vayas tan por delante del público que éste se pierda, ni te alejes hasta el punto del ritmo que el jazz mismo se haya perdido... 

El pintor va por delante de las tendencias, jugando con sus propias reglas, pero como buen pintor-diseñador o diseñador-pintor consigue conectar su mitología personal con el público. Arte pop en versión jazz.

En la sala de exposiciones del Convento de Santa Clara (Moguer, Huelva) hasta el 19 de agosto de 2007.
Lunes a jueves de 19:00 a 22:00
Viernes y sábados de 19:00 a 21:00