Este año no nos ha llegado ninguna novedad navideña a ritmo de jazz pero, como la música no debe parar, debemos recomendar un disco navideño como todos los diciembres. A los más despistados, seguimos recomendando el etéreo álbum a piano solo de Bugge WesseltofEverydoby Loves Angels (ACT, 2017), que escuchábamos el año pasado por Navidad pero, si ustedes son más de swing, deben escuchar el celebrado álbum de versiones de villancicos de Wise Guys Octet (con Lipi Calvo, Pedro Cortejosa, Carlos Villoslada, Javier Galiana...) titulado The Magi are Coming (Blue Asteroid, 2016); dos álbumes con espíritu navideño, muy diferentes pero con raíz europea.
Pero hay un álbum del que no habíamos hablado hasta ahora, quizás porque lo conseguimos en otra época del año... Volvamos los ojos al Mediterráneo para escuchar un jazz con un sonido netamente americano, el del álbum A Jazzy World Christmas de Ximo Tébar, un guitarrista enormemente personal que no encaja en las etiquetas. Recuperamos este disco de 2015, donde reunió a músicos de distintas partes del mundo (Ester Andújar, Antonio Serrano, Miles Griffith, Jim Ridl, Maria de Medeiros...) para recrear temas navideños como "White Christmas", "Sleigh Ride" o el siempre energético "Santa Claus Is Coming to Town". Denle al play. ¿A qué esperan?
Cada otoño la misma historia. Caen las hojas. Es otoño. Los recuerdos, como el verano, quedan atrás. Terrazas, cervezas, conciertos, amigos, estrellas. Todo queda atrás. Y así todos los veranos. Todos los recuerdos. Antes de volver a escuchar la canción del invierno, como dice la canción, vale la pena rebuscar en los bolsillos para devolver un poco de calor al alma, a ver qué encontramos:
"Autumn Leaves" ("Les feuilles mortes"). Joseph Kosma y Jacques Prévert escribieron esta canción en 1945. Johnny Mercer le puso letra en inglés. Nat King Cole le dio un toque jazzy. Cannonball Adderley lo convirtió en un estándar al incluir una versión instrumental en su álbum Somethin' Else (Blue Note, 1958), en la que participaron Miles Davis, Hank Jones, Sam Jones y Art Blakey.
The falling leaves
Drift by my window
The falling leaves
Of red and gold
I see your lips
The summer kisses
The sunburned hands
I used to hold
Since you went away
The days grow long
And soon I'll hear
Old winter's song
But I miss you most
Of all my darling
When autumn leaves
Start to fall
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* La primera imagen es la del single editado por Blue Note.La segunda es la del álbum Somethin' Else.
Ester Andújar es una voz de calidad demostrada, emocionante y amante del scat. Sorprende, conociéndola en estas facetas, el disco que acaba de sacar al mercado. Tras Tristeza de amar (2002) y el increíble Celebrating Cole Porter (2005), aparece Páginas preciosas, un disco ecléctico y distinto, co-producido con el guitarrista Ximo Tébar, ese especialista en bailar en la cuerda floja que cuelga entre la fusión y el jazz.
Lo primero que tengo que decir es que Páginas preciosas no es un disco de jazz. Es, según mi impresión a la primera escucha, un disco de cantautora. Porque Ester Andújar no se ha limitado a componer sino que ha escrito las letras de casi todos los temas y (lo que es más inesperado) se ha atrevido a cantar en castellano, incluso en valenciano.
¿El resultado? Un disco de canciones. Canciones con momentos sobresalientes y un sonido mediterráneo que recuerda a los Presuntos Implicados más inspirados, temas que suenan a pop, bossa, suave funky y jazz (crossover si alguien echa de menos la etiqueta) arropados por buenos músicos de jazz. Su voz (tan personal) brilla por encima de música y de letra, pero cantar en castellano tiene un riesgo y es que hace que el mensaje llegue antes que la música. Uno se pone a escuchar los versos y obvia ese piano que acompaña e incluso la calidad de la voz, a pesar de lo cual Ester recuerda a ratos que es una cantante de jazz y se deja llevar por el scat en algunos momentos brillantes en los que podemos recordar que en directo es más auténtica y más sobresaliente.
Entre los diez temas del álbum, compuestos por la cantante (alguno junto a Ximo Tébar o al también guitarrista y arreglista Manuel Hamerlinck) hay un tema de Serrat (Romance de Curro el Palmo) y una versión deliciosa y emocionante de ‘Round midnight con letra en castellano, cantada a capella y en la cual el único acompañamiento musical que arropa a la voz de Ester Andújar es el sonido de la lluvia.
Confieso que sólo he oído este CD una vez, y que seguramente no lo archive junto a los discos de jazz, pero Ester Andújar es mi voz preferida del jazz nacional y la de muchos. Le auguro un buen recibimiento de crítica y también de público (¿por qué no?) ahora que productos tan mestizos como los que graban Corinne Bailey-Rae o Norah Jones consiguen atraer tanto a los amantes del jazz como al resto de los compradores de discos.
A vueltas con Cole Porter. Después de publicar la entrada en la que hablaba de Ester Andújar y de su disco Celebrating Cole Porter, me he hecho (por recomendación de una amiga) con la peli sobre la vida del compositor: el musical De-lovely, dirigido por Irvin Winkler. No puedo decir que no me haya gustado la cinta. Hay cosas muy buenas: los efectos visuales son extraordinarios (y sutiles, aunque en las secuencias en blanco y negro la película gana más), la banda sonora está llena de temazos (aunque en versiones de gente del jazz, posteriores, suenan mejor) y siempre es estimulante “conocer” cómo trabajaban los músicos que admiramos. Así, con un hábil guión de Jay Cocks, algo excesivo en su planteamiento pero original, las canciones de Cole Porter van hilvanando con sus letras lo que fue su desordenada vida, la de un genio como todos los genios, atormentado en este caso por un sentido de la vida en el que primaba la diversión por encima de todo. Sólo su mujer, que fue su musa y su principal sostén, logró centrarlo un poco.
El histriónico y oscarizado Kevin Kline interpreta a Cole Porter con menos teatralidad de lo que suele actuar, con menos sobreactuación y menos pantomima, salvo la necesaria para sugerirse lo suficientemente afeminado para parecer gay. ¿Se le notaba esto a Cole Porter? Yo, particularmente, hace tiempo que no soporto a Kevin Kline, pero aquí está bien. De su parte está el guión, muy teatral, y la controversia generada por el interés de la película de mostrar el lado gay de Cole Porter (hoy día no hay personaje que no vuelva de la tumba para decir que en su tiempo no pudo salir del armario). Lo peor es que no se puede basar el interés del público por un artista (o por una biografía o por una obra) en su vida sexual. No tiene sentido que hoy día tenga más valor “la diferencia” que la genialidad de unas composiciones que ya existían antes de (digamos) que naciera gente como por ejemplo Joshua Redman.
Resumiendo, he visto la película hasta el final y, como a mí me gusta ser positivo y sacar algo de todo lo que veo, me quedo con los cameos (sería más correcto decir actuaciones) en la película, lo mejor: canciones y apariciones de Natalie Cole, Diana Krall, su marido Elvis Costello, Alanis Morrisette, Mick Hucknall de Simply Red, Sheryl Crow o el inclasificable Robbie Williams, todos ellos interpretando a cantantes de la época y poniendo voz a los standards de Cole Porter. Especialmente brillante es el tema que interpreta Alanis Morrisette. No es una de mis cantantes preferidas, pero en la película canta "Let’s Do It, Let’s Fall in Love" a caballo entre su propio y peculiar estilo y el más puro años 30. Realmente fabulosa. Vaya voz.
Lo peor (bueno, lo anecdótico) reconocer que tantos standards del jazz como "Night and Day" o "I Got You Under My Skin" nacieron como numeritos de Broadway para las comedias musicales. Que nadie espere oír en la película una versión como la que hace Sarah Vaughan de "Just one of those things" (o la que hace Charlie Parker). En De-lovely estos temas aparecen orquestados (magníficamente orquestados: parece un trabajo muy serio), pero cuando uno ha oído estas canciones a Frank Sinatra o en versiones instrumentales a gente como Miles Davis o Bird, la cosa resulta un poco floja y lejana, vamos, “orquestada”.
En cualquier caso, Cole Porter fue un gran compositor y sus temas seguirán versionándose (espero que durante muchos años más) para placer de todos. Yo, ahora mismo, me voy a escuchar el The Cole Porter Songbook de Charlie Parker enterito, que también tiene orquesta y coros, pero se salva por el saxo alto del maestro pájaro.
Esta mañana me he levantado con una melodía en la cabeza y le he estado dando vueltas hasta que la he identificado. "Night and day", de Cole Porter, tal como aparecía en La alegre divorciada, cantada por Fred Astaire o por Ella Fitzgerald o por Frank Sinatra o dormido por el saxo de Charlie Parker o acariciado por los dedos de Oscar Peterson… Cuando llegué a casa ya tenía una idea clara de qué quería oír. Tengo una versión increíble de esta canción en un disco made in Spain. El álbum en cuestión es un disco homenaje: Celebrating Cole Porter de Ester Andújar.
Ester Andújar es una de esas raras flores del jazz que crecen en la península como insólitos especÍmenes, solitarios en el desierto. Valenciana de nacimiento, viene avalada por una buena cantidad de premios y por su experiencia como profesora de canto en el Aula de Música Alameda de Valencia y Espai-C.A.R.E. (Centro de Alto Rendimiento Escénico). A pesar de esto, derrocha una frescura en escena inusual. El verano pasado tuve la oportunidad de escucharla en directo. Venía en formación de cuarteto y tocó al aire libre. No es lo mismo que oírla en un club, claro, pero me llegó. Del disco original (su segundo álbum) sólo trajo a Ricardo Belda, un pianista muy personal que suplió con su experiencia las deficiencias del equipo de sonido. Algunas fusiones, sobre todo de temas brasileños, y la habilidad de la cantante para conectar con un público de lo más heterogéneo hicieron de aquella una noche memorable.
Volviendo al disco, esta revisión de 13 standards de Cole Porter producida por Ximo Tebar se aleja del primer disco de Ester Andújar, Tristeza de amar, donde mezclaba con destreza música española y jazz, un trabajo nominado y alabado en su día, pero que a mí me parece muy falto de jazz, todo lo contrario que este segundo disco, donde sobresalen favoritas como "Just one of those things"; baladas intimistas como "Easy to love", donde la guitarra de Ximo Tebar y el Hammond de Rob Bargad están impresionantes; "Ev’ry time we say goodbye", que cierra el disco de forma intimista con el piano y los arreglos de Helen Sung; o scats fabulosos como el de "From this moment on" o el de "All of you", con su sensacional duelo voz/guitarra.
Algunas de las composiciones cuentan ya 75 años, pero éste no es un disco retro. No hay ni swing manido ni violines. Este disco deja un regusto fantástico porque el conjunto es una revisión personal del songbook de Cole Porter, una visión particular como debe ser toda obra de arte, una relectura personal y amplia que repasa desde todos los puntos de vista, desde el bop hasta el soul jazz, el repertorio del compositor. Eso sí: sin excentricidades post modernas, sin revisionismos absurdos ni desvaríos ni extravagancias para llamar la atención y parecer moderno (léase Madeleine Peyroux, por ejemplo), lo que hace que este álbum no amenace con perder interés con el paso del tiempo. Tendrá el mismo valor y el mismo placer dentro de diez años. Lo dicho, un clásico. Sólo en el tema que me obsesionaba, Night and day, reaparece el ambiente original, el aire retro con que se cantaban las composiciones de Cole Porter en los 30, en el fabuloso juego de voces entre Ester Andújar y JD Walter. Buenos temas y mucha improvisación. En fin, jazz.
Los créditos de grabación son éstos: Ester Andujar, voz; Ben Street, bajo; Adam Cruz, batería; Helen Sung, piano; Ximo Tebar, guitarra; Rob Bargad, Hammond B-3, piano y Rhodes; Peter Berstein, guitarra y JD Walter, voz.