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ECLÉCTICO

PABLO SANMAMED TRÍO, 16/4 (aCentral Folque, 2018)

Uno de esos fenómenos que ocurren en el jazz de vez en cuando es que publique un primer disco como líder un músico con una experiencia tan dilatada que merecería toda una serie de artículos. El contrabajista Pablo Sanmamed es uno de estos casos. Ha participado en 67 discos dentro de grupos de jazz (y rock) y ha tocado en innumerables festivales. Lo reseñamos hace unos años con aquella formación de jazz electrónico y experimental que se llamó 3 Azoteas (Audia, 2011). Ha compuesto música para cine y ha ganado varios premios con su banda sonora para la película Crebinsky (Enrique Otero, 2011), que protagonizaron Luis Tosar y Miguel de Lira. También ha escrito música para danza y teatro, lo que explica lo detalladamente descriptivas que son las melodías que compone. Pero no hay mejor carta de presentación que un disco. El suyo se llama 16/4.

En 16/4, además de su experiencia como contrabajista, podemos apreciar su capacidad como compositor versátil y comprometido con una búsqueda de raíces en la que confluyen las reglas del jazz (síncopa, improvisación, solos) con las armonías de la música folk gallega y en algún momento europeas (como en el caso de "Rapsódia Damasquinada" o más nítidamente en "Duas mulheres", que utiliza la estructura de una danza tradicional rumana llamada dum horo). Esta contradicción entre música negra y otras músicas de raíz forma parte de la esencia del jazz, por lo que pienso que (como el caso del jazz flamenco) debería existir ya una etiqueta para esos músicos gallegos que combinan con tanto acierto sus ritmos tradicionales con el jazz moderno (Abe Rábade, Pablo Castanho, Baldo Martínez...). El jazz de Pablo Sanmamed está lleno de swing, sutiles cambios de ritmo y una visión intelectual y original a la altura. Llamémosle, de momento, jazz moderno de raíz.


Con una formación de trío de piano (con Iago Mourinho al piano y Bruno Couceiro en la batería) donde, evidentemente, todos los instrumentos son de ritmo, Sanmamed lo hace más complicado todavía enredándose en aventuras como el 5/8 del tema que da título al álbum o forzando a los músicos a velocidades que requieren no solo de virtuosismo sino de una fortaleza mental capaz de improvisar a gran velocidad ("De BCG a SCQ"). 

El disco es redondo. Comienza con una deconstrucción muy lírica (y adaptada al estilo personal de Sanmamed que hemos descrito) del estándar "You Don't Know What Love Is" para luego mostrarnos un abanico de ideas que se mueven entre temas muy rítmicos y otros más introspectivos donde escuchamos a un contrabajo directo, expresivo y con un amplio abanico de ideas, que da cohesión al conjunto con una solidez envidiable, y un piano, ese gran protagonista del trío para el que se han escrito temas fabulosos como "Setembro", que es un vals, jazz al estilo francés según el libreto del disco, o "16/4", donde el piano soporta toda la carga del tema con un eclecticismo que incorpora elementos de música clásica, tradicional y jazz, y con ese solo de Sanmamed...

Aparte del trío, destaca la intervención del saxofonista alto Pablo Añón en la bellísima "L.H.", donde le dan la réplica con una fluidez casi poética Xose Luis Miranda al trombón y Iago Mourinho al piano. Este tema fue escrito para cuarteto de cuerda para una banda sonora y aquí suena como quinteto de jazz (piano, saxo, trombón, bajo y batería). Pero curiosamente, sí hay un cuarteto de cuerda en el último tema del disco, que no está compuesto por Sanmamed sino por Mourinho.

Porque el álbum termina como empezó, con un tema ajeno, esta vez compuesto por Iago Mourinho titulado "Dujmey tinQu" (sí, el título está en klingon), una balada que contiene un delicado solo de contrabajo que pone un final lírico e introspectivo al disco.



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Web oficial: www.pablosanmamed.com

ALFONSO CALVO SEPTET

Al ritmo de las olas

Dos saxos, trompeta y trombón, sección rítmica con piano. El septeto siempre me ha parecido una big band en tamaño reducido, con todas las posibilidades de su expresividad y la comodidad de tener más espacio para los solos. El contrabajista Alfonso Calvo nos trae en Sea Ahead (Free Code Jazz Records, 2016) un septeto brillante y sin estridencias, en la línea del hardbop pero con intenciones narrativas sosegadas e interesantes.

El disco abre con un brillante y aparentemente introspectivo tema (titulado igual que el álbum) que fluye alrededor de la rítmica expresividad del vibráfono (Ton Risco, que suma aquí como octeto), un tema en el que ya se aprecian las armonías hardbop que dan sentido al septeto y que contiene unas líneas de saxo probablemente no improvisadas, pero muy agresivas, una manifestación de que las melodías son efectivas, pegadizas, pero no complacientes.


Alfonso Calvo es un contrabajista de Santiago de Compostela (no para de llegar buen jazz desde Galicia), alumno de, entre otros, Kin García y Xacobe Martínez, que terminó sus estudios en el Conservatorio Superior de Santiago, Master por la Esmuc... y que demuestra un estilo sobrio y delicado, elegante, muy de escuela, donde sólo se echa en falta (por poner alguna falta a este disco brillante) cierta rudeza o rebeldía propia del bop. Pero esto, como sabemos todos, se aprecia mejor en el directo que en el esmero del estudio, por lo que espero tener la oportunidad de escucharles en vivo, recomendación que les extiendo a ustedes (aunque sea en Youtube).

Las composiciones tienen esta cualidad. Están muy bien arregladas y, como dije antes, el septeto permite más espacio para los solistas que una big band, donde, por ejemplo, es menos habitual escuchar un solo de trombón. Aquí escuchamos uno muy expresivo en "The Stolen Key", a cargo de Bruno Valle, que responde al chorus tras el solo de piano (el infalible Iago Mouriño) con energía contenida y cierta lírica, para poner el clímax que conduce al final del tema.


También la elegancia de los saxos es soberbia. Al Pablo Castaño, (alto) y a Xose Lois Miguélez los habíamos escuchado en otras formaciones (Marcos Pin, Factor E-Reset, Organic Collective), y aquí demuestran un tema tras otro que funcionan muy bien juntos. Suenan muy complementados con la trompeta (Rubén Salvador, también en la flauta en algunos temas).

En la base rítmica, además de la pericia de Naíma Acuña, está el propio Alfonso Calvo, dirigiendo al combo sin pretensiones de protagonismo (salvo la delicada introducción de contrabajo de "En dous pasos"), porque, en el fondo, como compositor lleva la batuta y como bajista lleva el ritmo. 

El álbum termina con un evocador "Come Spring" donde el ritmo se vuelve decadente por momentos, anunciando el final, pero con unas armonías bellísimas que dejan buen sabor de boca.

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* El álbum está en Bandcamp: https://alfonsocalvo.bandcamp.com/album/sea-ahead

** Web: alfonsocalvomendez.wixsite.com/alfonsocalvo/info

*** Foto: Rafa Pasadas. 


http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

ROCK GOES JAZZ(-SOUL)

Jazzeros inoxidables, Roots (2012)


Jazzeros Inoxidables son un trío de Galicia (esa gran tierra llena de músicos de jazz) que exploran aquel viejo cóctel inventado por Jimmy Smith en el que un órgano Hammond y una guitarra eléctrica dialogaban al más alto nivel de expresividad e improvisación que el jazz exige con el apoyo rítmico de una batería como único testigo. Esta improbable comunión de un instrumento eléctrico y uno de iglesia rompió moldes en su momento pero aún hoy día la síncopa de la guitarra y la mezcla de vibrato y solemnidad del Hammond siguen estremeciendo a muchos aficionados. Smith probó con Kenny Burrell, entre otros, hasta alcanzar el clímax en dos discos con Wes Montgomery para Verve. Unos años más tarde, rompió con esta discográfica con un álbum llamado Root Down (1972). El que hoy nos ocupa (siguiendo un hilo de casualidades) se titula Roots y ha sido grabado por otro trío: David Regueiro es el guitarrista, Iago Mouriño el dueño del Hammond y Noli Torres el responsable del colchón rítmico. Se hacen llamar Jazzeros Inoxidables.

Cuando decidieron titular a su primer álbum Roots (raíces), en referencia a sus influencias, iban más allá de simbiosis similares a la de los tríos de Jimmy Smith e incluso más allá del jazz-soul. Las raíces de estos tres músicos proceden de lugares tan alejados (en apariencia) como el jazz de Chet Baker, el rock sicodélico de The Doors, el pop-soul negro o las bandas sonoras de Nino Rota. Y esto se nota a medida que se va escuchando el disco: la propuesta de Jazzeros Inoxidables se apoya por igual en composiciones originales (4 de 10) y en versiones de estos clásicos. Como buenos Jazzeros, toman los temas ajenos y los deconstruyen con paciencia para después reconstruirlos con esquemas más jazzísticos, los cuales permiten al trío desarrollar solos de gran intensidad ("Gettin' Louder") o pura calma ("Speak Softly Love"). Sólo se permiten conservar algunos detalles esenciales de los temas no originalmente jazzísticos, como el riff del bajo en "Money", el tema de Pink Floyd o esa melodía de Nino Rota, aquí apenas dibujada por una guitarra que sabe dosificar las notas... Lo demás en fantasía con vida propia. 

En el siguiente video pueden escuchar el tema "Like My Booga", uno de los temas originales del álbum Roots y quizás el más funky:



3 AZOTEAS

Fusiones en la frontera de la electrónica

Nunca he estado muy del lado de las fusiones, aunque admito que está en la esencia misma del jazz la interculturalidad, el mestizaje de los sonidos y la experimentación. El grupo gallego 3 Azoteas propone en su primer disco titulado A priori (Audia, 2011) un sonido eléctrico, sincopado, lírico pero con algunos toques de blues, elaborado con instrumentos electricos (sintetizador y bajo eléctrico) alternados con sus hermanos acústicos (piano y contrabajo) y batería. 

Sus respectivos responsables (Iago Mouriño, Pablo Pérez Sanmamed y Miguel Queixas) despliegan un repertorio de temas propios (y una versión de un preludio de Chopin) compuestos sobre la base del jazz pero con la mira puesta en otros ámbitos, desde la música clásica (en los temas más introspectivos) hasta el rock progresivo ("Estaba melhor no libro", "Turismo no planeta dos simios"). 

La versión del "Preludio en mi menor" de Chopin es una deliciosa paranoia que salta del lenguaje maquinal del sintetizador al lirismo propio del Romanticismo, para arrancarse por momentos con notas de blues que lo enriquecen enormemente. Por suerte, el swing está presente en la base de la mayoría de los temas (genial e intenso el tema final "A fermosura intrínseca dos ornitorrincos fosforescentes") y salva del aburrimiento a algún que otro corte. 

El resultado en la mayoría de los temas es una música introspectiva y lírica, a menudo más cerca de Keith Jarret que de Joe Zawinul, no tan electrónico como hacía sospechar el arranque del disco, y demostrando que se puede tocar el teclado electrónico con sensibilidad, como el Bill Evans de los 70, cuando grabó con el Fender Rhodes sin perder su estilo. El mejor ejemplo es "Iria". A pesar de todo, cada vez que oigo este tipo de experimentos realizados desde el punto de vista del jazz no puedo evitar recordar la anécdota que ya contamos sobre la primera vez que Herbie Hancock tocó un piano eléctrico.