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| DK viviendo su propio Birdman |
DIANA KRALL NO NOS AMA
JUST ONE OF THOSE THINGS
Esta semana, Broadbent protagoniza un singular evento tecnológico que no conocíamos en el jazz: el próximo sábado 4 de octubre a las 19:00 horas (horario de Europa Central) ofrecerá un concierto en vivo via streaming que podrá ser visto a través de la web StageIT.com (www.stageit.com/
El nuevo disco de Broadbent está repleto de canciones de amor, standards que hacen fluir un componente sentimental que subyace bajo la imperecedera sonoridad bop del pianista, intemporal, inclasificable y, a la vez, compendio de tantas influencias... El swing está más contenido aquí que en otros de sus discos y ayuda a reforrar ese lado sentimental. Sólo en algunos temas más desatados como "Just One of Those Things" explota en forma de acelerada improvisación, acentúa la síncopa ("Autumn Leaves") o se nos ofrece con un sonido más blues, más negro y puro ("Django").
Grabado en junio de 2013 en Portland, al igual que su anterior álbum en solitario, Heart to Heart (Chilly Bin, 2013) y producido por Rainer Haarmann, antiguo director artístico de JazzBaltica, Just One of Those Things es un pequeño maratón emocional en el que el pianista marida sensibilidad, experiencia y versatilidad sobre las teclas, repasando ocho standards que pasa por su tamiz personal. Charlie Haden, con el que trabajó en su Quarter West, lo llamó "uno de los improvisadores más originales del jazz".
Pero Alan Broadbent es mucho más (ya hicimos un repaso de su biografía cuando lo descubrimos hace un par de álbumes): ha trabajado en su dilatada y fructífera carrera con multitud de músicos como líder y como sideman, desde Woody Herman hasta Diana Krall. Y ahora, en el mejor momento de su carrera, se apunta a las novedades tecnológicas para ofrecernos algo tan singular como un concierto en directo vía web. No es la única singularidad. El álbum, que sale al mercado hoy 1 de octubre, puede adquirirse también en formato LP en una edición limitada de 500 copias y en otra mucha más limitada de 4 únicas copias en un formato de LP especial que incluye dos cortes adicionales. Estas ediciones están disponibles únicamente en la web del productor Rainer Haarmann (www.editionlongplay.com).
Tobias Richtsteig, en las notas del disco, lo describe como "un solista con un brillante piano de cola conversando íntimamente y sin compromisos con el oyente atento."
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* Web del concierto via streaming: www.stageit.com/
** Más info sobre AB y su gira: http://janmatthies.com/blog/en/?page_id=240
*** Fotografía de Yngve Froyen.
MUÑECA DE TRAPO
Si uno pasa por alto la portada de su último álbum (creo que es el décimo), encontrará en su interior una colección de temas que van más allá de los standards, porque recurre en esta ocasión a temas de los años 20 y 30, procedentes del vodevil, de comedias musicales y de otras fuentes que dieron en lo que hoy conocemos como jazz, música que se grabó en discos de 78 rpm y que, según afirma ella, sus padres coleccionaban. Y aquí es donde comienza lo emocionante. La voz de la canadiense y una instrumentación más variada y compleja que en otros discos (la guitarra predomina sobre el piano en muchos de los temas) nos traen aires de cabaret, de pequeños teatros, de minstrels, de viejas comedias musicales y de estilos primitivos del jazz, hoy fuera de uso. ¿Un regalo para musicólogos o un gesto teatral de la cantante? Adivinamos que va a ser un disco con muchas escuchas, a pesar de que a los estilos (cabaret, vodevil, jazz) se sumen a veces baladas y alguna sonoridad country ("Wilde River To Cross") que no nos encaja del todo y que nos recuerda (peligrosamente) a aquel experimento que grabó con canciones de su marido.
Nuestro tema favorito es "There Ain't No Sweet Man That's Worth the Salt of My Tears" (¡título impresionante donde los haya!), un tema de Fred Fisher (el compositor de "Chicago"), que suena mucho más auténtico en la versión alternativa (edición DeLuxe), con acompañamiento de piano y sin el insidioso riff de la guitarra de Ribot. Suena así:
Entre los músicos, todos novedades respecto a sus combos habituales. Destaca Marc Ribot por el protagonismo que tiene la guitarra acústica en casi todos los temas. Toca además el banjo, el ukelele y el bajo de 6 cuerdas. Bryan Stutton toca también la guitarra en algunos temas. Keefus Ciancia toca los teclados acompañando al piano de DK, también el Mellotron. En la sección rítmica, Jay Bellerose en la percusión y Dennis Crouch al bajo. Howard Coward toca el ukelele y la mandola (no confundir con su hermana pequeña, la mandolina) en "Lonely Avenue", que es uno de los que menos nos gustan del álbum. Coward pone además la voz en los coros y en la dramática presentación del último tema, que no podía ser otro más que "When The Curtain Comes Down".
Pero como apreciamos a nuestros lectores y no hay función teatral que no levante el telón una o dos veces para que aplaudamos a los actores, les vamos a regalar un epílogo: la versión de "There Ain't No Sweet Man..." que grabó Bing Crosby en 1929. A la trompeta está el gran Bix Beiderbecke:
Weeping on my pillow
For years and years
JINGLE BELLS
Todos tenemos músicas que se nos enredan en la mente y nos acompañan durante días o durante años. Hay una en particular que comienza a sonar en mi cabeza de manera inconsciente cuando algo me va bien. Es ·Jingle bells". Es una cuestión de optimismo o simplemente de marcha. Cuando algo me acelera o cuando un sentimiento de alegría me invade, alguien (o "algo") le da al play y en mi mente comienza a sonar el villancico clásico. Aunque, para ser más concreto, suena siempre con síncopa y ritmo de swing tal cual lo canta Diana Krall.
Ocurre desde que hace unos años me regalaron su álbum Christmas songs (Verve, 2005). No voy a discutir a estas alturas si los villancicos son alegres o tristes. Hay tantas historias en libros y cine sobre navidades tristes que no voy a entrar en ello, pero la composición aparentemente simplista de estas composiciones antiguas, muchas de ellas creadas para un coro infantil, las imbuyen de una increíble capacidad de contagio.
Yo siempre he odiado los coros infantiles chillando villancicos (ya sabéis:
esos que suenan en los centros comerciales desde noviembre hasta Reyes) y suelo poner en casa cuando hay una cena en las cercanías de la Navidad, un ábum de Chet Baker llamado Silent nights que incluye delicias como "First Noel" y "Joy to the world" e insertos tan sorprendentes (o no) como "Amazing grace". Es un disco de quinteto grabado el 7 de enero de 1986 en Nueva Orleans, donde comparte protagonismo con Christopher Mason al saxo alto. Ha sido reeditado en varias ocasiones y con distintas portadas.Mi otra opción preferida es el álbum de Diana Krall Christmas songs (2005), sucedáneo o ampliación de otro de la misma pianista que editó en 2001 y que se llamó Have yourself a merry little Christmas.
El de 2001 era un EP con 6 canciones. Dos de ellas, "Jingle bells" y "Have a merry little Christmas", reaparecen en el siguiente disco acompañados de otras diez canciones de navidad y la ineludible presencia de la orquesta. Pero este álbum de la cantante/pianista canadiense es mucho más rítmico que el de Chet, más contagiosamente feliz, más ideal para oír solo y sin conversaciones de por medio. En una comida sin muchos invitados acompaña más Chet o algún disco de música clásica, en concreto uno con filarmónica y órgano que atempera los ánimos y relaja los verbos. Ya se sabe que hay que comer despacio y masticar bien...Podría recomendar muchos otros discos de navidad a ritmo de jazz (Frank Sinatra tiene uno bárbaro y no digamos el de Oscar Peterson), pero estos dos que he citado me suben el ánimo de una forma fabulosa, ideal para esta época de la Navidad, con su fin de año y esa sensación de las cosas que se acaban y las que prometen comenzar. Por eso, sean ustedes partidarios de estas fiestas o no, les deseo unas navidades llenas de paz, amor y música. ¿Qué otras cosas se pueden pedir en la vida? Y, parafraseando aquel título glorioso y tragicómico del cine español, les recomiendo que sienten un jazzman a su mesa. Claro que, si hay que elegir entre el fantasma incorpóreo de Chet y la más tangible anatomía de Diana, creo que me invitaré a esta última a la mesa y dejaré que cante Chet.
Feliz navidad´¯`•.¸¸.¤
QUIET NIGHTS
Encontrar el camino no es una misión instantánea y Columbia se adelantó. El año anterior (1963), Miles había grabado con Gil Evans algunos temas en un intento por encajar la bossa nova en un esquema de orquesta de jazz. La productora, con la complicidad de Teo Macero, completó estos 20 minutos orquestales con temas que Miles había traído de sus sesiones en la costa oeste con Victor Feldman, Ron Carter y Frank Butler, y publicó Quiet nights. El resultado fue un álbum heterogéneo, pequeño, sorprendente y que consiguió que Miles culpara a Teo Macero y dejara de hablarle durante más de dos años.
Ahora, caminando al borde del jazz, Diana Krall vuelve a editar un álbum con el mismo título: Quiet nights (Verve, 2009). Sólo guarda con el anterior un vínculo: el reclamo exótico de Brasil y la bossa nova tal cual la entienden los norteamericanos, como un ritmito dulce que viene de Sudamérica y de sus playas, nada que ver con la samba ni la algarabía de los carnavales...
Lo cierto es que ninguno de los temas grabados por Miles y Gil están en el álbum de Diana Krall, que no es otra cosa que un homenaje al repertorio (al Brasil) de Jobim y Gilberto, aunque sólo haya tres temas brasileños... y el único interés de este nuevo CD es, quizás, averiguar cómo Krall trae todo este material de bossa a su propio terreno, ese territorio de nadie (podríamos llamarle crossover) en el que sabe mezclar tan bien orquesta y jazz. Los otros ingredientes son la presencia de Garota de Ipanema (aquí llamada The boy from Ipanema), esa eterna canción sobre la belleza inaccesible que nunca me canso de escuchar, y un DVD con tres canciones grabadas en vivo en Lisboa.
La magia del DVD se resume en que los temas que suenan vuelven al esquema jazzístico del cuarteto porque, sin orquesta, Diana Krall se mira más en el espejo del jazz y nos devuelve ese don que la hace única: su forma, primitiva y elegante al tiempo, de tocar el piano. Cuando “se deja” acompañar por orquesta, pierde parte de ese encanto que tanto me atrae. En este disco, además, los arreglos orquestales de Claus Ogerman retrotraen la bossa nova a ritmos tan lentos, casi callados (so quiet), que consiguen llevar el jazz a un punto en el que parece que el tempo se detiene. Y, sin embargo, fíjense, me gusta.
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