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TÍOS, ¿SABÉIS LO QUE ESTÁIS HACIENDO?

Mike JONES, Penn JILLETTE & Jeff HAMILTON, Are You Sure You Three Guys Know What You’re Doing? (Capri, 2023)

La historia comienza en su teatro en Las Vegas, donde Penn Jillette representa cada noche su show de ilusionismo y humor junto a Teller (Penn & Teller llevan 45 años actuando juntos) con el pianista Mike Jones como director musical. Jeff Hamilton se le acerca y le propone grabar un disco juntos. "Penn se asustó", recuerda Jones. “Estaba más nervioso que nunca. Era un caso perdido y repetía: 'Esto es absurdo. Estoy fuera de mi liga'. Pero lo tranquilicé y fue una sesión divertida que resultó genial”. Esto ocurrió hace varios años. Entre medias, Penn se atrevió a grabar con Jones a dúo un disco: The Show Before The Show (Capri Records, 2018), del que hablamos en su día, pero aquí la temperatura sube con la presencia de Jeff Hamilton, quizás el batería más efervescente y placentero de escuchar del panorama actual, todo experiencia y elegancia. Juntos, hacen ese jazz clásico y lleno de momentos que nos gusta, jazz serio que divierte. Y no hablamos de humor, sino de placer.

Foto: Ezekiel Zabrowski

El disco comienza con el chispeante "'S Wonderful" de Gershwin y sí, Penn hace caminar a su contrabajo. Como dice Bill Prady en las notas del disco acerca del "mago que toca el contrabajo", es un bonito walking, de esos "en los que te quitas el sombrero para saludar a las damas y sonreír". Juegos de palabras aparte, el humor está en los recursos inagotables de estos músicos, en la sorpresa continua. El trío se compenetra a la perfección (Penn no es un músico principiante y se acerca al estilo de Ray Brown) y el disco burbujea desde el principio, especialmente cuando tocan blues como "Doxy" de Sonny Rollins (qué solo de batería) o temas más amables a los que sacar brillo, como "On Green Dolphin Street" o "The Girl From Ipanema", donde el contrabajo lleva la melodía desde el inicio. 

El repertorio, de principio a fin (como uno espera de un disco donde esté Jeff Hamilton) es el que a cualquier aficionado al jazz clásico le gustaría. Un trío tradicional, un sonido brillante y muchos recursos no exentos de humor. Por cierto, la portada es de David Silverman, animador en The Simpsons.




* Más info: caprirecords.com

* Web de Mike Jones: https://jonesjazz.com

* Más discos de Jeff Hamilton en este blog: pinche aquí

HAPPY BIRTHDAY, SONNY

El colosal 7 de septiembre

A las viejas glorias sólo se las suele recordar cuando fallecen. En ese momento, a todo el mundo le gustaba aquel músico o tenía en su casa discos (que hace años que no pone) del mismo. Esto debería estar prohibido. En Londres hay, incluso, una normativa que prohibe levantar momumentos a cualquier personalidad antes de que hayan pasado 20 años de su fallecimiento. Pero cuando alguna de esas "viejas glorias" lleva iluminando el mundo que nos ha tocado escuchar desde su primera actuación en 1947, merece la pena celebrar cada uno de sus cumpleaños. Sonny Rollins alcanza hoy la cifra de 93 veranos. Nosotros tuvimos la suerte de escucharlo en vivo en Sevilla cuando contaba ya con 77 y podemos decir que fue un encuentro realmente memorable.

No queremos hacer una reseña demasiado amplia porque el tecleo nos impide escuchar la música y hay ocasiones en que merece la pena dejarse hipnotizar. Sonny Rollins nació, para nosotros, en la gloriosa época del bebop, creció con el hardbop, hasta convertirse en la principal influencia (Trane aparte) de los saxofonistas tenores de las seis décadas posteriores. Comenzó trabajando con Bud Powell, Fats Navarro, Tad Dameron, Miles Davis... Una gran escuela. En 1962, tras un misterioso retiro voluntario, regresó con el gran The Bridge (Bluebird, 1962). 

Pero, ¿es realmente necesario hacer una semblanza de Sonny Rollins para apreciarlo?

Si tuviéramos que elegir un disco suyo para llevarnos a una isla desierta, un solo disco, seguramente haríamos trampas y comprimiríamos en mp3 algunos de sus álbumes para que cupieran en un solo disco, y con la misma seguridad podríamos afirmar que ese CD incluiría el glorioso Saxophone Colossus (Prestige, 1956), el magnífico Tenor Madness (que grabó el mismo año con Coltrane) y la deliciosa banda sonora de Alfie (Impulse, 1966), la cual, sin ser una obra maestra, tiene la capacidad de seducirnos y tenernos tarareando durante días.

Hoy es 7 de septiembre, es su cumpleaños y toca escuchar algún disco de Rollins por si, en alguna de sus improvisaciones, como a él le gusta hacer, introduce alguna frase de "Happy Birthday". Si no cae, al menos conformémonos con este contundente vídeo.




* Foto de John Abbott.

JAZZ EN GLORIOSO VINILO

Planeta DeAgostini, Lo mejor de Blue Note en vinilo (2019)

En esta época de sabia nostalgia que vivimos (quizás porque lo actual deja mucho que desear), nada tan fantástico como leer la noticia de que Planeta DeAgostini anuncia una colección de discos de jazz, pero no una cualquiera sino una colección con lo mejor de Blue Note en vinilos de 180 gramos (los que amamos los vinilos sabemos lo que significa 180g), con sus diseños originales (portada, contraportada, etiquetas...), un lujo que ya he tenido el placer de probar y que me devuelve el sabor del primer disco de jazz que compré (otro día contaré cuál fue), sensación que volví a tener cuando reemplacé mi tocadiscos (había muerto diez años antes y lo había enterrado en la buhardilla) por un giradiscos Sony con salida USB que permite lo mismo escuchar los vinilos por los altavoces que conectarlos al PC para grabar música o escucharla en el ordenador (el mío está conectado a unos enormes bafles Pioneer heredados de un equipo que poseí en los 90, aunque haber hay muchos más modelos en el mercado, incluyendo uno en maletín que algunos amigos más mayores que yo tenían en los años 80 (heredados de los 70)

Sean o no de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, estarán de acuerdo conmigo en que nada es igual desde que el vinilo dejó su reinado a los nuevos formatos. Nada como ese placer de poner la aguja sobre el disco, con ese ronroneo previo al primer tema, el sonido peculiar (y nunca igualado) del vinilo... y, sobre todo, ese gustazo de tener en las manos una portada de 12 pulgadas, con su foto en gran formato, su diseño... artes que estandarizaron de alguna manera los genios de Blue Note Reid Miles con sus revolucionarios diseños y Francis Wolff con sus fotografías para las portadas (de ambos hablamos cuando apareció el documental sobre Blue Note).

Interior del fascículo de presentación
Respecto a los fascículos, los que he tenido la oportunidad de ver están llenos de las fotografías de Francis Wolff, quien no solo fundó la discográfica sino que con sus fotos, como todo aficionado al jazz sabe, revolucionó las portadas y conttribuyó a crear ese arte único que es la Fotografía de Jazz. Sus fotos, además, documentan buena parte de la Historia del Jazz al inmortalizar las sesiones de grabación en las que los artistas de Blue Note crearon estos 80 años de buenos discos que ahora se pueden recuperar en glorioso vinilo. De esto hay mucho en los fascículos de la colección de Planeta.


Sobre la colección, he estado viendo que contiene joyas como el Speak No Evil de Wayne ShorterOur Man In Paris, la joya del exiliado Dexter GordonSpeak Like A Child de Herbie Hancock, Genius of Modern Music vol.1, que muestra los inicios del genio  Thelonius Monk o el provocador Let Freedom Ring de Jackie McLean... comenzando por el imprescindible Blue Train de John Coltrane... Vamos, lo mejor de lo mejor de Blue Note, lo esencial. Casi nada.


Así es la taza de la colección
Además, como soy un adicto a las tazas decoradas (tengo Beatles, Star Wars, Astérix...), me he enterado que existe la taza con el logo de Blue Note que ofrecen por suscribirse (hay que usar el código PROMOJAZZ al hacer el pedido en este enlace) y me ha parecido muy oportuno que, entre los regalos de la colección, incluyan algo tan imprescindible (y olvidado) como es un cepillo electrostático para tener los vinilos como el primer día. Qué recuerdos.


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* Toda la info aquí: www.planetadeagostini.es/coleccionismo/jazz-blue-note

EL ESPÍRITU DE COLTRANE SIGUE VIVO

Chasing Trane (John Scheinfeld, 2016)

Con unas metafóricas imágenes estelares creadas por ordenador, la batería de Rashied Ali y un conato de "Mars" (del álbum Interstellar (Impulse!, 1974) comienza una especie de medley, un breve intento de contagiarnos la nostalgia necesaria para ver este documental sobre John Coltrane. La aparición de este documento no es una revelación ni aporta excesivos nuevos datos sobre la música o la vida de este enorme saxofonista, pero nos recuerda que conviene revisitar a ciertos tótems de vez en cuando para no olvidar que el jazz es un camino y Coltrane una señal de tráfico imprescindible. Por si estas razones no fueran suficientes, aficionados y coleccionistas están de enhorabuena porque acaba de anunciarse la publicación de un disco inédito de Coltrane... 50 años después de su muerte.


Siempre he sostenido que la sombra de Trane ha aportado tanto al jazz como le ha perjudicado. Son muchos los saxofonistas (y no saxofonistas) que han malentendido el mensaje teórico de su música, del que sólo se les quedó grabada la extensión de sus improvisaciones, no el argumento que las motivaba. Me he encontrado en conciertos con tantos músicos que pensaban que hacer solos de 20 minutos era emular a Trane cuando, en realidad, improvisaban con una incoherencia que uno podía preguntarse si realmente habían estudiado música... Pero no hay que ser tan negativo porque, pensando en positivo, el jazz que escuchamos hoy día no sería el mismo sin la revolución coltraniana.


El documental, dirigido y escrito por John Scheinfeld, profundiza en esta revolución. Como todo buen documental, lo hace con abundancia de imágenes, entrevistas y opiniones, de familiares y músicos (Jimmy Heath, Benny Golson, Sonny Rollins, SantanaKamashi Washington...), como es natural, pero también de escritores, críticos y de saxofonistas (sí) como el ex-presidente Bill Clinton. Y también las del propio Coltrane (en la voz de Denzel Washington). 

Comienza por 1957, cuando el quinteto de Miles Davis representaba lo más nuevo, explorando la influencia de Miles en el un joven Trane recién casado con Naima, que ya tenía una hija, un Coltrane que intentaba ser padre en un mundillo, el del jazz, donde se suponía que las drogas eran el camino hacia la perfección. A pesar del alcohol y las drogas inyectadas, siempre fue muy espiritual, desde niño, ya que era nieto de dos pastores. El documental explora también esta faceta, imprescindible para entender sus motivaciones al componer. Como dice Sonny Rollins en el video, "Coltrane era celestial".


Ese era John Coltrane, el hombre que rezaba con el saxo, el músico que escribió esa oración enorme que es A Love Supreme. En este aspecto, recomiendo también (por interesante y por peculiar) el documental titulado Saint John Coltrane, en el que Alan Yentob, tomando como excusa el 40º aniversario de la edición del disco, explora la relación entre música y religión y su impacto en ciertas comunidades americanas, donde se considera a Trane como un santo, aunque como curiosa-curiosa y más enfática, la historia de La iglesia de John Coltrane, disponible en Youtube. Otra de las facetas imprescindibles para entender su música es la coincidencia de su discografía con el momento en que la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos se convierte en algo real.


Parece que Coltrane no fue un niño prodigio. Tardó en encontrar su camino. El documental recorre sus primeras formaciones (acompañó a  todo tipo de grupos, ganándose la vida y aprendiendo). Pero no fue Dizzy, su primer jefe en una formación con intenciones  quien tuvo más influencia en el desarrollo de su estilo personal, sino Miles. Quizás, más importante que un mentor, fue su capacidad de sacrificio, "espartana", según la descripción de Benny Golson... Pero, en mi opinión, el momento en que descubrió su verdadero camino fue cuando comenzó a componer, es decir, en la época de Giant Steps (Atlantic, 1960), estando aún en el quinteto de Miles.

Como muchos de los mejores músicos de jazz, Coltrane murió joven, a los 40, en 1967, lo que podríamos definir como la cima de su carrera si no fuera porque, en nuestro interior, sabemos que, de haber continuado con nosotros, habrían existido muchas más cimas.

Por último, me gustaría reseñar que el juego de palabras que sugiere el título (suena en inglés como "persiguiendo el tren") queda justificado en la última parte del documental, cuando conocemos a un japonés que lleva cuarenta años coleccionando discos y memorabilia de Coltrane. Dice que, cada año, emplea unos meses de su vida recorriendo el mundo, buscando recuerdos y comprándolos, "persiguiendo a Trane". En el fondo, todo aficionado serio (y también todo músico serio) persigue eso, la sombra de un creador infinito que, cosas del destino, muere joven y es, cincuenta años después de su muerte, más popular que nunca. Hay que ver este documental para entender por qué el espíritu de Coltrane sigue (y debe seguir) vivo en estos días de jazz convulso. 


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* Sitio oficial: www.coltranefilm.com

Para los coleccionistas (y para los coleccionistas perezosos) también se ha editado un CD que supone una recopilación de temas claves de Coltrane.

UN TRIO IDEAL

FRED HERSCH Trio, Live in Europe (Palmetto Records, 2018)

Escuchando los primeros compases del nuevo disco de Fred Hersch, me viene a la mente la duda de a cuántos pianistas habrá influido Monk... El tema es "We See" y lo sorprendente no es la influencia sino la manera en que Hersch es capaz de tocar a Monk sin imitar a Monk. El álbum se llama Live in Europe y es un documento más de la manera en que el pianista sigue investigando y creciendo con cada obra.



Lo cierto es que escuchar a Fred Hersch es un ejercicio estimulante. Hay tantas influencias, tanta erudición, tanta experiencia en cada fraseo de su teclado que siempre se necesita una escucha más. En su último disco a piano solo, Open Book (Palmetto Records, 2017), ya encontramos a un Hersch en la edad de la experiencia, con una capacidad para sublimar el jazz hasta convertirlo en algo etéreo, impreciso y, sin embargo, elocuente; en algo que hay que respirar y sentir, no entender.

Live in Europe es, según las notas del álbum, es un disco encontrado por casualidad ("found object", lo llama el propio Hersch), ya que, afirma, se grabó en un directo sin que él lo supiera. Ocurrió en Bruselas el 24 de noviembre de 2017, en Flagey Studio 4, un lugar construido en los años 30 que, antes, fue sede del Instituto de la Radio Nacional. El trío, compuesto por el baterista Eric McPherson y el contrabajista John Hébert, "estaba en una forma excelente, la acústica era perfecta, el piano era espectacular y la grabación fue de primera clase".

Contiene temas descriptivos, como "Scuttlers", un tema de ritmo roto y aparentemente aleatorio que intenta recrear el movimiento lateral de los cangrejos. El resultado es un jazz más polirrítmico que arrítmico, experimental e intrigante, pero en el que se aprecia la versatilidad de sus dedos, su velocidad y su capacidad para transmitir. En otro de los temas, titulado "Snape Maltings", hay un diálogo bellísimo entre piano y contrabajo, con la batería funcionando como un alter ego del piano. Aquí Hersch esboza unas armonías de aire mediterráneo que, en realidad, están inspiradas en el nombre de un pueblecito inglés. En "Newklypso", utiliza el apodo de Sonny Rollins (Newk) para hacer un juego de palabras y homenajear a quien llama su héroe favorito del jazz con un calipso muy al estilo de Rollins, jugando con los acordes y con la melodía, con citas y ese juego de síncopas que enlaza la música caribeña y el jazz tradicional. "The Big Easy", uno de los nombres de Nueva Orleáns, es un blues dedicado al novelista, ensayista y guionista de HBO (en la imprescindible Tremé), con un Hersch que dosifica acordes de la misma manera que arranca lamentos de las teclas. Cambios de tono aquí y allá pero siempre el bop rezumando y ese lirismo que aflora en todos sus discos. 

Por destacar, destacaría la apasionada balada "Bristol Fog (for John Taylor)", donde cada nota suena sentida y donde Hébert tiene un solo de esos en los que el contrabajo parece cantar. También, el solo de McPherson en "Black Nile" (Wayne Shorter) porque tiene sentido y siempre he odiado los solos de batería que no lo tienen, algo que no se permitiría ningún otro instrumentista. Aquí sirve de potente introducción a un tema con mucho swing y lo hace de una manera natural. Y, por supuesto, destacaría la coda. El disco comienza con Monk y termina con Monk porque el bis del concierto es una versión a piano solo del inmortal "Blue Monk" tocada con una personalidad y una teatralidad abrumadoras. 

GREEN WITH ENVY

Sincero y complejo homenaje a Grant Green

Ya en su primer álbum (The Joy), el guitarrista Valentín Caamaño demostró no sólo un patente amor por la tradición sino un gran respeto. Bebop y hardbop daban solidez a su jazz. Su segundo álbum, Green With Envy (Free Code, 2017), es un sentido homenaje a Grant Green, desde la portada, con ese filtro verde que recuerda al álbum Green Street (Blue Note, 1961), hasta el profundo trabajo de investigación que hay detrás de la grabación.

Grant Green (1935-1979) fue un guitarrista que pasó por el bop, el soul jazz, el jazz funk... y terminó su carrera profundamente influenciado por el blues. En su estilo de tocar domina la técnica llamada single line (una nota, una cuerda), que le hace sonar sencillo y directo, con escaso uso de cromatismos, articulando de manera clara y brillante cada nota, como dice Caamaño en el libreto del disco, "como si fuera la última nota que va a tocar en su vida".

En su homenaje, Caamaño reproduce la técnica de Green y su sentido del blues con fidelidad, y lo hace también a trío, una arriesgada fórmula para los guitarristas, que sólo se sostienen con bajo y batería, aún a riesgo de caer en el silencio. Caamaño resuelve el problema llevando el peso de los temas y dotándolos, en su mayoría, de gran intensidad rítmica, algunos a tempo que debe dejar sin respiración a los músicos (como "Jean De Fleur" o el solo de contrabajo de "Oleo"), 

El álbum comienza con "Matador", quizás el tema más cool de los elegidos de Green, un tema donde los músicos ya se presentan con sus solos (Juyma Estévez, al contrabajo, toma el relevo de Caamaño con un solo ágil y divertido, que es casi de guitarra, para que después Andrés Rivas, a la batería, desarrolle su solo con un brillante juego de llamada y respuesta) y termina con un tema de blues, un sonido al que Green se dedicó al final de su carrera y por el que suele ser más reconocible (al menos para este que escribe). El tema se llama "Blues for Lou", dedicado naturalemente a Lou Donaldson, el amigo que le presentó a Alfred Lion y lo introdujo en Blue Note.

Sólo la mitad del repertorio del disco esta escrita por Grant Green. El resto de los temas pertenecen a (¡sí!) saxofonistas, algo que ya apreciamos en el disco anterior de Valentín Caamaño, cuando hablamos de la dificultad de transportar las partituras de saxo a las seis cuerdas, una predilección que en este homenaje cobra especial significado porque Green solía dejar patente que sus principales influencias no eran otros guitarristas sino (principalmente) saxofonistas. Charlie ParkerSonny Rollins y Joe Henderson estaban en la lista y de estos dos últimos hay versiones en este álbum que tenemos en las manos. 

Entre lo poco que hemos encontrado en Youtube sobre este trío, está este video (grabado en directo y con no muy buen sonido) donde se puede escuchar el "Ain't Necessarily So" de Gershwin a la manera en que lo tocó Grant Green. Déjense arrastrar por la intensidad del trío:

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Web: www.valentincaamano.com

  
http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html
  

MILES DAVIS plays PRINCE

Un encuentro entre dos genios...
 o lo que pudo haber sido y no fue
Comenzábamos el año hablando del fallecimiento de David Bowie y glosando sus colaboraciones con músicos de jazz en su último álbum y, en concreto, con Maria Schneider. Hoy no podemos rehuir la necesidad de hablar de Prince, que, si bien no es un músico de jazz, fue durante un tiempo una obsesión de coleccionista para este que escribe y ejerció cierta influencia en las últimas grabaciones de Miles Davis.

Prince y el jazz.
Hijo de un pianista de jazz y descendiente musical de, entre otros, James Brown y Sly Stone, el músico de Minneapolis se movía entre el soul, el funk y los riffs psicodélicos con soltura. Prince fue un músico inquieto, multiinstrumentista y polirrítmico, que hacía una música incómoda y que nunca se conformaba con sus propios logros; siempre iba un paso más allá. En este sentido, grabó discos en los que tocaba todos los instrumentos, compuso para otros tanto que tuvo que usar seudónimos (grabó su "Nothing Compares To You" como The Family, un grupo que, en realidad, era él mismo tocándolo todo). Homenajes aparte (Blue Note Plays Prince de 2005, con Cassandra Wilson entre otros), los roces de Prince con el jazz no han dejado de ser meros intentos. En 2003 grabó un álbum instrumental llamado N.E.W.S. (NPG, 2003) que contenía cuatro temas titulados como los puntos cardinales (de ahí el acrónimo del título), cuatro temas de 14 minutos exactos que eran un compendio de fusión y virtuosismo raro en una estrella del pop, con momentos de jazz fusión, un piano de jazz intimista en "West" y mucha especulación, probablemente improvisada, una grabación más cercana al jazz moderno y de fusión que muchos de los discos "de jazz" que llegan al mercado hoy en día.



Prince y Miles Davis.
Miles Davis afirmó que escuchaba todo el día discos de Prince en la época en que grabó Decoy (1984) y You're Under Arrest (1985). Ambos músicos se gustaban pero el "encuentro en la tercera fase" no llegó a ocurrir jamás. Sólo alguna cena y un encuentro (fantasma) en el estudio de Prince del que éste hablaba pero cuyo resultado sigue siendo un misterio. Más tarde, en su autobiografía, compara la forma de cantar de Prince con el fraseo de Sonny Rollins al saxo.


Su mierda era la música más excitante que yo escuchaba en 1982. [...] Prince puede llegar a ser el Duke Ellington de su generación. (Miles Davis)

Fotograma del concierto en Paisley Park
 el fin de año de 1987
Existe un clip en la red (con un audio regular) en el que Miles afirma que Prince le influyó fuertemente. Tenían en común esa inquietud intelectual de ir siempre más allá, tanto en lo musical como en la explotación de sus propias estrellas (eventos mediáticos, insólitos vestuarios...), de manera que, cuando nos encontramos viendo el concierto benéfico de fin de año en Paisley Park, con todos aquellos músicos excéntricos y genialmente funkies y apareció Miles y realizó ese solo de más de 5 minutos, nos dimos cuenta de que algo de esta relación iba en serio. Era la noche de fin de año de 1987. La grabación nunca llegó a comercializarse, si bien los fanáticos de los bootlegs, entre los que me incluyo, pudimos compartir aquella grabación histórica en el CD Miles From The Park.

https://rover.ebay.com/rover/1/1185-53479-19255-0/1?icep_id=114&ipn=icep&toolid=20004&campid=5337647469&mpre=https%3A%2F%2Fwww.ebay.es%2Fsch%2Fi.html%3F_odkw%3Dprince%2Bcrucial%26_osacat%3D0%26_from%3DR40%26_trksid%3Dp2045573.m570.l1313.TR0.TRC0.H0.Xprince%2Bcrucial%2Bmiles%2Bdavis.TRS0%26_nkw%3Dprince%2Bcrucial%2Bmiles%2Bdavis%26_sacat%3D0
El álbum no oficial Crucial aparece como Prince with Miles Davis & Friends, pero de hecho ellos dos nunca grabaron juntos. La trompeta de Miles sólo aparece en "Can I Play With You". Prince grabó este tema en diciembre de 1985, le puso un título que era una invitación a Miles y se lo envió por correo. Miles añadió su trompeta al tema más tarde (marzo del 86) e incluso su discográfica (la de Miles) planeó incluir este tema en un recopilatorio póstumo de 6 CD's de Miles que se iba a llamar The Last Word y que nunca salió al mercado. El tema iba a aparecer como Miles with Prince. En Crucial, el tema aparece listado como "Red Riding Hood".

Recopilando, la relación de Prince con Miles se podría resumir en pocos hitos más (milestones, en la lengua de Shakespeare):
  • Miles aparece en el tema "Sticky Wicked", compuesto por Prince para el álbum de Chaka Khan CK (Warner, 1988).
  • Miles tomó los tema de Prince "Movie Star" y "Penetration" y los interpretó en sus últimas giras.
  • En la gira One Nite Alone... Tour Prince usaba un fragmento de "Jean-Pierre" cuando cantaba su tema "Copenhague".
  • El álbum póstumo de Miles Doo-Bop (Warner, 1992) contiene claras influencias de sus contactos con Prince pero dejando fuera las maquetas que Prince había grabado para él.
  • Tras la muerte de Miles, Prince aseguró en una entrevista que había grabado largas improvisaciones con él y que algún día las publicaría.
  • En el álbum "Rave Un2 The Joy Fantastic" hay un tema en el que está acreditado Miles, aunque en realidad son 4 segundos de silencio. ¿Homenaje o una rareza propuesta por Miles? ¿"Grabó" Miles esos segundos de silencio?

Vean la única grabación de un "encuentro en la tercera fase" entre Miles y Prince, aprecien la frustración del cantante cuando el trompetista duda al empezar, disfruten de su personal solo y lamenten la fugacidad del acto:

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* El concierto completo se puede ver en Youtube.

** Hay un artículo muy interesante sobre la relación entre ambos músicos en este enlace.

*** Y una entrevista a su manager Alan Leeds en este otro enlace, que habla del mismo tema.


https://rover.ebay.com/rover/1/1185-53479-19255-0/1?icep_id=114&ipn=icep&toolid=20004&campid=5337647469&mpre=https%3A%2F%2Fwww.ebay.es%2Fsch%2Fi.html%3F_odkw%3Dprince%2Bcrucial%26_osacat%3D0%26_from%3DR40%26_trksid%3Dp2045573.m570.l1313.TR0.TRC0.H0.Xprince%2Bcrucial%2Bmiles%2Bdavis.TRS0%26_nkw%3Dprince%2Bcrucial%2Bmiles%2Bdavis%26_sacat%3D0

NOCHE DE JAZZ

Con permiso, les presento mi nuevo libro

Muy bien, supongo que debería ser yo el primero en hablar de esto. No lo consideren inmodestia sino el placer enorme que supone para mí presentarles mi nuevo libro, un volumen de relatos en los que el jazz es leitmotiv, escenario o incluso el mismo protagonista. El título es Noche de jazz. En el fondo, este que firma ama el jazz por encima de todas las músicas, pero no es más que un escritor de ficciones.

Hay músicos que tienen la capacidad de dar vida a un sentimiento; otros, se dejan la vida en ello. De esa magia y de ese sacrificio tratan los relatos incluidos en Noche de jazz.


Para ser sincero, quería escribir ese libro que ando buscando siempre y que rara vez encuentro, un libro de ficción donde el jazz sea un personaje más, un motivo, el alma de la historia.

¿De qué va? Encontrarán en estas páginas relatos que apelan al espíritu, en especial a la manera en que las artes (y la música en particular) tienen influencia en nuestra vida, ya seas lector/oyente/espectador o un creador con sus glorias y sus miserias, relatos realistas, fantásticos, alguno erótico, otros de intriga e incluso algún relato de viajes (Nueva Orleáns, por supuesto) y algún texto que recrea un momento de la Historia del jazz. 






Los relatos
Solitude es la historia de una joven cantante que se cree Billie Holiday; Nostalgia en Times Square nos muestra a un músico caduco y hastiado de haber vivido a tope que, mientras se emborracha en un local cutre, hace inventario de sus experiencias musicales y, de paso, de la Historia del Jazz de las últimas cuatro décadas; Chet Baker canta cuenta cómo un periodista novato se enfrenta al juicio por drogas en el que se vio envuelto el músico en Italia en 1961, lo que le abre la mente al jazz y a una terrible pregunta: ¿Cómo puede un drogadicto como Chet ser capaz de lucir y crear la mayor de las bellezas?; Lo que significa añorar Nueva Orleáns es la historia de un joven alemán admirador de William Claxton que visita la ciudad después de ver por televisión Tremé; Una especie de tristeza nos muestra al Miles Davis del periodo electrónico, un genio en la cima, con sus dudas y la añoranza de aquel escalofrío de ser un principiante; Cuerpo y alma y Boogie de batería son relatos fantásticos en los que la magia se mezcla con el jazz para demostrar que la música puede elevarnos a un status superior de la existencia... Así hasta trece relatos en los que aparecen Dexter Gordon, Mingus, Monk, Sonny Rollins, Michel Legrand, Herbie Hancock y otros muchos en un complejo puzzle que trata de ilustrar los diversos matices del mundo del jazz: la música, la belleza, la búsqueda de la perfección, las drogas, el racismo y, por encima de todo, la pasión.


184 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9


ESPAÑA: 15€ (gastos de envío gratis)



AMÉRICA: 15€ (+7,95€ DE gastos de envío)



También disponible en eBook :




(*)  Para otros destinos postales,  contacte con info @ jazzeseruido.com

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THE JOY

Jazz para el placer, por Valentín Caamaño Trío

Cuando comenzamos el blog, allá por 2007, uno de nuestros afanes era encontrar jazz hecho en España, un elemento extraño que no se movía en los festivales ni llegaba a las tiendas de discos. Ahora tenemos la suerte de poder escuchar cada vez más jazz made in Spain que nos llega desde Andalucía, Madrid y, especialmente desde Galicia, donde no paran de aparecer rising stars con muy buena pinta. Otro de nuestros problemas al abrir el blog era que habíamos adquirido cierta aversión a los guitarristas de jazz a causa de haber "conocido" a Pat Metheny en aquella (olvidable) época en la que hacía algo parecido a música New Age, discos contemplativos, sin swing, que nos entraban por un oído y... Pero volvimos a encontrarnos con guitarristas con swing que, además eran actuales y (muchos) nacionales, como Ximo Tébar, Herb Ellis, Marcos Pin, el olvidado Oscar Alemán y, más recientemente, David Regueiro, Felipe Villar... y grupos de jazz manouche como Jazz de Marras o Très Bien. Pero el guitarrista que estamos escuchando hoy es el que tiene la mirada más clásica de todos los anteriores. Su nombre es Valentín Caamaño y acaba de presentar su primer álbum, The Joy.

De entrada, viendo el repertorio antes de escuchar el disco, ya se vislumbra que la onda gira en torno al bebop. Un momento más tarde, desde los auriculares, descubrimos ¡que ninguno de los standards del álbum está compuesto por un guitarrista! Sopesamos con admiración el trabajo de transportar a las seis cuerdas las composiciones de saxofonistas como (Bird, Sonny Rollins o Wayne Shorter), trompetistas (Miles Davis) o pianistas (Monk). Cuando un músico tiene las referencias claras, suponemos que estas fronteras no existen aunque, definitivamente, suena a atrevimiento. 

Pero el jazz está más allá del chorus y un verdadero músico de jazz se descubre en las improvisaciones y en la capacidad para mantener el interés de quien escucha durante todo el tema. En este sentido, Caamaño es un músico versátil, con una forma de tocar llena de color y swing. Cromatismos y gran variedad de recursos sacian al lector atento; eso sí, de una manera sutil y elegante, porque Caamaño es un músico de otra época, un Pat Martino actual que recuerda a Tal Farlow en algunos momentos.

En el video que sigue pueden escuchar "Minority", el tema compuesto por Gigi Gryce que tocó Clifford Brown. Está grabado en el Festival Feito a Man 2014, en las calles de Santiago de Compostela. Nos encanta ese plano fijo en el que se puede ver pasar a la gente por la calle. ¿A quién no le gustaría encontrarse algo así en cualquier esquina? Denle al play y seguimos hablando.



En el video, a pesar del sonido, se aprecia el mecanismo del trío. Caamaño se expresa con la misma soltura que si hubiera estado tocando con los maestros de la época dorada del jazz. A su lado, LAR Legido (Sumrrá), más swingueante que nunca, demuestra una electricidad fantástica. Es todo ritmo. Alfonso Calvo acompaña al contrabajo con una voz que parece responder inteligentemente los frases de la guitarra. Es uno de los mejores momentos del álbum y aquí en directo suena fiel a la grabación.

Todo el álbum es así. Hay temas divertidos ("Walkin'", "Yardbird Suite", "Tenor Madness") y reposadas baladas como "Pannonica" (Monk), que nos hacen desear haber nacido con suficiente antelación para estar en algún club de NYC alguna noche de, por ejemplo, 1959.

Un álbum (y un músico) a tener en cuenta, especialmente para aquellos nostálgicos de esa época insuperable del jazz que abarcó desde la explosión del bebop hasta el asentamiento del hardbop, y cuyo espíritu pueden encontrar ahora en este descubrimiento del panorama actual gallego.


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* Pueden escucharlo en bandcamp: 





UN LIBRO DE JAZZ

que necesita un buen título

He recibido dos rechazos seguidos para mi libro de relatos, relatos sobre jazz, que habían recibidos buenas opiniones de mis lectores beta y que, sin embargo, no llegan a las personas adecuadas.

Mingus, Dexter Gordon, Michel Legrand, Miles, Chet, Rollins... esperan en sus páginas una oportunidad para compartir sus historias. He pensado que necesito un título mejor para embelesar a alguna editorial. ¿Se les ocurre algo?

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PERSPECTIVA HISTÓRICA Y PAYASOS DE CIRCO

ACORDES Y DESACUERDOS (XI)

Que las cosas se ven desde otro punto de vista con el paso del tiempo es algo que nadie duda. La otra noche, releyendo con placer las opiniones de Rex Harris y Brian Rust en su libro Recorded Jazz: A Critical Guide publicado en 1958 y escrito un año antes, me di cuenta por primera vez de ausencias notables en su índice. En primer lugar, eché de menos a Sonny Rollins. De acuerdo, Rollins estaba comenzando a grabar como líder y había editado su Saxophone Colossus el año anterior, y puede que a los blancos acantilados del Reino Unido no hubiera llegado aún el álbum y que estos tipos no lo conocieran...

Pero en el libro hay ausencias más escandalosas, como el hecho de que no aparezca Miles Davis, que había comenzado a destacar diez años antes tocando con Charlie Parker y a estas alturas (1957) había grabado ya su Birth of the Cool (1949). También habían salido a la venta entre 1955-1956 los cuatro discos de las maratonianas sesiones que realizó para amortizar su contrato con Prestige... 

Si esto fuera poco, imaginemos que en esta guía de 1958 tampoco están Charlie Parker ni Charlie Christian ni Charlie Mingus ni otros muchos nombres capitales del jazz que no se llamaban Charlie. La única explicación plausible es que estos británicos veían el jazz desde una discoteca y con una perspectiva histórica muy diferentes a las nuestras. La mitad de los nombres que aparecen en el libro son desconocidos para la mayoría de los aficionados actuales. Si Harris y Rust hubieran adivinado el peso que Miles, Rollins o Bird iban a tener en el jazz posterior... Claro que, en este y otros sentidos, siempre habrá acordes y desacuerdos. Pongámonos en perspectiva y adoptemos otro punto de vista:

¿Quién no pagaría hoy en día un viaje en el tiempo para ver a la Original Dixieland Jass Band? Pues bien, en 1919, la banda de Nick La Rocca visitó Europa. Tocaron en el Palacio de Buckingham. Interpretaron "Tiger Rag". Dicen que el rey Jorge rió como si estuviera frente a una actuación de circo. Seguramente, murió sin saber la suerte que había tenido.

En el siguiente video un aficionado pincha el disco de la ODJB "Tiger Rag" en una auténtica Victrola de 1922.




SONNY ROLLINS vs. SONNY ROLLINS

SONNY ROLLINS, The Bridge (RCA, 1968)

El crítico más feroz con la música de Sonny Rollins fue siempre él mismo. Parece que esta (angustiosa) capacidad de autocrítica provocó el más sonado de sus retiros, el que lo mantuvo lejos de los estudios y de los escenarios desde 1959 hasta la publicación de The Bridge, grabado en tres sesiones el 30 de enero y el 13-14 de febrero de 1962. Sonny manifestó que la inspiración para este disco (en el que sólo había dos temas originales: "The Bridge" y "John S") se la proporcionaron el río Hudson y el tráfico de Nueva York, ambos con su constante y rítmica fluidez. Esta explicación valida la controvertida leyenda de que durante este periodo de retiro el saxofonista ensayaba de noche, solo, en el puente de Williamsburg.
Esta es la parte fiable, avalada por las notas de George Avakian en la contraportada del LP reeditado por RCA en 1968 (edición a la que corresponde la portada que se ve más arriba), la de la romántica imagen de Rollins recortada a medianoche en el puente que une Brooklyn y Manhattan.  La anécdota ha trascendido al paso del tiempo y aparece incluso en un episodio de Los Simpsons. La versión controvertida es la que afirma que Rollins se vio obligado a hacerlo porque los vecinos se hartaron de escucharlo día y noche (otros sostienen que lo hizo para evitar a su madre la audición de sus intensas prácticas). Sea cual sea la verdad, lo cierto es que este cinematográfico puente nos dejó uno de los discos capitales de Sonny Rollins, aunque parte de su valor resida en la historia que lleva detrás.


Hablemos del disco.  En 1958 Sonny Rollins venía de triunfar con su trío sin piano, de grabar con Max Roach y Oscar Pettiford Freedom Suite y aún tuvo tiempo de grabar otros álbumes para el sello Contemporary entre los que se incluye Sonny Rollins and Contemporary Leaders, con Victor Feldman, Hampton Hawes, Barney Kessel, Leroy Vinnegar y Shelly Manne. Estaba en la cresta de la ola. Era el saxofonista que marcaba la vanguardia. En 1959 llegó Ornette Coleman y grabó su Biblia sobre las nuevas formas del jazz futuro. A Sonny le entró un ataque de inseguridad. De repente, dejó de confiar en sus propias facultades para crear y seguir yendo por delante.

El resultado fue el primero de sus famosos retiros, la anécdota del puente de Brooklyn y seis temas a la altura del tenor de Saxophone Colossus, dos de ellos originales, y una nueva formación en la que destacaba el guitarrista Jim Hall. La guitarra en un cuarteto de saxofón imprime un carácter fresco y fluido a los temas, un sonido cercano al directo, y esto resultaba innovador. La sección rítmica la componían Bob Cranshaw al bajo y Harry Saunders a la batería. Sonny está majestuoso y seguro, muy en su línea pero con las pilas recargadas, consciente de que muchas veces en el jazz el ritmo es el que manda. 

Los temas no originales del disco son "Without a Song", "Where Are You?", el standard de Cole Porter "You Do Something to Me" y "God Bless the Child", uno de las dos únicas canciones que compuso Billie Holiday.

No sé si este pequeño documental arroja luz o sombra sobre la leyenda del disco. Sonny habla sobre aquella búsqueda y sobre los resultados, y podemos escucharlo tocando brevemente The Bridge en directo, mucho más acelerado que en el disco, un álbum que merece un lugar en todas las discotecas. No en vano, fue un éxito de ventas para Rollins en su (primer) regreso.

NEW YEAR PROPOSITIONS

Jazz y locales sin humo

Fotografía de William Claxton:
Elvin Jones fumando a las puertas del Birdland de Nueva York, 
anticipando con humor las prohibiciones 
a las que nos enfrentaremos los españoles este año.

Como siempre, pasaron los Reyes Magos dejando atrás su rastro de ilusiones (más o menos) cumplidas. Nos queda un año por delante y en Jazz, ese ruido estamos seguros de que serán doce meses llenos de música y buenos momentos, aunque a algunos se les hará más largo ahora que el gobierno Zapatero ha prohibido fumar en los pocos lugares en que antes se permitía; a nosotros, de entrada, se nos amontonan los temas para sacar a la palestra: discos (Kermit Ruffins, Sonny Rollins, Apolo Bass), películas clásicas (El trompetista, Quiero vivir) y otros placeres (William Claxton).

En resumen, que ya es hora de ponerse a trabajar. Las navidades en España duran hasta el día de Reyes, el 6 de enero, pero las navidades ya han terminado. ¿O no?


Dicen que el orleano Kermit Ruffins es el más perfecto hijo de Louis Armstrong. Opiniones aparte, seguimos celebrando haberlo descubierto en Tremé y lamentando no haberlo conocido antes: tenemos la desgracia de no vivir en New Orleans. Pero ya hemos conseguido su último disco. Y eso ya es algo.

AUTUMN LEAVES

Standards vol.1

Cada otoño la misma historia. Caen las hojas. Es otoño. Los recuerdos, como el verano, quedan atrás. Terrazas, cervezas, conciertos, amigos, estrellas. Todo queda atrás. Y así todos los veranos. Todos los recuerdos. Antes de volver a escuchar la canción del invierno, como dice la canción, vale la pena rebuscar en los bolsillos para devolver un poco de calor al alma, a ver qué encontramos:

 



"Autumn Leaves" ("Les feuilles mortes"). Joseph Kosma y Jacques Prévert escribieron esta canción en 1945. Johnny Mercer le puso letra en inglés. Nat King Cole le dio un toque jazzy. Cannonball Adderley lo convirtió en un estándar al incluir una versión instrumental en su álbum Somethin' Else (Blue Note, 1958), en la que participaron Miles Davis, Hank Jones, Sam Jones y Art Blakey. 

The falling leaves
Drift by my window
The falling leaves
Of red and gold

I see your lips
The summer kisses
The sunburned hands
I used to hold

Since you went away
The days grow long
And soon I'll hear
Old winter's song 

But I miss you most 
Of all my darling
When autumn leaves 
Start to fall 

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* La primera imagen es la del single editado por Blue Note. La segunda es la del álbum Somethin' Else.

ALFIE

No paro de tararear

Nunca han sido los saxofonistas mi facción preferida del jazz y siempre he creído que Coltrane tenía parte de culpa. En los años 50 y en los 60, antes de que comenzaran a editarse los discos de Trane como líder, su forma de tocar fue evolucionando, sus solos se hicieron tan interminables como su imaginación y su instinto (musical) le permitían. Este don deslumbrante creó, como todas las genialidades, una legión de "hijos" que no siempre heredaron las dotes del padre. Así, cada vez que oigo a un saxo salirse de madre en la improvisación, dejar de lado las escalas y los modos y enrolarse en un tocar-y-tocar sin sentido como en una especie de masturbación mental que sólo encontrará su fin cuando el músico (no el tema, ni el público) esté saciado, pienso en la máxima de Miles ("Si la música no hace que se muevan tus pies, no es jazz") y me grito a mí mismo: ¡Cuánto daño ha hecho Coltrane!

Pero quizás el gran Coltrane no tenga toda la culpa. Lo que él hacía no es algo fácil de aprender ni de enseñar.

Lo cierto es que durante mucho tiempo oía a Coltrane y odiaba al resto de los saxofonistas. El primero que me redimió de este odio fue Sonny Rollins. La forma de tocar de Sonny es limpia y brillante, y desarrolla las melodías con el pulso justo para que la síncopa y el swing brillen donde tienen que brillar, frasea los chorus, sopla con una potencia inigualable, lo que no le "obliga" a improvisar porque sí, no, él tiene un plan y sabe a dónde va. Las diferencias entre Sonny y Coltrane (y no digamos sus "hijos") se aprecian perfectamente cuando Trane toca Like Sonny, el tema que compuso como homenaje a su colega, imitando su forma de tocar y componer:


No recuerdo si fue Saxophone colossus el disco que me devolvió esta fe, pero al que siempre vuelvo es a Alfie (Impulse, 1966), que, pienso, contiene los mejores solos que ha grabado nunca Sonny Rollins. Esto es, naturalmente, una apreciación personal. La culpa (otra vez la culpa) la tienen esas melodías adictivas del álbum.


El corte que da título al disco ("Alfie") es un tema que describe perfectamente todo lo que he dicho más arriba sobre Sonny. Comienza como le gusta comenzar a Sonny, con el saxo dibujando el estrillo para que luego se unan el resto de los músicos, que aquí son dos trombones, otro saxo tenor, un barítono y un alto, además de la sección de ritmo. Después le toca el turno a la guitarra (qué grande Kenny Burrell) en un solo atmosférico y al piano, al que Roger Kellaway arranca notas insistentes, creando la tensión suficiente para que vuelva a sonar el tema, pero es Sonny el que reaparece con un solo distinto. El ambiente rezuma una tensión sostenida, con un ritmo contenido, hasta que finalmente se suceden estribillo tras estribillo hasta que la melodía se hace adictiva. Puede que sea tan pegadizo que parezca comercial, pero a mí me deja siempre la sensación de que necesito escucharlo otra vez, sólo una vez más... En el disco hay otros temas, como el sensual "On impulse", pero es escuchar "Alfie" y no puedo dejar de tararearlo. Aquí os lo dejo, a ver si os contagia:



Dicen que Sonny Rollins estaba tocando en el Ronnie Scott's de Londres en 1965, cuando el director Lewis Gilbert contactó con él para pedirle que colaborase en la banda sonora de Alfie (1966). De esta época son las interesantes London sessions que se grabaron sin su consentimiento (quizás por esto el sonido sea tan malo) y que luego han salido a la luz. Según cuenta la leyenda, Sonny le pidió a Ronnie Scott permiso para quedarse en el club después de la actuación. Cuando salió, al amanecer, llevaba bajo el brazo la partitura de Alfie, toda la banda sonora. Más tarde, el 26 de enero del 66, se grabarían los temas en el estudio de Rudy van Gelder en Nueva Jersey, con arreglos de Oliver Nelson. Casi nada. El personal de la sesión fue el que sigue:

Sonny Rollins (saxo tenor)
J.J. Johnson (trombón)
Jimmy Cleveland (trombón)
Phil Woods (saxo alto)
Robert Ashton (saxo tenor)
Danny Bank (saxo barítono)
Roger Kellaway (piano)
Kenny Burrell (guitarra)
Walter Booker (bajo)
Frankie Dunlop (batería)
Oliver Nelson (arreglos, dirección)
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* Los de la fotografía son Sonny Rollins y Ronnie Scott. Desconozco su autor.