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AZUL COBALTO

Jim Hall en el espejo

Alejandro Lucas, guitarrista salmantino de improvisación fluida y buenas dosis de imaginación, se presenta en público con un sobrio álbum titulado Azul cobalto en el que repasa sus influencias a través de distintos estilos. No hay una referencia clara salvo la que puede adivinarse, un reflejo de Jim Hall en la cuestión estética y esa libertad estilística total propia de quien nace al mercado sin condicionantes comerciales ni más interés que el de mostrar su música, desplegando un abanico de estilos que podría ser un libro de texto para guitarristas; eso sí, original.

Todas las composiciones del álbum son originales del guitarrista, y se mueven con eficacia entre géneros, yendo del clasicismo de baladas como "En cada vez" a lo especulativo en "Azul cobalto" pasando por el funky incansable de "Estrategia primera", el blues rítmico de "Blues en el camino" o la bossa nova revisitada que suena en "Azul Bahía". La variedad del repertorio, que se mueve desde el blues hasta la bossa, produce una inesperada sensación de altibajos que es más sensorial que musical, ya que resta cierta unidad al conjunto, aunque no calidad. El estilo de Lucas es nítido y fluido, como debe sonar una guitarra de jazz. 


La calidad la tiene por adelantado y en esto ayuda el formato de trío, que proporciona esa libertad de la que siempre hablamos (cuando hablamos de tríos), que, además, favorece un sonido limpio en la interacción de los tres músicos. Un disco, en definitiva, que nos presenta a un guitarrista experimentado a pesar de su juventud y con composiciones bien escritas, diseñadas para que escuchemos al trío, oscilantes entre estilos, atractivas, en distintos tonos de azul.

Los músicos son:
Alejandro Lucas, guitarra
Juan Modesto, contrabajo
Javier Barragués, batería
Aunque la formación actual con la que se presenta en directo es distinta.

Esto es "Modo Jano", con Pablo Cabero al contrabajo y Pablo Charro a la batería:




Y esto, "Marte en Aries". Aquí también está Pablo Cabero al contrabajo y el batería es Javier Barragués. Que lo disfruten:



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* Web: http://janolucasbenito.wix.com/jazzsite

** Facebook: www.facebook.com/alejandrolucasbenitotrio

Foto: Teresa Aguilera.

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UNIT LINE 2: ALONE TOGETHER

Recordando a Jim Hall con Ron Carter

Suponemos los lectores que vivan en Madrid o en Londres  no entenderán la sorpresa que significa para nosotros entrar en un bar y que haya un combo tocando jazz. En este Sur cercano de Andalucía donde vivimos, donde cualquier música en los bares parece proscrita pero se puede escuchar flamenco en teatros, peñas, bares, plazas y edificios institucionales, el jazz es un elemento extraño, anecdótico y difícil de entender. Nos comprenderán si les explicamos que, durante el partido de fútbol, había unas 100 personas en el bar y que, al terminar, cuando comenzó la música, apenas quedamos una docena, de los cuales sólo la mitad prestábamos atención al grupo. Una copa de Ribera, buena compañía y la música de Jim Hall hicieron que nos sintiéramos únicos en un lugar único.

El combo en cuestión eran Unit Line 2, un insólito dúo formado por el guitarrista Rafa López y el contrabajista Antonio López, dos músicos que llevan más de una década formando parte de distintos proyectos (Innersound Trio, Black Cats Blues Band, Acoustasonics Trio...). Andalucía Occidental y el Algarve son los escenarios más habituales por los que se mueven. En esta ocasión, el proyecto era revisitar el álbum Alone Together, que grabaron Jim Hall y Ron Carter en 1972 para Milestone con esta formación tan inusual de dúo guitarra/bajo que luego Hall repetiría con Red Mitchell y otros bajistas.


En su crítica para AllMusic, Scott Yanow habla de "comunicación casi telepática" entre Hall y Carter. La definición no está muy lejos de lo que ocurre cuando Rafa y Antonio tocan. Son hermanos y llevan demasiados años tocando juntos. Sus armonías se complementan de manera ideal sin comunicación visual ni verbal de ningún tipo, sus solos se complementan y sus instrumentos dialogan de manera natural. Algo "casi telepático". Hay que estar ahí, en un bar cualquiera un día cualquiera escuchando a estos músicos para comprender que se compaginan a la perfección en modo wi-fi, que sus improvisaciones son el resultado de la experiencia y del amor al jazz. Decimos amor porque se nota la pasión en la voz de Rafa cuando charlamos sobre jazz (es un teórico apasionado e incansable) y da gusto escuchar a Antonio hablar de bajistas (dedujimos que Ron Carter es su favorito). Aparte de Unit Line 2 y de otros proyectos en vivo, se han lanzado a la nada despreciable empresa de sacar adelante en Huelva su Instituto de Música Moderna y Jazz. 

Si se los encuentran en un bar una noche, no dejen de prestar atención a su "Summertime".

Por cierto, el lugar era El Patio de los Leones, en Moguer, y sí, falta aquí una foto de sus fantásticas croquetas de setas.


SONNY ROLLINS vs. SONNY ROLLINS

SONNY ROLLINS, The Bridge (RCA, 1968)

El crítico más feroz con la música de Sonny Rollins fue siempre él mismo. Parece que esta (angustiosa) capacidad de autocrítica provocó el más sonado de sus retiros, el que lo mantuvo lejos de los estudios y de los escenarios desde 1959 hasta la publicación de The Bridge, grabado en tres sesiones el 30 de enero y el 13-14 de febrero de 1962. Sonny manifestó que la inspiración para este disco (en el que sólo había dos temas originales: "The Bridge" y "John S") se la proporcionaron el río Hudson y el tráfico de Nueva York, ambos con su constante y rítmica fluidez. Esta explicación valida la controvertida leyenda de que durante este periodo de retiro el saxofonista ensayaba de noche, solo, en el puente de Williamsburg.
Esta es la parte fiable, avalada por las notas de George Avakian en la contraportada del LP reeditado por RCA en 1968 (edición a la que corresponde la portada que se ve más arriba), la de la romántica imagen de Rollins recortada a medianoche en el puente que une Brooklyn y Manhattan.  La anécdota ha trascendido al paso del tiempo y aparece incluso en un episodio de Los Simpsons. La versión controvertida es la que afirma que Rollins se vio obligado a hacerlo porque los vecinos se hartaron de escucharlo día y noche (otros sostienen que lo hizo para evitar a su madre la audición de sus intensas prácticas). Sea cual sea la verdad, lo cierto es que este cinematográfico puente nos dejó uno de los discos capitales de Sonny Rollins, aunque parte de su valor resida en la historia que lleva detrás.


Hablemos del disco.  En 1958 Sonny Rollins venía de triunfar con su trío sin piano, de grabar con Max Roach y Oscar Pettiford Freedom Suite y aún tuvo tiempo de grabar otros álbumes para el sello Contemporary entre los que se incluye Sonny Rollins and Contemporary Leaders, con Victor Feldman, Hampton Hawes, Barney Kessel, Leroy Vinnegar y Shelly Manne. Estaba en la cresta de la ola. Era el saxofonista que marcaba la vanguardia. En 1959 llegó Ornette Coleman y grabó su Biblia sobre las nuevas formas del jazz futuro. A Sonny le entró un ataque de inseguridad. De repente, dejó de confiar en sus propias facultades para crear y seguir yendo por delante.

El resultado fue el primero de sus famosos retiros, la anécdota del puente de Brooklyn y seis temas a la altura del tenor de Saxophone Colossus, dos de ellos originales, y una nueva formación en la que destacaba el guitarrista Jim Hall. La guitarra en un cuarteto de saxofón imprime un carácter fresco y fluido a los temas, un sonido cercano al directo, y esto resultaba innovador. La sección rítmica la componían Bob Cranshaw al bajo y Harry Saunders a la batería. Sonny está majestuoso y seguro, muy en su línea pero con las pilas recargadas, consciente de que muchas veces en el jazz el ritmo es el que manda. 

Los temas no originales del disco son "Without a Song", "Where Are You?", el standard de Cole Porter "You Do Something to Me" y "God Bless the Child", uno de las dos únicas canciones que compuso Billie Holiday.

No sé si este pequeño documental arroja luz o sombra sobre la leyenda del disco. Sonny habla sobre aquella búsqueda y sobre los resultados, y podemos escucharlo tocando brevemente The Bridge en directo, mucho más acelerado que en el disco, un álbum que merece un lugar en todas las discotecas. No en vano, fue un éxito de ventas para Rollins en su (primer) regreso.