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ROCK Y DUENDE, DOS ESTÉTICAS DE LA FUSIÓN

No es la fusión mi parte preferida del jazz. Si me dan a elegir, prefiero el hot jazz y el hardbop por lo que tienen de música negra. De la misma manera, prefiero Birth of the Cool pero termino siempre escuchando los discos de Miles de finales de los 60 o de su periodo eléctrico. ¿Por qué? Sus fusiones siguen siendo un gran misterio después de cada escucha. Quizás por eso la complejidad de la fusión me engancha y me hace volver una y otra vez a escucharlo.  

Hoy les propongo dos discos. Son dos músicos que acabo de descubrir y que practican dos tipos de fusión bien distintas. Mientras que Beledo fusiona rock e improvisación en largos fraseos que rozan la sicodelia; Yann Aravit improvisa funk sobre ritmos flamencos. Elijan ustedes. O no.

BELEDO, Seriously Deep (Moonjune Records, 2021)

Beledo es un pianista y guitarrista uruguayo afincado en Nueva York que creció en Montevideo participando en grupos de rock y blues (Días de Blues) y de jazz-rock (Maytreya, Siddhartha) influenciado por el jazz fusión de aquel momento, donde gente como Chick Corea o Weather Report estaban revolucionando el panorama del jazz mundial. Después de una gira por Europa con un tributo a The Beatles en el que participaban Tito Puente, Celia Cruz y una larga lista de estrellas del latin jazz, se instaló en Nueva York. Ha grabado con Randy Brecker, Dewa Budjana, Gary Husband...

El tema que abre el álbum y le da título es un arreglo de una composición de Eberhard Weber, 14 minutos de meditación donde, salvando las distancias, la guitarra de Beledo "habla" con una poética muy cercana a la de Metheny, con frases largas y atmosféricas. El resto de los temas estás escritos casi todos por Beledo, con excepción de dos que están firmados por el trío, que completan Tony Levin (The Levin Brothers) al bajo y Kenny Grohowsky a la batería. Estos dos temas ("Knocking Waves", "Into the Spiral") son improvisaciones de ambiente místico y con momentos muy potentes. 


Entre las fusiones, hay un tema cantado ("Mama D"), con la voz de la cantante de Bostwana Kearoma Rantao, donde habla sobre el Apartheid y donde podemos escuchar un intenso solo de guitarra. El otro tema cantado es una canción sin palabras, con un delicado tono agridulce, que protagoniza la voz del italiano Boris Savoldelli

Un disco para cerrar los ojos y hacer un viaje interior con la ayuda de la inspiración y los (a veces) extraños paisajes sonoros que no propone el trío de Beledo. 


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* Web: beledo.com


YANN ARAVIT, In Full Bloom (2021)

El bajista Yann Aravit nació en Francia en una familia de músicos. Se formó en el Instituto de Bajo Francis Darizcuren de París. Sus primeros escarceos con la música latina le llevaron a participar en una orquesta de timba y luego a Cuba, donde estudió con Feliciano y Eugenio Arango e investigó sobre la música folclórica cubana. Después se intaló en Madrid, donde una master class de Carles Benavent despertó su curiosidad por el papel del bajo en el flamenco. Ha tocado con Ray Brown Jr. (hijo de Ray Brown y Ella Fitzgerald) y con Jorge Pardo. 

Su primer disco como líder es un complejo mapa de experimentación donde se mueve del funk al flamenco utilizando todos los recursos absorbidos en las experiencias de las que hemos hablado antes. Grooves potentes, juguetones en algunos momentos, raciales (si se puede usar esta palabra en un profano), aflamencados o descaradamente funk... El repertorio es completamente heterogéneo. Escuchamos, por ejemplo, "Fylgia" y estamos frente a un tema tan americano que podría ser una versión. Aravit despliega ahí todas las técnicas posibles para hacer funk, incluso acercándose al slap de Stanley Jordan. No me gusta hacer comparaciones y el trabajo que presenta Yann Aravit es tan original como inclasificable.

Intentando ponerle etiquetas para expresar en palabras lo escuchado, In Full Bloom tiene momentos de potencia e inspiración casi Pastorius (no sé cómo poner un adjetivo que recuerde a este grande) mezclados con flamenco ("Funky Duende"), temas tocados con la delicadeza de una guitarra, como la balada "Pleiades", pasajes funk extenuantes como "Sweet Dream", grooves intensos ("Love At First Sight") y arranques flamencos como los punteos de "Honey Eyes".

Es un disco complejo y estimulante donde, con el bajo de cuatro, cinco cuerdas o sin trastes, Yann Aravit ha intentado que no queda nada por decir.



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LA INFLUENCIA DEL JAZZ CLÁSICO

En esta época en que no hay una estética de jazz dominante, el aficionado encuentra, en consecuencia, una oferta tan variada como apabullante. ¿Qué escuchar? La calidad, sin duda. Calidad, creatividad y virtuosismo garantizan siempre el placer. Sin embargo, todos volvemos de vez en cuando la mirada al pasado, a aquellos clásicos del jazz que rompieron moldes. ¿Por qué? Probablemente porque la síncopa, el blues y el swing inherente a aquellas improvisaciones son lo que nos hicieron enamorarnos del jazz. Hoy escuchamos varios discos de músicos actuales que reviven esos sonidos con temas nuevos o versiones de standards

GRAHAM DECHTER, Major Influence (Capri Records, 2021)

El primer álbum que ponemos es Major Influence y, como su nombre indica, está fuertemente influenciado por los Grandes. El guitarrista de Los Angeles Graham Dechter ha compuesto 7 de los 8 temas del disco abducido por la influencia palpable de guitarristas clásicos (Charlie Christian, Kenny Burrell, West Montgomery), pianistas (Monk) o saxofonistas (Bird). Este es su tercer álbum como líder.  

Dechter es un joven virtuoso de las seis cuerdas que se mueve con facilidad entre estilos, desde el bop ("Billy's Dilemma") a la bossa ("Coracao Brasileiro"), que sabe mantener el ritmo y el interés del oyente durante todo el álbum con recursos inagotables y frases que parecen hacer cantar a la guitarra y es capaz de hacer riffs vertiginosos, como ese juego final de llamada-respuesta en "Orange Coals", es una montaña rusa. 


En este, su tercer álbum, el primero en diez años, le acompañan Tamir Hendelman al piano, John Clayton al bajo y Jeff Hamilton en la batería. Desde su anterior disco hasta ahora, ha estado involucrado en proyectos como The Clayton-Hamilton Jazz Orchestra o The All Saints Church Jazz Vespers, aparte de sus colaboraciones con Michael Bubblé, John Pizzarelli... Major Influence contiene un repertorio que presenta a un guitarrista inefable, con una voz personal y que apunta a una larga carrera. No se lo pierdan.
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ALEXANDER BEETS, Big Sounds (Maxanter Records, 2021)

Otro "monstruo" que estamos escuchando con pasión es el saxofonista holandés Alexander Beets, que hace honor a su apodo (The Hurricane) en su nuevo disco, titulado Big Sounds y donde interpreta a un ritmo devastador grandes temas clásicos. Swing demoledor, armonías en los vientos y ritmo, ritmo, ritmo, todo ello con un estilo en el tenor que recuerda a los grandes colosos de la época dorada del jazz. Este álbum llega después de otros trabajos de Beets donde homenajeaba a sus héroes (Tribute to Stanley Turrentine y Sandborn Sound) y viene acompañado por Ellister van der Molen a la trompeta, Miguel Rodríguez y Sebastiaan van Bavel al piano, Marius Beets al bajo y Tim Hennekes a la batería. 

Desde que abre el álbum con un apropiado "Blues For The Legends" Beets muestra su predilección por los sonidos mainstream que van del cool al hardbop, con constantes guiños a los grandes del tenor, todo ello a todo tren, en composiciones nuevas y en clásicos como "The Look Of Love" o "The Man I Love", para terminar con un vitalista "What Happened To The Days?" que podría interpretarse como una pregunta filosófica sobre hacia dónde camina el jazz.

Hasta que llegue un vídeo de su nuevo álbum, les dejo este testimonio de su virtuosismo junto a la New York Round Mignight Orchestra.

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MARTIN WIND, My Astorian Queen (Laika Records, 2021)

El bajista alemán Martin Wind celebra sus 25 años en Nueva York con un álbum dedicado a la ciudad que le acogió y en cuya escena jazzística consiguió integrarse de una manera estable. Fue el pianista Bill Mays, al que conoció en el North Sea Jazz Festival de Rotterdam en 1992, quien le animó a mudarse y se convirtió en su mentor. Después de una veintena de grabaciones como líder o co-líder, y de experimentar con nuevos sonidos en sellos como ACT o What If? Music, Wind mira hacia el jazz clásico para homenajear a Nueva York.

Con su cuarteto: Bill MaysScott Robinson (saxo tenor, saxo bajo, clarinete y trompeta) y el baterista Matt Wilson, Wind presenta My Astorian Queen como un álbum conceptual en el que nos cuenta su historia en la ciudad, comenzando con "Mean What You Said" de Thad Jones para contarnos la primera vez que entró en el mítico Village Vanguard:


Pero el tema de Thad Jones no es la única versión que podemos escuchar. Aparte de los temas originales (tres de Wind y uno de Bill Mays), escuchamos "Broadway" (Wilbur H. Bird) con el que recuerda su paso por las orquestas de musicales, un tema donde Scott Robinson toca el saxo bajo, con un rudo sonido que desafía, con una voz potente y casi humana, la versión de Stan Getz (In Paris 1958). Getz hizo famoso junto a Joao Gilberto "E Preciso Perdoar", un tema que aquí adquiere una personalidad única con el liderazgo del bajo. Con el enorme "There’s a Boat that’s Leaving Soon For New York" de George Gershwin (Porgy & Bess) como metáfora de su llegada a la Gran Manzana, y el inevitable "New York, New York" (Fred Ebb & John Kander) popularizado por Sinatra, Martin Wind redondea un álbum que es un homenaje al regalo musical e inspirador que es la ciudad de los rascacielos y, de paso, nos devuelve una parte considerable de la magia que esta ciudad infundió al jazz a partir de los años 20.
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DISONANCIAS

CUARTETO FUERTE (Titanical Records, 2019)

Grabado en Sevilla por músicos radicados en Sevilla, este proyecto nace empujado por el bajista Juan Miguel Martín (Nat 'n Jazz Quartet, Malheur), con sus composiciones y con otros tres músicos de nivel y sólida experiencia en el jazz moderno: el guitarrista Álvaro Vieito (Boreas, Vieito-Delgado Dúo), el clarinetista Gustavo Domínguez (Proyecto Ocnos) y uno de mis bateristas favoritos, Nacho Megina. Jazz moderno, free jazz con influencias del cine y del rock, es una propuesta original que desborda cualquier expectativa... desde su carnívora portada hasta el último tema.

Todo ello arreglado para un original cuarteto liderado por ¡guitarra y clarinete bajo!, dos solistas cuya tímbrica se mezcla con el sonido del bajo eléctrico con resultados inesperados, experimentos que nos remiten, inexorablemente, a aquellos tiempos en que el jazz se libró por fin de los estereotipos y decidió ser cualquier cosa, como definió Miles Davis su tema de 45 minutos en el concierto de la Isla de Wight. Porque a pesar de su modernidad, de su sonido original (se pueden percibir influencias pero todo suena a algo nuevo), hay cierto sabor a aventura en los temas de Cuarteto Fuerte, ese sabor de los pioneros, el que percibíamos con la evolución de Max Roach hacia lo salvaje, o de Art Blakey, Sun Ra, Wayne Shorter, un regusto al jazz de los 70 con el sonido de unos estudios de 2019. 

Domínguez, Martín, Megina y Vieito
Imposible reseñar cada influencia que se puede escuchar en este disco. Desde pasajes de rock ("Sofocos" o la intro de "Hola, ¿qué tal estás?") mezclados con la libertad creativa, armonías de instrumentos reales que recuerdan a la música electrónica ("Spectrum"), y el lenguaje del clarinete bajo, que pensamos que podría sonar de conservatorio pero que, en cambio, aporta un toque estimulante (o introspectivo, como en "El trabajo"), incluso innovador, aportando su timbre en un paseo entre mundos, cercano a las travesuras de John Zorn.

Zorn es una de las influencias manifiestas del bajista y compositor, pero debo admitir que este cuarteto va mucho más allá del ansia rupturista de Zorn. Cuarteto Fuerte parece tener más una voluntad de construir que de destruir, una voluntad basada en lo atonal y las disonancias, es cierto, pero sus temas tienen sentido. ¿Free con sentido? Hay estructura, tema, coda... y cierta épica en algunos solos, lo que demuestra la intención de gustar, no de disgustar. Y ahí es donde creo que se diferencian de Zorn, a quien espero no nombrar más en este blog.

Tanta influencia (vertebrada hacia lo personal) convierte el disco de Cuarteto Fuerte en una especie de disco homenaje, una declaración de filias por parte del Juan Miguel Martín compositor, un disco de cultura musical.


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* Más info: https://www.facebook.com/CuartetoFuerte/


ECLÉCTICO

PABLO SANMAMED TRÍO, 16/4 (aCentral Folque, 2018)

Uno de esos fenómenos que ocurren en el jazz de vez en cuando es que publique un primer disco como líder un músico con una experiencia tan dilatada que merecería toda una serie de artículos. El contrabajista Pablo Sanmamed es uno de estos casos. Ha participado en 67 discos dentro de grupos de jazz (y rock) y ha tocado en innumerables festivales. Lo reseñamos hace unos años con aquella formación de jazz electrónico y experimental que se llamó 3 Azoteas (Audia, 2011). Ha compuesto música para cine y ha ganado varios premios con su banda sonora para la película Crebinsky (Enrique Otero, 2011), que protagonizaron Luis Tosar y Miguel de Lira. También ha escrito música para danza y teatro, lo que explica lo detalladamente descriptivas que son las melodías que compone. Pero no hay mejor carta de presentación que un disco. El suyo se llama 16/4.

En 16/4, además de su experiencia como contrabajista, podemos apreciar su capacidad como compositor versátil y comprometido con una búsqueda de raíces en la que confluyen las reglas del jazz (síncopa, improvisación, solos) con las armonías de la música folk gallega y en algún momento europeas (como en el caso de "Rapsódia Damasquinada" o más nítidamente en "Duas mulheres", que utiliza la estructura de una danza tradicional rumana llamada dum horo). Esta contradicción entre música negra y otras músicas de raíz forma parte de la esencia del jazz, por lo que pienso que (como el caso del jazz flamenco) debería existir ya una etiqueta para esos músicos gallegos que combinan con tanto acierto sus ritmos tradicionales con el jazz moderno (Abe Rábade, Pablo Castanho, Baldo Martínez...). El jazz de Pablo Sanmamed está lleno de swing, sutiles cambios de ritmo y una visión intelectual y original a la altura. Llamémosle, de momento, jazz moderno de raíz.


Con una formación de trío de piano (con Iago Mourinho al piano y Bruno Couceiro en la batería) donde, evidentemente, todos los instrumentos son de ritmo, Sanmamed lo hace más complicado todavía enredándose en aventuras como el 5/8 del tema que da título al álbum o forzando a los músicos a velocidades que requieren no solo de virtuosismo sino de una fortaleza mental capaz de improvisar a gran velocidad ("De BCG a SCQ"). 

El disco es redondo. Comienza con una deconstrucción muy lírica (y adaptada al estilo personal de Sanmamed que hemos descrito) del estándar "You Don't Know What Love Is" para luego mostrarnos un abanico de ideas que se mueven entre temas muy rítmicos y otros más introspectivos donde escuchamos a un contrabajo directo, expresivo y con un amplio abanico de ideas, que da cohesión al conjunto con una solidez envidiable, y un piano, ese gran protagonista del trío para el que se han escrito temas fabulosos como "Setembro", que es un vals, jazz al estilo francés según el libreto del disco, o "16/4", donde el piano soporta toda la carga del tema con un eclecticismo que incorpora elementos de música clásica, tradicional y jazz, y con ese solo de Sanmamed...

Aparte del trío, destaca la intervención del saxofonista alto Pablo Añón en la bellísima "L.H.", donde le dan la réplica con una fluidez casi poética Xose Luis Miranda al trombón y Iago Mourinho al piano. Este tema fue escrito para cuarteto de cuerda para una banda sonora y aquí suena como quinteto de jazz (piano, saxo, trombón, bajo y batería). Pero curiosamente, sí hay un cuarteto de cuerda en el último tema del disco, que no está compuesto por Sanmamed sino por Mourinho.

Porque el álbum termina como empezó, con un tema ajeno, esta vez compuesto por Iago Mourinho titulado "Dujmey tinQu" (sí, el título está en klingon), una balada que contiene un delicado solo de contrabajo que pone un final lírico e introspectivo al disco.



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Web oficial: www.pablosanmamed.com

ENTREGA ESPECIAL

THE LEVIN BROTHERS, Special Delivery (2017)


Creo que es una manera genial de comenzar el año presentarles un discazo de jazz inspirado en el cool, un disco lleno de swing y de improvisaciones a toda máquina. Special Delivery es el segundo disco que graban juntos The Levin Brothers (Pete y Tony). El combo del álbum está formado por Erik Lawrence (saxo y flauta) y Jeff "Siege" Siegel (batería), además de Tony Levin al contrabajo y chelo y Pete Levin, que toca órgano y piano.


Después de décadas de colaborar con otros músicos y de tocar en solitario, Tony y Pete Levin grabaron su primer álbum juntos en 2014. En sus instrumentos, la experiencia de haber tocado y grabado con gente como Buddy Rich, Steps Ahead, Gary Burton, Herbie Mann... El resultado de todo esto es un álbum que suena a cool jazz, que nos retrotrae a esa época dorada de los '50s, cuando el jazz tenía clase y algunos, que miraban a la West Coast, hacían estas maravillas con sonidos elegantes, comerciales pero seductores, expresándose con una pulsión calmada, huyendo de los vertiginosos ritmos del bebop. Y, aunque los hermanos Levin aceleren de tanto en tanto llevados por la melodía ("Fire Drill"), el combo habla de jazz con serenidad y mucha clase.

Special Delivery es su segundo disco juntos, como decía, y contiene temas extraídos de la grabación de tres conciertos durante la gira del año pasado presentando su anterior álbum. En concreto, se grabó en Rochester (Nueva York), Natick (Massachusetts) y Schenady (Nueva York).


El disco comienza con un tema lleno de ritmo titulado "Gimme Some Scratch", para continuar con una swgingueante melodía sincopada de las que se quedan en la cabeza ("Special Delivery"). Ahí Pete Levin nos engancha con uno de esos irresistibles solos de órgano. "Ostropolya" es un tema clásico, para amantes del mainstream, pegadizo y con mucho swing, como casi todos los temas de The Levin Brothers, con un melódico solo de saxo de Erik Lawrence. En el siguiente tema, el sentido del ritmo y la veloz digitación de Tony Levin convierten "Fire Drill" en una carrera contrarreloj. 

Y hasta ahí las composiciones originales. El disco continúa con la balada "Scarborough Fair", en la que Lawrence con la flauta expande un aire místico al principio y muy jazzy conforme avanza el tema, mucho más allá del original de Simon & Gartfunkel. El delicado (y a la vez apasionado) solo de Pete al piano engrandecen un tema que podría haber sonado fantástico en su interpretación más fácil y que en las manos de estos artistas alcanza un nivel espiritual. El siguiente tema que suena es una balada compuesta por Erik Lawrence, muy protagonista durante todo el álbum. "Weight of Action" es una de esas baladas donde el saxo parece contener el paso del tiempo dotando al tema de una solidez pétrea, como una balada de Dexter Gordon. Incluso el lacónico solo de Tony Levin al contrabajo suena duro y categóricamente triste. El resto de los temas son homenajes a Ennio Morricone ("Theme From Cinema Paradiso"), Astor Piazzola ("Milonga del Angel")... 

Pero el tema indiscutible del álbum es "Pete's Blues". Tiene un arranque bestial en el órgano, con una intro falsa que rompe en puro ritmo, con un diálogo muy interesante entre saxo y órgano, para convertirse en un solo enorme a las teclas que despliega muchos recursos pero, sobre todo, un gran uso de la mano izquierda y del vibrato. El solo de saxo resulta demasiado moderno para el disco pero el ritmo lo estaba pidiendo... Se convierte en pura velocidad. El final, en un toma y daca con la batería, sube la temperatura y contagia al órgano para, de nuevo al unísono, redondear un tema que es una bomba. La coda la pone Pete al piano, con una balada compuesta por el batería Jeff "Siege" Siegel y que aparecía en su álbum King of Xhosa.

Para amantes del jazz sin fisuras.


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* Web oficial: www.thelevinbrothers.com

ENERGÍA = CONTRABAJO

KATIE THIROUX, Off Beat (Capri Records, 2017)

Esta joven artista (nacida en Los Angeles en 1988) presenta su segundo disco con muy buenas críticas a sus espaldas. En su web leemos un comentario de Quincy Jones que dice "This girl is IT!". No en vano, el compositor-director la ha contratado y actualmente Katie Thiroux es artista residente en el club de Quincy Jones en Dubai. También forma parte del Larry Fuller Trio. El álbum, con temas cantados y también instrumentales, muestra una bajista llena de energía, con un gran dominio de la velocidad y gusto por lo complicado y lo complejo (armónica y rítmicamente hablando).

Off Beat (el título ya muestra el sentido del humor que preside el repertorio) comienza con el tema que le da título, una composición de Leon Pober que sirve de declaración de intenciones: "I follow my own design, I walk no-one else's line, so everyone says that I'm off beat!" y, aunque el estilo de Thiroux tiene un punto original, se nota la presencia en muchos momentos de la figura de Ray Brown, influencia confesada. El tema es vocal y Thiroux nos gusta también cuando canta. 


Más de la mitad de los temas son vocales, con la propia Katie Thiroux cantando, pero no deja de ser bajista en ningún momento: el bajo es director en todos los temas, presentados como elementos rítmicos. Me gustaría reivindicar aquí la creciente presencia de mujeres como líderes en los combos de jazz (aunque el hecho de abordar el tema ya suponga una discriminación) porque cualquier pasaje de este disco bastaría para rebatir cualquier prejuicio hacia las mujeres del jazz no vocalistas. Quizás, como le pasó a Nat King Cole, cuya habilidad como pianista quedó eclipsada por su popularidad como cantante, el público menos atento escuche a la cantante y deje de percibir la solidez con la que Thiroux toca el contrabajo y sostiene con poder todos los temas. Canta, hace scat pero es, por encima de todo, una instrumentista: todo el álbum está dominado por el ritmo y cualquier intervención del contrabajo, no únicamente en los solos, es significativa, nunca un simple acompañamiento. Esto la convierte en una contrabajista muy interesante.


Sólo hay una composición propia en el disco ("Slow Dance With Me"), un tempo medio instrumental que el bajo lleva con autoridad. Es un gran momento del álbum, como más adelante el cover de Ray Brown "Ray's Idea", donde juega con humor con el ritmo y con la fluidez del clarinete de Ben Peplowski. En una entrevista, Thiroux aseguró que posee un par de zapatos italianos que habían pertenecido a Brown. Se los regaló Jeff Hamilton (baterista de, entre otros, Diana Krall), que produce el disco. En la escucha, no hay duda de que hay una influencia notable del estilo de Ray Brown en la forma de tocar de Katie Thiroux. Me ha gustado especialmente el último tema del álbum, donde Thiroux aborda una sorprendente versión de "Willow Weep For Me" a voz y contrabajo solo, un desafío en el que percibimos esa sombra de Brown en la manera en que dosifica el ritmo y, al mismo tiempo, lo acompaña golpeando el mástil como si fuera un instrumento de percusión. Un final emocionante.





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* Web oficial: www.katiethiroux.com




EL JAZZ CON EL SONIDO NATURAL DEL MUNDO

PABLO BÁEZ, El testigo (2017)

Pablo Báez es un contrabajista onubense, educador y compositor con ideas muy originales y una gran versatilidad como intérprete. Su primer disco como líder, El testigo, es lo que algunos llaman una declaración de intenciones, un jazz moderno, de tempo lento, reflexivo y ecléctico, que metaboliza el jazz europeo y un sutil toque flamenco en algo que (casi) podríamos llamar jazz flamenco experimental. Pero me quedaría corto.


Aunque ya había escuchado a Pablo Báez en otras formaciones, como líder resulta un contrabajista personal, muy expresivo, que usa el contrabajo como instrumento solista, liderando sin complejos todos los temas, haciendo "cantar" al instrumento, omnipresente. 

Un aspecto singular del disco y que forma parte de su concepto es que no se ha grabado en estudio. Los temas han sido registrados con técnica ambisónica en una curiosa diversidad de escenarios (un bosque de noche, el interior de un dolmen, una iglesia, una cárcel abandonada...) para captar distintas sonoridades que ayuden a la expresividad de los temas. En este sentido, Báez manifiesta estar más interesado en "la sonoridad natural de la instrumentación, así como su integración e interacción con el medio" que en lograr un sonido perfecto a lo Rudy van Gelder. Me remito a su concierto de presentación en el Gran Teatro de Huelva, donde, como conté en la reseña del mismo, ningún instrumento iba amplificado ni enchufado. Ni siquiera había micrófonos para los instrumentos acústicos.



El cuarteto del álbum lo forman Julián Sánchez (trompeta), Enrique Oliver (saxo tenor) y Juanma Nieto (batería), contando con la siempre iluminadora presencia de Jorge Pardo en "Jaleo". Tres de los temas suenan a contrabajo solo y fueron grabados en el interior del Dolmen de Soto ("Din Don"), en las Marismas del Polvorín, junto a la vía para trenes de mercancías peligrosas ("Sin andén") y en el puente que comunica Huelva con Corrales, donde se grabó "Puente concreto", título que intuyo puede remitir a la música concreta, teoría que explora el sonido de los objetos y su combinación con los producidos por instrumentos reales. El sonido del viento en el puente, algún coche lejano y el rumor de las olas de la ría imbuyen de poesía la delicada melodía del contrabajo en este "Puente concreto". Algo parecido se muestra con la máquina de escribir y los sonidos del bosque de noche de "Oda" o su introducción, "Animales del bosque".

Los experimentos y la originalidad de El testigo miran en muchos sentidos. "My Werba", que podría ser una balada de algún trompetista anterior a Miles, no es sino una versión sublimada y bellísima del pasodoble "Mi Huelva tiene una ría" de Domingo Manfredi. Pero hay que ser un oyente muy atento o muy de Huelva para percibir el origen de esta balada de jazz. "Tema inofensivo", por ejemplo, usa un esquema distorsionado de hardbop utilizando los vientos como elemento rompedor, hacia lo atonal, logrando un sonido sucio, muy Mingus, mientras el bajo dirige a la banda con un ritmo poderoso y enérgico. Más free es "Reo", tema grabado en una vieja cárcel que albergó presos entre 1930 y 2006 y que hoy permanece abandonada esperando un uso más útil que el de mantener vivo el horror que pudo albergar. Su ruina y su vacío poblado de recuerdos justifican el tema. También aquí se grabó "Xpain", un tema también mingusiano donde los ruidos y los gritos se mezclan con un post-bop que quiere sonar también a ruido. 

Más amables son los temas inspirados en el flamenco, algunos más sutiles y elegantes y sin olvidar el desafío rítmico y armónico del jazz (como "Testigo" o como "Jaleo", tema donde se puede escuchar a Jorge Pardo a la flauta y también un gran trabajo rítmico de Juanma Nieto a la batería y Javier Vega en el cajón flamenco) y otros más de raíz, menos jazzísticos (como "Flores blancas").

15 temas, todo un despliegue de inspiración para un primer disco como líder, un disco que es una declaración de intenciones, como escribí más arriba, que confío que tenga continuación y la acogida que se merece.


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Blog de Pablo Báez: https://pablobaezillesca.com


http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

LA SEDUCTORA BELLEZA DEL CONTRABAJO

GERALD CANNON, Combinations (Woodneck Records, 2017)

La línea de bajo inicial marca la filosofía del disco: el bajo manda con liderazgo, permitiéndose ser elemento melódico en algunos momentos y, en otros, sostén exhuberantemente rítmico (incluso en las baladas). Esta semana llega Combinations, donde Gerald L. Cannon, el que fuera bajista y director musical del trío de McCoyTyner y sidemen de tantos grandes (Elvin Jones, Roy Hargrove, Lovano, Martino...; la lista sería interminable) regresa como líder en un álbum pletórico de momentos enormes, en el que aparecen, en distintas combinaciones, los saxofonistas Gary Bartz, Sherman Irby y Steve Slagle, los trompetistas Jeremy Pelt y Duane Eubanks, los pianistas Kenny Barron y Rick Germanson, el guitarista Russell Malone y los percusionistas Willie Jones III y Will Calhoun.

Esa improvisación de bajo de la que hablábamos es la intro a "Every Main Is A King", una composición de Slide Hampton que suena aquí trepidante, muy hardbop, con un dúo espectacular: Jeremy Pelt y Gary Bartz, tanto en los solos como en cada chorus. El frenético ritmo de este tema sirve de ejemplo para citar la habilidad con que Cannon consigue una perfecta cohesión entre la sección rítmica y los solistas, algo que puede sonar lógico pero que no es tan habitual en el jazz actual.

A partir de ahí, el disco se desarrolla en distintas combinaciones, aunque me quedaría con el quinteto formado por el trío de Cannon (Germanson al piano y Jones III a la batería) con Jeremy Pelt y Gary Bartz como frontline en el blues "One For Amos", compuesto por Sam Jones.

De todas estas combinaciones, muchas son baladas o tiempos medios, algunas de ellas compuestas por el propio contrabajista, como "Amanda's Bossa" o "A Thought". una delicada bossa en la que toma el papel protagonista el saxo de Sherman Irby con la omnipresencia de Kenny Barron. Pero, si uno sigue  la línea del contrabajo en "A Thought" puede constatar la personalidad con que Cannon sostiene el tema, con elegancia, con una melodía propia, casi cantando. Al fin y al cabo, él es el compositor.


Más allá de las baladas, Cannon se muestra un compositor arriesgado y versátil. "Columbus Circle Stop" es un tema de ritmo roto, con unos vientos que suenan el algunos momentos onomatopéyicos, intentando aquello que ya hizo Mingus en "A Foggy Day" o Gershwin en su "Rhapsody In Blue", interpretar con instrumentos el caos y las prisas de la gran ciudad. El resultado es desconcertante en un disco tan (por momentos) tradicionalista pero a la segunda escucha toma sentido y el experimento resulta plausible, como otra composición de Cannon, "Gary's Tune", donde muestra sus actitudes miméticas para componer al estilo de Gary Bartz y para Gary Bartz. 

Todo el disco suena fresco y sofisticado al mismo tiempo, homogéneo a pesar de las distintas formaciones que se van sucediendo, combinaciones que dan título al álbum, cambios, sorpresas y mucho de aquello que Nat Hentoff llamaba "conversational jazz". Cannon demuestra que los instrumentos pueden interactuar sin moldes. No hace falta ponerse frente a frente uno a uno como hizo Christian McBride en su Conversations with Christian (Mack Avenue, 2013) sino que basta con poner en marcha la filosofía de Marsalis de que el jazz es el arte de escuchar a los demás para saber qué tocar cuando llega tu turno. Especialmente remarcable es el diálogo entre el contrabajista y la guitarra de Russell Malone en "How Great Thou Art", un blues que proviene de la música de iglesia y que suena como si lo acabara de componer.

La excepción que confirma la regla es la brillante y delicada coda del álbum, en la que Gerald Cannon nos ofrece una versión a contrabajo solo del clásico de Jimmy Van Heusen y Eddie DeLange "Darn That Dream". Cinco minutos indescriptibles.

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* Web oficial: www.cannonmusicnart.com

** Foto de Roberto Cifarelli (tomada de la web de Gerald Cannon).

ACÚSTICO, LIBRE, INSPIRADO

Pablo Báez Quartet en concierto

Pablo Báez es un músico onubense con una trayectoria singular. Formado en centros tan dispares como la ESMUC de Barcelona y el Conservatorio de Sevilla, su carrera le ha llevado a tocar por toda Europa y a compartir escenario con los grandes del flamenco y del jazz español. El 23 de marzo, sustituyendo a Mike Fletcher, que se había caído del cartel, presentó algunos temas de su próximo disco con músicos nuevos, sin tiempo para ensayar, asumiendo riesgos como, por ejemplo, hacer todo el concierto en acústico (sin amplificadores ni micros) en un teatro de una ciudad como Huelva, que tiene buenos músicos de jazz pero poca afición jazzística entre su público.


Un observador poco atento podría aplicar en Huelva la frase de Leonard Feather (“España es un desierto para el jazz”) pero no por falta de músicos locales, que los hay y muchos, sino por falta de escenarios. La escasez de iniciativa privada y las ordenanzas locales que, a menudo, criminalizan la música en directo y la gravan con impuestos inexplicables, hacen que el jazz brille por su ausencia en la noche de Huelva.

En este orden de cosas, ese observador despistado podría sorprenderse de encontrar sobre las tablas del Gran Teatro a un músico de la talla del contrabajista Pablo Báez, onubense de nacimiento, a quien su calidad ha llevado por toda Europa acompañando a grandes músicos del flamenco y del jazz (Jorge Pardo, Perico Sambeat, Rubem Dantas, Jerry González…) y que ahora regresa a Huelva con un proyecto original, con composiciones propias que aparecerán próximamente en su primer disco como líder, El testigo.


Aunque Báez juega en casa, sabe que por estas tablas del Gran Teatro han pasado grandes de jazz (Chick Corea, Andrea Motis, Dizzy Gillespie...) y que el desafio es grande. Por eso, presenta un concierto jazzístico al cien por cien (aunque con algún invitado flamenco, como el guitarrista Angelito o el percusionista Vicente Redondo) y, aunque no es la presentación oficial, ofrece temas de su próximo disco, un álbum grabado en acústico, fuera del estudio de grabación, una propuesta que suena a jazz moderno, híbrido, en el que el músico se reconoce el sonido natural del instrumento. Para afianzar esta propuesta y a modo de desafío añadido (el jazz es riesgo) los músicos tocan sin amplificadores ni ningún tipo de enchufe. Acústico 100%.


Con este planteamiento, el concierto comienza con un solo de contrabajo, un fraseo místico que da pie un tema (“Coe”), delicioso, intimista, que define lo que será el concierto: un jazz de sensaciones y sentimentos. Como instrumentista, Báez lleva con su contrabajo el peso de todos los temas. Es un líder y arrastra al grupo, lo sostiene con su ritmo, sus walking bass y sus frases; como compositor, nos presenta un repertorio enorme en el que, en lugar de recurrir a fuegos artificales, opta por la sensibilidad y la inspiración, con armonías acertadas, con alguna balada tocada con el arco (“Oda”, dedicada a su padre), con guiños a Huelva (“My Werba”, en la que había que encontrar la melodía de “Mi Huelva tiene una ría”), con interesantes arreglos sobre temas como “Woody Woodpecker”, con algún blues, con improvisaciones inesperadas como la intervención del guitarrista Angelito al que Pablo acompaña improvisando con el contrabajo.

Pero no todo es inspiración esta noche. El escenario del Gran Teatro, vacío de amplificadores y tecnología, parece desnudo, especialmente por la deficiente iluminación. A esto hay que unir la dificultad añadida de que, por problemas de agenda, los músicos apenas han ensayado con anterioridad. El argentino Juanma Nieto a la batería está muy acertado durante todo el concierto y los músicos que le acompañan (Fernando Brox a la flauta y Juan Calero al saxo), buscados para la ocasión con apenas tiempo para ensayar, demuestran, como Báez, esa profesionalidad que hace válida la máxima del jazz de que la improvisación y la experiencia hacen la magia, de que el jazz es la música del momento y mañana sonará diferente. El resultado es coherente y mantiene hipnotizado al público durante todo el concierto. Y lo mejor es que está ocurriendo en Huelva.


El concierto termina con el tema que da título al primer disco de Pablo Báez, “El testigo”, una composición inspirada en la figura del Niño Miguel. Habrá que esperar al próximo concierto del Circuito Andaluz de Asociaciones de Jazz, que será el 20 de abril con el quinteto del también onubense Daniel Cano.

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* Web oficial: pablobaezblog.wordpress.com/
* Artículo publicado originalmente en Huelva Información (leer) * Fotografías: Manolo Martín (Müzzic) www.facebook.com/muzzic.huelva
https://www.amazon.es/Noche-jazz-Félix-Amador-ebook/dp/B06XHKR4TD
* Envío gratis solo en el territorio español.

SIETE PAISAJES AUTOBIOGRÁFICOS

KIN GARCÍA TRÍO, Xingra Coma a Area (2016)

Desde que conocimos al contrabajista Kin García en el memorable O lobo morde a man (Audia, 2005) nos dimos cuenta de que estábamos ante un jazzman inquieto y original. Su predilección por el trío, con todo el riesgo y el placer que conlleva, le ha permitido evolucionar y crecer como compositor, sublimando su concepto del jazz hasta dar con este Xingra Coma a Area, que es un producto mestizo, donde el jazz sobrevuela unas composiciones delicadas, especulativas e íntimas, más cerca de la música clásica o de raíz que del swing.

El contrabajo sigue siendo uno de mis instrumetnos favoritos. Su sonoridad y su poder a la hora de sostener la estructura rítmica del grupo le dan una personalidad especial. Es difícil tocarlo con la serenidad de evitar los efectismos y convertirlo casi en un instrumento lírico. Dueño del ritmo, el contrabajo de Kin García es capaz de detener el tiempo con una madurez impresionante. Tiene momentos en que casi olvidamos que estamos ante un disco de jazz, pero el sentimiento reaparece por momentos. Su sonoridad es bellísima, como los temas, cuyas historias personales son como paisajes de una memoria ajena que, sin embargo, nos contagia sensaciones y sentimientos.


Queda patente que como compositor (y músico) Kin García da más importancia a la introspección y a las sensaciones que al canon, lo que produce un sonido sublime en el que se entrecruzan muchas influencias.

Con el pianista Jacobo de Miguel como protagonista armónico en las composiciones y el sostén del baterista Noli Torres, Kin García desarrolla con exquisitez lo que llama en su web European Jazz Concept, una amalgama de sonidos apenas sugeridos, entre los que podemos intuir una cierta adoración por la estética del trío de Bill Evans (en la época de Marc Johnson) y también por los pianistas que le han sucedido en esa búsqueda, así como por ese camino apartado (aunque paralelo) de muchos músicos gallegos influidos por la world music, el folk autóctono y otras musas ajenas a la música negra.

Un ejemplo:


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* Web de Kin García: kingarcia.wordpress.com


http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

LA MÚSICA COMO MATEMÁTICA

ISAAC DEL POZO, Cycle (Youkali Music, 2016)

Isaac del Pozo es uno de esos músicos emergentes que, procedentes de Musikene, llegan dispuestos a sorprender y a renovar el panorama del jazz español actual. Cycle es su disco de debut. Sorprende la versatilidad que demuestra a sus 23 años. Ritmos eclécticos, estilos y experimentos se mezclan en esta álbum a cuarteto en el que el bajo eléctrico muestra todo su potencial al tiempo que expone teorías basadas en las matemáticas. Este mes de Julio presenta su disco en varios clubs de Madrid.

No es nada nuevo que la música es matemática (hay muchos estudios al respecto) y su ejecución es física aplicada (esto es un comentario personal a la ligera). Matemático y músico, Isaac del Pozo desarrolla en su álbum el concepto creado por el percusionista, compositor y profesor de música George Russell, quien en 1953 publicó su libro Lydian Chromatic Concept of Tonal Organization, donde formulaba teorías que apuntaban a la posibilidad de tocar los solos en escalas de intervalos, algo que el Jazz Ambassador Magazine describió en su día como "una reformulación total de la teoría musical de Occidente". Estas teorías influyeron poderosamente en el joven Miles Davis de Kind of Blue y en Coltrane y en Bill Evans... Isaac del Pozo las pone en práctica en ocho composiciones originales que sorprenden por su heterogeneidad. Robbert Appleton, responsable del diseño de la portada y de las notas del disco, lo define con una sencilla fórmula:

   (mathematical composition)
+ (fresh young jazz ensemble)
          = CYCLE                                

Si bien toda esta matemática aplicada puede pasar desapercibida a los aficionados que no dominen el lenguaje musical y sus mecanismos, sí les quedará patente que Miles es su inspiración principal: de temas con aires bop y West Coast como "El Plaza Jazz Club" (que recuerdan a discos como Birth of the Cool) el repertorio pasa experimentar de manera puntual el bop con sonidos de sintetizador (algo que recuerda al jazz-rock eléctrico de A New Kind of Blue), en temas como "A Very Altered Cherry", donde se aprecia toda esa transversalidad del jazz fusión, con sus elementos de rock, psicodelia y potencia, especialmente en ese ritmo de poderoso walking bass sobre el que Edgar Vero nos ofrece una improvisación de sintetizador enorme. La suerte es que, en el fondo, el bop domina el repertorio del álbum. Escuchen "El Plaza Jazz Club", por ejemplo:


Hay alguna balada en el álbum, como "5:05 AM", donde queda demostrado que se pueden poner en práctica estos esquemas en tempi lentos y donde Edgar Vero puede explayarse a gusto y sin prisas en un solo de piano que debería ser materia de estudio. Pero, baladas aparte, el bajo de Del Pozo despliega siempre un groove potente, incontestable, que arrastra como buen líder a todo el grupo. El baterista, Arnaldo Lescay (cubano como Vero) es otro elemento que da fortaleza y garra al combo, preciso o vertiginoso según el momento, muy clásico en otros. Como elemento protagonista, Isaac del Pozo ha elegido un saxo tenor: Dani Juárez, otro músico joven y versátil que se adapta a las composiciones con maestría, free y crudo en los temas que lo requieren ("New Blues Conceptions"), melódico y bop en otros ("El Plaza Jazz Club") o incluso funky ("Circa"). Quizás el tenor es precisamente el instrumento que da coherencia y brillantez al conjunto. Habrá que seguir la pista de estos cuatro músicos.

Este tema aparece con otra formación en el álbum, que se grabó finalmente en Diciembre de 2015

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* Isaac del Pozo en facebook

** Dani Juárez: danieljuarezsaxofonista.blogspot.com

*** Web: www.youkalimusic.com/

CICERO LEE

Those Who Stay (2015)

El contrabajista portugués Cícero Lee presenta en Those Who Stay un jazz moderno, introspectivo, en la frecuencia baja del contrabajo, un jazz oscuro que comienza hablando de la muerte: el primer tema ("Vigilias") está dedicado al poeta luso Al Berto (“es siempre una mentira existir / fuera de aquello que está en el fondo de mí”), que falleció prematuramente a los 49 años.Como señala Lee en las notas del disco, somos lo que nos queda de los que se fueron. Los que se quedan.

Dos años después de su álbum de debut titulado "Ventos" (Sintoma Records, 2013), Cícero Lee ha decidido grabar esta vez con el bajo acústico, con el que se muestra más expresivo, más lírico y más intenso, muy elegante, sin protagonismos, con un espíritu de jazz europeo que sólo traiciona su internacionalidad cuando el acordeón nos hace relacionar su música con Portugal. Quizás sofisticación y expresividad sean los términos más adecuados para definir el disco, cuyas melodías se prestan a ensoñaciones a medida que los músicos desarrollan las ideas de las composiciones. Sólo algún tema aislado nos ofrece una perspectiva distinta, como la agresiva "We Shall Prevail" o "Brooklyn", dos temazos con un toque de hardbop no exento de oscuridad (especialmente cuando escuchamos en "Brooklyn" ese solo en las cuerdas, que se mueve entre el funky y el blues).

El disco suena en formato de trío, con Carlos García al piano y José Salgueiro en la percusión, a los que se unen (según el tema) el saxofonista Desidério Lázaro, viejo conocido del blog, que aporta un toque sofisticado a las improvisaciones ("Brooklyn", "Ten Miles from the Sky"), y otras luminarias del joven jazz portugués. El que más nos brilla es João Frade. El inteligente uso del acordeón de Frade en algunos temas proporciona una dimensión espiritual a las composiciones, un sonido que trasciende lo armónico para ponernos a caballo entre lo cinematográfico y lo geográfico (uno piensa en ciertos barrios de Lisboa cuando lo escucha), con ese vibrato siempre misterioso y legendario del acordeón. Tiago Olivera pone con su guitarra los temas en la frontera de la fusión con el rock y crea un ambiente muy inspirador e intenso ("Ten Miles from the Sky", "Those Who Stay"). De alguna manera, es Carlos García quien ejerce de voz cantante en casi todos los temas (con la excepción de alguno donde interviene el saxo), con mucha personalidad.

El disco termina con una adaptación de la bellísima melodía tradicional portuguesa "Dorme Meu Menino", que es casi una canción que cantan las cuerdas del contrabajo a dúo con el piano (Carlos García la ha adaptado), una melodía introspectiva, brillante y, a la vez, sombría. Como el álbum.

Les dejo con un video espectacular, jazz para ballet. Suena "Those Who Stay" con una delicada coreografía de Helena Vascon que hace justicia a la música de Cícero Lee:


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* Web oficial: cicerolee.com

 

EL CONTRABAJO SERENO

Juyma Estévez Trío, Océanos de porcelana (Freecode, 2014)

El trío de piano sigue siendo nuestra formación favorita para escuchar jazz: a las posibilidades rítmicas que ofrece se le añade la nitidez con que se puede escuchar a todos los músicos cuando los tres son los protagonistas. Nos gusta el trío de piano y no es la primera vez que una formación de estas características nos llega liderada por un contrabajista, un hecho que no siempre altera la jerarquía del trío. Lo hemos visto en discos recientes de bajistas como Christian McBride o Kin García, otro gallego que sabe manejar el trío sin convertirlo en una dictadura del bajo. Mandando con mano firme pero sin robar protagonismo al piano, los dedos de Juyma Estévez construyen desde la primera nota cada tema de este álbum titulado Océanos de porcelana (Free Code Jazz Records, 2014), que hoy recomendamos.

Gallego formado en Musikene, Juyma Estévez hace su debut como líder con un disco muy inspirado (todas son composiciones originales), en el que predomina un concepto introspectivo y lírico del jazz, como a Bill Evans le gustaba concebir la música, sublimando tanto la melodía en algunos momentos que ésta se convierte en un recuerdo en la mente del oyente. El trío lo completan viejos conocidos de Jazz, ese ruido: Alberto Vilas al piano y Max Gómez (Factor E-Reset, Rafa Fernández) a la batería.


El bajo manda y, por tanto, el ritmo manda. Los músicos lo saben y disfrutan del orden que impone el contrabajo. En algunas casos, como en la deliciosa "Montañas de holas a Dioses", mientras piano y contrabajo intentan llevar la melodía, a medida que pasan los compases, el juego se convierte en una simbiosis: piano y contrabajo se superponen en un contrapunto rítmico, una conversación similar a la que mantienen los bajos y los altos de la guitarra en el fingerpicking, un recurso que se va convirtiendo en imprescindible a medida que uno sigue la melodía de "Montañas..." y se va haciendo adicto a ella. El tema crece y crece sin medida hasta alcanzar un clímax impresionante antes de culminar sus 9 minutos de intensidad con una coda perfecta. Lo dicho, una delicia.

No todo es lírica en Océanos de porcelana, por supuesto; hay mucho swing en "Regreso a Donostia", en "O Rhythm dos monstros" (donde el trío juega con habilidad las cartas del jazz más clásico y donde Estévez y Max Gómez se relacionan como las piezas de una maquinaria perfecta), en "Primeiros pasos"... e incluso algún guiño latino ("Vaste queimar") pero siempre bajo el prisma preciosista y calculado del álbum, en el que predomina lo que nos ha convencido: un sentimiento de serenidad que da coherencia al conjunto. 

Quizás no sea este "La casualidad de mi vida II" el tema que mejor define el álbum, pero es elocuente acerca de la música que contruye Juyma Estévez, apacible, bella y aparentemente natural, como un mar de porcelana. Tras la larga introducción, un largo solo de contrabajo, el piano de Alberto Vilas construye, pieza a pieza, la melodía con mucha precisión y una intensidad envidiable. La pasión la pone Max Gómez a la batería.



En este otro vídeo pueden escuchar "Nostalgia", un tema del álbum que en el video suena en versión quinteto, sin Vilas ni Gómez, con los siguientes músicos: Jorge Castañeda (piano), Dani Juarez (saxo tenor), Bruno Valle (trombón), Aarón Castrillo (batería) y, por supuesto, Juyma Estévez al contrabajo, que nos dedica un fantástico solo en mitad del tema.



Pueden oír y comprar el disco en Bandcamp: