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HARDBOP JOVEN Y JAPONÉS

NANAMI HARUTA, The Vibe (Origin, 2025)

Con una reivindicación femenina ("Girlie's World") comienza este álbum de la trombonista japonesa Nanami Haruta, un tema con fraseos que nos traen a la memoria a instrumentistas de la época clásica y un estilo que agradará a puristas y a profanos. Nacida en Sapporo y educada en Tokyo, el trombonista Michael Dease la descubrió en un festival cuando tenía 17 años y la convenció para ir a estudiar a la Universidad de Michigan, donde fue alumna de Dease y de Rodney Whitaker, que posteriormente la incluyó en su sexteto. En América también formó parte de la big band de Ulysses Owens Jr.

Ha grabado The Vibe en el sello Origin con su propio cuarteto, que incluye a Xavier Davis al piano y a dos de sus mentores: Rodney Whitaker al contrabajo y Ulysses Owens Jr a la batería. Otro mentor, Michael Dease, produce y toca el trombón y el trombón barítono en dos temas. Finalmente, hay una colaboración en el último tema ("Unchained Melody") del guitarrista Chris Minami, que pone un contrapunto bellísimo a las notas del trombón en este tema tan romántico y nostálgico.  

El disco contiene varias versiones, donde Nanami Haruta se muestra más netamente hardbop, algunas fantásticas como el tema "Algonquin", compuesto por el trombonista Curtis Fuller, o el "Sister Rosa" de Christian McBride, que puede ser muy clásico cuando quiere, un temazo donde el trombón muestra su swing con toques de blues, hipnótico y seductor (con un momentazo para un expresivo solo de contrabajo). Energía 
sin explosiones inútiles, con armonías y vientos al más puro estilo hardbop, con una intérprete que nos ha sorprendido por su lenguaje claro, sus fraseos nítidos, rotundos y expresivos. Como compositora podemos apreciarla también en tres temas: las baladas "Toshi" y "Heartstrings", que le permiten recrearse en la sonoridad más sentimental del instrumento; y  la divertida "Woodpecker", un tema pegadizo que es una delicia y que tiene un solo final muy New Orleans. 

En espera de más Nanami Haruta...




* Más info: www.originarts.com

UN JAZZ NOSTÁLGICO

JUAN DE DIEGO - GREBALARIAK, 
Azken Uda (Errabal Jazz, 2024)

El trompetista Juan de Diego es una figura imprescindible en el jazz contemporáneo español. Creador incansable, ejerce como compositor (también para cine y danza) y como intérprete en varias formaciones: a trío como Juan de Diego Trío o Freaky Trío, De Diego Brothers (con su hermano Víctor de Diego) o este Grebalariak, cuarteto con el que ya publicó un discazo en 2021. Siguiendo la misma línea, escuchamos diez composiciones originales de Juan de Diego. La única diferencia en esta formación es la presencia de Toni Saigi al piano (sustituyendo a Toni Vaquer). Le acompañan también Pere Loewe, contrabajo; y Ramón Prats, batería. Cuatro musicazos que ejercen de creadores con serenidad e inspiración.


El álbum, grabado en octubre de 2024, comienza con una intro de trompeta sin acompañamiento anunciando ya un disco cargado de nostalgia, sensación que hace justicia a la melancólica fotografía de portada. Fiel a su estilo, las composiciones de Juan de Diego se mueven en tiempos lentos y medios, no exentos de grooves sugestivos y que enganchan, pero huyendo de lo trillado, buscando siempre nuevos caminos a la expresividad, mucho drama ("Azken Uda"), ritmos que permiten la emoción en los solos sin recurrir a fuegos artificiales. En su estilo también, Juan de Diego nos va regalando notas impresionistas, a veces tacañas ("Bagoaz") pero efectivas, en la trompeta y el fliscorno, reafirmando esa voz tan personal que lo caracteriza, llena de color y belleza, y con cierta intención bebop. 

Los solos de Saigi, moderno y siempre trasgresor, van del impresionismo al swing sin cortarse (muy inteligente en "Marinela, hipnótico en "Ali Kinsasan"), jugando con las progresiones de acordes, buscando siempre esa ruptura, ese factor inesperado que le hemos escuchado en sus discos como líder (recordemos qué buenas sensaciones nos dio La Prinsire de la Sal en 2018). Es el acompañante perfecto para Juan de Diego. Ambos, como solistas, saben jugar muy bien con el espacio, sacando todo el partido a una base rítmica que se adapta a la perfección a las necesidades de la partitura y de los solistas. 

Un disco recomendable que consagra un poco más la larga sombra de Juan de Diego, un músico siempre inquieto, con una voz distinguible pero siempre inesperado.


* Web: juandediego.com

HARDBOP CONVERSATIONS

ANDERS MALTA ALMOST BIG BAND,
Introducing (April Records, 2024)

Con estructuras de orquesta moderna de jazz pero sonidos clásicos, el trompetista, compositor y director danés Anders Malta presenta en su álbum de debut una interesante colección de temas, algunos en forma de suite, que recuperan sonidos elegantes y sofisticados de un jazz que parece hoy olvidado. El resultado es tan placentero al oído como musicalmente complejo; el amplio rango dinámico que proporciona una orquesta (aquí son 13 músicos, aunque participan 15) lleva al jazz a una nueva dimensión sonora y, Malta aporta, además, una perspectiva contemporánea y europea al concepto de big band.

El álbum se abre con unos acordes dramáticos que nos llevan a una (casi) fanfarria, líneas melódicas sutiles cargadas de tensión que explotan llevando a la orquesta hacia un swing vibrante y lleno de energía. Solo es una "Overture" y han sido dos minutos y medio, pero ¡qué dos minutos! Los 9 cortes del álbum son así, una fusión de ritmos jazzísticos con el poder armónico de una (casi) big band. No habíamos escuchado un jazz orquestal tan excitante desde aquel Developing Story de Alan Broadbent en 2017. Todo el álbum está lleno de buenos momentos de jazz, pero habría que destacar, por encima de todos los temas, los tres que forman la suite "Hardbop Conversations" en tres movimientos. 

La intro de esta suite ya anuncia esta amalgama de poderosas armonías que suenan a música clásica y se alternan sin complejos con ritmos negros, aires lounge que nos hacen recordar los mejores tiempos del hardbop y del cool jazz, solos delicados y certeros (aquí Anders Malta a la trompeta y Johan Jep Christensen al saxo tenor) y explosiones orquestales al estilo de Maynard Ferguson pero con menos estruendo, quizás con una elegancia más cercana a Henry Mancini. El segundo movimiento, con un solo de piano de Carl Winther muy en la tradición y un sutil solo de Jonas Due a la trompeta, se mueve con lenta fluidez por armonías sugestivas y excitantes. El tercer movimiento comienza con una intro espectacular de la trompeta de Malta recordando el sonido primigenio de Nueva Orleáns mientras la orquesta le responde en juego de call and response. Esto da paso a un walking bass poderoso que arrastra a la orquesta por un tema glorioso (y a un solo del saxofonista Aske Drasbæk).

Un "Interludium", un potente tema de su "Isolation Suite" (de la que solo escuchamos el segundo movimiento) y la bella "Pelle'a Little Tune" con su ritmo de bossa nos dejan patente toda la riqueza armónica y todo el color que Malta puede sacar de su casi big band. Pero, antes de llegar al "Epilog" hay que escuchar con atención "Simple Melody For Two", una melodía que nos lleva hacia atrás en el tiempo, cuando trompetistas como Chet Baker, marginales y elegantes al mismo tiempo, sabían convertir el jazz (y un instrumento tan explosivo como la trompeta) en algo bello. En este caso, Anders Malta toca el fliscorno para darle un toque aún más fluido y colorido al tema. 

Anders Malta es un trompetista, trombonista y compositor que reside en Copenhague. Se formó en el conservatorio Syddansk, donde estudió composición. Introducing es su primer álbum, pero ha participado en varias bandas sonoras de películas. Fue en 2016 cuando, como estudiante de conservatorio, Anders Malta fue invitado a tocar con la Ernie Wilkins Almost Big Band, experiencia que ha guardado para ir fraguando a lo largo de 8 años este brillante proyecto de debut, que eclosionó en 2020 durante una residencia en el Christiania Jazz Club. 



The Danish connection of JEFF 'TAIN' WATTS

WINTHER | ANDERSSON | WATTS, Waw! 
(Hobby Horse Records, 2024) 

Sobra comentar quién es Jeff 'Tain' Watts. Baterista de Michael Brecker, Conrad Herwig, Stanley Jordan, Alice Coltrane, McCoy Tyner... entre otros muchos; y líder en una decena de discos. Este año lo encontramos grabando con dos músicos daneses, el pianista Carl Winther y el contrabajista Richard Andersson, al que escuchamos hace poco con su trío NOR. La historia de esta grabación se remonta a 2008, cuando Jeff 'Tain' Watts acudió a un workshop en Dinamarca, donde recibió invitaciones para participar en varios proyectos. El resultado de la sinergia surgida entre Winther, Andersson y Watts durante una serie de conciertos en 2023 es este disco grabado en agosto del año pasado en The Village Recording de Copenhague. 

El álbum, titulado Waw! con las iniciales de los tres músicos, comienza a todo gas, con un groove tremendo de bajo y batería y un piano que se lleva todo por delante, improvisando con progresiones fantásticas. Al solo enorme de Winther le sigue un solo de contrabajo delicado pero también a buen tempo, como solía decir Cifu cuando algo llevaba uptempo. El juego final de llamada y respuesta con la batería es una mirada a la tradición que no desentona con el estilo europeo de Winthter al piano en temas tan bellos como "Requien for JW" o en la balada "My Old Flame", tan llena de melancolías.


Winther está brillante llevando la melodía e improvisando en "Manhattan", un tema lleno de energía y vitalidad donde la mano derecha busca notas altas y encuentra un sonido luminoso y rítmicamente adictivo. Anderssson está enorme con su ritmo obstinado y Watts preciso y sutil al mismo tiempo, algo difícil en un batería con tanto poder. Magnífico tema, lleno de tensión, como "Deconstructing Mr X", que también se resuelve de una manera elegante. 

Todos los temas excepto "My Old Flame" (Arthur Johnston) están compuestos por Carl Winther, con una interesante escritura y mucho espacio para la improvisación, lo que hace que haya muchos solos de todos los músicos. 

Un disco recomendable por su sonido que aúna tradición americana y modernismo europeo, por conocer a un pianista tan ágil como Carl Winther, por ofrecernos otra faceta de un bajista tan expresivo como Andersson, con tanto que decir, y por constatar que Jeff 'Tain' Watts sigue tan energético como siempre.




* Más info en la web de Richard Andersson: www.richardandersson.dk

STANDARDS, STANDARDS, STANDARDS...

NOAH HAIDU, Standards (Sunnyside Records, 2023)

Los no aficionados al jazz suelen preguntarme por qué se siguen grabando discos de standards en lugar de "música nueva". Es fácil explicarles que en el jazz siempre hay algo nuevo en cada estándar, en cada interpretación, en cada compás... Pero hay muchas más razones. La primera es que no podemos escapar a las influencias que nos hacen crecer. Otra importante es averiguar qué tiene un músico que decir sobre una melodía concreta. Siguiendo la estela de su anterior álbum (Slowly), donde homenajeaba a Keith Jarrett con temas originales, el pianista Noah Haidu revisa 9 clásicos y lo justifica remitiéndose al recuerdo del inigualable Standards, Vol. 1 (ECM, 1983), que grabaron Keith Jarrett, Gary Peacock y Jack DeJohnette, el primero de 21 álbumes del que se llamó Standards Trio. En el texto del disco, Haidu manifiesta:
"Quizás porque desarrollé un amor por su música gradualmente, con el tiempo he podido mantener una distancia respetuosa, disfrutando más como oyente que como pianista. Una vez que analizamos el arte, a menudo pierde la magia que poseía cuando nos encontrarnos con él la primera vez, pero me gustaría pensar que he aprendido algo esencial de su obra: sus interpretaciones de standards me proporcionaron inspiración, consuelo y felicidad, y espero que este álbum pueda hablarle a usted de esta manera. Ese es mi único objetivo con este proyecto, eso es todo lo que importa."
El repertorio de Noah Haidu está muy bien elegido, no tanto por su importancia dentro del recuerdo colectivo sino porque nos permite revivir melodías con la magia del trío de piano. Haidu usa en este disco un trío donde alternan dos contrabajistas (Buster Williams y Peter Washington), con Lewis Nash a la batería y un saxofonista invitado en algunos temas (Steve Wilson). Una formación perfecta donde Haidu absorbe todo el protagonismo con sus fraseos sincopados, sus progresiones de acordes, sus cambios de ritmo y su facilidad para expresar eso que esperamos todos los aficionados al jazz con mayúsculas. 


Foto: Chris Drukker

El álbum comienza con "Old Folks". Es lo que uno espera de un disco de jazz, ese aire que suena a negro pero también al lirismo de Jarret (sin ánimo de comparar). Después (sin ánimo de ser exahustivo), disfrutamos de la vertiginosa digitación de Haidu en "Just In Time" (y esa complicidad con la sección rítmica, especialmente en el juego de llamada y respuesta antes del chorus final). También hay un homenaje a Hoagy Carmichael a piano solo ("Skylark") pero, entre los clásicos más destacados del disco, vale la pena pararse a escuchar "Someday My Prince Will Come", un tema que ha evolucionado mucho desde que lo compuso Tchaikovski, lo robó Frank Churchill para Disney en 1939, lo convirtió en estándar Miles Davis en 1961 y Peter Washington hace aquí el solo de contrabajo con las sutiles respuestas de Haidu al piano... 

Todos son standards excepto los dos últimos temas: "Last Dance I" y "Last Dance II". Noah Haidu compuso y tituló así en homenaje al último concierto de Jarrett en el New Jersey Performing Arts Center, evento al que asistió (y cuya historia ya contamos aquí). Haidu recuerda que Jarrett bromeó con el público diciendo: “No intenten esto en casa.” Al recordar esa noche de 2014, Haidu afirma: "Creo que inconscientemente lo tomé como un desafío. No para seguir sus pasos, sino para construir sobre mi propia voz con el trío y estas canciones”. Y aquí está el resultado, clásicos reinterpretados con solvencia y una filosofía post-bop que hace que parezcan originales, ya que sus aportaciones y sus improvisaciones son fieles al espíritu del original, nueva vida para estos temas sin contradecir en modo alguno al compositor, todo con una elegancia soberbia, algo que a veces se echa mucho de menos en el panorama jazzístico actual. 




* Web del artista: www.noahhaidu.com


UN NUEVO BOP

JAKOB DINESEN/ANDERS CHRISTENSEN/LAUST SONNE,
Moonlight Drive (April Records, 2023)

Amantes del riesgo conocemos muchos en el mundo del jazz, pero siempre hay alguien que viene a dar una vuelta de tuerca y a sorprendernos. El trío formado por Jakob Dinesen, saxofonista tenor, Anders Christensen al contrabajo y el baterista Laust Sonne aúna la filosofía del rock con la estética del jazz escandinavo en su disco Moonlight Drive. Tres músicos representativos de la escena jazzística danesa cuya filosofía musical mezcla conceptos del bebop con la sobriedad de la música de cámara, la contundencia del rock y la elegancia del jazz nórdico; todo ello en un trío sin piano: un potente trío de saxofón, bajo y batería. 

Ya desde el primer tema ("Ingrid") nos dejamos seducir por el groove del contrabajo (Christensen), algo insólito porque aquí el tempo es muy tranquilo en casi todos las composiciones. El largo discurso del bajo en su solo es otra nota distintiva, solo comparable con el derroche expresivo de Dinesen en el tenor. La serenidad de la batería (Sonne) consolida toda esta improbable mezcla como un pegamento perfecto. En el segundo tema encontramos esa reminiscencia que nos recuerda al bebop. "Blue Ace" entra en nuestros oídos como un contrafact fugaz (es el tema más breve del disco, apenas 3:34 minutos) de "Straight No Chaser" (Monk). Compuesto por el contrabajista, acelera dramáticamente el disco gracias a la sección rítmica y, sobre todo, al poder del contrabajo.

Foto: Eddie Michel

Pero el álbum se consolida como un espacio reflexivo e intimista donde se alternan ritmos y melodías heterodoxas, impuras, que mezclan lirismo con bop ("Aveny T"), seductoras melodías ("Slacker", compuesta por el baterista) o atonalidades ("Moonlight Drive", donde Sonne toca también el saxo alto) que conviven con ricas texturas armónicas. El resultado es un sonido original y nuevo que, sin embargo, suena a tantas cosas que cualquier aficionado se sentirá reflejado en sus temas. Con intensidad.

Para muestra, este "Aveny T", compuesto por Laust Sonne recordando su paso por el teatro del mismo nombre en Copenhague. Ojo al cambio de ritmo justo en la mitad del tema.



* Más info: www.jakobdinesen.com

DOS DE CHEMA

CHEMA PEÑALVER, Stretchin' Out (2022)
CHEMA PEÑALVER, Bunker Sessions (2023)


Hace tiempo que seguía a distancia la carrera de Chema Peñalver, clarinetista, compositor y docente que ha desarrollado su carrera en los últimos años a orillas del Mediterráneo, costa por donde se viene extendiendo en las últimas décadas, como una bendición, una corriente de músicos que, desde Murcia hasta Castellón, renuevan y revitalizan con su música el gusto por un jazz que podríamos llamar neoclásico. Peñalver es profesor en la Universitat Jaume I, compositor, arreglista y clarinetista. Ha grabado 8 discos como líder y una veintena más como acompañante. Su técnica al clarinete es precisa y llena de color y su forma de atacar la melodía es, además, excitantemente contagiosa.

Un sonido neoclásico, puro y limpio es su seña de identidad. Basta pinchar su penúltimo disco (Stretchin' Out, 2022) y escuchar sus fraseos al clarinete y sus arreglos para comprender que Chema Peñalver es uno de esos músicos que se toma en serio el jazz clásico. No es un músico de revival sino un compositor con ideas originales y frescas que asume el peso de la tradición, lo cual hace que doble su valor. Grabado a cuarteto con Eduard Marquina al piano, César Cortés al bajo y Jeff Jerolamon en la batería, Stretchin' Out es una tremenda colección de temas desarrollados a toda marcha con un clarinetista al frente. Sin ánimo de comparar a estos dos virtuosos, en cuanto a fraseos de vértigo, Peñalver podría competir en velocidad con Woody Herman como dos pilotos de Fórmula 1. 

Habría que retroceder más allá de ese disco de 2022 para entender que esta dimensión no es casual sino que se trata de una filosofía musical propia, pero nos vamos a centrar en su último álbum, recién grabado en Bunker Productions, el estudio del saxofonista Celso Sorribes, y titulado Bunker Sessions, Aquí Peñalver llega con una formación que incluye seis instrumentos de viento: clarinete, trompeta (Toni Porcel), saxo alto (Celso Sorribes Alberto Martín), saxo tenor (Fernando Serra) y trombón (Javier Llopis), a los que se suma una sección rítmica compuesta por Carlos Mercado (batería), J.M. Parreño (bajo eléctrico) y Dani Fernández (contrabajo y bajo eléctrico). Con tan tremenda formación, Bunker Sessions comienza con un contundente tema, con toda la brass band resonando por encima del ritmo funky del bajo eléctrico y un Peñalver pletórico improvisando. Le siguen los solos de saxo, trombón... 

El disco muestra desde el principio una estética más funk, con temas sosegados ("Flowing in the Morning"), bailables ("Forward and Upward") o sugerentes ("Clarinet a la Smooth"), aprovechando siempre toda la potencia de la banda al nivel que Maynard Fergusson hacía explotar su big band (ah, ese "Jazz Noir") pero con un claro y delicioso protagonismo del clarinete en una mezcla de nostalgia y modernidad que es de agradecer. Un disco muy diferente estéticamente del anterior, pero igualmente disfrutable. 

Chema Peñalver es ese tipo de músico serio que hace música divertida. Su último disco, como su discografía reciente, es más que recomendable. Abstenerse eremitas que buscan sonidos atmosféricos, líricamente intelectuales y vagamente jazzísticos, porque la erudición y la frenética generosidad en los arreglos de Chema Peñalver apabullan.



TODOS LOS DIOSES DEL JAZZ

VALENTÍN CAAMAÑO, All The Gods (Tiny Moon, 2022)

El disco comienza con un tema de tempo medio, ágil pero moderado, donde la guitarra y el saxo se acoplan en breves pero contundentes fraseos. El swing de la batería (Miguel Cabana), especialmente sobre los platos, tiene un groove que arrastra. Entonces, llega un solo. Es Xose Miguélez al saxo tenor. Le sigue un solo de guitarra lleno de clasicismo y otro de contrabajo (Alfonso Calvo), que nos recuerda aquellos discos de Blue Note que comenzaban siempre con un tema estrella, pegadizo, donde cada solista tenía un solo a modo de presentación. El tema se llama "All The Gods" y parece conjurar a todos los dioses del jazz en un homenaje continuo, lleno de guiños e influencias pero original, nuevo. Liderando este proyecto de viejos conocidos, el guitarrista Valentín Caamaño.

Foto: Isabel González
(fuente: Facebook)
Como ya demostró en sus anteriores discos (en especial en el dedicado a Grant Green), Caamaño tiene el poder de resucitar eso que nos recuerda por qué nos enamoramos del jazz: la síncopa, la improvisación, las quintas disminuidas... y también el diseño de los discos (este a cargo de Alberto Seoane, cuya contraportada también nos recuerda épocas doradas). El sonido es cool, definitivamente. Sumemos a todo esto que seis de los siete temas del disco son originales y nos encontramos ante un disco atemporal y de obligada escucha.

Sonny Rollins fue uno de los precursores del trío sin piano (o del cuarteto sin piano, como en The Bridge) y aquí tenemos el claro ejemplo de que un cuarteto funciona sin piano. Saxo y guitarra hacen los unísonos en los estribillos con excitante solvencia, o juegan a perseguirse como en "You Come Two Beats Later", en un canon que hace del chorus algo inolvidable y adictivo, lleno de soul. 

Con un fraseo muy clásico, alternando acordes y punteos, Valentín Caamaño tiene ese toque sugestivo en los dedos (también componiendo) capaz de enganchar con un tema lleno de soul y ritmo ("Let It Do The Job") o derrochando delicadeza en una balada ("Safest Place"). El disco está lleno de melodías sugerentes ("Struttin' Around") que fluyen con sutileza y sin fuegos artificiales, muy West Coast.

Grabado el 13 de marzo de 2022 en los estudios Savik Sound de Ponte Caldelas y mezclado y masterizado por José Trincado, tiene un sonido cálido y moderno que arropa el estilo clásico de estos temas llenos de inspiración, como si todos los dioses del jazz se hubieran conjurado para aprovechar la experiencia y los recursos de Caamaño y su cuarteto y ponerlos en un solo álbum. Recomendable para puristas y para modernos.



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* Web: www.valentincaamano.com

STANDARDS, STANDARDS, STANDARDS...

VÍCTOR ANTÓN, Standards Session (Errabal Jazz, 2022)


La guitarra es un instrumento que sí o sí, siempre suena a directo. Sea por la dinámica de las cuerdas o por su tímbrica, siempre suena a directo. Esta frescura y naturalidad, tan propia del jazz, es lo que debió buscar Sonny Rollins cuando inventó el cuarteto sin piano. Hoy escuchamos un cuarteto con guitarra y piano, dos instrumentos que no suelen compenetrarse muy bien y que en el nuevo álbum de Víctor Antón, sin embargo, se complementan de una manera fluida y natural. 

Standards Sessions reúne en cuarteto al pianista Pablo Gutiérrez Calvo (Bob Sands Quintet), al contrabajista Pablo López "Loque" (Antonio Serrano, Bob Sands Big Band, Albert Bover) y al baterista Daniel García Bruno (Jorge Pardo, Jerry González, Benny Golson) bajo el liderazgo del zamorano Víctor Antón, un guitarrista con título profesional de piano que se ha formado con profesores como Pat Metheny, Peter Bernstein, Jorge Rossy, Chris Cheek o Michael Kanan. Es compositor y docente en la Escuela de Música Creativa de Madrid. Ha grabado dos discos bajo el nombre de Víctor Antón Group y colabora con el Proyecto MEI (Músicas Étnicas Improvisadas), que fusiona el repertorio tradicional castellano-leonés y con el jazz contemporáneo.

A lo largo del álbum, vamos encontrando standards de distintos compositores con distintas manera de escribir, a los que Antón versiona con respeto pero también con inventiva, desarrollando toda una serie de recursos acordes a la filosofía de cada tema. Tanto como arreglista/improvisador o como intérprete, nos gusta su manera personal de atacar la melodía y de desarrollarla. Su revisión de "Alone Together", por ejemplo, tiene algo de Jim Hall y también algo de Grant Green pero, al terminar la escucha, no queda nada de ellos sino la sensación de algo distinto, ese toque personal, la fusión quizás. 

En general, es un disco lento y sosegado. Su manera de contener el tempo es fascinante, por momentos hipnótica, pero a ritmos más rápidos, nos ha gustado,por ejemplo, escuchar cómo hace cantar a la guitarra la melodía de Cole Porter "From This Moment On", tan optimista. Pardójicamente, la escucha parece más divertida cuando re-interpreta a pianistas como Monk (su versión de "In Walked Bud" es adictiva) o saxofonistas ("Stablemates" de Benny Golson suena aquí bop y moderna al mismo tiempo). No debe ser fácil transportar algo de piano o saxo a la guitarra, y eso lo hace más interesante.

Un disco de standards que respeta la tradición pero que presenta, al mismo tiempo, una voz personal. La revisión que Víctor Antón hace de estos ocho standards es una especie de (como dice él mismo en el libreto del disco) "fotografía personal", ya que deja expuestas las influencias del músico. Pero también es (¿por qué no?) una medida de hasta dónde llega su creatividad, su aportación a temas que hemos escuchado un millón de veces, y lo que aporta claramente Víctor Antón a estos standards es, sobre todo, frescura y enlace a otras influencias no declaradas que suma en cada compás. Porque todo suma.

El disco termina con un tema de soul jazz, un tema original pero inspirado en los clásicos, y que también suena a estándar, aunque no lo sea. Por eso, les dejamos escuchando este renovado "Alone Together".



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EL RITMO DE LOS '60

DAVID VIÑOLAS, David Viñolas 5et (2021)

El panorama del jazz en España se mueve. No dejan de llegarnos discos y nombres nuevos que no conocíamos, unos por novedad o por juventud y otros por falta de promoción. Hace unas semanas escuchábamos el original proyecto de Nucli Trío y hoy andamos disfrutando del nuevo disco de su batería, David Viñolas, un percusionista catalán formado en el Taller de Músics, ciego de nacimiento, un espíritu inquieto que ha creado formaciones tan originales como un trío de baterías llamado Stick in Trio y que ha experimentado con grupos de jazz, reggae, rock, flamenco, funky... Después de grabar a trío (Cap al capvespre, Quadrant Records, 2014) y pasar por diversas formaciones, colaboraciones y experimentos, acaba de publicar un disco a quinteto que refleja esa esencia divertida y fresca de los grupos de los '60, con sonidos hardbop, cool...

El quinteto es un quinteto clásico: trompeta (Pol Omedes), saxo tenor (Miguel Fernández), piano (Joan Monné), contrabajo (Manuel Fortià) y batería (el propio Viñolas). También hay una colaboración de Rita Payés en el estándar "Ruby My Dear". 


Con estos músicos, Viñolas reconstruye ese jazz estimulante y atemporal que nos hizo enamorarnos de esta música, y lo hace con temas originales y también con clásicos, que no están exentos de ideas nuevas y frescas. "Falcó pelegrí", que abre el álbum, o "Pols oposats s'atrauen", son temas que podríamos haber escuchado en cualquier álbum de west coast. El sonido es fluido y preciso, con todas las tímbricas funcionando de manera precisa para dar un sonido natural y brillante. Los solistas tienen espacio y eso nos gusta. Viñolas, por su parte, es como una máquina, preciso, con una rítmica que agrupa, sin romper ni sobresalir, juguetona y llena de recursos. Un ejemplo claro es el solo de trompeta en "Cercant Camins", donde la sección rítmica, muy picada, sobresale (casi) sobre el solista. 


Es evidente que Viñolas ha bebido mucho de los bateristas clásicos pero, de entre todas sus influencias, en este disco rinde homenaje a Jordi Rossy, uno de los bateristas locales más solicitados en toda Europa (le hemos escuchado recientemente con Miguel Zenón, Sam Braysher, Martín Leiton, Yuri Storione...), y lo hace versionando un tema de Rossy titulado "MR Smiles".

Resumiendo, es un disco moderno que mira a la tradición sin complejos, con buenos arreglos, que adaptan de una manera muy personal los dos standards del disco ("Ruby My Dear" y "Days of Wine & Roses") y aportan una personalidad que da homogeneidad a todo el álbum y que hace que la escucha fluya de tal manera que apetezca repetir. 



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* Web: davidvinolas.com

* Fotografías: Diana Martín Lapeña

JUGANDO CON EL RITMO

ESTER QUEVEDO QUINTET, Trabalenguas (Underpool, 2020)

No pretendo restarle personalidad a esta joven pianista cuando digo que posee una notable herencia monkiana. Ester Quevedo tiene ese don de Thelonius para jugar con el ritmo y los intervalos, ese estilo de frases tan concisas, elocuentes, para el bop en definitiva. Ahora, esta pianista formada en la Esmuc y discípula de Ignasi Terraza y Albert Bover, presenta su primer disco como líder con sus propios temas y con un quinteto que encaja a la perfección en esta filosofía.

Esta filosofía bop se aprecia desde el primer tema, con composiciones propias que consiguen un sonido añejo y excitante de unos músicos muy bien elegidos (todos se mueven con soltura en estos cánones), músicos jóvenes de la escena jazzística barcelonesa, donde se mueve Ester Quevedo en distintas formaciones que compagina con su actividad docente. El quinteto lo forman Oscar Latorre a la trompeta, el trombonista Vicent Pérez, el contrabajista Pau Sala y Roger Gutiérrez a la batería.


Funcionando a veces como un quinteto de hardbop, con sus chorus y sus solos, percibimos libertad, espacio para todos los músicos. Sin embargo, el ritmo es el protagonista y el piano el líder indiscutible. El tema que deja esto más patente (y quizás uno de los mejores del álbum) es "Trabalenguas", la composición (todas son originales de Ester Quevedo) que da nombre al disco. Aquí, en formato de trío, Ester desarrolla todo su potencial rítmico y armónico, con un soberbio dominio de los intervalos, cambios de ritmo y un interplay perfecto con sus músicos en los solos de bajo y de batería.

Pulsen play y escuchen.



Ester Quevedo ha conseguido un sonido que nos retrotrae a una de las mejores épocas del jazz y que, al mismo tiempo, suena moderno y personal, algo que supone un soplo de aire fresco en el panorama jazzístico español. Y la promesa de un futuro muy interesante.

En el resto del álbum escucharán influencias de Monk, de Bud Powell, de Lennie Tristano, del bop en general, pero una fuerza y un estilo que tiene algo de personal y que esperamos que en el futuro se afiance con nuevas grabaciones. En los temas a quinteto, la tímbrica de los distintos instrumentos juega a favor de la filosofía del disco, con un sonido crudo y sincero. Los solos de trompeta (Oscar Latorre) son para degustarlos uno a uno y el trombón (Vicent Pérez), con su peculiar ritmo, aporta un sabor que nos lleva a los 40 y a los 50. La expresividad de Ester, ritmo aparte, es de una gran versatilidad, con momentos de improvisación muy interesantes donde encuentra a su paso frases, guiños, sorpresas, momentazos...

El maravilloso y visceral sonido directo se debe a que el disco fue grabado en el Teatre de L’Aurora de Igualada durante el Estival de Jazz de 2019, dentro de un programa que suena tan bien como Carta blanca, una idea que promueve cada año un concierto único donde los músicos tienen plena libertad para presentar sus propuestas sobre el escenario. El sello Underpool, también promotor de la iniciativa, ha publicado otras grabaciones de este festival (Terror de Txema Riera, Noninó de Toni Vaquer, Carta Blanca de Marc Cuevas...). Vale la pena disfrutarlo... aunque no estuviésemos en el directo


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* Más info: www.underpool.org/releases/trabalenguas-ester-quevedo-quintet/

NICK FINZER Y SU VIAJE DEL HÉROE

NICK FINZER, Cast of Characters (Outside in Music, 2020)

No puedo evitar deshacerme en elogios cada vez que me llega un disco del neoyorquino Nick Finzer, trombonista, compositor y educador que posee un don único para manejar melodía y armonía hacia un jazz narrativo y elocuente. Su nuevo disco Cast of Characters es un álbum conceptual en el que explora etapas vitales a través de los personajes que marcan el crecimiento personal, algo así como El Viaje del Héroe en versión jazz.

Basándose en los estudios del filósofo Joseph Campbell en los años 40 sobre el monomito, el guionista y asesor  de Hollywood Christopher Vogler plasmó en un libro de culto la estructura del Viaje del Héroe, según la cual toda historia (real o ficticia) se estructura en una serie de etapas y personajes que hay que recorrer o conocer. Siguiendo esta teoría, el disco de Nick Finzer está compartimentado en 14 temas repartidos en pequeñas "suites" inspiradas libremente por el concepto de que nosotros (y la vida) somos más que la suma de las influencias de los personajes que nos vamos encontrando: "A Sorcerer (Is A Mith)", "Brutus", etc. 

Así, cada parte del álbum refiere a uno de esos personajes que nos han influido en la vida (positivamente o no pero influido) y lo hace a través de una experiencia sonora original y viva, donde el jazz adquiere carácter de banda sonora, narrando de alguna manera este tipo de influencias. A menudo, cada tema lleva una intro que aporta un punto de partida "cinematográfico" a la exposición del tema principal, que normalmente corresponde a un personaje ("The Guru", "A Duke", "Venus", "The Weatherman"...) mientras que el viaje en sí está contado a través de temas secundarios y con títulos más explícitos ("Patience, Patience", "Evolution of the Perspective"...). 


Con un sentido ellingtoniano de la composición, Finzer escribe con un objetivo pero dejando espacio a los solistas, algo que se nota y se agradece. Su swing con el trombón de varas es limpio y elocuente, unísonos como los de "A Duke" nos recuerdan a la época dorada del bebop sin buscar el estruendo ni los fuegos artificiales; las intrigantes intros nos llevan a temas rítmicos y energéticos que suenan a hardbop ("Evolution of Perspective") o a baladas con un trasfondo neoclásico y elegante ("You'll Never Know The Alternative"). Y jugando con la atonalidad, el acercamiento a las fórmulas de la música incidental y ese toque de cine del que hablaba, nos invita a caminar a través de su "autobiografía" con un jazz que, especulativo unas veces y narrativo otras, no deja nunca de ser bop.

Y eso es precisamente lo que nos gusta de Nick Finzer: haga lo que haga, suena a bop. El equipo del que se ha rodeado contribuye también a esto. Además de Finzer al trombón, están Lucas Pino en el saxo tenor y el clarinete bajo, Alex Wintz a la guitarra, Glenn Zaleski al piano, Dave Baron en el contrabajo y Jimmy McBride en la batería. 

Un disco para escuchar despacio y disfrutar a fondo. Más que recomendarlo, recomiendo seguir la carrera de este joven trombonista y su viaje. Vale la pena.


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* Web oficial: www.nickfinzermusic.com

MONK, MINGUS Y EL SILENCIO EN MOZART

TONI SAIGI, La Prinsire de la Sal (Underpool, 2018)

Podríamos decir que Toni Saigi es un brillante pianista bop, pero nos quedaríamos cortos. Las composiciones y la ejecución de Saigi son una especie de conjuro que nos devuelve a los mejores tiempos del jazz, que fueron los 50 y los 60. Esto es una opinión personal pero es menos subjetivo afirmar que hay una clara influencia monkiana en su forma de atacar las notas del piano, y que con su cuarteto, armonizado muy al estilo Mingus, convierten este álbum en una experiencia singular.

Sin duda, una carta de presentación para un primer disco como líder. La Prinsire de la Sal fue grabado en los estudios UnderPool el 17 de diciembre del 17 y publicado en 2018. En el disco, Saigi junto a su cuarteto Tronik, formado por músicos jóvenes y sólidos de la escena barcelonesa: Jaume Ferrer al saxo, Marc Cuevas al contrabajo y Carlos Falanga como batería, habituales del sello Underpool y que aquí funcionan muy bien en conjunto.

A pesar del titular, Saigi está lejos de versionar a Monk pero sus fraseos sobre las teclas ahondan en ese estilo de ritmo roto y recompuesto que hizo inmortal al pianista de Carolina del Norte. El jazz debe sonar espontáneo, como música nacida del sentimiento que es, pero sin duda hay algo cerebral en esta manera de dominar el ritmo y sus cambios, y de expresar con los silencios, haciendo buena esa frase de Mozart que dice que la música se encuentra en los silencios entre las notas, teoría que impulsó Monk con su swing único.


Como buen jazzista, Saigi busca en la tradición y ofrece su propia visión del bop tardío y menos furioso de principios de los 60, algo que aplaudo. Ofrece también guiños (Bud, Tete) que no sabemos si están en la composición o es algo que contagia a sus músicos (hay guiños a Golson y a Rollins en algún solo de Jaume Ferrer, por poner algún ejemplo, incluso a altos como Bird). El tema final ("Holland Inn Hotel"), una balada tremenda en su brevedad y su presentación (piano solo) es, más que un guiño, casi un dejá vu en el que parece que va a entrar Billie Holiday para hacer su clásico "Lover Man".


En las baladas ("Magalí", "La Prinsire de la Sal"). comparte protagonismo con el saxo, que lleva casi todo el tiempo la melodía y a quien ofrece unas respuestas aparentemente parcas pero tremendamente expresivas. Una delicia. En los temas más atrevidos, como "Dieletif", experimenta con el ritmo y con la banda como si todos (incluido el saxo) fueran exclusivamente instrumentos de ritmo. Algo parecido pero menos atonal es "L'Anell que no tinc", duro, con un sonido muy crudo que recuerda otras épocas donde los discos de jazz no sonaban a asépticos compact discs. Aquí, mientras la sección rítmica fluye en su propia salsa, el piano crea una tensión sólo rota por el solo de saxo, templado pero muy bien llevado, con unas réplicas del piano muy personales que también acompañan al solo de contrabajo (qué sólido y mainstream suena Marc Cuevas cuando, sin embargo, como líder, busca experimentaciones más alejadas del jazz convencional) para terminar el tema con un chorus muy articulado y cantable, al unísono, casi hardbop 

En resumen, un disco ambientado en la tradición pero con toques muy originales y con un pianista al frente lleno de erudición y, al mismo tiempo, de ganas de abrir nuevos caminos. Toni Saigi tiene lo que tiene que tener un músico de jazz: su propia voz. Supongo que es pronto para afirmarlo juzgando por un solo álbum, pero confío en poderlo escuchar en un futuro próximo con nuevas grabaciones. Y que se parezcan a ésta.

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* Web: www.underpool.org/laprinsiredelasal

DEBUT ASTRAL

RAI CASTELLS, Welcome (Another Planet Records, 2018)

Welcome es el proyecto de debut del guitarrista Rai Castells. Compuesto durante su estancia en el Berklee College, es una colección de  nueve temas originales que se mueven en la estética del jazz moderno y que han sido grabados en Barcelona junto con un quinteto sólido y homogéneo formado por Miguel 'Pintxo' Villar al saxo, Max Villavecchia al piano, Jordi Gaspar al contrabajo y Jordi Gardeñas a la batería. 

Rai Castells es un guitarrista catalán que, como muchos otros, estudió becado en Berklee. Distinguido cum laude en Jazz Performance, ganó otra beca (Elvin Jones Award), lo que le puso en un camino sin retorno: estudió con personalidades como Joe Lovano o George Garzone y ha tocado con un buen número de músicos como sidemen y en diversos proyectos (Rai Castells & Jordi Gardeñas, Henderson Project, Zoom Trio, Aramateix, Big Band de Vic, Jordi Boixadós...). Toda esta experiencia ha conducido a la decisión lógica: grabar. 


Los temas son composiciones del propio Castells que se mueven en un lenguaje complejo, tanto armónica como técnicamente hablando, que muestran un guitarrista joven con una digitación veloz y diálogos constantes con el resto de los músicos, a veces intensos ("Around the Planet") y a veces líricos ("Missing"), conversando a dúo con el saxo o el piano o incluso conversando a tres. Porque, como suele ocurrir en los quintetos con guitarra, Castells comparte protagonismo con el saxofonista (Villar está a la altura del nervio de Castells) y con el pianista (un Villaecchia especialmente expresivo cuando marca un ritmo contenido y que sabe acompañar). 

Rai Castells Quintet (foto: Miquel Carol)
El jazz de Castells es un jazz moderno y alejado de complejos, armónicamente intrincado, nada fácil, y, aunque no nos gustan las comparaciones, sí que hay que reseñar que es un guitarrista apegado al ritmo, que huye de lo abstracto y que mantiene ese gusto por la tradición (bop o modal) sin que ello le impida sonar moderno. 


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* Web oficial: www.raicastells.com

DESTELLOS

KEITH OXMAN, Glimpses (Capri Records, 2018)

"Keith Oxman ha aprendido a trabajar con un pie en el presente y otro en el futuro, al tiempo que se inclina fuertemente hacia el futuro", dice Benny Golson. Esta contundente frase del gran tenor de Filadelpia encabeza la nota de prensa que anuncia el nuevo disco de Keith Oxman, un saxofonista que aporta calidad y frescura a un tema que algunos modernos consideran conflictivo: mirar al pasado. Claro que Oxman, como bien dice Golson, no se queda ahí sino que bebe de la tradición para mirar al futuro.

Con este inconformismo musical y la calidez de su manera de frasear, Oxman practica un hardbop elegante, especulativo pero cálido con su cuarteto (Jeff Jenkins al piano, Ken Walker al bajo y Tood Reid a la batería), a los que se une el incombustible David Liebman en los saxos tenor y soprano. Admirador y estudioso, Keith Oxman admite haber repasado, escuchado y transcrito solos de Parker y Coltrane a lo largo de cuatro décadas. De alguna manera (y a otro nivel) hay mucho de Coltrane en las composiciones que Oxman ha grabado en este disco, pero esta inspiración coltraniana no es algo tan banal como unas versiones o unas transcripciones. Tiene que ver más con la inspiración y la personalidad (léase armonías, técnica, fraseo...) y para ello ha contado con una colaboración de lujo en el álbum, la de David Liebman, quien, después de más de 200 discos como líder, últimamente parece hiperactivo y omnipresente, apareciendo en muchas grabaciones que nos llegan. Liebman conoció a Coltrane y fue el punto de partida para dedicarse al jazz. Posteriormente, grabó homenajes personales a Trane como Homage To John Coltrane (Owl Records, 1987), Joy: The Music Of John Coltrane (Import, 2014), o con compañeros de lujo como Joe Lovano: Compassion: The Music Of John Coltrane (Resonance, 2017) o como Wayne Shorter en A Tribute To John Coltrane (Columbia, 1987). 


En el disco que nos ocupa, resulta brillante la conjunción de estos dos tenores (Liebman toca también el soprano en algunos temas), un tándem que no surge por casualidad. Ambos beben de Coltrane y de una época (no olvidemos que Liebman tocó con Miles, con Elvin Jones...), por lo que, como el título sugiere, hay destellos de mucha Historia del Jazz en algunos pasajes. Lo atestiguan los solos de "Trane's Pal", una composición de Oxman que alterna un chorus muy hardbop con solos inspirados y elegantes, que recuerdan a la primera época, la más bop, de Coltrane, aunque mi tema favorito es el pegadizo "Shai", también compuesto por Oxman, que lleva esta filosofía al máximo, con un estribillo adictivo, cercano al soul jazz o al funk si prefieren la definición, con una sucesión de solos afinados a la altura de un jazz que sólo parecía posible en la Costa Oeste en una época lejana y que hoy resulta inspiradora.  

Glimpses es un buen disco. Dejará satisfechos a los aficionados al jazz, aunque Coltrane es Coltrane y los reflejos son sólo eso, reflejos.



FOUR CORNERS QUARTET

Del American songbook a la estética personal

Four Corners son cuatro puntos cardinales, cuatro esquinas de España (Málaga,  Almendralejo, Tarragona y Cádiz) representados por cuatro músicos que coinciden en un escenario y en un proyecto jazzístico conjunto y que, haciendo honor a su nombre, muestran cuatro maneras de tocar, cuatro enfoques diferentes y, sin embargo, compatibles, demostrando que el jazz es algo orgánico donde la simbiosis no es sólo posible sino obligada. Dentro de ese mismo concepto orgánico del jazz, el repertorio de Four Corners procede de páginas muy distintas del cancionero americano, standards más que conocidos a los que el grupo aporta esa estética simbiótica y personal de la que hablamos. 


Los hemos visto en concierto en el Gran Teatro de Huelva, dentro de ese enorme esfuerzo por difundir el jazz que es el Circuito Andaluz de Asociaciones de Jazz, un concierto que comenzó de una manera trepidante, con el cuarteto a todo gas interpretando "Smog Eyes" de Ted Brown: en la sección rítmica, el sólido José López al contrabajo y su compañero en otros proyectos, Javier del Barco a la batería. A Javier del Barco lo habíamos visto acompañando a Daniel Cano, pero dentro del esquema polirrítmico de Four Corners demuestra de una manera más fehaciente que es una especie de hombre-máquina incansable. En el mismo inicio dinámico del concierto, los dos líderes o solistas (donde hay un líder, suele haber un co-líder) presentan el tema tocando al unísono, lo que resulta tanto o más espectacular porque son un tándem inusual: guitarra (Joan Fort) y flauta (Fernando Brox) y porque ver tocar a Fort es todo un espectáculo. Nunca he visto a ningún guitarrista mover los dedos de la mano izquierda a esa velocidad y con esa facilidad. El primer tema son 9 minutos de virtuosismo y un final de esos mágicos, con el juego de llamada respuesta y una coda que se hace esperar.

Aunque Joan Fort desarrolla unos solos enormes a la guitarra, el peso de los temas lo lleva sin duda la flauta. Los temas y los solos de Brox son muy desarrollados, intensos y deben ser agotadores para el músico. A este flautista, procedente del Taller de Músic y de Clasijazz, lo habíamos visto en este mismo escenario acompañando a Pablo Báez, contrabajista de evidentes influencias flamencas, comparación que sirve para demostrar la versatilidad de Brox. 

El cuarteto, por suerte, funciona. La abundancia de solos permite disfrutar de todos los músicos y, a medida que avanza el concierto, el espectador va asimilando la estética: instinto clásico (Monk, Chet, Golson, Evans), enfoque moderno, agresivo en los tempi pero bien cuidado, homenajes constantes a los grandes (especialmente bop), con mucho guiño en los solos, complicidad y, sobre todo, honradez al presentar los temas, sin efectismos absurdos ni puestas en escena.

El mejor momento, sin duda, "Polka Dots and Moonbeams", esa balada enorme de Jimmy Van Heusen que Chet Baker explotó al máximo y que el trío de Bill Evans convirtió en eterna. "Polka Dots and Moonbeams" comienza con una larga e inspirada introducción de flauta a cappella. Cuando la balada explota, lo hace con una delicadeza conmovedora. Después, repaso a standards de Benny Golson ("Fair Weather"), de nuevo Thelonius Monk, Wes Montgomery ("S.O.S.", donde Fort demuestra que tiene una digitación casi tan rápida e imaginativa como la de Wes)...

Durante la hora y algo del concierto hay mucho más de esto. Luego, el concierto termina con la misma naturalidad con que el cuarteto ha desglosado todas sus capacidades. El público pide un bis y lo hay. ¿Quedan aún conciertos sin bises preparados? Lo cierto es que yo hubiera pagado por media hora más de concierto.

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* Pido disculpas por la calidad de las fotos de mi móvil. Otra vez será.



Concierto organizado por:


http://andajazz.es/services/muzzic/# 



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