JASON MILES, Cosmopolitan Remastered (2025) JASON MILES' The Lisbon Electric 4tet (2025)
Hoy escuchamos dos álbumes del teclista, compositor, arreglista, productor y ganador del Grammy Jason Miles. El nombre, poco conocido en España, solo sonará a quienes le recuerden de sus trabajos con Miles Davis, contratado por Marcus Miller, quien quería que sonaran sintetizadores en Tutu. Recordemos que Jason también trabajó en Music for Siesta y en la obra crucial Amandla. Su voz resultará familiar a quienes hayan escuchado estos discos. Miles Davis dijo de él que era un genio, y eso le ha permitido trabajar con músicos de todos los géneros, como Michael Jackson, Aretha Franklin, Chaka Khan, Grover Washington Jr, The Crusaders o Sting (con quien ganó un Grammy como productor).
Pensemos en cómo era la música en 1979. Los sintetizadores se han hecho populares y el jazz absorbe todos los elementos que fluyen alrededor. Un visionario Jason Miles armado con un sintetitzador Prophet V reúne en los estudios Vanguard de Nueva York a un grupo de músicos jóvenes y con ganas de comerse el mundo: el saxofonista tenor Michael Brecker (30 años), el saxo alto, soprano y flautista Gerry Niewood (26), el bajista Marcus Miller (19), el brasileño Ricardo Silveira a la guitarra, y el baterista Jeff Williams (29), además de la vocalista Clarice Taylor y los percusionistas Armen Halburian y Henry Castelanos, y Badal Roy, en la tabla. La grabación se llamó Cosmopolitan y resultó una compleja (pero fácil de escuchar) amalgama de músicas del mundo, jazz, funk... un proyecto que nunca vio la luz hasta que, al mudarse a Portugal, 46 años después, Miles encontró las cintas DAT de aquellas sesiones y decidió remasterizarlas y publicarlas.
En el álbum podemos encontrar ritmos irresistibles y un groove que suena al jazz de los 80, con unos sonidos eléctricos que entran en perfecta simbiosis con el funk de Miller y las intervenciones de Brecker y Niewood en los vientos. Las percusiones, festivas y excitantes, sostienen la improvisación de los solistas, donde destaca, cómo no, Jason Miles en su primer papel como líder, con discursos que van del funk a lo espiritual.
Pero Miles no está retirado. Su banda The Lisbon Electric 4tet es una prueba patente de que su creatividad continúa. Su estilo ha evolucionado hacia el virtuosismo y la calma de quien ha encontrado el camino. Formado por músicos portugueses (Tiago Oliveira a la guitarra, Yami Aloelela al bajo y Vicky Marques en la percusión), su cuarteto sigue esa línea eléctrica, funky y, al mismo tiempo, lírica de la que hablábamos hace dos años cuando reseñamos su Miles to Miles Live (Ropeadope, 2023), un álbum donde recreaba las atmósferas de los discos en los que trabajó con Miles Davis.
Su cuarteto eléctrico tiene una fusión excitante de ritmos sobre los que brillan los dos solistas, el sintetizador experimentado de Jason Miles, absolutamente funky en algunos temas, y la guitarra de Oliveira, que no se queda atrás cuando se trata de improvisar. Largos solos, hipnóticos, bailables, estimulantes, son la nota más atrayente del cuarteto.
Jason Miles sigue grabando y se le puede ver en festivales, lo cual es una buena señal. Cuando un músico sobrevive cinco décadas haciendo lo que le inspira, es que vale la pena escucharle.
GORKA GARAY, Third Moon of Jupiter (Microscopi, 2023)
Podríamos definirlo como "un tenor sereno". El músico, compositor y educador Gorka Garay (Barcelona, 1978) tiene ese raro don de hacer un jazz sin prisas y sin estruendos y emocionar al mismo tiempo. Su tercer álbum se titula Third Moon of Jupiter, y culmina un camino tan complejo como sus composiciones, un camino que comenzó de niño en la Escuela Municipal de Música de Molins de Rei, que continuó en el Conservatorio del Liceo, con música clásica, y se perfeccionó con un título de grado superior en ESMUC; un camino que le ha llevado a grabar con músicos de todos tipo (El cazador de luz, Outer space, Sidonie, Gerona Jazz Project, Cuarteto de saxos...) y a tocar en directo con muchos otros (Big Band de Terrassa, GJP con Guillermo Klein, Bob Mintzer, Maria Schneider, Tim Garland, Bob Sands...) para acabar en el libro The Spanish Real Book con dos de sus composiciones.
Currículum aparte, la música de Garay en Third Moon of Jupiter recrea atmósferas sofisticadas que envuelven al oyente como historias, con un saxo tenor que habla un idioma claro y convincente, que suena a muchas influencias pero a ninguna en concreto. Ambientes enigmáticos, grooves hipnóticos y tensión contenida y bien resuelta definen unos temas que llevan el jazz a un terreno cinematográfico, creando ambientes y desarrollando historias (más nítidamente en el último tema, con la siniestra narración de ("Sota la nit carmesí (Beneath the Crimson Night)"), de mensaje apocalítico. Para crear este ambiente cinematográfico se apoya Garay en una formación inusual, con un cuarteto de jazz (saxo, piano, bajo y batería) amplificado con un cuarteto de cuerda que no desentona dentro de la estética jazzística del disco.
El álbum comienza con una línea de bajo ("Imaginary Enemies") que desemboca en un tema muy funk, con un solo de piano que nos arrastra al de saxo de una manera irresistible. Las cuerdas apoyan el chorus con contundencia, haciendo el papel de los vientos. En "Happiness Flows Through Ears" comienzan a aparecer armonías africanas, que luego escucharemos en "If I Was A Bird" y "Aehaa Aehoo", y que aportan un brillo exótico a un tema de estructura pop. Ascendemos verticalmente hasta "Thrid Moon of Jupiter" con improvisaciones modales para crear un ambiente espacial. Garay demuestra aquí una firmeza muy personal en su solo, aportando al mismo tiempo algún giro africano. En "Soul Opens A Path" el uso del cuarteto de cuerda como elemento de jazz es tan sutil como brillante. Garay vuelve a demostrar su estilo fraseando. El discurso inicial del saxo en "Travelling to the Unknown" tiene, a pesar del título, que suena a ciencia-ficción, un melancólico toque Michel Legrand que crece hasta la apoteosis final, donde el saxofonista lo da todo para consolidar el clímax que su narración merece.
La sensación final es la de que el de Gorka Garay es un disco lleno de armonías sofisticadas, ambientes originales y buenos arreglos. No es la primera vez que escuchamos a un cuarteto de cuerda clásico junto a un combo de jazz, pero sí la primera vez que nos suena tan integrado. En resumen, un jazz que asciende muy alto, con Júpiter en el punto de mira.
CHEMA PEÑALVER, Stretchin' Out (2022) CHEMA PEÑALVER, Bunker Sessions (2023)
Hace tiempo que seguía a distancia la carrera de Chema Peñalver, clarinetista, compositor y docente que ha desarrollado su carrera en los últimos años a orillas del Mediterráneo, costa por donde se viene extendiendo en las últimas décadas, como una bendición, una corriente de músicos que, desde Murcia hasta Castellón, renuevan y revitalizan con su música el gusto por un jazz que podríamos llamar neoclásico. Peñalver es profesor en la Universitat Jaume I, compositor, arreglista y clarinetista. Ha grabado 8 discos como líder y una veintena más como acompañante. Su técnica al clarinete es precisa y llena de color y su forma de atacar la melodía es, además, excitantemente contagiosa.
Un sonido neoclásico, puro y limpio es su seña de identidad. Basta pinchar su penúltimo disco (Stretchin' Out, 2022) y escuchar sus fraseos al clarinete y sus arreglos para comprender que Chema Peñalveres uno de esos músicos que se toma en serio el jazz clásico. No es un músico de revival sino un compositor con ideas originales y frescas que asume el peso de la tradición, lo cual hace que doble su valor. Grabado a cuarteto con Eduard Marquina al piano, César Cortés al bajo y Jeff Jerolamon en la batería, Stretchin' Out es una tremenda colección de temas desarrollados a toda marcha con un clarinetista al frente. Sin ánimo de comparar a estos dos virtuosos, en cuanto a fraseos de vértigo, Peñalver podría competir en velocidad con Woody Herman como dos pilotos de Fórmula 1.
Habría que retroceder más allá de ese disco de 2022 para entender que esta dimensión no es casual sino que se trata de una filosofía musical propia, pero nos vamos a centrar en su último álbum, recién grabado en Bunker Productions, el estudio del saxofonista Celso Sorribes, y titulado Bunker Sessions, Aquí Peñalverllega con una formación que incluye seis instrumentos de viento: clarinete, trompeta (Toni Porcel), saxo alto (Celso Sorribes y Alberto Martín), saxo tenor (Fernando Serra) y trombón (Javier Llopis), a los que se suma una sección rítmica compuesta por Carlos Mercado (batería), J.M. Parreño (bajo eléctrico) y Dani Fernández (contrabajo y bajo eléctrico). Con tan tremenda formación, Bunker Sessions comienza con un contundente tema, con toda la brass band resonando por encima del ritmo funky del bajo eléctrico y un Peñalver pletórico improvisando. Le siguen los solos de saxo, trombón...
El disco muestra desde el principio una estética más funk, con temas sosegados ("Flowing in the Morning"), bailables ("Forward and Upward") o sugerentes ("Clarinet a la Smooth"), aprovechando siempre toda la potencia de la banda al nivel que Maynard Fergusson hacía explotar su big band (ah, ese "Jazz Noir") pero con un claro y delicioso protagonismo del clarinete en una mezcla de nostalgia y modernidad que es de agradecer. Un disco muy diferente estéticamente del anterior, pero igualmente disfrutable.
Chema Peñalver es ese tipo de músico serio que hace música divertida. Su último disco, como su discografía reciente, es más que recomendable. Abstenerse eremitas que buscan sonidos atmosféricos, líricamente intelectuales y vagamente jazzísticos, porque la erudición y la frenética generosidad en los arreglos de Chema Peñalver apabullan.
ISABELLE BODENSEH, Flowing Mind (GLM Records, 2023)
El trío de Hammond (órgano, guitarra y batería) tiene habitualmente como invitado al saxo tenor, pero este álbum enfrenta a dos instrumentos de tímbrica peculiar, el Hammond y la flauta. Y vale la pena escucharlo no solo por lo inusual sino por el resultado. La flautista Isabelle Bodenseh nos ofrece en Flowing Mind ese contraste moviéndose en todos los rangos del instrumento (también en la flauta baja) con soltura, expresividad y un swing fabuloso. El disco llega tras el obligado parón de la pandemia y después de más de 30 colaboraciones, dos discos de su grupo Jazz à la Flute y uno a dúo con el guitarrista Lorenzo Petrocca.
Isabelle Bodenseh, mitad francesa mitad alemana, se formó en la música clásica pero entendió pronto que ahí no encontraría la expresión que buscaba. Estudió jazz con James Newton en Los Angeles, buscando en la improvisación su propia voz. Luego fue a Cuba, de donde se ha traído ideas que aparecen en este álbum y que su flauta combina de manera muy inteligente con el trío de órgano formado por Lorenzo Petrocca a la guitarra, Thomas Bauser al órgano Hammond y Lars Binder a la batería .
Foto: Renée van der Voorden
La guitarra, cuyo lenguaje contrasta tan bien con la cadencia del Hammond, toma la iniciativa en algunas ocasiones con mucha frescura y crea una simbiosis muy interesante con la tímbrica de la flauta, un diálogo que nos trae al recuerdo inevitablemente a aquella colaboración de George Benson con el músico de Return to Forever Joe Farrell (Benson & Farrell, CTI, 1976). Bodenseh, sin embargo, busca una vitalidad distinta en los temas, dejándoles fluir con fuerza. Los aires latinos de algunos temas ("Dog Rose", "ASAP") recuerdan mucho la virtuosa síncopa de Jorge Pardo cuando su flamenco se acerca a aires latinos. Bodenseh tiene, como el español, ese gusto especial por los discursos largos y bien armados. También es capaz de hacer esto mismo con delicadeza en temas más nostálgicos como "Mediterranean Bossa". Hay mommentos fabulosos e intensos como, por destacar alguno, el solo de Bodenseh en "Molecular Cooking" o todo el tema "Chilly Chally", donde sopla con una garra fabulosa, no exenta de funk, un elemento que está presente en casi todo el álbum.
La anécdota cuenta que Isabelle Bodenseh perdió la capacidad de soplar (y respirar) a causa del virus, pero que las ganas de volver a tocar le dieron las fuerzas necesarias para volver y la inspiración para el tema que da título al álbum, ""Flowind Mind". .
Desde el diseño ochentero de la portada, uno sabe que no se encuentra ante cualquier disco que se publica en España. Eme Eme Project mira hacia la música negra sin complejos, con una sólida propuesta musical que fusiona, con un estilo atemporal, funk, jazz y hiphop en los labios de su líder, la flautista Marta Mansilla, compositora, improvisadora y con un lenguaje muy personal, lleno de soul y virtuosismo.
Foto: At. One
Marta Mansilla es una instrumentista nacida y formada en Madrid. Graduada en el Conservatorio Profesional de Amaniel, se formó en la Escuela de Música Creativa, La Escuela de jazz de Galapagar y La U Flamenco, con profesores como Jorge Pardo, Javier Colina, Guillermo McGill, Patxi Pascual y Bob Sands, entre otros. Ha colaborado con artistas de pop, reggae y hiphop, una de las influencias más patentes en este disco, donde podemos apreciar por encima del resto de instrumentistas su estilo elegante, limpio y elocuente en el fraseo, dulce, sincopado o vertiginoso como en "Intro", donde tenemos que escuchar necesariamente las respiraciones, con ese ritmo que es como un flash y que la obliga a mantener el tipo casi sin respirar el minuto y medio que dura el tema.
Su uso de las síncopas, repeticiones, su intensidad y, sobre todo, el alma que pone tocando (qué maravilla "Pacemaker") eleva cada tema a un nivel superior. Es de esos instrumentistas que uno desea escuchar en directo. Sin ánimo de comparar, su manera de mezclar canciones e improvisación y su intensidad al tocar recuerdan (salvando las distancias y las diferencias) a los directos de Patax, y su forma de frasear sin límite nos lleva en muchos momentos al mejor Jorge Pardo.
Foto: Antonio Rubio Roncero.
El repertorio está lleno de canciones y también de buenos momentos instrumentales protagonizados no solo por Marta sino por los músicos, especialmente, David Sancho al Rhodes, una combinación que nos transporta a otras épocas donde hacer buena música era la tónica general. En el proyecto aparecen también Jesús Caparrós al bajo eléctrico, Alberto Brenes a la batería, Virginia Alves y At. One como vocalistas, y colaboraciones como Mauricio Gómez al saxo y Miguel Gil a la guitarra.
En resumen, una instrumentista por descubrir, que aporta aire fresco al panorama, y un álbum lleno de momentos fabulosos, especialmente instrumentales, que nos recuerdan que el jazz mejora con las fusiones. Puede que a algunos aficionados al jazz despisten los temas cantados, muy americanos pero más cercanos al soul o al funk clásico que al jazz puro, pero las intervenciones de Marta y, sobre todo sus improvisaciones les sacarán de dudas.
El segundo disco del trombonista Rafa M. Guillén es una colección de temas (originales y standards) que se mueven en distintas estéticas dentro de un mismo estilo, con un sonido ecléctico y delicado, sin estridencias ni fuegos artificiales. Guillén se muestra como un instrumentista versátil que mantiene su estilo personal en cualquier terreno, ya sea funk, flamenco jazz o latin jazz.
Formado en la clásica, Rafa M. Guillén entra en el jazz a través de Sedajazz y, más tarde, en el Aula de Música Moderna y Jazz del Conservatorio del Liceu de Barcelona. Su combo, The Jazz Walkers, son un quinteto de hardbop formado por Ángel Andrés Muñoz al piano, Julio Fuster al contrabajo, Nacho Meginaen la batería, Ramón González "El León" en las percusiones y el propio Rafa M. Guillén al trombón, al que se suman numerosos invitados para pasearse, dentro de su propio estilo, homogéneo, suave, de tiempos medios, por inspiraciones funk, en las que aparece el guitarrista Luis Casadoy, ampliando la sección de viento, los tenores Ramón Cardo (en "Verde Mediterráneo") o Leandro Perpiñán (en "Pick Up The Pieces"), con quien el trombonista mantiene una conversación muy interesante como colofón a su solo. En este tema, Muñoz se pasa al órgano con un espíritu funky muy inspirado.
También podemos escuchar una versión muy bien arreglada de "Mojo" (Monty Alexander) con el espíritu de las second line de Nueva Orleans, o jazz latino con temas como "My Dear Friend" de Ricky Rodriguez (donde los solos de David Pastor y Francisco Blanco "Latino" a la flauta preceden al de Guillén, que desemboca en un brillante solo de piano) y sambas ("O Bebado e a Equilibrista" y "Caipiniña", ésta original de Guillén).
El álbum incluye también temas donde elementos del flamenco (palmas, cajón) se integran con elegancia en el esquema tranquilo y fluido del quinteto, como "Rumba de la corredera" (Rafa M. Guillén), donde aparece, junto a músicos flamencos, el saxo alto de Perico Sambeat, o "Song For The Jazz Walkers" (Ángel Andrés Muñoz), una soleá por bulerías con arreglos de jazz en la que escuchamos el tenor de Pedro Cortejosa, ambos temas con arreglos del pianista Ángel Andrés Muñoz, cercanos y a la vez lejanos a aquellos primeros experimentos de jazz mediterráneo con fusiones flamencas del primer disco de Ximo Tébar (Son Mediterráneo de 1995), porque aquí todo suena a jazz, de esencia hardbop, funk, con vientos bien arreglados y aires tranquilos.
Cambiando una vez más de estilo, el álbum termina con el nostálgico "Shining Forever", un bolero original, muy atmosférico, donde Guillén recuerda a su hermano desaparecido.
El disco, editado por Sedajazz, fue grabado en directo en el estudio, concretamente en Córdoba, con pistas adicionales añadidas grabadas en Granada, Valencia y Gerona, consiguiendo un sonido fresco y natural, que refleja la filosofía del grupo de una manera homogénea a pesar de las influencias tan variadas, un estilo que se mueve dentro de canon a media voz, de una manera delicada, buscando más la perfección que el circo. Recomendable.
El saxofonista y flautista Chip Wickham presenta su nuevo disco con una estética evolucionada, llena de mensajes, tanto musicales como espirituales. En su nuevo disco, Wickham utiliza todos sus recursos improvisatorios, en permanente transgresión de géneros, inesperados, con toques funk y aditivos electrónicos que no impiden apreciar la calidad improvisadora de Wickham y sus músicos y que construyen un jazz grato y fácil de entender.
Su nuevo Blue to Red recrea experimentos transgenéricos del jazz como los de los Coltrane (hace referencia directamente a Alice), quienes, en los cuatro años que estuvieron juntos antes de la muerte de Trane, formaron una unidad romántica y espiritual que se tradujo en un jazz de vanguardia pero también místico. La referencia a Alice Coltrane no es gratuita. Y no solo por la colaboración de una arpista (Amanda Whiting) o porque aquí el órgano tiene también un papel de peso, sino porque el álbum destila un aire espiritual y especulativo en todo momento, muy filosófico. Porque estos planteamientos musicales llegan íntimamente unidos a pensamientos, dudas existenciales, reflexiones sobre el futuro del planeta (es decir, de nosotros) a través de una imagen poética (la de la portada) en la que especula con la posibilidad de que nuestro planeta azul se convierta en un planeta rojo, muerto, como (dicen algunas teorías) ocurrió con Marte. Este pesimismo (o mensaje aleccionador, según se mire) se traduce en un jazz heteromorfo, lleno de influencias que van del pasado más innovador (Alice Coltrane o el saxofonista Yusef Lateef) al futuro más probable, en el que electrónica e improvisación van de la mano.
Aparte de los citados, Wickham posee influencias de otros flautistas anteriores. Si en su último disco lo comparábamos con Roland Kirk, tenemos que admitir que hay una herencia de Herbie Mann en su forma de atacar las frases.
Menos étnico y más funk que su anteriorShamal Wind(Lovemonk, 2018), su nuevo Blue to Red comienza muy ambiental, con el tema que da título al álbum. Ritmos electrónicos que subliman una bossa moderna y actualizada, con un Wickham muy contenido e impresionista con la flauta, con frases cortas y eficaces, casi dulce, si no fuera por la irrupción de la voz femenina en forma de provocadores gemidos que (sin abusar) nos traen a la memoria experimentos provocadores de finales los 60. El soul jazz, el estilo donde mejor se mueve Wickham, comienza con "Route One" sobre el ritmo de un intenso Jon Scott, con un Rhodes hipnótico (Dan ‘JD 73’ Goldman) que cobra protagonismo en "Interstellar" con un solo enorme apoyado en los envolventes arpegios de Whiting. Wickham, lírico en temas como este, muestra esa faceta que nos gusta más de él (virtuosismo, velocidad) en "Double Cross", donde toca absolutamente funk, alternando fraseos vertiginosos con el órgano, dando una lección de soul jazz moderno.
Tras su paso por España, que tuvo una gran influencia en discos anteriores como La sombra (2017), el músico de Manchester se acompaña ahora de muy interesantes instrumentistas de la escena de jazz británica. Además de Wickham, aparecen en el álbum el citado Dan ‘JD 73’ Goldman (Nightmares On Wax)en los teclados, Amanda Whiting (Orquesta Gondwana)en el arpa, Simon ‘Sneaky’ Houghton, al contrabajo y chelo, Jon Scott a la batería y Rick Weedon en la percusión.
Hay momentos en los que, hastiados de novedades, sentimos la necesidad de volver la vista atrás. En este mismo blog he citado algunas veces la utilización que hago de Ellington como medicina. Rebuscar en la propia discoteca de casa es tan sano como escuchar discos nuevos cada semana porque el jazz (el jazz bien escrito o bien improvisado) admite tantas escuchas como uno quiera: siempre hay algo nuevo que escapó a nuestra atención o que suena nuevo en un momento nuevo. Hoy me ha dado por recuperar un disco de los más atrevidos e ignorados de Miles Davis. On the Corner, lanzado en 1972, es un ejemplo de la fase final de Miles, cuando recolectaba músicos jóvenes constantemente y los alimentaba con una idea para después dejarlos improvisar (a veces, durante un cuarto de hora) para intervenir sólo cuando la inspiración se lo imponía. Miles estaba en pleno periodo eléctrico y este venía después de tres álbumes elogiados por la crítica (In A Silent Way, Bitches Brew y A Tribute to Jack Johnson), a pesar de los cual, On the Corner se convirtió en el álbum más odiado del jazz, como lo renombró The Guardian, masacrado por la crítica de la época e incluso repudiado por algunos de los músicos que trabajaron en la grabación. Un artículo detallado al respecto se puede leer en esta web.
"Partitura" sobre la que trabajaron los músicos de On the Corner
Quizás Miles pensó que podría seguir la estela improvisadora de Jack Johnson. Según su biógrafo, Ian Carr, en aquella época Miles mantenía largas conversaciones sobre música contemporánea con un chelista inglés, Paul Buckmaster, quien le descubrió la música de Stockhausen y le propuso la idea de experimentar con música temporal no regular (con pasajes fuera de tiempo), tal como había hecho en algunas composiciones Stockhausen, combinándola con música de la calle y la percepción de la ciudad que Miles tenía desde su lujoso apartamento. La idea no era mala. El jazz como testigo de la calle.
Lo malo es que la idea se cristalizó en algo tan simple como aburridas piezas de funky de duración indeterminada, apoyadas en grooves de bajo y batería, y basadas en un solo acorde. Monótono para muchos, impensable para otros, no consigue su objetivo a pesar del increíble plantel de músicos que trabajaron en las sesiones (Corea, Hancock, McLaughlin, DeJohnette, Liebman...). Quizás fue ideado como uno de esos discos rompedores que hacen crujir los cimientos del canon de vez en cuando... pero se quedó a medias.
Más valorada por los críticos con el paso de las décadas, en 2007 se publicó The Complete On The Corner Sessions, una caja con 6 CD's sólo apta para coleccionistas recalcitrantes, 6 CD's que recogían todas (imagino) las tomas de las tres sesiones de grabación(1 y 6 de junio, 7 de julio de 1972) pero tal cantidad de música (casi 7 horas) en lugar de aportar información sobre las improvisaciones en el estudio, provocan el efecto contrario, hastiando al oyente con una cantidad de música (en palabras de Dave Liebman, que participó en el álbum) "bastante caótica y desorganizada", aunque, en defensa de Liebman hay que decir que, cuando llegó al estudio, lo metieron en una cabina desde la cual apenas podía distinguir el ritmo discontinuo entre tanto percusionista, y que la única directiva que se le dio fue la de tocar en mi bemol.
Mi problema con Miles es que hay entre nosotros una tensión dramática no resuelta. A pesar de que mis discos preferidos son los que van desde Kind of Blue hasta las últimas sesiones de Prestige, siempre vuelvo a los discos eléctricos. ¿Por qué? No los entiendo, y eso hace que los investigue una y otra vez, que regrese a ellos con tanta frecuencia que, a veces, creo que los escucho más que a los que prefiero. Cosas de aficionados. Y, en este sentido, On the Corner es una pieza esencial que pide ser descifrada dentro de su compleja simplicidad.
Miles y su productor en esa época, Teo Macero
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* En carpeta del LP original no constaban los nombres de los músicos que participaron en el álbum, quizás para despistar a los críticos. Según distintas fuentes, estos son los que participaron (alternándose en distintas formaciones):
Miles Davis, trompeta amplificada con wah-wah Carlos Garnett, saxos soprano y tenor Dave Liebman, saxos soprano y tenor Bennie Maupin, clarinete bajo Chick Corea, Fender Rhodes, teclados Herbie Hancock, Fender Rhodes, teclados Harold Ivory Williams, teclados Cedric Lawson, órgano Dave Creamer, Reggie Lucas y John McLaughlin, guitarra Khalil Baladrishna y Collin Walcott, sitar eléctrico Michael Henderson, bajo eléctrico Don Alias, Jack DeJohnette, Al Foster y Billy Hart, batería James M'tume, percusión Badal Roy, tabla
Comenzábamos el año hablando del fallecimiento de David Bowie y glosando sus colaboraciones con músicos de jazz en su último álbum y, en concreto, con Maria Schneider. Hoy no podemos rehuir la necesidad de hablar de Prince, que, si bien no es un músico de jazz, fue durante un tiempo una obsesión de coleccionista para este que escribe y ejerció cierta influencia en las últimas grabaciones de Miles Davis.
Prince y el jazz.
Hijo de un pianista de jazz y descendiente musical de, entre otros, James Brown y Sly Stone, el músico de
Minneapolis se movía entre el soul, el funk y los riffs psicodélicos con
soltura. Prince fue un músico inquieto, multiinstrumentista y polirrítmico, que hacía una música incómoda y que nunca se conformaba con sus propios logros; siempre iba un paso más allá. En este sentido, grabó discos en los que tocaba todos los instrumentos, compuso para otros tanto que tuvo que usar seudónimos (grabó su "Nothing Compares To You" como The Family, un grupo que, en realidad, era él mismo tocándolo todo). Homenajes aparte (Blue Note Plays Prince de 2005, con Cassandra Wilson entre otros), los roces de Prince con el jazz no han dejado de ser meros intentos. En 2003 grabó un álbum instrumental llamado N.E.W.S. (NPG, 2003) que contenía cuatro temas titulados como los puntos cardinales (de ahí el acrónimo del título), cuatro temas de 14 minutos exactos que eran un compendio de fusión y virtuosismo raro en una estrella del pop, con momentos de jazz fusión, un piano de jazz intimista en "West" y mucha especulación, probablemente improvisada, una grabación más cercana al jazz moderno y de fusión que muchos de los discos "de jazz" que llegan al mercado hoy en día.
Prince y Miles Davis. Miles Davis afirmó que escuchaba todo el día discos de Prince en la época en que grabó Decoy (1984) y You're Under Arrest (1985). Ambos músicos se gustaban pero el "encuentro en la tercera fase" no llegó a ocurrir jamás. Sólo alguna cena y un encuentro (fantasma) en el estudio de Prince del que éste hablaba pero cuyo resultado sigue siendo un misterio. Más tarde, en su autobiografía, compara la forma de cantar de Prince con el fraseo de Sonny Rollins al saxo.
Su mierda era la música más excitante que yo escuchaba en 1982. [...] Prince puede llegar a ser el Duke Ellington de su generación.(Miles Davis)
Fotograma del concierto en Paisley Park el fin de año de 1987
Existe un clip en la red (con un audio regular) en el que Miles afirma que Prince le influyó fuertemente. Tenían en común esa inquietud intelectual de ir siempre más allá, tanto en lo musical como en la explotación de sus propias estrellas (eventos mediáticos, insólitos vestuarios...), de manera que, cuando nos encontramos viendo el concierto benéfico de fin de año en Paisley Park, con todos aquellos músicos excéntricos y genialmente funkies y apareció Miles y realizó ese solo de más de 5 minutos, nos dimos cuenta de que algo de esta relación iba en serio. Era la noche de fin de año de 1987. La grabación nunca llegó a comercializarse, si bien los fanáticos de los bootlegs, entre los que me incluyo, pudimos compartir aquella grabación histórica en el CD Miles From The Park.
El álbum no oficial Crucial aparece como Prince with Miles Davis & Friends, pero de hecho ellos dos nunca grabaron juntos. La trompeta de Miles sólo aparece en "Can I Play With You". Prince grabó este tema en diciembre de 1985, le puso un título que era una invitación a Miles y se lo envió por correo. Miles añadió su trompeta al tema más tarde (marzo del 86) e incluso su discográfica (la de Miles) planeó incluir este tema en un recopilatorio póstumo de 6 CD's de
Miles que se iba a llamar The Last Word y que nunca salió al mercado. El tema iba a aparecer como Miles with Prince. En Crucial, el tema aparece listado como "Red Riding Hood".
Recopilando, la relación de Prince con Miles se podría resumir en pocos hitos más (milestones, en la lengua de Shakespeare):
Miles aparece en el tema "Sticky Wicked", compuesto por Prince para el álbum de Chaka Khan CK (Warner, 1988).
Miles tomó los tema de Prince "Movie Star" y "Penetration" y los interpretó en sus últimas giras.
En la gira One Nite Alone... Tour Prince usaba un fragmento de "Jean-Pierre" cuando cantaba su tema "Copenhague".
El álbum póstumo de Miles Doo-Bop (Warner, 1992) contiene
claras influencias de sus contactos con Prince pero dejando fuera las
maquetas que Prince había grabado para él.
Tras la muerte de Miles, Prince aseguró en una entrevista que había grabado largas improvisaciones con él y que algún día las publicaría.
En el álbum "Rave Un2 The Joy Fantastic" hay un tema en el que está acreditado Miles, aunque en realidad son 4 segundos de silencio. ¿Homenaje o una rareza propuesta por Miles? ¿"Grabó" Miles esos segundos de silencio?
Vean la única grabación de un "encuentro en la tercera fase" entre Miles y Prince, aprecien la frustración del cantante cuando el trompetista duda al empezar, disfruten de su personal solo y lamenten la fugacidad del acto:
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* El concierto completo se puede ver en Youtube.
** Hay un artículo muy interesante sobre la relación entre ambos músicos en este enlace.
*** Y una entrevista a su manager Alan Leeds en este otro enlace, que habla del mismo tema.
Después de hablar del sensacional regreso de Christian McBride al hardbop, no es fácil explicar por qué este otro disco me gusta. Es como hablar de otro músico y, sin embargo, es siempre el mismo bajista/compositor/líder inspirado. ¿Es posible recomendar un músico que salta de esta manera entre estilos?
Christian McBride ha tocado con Russell Malone, Diana Krall, Joe Henderson, Joe Lovano, Pat Metheny... y ha dado muestras de su gran versatilidad tanto al bajo acústico como eléctrico, con el arco o sin él. Su discografía es ecléctica y va desde experimentos de fusión hasta su vuelta al hardbop en Kind of brown, un álbum que no decepciona a nadie. Live at tonic es un triple CD que resume toda su experiencia como sideman y todos sus esfuerzos de composición hasta Vertical vision (Warner Brothers, 2003), del que se incluyen temas muy potentes como "Technicolor nightmare", inspirado en Weather Report, y "Boogie Woogie Waltz", directamente heredado de la formación de Joe Zawinul.
Los 3 CD’s son el resumen de dos noches en el club Tonic de Nueva York (10 y 11 de enero de 2006), con algunos de los músicos que tocaron en su último trabajo y un buen número de invitados que muestran la amalgama que se puede alcanzar en un disco de funk y fusión: en el primer CD aparecen sus músicos habituales (Ron Blake en todos los saxos posibles, Geoffrey Keezer muy discreto en los teclados y un Terreon Gully muy potente en la batería). En los otros dos discos, correspondientes a los segundos sets de ambas noches, sólo hay jams, con la excepción de dos temas: "Bitches Brew" (Davis) y "Give It Up or Turn It Loose" (James Brown). El ejército de músicos: Charlie Hunter y Eric Krasno (guitarras), Jason Moran (piano), Rashawn Ross (trompeta), Jenny Scheinman (violín), DJ Logic (mesas de mezclas) y Scratch (caja de ritmos). Con tanto músico, corremos el riesgo de olvidamos del que no contribuye en un momento determinado y en los temas más largos ("See Jam, Hear Jam, Feel jam") sólo el baterista Terreon Gully consigue mantener el pulso para que no acabe todo en el caos.
Buscando un juicio crítico, lo más importante de estas jams, aparte de su apabullante abundancia (tres horas y media de música) es que devuelven al jazz su valor de espontaneidad: los dos últimos discos son, con las excepciones de los temas de Miles Davis y James Brown, improvisaciones que aparecen acreditadas como si las hubieran compuesto todos los músicos al tiempo, ya que ¿no es la improvisación una composición sobre el escenario?
Que los discos 2 y 3 contengan los segundos sets de cada noche íntegros tiene lo bueno del directo y lo malo de escuchar directos en los discos: la respuesta del oyente no es la misma en el ambiente del club que en el sofá. Esto es especialmente arriesgado en temas que duren 30 minutos... pero se agradece.
Después de la entrada anterior acerca del órgano Hammond, mi subconsciente estaba inquieto. Echaba de menos algunos músicos que se me quedaron en el aire. Sin embargo, no era una cuestión de hacer un ensayo exhaustivo ni enciclopédico. Un vistazo a la discoteca me dejó constancia de que el órgano es el instrumento más popular en el jazz ni el más fácil de dominar. Predomina más en los grupos que hacen fusión y en los de rhythm & blues.
Volvió a mi mente Mauri Sanchís, a punto de sacar un nuevo disco, esta vez con composiciones vocales (se estrena como letrista) y con espectaculares colaboraciones. También Innersound Trio, el combo onubense del que hablábamos hace unas semanas, y un grupo con un sonido menos contundente y más soul: Organic Collective.
Organic Collective es un trío gallego (¡otra vez Galicia!) formado por el guitarrista Marcos Pin, que acaba de editar también como líder; Carlos López en la batería y Juan Galiardo en el órgano Hammond. En su primer disco como grupo, Maybe in other life (Audia, 2008) encontramos un jazz con toques de funky, soul, blues y fusión, mezclados sin excesos. Marcos Pin funciona como líder, ya que es el compositor de 7 de los 9 temas del disco. Él es quien pone el toque funky y casi toda la improvisación en los temas, sin mucho margen solista para el Hammond ni para la batería. Sólo cede un algo de protagonismo al saxo invitado en dos de los temas, Pablo Castaño. Afortunadamente, Pin es un improvisador nato, ama a su guitarra y le hace el amor (oigan cómo llega a gemir en Neo and Bach) a lo largo de cada tema generando estructuras libres que le permiten tocar a sus anchas sin aburrir ni un instante.
El resultado es un soul jazz moderado, con buenos momentos y el toque justo de funky, quizás no con unas grandes composiciones pero sí con músicos inspirados que ganan más y más con cada escucha, aunque yo les pediría un tanto por ciento extra de improvisación... y algún solo más del Hammond.
Pensaba escribir hoy acerca de otro disco, pero éste se me ha colado en la discoteca y me ha enganchado de tal forma que me he puesto a escribir.
Manteca! Jazz Trío es un combo de Buenos Aires formado por Marcelo Camisay (batería), Lucas de Araujo e Sá (bajo) y César Guerberoff (teclados). Se autoproclaman jazz... contemporáneo (sic) y acaban de terminar su primer álbum, que distribuyen de forma gratuita en su página web y en Myspace como medio de promoción.
La primera escucha
En un principio, la poco usual mezcla de teclado electrónico, batería y bajo eléctrico te hace suponer que vas a escuchar un disco poco acústico, más cerca del jazz rock o del nu jazz que del mainstream, pero no es así. Es funk y es jazz. Tanto la batería como el bajo casan maravillosamente con el esquema funky del disco desde el primer tema Pijama party (composición original del grupo, como el segundo tema, titulado con un divertido Chef Guevara) hasta el final. A destacar el bajo, que tiene momentos magistrales en que adopta con arrogancia un papel cercano al de la guitarra solista, con fragmentos inspiradísimos (Footprints). Una gozada para quienes andamos siempre a la búsqueda de sonidos nuevos.
Sin complejos
La versión de So what de Miles Davis recupera el espíritu inmortal de este tema a la vez que revela su lado funk gracias al bajo y a un piano eléctrico que arremete sin complejos con esta vena, machacando las notas (¿os acordáis del Minimoog?) en un viaje lleno de improvisaciones, un viaje que va desde el lado serio-eléctrico-estilo-Herbie-Hancock hasta el más discotequero-setentero-Shakatak. Excitante.
Pero la falta de complejos aflora con más descaro si cabe en el tema The inspector theme (un clásico que aparecía en la banda sonora de La pantera rosa), donde el órgano juguetea con el hard bop más naif y con el soul más pop. Es uno de mis temas favoritos de Henry Mancini y cuya melodía se me engancha a cada escucha con más fuerza.
De ahí a Coltrane hay un paso de gigante (valga el juego de palabras), pero tampoco hay reparos en Manteca! a la hora de retomar un temazo enorme como es Psalm, que sirve de introducción a una especie de medley (yo lo llamaría “odisea”) que comienza en su forma más mística para derivar en una melodía de aires latinos y funkys acordes con el resto del disco. ¿Cómo se cocina esto? Pasando de Psalm a Footprints de Wayne Shorter como por arte de magia, encajando los acordes para volar luego a Berimbau (¿Baden Powell?) y a Stolen moments (Oliver Nelson).
Como he comentado, el disco está siendo distribuido de forma gratuita por el grupo a modo de promoción. Así que no desaprovechéis la ocasión. Podéis conseguirlo enviando un e-mail a esta dirección o visitando los sitios web que he citado.
Resumiendo, un muy buen sonido, un combo bien conjuntado y todo un abanico de placeres funky para los que amen el jazz.
Jazz, ese ruido se complace en presentar a Mauri Sanchís en concierto..... No se me podía escapar anunciaros este evento por si hay alguien cerca de Huelva la próxima semana (siempre que sea posible y tenga cerca un concierto procuraré avisar para que no me falléis).
Mauri Sanchís es un jamonero (de Hammond B3, se entiende) que proviene de la escena blues española. "Nacido" en un grupo de blues (Progressions), clásico pero valiente en la experimentación, con la elegancia de un Jimmy Smith y después de experiencias junto a Javier Vargas y su Blues Band o junto a Graham Foster y Night Train, viene de gira promocionando su segundo disco Good vibes!!, algo menos smooth que el primero, con mucho más groove, un disco en cuestión donde uno pasa de flipar con el blues al jazz o al funk en segundos.
En esta ocasión viene en formación de trío. El concierto será en el Claustro de San Francisco, en Moguer (Huelva) el 8 de agosto a las 22:30. La entrada es gratuita pero de aforo limitado: hay que conseguir las invitaciones en la taquilla del Teatro Felipe Godínez dos horas antes.