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JAZZ Y POESÍA... CADA DÍA

Recabarren/Menares/Vázquez, Desde la lluvia (CHT, 2017)

Hay dos factores que podrían definir el álbum que estoy escuchando. En primer lugar, la belleza de los temas, lo que demuestra que hacer jazz moderno, arriesgado y, por momentos, libre, no significa renunciar a ella. El segundo factor es la pulsión de ritmos étnicos no asociados aún al jazz, ritmos que laten en algunos momentos subrepticios y en otros, explícitos. Al fin y al cabo, el jazz no es sino una mezcla de culturas.


Desde la lluvia, editado por la chilena CHT Müsik, es el nuevo trabajo de una sección rítmica que ya conocíamos como Beekman Collective. El pianista gallego Yago Vázquez, el contrabajista Pablo Menares y el baterista Rodrigo Recabarren, estos dos últimos chilenos, conformaron la simiente, el núcleo duro de Beekman (nombre tomado de una calle de Brooklyn donde está el apartamento en el que suelen reunirse para tocar y ver fútbol) y, ahora, sin el saxofonista Kyle Nasser, vuelven a ser ese trío de piano que busca una nueva forma de hacer jazz.

El disco comienza con una balada, una composición preciosista pero muy libre, donde el piano juega y el contrabajo parece cantar en los compases que protagoniza. Es un solo inusual y muy lírico, algo a lo que nos están acostumbrando algunos bajistas. El título es "Prólogo" y presenta el disco como un libro, con una narrativa que nos lleva por diversos temas y un "Interludio" hasta un final igualmente bello (un reprise o unas variaciones de "Prólogo" con el título lógico de "Epílogo"), pasando por diversos estadios que incluyen un poema de Lorca.


Como suele ocurrir a los músicos exiliados (especialmente a los exiliados por motivos musicales), el trío se debate entre las raíces y la influencia del nuevo escenario (la ciudad de los rascacielos). El uso de ritmos étnicos chilenos ("Yapa", "Tahiel") es una llamada a las raíces, pero el enfoque del disco es muy urbano. El espíritu de Nueva York está presente en el estilo, con influencias de tríos de piano modernos no precisamente neoyorquinos (como Brad Mehldau o EST) y musicalizar el poema de García Lorca que aparece en el álbum ("Ciudad sin sueño"), tomado de Poeta en Nueva York, parece que era casi obligatorio. "Ciudad sin sueño" es, además, un tema espectacular en su concepto, con un trío que acompaña a la voz que recita el poema de una manera muy orgánica: respondiendo al rapsoda en su propio tono. La voz recita y los tres instrumentos tocan al unísono esa misma melodía de la voz, no una escrita especialmente sino la entonación de la voz humana moldeada por la métrica libre de los versos. Cuando el poema termina, el tema se desarrolla a partir de esta base.


Voy a destacar un tema por su lirismo: "Desde la lluvia", una composición de Menares que comienza con Vázquez jugando con las notas más altas del piano. Suenan como gotas de lluvia. Lo mismo hace Recabarren con las escobillas. Es un tema que crece en intensidad a medida que discurre, hasta un punto de tensión que termina abajo, con el mismo minimalismo expresionista que empezó. Jazz como poesía. Aprovechamos para cerrar esta reseña con una cita de Juan Ramón Jiménez, su máxima de Amor y poesía cada día.

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* El disco se puede escuchar (y descargar) en la web de Rodrigo Recabarren:

FEDERICO GARCÍA LORCA

El rey de Harlem (fragmento)

Un estudiante pelirrojo lee apoyado en el alféizar de la ventana. Hace rato que ha pasado la medianoche y Nueva York se yergue aún, priápica, sobre el lodo de las calles.

Lee a Lorca en silencio:



[...]Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.
Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.
¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

De fondo, suena Charlie Mingus, interpretando la angustia y la oscuridad...



Tenía la noche una hendidura
y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre,
y los muchachos se desmayaban
en la cruz del desperezo.
Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata
junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón
por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem,
con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.
Negros, Negros, Negros, Negros.
La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.
Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardos,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.
Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.
Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo [...]

En cualquier momento, el día despuntará con el temblor de una duda que se hace visible.
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* La foto se titula Black jews, Harlem (1929) y retrata a un grupo de judíos negros delante del Moorish Zionst [sic] Temple en Harlem. Fue tomada por James Van Der Zee, el fotógrafo afroamericano que retrató el Renacimiento de Harlem, el movimiento literario que da fe del peso de los escritores negros en los años 20.

ENLACES:
* Sobre el poema de Lorca: www.liceicassano.it
* Juan de Dios García habla sobre la cultura del blues y del jazz en García Lorca en La música y las fieras.