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DOS PERSPECTIVAS DE RASMUS SØRENSEN

RASMUS SØRENSEN, Traits (April Records, 2024)
RASMUS SØRENSEN with ALEXANDER CLAFFY 
& KENDRICK SCOTT, Balancing Act (April Records, 2024)

El joven pianista danés Rasmus Sørensen publicó en marzo dos álbumes distintos el mismo día, uno grabado en Dinamarca y otro en los Estados Unidos. En ambos se perciben su creatividad sin miedo, fruto de la juventud, y su inquietud por encontrar una voz propia. Nacido en una familia de músicos y criado en el medio rural en el norte de Dinamarca, se mudó a Suecia para estudiar un programa de jazz en la Skurups Folkhögskola con 19 años.

Haciéndose un hueco como pianista, compositor e improvisador, Rasmus Sørensen empezó a trabajar como profesional en Copenhague durante un año para después marcharse a Nueva York para estudiar becado en la Escuela de Música de Manhattan, donde ha tenido profesores como Stefon Harris, John Riley, Lenny White... y donde ha tocado en lugares tan prestigiosos como The Jazz Gallery, Smalls Jazz Club, Mezzrow, Cafe Bohemia, 55 Bar y Ornithology Jazz Club. No es poco.

Hablemos de Traits. Cronológicamente es el primero de los dos álbumes. Fue grabado en el FinlandStudio, de Aarhus (Dinamarca) los días 16 y 17 de agosto de 2021 con Rasmus Sørensen al piano, Jon Henriksson al contrabajo y Francesco Ciniglio en la batería. Lo primero que percibimos en la escucha es un pianista con un fraseo potente y personal, juegos armónicos y mucho color, tanto en su manera de esbozar melodías a medias para crear tensión como cuando el ritmo exige largos discursos y progresiones de acordes. Con ese aire meditativo de los pianistas escandinavos, el setlist suena inspirador en todos sus temas, especialmente en el juego de tensión que mantiene todo el tiempo en el diálogo con sus músicos, da lo mismo que sea una composición íntima o que sea un tema festivo y rítmico ("Octagon"). Una vez escuchado el disco, Traits deja la sensación de una ambiciosa obra de juventud, un disco de debut que cumple todas las espectativas.

Balancing Act marca diferencias sutiles pero importantes. Grabado en Nueva York en 2023 con músicos americanos (Alexander Claffy al contrabajo y Kendrick Scott en la batería), contiene menos composiciones (la mitad que Traits) e incluso se permite versionar temas ajenos. El colorido cambia y el ritmo también. Scott y Claffy apelan a la tradición y Sørensen se une con maestría. Aquí las frases del piano son más largas y elaboradas, hay menos introspección y un virtuosismo más patente, especialmente en el piano de cola. Es un disco más americano en todos los sentidos, y lo sorprendente es la habilidad de ese Sørensen intimista y escandinavo para ponerse a la altura de las circunstancias. Lo logra con pericia, adaptándose al swing de sus músicos (dos grandes descubrimientos para este que escribe) con una gran intuición, imprescindible porque el disco fue grabado en una sesión de cuatro horas, sin ensayos y sin que los tres músicos hubieran tocado anteriormente juntos.

En Balancing Act las composiciones de Sørensen destilan ese aire neoyorquino del que hablamos (mención especial para la deliciosa "Blissful Ignorance"), pero también hay versiones, como la inicial "Is That So?" de Duke Pearson con la que inaugura el disco a todo tren, "Everything I Love" (Porter/Glover) y una versión de Coltrane ("Mr. Day"), donde despliega toda una serie de recursos que dan como resultado un tema espectacular. 

Joven, visionario, con un lenguaje moderno pero accesible, Rasmus Sørensen es un pianista emergente a tener en cuenta. 

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* Web oficial: www.rasmussorensen.com

RECUERDOS DE GREENWICH VILLAGE

JON GORDON, 7th Ave South (ArtistShare, 2024)

El Village neoyoruino y en especial la 7ª Avenida Sur, hogar de clubs de jazz como el Village Vanguard, el Sweet Basil, el Village Gate... y un club propiedad de los hermanos Brecker llamado Seventh Avenue South, no era en los años 80 lugar para principiantes y el saxofonista alto Jon Gordon era por entonces solo un aspirante a músico de 16 años. Cuenta que acudió con esa edad a ver al cuarteto de Art Taylor, donde estaban el trompetista Clark Terry, el saxofonista Brandford Marsalis y el bajista Ron Carter. Vaya primer concierto al que asistió. En 2024 ha grabado un álbum (7th Ave South) donde rememora el hechizo de aquellos tiempos y de la comunidad de músicos que llenaba aquellos templos del jazz, una mirada atrás para reflexionar sobre el impacto que tuvieron en sus 40 años de carrera musical. 

Jon Gordon es un músico neyorquino que ha trabajado a lo largo de su carrera al lado de artistas como Maria Schneider, Benny Carter, Aretha Franklin, Harry Conick Jr., Bob Mintzer, Clark Terry... La lista es interminable. Su álbum de 2021 Stranger Than Fiction fue nominado como Mejor Disco de Jazz en los premios JUNO, y ganó la Thelonious Monk International Jazz Saxophone Competition con un jurado formado por Wayne Shorter, Jackie McLean, Joe Lovano, Jimmy Heath y Joshua Redman. Su estilo es el de un saxofonista alto melódico creador de frases fluidas y poéticas  con facilidad, al tiempo que intérprete (y compositor) caleidoscópico. Ha trabajado con orquestas sinfónicas y filarmónicas y se permite introducir el álbum con un reprise de su tema "Witness" (de su álbum homónimo de 1995), un tema para coro y trío de piano. Es una introducción inusual, etérea y mística, que da paso a un disco melancólico, de melodías cálidas, que incluye, entre composiciones originales, una versión de "Here, There and Everywhere" (Lennon/McCartney) con la voz de Erin Propp

Desde el vibrante "7th Ave South", que da título al álbum, hasta el final "7th Ave South Reprise" que lo cierra (con su intro en solitario, sin acompañamiento, con ese saxo alto desnudándose y apelando a todas las emociones posibles, para después crear un clímax final con grupo y coro) el disco es un compendio de sus recuerdos en forma musical. Temas tan cool como "Spark", con sus solos, o "Ponder This", donde el tempo lento le permite expresarse con mucha más emoción, son solo ejemplos de un disco basado en la experiencia y el amor al jazz. Recomendable.




TRANCES

JORGE PARDO, Trance Sketches (Karonte, 2022)

Decir que este es el disco más original de Jorge Pardo sería, a estas alturas, una insensatez, porque el flautista y saxofonista lleva sorprendiéndonos varias décadas con ideas, recursos e inventivas. Lo original del disco es, si cabe, la amalgama cultural y estética de los músicos que lo han grabado y de los que hablaremos después. Destaca uno en particular porque, si Miles Davis tenía a Gil Evans, Jorge Pardo también tiene su Gil. Juntos publicaron en 2020 el íntimo Brooklyn Sessions y ahora lanzan un disco grabado en 2018 y nacido alrededor de unas circunstancias muy especiales. El nombre es el de Gil Goldstein, un pianista de Baltimore residente en Brooklyn; las circunstancias, la grabación de un documental.

«La propuesta era rodar una secuencia en New York con algunos de mis colegas más próximos allí. La mayoría son grandes músicos y muy solicitados, y se ponían difíciles las condiciones para poder juntarlos para hacer una buena jam. Así que decidí dejar que las cosas pasaran en la confianza de que, si había apuntado bien con la flecha, sucederían cosas interesantes. Lo que llamamos infortunio, o golpe de suerte, que pueden ser contradictorios, se asolapan, de manera que a veces lo que sientes como un infortunio es la base para un buen golpe de suerte.»

Viene un equipo desde París para rodar, Gil no aparece, no hay partituras definidas y Jorge Pardo se saca de la manga el duende, estos trances que son improvisaciones musicales de tan alto nivel. Eso, en definitiva es el disco, Jorge Pardo en toda su madurez, en todo su brillo, improvisando, creando con una serie de músicos de lo más dispar (y esto es lo que lo convierte en un disco especialmente original en la discografía de Jorge): Gil Goldstein (teclados, alma de esta reunión y un gran solo en el primer tema), Rycardo Moreno, Juanito Pascual, Paco Soto y Melón Jiménez (guitarras), Edmar Castañeda (arpa), Bego Salazar Ganavya Iyer Doraiswamy (voces), Matt Garrison (bajo), Mark Giuliana (batería), Guillermo Barrón (cajón) y Jesús Pardo (sintetizadores). 

«En esta sesión que se publica bajo el nombre de Trance sketches resurgen una vez más todos mis amores musicales, soy transparente y no puedo ocultar que gozo igual con Mark o Gil que con Melón o Paco, con Edmar o con Ganavya, o con Bego y Jesús, por poner algunos artistas con mundos propios que representan tendencias musicales.»

La mezcla de jazz y flamenco, de lo electrónico y lo acústico, de la tradición oriental, la flamenca y la americana... es, en definitiva, el vendaval mestizo de este álbum, y es lo que se puede ver y escuchar también en el documental de Emilio Belmonte Trance.


ABSTRACCIONES

KEVIN SUN, (Un)seaworthy (Endectomorph Music, 2020)

Cada vez que nos llega un nuevo disco del saxofonista neoyorquino Kevin Sun, debemos poner en modo on nuestra capacidad de sorpresa. Su tercer álbum, (Un)seaworhty mantiene alerta al oyente con una nueva entrega de sus teorías sobre un jazz abstracto y personal que, sin embargo, llega al alma sin pasar por el cerebro. Un trabajo que aparece un año después de su brillante y apabullante The Sustain of Memory de 2019, un disco doble que incluía tres suites conceptuales a trío y quinteto en las que expresaba su filosofía sobre la niñez, la ambición y la identidad.

Además de músico, Kevin Sun es licenciado en Arte por Harvard, su búsqueda de la estética perfecta se refleja no solo en la belleza inusual, rítmicamente compleja, de su música sino también en sus escritos en revistas digitales como Music & Literature y Jazz Speaks, así como en su blog (The Jazz Gallery) y, por qué no decirlo, en las portadas de sus discos. Armonías complejas más allá de lo atonal, ritmos aparentemente desestructurados, abstracción en el sentido más artístico de la palabra. 


(Un)seaworthy es un álbum breve, de apenas 35 minutos, cinco temas extensos que exploran las fronteras del ritmo, llegando a jugar con el tenor como si fuera otro instrumento de percusión, buscando siempre la tensión, esencial para capturar la atención y desencadenar la emoción. navegando por el mar de la improvisación, como dice Jacob Shulman en las notas del disco, "sin garantías de que la nave sobreviva al viaje". Pero, ¿no es ese el riesgo que debe asumir todo músico de jazz?

Su trío, con Walter Stinson al bajo y Matt Honor a la batería, tiene una media de edad asombrosamente corta. Quizás es este descaro, más propio de la valentía de la juventud que de la experiencia, lo que les permite improvisar sin límites, sin clichés preconcebidas. Tras tres discos, la sección rítmica dialoga con Sun con una complicidad envidiable dentro de la complejidad de las composiciones y lo que supone improvisar en este abrupto terreno. El resultado es un disco sorprendente, como todos los de Kevin Sun (incluyendo también sus otros proyectos, como Earprint, donde le escuché por primera vez), porque (Un)seaworthy es un álbum pasional, valiente y abierto a nuevas emociones en cada escucha.

Foto de Jessica Carlton-Thomas

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JAZZ DESDE AGUAS INTERNACIONALES

EMILIO SOLLA TANGO JAZZ ORCHESTRA,
Puertos: Music from International Waters (Avantango, 2019)

Estos días está tocando en España el pianista argentino Emilio Solla, ganador hace unas semanas del Grammy Latino al Mejor Álbum de Jazz con su Tango Jazz Orchestra, compitiendo con nominados como Chick Corea, David Sánchez, Afro Peruvian Jazz Orchestra y Miguel Zenón. Solla no es solo un heredero de la fusión étnica iniciada por Piazzolla sino que lleva años desarrollando una investigación personal en las fronteras de aguas tan internacionales como el jazz, el tango, la fusión... a través de múltiples proyectos en España y Nueva York (Emilio Solla & The Tango Jazz Insiders, donde estaban Chris Cheek, Juanjo Mosalini, Edward Perez y David Xirgu; Tributango, NY Tango Project, Jazz Sinfonica + Edmar Castañeda...). 

Su disco ganador, Puertos, es una metáfora de las migraciones de la música, con tintes autobiográficos de un músico afincado en Nueva York, donde ha acompañado a gigantes de la talla de Paquito D'Rivera, Wynton Marsalis... Y lo ha compuesto a ritmo de tango, jazz, con la potencia de una big band y con invitados tan especiales como Arturo O'Farrill (en "LLegará, llegará, llegará").

El resultado es una mezcla de influencias que fluye de una manera sorprendentemente (o no tan sorprendentemente) natural. Cada tema está está escrito en honor a un puerto que ha sido fundamental en el desarrollo del jazz y del tango o de la música de Solla: La Habana, Montevideo, Benguela, Buenos Aires, Nueva York, Cartagena, Cádiz y Nueva Orleans.

Esta semana está en Canarias para inaugurar el IV Festival Internacional El mundo en un piano junto a los pianistas Federico Lechner y Constanza Lechner.

Y un vídeo más, en homenaje al fallecido Lee Konitz, la noche que tocó con la Tango Jazz Orchestra de Emilio Solla en el Dizzy's de Nueva York el 22 de octubre de 2018. ¡Fascinante cómo el tema nace y crece con estos músicos!


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* Más info: www.emiliosolla.com 

PUNTO SIN RETORNO

MICHAEL THOMAS, Event Horizon (Giant Steps Arts, 2020)

En la terminología astronómica, horizonte de sucesos (event horizon) es un punto sin retorno. Esto es lo que debe suponer este segundo álbum para el joven Michael Thomas, un saxofonista que ha participado en más de 30 grabaciones (incluyendo a músicos tan imporantes como Miguel Zenón, Brad Meldhau, Nicholas Payton...) y que ha coliderado la Terraza Big Band junto al bajista Edward Perez, donde explora en las fronteras del jazz moderno con infuencias latinas. Con esta gran ensemble fue nominado a los Grammy.

En esta ocasión, ha tenido la oportunidad de grabar con Giant Steps Arts, el sello de Jimmy Katz que, como comentamos siempre, es un sello altruista que proporciona a los músicos espacio donde tocar y grabar un disco doble en directo y ejemplares para promoción. Una política encomiable en los tiempos que corren. Y en este álbum en directo, grabado en la neoyorquina Jazz Gallery los días 14 y 15 de agosto de 2019, está acompañado por un cuarteto en el que figuran el trompetista Jason Palmer, Hans Glawischnig al bajo y Johnathan Blake en la batería.

Michael Thomas

Con un estilo muy personal en el saxo, sin florituras, con un sonido crudo y, en ocasiones, rabioso ("Chant"),  construye con su cuarteto un bop moderno, de sonido directo y natural, con el que Michael Thomas reivindica la re-humanización de la música dando espacio a cada artista para la creación y la individualidad. En mi humilde opinión, esta filosofía es la que ha hecho desde el principio de los siglos que el arte conecte con lo más profundo del alma humana. Esto, aplicado a la música, alcanza una intensidad enorme.

Foto: Jimmy Katz

En directo, toda esta filosofía suena más visceral de lo que acostumbran a sonar las grabaciones actuales y proporciona al oyente esa reflexión sobre cómo la tecnología impacta en nuestra vida diaria, no tanto en la utilidad o inutilidad de la tecnología de consumo, como en el efecto colateral de distanciamiento social y cultural, que la música rompe.


Los solos y la dinámica que existe entre los distintos instrumentos ofrecen esa experiencia directa. No vamos a hablar de Jason Palmer, al que siempre llenamos de alabanzas, pero su papel y el de la sección rítmica empastan de una manera muy orgánica con el sonido de Thomas y hacen de este disco una experiencia casi-en-vivo del concierto en el que se grabó. Muy recomendable.

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* Web oficial: www.michaelthomasjazz.com

ARTE ROBADO

JASON PALMER, The Concert: 12 Musings for Isabella 
(Giant Step Arts, 2020)

Según cuenta el trompetista Jason Palmer en el libreto de su último álbum, durante su estancia en el Conservatorio de Nueva Inglaterra en Boston, asistió a un concierto del Thelonious Monk Institute en el museo Isabella Stewart Gardner. De aquel concierto han pasado 20 años y guarda un recuerdo muy particular: una serie de cuadros de los que el museo solo mostraba sus marcos vacíos. Detrás de esto había una historia, la de un robo que era, además, un atentado contra el arte. Dos ladrones habían entrado en 1990 en el museo disfrazados de policías y habían sustraído 13 obras de arte de Degas, Vermeer, Rembrandt... Cuando surgió la oportunidad de grabar este disco, Palmer puso sobre el atril doce composiciones, doce reflexiones (como reza el título) inspiradas en esas obras, su belleza, sus historias... Así, Palmer "devuelve" las obras robadas al lugar donde deben estar, en la mente del espectador, donde sus melodías y sus armonías crean imágenes concretas y perdurables.

Jason Palmer sigue avanzando de una manera prolífica por la senda innovadora y personal que abrió en 2008 con Songbook, publicado por la española Ayva Music. De su penúltimo trabajo (Rhyme and Reason) hablamos aquí hace unos meses y aún seguimos escuchándolo. En este nuevo episodio de su discografía, nos presenta un concierto en doble CD con doce temas que ahondan en su propio estilo. Su bop del siglo XXI se sostiene en esta ocasión con sus composiciones y con un equipo impecable: Mart Turner (saxofón tenor), Joel Ross (vibráfono), Edward Perez (bajo) y Kendrick Scott (batería), un quinteto típico de hardbop, con trompeta y saxo, y con vibráfono en lugar de piano, un instrumento que aporta una base rítmica o melódica (según el momento) movediza, aportando un punto salvaje a esa manera de Palmer de reinterpretar el hardbop.

Foto: Jimmy Katz
The Concert: 12 Musings for Isabella se grabó en vivo, en el Hotel InterContinental Barclay de Nueva York en dos sesiones en mayo de 2019 y sale a la venta este 18 de marzo. Como en su disco anterior, los temas tienen una extensión considerable, entre 8 y 15 minutos cada uno, sobrepasando los 10 minutos 8 de ellos, temas enormes donde los solos fluyen sin prisas. Esta laxitud aparentemente anticomercial deja mucho, mucho espacio a los músicos para sus improvisaciones y añade un extra de libertad a su jazz.

En su blog, el mismo Palmer nos explica cómo traslada esa inspiración a la partitura. Nos explica, por ejemplo, como una de las obras robadas (un gu chino con forma de campana o trompeta) le llevó a crear una melodía que buscaba lo folklórico, lo rancio, en la escala pentatónica de la trompeta para darle un aire melódico chino. O como quiso plasmar el río en la pintura Paisaje con obelisco de Flinck con una introducción fluida y una coda con rubato. La simetría en el rostro de Rembrandt en uno de sus autorretratos, llevó a Palmer a "Miyako", un tema de Wayne Shorter simétricamente armónico, en el que se inspiró para escribir un contrafacto ("Self Portrait (Rembrandt)"). Tres jinetes de Degas le dio la idea para un ritmo de 6/4 con una melodía dividida en frases de 3 compases (uno por cada jinete). O como la pintura de Rembrandt Una mujer y un hombre de negro le sugirió una melodía solo con las notas de la teclas negras del piano. Curiosidades de la inspiración. Interesante lo escuchen como lo escuchen.

No es una banda sonora, no es música descriptiva, pero la desbordante imaginación de Jason Palmer como compositor y de todo el equipo a la hora de improvisar, ofrecen motivos musicales suficientemente elocuentes para entender (o imaginar) la historia detrás de cada pintura. Lo recomendable, por supuesto, es escuchar la música al tiempo que contemplan las otras obras de arte, las robadas.


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* Jason Palmer: www.jasonpalmermusic.com

* Más sobre las obras robadas aquí:
   https://www.wbur.org/lastseen/2018/09/15/program-for-an-artistic-soiree

* Giant Steps Arts: www.giantsteparts.org     
[Giant Steps Arts es una fundación creada por el fotógrafo Jimmy Katz y su mujer Dena, una organización sin ánimo de lucro destinada a promover el nuevo jazz. No venden discos, afirman al explicar su filosofía, sino que ofrecen a los músicos facilidades para grabar sin limitaciones ni de espacio ni de creatividad (los discos que hemos escuchado eran todos dobles) y facilitan al músico una buena cantidad de CD's para su promoción.]

EL SOSTÉN DE LA MEMORIA

KEVIN SUN, The Sustain of Memory (Endectomorph, 2019)

Al saxofonista Kevin Sun le conocimos como integrante de una formación avant-gard llamada Earprint, donde, en sus propias palabras, buscaba "escribir música difícil". Aquí viene como líder, presentando  un doble álbum publicado por el sello puntero Endectomorph Music que contiene tres suites. En ellas, los músicos se alternan en distintas formaciones: The Middle of Tensions en cuarteto, Circle, Line a trío y The Rigors of Love en quinteto; tres suites que nos muestran a un compositor inquieto y sin prejuicios que juega a deconstruir ritmos y a buscar la expresión en melodías complicadas, sin que ello le prive de encontrar cierta perfección y belleza en la atonalidad, esa rara belleza de lo inusual que tiene el jazz moderno.

Estas tres suites, grabadas Brooklyn y Mount Vernon, cuentan con un puñado de músicos jóvenes y con capacidad de improvisación radicados en Nueva York: Adam O'Farrill (trompeta), Dana Saul (piano), los bajistas Walter Stinson y Simón Willson, y los bateristas Matt Honor y Dayeon Seok, además del propio Kevin Sun, que hace las veces de compositor y que (junto al piano en dos de las suites) co-lidera el proyecto tocando el clarinete y el saxo tenor.

De esa belleza inusual de la que hablábamos encontramos un buen ejemplo en la quietud del tema con que concluye la primera suite ("The Middle of Tensions VI"), donde, sobre una base rítmica que detiene el tiempo, piano y saxofón apenas desgranan una melodía que solo podemos intuir. Dentro de la complejidad de la suite, la versatilidad armónica de Dana Saul aporta color y diversidad a los distintos temas de la suite. Una revisión del cuarteto clásico de saxo y piano que merece la pena una escucha.

A trío (Sun, Stinson y Honor) la suite Circle, Line busca sus mensajes en piezas más breves, en ritmos sincopados, repeticiones y momentos de swing desestructurado. Para mí, la suite más recomendable de las tres que componen este trabajo. 

La última, a quinteto, es quizás más compleja armónicamente, con momentos más cercanos al mainstream y otros muy especulativos y ciertamente originales. Quizás la más fácil de escuchar (en ciertos pasajes). Sin embargo, a lo largo de sus tres extensos movimientos (suman 48 minutos), podemos escuchar al grupo explorando las posibilidades tímbricas de sus instrumentos desde una óptica ellingtoniana en la que buscan la vanguardia y la originalidad desde su sonoridad natural, sin más artificios que los necesarios para establecer las fronteras que el compositor quiere imponer. "The Rigors of Love II" tiene ciertas reminiscencias mingusianas pero heredadas, a su vez, de Duke.  


Puede que no quede nada de la negritud de Nueva Orleáns en el jazz que hace Kevin Sun, pero domina ese factor tan importante como es la improvisación y el inconformismo, buscando más allá de las fronteras del jazz su propio sonido inventando, jugando... Sobre jugar, aparece en la carpeta del disco un texto muy interesante de Andrew Katzenstein, que cita a la inglesa Penelope Fitzgerald a propósito del juego y la niñez:

La ambición de todos los niños es que sus juegos se tomen en serio.

Si esto es un juego (y el jazz debe serlo para que sea excitante), hay que tomarlo en serio, del mismo modo que en todos los juegos hay que conocer sus reglas pero, si algo tienen de especial los niños, es que son capaces de inventar, de crear sus propios juegos y sus propias reglas, y Kevin Sun las reinventa en cada tema. Esto es lo que hace al jazz interesante. Y, pieza a pieza, fragmento a fragmento, estas tres suites conforman un mosaico minimalista que merece la pena ser paladeado poco a poco pero, en conjunto, suman un total abrumador.

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* Más info: www.thekevinsun.com

* En Bandcamp: https://thekevinsun.bandcamp.com/album/the-sustain-of-memory

COMO UNA PELÍCULA

PETER NELSON, Ash, Dust and the Chalkboard Cinema (Outside in Music, 2018)

Con una intro emotiva en la que escuchamos trombón, un misterioso vibráfono y la voz sin palabras de Alexa Barchini, comienza el nuevo álbum de Peter Nelson, un trombonista afincado en Nueva York que trata de contar una historia en sus composiciones, una trama de superación, como en las buenas películas. Y lo hace a trío, cuarteto y septeto en un disco que se escucha con facilidad y se entiende con emoción.


Gusta descubrir un instrumentista así, con ese fraseo muy rápido y ágil, complicado en un instrumento como el trombón, elocuente, con un gran sentido del swing moderno y un don natural para la expresividad sin estridencias. Peter Nelson muestra una tendencia orgánica a atemperar los ritmos y centrarse en un tono melancólico, muy en la línea mainstream actual. En algunos momentos, el combo suena armónicamente como una pequeña big band moderna. "Behind My Kind Eyes (Thank You) podría ser un buen ejemplo, aunque no el único en el álbum, para evidenciar el vínculo de la música de Nelson con la tradición del jazz de Nueva York, sin que por ello deje de parecer moderno, original. Este es, quizás, el tema más vital y estimulante del disco, en especial en sus solos.

Natural de Lansing (Michigan), Nelson reside en Brooklyn, donde ha compartido escenario con luminarias como Orrin Evans o el baterista Matt Wilson, Este no es su primer álbum como líder. Su disco anterior se puede escuchar en spotify y en su web, pero sirva como referencia que ha tocado y grabado con muchos músicos (Verve Pipe, Rodney Whitaker, The Captain Black Big Band, Jamie Cullum, The Hudson Horns, Marianne Solivan, Dan Pugach...). Sin embargo, la verdadera historia de este músico comienza cuando, viendo cumplido su sueño de compartir escenario con los grandes de los clubs neoyorquinos, empieza a sufrir distintas patologías que afectan a los músicos, como hiperventilación crónica, dificultad para respirar hondo, dolor en los brazos y lumbalgia. Incluso un acusado signo de Chvostek; herencia de malas posturas y hábitos heredados de sus maestros. Porque enseñar música no es sólo enseñar a tocar. Una educación postural, respiratoria y técnica le habrían evitado todos estos males. Tras pasar por médicos y fisioterapeutas, parece que su expresividad vuelve a estar en forma y lo demuesta grabando este disco basado en sus experiencias personales.

Ahí está su personal forma de componer, ese jazz fácil de escuchar pero intenso rítmicamente, con interludios dramáticos que tienen hacia lo atonal o muy cinematográficos, como "Cyclical Maze (Round and Round We Go)", un emotivo tema a tempo medio que termina con un diálogo lleno de matices que el trombón mantiene al final del tema con la trompeta (Josh Lawrence), el saxo alto (Haily Niswanger) y el uno de mis instrumentos favoritos, el clarinete bajo (Yuma Uesaka), que aquí convierten el cuarteto en septeto. Su expresividad es más patente en los tiempos lentos (siempre lo más complicados). En el precioso "Peace, a Moment (You're Enough)", Nelson lleva el peso de la melodía acompañado solo por el contrabajo (Raviv Markovitz), con el sutil y casi etéreo apoyo de la percusión (Itay Morchi)

Dentro de este trío-cuarteto-septeto multinacional y multicultural formado en Nueva York, merece una mención especial para la participación del pianista Willerm Delisfort, que suena brutal en "State of Fear (That Lonely Nightmare)" con un swing demoledor, y de la vibrafonista Nikara Warren, nieta de Kenny Barron.

Como si de una película se tratara, las composiciones, con un gran sentido dramático, van descomponiendo y regenerando su jazz con sus argumentos armónicos y rítmicos de una manera narrativa, que comunica emocionalmente con el oyente...


...hasta un final que no deberíamos desvelar para no hacer spoiler (los títulos de los temas actúan a modo de subtítulos, con elocuentes nombres que narran la evolución del estado de ánimo que acompaña a la enfermedad), pero como esto es una crítica y no es cine, hay que decir que, como toda patología, el setlist tiene episodios de crisis, tensos como una pesadilla, y el hecho de que el desenlace nos devuelva al principio del álbum no deja de ser uno de esos finales abiertos y con incógnita. Vuelve el trío del principio: trombón, vibráfono y voz sin palabras. El título (algo así como "el final es una oración desperdiciada") deja una sensación amarga.

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* Web oficial: www.peternelsonmusic.com

HERENCIA Y ESENCIA

MARÍA TORO, A contraluz (Jazz Activist, 2017)

Flamenco de raíz, narrado con una alternancia que parece natural entre ritmos de jazz o paseando por los distintos palos, una energía y una capacidad improvisadora que arrastra y un gran sentido del ritmo. Estas son algunas de las características que definen el trabajo de la flautista María Toro, un álbum grabado en Nueva York con una fusión de músicos y música que aúna los conceptos del jazz moderno con la alegría tímbrica del flamenco.

Acompañada de Jean-Michel Pilc al piano, Yelsy Heredia o Ben Street al contrabjo, Justin Brown e Israel Varela en la batería, Andreas Arnold a la guitarra flamenca y bouzouki, y Auxi Fernández a las palmas, el disco presenta siete composiciones originales escritas desde el sentir flamenco y que se desarrollan en la improvisación (la jazzística y la flamenca).


Compuestos a lo largo del tiempo, mientras alternaba giras con estancias en Río de Janeiro o Nueva York, los temas destilan influencias tan variadas que la etiqueta flamenco se vuelve tan mestiza como la misma esencia del jazz. En Río conoció a músicos como Toninho Horta, Guinga o Hermeto Pascoal; en Nueva York, tocó junto a Richard Bona o Jack DeJohnette, entre otros, que no es poco.

Sin olvidar (ni poder obviar) la influencia del "otro" flautista del jazz flamenco, Jorge Pardo (esa esencia áraba-andaluza de "A Contraluz", el tema que da título al álbum), encontramos sonidos de aquí y allá, mezclados con libertad y naturalidad, aires latinos ("Babel", "Te miré"), alguna herencia del rock progresivo, que, a su vez, lo heredó del folk ("Por el reloj") o puro flamenco ("Gitano") 

Hace mucho que se viene hablando una y otra vez de "nuevos aires en el flamenco", una expresión que casi comienza a carecer de sentido. El flamenco, como el jazz, es una música viva, sobran las comparaciones. De hecho, desde que en los años 80, en plena Movida Madrileña, Nuevos Medios comenzó a editar discos que llamó "nuevos flamencos", la música de raíz ha tenido más impacto entre los modernos que entre los puristas, y lo cierto es que no son pocas las casas de jazz que publican flamenco, jazz flamenco o alguna fusión relacionada, como es el caso de Karonte, Youkali, Legacy... o, en el caso de María Toro, Jazz Activist, que ha hecho posible que vea la luz esta grabación realizada en Nueva York en 2013, lo cual es de agradecer porque María Toro es de esas instrumentistas que escuchas y lamentas no haber descubierto antes.

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* Web: www.mariatoro.net

GUITAR JAZZ FOR A ROAD MOVIE

JIM YANDA TRÍO, Regional Cookin' + Home Road

Dos discos del guitarrista Jim Yanda irrumpen sin avisar en mi discoteca. Es un jazz híbrido (adjetivo redundante pues todo el jazz es hijo de la combinación cultural) y reconfortante. Tanto en las baladas como en los ritmos más vivos, Yanda se muestra virtuoso y fronterizo. En otra faceta de su carrera, forma parte del grupo Free Country, que mezcla jazz, country y bluegrass. Lo llaman jazz-grass. No es la definición de la música de Yanda pero algo de eso está aquí.

Una de las cosas que más me gusta del jazz es el descubrimiento. Nunca faltan los nuevos músicos. Encontrar un instrumentista con voz propia o un combo con un sonido especial es como descubrir la piedra filosofal. De repente, el jazz tiene sentido y el amor por la música sube de tono. Pero cuando te presentan a un nuevo músico y  descubres que acaba de sacar 2 álbumes (uno de ellos doble) al mismo tiempo, es como si te hicieran un regalo.

Photo by Arthur Cohen
Jim Yanda, guitarrista establecido en Nueva York, publica estos días dos trabajos en el sello Corner Store Jazz. El primero de ellos es una grabación de 1987 que ve la luz ahora, un álbum titulado Regional Cookin'; el segundo, un doble álbum titulado Home Road. La coincidencia de ambos trabajos permite estudiar la evolución de un interesante músico a lo largo de los 30 años de su carrera, ya que ambos trabajos tienen la misma formación: Drew Gress al bajo y Phil Haynes en la batería. Aunque Yanda manifiesta cierta animadversión hacia su primer trabajo ("Mi error inicial fue medir la creatividad a partir de cierta idealización que tenía en mente", dice en las notas del álbum) se nota que el trío y las composiciones se muestran fieles a los principios que los unieron, a pesar de los años.

La evolución es evidente: el disco de 1987 es más eléctrico y su inicio con "Nu's Theme" parece la locura de un Bird a la guitarra, tanto que no hay otra manera de terminar el tema salvo con un fade out al estilo Van Gelder, mientras que Home Road es más sereno, más virtuoso y elegante, empezando por el tema inicial ("My Ship" de Kurt Weill) y concretándose, por ejemplo, en baladas como "Sundog", que tienen una elegancia avant garde, casi europea. A pesar de ello, se percibe una filosofía que no cambia: mucho interplay entre los músicos, con una sección de ritmo que nunca se queda en segundo plano, lo que da una dimensión más viva a toda la música, y una dosificación de las emociones que nos enreda en momentos serenos (un "Round Midnight" casi brasileiro) y mucho swing apuntando a raíces folk ("In Source", "Country Mother", "Earth Way"), una especie de paseo por la frontera que caracteriza la música de Yanda.

La edición simultánea supone (para Yanda y para los aficionados a la guitarra de jazz) una forma de celebrar treinta años de carrera. Temas nostálgicos, swing con tonalidades folk... Podría ser la banda sonora de una road movie americana, un viaje emocional con momentos líricos ("Home Road") y un final feliz ("Blulious"), una película rodada entre Iowa y Nueva Orleáns y con final en Nueva York, por supuesto.



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* Web oficial: www.jimyanda.com

** Fotografía de Arthur Cohen.



FRACTURED POP

Jazz rock, química y simbiosis

El título es engañoso. El disco (CD/DVD) del guitarrista neoyorquino Chris Jentsch no tiene nada de pop en el sentido musical de la palabra pero quizás sí en el sentido cultural. Guitarra en mano, Jentsch aporta sonidos rock a unas partituras con esquemas de big band o, en este caso, de cuarteto. Así, nos llegan ecos de Zappa o de Pink Floyd cuidadosamente acoplados a un jazz clásico,con swing.

Fractured Pop (Fleur de Son, 2017) es el cuarto álbum como líder de Jentsch, una grabación que ve la luz ahora pero que se realizó en 2009 con Matt Renzi en el saxo, Jim Whitney al contrabajo y John Mettam a la batería. En realidad, su Group tiene varios formatos y tamaños. Aquí, en cuarteto, revisa algunas de las composiciones que ya tocó con su big band (Jentsch Group Large) o su noneto (Jentsch Group No Net), quizás con mayor frescura por la aportación de la guitarra y el hecho de que el combo pequeño deja más espacio a los músicos.


El disco es heterogéneo, quizás por recuperar composiciones anteriores de Jentsch, con temas de un groove seductor ("Follow That Cab", de su Brooklyn Suite) y otros más íntimos, como la etérea "Radio Silence". Ciertamente, aplica conceptos muy modernos, avant-garde, sobre estructuras clásicas y no nos gustaría clasificarlo como jazz-rock porque el resto del combo no hace rock y porque en algunos pasajes Jentsch nos recuerda a Wes Montgomery, pero el oyente no podrá escapar a momentos rockeros que se intuyen en los efectos de distorsión en las guitarras de "Route 666" (reciclado de su Cycles Suite) o "Meeting at Surrat's", mientras que la intro de "Fractured Pop" o los rasgueos de "Old Folks Song" recuerdan a David Gilmour, como un contrapunto de cultura pop que se introduce en el jazz como un guiño.


Quizás "Fractured Pop" no sea el tema más jazzístico del álbum pero, como se puede escuchar, Jentsch camina al borde de la etiqueta jazz rock, concitando ideas dispares como los riffs de guitarra y el swing colectivo. Su rasgueo en la intro no suena a jazz pero la manera en que la guitarra canta al unísono con el saxo es muy jazzística. Por otro lado, se acerca al rock progresivo con las notas sostenidas de "Imagining the Mirror" o el empleo de ruidos no musicales en "Cycle of Life", por ejemplo, con sus pasajes cambiantes, unos impresionistas y otros descaradamente free; por no citar los 7:42 minutos de grillos y otros bichos nocturnos que componen la partitura completa de "Old Folks Postlude". Más interesante es la manera en que ilustra "Follow That Cab" con fraseos onomatopéyicos de saxo para acercarnos al sonido del tráfico en Nueva York, algo parecido a lo que ya escuchamos en la versión que hizo Mingus de "A Foggy Day" en su Pithecanthropus Erectus (Atlantic, 1956). 

Por destacar un tema, habría que destacar ciertos momentos en "Are You Bye?", un contrafact de "Bye Bye Blackbird" (Henderson/Dixon), en el que el contrabajo y las escobillas crean un swing fluido y convincente, a tempo medio, con un juego de respuesta y llamada entre saxo y guitarra realmente orgánico que demuestra que, aunque en ciertos momentos Jentsch puede parecer un guitarrista de rock que escribe jazz, sus rasgueos en las seis cuerdas resultan tan coherentes y el combo tan jazzístico, que escapa a las etiquetas. 

El DVD incluye cuatro temas en directo en el estudio, dos tomas alternativas, partituras, los temas del álbum en audio de alta definición y una versión de big band del tema "Are You Bye?".
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Web oficial: chrisjentsch.com



JAZZ Y POESÍA... CADA DÍA

Recabarren/Menares/Vázquez, Desde la lluvia (CHT, 2017)

Hay dos factores que podrían definir el álbum que estoy escuchando. En primer lugar, la belleza de los temas, lo que demuestra que hacer jazz moderno, arriesgado y, por momentos, libre, no significa renunciar a ella. El segundo factor es la pulsión de ritmos étnicos no asociados aún al jazz, ritmos que laten en algunos momentos subrepticios y en otros, explícitos. Al fin y al cabo, el jazz no es sino una mezcla de culturas.


Desde la lluvia, editado por la chilena CHT Müsik, es el nuevo trabajo de una sección rítmica que ya conocíamos como Beekman Collective. El pianista gallego Yago Vázquez, el contrabajista Pablo Menares y el baterista Rodrigo Recabarren, estos dos últimos chilenos, conformaron la simiente, el núcleo duro de Beekman (nombre tomado de una calle de Brooklyn donde está el apartamento en el que suelen reunirse para tocar y ver fútbol) y, ahora, sin el saxofonista Kyle Nasser, vuelven a ser ese trío de piano que busca una nueva forma de hacer jazz.

El disco comienza con una balada, una composición preciosista pero muy libre, donde el piano juega y el contrabajo parece cantar en los compases que protagoniza. Es un solo inusual y muy lírico, algo a lo que nos están acostumbrando algunos bajistas. El título es "Prólogo" y presenta el disco como un libro, con una narrativa que nos lleva por diversos temas y un "Interludio" hasta un final igualmente bello (un reprise o unas variaciones de "Prólogo" con el título lógico de "Epílogo"), pasando por diversos estadios que incluyen un poema de Lorca.


Como suele ocurrir a los músicos exiliados (especialmente a los exiliados por motivos musicales), el trío se debate entre las raíces y la influencia del nuevo escenario (la ciudad de los rascacielos). El uso de ritmos étnicos chilenos ("Yapa", "Tahiel") es una llamada a las raíces, pero el enfoque del disco es muy urbano. El espíritu de Nueva York está presente en el estilo, con influencias de tríos de piano modernos no precisamente neoyorquinos (como Brad Mehldau o EST) y musicalizar el poema de García Lorca que aparece en el álbum ("Ciudad sin sueño"), tomado de Poeta en Nueva York, parece que era casi obligatorio. "Ciudad sin sueño" es, además, un tema espectacular en su concepto, con un trío que acompaña a la voz que recita el poema de una manera muy orgánica: respondiendo al rapsoda en su propio tono. La voz recita y los tres instrumentos tocan al unísono esa misma melodía de la voz, no una escrita especialmente sino la entonación de la voz humana moldeada por la métrica libre de los versos. Cuando el poema termina, el tema se desarrolla a partir de esta base.


Voy a destacar un tema por su lirismo: "Desde la lluvia", una composición de Menares que comienza con Vázquez jugando con las notas más altas del piano. Suenan como gotas de lluvia. Lo mismo hace Recabarren con las escobillas. Es un tema que crece en intensidad a medida que discurre, hasta un punto de tensión que termina abajo, con el mismo minimalismo expresionista que empezó. Jazz como poesía. Aprovechamos para cerrar esta reseña con una cita de Juan Ramón Jiménez, su máxima de Amor y poesía cada día.

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* El disco se puede escuchar (y descargar) en la web de Rodrigo Recabarren:

YELLOW RED BLUE

Jasmine Lovell-Smith's Towering Poppies

Jasmine Lovell-Smith es una saxofonista nacida en Nueva Zelanda que reside en Morelia (México), se formó en Conneticut con Anthony Braxton y tiene un quinteto en Nueva York. Con este bagaje cosmopolita a sus espaldas, Lovel-Smith se nos presenta como una compositora de mirada original, que hace un jazz de cámara moderno y complejo para una serie de grupos (los neoyorquinos LOADBANG o May Cheung, los mejicanos Inserte Nombre o la New Zealand Youth Jazz Orchestra) además de su propio quinteto (residente en Nueva York), llamado Towering Poppies, que ahora edita su segundo álbum, titulado Yellow Red Blue.

Towering Poppies
Lo primero que sorprende de este álbum es su complejidad, tanto armónica como de influencias. Debe ser esto lo que algunos críticos sesudos llaman Nuevo Jazz y yo llamo simplemente jazz con vocación lírica, abierto a sonidos no negros. Dejando atrás el primer tema ("The Pillow Book"), que semeja lejanamente a un hardbop evolucionado, el resto del álbum es de una lírica indudable, presente en todas las composiciones, que se suceden como si el álbum fuera una suite. Las polifonías entre los instrumentos son muy interesantes y nuevas para un oyente de jazz, a la vez que suenan espontáneas como si de un disco en directo se tratara.
 
El soprano es un saxo que a mí, en particular, me ha dado siempre una sensación de fluidez, de alegría. Sin embargo, en las partituras de Jasmine Lovell-Smith, el soprano tiene una textura nueva y visceral ("Wonter Winderland", "Familia"), y el poder de transmitir una nostalgia por unos paisajes que imaginamos y no conocemos, que nos hacen mirar la portada del álbum preguntándonos a dónde pertenecen esas imponentes amapolas que dan título al álbum. En este sentido, destaca la evocadora "Yellow Red Blue", un poema a tempo lento que podría ser la banda sonora de un viaje (interior o real), con reminiscencias folk (no sólo americanas), que obliga al oyente a realizar una introversión necesaria. Cuando, además, la voz del soprano se une a la del clarinete, se oyen texturas únicas. En su primer álbum, Fortune Songs, el saxo "cantaba" con la trompeta, en lugar de con el clarinete bajo; pero de aquel combo sólo quedan Lovell-Smith y el pianista Cat Toren, aunque el espíritu y el sonido siguen siendo, por suerte, los mismos.


Los músicos que acompañan a Jasmine Lovell-Smith son Josh Sinton (clarinete bajo), el canadiense Cat Toren (piano), Adam Hopkins (bajo) y Kate Gentile (batería). A sus dotes individuales, improvisatorias y colectivas, se une en varios temas el cuarteto mejicano La Matraca con sus violines, viola y chelo, aportando, si cabe, mayor complejidad y profundidad a las composiciones. 
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* Web oficial: www.jasminelovellsmith.com





MÁS BOP, POR FAVOR

SEBASTIÁN CHAMES, Pick Up The Phone (Youkali, 2015)
Hacía tiempo que necesitaba un disco así, con un sonido hardbop limpio y un ritmo persuasivo que me devolviera la fe en que se sigue haciendo buen jazz. Sebastián Chames, pianista argentino que se formó en clásica en España y en jazz en Nueva York (con maestros como Fred Hersch, Barry Harris, Rodney Kendrick...), nos propone en su tercer álbum un jazz imaginativo, contagioso, muy neoyorquino, moderno pero fuertemente anclado en la tradición.
Chames es un líder de mente sana y comparte protagonismo con los instrumentos de viento, por lo que un oyente despistado podría no darse cuenta de que estamos ante el disco de un pianista sino en el de un quinteto; eso sí, un quinteto muy bien ajustado y donde todos sus elementos, especialemente en las homofonías propias del hardbop, funcionan como piezas de precisa relojería. Quizás el disco contenga momentos en que tanta eficacia y tanta compenetración transmita una sensación más mecánica que emocional, pero no deja de ser un efecto del virtuosismo de los músicos y de su homogeneidad.

Cuenta en el quinteto con Jeremy Pelt (colorido, elocuente, cinco veces trompetista del año en Downbeat), el tenor Greg Hardy (muy buen sideman, atemporal), y una efectiva sección rítmica que da solidez a los temas: el contrabajista Gerarld Cannon y el baterista Willie Jones III (Cedar Walton Quintet).

Con músicos con este sentido del ritmo, el álbum fluye por sí solo a través de ocho composiciones originales de Chames y un estándar, partituras que buscan nuevos caminos a través del hardbop. Por destacar alguna, el tema 1 ("Pianist At The Park"), que abandera el disco y que contiene unos buenos solos (piano y trompeta, con una gran intervención de Jeremy Pelt) y una deliciosa y sutil coda que avisa: éste no es un disco de estridencias ni fuegos artificiales sino una propuesta elegante y honrada; "Nice Bop", de inspiración monkiana y un desarrollo interesante y gozoso de escuchar, o el tema que cierra el álbum (la canción sueca "Dear Old Stockholm", que Miles y Coltrane convirtieron en un estándar de jazz) tocado aquí a formato de trío y donde por fin podemos notar la solidez y personalidad de este pianista argentino cuando tiene que llevar todo el peso del tema. Siempre he dicho que el trío de piano es la formación ideal de jazz (como el quinteto lo es del hardbop).




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* Web: sebastianchames.com
** Foto 1: Bogui Jazz ( @boguijazzoficial )
*** Foto 2: Esther Cidoncha, 2015.