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CHARLIE PARKER WAS A ROLLING STONE

A tribute to Charlie Parker with Strings

El baterista de los Rolling Stones, Charlie Watts, mostró su pasión por el jazz en algunos discos de los 80 y los 90. Aparte de las colaboraciones con otros músicos, destaca su homenaje a Charlie Parker en 1992 (poco antes de abandonar a sus Satánicas Majestades) titulado A tribute to Charlie Parker with Strings (Continuum, 1992) y firmado por el Charlie Watts Quintet, que incluía a Peter King (saxo alto), Gerard Presencer (trompeta), Brian Lemon (piano) y David Green (bajo).



El homenaje, en realidad, es continuación del álbum From one Charlie (1991), también firmado por el quinteto y que partía de un libro infantil. Como cuenta el libreto, 30 años antes Charlie Watts era un diseñador gráfico en ciernes que dio en parir unos dibujos y un relato. El libro, titulado Ode to a Flying High Bird, fue publicado en 1964, nunca reeditado (salvo en este boxset que incluye el CD), y en 1991 Charlie Watts reunió a unos músicos para recordar esta historia. De ahí surgió un CD de 28 minutos con composiciones originales de Peter King salvo dos de Bird: "Relaxin' at Camarillo" y "Bluebird". El CD incluía el libro y una reproducción de un dibujo realizado por Watts. El disco se presentó en el Ronnie Scott's de Londres y después en una serie de conciertos en Nueva York. De vuelta al Reino Unido, tocaron en el New Ronnie Scott's de Birmingham. Este concierto es el incluido en A tribute to Charlie Parker with Strings. En el disco se puede oír como el propio Ronnie Scott hace las veces de presentador. La grabación revisa los temas del primer CD compuestos por Peter King y algunas joyas añadidas de Parker: "Dewey's Square" y "Cool blues", para terminar con "Perdido".



Son dos sets. En el primero, en "Terra de pajaro" aparece una sección de cuerda que vuelve en el segundo set como homenaje "with Strings". Uno de los mejores momentos es una versión de "Lover man" cantada por Bernard Fowler (que aparecía en el Future Shock de Herbie Hancock). Fowler también hace de narrador, intercalando pequeñas notas poético-biográficas entre los temas. "Bird was going, going, going... going, until Bird was gone", recita, enlazando con uno de los temas originales de Peter King, el personaje que destaca por encima de todos. Aparte de los arreglos, más que correctos, bop encendido, sonido brillante, está soberbio como solista al saxo. Charlie Watts, por su parte, permanece en la retaguardia (digamos) disfrutando de su invención sin protagonismos.

Bird fue un rolling stone en el sentido salvaje de la palabra, lo que Charlie Watts quiere dejar claro es que él fue un pájaro de cuentas (por usar una expresión castiza) con el que Parker estaría orgulloso de tocar.

No hemos encontrado ningún documento gráfico de esta banda, pero si quieren disfrutar de Charlie Watts en pleno derroche jazzístico quédense a ver este video grabado en Barcelona, en Luz de Gas. Participan los pianistas Axel Zwinbenberger y Ben Waters, y el bajista Dave Green. Woogie boggie!! (Más abajo otro video en París, en 2011, sin Ben Waters).


BILL EVANS FOREVER

BILL EVANS Live At Ronnie Scott's (Resonance, 2020)

El lanzamiento de un disco de Bill Evans es siempre una buena noticia. No nos cansamos de escuchar sus sesiones, que siempre aportan algo nuevo al oyente atento porque, aunque comentaba siempre que "la música hay que sentirla, no pensarla", cuando leímos su biografía nos dimos cuenta de que siempre estaba investigando las partituras desde muchas ópticas en busca, siempre, de algo nuevo. Y algo nuevo es este concierto grabado en el Ronnie Scott's de Londres en julio de 1968 que aparece ahora, como un milagro, de entre los archivos de Jack DeJohnette. Lo publica Resonance Records en CD, digital y también en una interesante edición en LP doble. 


La grabación, recuperada del olvido, tiene todos los defectos de una grabación en directo, con sus ruidos de fondo, su público y sus fallos. No obstante, hay un posterior y brillante trabajo de masterización a cargo de George Kablin y Frank Gala que nos permite apreciar, sobre todo, el color en los instrumentos a pesar de haber sido grabado con un pobre equipo hace más de 50 años.


Siempre vale la pena escuchar una grabación de Bill Evans, sobre todo si ha sido grabada en directo. Cuando uno escucha tocar a Bill Evans, puede escuchar cómo piensa, cómo discurre, analiza e improvisa. Pensando en esto, recuerdo que siempre me ha sorprendido su actitud contradictoria respecto al jazz. Afirmaba una y otra vez que le sacaba de quicio "que la gente quiera analizar el jazz como si fuera un teorema intelectual. No lo es. Es sentimiento”, decía. Sin embargo, en su discografía se aprecia su investigación personal sobre armonías, sobre compositores clásicos, que le llevaba continuamente a teorizar sobre su propia música, aparentemente ajeno a ese "sentimiento". Lo explica muy bien Peter Pettinger en su biografía de Evans titulada My Heart Sings (publicada en España como Vida y música de Bill Evans), de la que hablé en cierta ocasión.

La fuerte personalidad de DeJohnette y los solos de Eddie Gomez marcan una diferencia fundamental en este trío efímero que apenas duró seis meses de 1968 porque, durante esta estancia en el Ronnie Scott's, apareció Miles Davis, "descubrió" a DeJohnette y lo fichó para su banda. Evans lo sustituiría por Marty Morell a finales de ese año. Sin embargo, el trío Evans-Gomez-DeJohnette ganaría un Grammy por Bill Evans at the Montreux Jazz Festival, que los tres grabaron para Verve dos meses antes de la sesión de la que hoy hablamos. 

Resonance Records pertenece a la Rising Stars Jazz Foundation, una entidad sin ánimo de lucro destinada a descubrir nuevos músicos. No es la primera vez que Resonance publica un inédito de Bill Evans. Antes publicó otras grabaciones del trío, tanto con DeJohnette como con Marty Morell a la batería. De ahí que este álbum no solo nos devuelva un momento de Bill Evans en el escenario sino que nos hace preguntarnos: ¿Cuánto Bill Evans hay más por sacar a la luz? Bill Evans forever.


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* Más info: https://resonancerecords.org/artists/bill-evans/

* Fotos: François Jacquenod para GM Press. 

11 DE MARZO

Bueno, es mi cumpleaños

No es una gran fecha, no cumplo una cifra redonda ni estoy en el mejor momento de mi vida, pero se me antojaba regalarme una entrada. Nunca seré músico de jazz, puede que ni consiga dominar ningún instrumento (se me ha pasado la edad para ser rising star ;-p ) ni consiga llegar a aprendiz de Nat Hentoff o Leonard Feather. Quizás sólo aspire a que alguna referencia cruzada en mis relatos o en mis novelas recuerde vagamente a los deslices melómanos de Cortázar... Pero puedo dedicarme una pequeño bio. ¿Por qué no?

Nací el año en que Herbie Hancock publicó su Maiden Voyage y Miles Davis grabó su E.S.P., el año en que Ronnie Scott trasladó su club al 47 de Frith Street, doce meses de una época en que los genios se salían (Lee Morgan lanzó Cornbread y The Gigolo mientras que Coltrane hizo un maratón de pasos de gigante grabando los álbumes Ascension, The John Coltrane Quartet Plays, Kulu Se Mama, Transition, Sun Ship, Live in Seattle y, ya en noviembre, Meditations) pero fue un mal año para los pianistas porque murieron Tadd Dameron, Clarence Williams y Nat 'King' Cole. También murió Red Nichols en junio. En el lado contrario de la vida, el 28 de julio nació el menos famoso y el menos Marsalis de los Marsalis, Delfeayo, el trombonista.

En resumen, han llovido muchos discos desde entonces y he pasado de ser un niño gordito y rubito a convertirme en un tipo algo desengañado que intenta que la vida siga sorprendiéndole. Me he alimentado de muchas músicas en este tiempo, pero ninguna como el jazz me ha puesto los pelos de punta. Las 224 entradas de este blog no son suficientes para describir lo que siento. Sigo siendo un aficionado estupefacto ante la enormidad y la universalidad de esta expresión del Arte

Charo, que no entiende el jazz pero me entiende a mí, me ha regalado un giradiscos. El que tenía estuvo un tiempo esperando una aguja nueva y, al final, no sobrevivió a la última mudanza. Ha sido una gran sorpresa, aunque no tan grande como descubrir que no tenía tantos discos de jazz en vinilo como yo pensaba (hay también muchas cosas en cassette, en cajas de cartón pero no olvidadas), lo que no ha sido obstáculo para que ahora esté (re)descubriendo, noche a noche y disco a disco, sonidos que tenía olvidados y que no suenan igual sin las quejas de la aguja caminando por los surcos, el sonido del pasado.