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AH, ESE SONIDO CLÁSICO...

JORGE ROSSY & MICHAEL KANAN, Red on Maroon 
(Underpool, 2025)

Siempre me ha preocupado escuchar juntos el vibráfono y el piano. Bajo mi percepción, son dos instrumentos de percusión armónicos cuyos lenguajes y tímbricas se acercan demasiado. Es cierto que la Historia del Jazz está llena de diálogos entre vibráfono y piano, y son gloriosos en su mayoría, como estos que aparecen en el álbum Red on Marron, firmado por el pianista Michael Kanan y el enorme Jorge Rossy, pianista, percusionista y aquí vibrafonista.

Descubrimos en este álbum a Michael Kanan, un pianista bostoniano que comenzó a tocar jazz con 10 años y que arrastra una carrera longeva y heterogénea. Como solista, ha dirigido su trío desde los años noventa, y ha tocado y grabado con Mark Turner, Kurt Rosenwinkel, Jimmy Scott y Jane Monheit. 

Jorge Rossy (percusionista, pianista, trompetista...y sidemen reclamado por los mejores músicos de la actualidad) tocó por primera vez con Kanan en 1989 y, desde entonces, les une una complicidad que confluye en este álbum "a solas" donde explotan el sonido de sus instrumentos con la sabiduría de la experiencia y con la pasión del trabajo de toda una vida. 

Lo más apasionante del disco es que han escogido solo un tema original (compuesto por Kanan, el que da nombre al álbum) y un repertorio clásico del American Songbook, temas que habrán tocado mil veces y que aquí funcionan con un interplay lleno de naturalidad. Sonidos clásicos en músicos modernos. Kanan, que tiene un cierto poder bop que me recuerda a Tristano (aunque menos salvaje) escribe en las notas del disco: "Esta grabación es el resultado de una conversación musical que dura ya 35 años. [...] Aunque a menudo hemos tomado caminos musicales distintos, a lo largo de los años hemos sido capaces de reunirnos para encontrar un lugar común y hacer que la conversación continuara fluyendo". También afirma que este proyecto a dúo, largamente madurado, entró en el estudio sin ensayos, solo con una lista de canciones que ambos adoran, consultando, siempre que era posible, las partituras originales.

El resultado es esta colección de temas llenos de sentimiento y complicidad, donde dos músicos modernos pero experimentados aúnan ética y estética. Estética que busca la perfección y la conexión con lo tradicional, y ética de un jazz sincero y hecho con esa simbiosis de técnica y alma que hace que el jazz conecte con el oyente. Muy recomendable.

FOTOGRAFÍAS A RITMO DE JAZZ

THE NEW YORK SECOND, Room for Other People (2025)

Hemos hablado muchas veces en Jazz, ese ruido sobre la transversalidad en el arte, sobre discos o libros donde pintura o poesía se alimentaban del jazz y viceversa. Este juego de retroalimentación es el que juega The New York Second, la banda liderada por Harald Walkate, al inspirarse en la fotografía de Vivian Maier para estructurar su nuevo disco. Walkate, pianista y compositor, afirma basar su filosofía creativa en la intención de "expresar lo inexpresable" y construye en este Room for Other People una bellísima música sin palabras para narrar las historias de estas fotografías que hablan con imágenes.

Vivian Maier, apodada "la niñera fotógrafa" o "la fotógrafa callejera" fue una niñera profesional que, entre la década de los 50 y la de los 90 del siglo XX, realizó unas 100.000 fotografías en las que capturó la crudeza y la humanidad de la posguerra en Estados Unidos, aparte de otras fotografías que realizó en Europa. Jamás mostró ni exhibió su trabajo. No tenía formación artística y, sin embargo, sus imágenes tienen una gran calidad, a la vez que resultan conmovedoras. The New York Second se ha inspirado en algunos de estos trabajos gráficos para convertirlos en música, en un jazz igualmente directo y conmovedor que aúna delicadeza y sutiles armonías.


En este quinto álbum, al septeto formado por Harald Walkate (piano), Tom Beek (saxo tenor), Mark Alban Lotz (flautas), Teus Nobel (trompeta), Vincent Veneman (trombón), Lorenzo Buffa (contrabajo) y Max Sergeant (batería) se une el vibrafonista Rob Waring, que aporta atmósferas inesperadas y de gran delicadeza.


Foto: Tom Beek

Walkate ha estado diez años trabajando en este proyecto, leyendo sobre Maier, hablando con fotógrafos, galerías, museos... y seleccionando las diez fotografías que inspiran este álbum, que comienza con "983 Third Avenue", un extenso tema que comienza sugiriendo el movimiento de la ciudad (con ese tren elevado) en un un obstinato del piano, que juega con el vibráfono a confundirse y que resulta una base fantástica para los vientos, improvisaciones a la batería y un final donde la ciudad parece fluir. "Florida 1957" es el retrato de un día cualquiera de ese año, donde un joven afroamericano sonríe como una imagen de la América optimista que acababa de firmar el Acta de los Derechos Civiles. Armonías contemplativas giran sobre sí mismas para no llegar a un solo de piano final que suena esperanzador. "The Collectors Corner" es otro retrato, el de dos niños que representan la inocencia. La melodía sencilla y  el ritmo a medio tempo sugieren la sencillez de la vida a esa edad. En "The Class Photografh" el piano aborda una melodía cantabile, evocadora, que crece con ayuda de la banda. El solo de contrabajo (Buffa) subraya el mensaje. "Room for Other People" es otra melodía afortunada que el piano (y más tarde vibráfono y tormpeta) eleva a un plano emocional. 
"We have to make room for other people. It's a wheel. You get on. You go to the end. And someone else has the same opportunity to go to the end. And so on. And somebody else takes their place.” (Vivian Maier)
Para "Safety Service Comfort", fotografía de una pareja feliz en un coche de caballos, Walkate ha compuesto un tema que alterna vientos en modo menor (representando la adversidad) con pasajes en modo mayor (más alegres, con las voces del piano y el vibráfono), quizás representando los vaivenes de la vida en común. "The White Dress" es la foto de la portada, la de una chica elegantemente vestida a quien no vemos el rostro. Esta incógnita suena musicalmente misteriosa, con un vibráfono que suena a cinema noir y unos vientos lejanos, sugerentes. Las líneas del piano (también su diálogo con el vibráfono) en "Location & Date Unknown" es pura nostalgia. "View of Ile de Saint-Louis" recrea la magia de este lugar de París. Vale la pena el solo del tenor, cargado de sentimiento. El ritmo lento de "Downstairs for Incoming Trains" nos devuelve acordes de películas de cine mudo donde la ciudad se agita estresada mientras el pianista del cine marca un ritmo triste. Esta paradoja podría muy bien ser el eco de una gran ciudad. 

El álbum se cierra con un brevísimo reprise de "Room for Other People" que completa brillante este puzzle complejo, con armonías llenas de color, para estas fotografías en blanco y negro que parecen aún vivas con el jazz de The New York Second.  



* Más info sobre The New York Second: haraldwalkate.com

* Más info sobre Vivian Maier: www.vivianmaier.com

R-EVOLUCIÓN

JAVIER NAVAS QUINTET, La revolución (Blue Asteroid, 2022)

La revolución esparce en el ambiente, desde las primeras notas, un jazz sereno, lleno de soul y con un groove sosegado y vivo. En esta serenidad se puede percibir una perspectiva mucho más adulta del jazz del quinteto de Javier Navas, un músico que es ya referente del vibráfono en España. Formado en el lenguaje de la música clásica (forma parte de la Orquesta Filarmónica de Málaga) y en el jazz (Arturo Serra, Jorge Rossy), formó el ensemble The Beatles Songbook al mismo tiempo que un quinteto que llega hasta hoy con su tercer álbum, un álbum de madurez donde consolida una evolución estilística más que interesante.

Con los mismos músicos de sus dos discos anteriores (Enrique Oliver al saxo tenor y una sección rítmica formada por el pianista Juan Galiardo, Bori Albero al contrabajo y Dani Domínguez en la batería), encontramos un salto estilístico en este nuevo disco. Resulta agradable (y necesario) percibir evolución en un músico. Es algo que hace que valga la pena seguirle. En el caso de La revolución, Javier Navas profundiza en su sonido lleno de referencias y, a la vez, innovador. Sigue siendo el jazz introspectivo, calmado, de sus anteriores discos pero la estética muestra aires de soul cercano al neo-soul o al nu-jazz, con la diferencia de que aquí el tempo sereno, smooth, resulta reflexivo, instrospectivo, dando un valor casi espiritual a la definición de smooth jazz.

Dominar templanza y virtuosismo no es tarea fácil, especialmente cuando un músico tiene algo que decir, pero Javier Navas lleva tiempo aportando serenidad al jazz y en este disco, con un repertorio original, como en los otros, de una modernidad envidiable, consigue expresarlo con un discurso coherente y armónicamente muy sofisticado. Compartiendo protagonismo con el saxo de Oliver, Navas deja mucho espacio al piano, un instrumento que aporta equilibrio a la presencia del vibráfono. Las tímbricas de ambos instrumentos se contrapesan y el resultado es más sólido. Por cierto, Juan Galiardo está espectacular. 

Analizando los temas uno a uno, habría que resaltar algunos momentos muy interesantes, como el diálogo vibráfono-batería del tema que abre el disco ("La revolución") o el solo de este tema, donde Enrique Oliver improvisa de una manera visceral; la vitalidad de "Todo nuevo"; el solo de contrabajo en "Laberinto azul", esbozando la melodía que luego lleva el saxo, la poética calma que inunda el tema y el solo de Javier Navas, intenso, brillante, medido.

Pero el tema que mejor define el disco es "Invierno inventado". Los acordes del teclado dan paso a una percusión contenida que invita a una explosión que no sucede: es como una implosión, un fluir que arrastra la melodía hacia un plano casi onírico. Las progresiones armónicas del vibráfono prácticamente cantan y su intervención es adictiva. El coro y el solo de saxo no hacen otra cosa más que enfatizar el papel de las mazas, que protagonizan el momento como desde un plano superior. Más o menos, como en todo el álbum.


Otro vídeo, breve pero de carácter más documental:


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FRESCO Y CLÁSICO

JAVIER NAVAS, Fresh Start (2018)

Será por esto de que el mundo se ha parado durante todo un año, que nos están llegando ahora grabaciones publicadas antes de la pandemia. Y no una ni dos. La que tengo sonando en mis altavoces es un seductor y elaborado disco de un cuarteto de vibráfono y piano, algo tan inusual en el mapa del jazz español como placentero. El vibráfono es un instrumento lleno de posibilidades armónicas que Javier Navas explora como nadie, especialmente en los tonos más dulces, creando atmósferas llenas de color donde es fácil perderse. Lo vimos en directo en una ocasión y tiene esa capacidad arrolladora. Esperemos que, cuando todo esto pase, se nos permita ponernos al día en conciertos y no solo en grabaciones.  

Javier Navas es un músico andaluz que desarrolla su carrera entre la clásica y el jazz. Su sonido mira  a la modernidad pero también a la tradición. Sería tan absurdo compararle con los clásicos como negar que tiene influencias de los vibrafonistas que van del swing al hardbop pasando por el West Coast. Hay un rígido esqueleto de jazz clásico en todo lo que toca (sin negar que su sonido es moderno y brillante), pero Navas demuestra en cada tema que tiene una voz propia e identificable. 

Para todo esto, cuenta con un cuarteto de nombres muy valorados: Juan Galiardo al piano, Bori Albero al contrabajo y Dani Domínguez en la batería, a los que se suma en cuatro temas Enrique Oliver, nombre que suena cada vez más gracias a que va demostrando todo lo que puede dar de sí. 

En Fresh Start, como en su anterior Finally In My Hands (2016), hay temas especulativos, donde ritmo, repetición y progresiones armónicas buscan nuevos sonidos ("Vivir para mirar", "Cuando fuimos estrellas"). Otros temas del álbum fluyen más como baladas clásicas ("She Was Right"), especialmente donde aparece Oliver ("Sail Away" de Tom Harrell, el único tema del álbum que no ha sido compuesto por Navas). Hay algún tema más acelerado, como "El ritmo nos gobierna", exigente y donde el virtuosismo se une a la velocidad, o "Llegada imposible",  donde destaca Oliver en un solo tremendo. Pero, en general, Javier Navas demuestra durante todo el disco que dominar el ritmo no tiene nada que ver con la velocidad sino con la expresividad y la técnica. 

La cercanía y la diferencia entre dos instrumentos armónicos de percusión como vibráfono y piano se pone de manifiesto en el diálogo constante entre Navas y Galiardo, tanto cuando uno de los dos hace de acompañante como en los solos. La base rítmica del piano en "El buscador" es perfecta para la sonoridad del vibráfono y para el solo enorme que desarrolla Javier Navas con las mazas. Le sigue, como no podía ser de otra manera, un solo potente de Galiardo, como si hubiera recibido un desafío... 

En resumen, otro disco recomendable de Javier Navas, un músico que merece la pena escuchar con atención y, siempre que sea posible, en directo.





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* Foto de la web de Javier Navas: www.javiernavasmusic.com

A LOS MAESTROS DESCONOCIDOS

SEBASTIÁN CHAMES, Reminiscing the Unknown Masters 
(Youkali Music, 2019)

Grabado en Brooklyn, el nuevo disco de Sebastián Chames muestra esa serenidad del artista que ha alcanzado la excelencia y sigue su camino sin prisas. Con cinco temas originales de Chames, dos versiones ("Laura" y "Every Time We Say Goodbye") y tres composiciones escritas por sus sidemenSteve Nelson (vibráfono), Greg Tardy (saxo tenor) y Curtis Lundy (contrabajo), su flamante Reminiscing the Unknown Masters rinde homenaje a los olvidados y a los ignorados del jazz con una elocuente dedicatoria en el libreto del disco:
Those who really master the music and are not necessarily so well known to big audiences, and that makes their music more personal, more profound. You may know some, I know others...
Sebastián Chames no es un maestro desconocido. De origen argentino, tras su paso por Nueva York (donde suele grabar y donde se formó con genios como Fred Hersch, Rodney Kendrick, Bruce Barth, Aaron Goldberg...), lleva años afincado en Madrid, donde fue responsable durante cierto tiempo de las jams de La Fídula y ahora de las del Bogui Jazz. Pianista de digitación elegante y llena de recursos, Sebastián Chames mira a la tradición con oído analítico y sensibilidad moderna. Si en su anterior Pick Up The Phone (Youkali, 2015) nos impresionó su interpretación personal del bebop en el siglo XXI, en su nuevo álbum nos demuestra que se puede sonar a Modern Jazz Quartet o a McCoy Tyner (ambos en según qué momento) y sonar moderno y personal al mismo tiempo.
Fotografía de Anna Yatskevich
Los diez temas del álbum, interpretados en distintos formatos (quinteto, cuarteto de piano y vibráfono, cuarteto de saxo, trío de piano) tienen en común una sobriedad rítmica que resulta estimulante, sin artificios, resultando un jazz intemporal, moderno pero con un oído puesto en el hardbop y en el camino que lo separa de su nacimiento hasta hoy. Hay que destacar la compenetración de los músicos (en todas sus formaciones) del disco pero, sobre todo, el duelo rítmico y estilístico entre piano y vibráfono, entre Chames y Steve Nelson, un músico enorme que aparece en nueve álbumes de Dave Holland y que ha trabajado también con pianistas como Cyrus Chesnut, Mulgrew Miller, Kenny Barron... además de contar en su haber con una decena de discos como líder. 

Lo mejor del álbum, sin duda, es la abundancia de solos y puedo asegurar que pararse a escuchar un solo de Chames (o de Nelson o de Tardy o de Lundy...) en este disco es detenerse en un momento sin tiempo ni lugar donde el jazz es puro, accesible y, por encima de todo, gratificante. Recomendable cien por cien.

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* Web: sebastianchames.com

* Más sobre el disco en: www.youkalimusic.com

GIO YÁÑEZ, Zero Point Energy

Debut original y de alto nivel

Cuando un músico presenta un disco de debut con la originalidad y la solidez de Zero Point Energy (Free Code, 2014) no podemos hacer otra cosa más que quitarnos el sombrero. El guitarrista ponferradino Gio Yáñez nos ha sorprendido con este disco grabado en una sola sesión en los estudios Adega de Oporto, ciudad donde se conocieron los músicos que conforman este combo mientras estudiaban en la ESMAE, la Escola Superior de Música, Artes e Espectáculo, lugar habitual de convivencia de músicos y profesores tanto portugueses como gallegos. 

La formación es un septeto hispano-luso al que se suma en algunos temas la cantante Clara Buser. Los músicos que acompañan a Gio Yáñez son: el español Marcel Pascual (vibráfono) y los portugueses Wilson Correia (piano), José Soares (saxo alto), Luis Miguel (saxo tenor), Filipe Louro (contrabajo) y Miguel Sampaio (batería).

 
Los siete temas del álbum, compuestos por el propio Gio Yáñez, muestran un jazz contemporáneo fácil de escuchar y aparentemente sencillo en su estructura pero una escucha más profunda revela tantas influencias y recursos (bop, post-bop, jazz-rock, avant-garde... se pueden escuchar en sutiles referencias) que podríamos afirmar que el mérito del disco está en el equilibrio, en haber creado una obra compleja y, a la vez, fácil de escuchar.

Los temas más bop nos recuerdan a los últimos trabajos de Christian McBride, especialmente el sonido de People Music y las aportaciones vocales en The Good Feeling. Valga la comparación a pesar de que se  trata de enfoques diferentes del jazz. El arranque del álbum es un espectacular tema ("Soma e siga") que nos remite a los tiempos de Wes Montgomery, Kenny Burrell... (salvando las distancias, uno mira siempre atrás hacia sus favoritos), muy bop, para después entrar en terrenos más adultos y musicalmente comprometidos. La guitarra de Yáñez conduce con maestría y fluidez todos los temas, algo poco usual en músicos tan jóvenes, en especial cuando se trata de jazz contemporáneo y de temas originales. Vale la pena la escucha. 


Por último, nos gustaría destacar dos factores más del disco. El primero, la singular aportación del barcelonés Marcel Pascual en el vibráfono. Tiene el toque justo, clásico, el que uno espera escuchar. Cada vez que interviene en alguno de los temas, el nivel sube. El segundo factor destacable es la original participación de la cantante Clara Buser. Su expresiva voz está llena de matices y aquí nos trae recuerdos del sonido de ciertas vocalistas de finales de los 80. Sorprendentemente, las letras que Yáñez ha elegido para los temas están basadas en poemas de La tierra baldía de T.S. Eliot ("The Burial of the Dead", "Datta, Dayadhvam, Damyata [a.k.a. What the Thunder Said]", "The Fire Sermon"...). Resulta excitante comprobar cómo el espíritu de Eliot se ha integrado en la voz de Buser y en la música del septeto sin dejar de sonar a jazz.

En el siguiente video pueden escuchar al combo en directo en Porta Jazz interpretando "Datta, Dayadhvam, Damyata", basado en el poema "What the thunder said". Hay un interesante solo de guitarra que merece ser escuchado (y observado). Que lo disfruten.



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* El disco se puede escuchar y comprar en Bandcamp:  


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EN UN MUNDO DE MAZAS

Jason Marsalis vs. Warren Wolf


El vibráfono es uno de los instrumentos más espectaculares y expresivos del jazz. Hoy vamos a hablar de dos músicos que dominan el instrumento con distinta creatividad. El primero de ellos es Jason Marsalis, que ha editado una colorida y variada colección de temas con el título de A World Of Mallets (Un mundo de mazas) bajo el sello Basin Street. El otro es Warren Wolf, habitual de las formaciones de Christian McBride. Su quinto álbum como líder se titula Wolfgang (Mack Avenue, 2013)

JASON MARSALIS, In A World of Mallets
Sí, pensé que Jason me ofrecería en su nuevo disco una oportunidad para reconciliarme con el clan Marsalis después del decepcionante álbum de su hermano Brandford, con quien tengo una extraña obsesión que me impulsa siempre hacia él pensando que, por fin, en algún disco, llegará a conectar conmigo. Pero no, Brandford y su experimento de desconcertante título (Four MFs Playing Tunes o, lo que es lo mismo, Cuatro hijos de... tocando melodías) restó un punto al ranking del apellido Marsalis. Ahora le toca a Jason, el pequeño de los cuatro, recuperarlo. En su nuevo álbum, titulado ilustrativamente In A World Of Mallets (Basin Street, 2013), Jason Marsalis dibuja con su Vibes Quartet un proyecto tan amplio e inexplicable que, después de la segunda escucha, sigue sin habernos convencido de qué puntuación ponerle. Comencemos por un poco de música:



Hay swing y espíritu de hardbop en ese "Blues Can Be Abstract, Too" pero no todo el disco es así. Hay temas con mucho blues, como "Ill Bill", cierto gusto por el impresionismo cuando imita el sonido de relojes o gramolas ("My Joy"). El disco se torna terriblemente aburrido cuando hace esto, mientras que en otros temas va más allá en su ansia de experimentación. ¿Qué tipo de experimentación?, aullarán en mi oído las almas más puristas. Jason se permite introducir fraseos y cánones de música clásica en algunos temas a modo de adorno (del mismo modo que hacía Sonny Rollins con sus melodías caribeñas). "Blues For 29 Percenter's" sería un buen ejemplo de ello. Pero en otros se acerca más a la música clásica que a la síncopa o a la improvisación. Supongo que este es el letimotiv del disco, una manera de aunar formación y vocación, de aplicar las disciplinas de la música canónica occidental (Jason Marsalis estudió percusión clásica en la Universidad de Loyola), pero en mi opinión, el resultado del disco es confuso. Podríamos ilustrarlo con los títulos de los temas. El que sirve de introducción se titula "Discipline Discovers A World of Mallets" y el último "Discipline Get Lost in a World of Mallets", y así parece que anda perdido el pequeño Marsalis... No obstante, sigue pareciéndonos un instrumentista dotado, polirrítmico y reseñable.

Además de Jason Marsalis, Austin Johnson al piano, Will Goble al bajo y David Potter en la batería completan el cuarteto.



WARREN WOLF, Wolfgang
Podríamos decir que el otro músico de hoy, el dinámico Warren Wolf, sufre también de excesiva exposición al clásico cuando en el último tema de su nuevo álbum (Wolfgang) nos ofrece unas variaciones sobre el Carnaval de Venecia de Saint-Saënts... Pero, después de escuchar su disco completo, después de disfrutar de su gusto por la improvisación y el ritmo, esta peculiar coda resulta sólo una anécdota curiosa.

Pero no seamos pesimistas: el disco nos ha gustado. Si no, no aparecería en nuestro blog (normas de la casa) pero sí es cierto que como compositor Wolf es menos brillante que como músico, razón por la cual, nos gusta en su disco pero nos hace temblar cuando trabaja junto a Christian McBride...

Como casi todos los vibrafonistas, acumula influencias de todo tipo de percusionistas, desde colegas de láminas o marimbas hasta bateristas (su cuarto álbum se tituló Warren 'Chano Pozo' Wolf) y esto se nota tema a tema, cuando el disco va tomando color y se convierte en un verdadero Mundo de Mazas, como intentaba Marsalis...



Wolf no sólo consigue en sus temas ese equilibrio entre fragilidad y ritmo que sería exigible a todo vibrafonista sino que construye, a la manera de Milt Jackson, caminos en los que la melodía se va desarrollando hasta terrenos inesperados, y lo hace con lógica. Toda una lección de maestría y experiencia impropia en un músico de treinta y pocos años. Incluso cuando se funde con el piano ("Wolfgang" o mejor en "Grand Central") tiene personalidad.

Son dos cuartetos distintos los que han grabado el álbum. Wolf reúne a tres músicos jóvenes (Aaron Goldberg al piano, Kris Funn al bajo y Billy Williams Jr a la batería) para unos temas ("Sunrise" o "Grand Central) mientras que utiliza otro trío con más experiencia (Benny Green al piano, Christian McBride al bajo y Lewis Nash a la batería) para los temas con más soul, acercándose al sonido post-bop de los discos del bajista. Con este trío, Wolf y su mentor McBride acometen un homenaje a sus ídolos Milt Jackson y Ray Brown (Brown fue profesor de McBride) reproduciendo la versión que Jackson y Brown hicieron en 1969 de "Frankie & Johnny". Darryl Tookes aparece como vocalista en "Setembro" de Ivan Lins. Dos grandes combos con un líder común, un vibrafonista del que nadie hablaba hace unos años y que se ha convertido en una figura imprescindible del instrumento.



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* Fotografía: Jason Marsalis on drums with the Dr. Michael White Band at Satchmo Summer Fest, New Orleans. Autor: Infrogmation (extraída de Wikipedia)

** Fotografía de Warren Wolf: Lena Adasheva.

VIBRATORY JAZZ SEEN

Lionel Hampton de ida y vuelta

Este DVD corresponde a un concierto de la Lionel Hampton Big Band en un parque (sin especificar en la carátula) de Disneyland en 1984, donde interpretan temas como Vibramatic, Sweet Georgia Brown y Flyin’ home con esa potente puesta en escena llena de humor y energía que caracteriza a Lionel Hampton, y termina con la Big Band saliendo del escenario y desfilando camino de los camerinos tocando When the saints go marchin’ in.

El concierto no es ni mucho menos la Disneylandia de los conciertos de Lionel Hampton, pero demuestra que el vibrafonista se mantuvo incombustible a lo largo de sus casi 70 años de carrera. Fue el primer músico que interpretó el vibráfono en el jazz. La leyenda dice que Louis Armstrong le pidió que se uniera a una sesión, que en el estudio había un vibráfono en un rincón y que Louis le preguntó si podía tocar algo allí. Hampton tocó Chinese chop suey y lo convenció de que podía hacerlo en el disco, donde grabó un tema que le habían enviado a Louis. El tema era Memories of you. Lionel Hampton es parte de la leyenda y está rodeado de muchas de ellas. Una dice que, aunque asegura haber nacido en 1908, no tenía partida de nacimiento y se había inventado la fecha.

Hampton pasó la adolescencia en el Chicago de los años 20, donde aseguraba haber visto en directo a maestros como King Oliver, Bessie Smith, Earl ‘Fatha’ Hines... pero estalló con todo su resplandor en la orquesta de Benny Goodman en 1936, donde también estaba en aquel momento otro mago de la percusión: Gene Krupa. En el 43 descubrió y lanzó a Dinah Washington. Pero lo más importante es que introdujo el vibráfono como instrumento en el jazz, ese piano de dos dedos en el que se embarcaba en solos interminables, con o sin su cigarro en la boca, de donde saltaba a la batería para demostrar que llevaba el ritmo, no el instrumento, en la sangre. Solía montar numeritos cuando no estaba en su solo, saltando de un lado a otro del escenario, provocando al público, buscando la algarabía, explorando el lado lúdico y gamberro del escenario, todo lo contrario que cuando tocaba: improvisando era serio, matemático, experimentador y elegante.

Para terminar de comparar los años 80 con tiempos mejores, el DVD incluye cinco temas grabados en directo (y en blanco y negro) por la Big Band de Lionel Hampton, probablemente en los años 50 en algún programa de televisión; la edición tampoco especifica la fecha o el lugar, pero los números son espectaculares...


Aquí os dejo un video. Corresponde al concierto en Disneyland y en él se puede apreciar el showman del que hablaba. Toca el vibráfono, el piano y la batería de forma espectacular:

Añado otro video que no tiene desperdicio:

CHRISTIAN McBRIDE

El regreso del bajista acústico

Después de vivir a la sombra (o al lado) de artistas como McCoy Tyner, Sting o Diana Krall, y tras protagonizar una serie de trabajos eléctricos, culminados con un triple CD en directo (Live at Tonic), el bajista Christian McBride vuelve como líder con un disco acústico que supone una vuelta de tuerca hacia sus orígenes.

En Kind of Brown (Mack Avenue, 2009) viene acompañado por su banda Inside Straight, un quinteto compuesto por el saxo alto Steve Wilson (Dave Holland Quintet, Chick Corea’s Origin), el vibrafonista Warren Wolf (qué músico más impresionante), el pianista Eric Scott Reed (Wynton Marsalis) y el baterista Carl Allen, una formación puramente hard bop. Los temas son de Christian McBride, aunque incluye un tema de Freddie Hubbard: Theme for Kareem.

El título es un juego de palabras entre Kind of blue (evidente) y el también colorido apellido del mentor de McBride, Ray Brown. También sirve para marcar una meta. El disco es una vuelta a los orígenes del bajista, y se agradece ese esfuerzo de McBride de volver a su origen acústico. El sonido del quinteto es tan compacto, tan rítmicamente irrefutable que uno tiene por momentos la impresión de estar escuchando un disco de finales de los 50 o principios de los 60, fuente de la que ha bebido a pesar de comenzar su carrera en los 90... Unos apuntes de soul jazz redondean el embrujo. ¿Estará naciendo una nueva corriente de hard bop?

Lo quiero resaltar ningún tema en especial porque el resultado del álbum es compacto y desmerecería el resto. Sólo añadiré que oyendo este disco uno se olvida de que, en un quinteto con saxo, el saxo suele ser el protagonista. Aquí la estrella es la sección rítmica. McBride y el baterista Carl Allen son el colchón rítmico ideal, inagotable, que fluye sin fisuras con un sonido perfecto y por momentos virtuoso. Reed al piano y Wolf al vibráfono son mágicos, indecentemente sincopados y subyugantes, el tipo de músicos con el que uno se queda después de haber oído todos los temas, como si el resto no hubiera tocado después de todo. Pero no es así. Este es uno de esos discos que están hechos como nos gustan: incluyendo en las melodías muchos huecos para la improvisación, y es aquí donde brilla más el quinteto, en las genialidades interpretativas, en la capacidad para improvisar sin salirse del grupo. Rainbow wheel es un buen ejemplo de esto, pero es en Stick and move, un temazo, exigente pero no pretencioso, donde los músicos se mueven como si estuviesen en una jam y donde cada uno encuentra su momento de gloria.

El efecto del disco es excitante, deja una resaca con ganas de más. Ojalá todos los discos fueran así.
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Foto de Ron Hudson: Christian McBride tocando con Ray Brown.

Christian McBride en wikipedia.