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MINGUS EN ARGENTINA

CHARLES MINGUS, In Argentina: 
The Buenos Aires Concerts (Resonance, 2025)

A finales de los 70, un Charles Mingus que ya sufría los efectos de la ELA viajó a Argentina con uno de sus quintetos menos conocidos, formado por el pianista Robert Neloms, el trompetista Jack Walrath, el saxofonista tenor Ricky Ford y el baterista Dannie Richmond. Esta grabación, publicada por Resonance Records en un triple LP, recoge los conciertos que realizó en el Teatro Coliseo y en el Teatro de la Sociedad Hebraica Argentina los días 2 y 3 de junio de 1977. La edición, 3-LP recogidos de las cintas originales grabadas por el ingeniero de sonido Carlos Melero, masterizados por Matthew Lutthans en el Mastering Lab y prensados ​​en Le Vinylist, documenta una época poco conocida del músico, seis meses antes de que esos síntomas fueran diagnosticados y justo antes de trabajar con Joni Mitchell en Mingus, álbum en el que la enfermedad ya no le permitió tocar.

Foto de Uberto Sagramoso (de izq. a derecha: Ricky Ford, Jack Walrath, Bob Neloms y Charles Mingus). 
Buenos Aires, Teatro Coliseo, 2 de junio de 1977. 

Como viene siendo habitual en estas grabaciones que Resonance recupera (ya lo apreciamos al reseñar The Lost Album from Ronnie Scott's de 2022), la edición contiene una cantidad ingente de documentación y notas (en este caso, del biógrafo de Mingus Brian Priestley (A Critical Biographgy de 1983) y del escritor Claudio Parisi, y entrevistas realizadas ad hoc a los miembros de la banda Jack Walrath y Ricky Ford, entre otros.

En lo musical, nos encontramos a un Mingus que muestra la energía que la enfermedad empezaba a negarle, con su habitual liderazgo al contrabajo y sus exhortaciones a los músicos, repasando temas clásicos como "Goodbye Pork Pie Hat" y "Fables of Faubus" o exploraciones en ritmos tropicales, tan poco habituales en Mingus ("Cumbia and Jazz Fusion") o clásicas como "Duke Ellington's Sound of Love", de su ídolo Ellington, que fue siempre una de sus referencias y que siempre interpreta pasada por el tamiz salvaje y rabioso de su propio temperamento, algo de lo que se contagia un quinteto consistente, energético y con un interplay fabuloso. 



* Más info: resonancerecords.org


MODERN MINGUS

IOSU IZAGUIRRE SEXTET, Mingus Moods
(Errabal Jazz, 2023)

Mingus era un músico tan sensible como salvaje. Nadie puede negarlo. Su jazz estaba lleno de rabia tanto como de intenciones. A día de hoy ha sido versionado hasta la saciedad, pero pocas veces reinterpretado. El disco que hoy estamos escuchando, liderado por el bajista Iosu Izaguirre, le rinde homenaje de una manera particular: en este álbum no hay temas de Mingus sino composiciones originales inspiradas en su filosofía jazzística y amparadas en un sexteto potente, donde brillan los espléndidos solos de Koldo Uriarte al piano (espléndido solo también el de Asier Iturbe al trombón en "Mingus Moods", el tema que abre el disco) y una sección de viento (Rubén Salvador a la trompeta, Pablo Ramos al saxo alto y el citado Asier Iturbe al trombón) que homenajea a aquella época en que los escenarios de jazz no eran íntimos ni intelectuales sino poderosos focos de energía. Pero lo más interesante de este planteamiento es que, sin perder la esencia marca Mingus, los arreglos y la ejecución suenan modernos, brillantes. El sexteto se completa con Aitor Bravo a la batería, mientras que Izaguirre se reserva el papel de Mingus: contrabajo, composición y motor de la banda. 

Iosu Izaguirre
En el conmovedor texto que incluye el libreto del disco, David Gotxikoa recuerda que en la música de Mingus convivían "en tensión conceptos y emociones en apariencia antagónicos: rabia y ternura, vanguardia y primitivismo, orden y caos, humor y conflicto". Iosu Izaguirre comenzó a tocar el bajo de adolescente en bandas de rock y ska, donde quizás nació parte de su energía, para luego especializarse en jazz. Tiene una dilatada carrera como músico pero es su primer álbum como líder, y lo hace con composiciones propias, inspiradas en la estética de Charles Mingus, pero propias. La única versión del álbum responde a esa rabia heredada del rock: una versión de "Tiempos nuevos, tiempos salvajes" del grupo Ilegales, una versión que aquí alterna un lirismo nostálgico con momentos de fuerza. 

Foto: Joseba Baleztena

Al estilo de Mingus, Izaguirre ha escrito falsas baladas llenas de disonancias y arritmias como "A los que se fueron" (donde se mueve hacia el blues sin despeinarse) o "Landalan" (donde el grupo explora sensaciones extrañas para explotar en puro hardbop). Hay muy buenos temas en el álbum, pero me gustaría destacar "Ez pentsatu gehiegi", donde Izaguirre se da el lujazo de comenzar el tema con un sentido y melancólico solo de contrabajo que no es sino un esbozo de lo que viene: entra a saco en una montaña rusa bordeando el post-bop que Mingus inauguró como expresión personal y que cambió el rumbo del jazz. 

Para terminar, suena un tema de aire tropical llamado "Piscola" que redondea un disco original de un compositor original y que respeta la tradición, un músico que, sin versionar, devuelve a Mingus una modernidad que merece.



* Más info: www.hotsak.com/artistas/iosu-izaguirre-sextet-1

MINGUS PERDIDO Y REENCONTRADO

CHARLES MINGUS, The Lost Album from Ronnie Scott's
(Resonance Records, 2022)

Siempre es excitante que lleguen noticias como esta, la de la publicación de una grabación perdida (quizás olvidada en algún archivo) de alguien de la talla de Mingus. Con una cuidada edición en triple vinilo y triple CD, y con un libreto que incluye entrevistas y curiosidades. La encargada de esta edición es Resonance Records, una discográfica sin ánimo de lucro de la que ya hemos hablado en otras ocasiones a propósito de Bill Evans y Roy Hargrove, por ejemplo, y que está haciendo una labor inestimable para recuperar grabaciones perdidas u olvidadas de grandes del jazz, un trabajo a cargo de Zev Feldman, co-presidente de la discográfica, una especie de detective del jazz, como lo llaman por allí, a cuyas investigaciones y a cuyo tesón debemos la recuperación de estas joyas.

Foto: Jean-Pierre Leloir

La grabación que incluye el álbum es un concierto (en dos pases)  en el Ronnie Scott's de Londres que nunca ha sido publicada. El sexteto, formado por el saxofonista alto Charles McPherson, el tenor Bobby Jones, el trompetista Jon Faddis, el pianista John Foster y el baterista Roy Brooks suena potente a la manera en que Mingus derrochaba energía en esa época, caos ordenado pero caos mingusiano siempre, y que aquí nos regala temazos como una versión de 35 minutos de "Fables of Faubus", ese temazo icónico e imprescindible para entenderle, con energías que fluyen como en una montaña rusa, Mingus gritando a los músicos, como solía hacer, o una reinterpretación del clásico "When The Saints Go Marchin' On", al estilo Mingus, por supuesto. 

Grabado los días 14 y 15 de agosto de 1972 para ser publicado por Columbia, se desechó al abandonar Mingus esta discográfica. Saldrá a la venta en un triple LP de 180 gramos en formato audiophile el próximo 23 de abril (y en CD y descarga el 29). Resulta un disco muy recomendable para completar la discografía de Mingus (con la esperanza que aparezcan más grabaciones), profundizar en su filosofía musical o, simplemente, un placer para los que no pudimos escucharlo en directo en vida. Porque Mingus sigue de moda, especialmente ahora que se va a cumplir el centenario de su nacimiento y proliferan los homenajes, como el que va a hacer el NEC (Conservatorio de Nueva Inglaterra) con varios conciertos, algunos de ellos retransmitidos en streaming

John Foster, Charles Mingus y Charles McPherson.
Foto: Christian Rose (1972)
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UNA VUELTA DE TUERCA

YOKO MIWA, Keep Talking (Ocean Blue Tear Music, 2019)

El nuevo álbum de la pianista japonesa radicada en Boston Yoko Miwa da muestra de su constante evolución como compositora y como pianista. Sus nuevas composiciones, su excitante reescritura de standards y su búsqueda de nuevos desafíos versionando temas pop, convierten este disco en un catálogo que describe su personalidad y también su poderosa versatilidad.


Acompañada, como en su disco anterior Pathways de 2107, por el contrabajista Will Slater y por su marido, el baterista Scott Goulding, y con la participación puntual de otro contrabajista (otra vez Brad Barrett), esta profesora de Berklee crece con cada disco y en éste, especialmente, da una vuelta de tuerca a más de un tema clásico y a más de una teoría. Vamos a escuchar todos los temas como merece un buen disco de jazz.

El álbum comienza con un tema original titulado "Keep Talkin'" que nos arrastra con un groove contagioso que suena a boogaloo y cuyos destellos funk son realmente divertidos. Un comienzo inesperado donde ya el trío derrocha compenetración en los cambios de ritmo y donde, como siempre, se percibe el poderoso swing de Miwa. 


El segundo tema es el clásico de Monk "In Walked Bud", que comienza con una presentación muy original: con el contrabajo tomando el protagonismo en el reconocible riff monkiano y llevando el peso del tema, con una batería que suena cruda, hot, y ese brillante y sincopado estilo de Miwa por encima, un swing que se convierte en delicadeza en "Secret Rendezvous". Sigue "Sunset Lane", escrito por la pianista y con fuertes influencias de Bill Evans, a quien intenta ser homenaje con un estilo muy lírico, sublimando la melodía hasta lo cerebral sin perder la poesía. A este momento de profunda belleza sigue el tema de Mingus "Boogie Stop Shuffle", donde la pianista realiza una fantástica reinterpretación a las teclas de lo que Mingus escribió para los metales.

En la mitad del álbum escuchamos quizás el experimento más arriesgado. Yoko Miwa versiona dos temas de Lennon & McCartney, "Golden Slumbers" y "You Never Give Me Your Money", ambos fusionados en un solo corte donde el disco parece decaer hasta que llega al solo y reaparece la pianista versátil y ágil, con unos cambios de ritmo de esos que nos gustan a los que nos gusta el jazz. Tras el principio, aparentemente pop (pero con una coloratura muy jazzística) y el solo, el tema deriva en un final con mucho blues, muy intenso. Vale la pena escucharlo.


"Tone Portrait" funciona a tiempo medio, especulativo, muy expresivo en las teclas más bajas. "Casa Pre-fabricada" es un tema que la pianista escuchó en la voz de Maria Rita (hija de Elis Regina, a quien Miwa admira) y del que se enamoró por la belleza de sus líneas caprichosas. Un toque brasileño que aporta, una vez más, datos fiables sobre su versatilidad. En "Conversation" encontramos una nueva versión jazzística de Joni Mitchell, una cantante cada vez más homenajeada por los músicos de jazz. Hay una cierta estética rock adaptada al lenguaje armónico e improvisador del jazz en la grabación, fuerza de gospel y una lírica que proviene del original, fuerzas que se adormecen en el lenguaje sincopado del trío de piano. 

El álbum termina con dos composiciones nuevas. "If You're Blue" suena monkiana desde el primer compás. Además, hay cambios de ritmo cogidos directamente del "Puttin' On The Ritz" de Irving Berlin. Una delicia que confirma, además, lo que siempre afirmamos: que el trío de jazz es la formación perfecta. "Sunshine Follows The Rain" es una balada demasiado lenta para encajar en el disco pero la explicación es que fue grabada durante las sesiones de Pathways en 2017 para una banda sonora. Íntima y conmovedora, el uso de las escobillas por parte de Goulding y del arco en el contrabajo por parte de Brad Barrett consiguen elevar la delicada melodía del piano a un punto que nos deja con ganas de más. 

Un disco muy recomendable, tanto si conocen a Yoko Miwa como si quieren descubrirla y disfrutarla al máximo nivel.

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* Web oficial: www.yokomiwa.com

MONK, MINGUS Y EL SILENCIO EN MOZART

TONI SAIGI, La Prinsire de la Sal (Underpool, 2018)

Podríamos decir que Toni Saigi es un brillante pianista bop, pero nos quedaríamos cortos. Las composiciones y la ejecución de Saigi son una especie de conjuro que nos devuelve a los mejores tiempos del jazz, que fueron los 50 y los 60. Esto es una opinión personal pero es menos subjetivo afirmar que hay una clara influencia monkiana en su forma de atacar las notas del piano, y que con su cuarteto, armonizado muy al estilo Mingus, convierten este álbum en una experiencia singular.

Sin duda, una carta de presentación para un primer disco como líder. La Prinsire de la Sal fue grabado en los estudios UnderPool el 17 de diciembre del 17 y publicado en 2018. En el disco, Saigi junto a su cuarteto Tronik, formado por músicos jóvenes y sólidos de la escena barcelonesa: Jaume Ferrer al saxo, Marc Cuevas al contrabajo y Carlos Falanga como batería, habituales del sello Underpool y que aquí funcionan muy bien en conjunto.

A pesar del titular, Saigi está lejos de versionar a Monk pero sus fraseos sobre las teclas ahondan en ese estilo de ritmo roto y recompuesto que hizo inmortal al pianista de Carolina del Norte. El jazz debe sonar espontáneo, como música nacida del sentimiento que es, pero sin duda hay algo cerebral en esta manera de dominar el ritmo y sus cambios, y de expresar con los silencios, haciendo buena esa frase de Mozart que dice que la música se encuentra en los silencios entre las notas, teoría que impulsó Monk con su swing único.


Como buen jazzista, Saigi busca en la tradición y ofrece su propia visión del bop tardío y menos furioso de principios de los 60, algo que aplaudo. Ofrece también guiños (Bud, Tete) que no sabemos si están en la composición o es algo que contagia a sus músicos (hay guiños a Golson y a Rollins en algún solo de Jaume Ferrer, por poner algún ejemplo, incluso a altos como Bird). El tema final ("Holland Inn Hotel"), una balada tremenda en su brevedad y su presentación (piano solo) es, más que un guiño, casi un dejá vu en el que parece que va a entrar Billie Holiday para hacer su clásico "Lover Man".


En las baladas ("Magalí", "La Prinsire de la Sal"). comparte protagonismo con el saxo, que lleva casi todo el tiempo la melodía y a quien ofrece unas respuestas aparentemente parcas pero tremendamente expresivas. Una delicia. En los temas más atrevidos, como "Dieletif", experimenta con el ritmo y con la banda como si todos (incluido el saxo) fueran exclusivamente instrumentos de ritmo. Algo parecido pero menos atonal es "L'Anell que no tinc", duro, con un sonido muy crudo que recuerda otras épocas donde los discos de jazz no sonaban a asépticos compact discs. Aquí, mientras la sección rítmica fluye en su propia salsa, el piano crea una tensión sólo rota por el solo de saxo, templado pero muy bien llevado, con unas réplicas del piano muy personales que también acompañan al solo de contrabajo (qué sólido y mainstream suena Marc Cuevas cuando, sin embargo, como líder, busca experimentaciones más alejadas del jazz convencional) para terminar el tema con un chorus muy articulado y cantable, al unísono, casi hardbop 

En resumen, un disco ambientado en la tradición pero con toques muy originales y con un pianista al frente lleno de erudición y, al mismo tiempo, de ganas de abrir nuevos caminos. Toni Saigi tiene lo que tiene que tener un músico de jazz: su propia voz. Supongo que es pronto para afirmarlo juzgando por un solo álbum, pero confío en poderlo escuchar en un futuro próximo con nuevas grabaciones. Y que se parezcan a ésta.

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* Web: www.underpool.org/laprinsiredelasal

RITMO Y SENTIMIENTO

COLECTIVO ILIÓN, Homenaje a las "Sinsombrero"

María Teresa León
Otra vez hablando de poesía y jazz. En este caso, después de asistir a un interesante concierto a cargo de un colectivo músico-literario que homenajea a las mujeres olvidadas del 27, las que se autoproclamaron las "Sinsombrero". La definición surgió una tarde en Puerta del Sol de Madrid en plena Dictadura de Primo de Rivera. Las pintoras Margarita Manso y Maruja Mallo, que paseaban acompañadas por Dalí y Lorca, contraviniendo las normas estéticas y sociales de entonces, decidieron prescindir del sombrero porque oprimía sus ideas, un gesto rebelde para la época que les supuso (en palabras de Maruja Mallo) un rechazo social que llegó a la agresión.


Las hoy llamadas Sinsombrero son más que dos pintoras de la época. Intelectuales nacidas entre 1898 y 1908, han sido (casi) todas olvidadas por la Historia y las antologías (por diversos motivos, no sólo sexismo), a pesar de demostrar en su época que eran brillantes y originales. Recuperadas hoy en documentales y antologías, merece la pena citar sus nombres: las pintoras Maruja MalloRosario de VelascoMarga Gil Roësset (también escultora y poeta), Margarita Manso y Ángeles Santos; la filósofa María Zambrano y las escritoras y poetas María Teresa LeónJosefina de la TorreRosa ChacelErnestina de Champourcín y Concha Méndez

Ángeles Santos, Tertulia (1929. Museo Reina Sofía

El repertorio del Colectivo Ilión para este homenaje consiste en nueve standards de todas las épocas que se alternan con el recitado de poemas de las Sinsombrero. Los temas tienen en común con los versos un tratamiento apasionado de los sentimientos, tiempos lentos, baladas casi todas, que dan otra dimensión a los poemas. Escuchar "Deedle's Blues" de Diane Schuur después de Belleza de Nueva York de Rosa Chacel no deja indiferente a cualquiera... Disfrutar de En silencio... (Ernestina de Champourcin) y que a continuación suene "Speak Low" es una experiencia. Pero el mejor momento es cuando Mónica Vergel, con esa voz llena de alma que tiene, recita Destino... de Josefina de la Torre mientras el contrabajo suena, solo, recordando a Mingus de una manera estremecedora. 

Canciones con voz femenina ("Summertime", "My Favourite Things") o que hablan de la soledad y los sentimientos ("Alone Together", "Autumn Leaves") complementan los poemas con mucho respeto y sentido. El Colectivo lo conforman Virginia Ruiz (cantante), dos músicos solventes que son Rafa López (guitarra), Antonio López (contrabajo), y Mónica Vergel (recitado). A la salida, pregunté al contrabajista Antonio López por la elección de las canciones, ya que sólo algún tema de los primeros 30 se acercaba a la Generación del 27. Me respondió que primero había leído todos los poemas, y había decidido a partir de la intuición: un tema que le venía a la mente por la temática, por el mensaje, por el ritmo... Al fin y al cabo, poesía y jazz comparten muchos parámetros en cuanto a la inspiración y la forma. La poesía es ritmo y el jazz es sentimiento.


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* Sobre el tema hay un documental interesante en RTVE a la carta: www.rtve.es/lassinsombrero/es

** También hay una web: www.lassinsombrero.com


http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

ELLINGTON, DESNUDO

Duke Ellington · Charlie Mingus · Max Roach, Money Jungle 
(United Artist Jazz, 1963)

Era evidente que el "instrumento" que tocaba Duke Ellington no era el piano sino la orquesta, y en este álbum, sin orquesta, parece desnudo. Cuando ocurrió esta sesión (17 de septiembre de 1962), Duke, tras cuarenta años de carrera, se dedicaba a hacer grabaciones de estudio (con y sin big band), sobreviviendo con su genio al paso de las modas (la presencia de su Orchestra por el Festival de Newport de 1956 fue apoteósica) y todavía todos querían grabar con el Gran Hombre.

Money Jungle es uno de esos discos a los que uno vuelve cada cierto tiempo para disfrutar de un rato de buena música y para recuperar el sabor del buen jazz cuando nota en su organismo la falta de swing y quintas disminuidas provocada por la escucha de jazz moderno.

¿A qué esperan para darle al play?


Originalmente publicado por United Artist Jazz en 1963 y reeditado constantemente (mi CD es de Blue Note y tiene 13 temas, aunque creo que la última edición tiene más), es uno de esos claros ejemplos de que unir personalidades distintas es una de las mejores maneras de crear arte en el jazz. El gran clásico, Duke, heredero de la música negra, que llevó a su big band, a sus suites, rapsodias y a todas las formas orquestales que se le antojó, se une aquí a Max Roach, el baterista y activista del bebop que hizo de la agresividad su forma de expresión, y a Charlie Mingus, el Hombre Enfadado del Jazz, cuya forma rebelde de tocar y componer supuso un precursor de lo que luego sería el free jazz. El resultado es un disco original, un revulsivo para el oyente, con composiciones nuevas de Duke (en lo que era la cara A del LP original) y dos grandes éxitos revisitados ("Caravan" y "Solitude"), aquí con un sonido nuevo, fresco y ciertamente interesante para los adictos a cualquiera de los tres músicos que son "un triunvirato, no un trío", como los define en las notas del disco George Wein.

No es una grabación con una gran calidad de sonido, pero vale la pena enfrentarse a ello sabiendo que la batalla entre las tres personalidades puede depararnos momentos únicos, como el Duke hot y relajado de "Very Special", un Duke que, en otros temas, se revuelve al ritmo del contrabajo y se deja llevar por el estado semi-salvaje, de la forma de tocar de Mingus, quien por primera vez tenía la oportunidad de tocar junto al que definió como su ídolo, El Duque. La manera en que Mingus responde a las frases del piano en "Very Special" denotan una concentración que es casi adoración. Esta comunión Ellington-Mingus es palpable en todo el disco.

Roach, por su parte, es Roach 100%, aún cuando, enfrentado a la reinterpretación de clásicos demasiado trillados (como "Caravan") debe reinterpretarse a sí mismo. Su forma de asumir los ritmos latinos es fascinante, cambiante, colorista, nada folklórica a pesar de todo, a veces impresionista.


Se puede considerar paradójico (dada su mayor experiencia) el hecho de que Duke sea de los tres el que más se adapta, se transforma, se transmuta. En algún tema incluso se suelta el pelo y se acerca al free. Desnudo sin su orquesta detrás y acompañado por músicos más modernos, Duke es Duke pero deja de ser Duke. Se le ve distinto pero más brillante, más sólido y reforzando la sensación de que es un músico único en la Historia del Jazz.
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* Fotografías de la sesión de grabación: Frank Gauna.

UN LIBRO DE JAZZ

"Noche de jazz", relatos sobre el swingueante latir de la vida

Comenzamos promocionando el libro Noche de jazz en el Festival de Jazz de Mazagón en abril para después pasar por librerías y ferias del libro. Agradecemos el calor recibido y anunciamos que la siguiente presentación será en el Festival JazzOlontia el 11 de septiembre). Quedan pendientes de agenda eventos en Málaga, Sevilla y Madrid, que se anunciarán a tiempo. Gracias por preguntar e insistir.

Mientras, continúan llegando las reseñas y los comentarios de lectores y aficionados a la música de Nueva Orleáns. ¿Qué decir? Gracias. ¿Aún no conocen el libro? Atrévanse a "leer" jazz.


La habitación del jazz (lahabitaciondeljazz.blogspot.com.es)





Apolo y Baco (www.apoloybaco.com)

Impronta de jazz
(http://impronta-de-jazz.blogspot.com)
Escritores.org (www.escritores.org)




Entrevistas en radio destacadas:


Reseñas:



El libro, como no puede ser de otra manera, se puede conseguir desde estos enlaces (libre de gastos de envío (oferta sólo para España: consultar otros destinos).



188 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9

ESPAÑA: 15€ (gastos de envío gratis)




AMÉRICA: 15€ (+7,95€ DE gastos de envío)






También disponible en:





NOCHE DE JAZZ

Con permiso, les presento mi nuevo libro

Muy bien, supongo que debería ser yo el primero en hablar de esto. No lo consideren inmodestia sino el placer enorme que supone para mí presentarles mi nuevo libro, un volumen de relatos en los que el jazz es leitmotiv, escenario o incluso el mismo protagonista. El título es Noche de jazz. En el fondo, este que firma ama el jazz por encima de todas las músicas, pero no es más que un escritor de ficciones.

Hay músicos que tienen la capacidad de dar vida a un sentimiento; otros, se dejan la vida en ello. De esa magia y de ese sacrificio tratan los relatos incluidos en Noche de jazz.


Para ser sincero, quería escribir ese libro que ando buscando siempre y que rara vez encuentro, un libro de ficción donde el jazz sea un personaje más, un motivo, el alma de la historia.

¿De qué va? Encontrarán en estas páginas relatos que apelan al espíritu, en especial a la manera en que las artes (y la música en particular) tienen influencia en nuestra vida, ya seas lector/oyente/espectador o un creador con sus glorias y sus miserias, relatos realistas, fantásticos, alguno erótico, otros de intriga e incluso algún relato de viajes (Nueva Orleáns, por supuesto) y algún texto que recrea un momento de la Historia del jazz. 






Los relatos
Solitude es la historia de una joven cantante que se cree Billie Holiday; Nostalgia en Times Square nos muestra a un músico caduco y hastiado de haber vivido a tope que, mientras se emborracha en un local cutre, hace inventario de sus experiencias musicales y, de paso, de la Historia del Jazz de las últimas cuatro décadas; Chet Baker canta cuenta cómo un periodista novato se enfrenta al juicio por drogas en el que se vio envuelto el músico en Italia en 1961, lo que le abre la mente al jazz y a una terrible pregunta: ¿Cómo puede un drogadicto como Chet ser capaz de lucir y crear la mayor de las bellezas?; Lo que significa añorar Nueva Orleáns es la historia de un joven alemán admirador de William Claxton que visita la ciudad después de ver por televisión Tremé; Una especie de tristeza nos muestra al Miles Davis del periodo electrónico, un genio en la cima, con sus dudas y la añoranza de aquel escalofrío de ser un principiante; Cuerpo y alma y Boogie de batería son relatos fantásticos en los que la magia se mezcla con el jazz para demostrar que la música puede elevarnos a un status superior de la existencia... Así hasta trece relatos en los que aparecen Dexter Gordon, Mingus, Monk, Sonny Rollins, Michel Legrand, Herbie Hancock y otros muchos en un complejo puzzle que trata de ilustrar los diversos matices del mundo del jazz: la música, la belleza, la búsqueda de la perfección, las drogas, el racismo y, por encima de todo, la pasión.



184 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9

También disponible en eBook :




(*)  Para otros destinos postales,  contacte con info @ jazzeseruido.com

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LA IMPROVISACIÓN EN EL CINE

Cassavettes entre las sombras

No es de extrañar que el cine, que se desarrolló de manera paralela al jazz, tomase de este último, en algún momento, esa capacidad para la libertad de expresión que es la improvisación. Al igual que Cortázar en la literatura, algunos cineastas probaron a reflejar en la pantalla el concepto de improvisación como arma con diferentes resultados. El primero que dio el paso de manera notable fue Cassavettes. Como profesor de actores en el Bariety Arts Studio, Cassavettes creía tener las armas para mover los hilos de una película y su primera incursión como director (Shadows, 1959), rodada en 16mm, se basó precisamente en la improvisación. Fue un ataque frontal al mundo cerrado de Hollywood: la vida, como todos sabemos, no sigue nunca fielmente un guión. Buscando este realismo, Cassavettes usó dos elementos catalizadores, que fueron la improvisación actoral y el free jazz, elemento que le sirvió para corroborar rítmicamente el sentido casual de las vidas de los personajes.

El jazz sigue este patrón a menudo, marcando unas líneas (melódicas o armónicas) principales y dando libertad a los intérpretes (en este caso actores). La música es precisamente el principal reclamo que ha atraído siempre a los aficionados del jazz a Shadows: la participación de Charles Mingus, quien, al igual que Miles Davis en Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958), improvisó la banda sonora de la película de Cassavettes al bajo, construyendo una interpretación electrizante, aunque sin llegar a sus mejores explosiones en directo (porque, en el fondo, se trata de música en directo) ni alcanzar ese status superior de rabia convertida en expresión musical que define buena parte de las composiciones (comprometidas o no) de Mingus. Sus temas para esta película reflejan muy bien, en todo caso, las vidas desorientadas de los personajes, sus titubeos y sus dudas, algo en lo que, indefectiblemente, influye la improvisación que estaban obligados a llevar a cabo los actores. Pero no toda la banda sonora pertenece a Mingus. Habitualmente se obvia la presencia del saxofonista Shafi Hadi, quien, al igual que Mngus, ilustró con sus improvisaciones las dudas vitales de los protagonistas.


Cassavetes repitió experimento en su segunda película como director, Too Late Blues (1961), protagonizada por Bobby Darin y una turbadora Stella Stevens. Al igual que la primera, esta cinta está poblada de personajes desorientados que buscan su lugar en el mundo, en esta ocasión son músicos de jazz, razón por la cual no se desenvuelven mal improvisando... Pero Too Late Blues está llena de paradojas. La pareja protagonista es lo más flojo, interpretativamente hablando, de la película. La chica (Stella Stevens) está tan ensimismada en sus complejos que la interiorización de sus problemas apenas se refleja en la pantalla. El protagonista es nada menos que Bobby Darin, un cantante ya de por sí poco dado al drama, que pasa por el metraje con unas pocas frases buenas y tratando de fingir (sin éxito) desencanto con su cara de ángel.

En Too Late Blues la improvisación en los diálogos es menos palpable (quizás porque los personajes están menos "perdidos" que en Shadows) y el jazz constituye otra de las paradojas de la cinta. Aquí no hay free sino un hardbop suave, a veces mainstream o con aires de blues que apenas sobrepasa la frontera de la comercialidad más acorde con la época. La música es de David Raskin y los músicos que se escuchan (que no son los que se ven) son: Milt Bernhart (trombón), Benny Carter (saxo), Shelly Manne (batería), Red Mitchell (bajo), Uan Rasey (trompeta), Tommy Tedesco (guitarra) y Jimmy Rowles doblando al piano a Bobby Darin, todos músicos blancos y (otro detalle) aparecen en la primera escena tocando en un colegio (u orfanato) para negros (!) porque, liderados por el protagonista, Ghost (Bobby Darin), huyen del éxito y sólo les interesa la música. Tocan de manera benéfica, e incluso en los parques, sin público, como una alegoría de lo que constituye tratar de ser músico sin rendirse a las exigencias de la mercadotecnia.

-No hacemos más que festivales, en San Diego, en San Francisco....tocamos jazz para sordomudos, para ancianitos, para los ciegos... ¿Cuándo triunfaremos? Es lo único que quiero.

-Nunca, Charlie. Si te refieres a ser famoso.

Sólo el personaje del agente, que encarna aquí al lado oscuro de la historia, tiene cierto peso y, nos atreveríamos a decir, es el que menos improvisa de todos. Too Late Blues no es Shadows y el tema es menos profundo que los prejuicios raciales de su primera película, pero sirvió para confirmar que la improvisación podía ser algo más que un experimento, una forma diferente de hacer cine. Luego lo intentó con Faces (1968) pero... no somos tan adictos al free y vamos a dejarlo aquí.


A PROPÓSITO DE LA REALEZA

y otros títulos nobiliarios en el jazz

Joe "King" Oliver
No nos cabe duda de que es la ausencia de una Historia profunda (cuentan apenas 200 años de independencia), lo que hace que a los norteamericanos les atraiga tanto la tradición europea de otorgar títulos nobiliarios, un elemento exótico que ellos incluyen a placer en sus nombres artísticos, ya sea en el rock (Elvis, Rey del Rock), en el rap (Fresh Prince of Bel Air) o, a ello vamos, en el jazz. Son muchos los nobles que han sido nombrados a lo largo del siglo de jazz que llevamos coleccionado en nuestras discotecas. Hagamos una pequeña lista, desde barones hasta reyes, porque, a fin de cuentas, todo esto es sólo anecdótico.

Puede que todo comenzara como una artimaña publicitaria: no es lo mismo presentar al "mejor trompetista del momento" que al "Rey de las Trompetas", por poner un ejemplo que suene simple y valorable, pero lo cierto es que los ejemplos son variados y hay jerarquías, como en la nobleza.

Reyes. El primer noble del jazz del que tenemos constancia fue Buddy Bolden, apodado ya por 1900 "King" (rey) Bolden, una época en la que abundaban los reyes: en Chicago Joe "King" Oliver y, antes que éste, "King" Watzke, de quien se dice que proclamó rey por la envidia que tenía de Bolden e incluso que pagaba a los niños para que, al verle pasar, gritaran: "Ahí va el Rey Watzke".

Imagen de la película protagonizada por Paul Whitman Band
Otros reyes han sido Nat "King" Cole, cuya maestría con el piano se vio eclipsada por su popularidad como cantante (no nos cansamos de remarcarlo); Louis Armstrong, "Rey de la Trompeta" (nunca quiso utilizar el de "Rey del Jazz" por respeto a su maestro Oliver); Louis Jordan ("Rey de la Jukebox"); y Paul Whiteman, también auto-proclamado "Rey del Jazz" en Nueva York a pesar de que su música solo estaba parcialmente influenciada por el jazz. Jelly Roll Morton respondió a la proclamación de Whiteman llamando a su grupo "The Kings of Jazz" pero en 1930, al rodar Whiteman la película, el título quedó inmortalizado a su favor.

Más humor tenía Blue Barron, quien se anunciaba como "King of the Mickey Mouse Bands". Reyes hubo y seguirá habiendo: Benny Goodman fue llamado "Rey del Swing"; Artie Shaw, "Rey del Clarinete"; Albert Ammons, "Rey del Boogie Woogie" y también "Rey del Ritmo"; Dean Martin, "Rey del Cool", Django Reinhardt, "Rey de la Guitarra de Jazz"; en el blues, están "Blues Boy", más tarde resumido en B.B. King, y Albert Nelson se cambió el nombre artístico por el de Albert King.

Mamie Smith
Reinas también ha habido en el mundo del jazz, y pocas (en mi opinión) para tantas grandes voces. En los primeros tiempos, Mamie Smith fue llamada la "Reina del Blues", título que retomó mucho más tarde Dinah Washington. En respuesta a Mamie, Bessie Smith se autoproclamó "Emperatriz del Blues" para colorcarse un poco más alto...

El príncipe. Quizás por el mismo título (o porque es nuestro jazzman favorito) destaquemos en primer lugar a Miles Davis, apodado con el fantástico y espeluznante título de "Príncipe de las Tinieblas" ("Prince of Darkness"), apodo que luego llevaron rockeros como Nick Cave y Ozzy Osbourne.

Duques, condes y barones. Como la lista sería enorme, resumiremos esquemáticamente el resto de los títulos nobiliarios.

Duque fue Ellington y condes Basie y 'Fatha' Hines (earl también significa conde). Charles Mingus fue llamado barón. Aquí acabaría lo que se podría llamar una aristocracia europea pero hemos recordado que también hay caballeros en el jazz: Sir Charles Thompson y "nuestro" Carlos "Sir Charles" González, y ¿cómo no? damas: Lady Ella (Fitzgerald) y Billie Holiday, a quien Lester Young llamaba cariñosamente Lady Day. Ornette Coleman fue llamado "Bufón de la Corte" (Court Jester) con su consentimiento, suponemos.

Menos europeo es maharaja (Oscar Peterson) y menos nobiliarios son títulos como presidente: Prez (Lester Young); juez: Milt Hinton; mayor (también en el ejército) fue Glenn Miller. Y, por encima de todos, los divinos: el Sumo Sacerdote del Bop (Thelonius Monk), la Suma Sacerdotisa del Soul (Nina Simone) y La Divina (Sarah Vaughn). Ah, y Dios, como llamaban a Art Tatum.

Pero quizás el noble más elegante y longevo de esta lista sea el genial Ellington. Les dejamos con el Duque. Parece una buena manera de terminar esta enorme lista:

EL ESLABÓN PERDIDO

CHARLES MINGUS, Pithecanthropus erectus (Atlantic, 1956)

Si tuviera que recomendar un disco de Mingus a algún aficionado que no hubiera escuchado su música antes (!) seguramente elegiría este disco, no porque cada uno de sus cuatro temas sea un clásico sino por la posición que ocupa dentro de su discografía (tras sus Jazz Experiments), ya que siempre es preferible el orden cronológico como el mejor método para conocer a un músico. Pero Pithecanthropus Erectus no es sólo su primera obra maestra, es el primer eslabón del sonido Mingus, el momento en que el músico primitivo se levanta del barro primigenio del jazz tradicional, surgiendo de la nada (es un decir, de su Workshop), del blues (ah, aquel comentario) y del gospel, de todos estos lugares al mismo tiempo, para cambiar a la postre el mundo del jazz.

Valgan estos juegos de palabras, ya que el propio músico, en las notas del disco, define el tema homónimo como un poema musical en el que se describe la aparición de la especie humana y su posterior caída debido a su afán por esclavizar a sus semejantes para crear un precario estado de bienestar. ¿Un álbum conceptual? Muchos lo definen así y Mingus adoraba este tipo de mensajes. Todo el álbum parece un mensaje, tanto en los temas compuestos por él como en "A Foggy Day (In San Francisco)" de Gerswhin, un mensaje de aviso con el que Mingus se anticipó al free jazz, esa filosofía no siempre sana, mucho antes que Ornette Coleman. Porque aquí, con total libertad, Mingus reúne elementos del bop en decadencia, de big band y de la música clásica del siglo XX para conseguir sorprender de nuevo. Volviendo al título, algunos entendidos opinan que hace referencia a la posición de Mingus en el grupo, de pie con su contrabajo (en inglés, upright bass, bajo erguido), musicus erectus, otra chulería más de un tipo de la sección rítmica que se atrevió a componer y a dirigir.



Todos los temas tienen en común una estructura móvil en la que, en cualquier momento, podía ordenar a los músicos que salieran del esquema, que improvisaran. Y esta libertad está llevada hasta el punto de que las improvisaciones se convierten en ruido, en desorden. Esto debió enojar a los puristas de la época, que aún no soñaban la pesadilla del free. Encontrarían disculpas en "A Foggy Day", donde los músicos dejan de tocar para emular con sus instrumentos los ruidos de la calle: bocinas, tranvías... Un truco teatral, en apariencia. Pero no tan justificable en "Pithecanthropus Erectus" a pesar de su conceptualidad.

Con el paso de los temas, el disco se va templando. Los cuatro cortes venían originalmene en un LP con dos caras de 17 minutos. La primera contiene lo ya reseñado y la segunda un producto más digerible por los tradicionalistas. En primer lugar, "Profile of Jackie", una balada que es, en el fondo, un solo de saxo de tres minutos. "Love Chant" es un tema tradicional en el que las disgresiones aparecen por sorpresa, algo para lo que uno tiene que contar con muy buenos músicos para no fastidiar la receta. El sentido del blues, que es el alma de la música de Mingus, lo ponen Jackie McLean al alto, J.R. Monterose al tenor y el pianista Mal Waldron. El batería es Willie Jones. Mingus pone su humor y su sentido del caos.

Conservado (en vinilo o en cd) para la eternidad, Mingus vive entre nosotros gracias a esta singularidad, como un fósil de una especie extinta y quizás inexistente, como el Pithecanthropus Erectus.



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* Fotografía de Andy Freeberg.