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THE COTTON CLUB, HARLEM

Entre el racismo y la gloria

Como la mayoría de las películas de los 80, The Cotton Club (Francis Ford Coppola, 1984) es un tanto almibarada y un mucho artificial. Sin embargo, no deja de ser un acercamiento a aquel club ubicado en el segundo piso del número 644 de Lexington esquina a la calle 142 Oeste que fue una de las mecas del jazz entre los años 1920 y 1940, en que cerró definitivamente sus puertas. La orquesta de Fletcher Henderson o la de Duke Ellington tocaron allí, así como Bessie Smith, Billie Holiday, Louis Armstrong, Ella Fitzgerald... El Cotton Club ofrecía sofisticación, buena comida y la música más de moda, y se hizo tan popular que su público estaba habitualmente poblado de personalidades de la música, del cine y de la política. Algo que ahora no vemos precisamente en escenarios de jazz...

Por suerte, la popularidad del club animó a entendidos a registrar innumerables grabaciones que han llegado hasta nosotros. Los habituales programas de radio en prime time, que en aquella época consistían en retransmisiones de jazz, también han contribuido a que haya llegado hasta nosotros el sonido del Cotton Club. En Internet Archive hay, como es habitual, muchas grabaciones interesantes acerca del Cotton Club. La banda sonora es más comercial y muy escogida pero, en todo caso, justifica el visionado de la película de Coppola. ¿De Coppola? La leyenda dice que éste cogió una llamada del productor Robert Evans, para quien había trabajado en la desastrosa Corazonada. En esta ocasión, Evans también quería que Coppola salvara un proyecto que se le estaba yendo de las manos, un híibrido entre musical y thriller sobre el Cotton Club. Puede que el director aceptara por la colaboración de Mario Puzo, con quien le unían algo más que lazos profesionales tras trabajar en El padrino. Lo cierto es que poco queda para la Historia del Cine tras el visionado de esta película, salvo el premiado vestuario, el edulcorado recuerdo de un lugar mítico para los aficionados al jazz y, por supuesto, la banda sonora.


No es un musical aunque la música sea la protagonista, y esto se nota. Suenan docenas de canciones (gloriosas canciones) escritas en los años 20, como "Minnie The Moocher", "Mood Indigo"... que nos retrotraen a aquella época de una manera contundente, pero no es un musical. Sólo el número final con los bailarines y su impacto en el argumento... No seguimos por no destripar una escena que es puro cine, puro Coppola, y cuyo impacto preferimos guardar para el que la vea por primera vez. 

Los temas de Ellington y Cab Calloway que suenan fueron arreglados fielmente por el ex-jazzman John Barry e interpretados por solistas como los trompetistas Dave Brown ("Minnie The Moocher") y Lew Soloff en la versión cantada, el pianista Mark Shane ("Drop Me Off In Harlem") o el saxo barítono Joe Temperly, entre otros muchos. Sólo el espectacular sonido, limpio y cuidado, revela que estamos ante grabaciones de los años 80 y no de la época original del club. Jerry Wexler aparece como asesor musical y, si hemos de hacer caso a los títulos, Gere interpretó sus solos de corneta. Pero, como esa grabación está en la tiendas, en la red y probablemente en sus discotecas particulares, les animamos a que sigan leyendo mientras escuchan a la orquesta de Duke Ellington en una grabación realizada en el Cotton Club en 1938:



1927. El éxito del club es total. 1927 es el año en que nació Mickey Mouse y el año en que se estrenó El cantor de jazz. En mayo muere Andy Preer, director de la Cotton Club Orchestra. La primera opción es King Oliver pero la oferta económica no le convence y el nuevo fichaje acaba siendo el emergente Duke Ellington. Con sus Washingtonians inicia una estancia de tres gloriosos años que catapultarían al Duque a lo más alto del Universo del Jazz. Las emisiones regulares de la emisora WHN contribuirían también a ello. Fue aquí donde desarrolló su estilo llamado jungle, basado en el uso de sordinas y el abuso de tom toms y otros tipos de percusión cuyas reminiscencias exóticas recordaban a los ritmos africanos de los que, en primera instancia, viene el jazz. Duke volvió al Cotton Club en varias ocasiones. La última en 1938, cuando el club tenía una nueva ubicación. De esta última estancia es la grabación que estamos escuchando.

Artificial o no, la película de Coppola, visionada de nuevo, ofrece algunos matices interesantes sobre la época y otros que son un reflejo de cómo nos gustaría que hubiera sido. En plena ley seca, Jack Johnson, el campeón de los pesos pesados al que luego Miles dedicaría un álbum, abrió este club en Harlem. Tres años más tarde pasó a llamarse The Cotton Club al pasar a manos del gángster Owney Madden (Bob Hoskins en la pantalla). Su gestión del local, su manera de contratar y sus relaciones con la policía están tangencialmente reflejadas en la película de Coppola, que en el fondo no es más que una ficción policíaca/romántica basada en el mito.

La realidad era un tanto más turbia. La gloria de los músicos en el escenario escondía un racismo patente: entre el público no estaba permitida la entrada a la gente de color. Reconocemos aquí que fue un comentario del libro de Leonard Feather, del que hablamos en Jazz, ese ruido hace unas semanas, el que nos incitó a volver a ver esta película. Así lo describe Feather:

El Cotton Club propiedad de la mafia representaba un Harlem para blancos, quienes, siguiendo una moda de "sofisticación en los bajos fondos", eran tolerados porque su dinero era necesario para la supervivencia económica de los músicos del barrio. De una manera más significativa, supe que el Cotton Club admitía a negros sólo como músicos. Con la excepción de alguna celebridad ocasional, que era aceptada a regañadientes (nadie se atrevió a insultar a un Bojangles Robinson que portaba una pistola negándole una mesa), los negros no eran bienvenidos como clientes. Saber esto significaba que yo no estaba cómodo allí. Consecuentemente, y quizás alocadamente, incluso atendiendo a su interés social, nunca vi el interior del club.

Por su parte, Luis Escalante, en su libro Y se hace música al andar... con swing, describe interesantes aspectos de los primeros tiempos del Cotton Club:

Lo primero que hizo Madden fue cambiar el nombre del mismo (el club se llamaba Deluxe) eligiendo el de Cotton Club (Club del Algodón), quizás por su reminiscencia sureña, ya que, desde un primer momento, el mafioso tuvo claro que el suelo de su sala sólo lo pisarían los blancos mientras que el suelo del escenario sería íntegramente para los negros. En el Cotton Club, sobre todo en sus primeros tiempos, se cumplió a rajatabla el slogan: Blanco en la sala y negro en el escenario. [...] El escenario representaba el Sur de los negros, la tierra del algodón, con una cabaña, plantas y árboles. [...] Para asegurar la lealtad de todos los trabajadores, cocineros, camareros, porteros, etc, éstos fueron reclutados por la gente de Madden en Chicago, incluso todos los artistas negros, hasta el año 1927, provinieron de la citada ciudad. Una parte importante del espectáculo lo formaban el grupo de bailarinas cuyas integrantes debían de cumplir con unos severos requisitos en cuanto a belleza, medidas corporales y, sobre todo, color de piel, ya que éste nunca debería ser demasiado oscuro, sino todo lo contrario. Muchas de las muchachas que integraron el grupo de baile del Cotton Club a lo largo de su historia podrían haber pasado tranquilamente por blancas.

En esta era en que tenemos a mano realidades alternativas favorecidas por la tecnología o por la química, podemos elegir la visión que nos quedará en la memoria. De momento, tal como están las cosas, nosotros nos quedamos con la imagen maquillada que ofrece Coppola, aunque sólo sea por poder escuchar una vez más la banda sonora.




LEONARD FEATHER

Testigo auricular de una Era

Leonard Feather (1914-1994) es probablemente el escritor que más ha influido y aportado al mundo del jazz, tanto es así que su trabajo como músico, productor y compositor quedó eclipsada por sus escritos. Quizás también el que más páginas haya publicado (sus liner notes en cientos de álbumes aumentan su bibliografía de una manera exagerada) pero me gustaría destacar que la publicación de su libro Inside Be-Bop en 1949 sentó cátedra y evitó que cientos de puristas escépticos pasaran por alto el bop, y contribuyó a convertirlo en un hito perdurable. Su primitiva pasión por el jazz cuando era adolescente se fue incrementando a lo largo de seis prolíficas décadas de textos, madurando un sentido crítico envidiable: en 1964 recibió el primer Grammy otorgado a un texto en el libreto de un disco. Fue por The Ellington Era. El humilde aficionado que firma este blog, que se defiende mejor con la ficción que con la crítica, está disfrutando de la lectura de uno de los libros de Feather: The Jazz Years: Earwitness to an Era (1986) que, traducido literalmente, podría sonar así: Los años del jazz: Testigo auricular de una Era. 

Espero que esta breve reseña les inspire escuchas, búsquedas, descubrimientos y ganas de jazz.

Leonard Feather dedicó seis décadas de su vida al jazz. En 1964, recibió el primer Grammy a las notas de un álbum.  Es doctor honoris causa en Berklee. Hizo radio, producción y publicó varios libros. The Jazz Years... comienza narrando su descubrimiento del jazz durante sus estancias adolescentes en París y Berlín., y sus excursiones al nada recomendable barrio de Whitechapel para comprar discos. Era el comienzo de la década de los 30:

Aun así, mereció la pena el viaje en autobús hasta Whitechapel para rebuscar entre pilas de novedades e invertir cuatro chelines y tres peniques (poco más de un dólar) en un fascinante nuevo disco de Duke Ellington llamado Mood Indigo, aun cuando la otra cara del disco estuviera dedicada a Benny Payne, un vocalista invitado de su orquesta, cantando "When a Black Man's Blue" (compuesta, por supuesto, por tres tipos blancos).

Por supuesto, conocer a Duke fue lo más grande de su carrera, y también su gran oportunidad, porque pudo trabajar para él.
Si estuviera bajo juramento y obligado a nombrar la época más feliz y fructífera de mi carrera, los diversos periodos en que trabajé para Duke Ellington, comenzando por 1942, vendrían inmediatamente a mi mente. Como le dije a Duke muchos años después, fue como si hubiera subido al Cielo e inmediatamente me hubieran nombrado secretario de Dios.
Duke Ellington, Leonard Feather, 
Nat 'King' Cole y Johnny Hodges (1951). 

No vamos a diseccionar las opiniones vertidas en el libro porque seguramente son más válidas y autorizadas que la mayoría de los que aquí opinamos, pero me gustaría dejarles algunos párrafos que no tuve más remedio que subrayar con vehemencia y algo de devoción.
La amistad entre Milton Mesirow (más conocido en Harlem y donde quiera que tuviera sus asuntos como Mezz Mezzrow) y yo era algo más allá de cualquier explicación racional. Él era un tradicionalista para quien el estilo Nueva Orleáns era virtualmente la única verdad del jazz; yo estaba más interesado por la evolución y, en los años siguientes, defendí el bebop que él despreciaba.

Y bien, tampoco es cuestión de contarles todo el libro. Leonard Feather es prolífico en detalles (como lo es en libros, y cualquiera valdría para ahondar suficiente en el mundo del jazz) y sólo he leído unas cien páginas. Les dejo con una cita que, por su ironía y por el cariño que le tengo a Fats Waller, hará que vuelva con una sonrisa a la lectura de The Jazz Years.


Había oído rumores de que Fats grababa con la ayuda de una botella de ginebra a cada lado del piano. El mito pronto fue desmentido: sus requerimientos eran, en realidad, una jovencita sexy a un lado y una botella de brandy al otro.

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* Página oficial: www.leonardfeather.com

ENCUENTROS FUGACES Y EXTRAÑAS RELACIONES

ACORDES Y DESACUERDOS (XV)

Viendo el documental terminal sobre Anita O'Day, algunas anécdotas nos recordaron la fragilidad de las líneas que mueven el destino, en este caso la evolución del jazz y de sus figuras, del mismo modo que los científicos coinciden en afirmar que la evolución de la especie humana (especialmente en lo que se refiere al desarrollo de la inteligencia) ha sido una sucesión de casualidades y accidentes. A veces, espasmos y otras choques, encuentros, encontronazos... Pero, ¿no consiste en eso la vida, la inspiración y, en muchos casos, la Historia?


I.
Después de un año con la orquesta de Stan Kenton, donde Anita O'Day mantenía que no hacían swing sino que los demás músicos se limitaban a sostener las notas para que ella improvisara, frustrada, la cantante decidió marcharse. Kenton le dijo: "No me dejes sin cantante" y Anita buscó en el local de enfrente. Era un chino. Una orquesta comía antes de la actuación. Con ellos había una chica que debía ser la cantante. Anita le preguntó aparte: "¿Cómo te llamas?" La chica se llamaba Shirley Luster. Anita insistió: "¿Quieres ser rica y famosa? Entonces cruza la calle." La chica se cambió el nombre por el de June Christy y, en la palabras de Anita O'Day, el resto es historia.

II.
Chet Baker, en su contundente autobiografía Como si tuviera alas, de la que ya hablamos en algún momento, cuenta así como comenzó a trabajar con Gerry Mulligan: "Como casi todos los músicos interesados por el jazz, había oído Birth of the Cool cuando salió en el 48, con los arreglos de Gerry Mulligan y las composiciones de Mulligan, John Carisi y Gil Evans, un disco cargado de talentos como LeeKonitz, J.J. Johnson y Max Roach. Todavía hoy en día, casi treinta años después, suelo escucharlo con frecuencia. Cuando me enteré de que Gerry se había largado de Nueva York a Los Angeles y de que le interesaba formar un grupo, sentí curiosidad por ese tío. Quince días después me llamaron para un ensayo con Mulligan [...] El grupo funcionó como un reloj desde el principio gracias a la dirección de Gerry y, dos semanas después, comenzamos una tanda de conciertos de once meses [...] Más o menos en esta época me trincó la pasma por primera vez." Mulligan, a la postre, sería el compañero de adicción con el más veces "trincó" a Chet la policía.

III.
En 1985 Miles Davis grabó su último álbum para Columbia tras 30 años de relación: You're Under Arrest. El tema que da título al álbum es una sucesión de ritmos violentos que quieren representar la contundencia policial contra los negros. Basado en experiencias personales, Miles quería a un policía gritando en francés en su tema. Como Daryl Jones había grabado con Sting en el álbum The Dream of the Blue Turtles y Sting era europeo (?), Miles pidió al bajista que lo invitara a una sesión. Sting fue a Nueva York, entró en el estudio y... lo cuenta así: Miles lo mira. 
-Sting, ¿eh?
-Pues sí.
-Sting, qué pedazo cabezón tienes, joder.
-Exactamente, ¿qué quieres decir, Miles?
-Tío, te he visto en una peli, coño, y tu cabezón llenaba toda la pantalla.
Exactamente, nunca supo a qué película se refería. El trompetista le dio un papel con los derechos que se leen a los detenidos y le pidió que lo tradujera. Sting no se atrevió a decirle que apenas hablaba francés, llamó a su mujer a Londres y volvió al estudio con una especie de traducción. Como todo el mundo sabe, apenas se oye bien su voz en el tema. Miles hizo una señal, Sting gritó aquellos derechos en francés y Miles respondió, señalándose la entrepierna: "¿Ah, sí? ¡Pues toma tais-toi, hijo de puta!" Minutos después, Sting estaba en la calle, cuenta, "con la sensación de que acababan de atracarme, pero estaba exultante y orgullosísimo. Salía en un disco de Miles Davis." Para Miles fue una experiencia aún más traumática, ya que Sting podía ofrecerle un mejor salario a Jones, que abandonó el jazz para convertirse definitivamente en miembro fijo de la banda de Sting.

IV.
Más eufórico por encontrarse con una deidad musical, Leonard Feather en The Jazz Years: "Si estuviera bajo juramento y obligado a nombrar los tiempos más edificantes de mi carrera, vendrían inmediatamente a mi cabeza los diversos periodos, comenzando en 1942, que trabajé con Duke Ellington", confiesa. "Como le confesé a Duke muchos años después, fue como si me hubieran enviado al Cielo y me hubieran nombrado automáticamente secretario de Dios".

V.
Aunque no se trate de un encuentro sino de una reflexión, dejamos aquí este fragmento de Miles Davis for Beginners, el extraño ensayo-comic de Daryl Long: "Admitimos, quizás a regañadientes, que Miles Davis no era Dios. Y, a juzgar por algunas de sus decisiones vitales, parece improbable que ganara un lugar en el País de los Dioses. Pero (Miles lo pensó a pesar de sus faltas) los que están en el Cielo, juzgando sus méritos para un lugar junto a Dios, pudieron llegar a una sola conclusión, y se vieron obligados a decir: "Bien, fue el único capaz de tocar así; mejor dejémosle entrar."


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* No he conseguido localizar al autor de la fotografía de June Christy ni al de la de Duke con Billie y Leonard Feather.

** Para los que no lo leyeron, el post sobre el documental de Anita O'Day está aquí: 
http://jazzeseruido.blogspot.com.es/2011/12/anita-oday.html

*** La entrada sobre Como si tuviera alas la publicamos hace unos años:
http://jazzeseruido.blogspot.com.es/2007/10/como-si-tuviera-alas.html

 

11 DE MARZO

Bueno, es mi cumpleaños

No es una gran fecha, no cumplo una cifra redonda ni estoy en el mejor momento de mi vida, pero se me antojaba regalarme una entrada. Nunca seré músico de jazz, puede que ni consiga dominar ningún instrumento (se me ha pasado la edad para ser rising star ;-p ) ni consiga llegar a aprendiz de Nat Hentoff o Leonard Feather. Quizás sólo aspire a que alguna referencia cruzada en mis relatos o en mis novelas recuerde vagamente a los deslices melómanos de Cortázar... Pero puedo dedicarme una pequeño bio. ¿Por qué no?

Nací el año en que Herbie Hancock publicó su Maiden Voyage y Miles Davis grabó su E.S.P., el año en que Ronnie Scott trasladó su club al 47 de Frith Street, doce meses de una época en que los genios se salían (Lee Morgan lanzó Cornbread y The Gigolo mientras que Coltrane hizo un maratón de pasos de gigante grabando los álbumes Ascension, The John Coltrane Quartet Plays, Kulu Se Mama, Transition, Sun Ship, Live in Seattle y, ya en noviembre, Meditations) pero fue un mal año para los pianistas porque murieron Tadd Dameron, Clarence Williams y Nat 'King' Cole. También murió Red Nichols en junio. En el lado contrario de la vida, el 28 de julio nació el menos famoso y el menos Marsalis de los Marsalis, Delfeayo, el trombonista.

En resumen, han llovido muchos discos desde entonces y he pasado de ser un niño gordito y rubito a convertirme en un tipo algo desengañado que intenta que la vida siga sorprendiéndole. Me he alimentado de muchas músicas en este tiempo, pero ninguna como el jazz me ha puesto los pelos de punta. Las 224 entradas de este blog no son suficientes para describir lo que siento. Sigo siendo un aficionado estupefacto ante la enormidad y la universalidad de esta expresión del Arte. 

Charo, que no entiende el jazz pero me entiende a mí, me ha regalado un giradiscos. El que tenía estuvo un tiempo esperando una aguja nueva y, al final, no sobrevivió a la última mudanza. Ha sido una gran sorpresa, aunque no tan grande como descubrir que no tenía tantos discos de jazz en vinilo como yo pensaba (hay también muchas cosas en cassette, en cajas de cartón pero no olvidadas), lo que no ha sido obstáculo para que ahora esté (re)descubriendo, noche a noche y disco a disco, sonidos que tenía olvidados y que no suenan igual sin las quejas de la aguja caminando por los surcos, el sonido del pasado.

ANITA O`DAY

Vida de una (indestructible) cantante de jazz

El documental, dirigido por Robbie Cavolina y Ian McCrudden, comienza con esta frase: "Sus experiencias personales incluyen la violación, el aborto, la cárcel, la adicción a la heroína...", a lo que la protagonista responde: "Así es como fueron las cosas." Poco alentador pero (desgraciadamente) típico en una figura del jazz de los 30, 40, 50... ¿Para qué concretar? Anita O`Day, como muchos otros genios, poseía un don y una maldición. La maldición, la mayor parte de las veces, consiste en relacionarse con las personas inadecuadas. El don, más interesante, es su capacidad para improvisar (se decía que le gustaba incluir cualquier ruido del club en sus canciones) y su forma particular de cantar, provocada por una amigdalectomía en la que le extirparon la campanilla por error, lo que, en sus propias palabras, la obligaba a cantar en corcheas y a sacudir la cabeza cuando quería producir un vibrato. Con don o con obstáculos, lo cierto es que Anita O'Day vivió y cantó hasta los 86 años y que, puestos a escoger, sería la nuestra única cantante blanca en el podio de las grandes cantantes de jazz.

Ser una cantante blanca en una orquesta de los años 40 no era fácil ni en Nueva York ni en los clubs de la América profunda. El documental revisa una impresionante versión de "Let Me Off Uptown" en la que Anita canta con Roy Eldridge, por entonces trompetista de la orquesta de Krupa. Aparte del valor musical, está el anecdótico. Ambos (Roy más) se jugaban la vida, literalmente, al cantar juntos ante un público que tardaría décadas aún en aceptar la integración. Pero ambos eran estrellas en ascenso y al público les encantaba. Este video es la prueba, hay un corte (probablemente censura) en el minuto 0:53 que salta el diálogo entre la cantante blanca y el trompetista negro, cuya transcripción pueden leer en este enlace.


Cuenta también Anita en el documental que, después de haber pasado por la orquesta de Gene Krupa, la de Stan Kenton parecía un mundo aparte. Cuando había un descanso, los músicos de Kenton, en lugar de desaparecer para beber o drogarse, descansaban o comían, ¡incluso leían libros!, añade. Le quedarían muchas cosas por ver. Su ingreso en la cárcel por consumir drogas, al contrario de llevarla al fondo, le permitió, en sus palabras, conocer otro tipo de gente y tener otro punto de vista sobre la vida.

Pero la vida de Anita O'Day está por encima de las circunstancias y de las décadas, ya que abarca desde los años 40 hasta su última grabación con 86 años, Indestructible (Kayo Stereophonics, 2006). No, la vida de Anita O'Day está caracterizada por la misma improvisación con que interpretaba sus temas. Con improvisación y un absoluto dominio de la voz, es considerada por muchos músicos como uno más de ellos, una auténtica instrumentista. En el documental aparece interpretando un tema llamado "Four Brothers" que originalmente fue escrito para cuatro saxofones. Anita interpreta la melodía sustituyendo a uno de ellos y los otros tres se encargan de las armonías. Es, naturalmente, un tema sin letra, en el que ella hace scat llevando la nota por caminos que sólo un instrumentos podría recorrer.

En palabras de Leonard Feather, "hay cuatro elementos que definen una gran interpretación de vocal en el jazz. El primero es la calidad tonal (el tono y el sonido de la voz), otro es el fraseo (el grado que posee o no de sentimiento de jazz), el tercero sería la elección de los músicos y el último es la elección del material."  Ella tenía, además de estos elementos, otra faceta, la más amada de Anita, su capacidad para dar vida a las letras de sus canciones, de manera que uno parece escucharlas por primera vez y, por primera vez, gritar "Ah, es de esto de lo que va la canción". Johnny Mandel aparece en el video para decir que "no se trata de las notas, no se trata de los efectos, se trata de meterse en la canción y darle vida" y ella lo consigue. Bill Holman añade que en cierta ocasión Anita O'Day, el prodigio rítmico, la cantante-instrumentista, la gran improvisadora, se definió a sí misma de esta manera: "No soy una cantante, soy una estilista de canciones".

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* Más info sobre el documental: www.imdb.com/title/tt0843838

FATS WALLER CON OTROS OJOS (Y OÍDOS)

ACORDES Y DESACUERDOS (XII)


No nos cansamos de repetir que la sonrisa de Thomas 'Fats' Waller eclipsaba su genio. Pianista virtuoso (pocos saben que gustaba de interpretar a Bach en el órgano de iglesia), gran intérprete (sus improvisaciones eran fruto de concienzudos ensayos) y muy prolífico, Fats merece más de un desagravio. Nosotros nos hemos limitado a recoger opiniones, aquí y allá, para compensar el daño que su teatralidad infligió a su desbordante creatividad.



Las que siguen son anécdotas y testimonios extraídos del libro de Leonad Feather The Jazz Years. Todas tratan de Fats Waller. Prometo una selección acerca de Feather cuando termine la lectura. 

I. 
Leonard Feather: Yo había oído rumores de que Fats grababa con la ayuda de una botella de ginebra a cada lado del piano. El mito no tardó en desvanecerse: sus exigencias, constaté, eran una chica despampanante a un lado y una botella de brandy al otro. 

II.
En su primera visita a Nueva York en 1935, Leonard Feather encontró a Fats Waller ensayando en el estudio con un piano vertical verde. "En aquel tiempo, tanto las big bands como los pequeños combos eran considerados como música de swing; la improvisación era frecuente en todos los grupos", cuenta Feather. Waller tenía un pequeño combo y su música se oía desde fuera del estudio. Cuando llegó al final del arreglo, se detuvo y los saludó. Dijo que estaba trabajando en un nuevo solo. "Pronto me di cuenta", afirma Feather, "de que había mucha menos improvisación en su música de la que yo habia pensado.".

III.
Agosto de 1938. Londres. Fats Waller tiene una sesión de grabación en los EMI Studios (no se llamaron Abbey Road hasta la publicación del álbum de The Beatles) para el día 21. Debido a una normativa proteccionista, no ha podido traer a sus músicos americanos. Leonard Feather trata de reunir una jam band para la grabación. El nombre del trombonista George Chisholm parece imprescindible, pero está de luna de miel. A pesar de ello, lo telefonean. La conversación, según Feather fue más o así:

-George, realmente te necesito para una sesión de grabación.
-Lo siento, tío. ¡Imposible! Estoy en mi luna de miel.
-George, es con Fats Waller.
-Ah... Déjame mirar los horarios de trenes. ¿A qué hora empezamos?

IV.
Fats Waller, hijo de un pastor baptista, tocaba el órgano (de iglesia) y, cuando tuvo edad suficiente, se buscó la vida, entre otras formas, tocando el órgano en las salas de cine mudo. Lo cuenta así:

Yo estaba tocando el órgano en uno de esos locales de cine mudo de Harlem, y estarían proyectando una escena de muerte en la pantalla, y como algo habitual, yo cogía una botella y comenzaba a tocar swing al ritmo de "Squeeze Me" o "Royal Garden Blues". Los propietarios solían pedir disculpas pero, mierda, ¡nadie podía pararme!

Fats divertido, Fats bebedor, Fats músico, Fats siempre sabe a poco y siempre apetece volver a poner sus discos desde el comienzo. Por si se han quedado con ganas, aquí les dejo un video. Fats Waller fue, al fin y al cabo, uno de los primeros artistas en aprovechar las ventajas promocionales de los soundies, los primeros video-clips. En este, en particular, podrán escuchar "Ain't misbeheavin" seguida de las opiniones de Chick Corea acerca de las bondades de Fats como compositor y como pianista, y acerca de su influencia en pianistas posteriores como Art Tatum.