No nos cansamos. Las versiones y los homenajes a Duke Ellington y al que fue su acólito (y el compositor de algunos de sus mayores éxitos), Billy Strayhorn, siempre son bien recibidos. El saxofonista Brian Landrus es el responsable del último que nos ha llegado, aunque decir saxofonista es quedarse corto porque Landrus toca el saxo barítono, el saxo bajo, el clarinete bajo, la flauta baja... Como se ve, además de otras flautas y del clarinete contraalto, todos son instrumentos de viento de registro bajo o muy bajo, algo que incide directamente en la interpretación de los temas y que les dota de un sonido melancólico y, al mismo tiempo, profundo. Pongamos por ejemplo la seductora melodía de "Chelsea Bridge", que aquí, tocada en escalas más bajas, toma un especial dramatismo que apela directamente a la sensibilidad del oyente (sin olvidar el bajo acústico de Jay Anderson, un motor perfecto para esto que describimos).
Landrus hace un repaso al repertorio ellingtoniano apelando a la lírica y explorado casi exclusivamente baladas (¡esa "Lotus Blossom"!), que adapta a sus registros con naturalidad, protagonizando los temas con una voz muy personal y distinguible ("Sophisticated Lady" suena tremenda sin acompañamiento). Solo en algunos temas como "Daydream" o "Isfahan", cede protagonismo a la guitarra de Dave Stryker, que dota los temas de un aire fresco y de un sonido muy directo. Es difícil elegir un tema entre tanta joya recuperada y re-inventada, pero nos quedaríamos con la breve y divertida "The Telecasters", más acelerada y juguetona que la de Duke. No todo va a ser serio.
Brian Landrus es un músico doctorado en composición en la Ruters University. Reside en Brooklyn y aparece regularmente en las listas de Downbeat y JazzTimes. Como líder ha grabado una docena de álbumes, en los que explora, sin limitaciones, las tímbricas de casi todos los instrumentos de viento. Ha tocado con una lista interminable de grandes nombres del jazz (Fred Hersch, Maria Schneider Orchestra, Gil Evans Orchestra, Esperanza Spalding, Jerry Bergonzi, Conrad Herwig, Ravi Coltrane, Danilo Perez, Joey Defrancesco, Jason Palmer...). Es profesor asociado de Composición de Jazz en el Berklee College of Music, y en este álbum, donde no compone, ha realizado los arreglos para casi todos los temas.
Nos vuelve a sorprender el lenguaje clásico, limpio y perfeccionista de Owen Broder, un saxofonista que ya nos sedujo con su primer álbum homenaje a Johnny Hodges titulado Front and Center, Vol. 1, y que ahora vuelve con un nuevo volumen, en el que explora aquellos maravillosos años en los que Hodges participó en la orquesta de Duke Ellington conformando una de las simbiosis más celebradas de la Historia del Jazz.
En este segundo volumen vuelve a grabar en quinteto con el trompetista Riley Mulherkar (The Westerlies, Dave Douglas), la pianista Carmen Staaf (Dee Dee Bridgewater, Allison Miller), el bajista Barry Stephenson III (Jon Batiste, Jamison Ross), y el baterista Bryan Carter (Wynton Marsalis, McCoy Tyner). Broder toca los saxos alto y barítono en este ejercicio de nostalgia que recorre temas de la época ellingtoniana de Hodges, tanto en la orquesta como algunos temas de su participación en grupos de menor tamaño.
Tema a tema, Broder hace suyo el estilo de Hodges, su timbre y su tonalidad, su descaro a la hora de hacer ese swing atemporal que sonaba en su saxo alto ("Back Beat"), su estilo melódico ("Wabash Blues") y su manera de hacer swing con un sentido lírico que fluye por encima de lo meramente rítmico. Pero lo que diferencia este álbum de la primera entrega es que pone el foco en las composiciones de Johnny Hodges. Aquí cuatro de los ocho temas están compuestos por Hodges, con su particular gusto por el blues, los riffs... Los temas son "Back Beat" y "Shady Side", dos temas que aparecieron en Gerry Mulligan Meets Johnny Hodges (1960), temas en los que Broder hace un doble homenaje tocando el saxo barítono; "Big Smack" (compuesto por Hodges y Ben Webster) y "Used To Be Duke", escrito por Hodges durante su ausencia de cinco años de la orquesta de Duke pero publicado en 1956, tras su retorno.
Foto: Adrien H. Tillman
Un disco para disfrutar, no tanto de la nostalgia como de la (feliz) idea de que el jazz de Duke y de Hodges no ha muerto. Tanto si este Front and Center, Vol. 2 nos arrastra a lo profundo de nuestra discoteca personal a buscar algún disco de la Duke Ellington Orchestra donde aparezca Hodges como si nos quedamos escuchando a Owen Broder, la diversión está asegurada.
Recopilamos en este artículo (sin interés comparativo) tres álbumes monográficos editados recientemente. Cada uno de ellos se mira en un jazzman clásico para enfocar su repertorio con una personalidad nueva. Son un saxofonista que reimagina a Monk, un guitarrista que lleva a su terreno temas de Wayne Shorter y un saxofonista barítono que versiona a Clark Terry con toda una big band detrás. Cosas del jazz.
ADAM SCHROEDER & MARK MASTERS, CT!
(Capri Records, 2024)
El arreglista Mark Mastersaparece con regularidad en el panorama del jazz al frente de discos muy interesantes en los que juega simplemente el papel de arreglista o de director. En el disco que hoy escuchamos, se ha aliado con el saxofonista barítono Adam Schroeder para versionar nada más y nada menos que a Clark Terry. Seguramente, los standards compuestos por Clark Terry no tengan los títulos más recordados entre los aficionados al jazz, pero todos reconocen perfectamente la voz de su trompeta. En este disco, el papel protagonista lo tiene Adam Schroeder (no interpreta a Terry salvo en espíritu), uno de los músicos más solicitados de Los Angeles, que se mueve con elegancia y contundencia en temas como "Groundhog" o "Boardwalk", con un swing enérgico que se aprecia mejor en el barítono.
Schroeder concibió el proyecto como una celebración del centenario de CT, pero el parón de la pandemia le hizo posponer el proyecto, ahora publicado por Capri Records. En alianza con el arreglista Mark Masters, ha definido este proyecto a lo grande, con una docena de músicos (Sal Lozano, saxo alto; Bob Sheppard, tenor y soprano; Kirsten Edkins, tenor; Adam Schroeder, barítono; Francisco Torres, trombón solista; Ido Meshulam y Lemar Guillary, trombones; Dan Fornero; trompeta solista; James Ford y Aaron Janik, trompetas; Edwin Livingston, bajo; Peter Erskine, batería) y temas arreglados de una manera muy inteligente, respetando el espíritu juguetón de la música original pero acercándola (mérito de Masters) a la filosofía de Duke o de Count Basie, jugando con el ritmo y con intervenciones explosivas de los vientos, eso sí, con un brillante sonido de big band moderna. Los temas de CT, llenos de solos, guardan constantes momentos de esos que un aficionado al jazz aprecia. También continen pasajes que nos recuerdan aquella complicidad entre Clark Terry y Pepper Adams... o Bob Brookmeyer. Nostalgias...
En Oneness, el saxofonista suizo Christoph Grab y su quinteto Reflections hacen un particular homenaje a la música de Thelonious Monk con un repertorio que se sale de lo habitual, rebuscando en su discografía para construir su propia versión de los grandes éxitos de Monk sin sus temas más conocidos. Sí, están "Ugly Betty" y "We See", pero muchos echarán en falta temas mucho más escuchados (y repetidos). A este repertorio inesperado se une una formación bastante inusual, un quinteto sin instrumento armónico, con tres vientos al frente: saxo, trompeta y trombón (Christoph Grab, Lukas Thoeni y Andreas Tschopp, respectivamente), bajo (Bänz Oester) y batería (Pius Baschnagel).
Los arreglos (todos de Grab) respetan los indecisos ritmos de Monk (ah, esa seductora versión de "Skippy") y adapta su peculiar manera de escribir los acordes al lenguaje de un quinteto con la peculiar tímbrica de tres instrumentos de viento sonando al unísono. A eso se añade una dosis bastante importante de improvisación. El grupo suena bastante melódico en los chorus y, por momentos salvaje, en temas donde la improvisación "empuja" a las composiciones de Monk hasta sonoridades callejeras que nos recuerdan a Nueva Orleans ("Wee See") o más contemporáneas y atonales ("Work") sin perder de vista la filosofía monkiana en ningún momento.
En definitiva, un disco recomendable, tanto para fans de Monk como para seguidores de sonidos más modernos, en especial porque demuestra que la modernidad de este pianista fallecido hace 40 años sigue vigente.
ERAN HAR EVEN, Shorter Days (World Citizen Music, 2024)
El homenaje (quizás) más inesperado es el del guitarrista Eran Har Even. Su álbum Shorter Days es toda una revelación. A priori, reinterpretar las armonías de un músico tan complejo como Wayne Shorter a las seis cuerdas parece imposible. Transportar su música para saxo es, ya de por sí, un trabajo que no puede dar buenos resultados, pero el guitarrista (a trío con el bajista Omer Govreen y el baterista Wouter Kühne) se ha centrado en las melodías y las armonías para construir un sólido homenaje donde trae a su terreno los temas de Shorter para que parezcan escritos para guitarra.
Documentales como Zero Gravity, dirigido por Dorsay Alavi (y producido por Brad Pitt, entre otros) para Prime Video, no hacen sino avivar la nostalgia por este compositor tan espiritual, siempre buscando nuevas dimensiones musicales. Puede que, a la guitarra, sus temas no suenen tan místicos, y tengamos que asumir que, en el fondo, Shorter era humano, pero su jazz, especialmente el de sus inicios, suena efervescente y swingueante en las manos de Eran Har Even ("One by One", "Capricorn"), evocador en la desnudez del trío ("Night Dreamer", que mantiene su delicioso 3/4 original) o lleno de extensos discursos melódicos ("Nefertiti").
Quizás sea un álbum que vaya a gustar más a los aficionados a la guitarra de jazz que a los fans de Shorter (a quienes también recomiendo) pero es un buen ejemplo de cómo hacer un tributo a un músico respetando su filosofía musical y, al mismo tiempo, empleando una voz personal, nueva.
Brian Landrus es un compositor y multi-instrumentista nacido en Nevada y establecido en Brooklyn que se ha hecho un puesto en los registros graves, habiendo conseguido un meritorio número 3 en la Readers Poll de la revista Jazztimes en la categoría de saxo barítono. En su nuevo For Now profundiza en la expresividad de su sonido con un cuarteto de lujo formado nada menos que por Fred Hersch(piano), Drew Gress(conntrabajo) y Billy Hart (batería).
For Now es el décimo álbum como líder de Landrus, algunos con su propia orquesta, pero, además, ha trabajado como sideman con músicos de la talla de Esperanza Spalding, Bob Brookmeyer, Nicholas Payton, Maria Schneider, Jason Palmer... Su estilo, que se podría clasificar como mainstream, adopta formas modernas y transgresoras por momentos, sin dejar de lado una seriedad que deja patente en su forma de tocar y de componer (todos los temas son originales de Landrus excepto dos temas que pertenecen a Monk, "Ruby My Dear" y "Round Midnight", e "Invitation" de Bronislaw Kaper y Paul Francis Webster).
No es fácil sacar la delicadeza que Landrus extrae del saxo barítono o del clarinete bajo. Son instrumentos con una expresividad en exceso seria, oscura si se quiere, por lo que la lírica que destila este disco supone una singularidad. Y dentro de esta singularidad, Landrus tendrá sus influencias entre los barítonos pero a mí me recuerda a tenores grandes como Dexter Gordon, que era capaz de soplar con una fuerza enorme su tenor (otro instrumento que necesita aire y un gran soplador) y que, sin embargo, conseguía resultados de una delicadeza estremecedora. "Round Midnight", interpretado aquí solo, sin acompañamiento, podría ser un ejemplo de todo esto. La sonoridad del clarinete bajo aparece en “For Now,” “The Wait y “For Whom I Imagined”, mientras que Landrus salta a tonalidades más altas sin perder el sentido melódico, tocando la flauta en "The Night of Change". Toda una paleta de colores que el músico maneja con una soltura y una expresividad que lo validan como un compositor y un instrumentista único en el panorama actual.
En otra línea, temas a tempo mediio como "Clarity in Time" o "Invitation" muestran a un músico integrado en un cuarteto con un foco que apunta a algún lugar intermedio entre el jazz más clásico y una visión moderna que no busca rupturas abruptas. Siempre apoyado en la sección rítmica y en la magia de Fred Hersch, en algunos temas, el grupo se convierte en quinteto con la intervención de Michael Rodriguez a la trompeta. Y en otros, suena aún más clásico con la utilización de un cuarteto de cuerda en algunos temas (qué maravilla "For Whom I Imagined"), un elemento que supone un contrapunto muy interesante y que aporta aún más lírica al proyecto. Los arreglos de cuerda son del compositor de ópera Robert Aldridge, que también ejerce como productor del disco junto a Herschel Garfein, ambos compositores y ambos ganadores del Grammy. El cuarteto de cuerdas está formados por jóvenes músicos (Sara Caswell y Joyce Hamman a los violines, Lois Martin en la viola y Jody Redhage-Ferber en el chelo.