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UN BRINDIS POR LOS MAESTROS DEL TENOR

THE RAY GELATO-ENRIC PEIDRO QUINTET, 
With All Due Respect (Snibor Records, 2019)


Siempre que hablamos de Enric Peidro hablamos de ese jazz honesto, lleno de swing, de inspiración clásica y de fraseos perfectos, ese jazz que nos hace sonreír y nos provoca la felicidad que solo la música puede provocar. En su nuevo trabajo With All Due Respect (subitulado A Toast to the Tenor Masters) hace un brindis por los colosos del saxofón tenor (Ben Webster, Coleman Hawkins, Don Byas...) y lo hace acompañado de otro grande de nuestra época, el británico Ray Gelato.

Jazz con fundamento. Así se podría definir este álbum protagonizado por Gelato y Peidro, dos maestros del tenor que rinden homenaje a los mejores momentos de la Historia del Jazz con un gozoso repertorio de diez temas tocados con un espíritu reaccionario: la modernidad está aquí en la perfección, en desarrollar un sonido brillante, con arreglos fluidos y espectaculares, con estribillos al unísono... Es divertido y suena muy cool. Don Byas (presente aquí en su composición "Slammin' Around") se pasó del saxo alto al tenor cuando se trasladó a la Costa Oeste, y es cierto que la excitante languidez del West Coast Jazz y del Cool suena más adecuada en registros bajos como el tenor o el barítono (el mejor ejemplo, Mulligan).



La sección rítmica, encabezada por Richard Busiakiewicz al piano, es el interlocutor perfecto para los dos tenores. Andrés Lizón en el contrabajo y Simone Zaniol en la batería completan el quinteto.

Del repertorio habría mucho que decir, pero señalaremos que esos grandes del tenor están representados aquí en buen número. Hay temas de Illinois Jacquet, Charlie VenturaEddie 'Lockjaw' Davis... El disco comienza con "Walter Jug", un tema resultado de la colaboración entre Frank Wess y Gene Ammons, lo que muestra que no es nuevo este tipo de discos con dos tenores.  Wess y Coleman Hawkins también grabaron juntos, si mal no recuerdo, así como King Curtis y Sam Taylor en It's Party Time With King Curtis (Tru-Sound, 1962), Ben Webster y Coleman Hawkins en Encounters (Verve, 1959), y también juntos Sonny Rollins y Coltrane en el inigualable Tenor Madness (Prestige, 1956). Qué gran época para los tenores ¡y para el jazz! Es de agradecer que Gelato y Peidro sigan manteniendo esta tradición de tocar a dúo y de hacer buen jazz.

With All Due Respect (A Toast to The Tenor Masters) es eso, un brindis, un gran brindis por el jazz que no debe morir, un brindis que hay que hacer, como Gelato y Peidro en las fotos del álbum, con copa y puro.


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* Ray Gelato: www.raygelato.com

* Enric Peidro: www.enricpeidro.com

HEAR & NOW

NICK FINZER, Hear & Now (Outside in Music, 2017)

Con un fondo cool, moderno, intimista en algunos momentos. Así es el tercer álbum del joven y premiado trombonista Nick Finzer, alumno de Steve Turre en Juilliard y una de las piezas que promete unir la tradición con el jazz que ha de venir. El álbum se titula con un juego de palabras, Hear & Now, y es un disco en el que el activismo político aflora en unas composiciones y unos títulos que su sexteto aborda con una energía fabulosa. 

Ocho composiciones originales y una de Duke Ellington ("Single Petal of a Rose") nos permiten conocer a este trombonista de Rochester, Nueva York. Su estilo es brillante a la primera escucha pero se nos descubre más profundo en la segunda, con un gran uso de la técnica y un gran repertorio de recursos. La escucha nos trae ecos de jazz clásico (bop, cool, algún momento atonal inesperado) pero con una estética moderna y de vuelta. Es el jazz que mira al futuro. 

Transformation can only take place inmediatly. 
The revolution is now, not tomorrow.
Nick Finzer

No tan cerca del cinismo de Delfeayo Marsalis, que se preguntaba en su último álbum cuándo ha sido América grande, Finzer esboza un sentimiento de alerta frente a los tiempos que vivimos (y que él especialmente vive en Estados Unidos, con la fractura social creada por las recientes elecciones) pero lo hace con una música brillante y esperanzadora que enlaza tradición con modernidad y, como dice su nota de prensa, "un desafiante optimismo que enfrenta el amor contra las fuerzas de la opresión". El tema "The Silent One" habla de la frustración silenciosa mientras que "Dance of Persistence" y "New Beginnings" hablan de esperanza, como el poético final, materializado en la balada "Love Wins".

El sonido del sexteto, en general, es brilante y cuidado, con interesantes solos de piano (en la melancólica "Lullaby for an Old Friend") y muy recomendables de escuchar los de guitarra (un inspirado Alex Wintz en "Again and Again", por ejemplo). Especialmente remarcable es el tema "Race To The Bottom", un vertiginoso tema en el que el sexteto lo da todo. Suena energético, orgánico, vibrante y, sobre todo, nos devuelve recuerdos de la época en que nació el West Coast Jazz. Me gusta imaginar a Finzer como una versión moderna de Bob Brookmeyer o Frank Rosolino, pero con más madera de líder y en una época en la que tiene más libertad para innovar. El tema habla, dice Finzer, de que en América debes ser el mejor o el más barato, o emprenderás una carrera hacia el fondo que sólo puedes esquivar creando algo significativo.

Además del trombonista, el sexteto lo componen Lucas Pino (saxo tenor y clarinete bajo), Alex Wintz (guitarra), Glenn Zaleski (piano), Dave Baron (bajo) y Jimmy Macbride (batería), y está producido por Ryan Truesdell, líder del renovado Gil Evans Project y productor de, entre otros, Maria Schneider.

Este es el tema que abre el álbum: We, The People (Nosotros, el pueblo):


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* Web oficial: www.nickfinzermusic.com

** Fotografía 1: Ricardo Nelson.

*** Fotografía 2: Origin Records.

¡QUIERO VIVIR!

Vicios, mentiras y delitos a ritmo de jazz

Johnny Mandel comenzó tocando la trompeta, para después pasarse al trombón, instrumento con el que trabajó junto a Buddy Rich, Jimmy Dorsey y Count Basie. Sin embargo, en los 50 sus arreglos y composiciones comenzaron a estar más solicitados que sus aptitudes con el trombón. Son especialmente memorables sus arreglos para Sinatra y sus bandas sonoras, siempre con una base de jazz, entre las que destacan  La americanización de Emily (Arthur Hiller, 1964, con esa canción, Emily), M.A.S.H. y ¡Quiero vivir! (Robert Wise, 1958).


En ¡Quiero vivir! lo interesante es el uso que Mandel hace del jazz en los distintos momentos de la película. Al estar ambientada en clubs, parece necesaria la ambientación musical, pero incluso la música incidental está interpretada por una big band en la que Johnny Mandel incluyó a los mejores músicos de la Costa Oeste. Sin  embargo, lo más innovador fueron los números escritos por Mandel para un grupo pequeño (un septeto) que sirven para ilustrar musicalmente el personaje de Barbara Graham, y lo hace de una manera seductora, loca, excitante, provocativa, adjetivos que pueden definir la personalidad del personaje. Nunca antes el jazz había interactuado así con los personajes. Desde el grupo que aparece tocando en el Frisco Club hasta el solo de Art Farmer en I Want To Live Theme, con Manne acompañándole con un toque sordo a la batería, los temas se implican emocionalmente en la trama. ¿Acierto de Wise o de Mandel?

El segundo y no menos importante acierto de ¡Quiero vivir! está en la elección de Susan Hayward, quien, con su cara de ángel, se estaba especializando en papeles de mujeres al borde del abismo: había sido nominada al Oscar diez años antes por su papel de cantante alcohólica en Una mujer destruida (1947) y había interpretado a una actriz con el mismo problema en Mañana lloraré (1955). Ella es aquí la Asesina de California, un personaje real que Hayward, gracias a esa mística del celuloide, eleva a la calidad de icono con toda esa bella fragilidad que emana de sus ojos, pero también con ese descaro gamberro con que nos atacan sus palabras y sus movimientos y, por supuesto, con ayuda de la banda sonora.

Embaucadora, mentirosa, alcohólica y sin escrúpulos, el personaje de Barbara Graham vive en los clubs nocturnos de San Francisco, lo que nos permite encontrarnos en la primera escena "cara a cara" con un tipo enorme que toca el saxo barítono.

Es Gerry Mulligan.


Siguiendo a los títulos de inicio aparece un club. Gerry Mulligan toca acompañado de Art Farmer a la trompeta, Frank Rosolino al trombón, Bud Shank al saxo alto, Pete Jolly al piano, Red Mitchell al contrabajo y Shelly Manne a la batería. Esta breve irrupción en la pantalla es una especie de premio a los músicos que interpretan la banda sonora (especialmente los fantásticos solos de Gerry Mulligan y Art Farmer) pero también un elemento necesario para captar el ambiente en el que se mueve el personaje, porque ¡Quiero vivir! es una película para saborear el ambiente de los clubs de San Francisco a mediados de los 50, ya que la primera parte de la cinta transcurre de noche o concretamente en clubs o en fiestas con música (por supuesto, jazz) pero también es una película sobre los vicios, sobre las malas compañías y un grito contra la pena de muerte, contada desde la óptica de los personajes, sin efectos especiales ni articios, no en vano (y a pesar de la manipulación de la prensa de la época) es una historia real.