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UN LIBRO DE JAZZ

"Noche de jazz", relatos sobre el swingueante latir de la vida

Comenzamos promocionando el libro Noche de jazz en el Festival de Jazz de Mazagón en abril para después pasar por librerías y ferias del libro. Agradecemos el calor recibido y anunciamos que la siguiente presentación será en el Festival JazzOlontia el 11 de septiembre). Quedan pendientes de agenda eventos en Málaga, Sevilla y Madrid, que se anunciarán a tiempo. Gracias por preguntar e insistir.

Mientras, continúan llegando las reseñas y los comentarios de lectores y aficionados a la música de Nueva Orleáns. ¿Qué decir? Gracias. ¿Aún no conocen el libro? Atrévanse a "leer" jazz.


La habitación del jazz (lahabitaciondeljazz.blogspot.com.es)





Apolo y Baco (www.apoloybaco.com)

Impronta de jazz
(http://impronta-de-jazz.blogspot.com)
Escritores.org (www.escritores.org)




Entrevistas en radio destacadas:


Reseñas:



El libro, como no puede ser de otra manera, se puede conseguir desde estos enlaces (libre de gastos de envío (oferta sólo para España: consultar otros destinos).



188 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9

ESPAÑA: 15€ (gastos de envío gratis)




AMÉRICA: 15€ (+7,95€ DE gastos de envío)






También disponible en:





BORN TO BE BLUE

De cuando Chet Baker aprendió a llorar... de verdad

Chet hizo del canto lacónico de su trompeta y de su voz un himno. Supo utilizar sus limitaciones técnicas en beneficio propio. Esto le obligaba a jugar con el tempo lento, con notas largas y dispersas, a cantar canciones bellas y lastimeras, elementos que lo convirtieron en baluarte del West Coast, al tiempo que le proporcionaron un aura de misticismo. Esto, unido a su look juvenil (le llamaron el James Dean del jazz) le otorgó una imagen de romántico perdedor que lo aupó a la fama, incluso entre aquellos (especialmente mujeres) a quienes no interesaba el jazz. Tuvo que esforzarse poco (técnica y personalmente) para alcanzar esta fama y sólo cuando las cosas se le torcieron tuvo que darlo todo, esfuerzo y sufrimiento, para volver.
Todo se le dio tan fácil en la música. Creo que ese fue uno de los problemas. (Dick Bock, fundador de Pacific Jazz Records, interpretado en la película por Callun Rennie)
Born To Be Blue (Rober Budreau, 2015) narra este episodio de la vida de Chet Baker, cuando a causa de una deuda por drogas, unos matones de San Francisco le parten la mandíbula y los dientes delanteros. Esto, para un trompetista, significa perder la capacidad para soplar. Con prótesis o sin ellas, todos sus años de aprendizaje se perdieron con aquella brutal paliza. Esta película habla de autodestrucción y de sordidez, pero también de volver a empezar.


Algo a advertir es que no suena la música de Chet en la película. Como buena ficción, todo está reconstruido: Ethan Hawke canta (parafraseando el título) y el canadiense Kevin Turcotte (sideman de Don Byron, Tito Puente, Dave Holland...) pone sonido a la trompeta de Chet/Ethan mientras que el piano y los arreglos jazzísticos de la banda sonora corren a cargo de David Braid. El resultado es aceptable y el espíritu de Chet parece sobrevolar la cinta con su laconismo y su sentimiento. Parte de esa reconstrucción es también Jane Azuka, personaje ficticio interpretado por una convincente Carmen Ejogo y que no es sino un epítome, una síntesis de las mujeres que estuvieron con Chet, que le amaron, que le cuidaron, que lo intentaron... Es aquí quizás donde más se nota la libertad que se ha tomado el guionista y director para hacer la película: Chet estaba casado con Carol Baker en aquel año (al no poder tocar, tuvo que pedir una asistencia social de 320 dólares al mes más 130 en cupones para alimentos) y a quien más se parece el personaje de Jane es a Ruth Young, amante inició su relación con Chet en 1973.


Pero Ethan Hawke como Chet también es un invento. La melancolía de sus ojos juega a su favor, nos encanta ese gesto tan Chet de pasarle dos dedos por los labios después de tocar y el papel no exigía más que algo de tristeza y saber llorar. La documentada fotografía pone lo demás: encuadres de las actuaciones en Birdland (Chet Baker and his trumpet, siempre me ha gustado la ingenuidad de estos eslóganes), la reconstrucción en cine de fotografías de William Claxton y, mucho más reales, los escenarios de San Francisco, los estudios de Pacific Jazz...

Kevin Hanchard
es Dizzy en el film
La película comienza con el debut de Chet Baker en Birdland en 1954, con la presencia de Miles Davis y Dizzy Gillespie. [Ojo: lo que sigue podría considerarse spoiler] La historia de Chet es la historia de su musa en la película, su lucha contra la adicción (que le hace feliz y le permite encontrar las notas) y contra la prótesis, se centra en "Summertime", uno de sus himnos y aquí su caballo de batalla. Sólo cuando domina "Summertime" consigue, gracias a la ayuda de Dizzy Gillespie, volver a Birdland a actuar, a recuperar su carrera. El climax es, por supuesto, "My Funny Valentine". Esto ocurrió realmente en 1973. De su posterior exilio en Europa sólo se sugieren pistas en la película, aunque todos sabemos que Europa no fue un paraíso para Chet a pesar de que dejó muchas y muy buenas grabaciones allí, además de esa eterna y clásica discusión acerca de si uno prefiere el sonido de Chet con dientes o sin ellos.

Entretenida ficción, en resumen de la vida de Chet, con demasiadas dosis de ficción. Si prefieren un documental, vean el de Weber (les impresionará por su crudeza) y si quien profundizar en la vida real de Chet lean a James Gavin. Esto es sólo cine... con jazz.

NOCHE DE JAZZ

Con permiso, les presento mi nuevo libro

Muy bien, supongo que debería ser yo el primero en hablar de esto. No lo consideren inmodestia sino el placer enorme que supone para mí presentarles mi nuevo libro, un volumen de relatos en los que el jazz es leitmotiv, escenario o incluso el mismo protagonista. El título es Noche de jazz. En el fondo, este que firma ama el jazz por encima de todas las músicas, pero no es más que un escritor de ficciones.

Hay músicos que tienen la capacidad de dar vida a un sentimiento; otros, se dejan la vida en ello. De esa magia y de ese sacrificio tratan los relatos incluidos en Noche de jazz.


Para ser sincero, quería escribir ese libro que ando buscando siempre y que rara vez encuentro, un libro de ficción donde el jazz sea un personaje más, un motivo, el alma de la historia.

¿De qué va? Encontrarán en estas páginas relatos que apelan al espíritu, en especial a la manera en que las artes (y la música en particular) tienen influencia en nuestra vida, ya seas lector/oyente/espectador o un creador con sus glorias y sus miserias, relatos realistas, fantásticos, alguno erótico, otros de intriga e incluso algún relato de viajes (Nueva Orleáns, por supuesto) y algún texto que recrea un momento de la Historia del jazz. 






Los relatos
Solitude es la historia de una joven cantante que se cree Billie Holiday; Nostalgia en Times Square nos muestra a un músico caduco y hastiado de haber vivido a tope que, mientras se emborracha en un local cutre, hace inventario de sus experiencias musicales y, de paso, de la Historia del Jazz de las últimas cuatro décadas; Chet Baker canta cuenta cómo un periodista novato se enfrenta al juicio por drogas en el que se vio envuelto el músico en Italia en 1961, lo que le abre la mente al jazz y a una terrible pregunta: ¿Cómo puede un drogadicto como Chet ser capaz de lucir y crear la mayor de las bellezas?; Lo que significa añorar Nueva Orleáns es la historia de un joven alemán admirador de William Claxton que visita la ciudad después de ver por televisión Tremé; Una especie de tristeza nos muestra al Miles Davis del periodo electrónico, un genio en la cima, con sus dudas y la añoranza de aquel escalofrío de ser un principiante; Cuerpo y alma y Boogie de batería son relatos fantásticos en los que la magia se mezcla con el jazz para demostrar que la música puede elevarnos a un status superior de la existencia... Así hasta trece relatos en los que aparecen Dexter Gordon, Mingus, Monk, Sonny Rollins, Michel Legrand, Herbie Hancock y otros muchos en un complejo puzzle que trata de ilustrar los diversos matices del mundo del jazz: la música, la belleza, la búsqueda de la perfección, las drogas, el racismo y, por encima de todo, la pasión.



184 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9

También disponible en eBook :




(*)  Para otros destinos postales,  contacte con info @ jazzeseruido.com

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Obituario: STAN GETZ

Un espíritu desafinado

Stan Getz encabeza uno de los repartos menos amables del jazz: el de los Malditos, seres capaces de regalarnos la belleza más inmortal y, al mismo tiempo, ejemplificar la imagen de la autodestrucción gratuita. El recorrido vital de Stan Getz dibuja imágenes de un niño nacido en Filadelfia y obligado a crecer en las calles del Bronx, un adolescente que aprendió a tocar el saxo a los 12 años y que empezó a trabajar en la orquesta de Dick "Stinky" Rogers con 15, a grabar con 19... La vida corría muy deprisa y las metas quedaban atras con demasiada celeridad. ¿A qué echarle cojones cuando se puede con todo? La droga fue el siguiente desafío. Obviamos los detalles, los periodos de desintoxicación, las recaídas...

Getz sólo consiguió alejarse momentáneamente de las adiciones durante los años que vivió en Suecia y Dinamarca con su mujer Monica Silfverskiöld, que era sueca. Pasó, como muchos genios del jazz, por loqueros donde (por aquel entonces) se curaba a los drogadictos. El paso por el Lado Oscuro no ensombreció jamás su música (con bajón y todo seguía sonando brillante) ni su eterna cara de niño bueno. Siempre se vio a sí mismo como un Capitán Maravillas capaz de vencer al final...

A pesar de esto, Getz nos dejó 45 años de carrera en grandes grabaciones donde su estilo, furioso o delicado pero siempre sólido y característico, nunca faltó. A pesar de esto, consiguió inculcarnos a los jazzeros el feeling de la bossa nova (que él llamó samba/jazz). A pesar de esto, sigue siendo un bello fantasma que nos pone los pelos de punta con cada soplo. Hoy, 2 de febrero, habría cumplido 88 años pero no él nunca fue un hombre destinado a envejecer. Fue una sombra y William Claxton lo retrató como una sombra. Nosotros lo recordaremos así.


Dicen que esta es la última grabación de Getz, un concierto de más de 3 horas de duración grabado en el Philarmonic Hall de Munich (Alemania) en el verano de 1990, con Kenny Barron al piano, Eddie del Barrio y Frank Zottoli en los sintetizadores, Alex Blake al bajo y Terri Lyne Carrington a la batería. Disfruten del recuerdo y de la inagotable capacidad de improvisación del hombre del espíritu desafinado.



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* La primera foto es Stan Getz en el aeropuerto de Copenhague en 1958. Es una imagen de dominio público. Desconocemos el autor. 

** La segunda foto es la portada de Captain Marvel (Verve, 1972).

*** La tercera foto es de William Claxton y aparece en su libro Life del que ya hablamos en su día.



 

JAZZLIFE

La fotografía es jazz para los ojos

Chet Baker toca la trompeta en la barandilla de un barco. Stan Getz lo hace bajo el claroscuro de una bombilla en la entrada de artistas del Cosmo Alley de Hollywood. Will Shade presume de su bajo casero de una sola cuerda. Durante un ensayo, Woody Herman cierra los ojos al tocar. Anita O'Day fuma, pensativa. Art Pepper sube la empinada cuesta de Fargo Street como una metáfora de las dificultades que supone luchar contra las drogas. Misas gospel, desfiles en Nueva Orleáns, sesiones de hardbop en los clubs de Chicago... En ocasiones, el salto de Hecho a Arte en un fotografía consiste sólo en saber encontrar el modelo adecuado, ensayar el encuadre perfecto y obtener la historia que, desde otro punto de vista o desde otro encuadre, jamás se contaría. El valor de William Claxton consiste en saber extraer esas historias de las imágenes y hacerlo respetando y/o descubriendo la esencia del personaje.

Recorrer Estados Unidos a bordo de un Chevrolet debe ser una aventura difícilmente igualable; hacerlo en 1960, cuando estaban en su etapa más creativa músicos como Ornette Coleman, Miles Davis, Dave Brubeck... debió ser una aventura irrepetible, histórica y musicalmente hablando. El fotógrafo William Claxton empleó en esta aventura tres meses de 1960 acompañado por el musicólogo alemán Joachim E. Berendt, de quien partió la idea, cubriendo todo el panorama desde Harlem hasta Hollywood, pasando por Louisiana, Kansas City, Chicago, San Francisco... y fotografiando clubs, ensayos, brass bands, aficionados, músicos profesionales y músicos callejeros... Al libro de Claxton sólo le falta la foto de Fats Domino siendo rescatado del Katrina en una barca.

Mi capítulo favorito del libro por cuestiones sentimentales es Nueva Orleáns. Sus personajes tienen el carisma primigenio que dio vida al jazz. Las imágenes tienen un folklorismo muy alejado de la sofisticación de los jazzmen de Nueva York o de la Costa Oeste. Paradójicamente, cuando se disponían a hacer escala en Nueva Orleans, recibieron este consejo en Nueva York: “Ni os molestéis en ir a Nueva Orleans,. El jazz en Nueva Orleans está muerto”. Es cierto que el jazz de principios de siglo desapareció una vez que los barrios “malos” como Storyville, que mantenían la mayor parte de los locales con música en directo, fueron cerrados por cuestiones morales (se adujeron otras razones de salud pública). La mayoría de los músicos se trasladaron a Kansas City, a Nueva York y a Chicago, dando paso a otros estilos que revolucionarían el concepto de jazz, como el Kansas City y el swing.  

Y lo que Claxton y Berendt encontraron en la ciudad del Mississippi fue una música más moderna y sofisticada de lo que esperaban. Quizás porque los mismos músicos orleanos pensaban que el jazz (el hot jazz) estaba muerto, explica el libro, estaban creando una música más evolucionada, más moderna. También se encontraron con reminiscencias de la inacabable guerra dialéctica sobre quién “inventó” el jazz, encarnada en Nick La Rocca (The Original Dixieland “Jass” Band) en una nueva versión: fueron los blancos los inventores (!).



El libro posee la calidad de la fotografía de Claxton en 552 gloriosas páginas, incluyendo algunas fotografías en color que no se habían incluido anteriormente y un prólogo del fotógrafo, que se suma a los incisivos aunque escasos textos de Berendt, y se ha convertido en un tesoro que, nada más abrirlo, devuelve la fe en un arte que alcanzó su punto culminante en aquellos años.

Creo coincidir con muchos aficionados en que este es El Libro de Fotografías de Jazz. Por excelencia. Es algo emocional, un objeto de culto tanto para los aficionados a la fotografía como al jazz, un libro al que siempre vuelvo cuando escucho un disco de jazz que no me convence. Este libro me redime de muchas cosas. Es Arte. En palabras de Claxton, la fotografía es jazz para los ojos.

Lo edita Taschen, por supuesto.

NEW YEAR PROPOSITIONS

Jazz y locales sin humo

Fotografía de William Claxton:
Elvin Jones fumando a las puertas del Birdland de Nueva York, 
anticipando con humor las prohibiciones 
a las que nos enfrentaremos los españoles este año.

Como siempre, pasaron los Reyes Magos dejando atrás su rastro de ilusiones (más o menos) cumplidas. Nos queda un año por delante y en Jazz, ese ruido estamos seguros de que serán doce meses llenos de música y buenos momentos, aunque a algunos se les hará más largo ahora que el gobierno Zapatero ha prohibido fumar en los pocos lugares en que antes se permitía; a nosotros, de entrada, se nos amontonan los temas para sacar a la palestra: discos (Kermit Ruffins, Sonny Rollins, Apolo Bass), películas clásicas (El trompetista, Quiero vivir) y otros placeres (William Claxton).

En resumen, que ya es hora de ponerse a trabajar. Las navidades en España duran hasta el día de Reyes, el 6 de enero, pero las navidades ya han terminado. ¿O no?


Dicen que el orleano Kermit Ruffins es el más perfecto hijo de Louis Armstrong. Opiniones aparte, seguimos celebrando haberlo descubierto en Tremé y lamentando no haberlo conocido antes: tenemos la desgracia de no vivir en New Orleans. Pero ya hemos conseguido su último disco. Y eso ya es algo.