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CHET, SIEMPRE CHET

CHET BAKER, Blue Room: The 1979 VARA Studio Sessions in Holland (Jazz Detective/Deep Digs/Elemental Music, 2023)

Zev Feddman, arqueólogo del jazz e ideólogo de Jazz Detective Records nos trae este abril una joya perdida de Chet Baker. Como es habitual en sus ediciones, Blue Room viene acompañada de abundante documentación, tanto gráfica (siempre fotografías inéditas) como escrita. Feldman nos cuenta, nada más abrir el disco, que uno de sus contactos en los Países Bajos le localizó estas grabaciones que dormían archivadas en los sótanos de la KRO-NCRV, la radiotelevisión pública neerlandesa, una serie de temas inéditos en disco, grabados en los estudio VARA 2 de Hilversum en dos sesiones: 10 de abril y 9 de noviembre de 1979, una de las épocas más brillantes de Chet a pesar de la decadencia física y de los episodios violentos vividos, una época pre-apocalipsis en la que sus labios parecían haber retomado la serenidad que le encumbraron a la fama. 

Chet en VARA Studio 2, 10 de April, 1979
Foto:Kippa/Beeld en Geluid
Ninguna de estas dos grabaciones había sido escuchada desde su emisión en 1979. A pesar de ello, permanecían en buen estado y suenan como si se hubieran grabado ayer. En la primera grabación, del 10 de abril, hay 7 temas (3 caras en la versión doble-LP) que comienzan por "Beautiful Black Eyes" de Wayne Shorter y concluyen con "Nardis" de Miles Davis. Chet aparece muy bien acompañado aquí por un Phil Markowitz al piano magnífico, por Jean-Louis Rassinfosse al contrabajo y Charles Rice a la batería.

En la segunda sesión, del 9 de noviembre, más melancólica, no por el repertorio elegido sino por el trasfondo que se percibe en las notas de la trompeta, Chet cuenta con Frans Elsen al piano, Victor Kaihatu al contrabajo y Eric Ineke a la batería. El repertorio es más breve: 4 temas que incluyen "Candy" "Luisciuos Lou", "My Ideal" y "Old Devil Moon".

"Blue Room" es, sin duda, el tema estrella de esta edición. Escrito por Rodgers y Hart, tiene una duración de 16 minutos, varios solos, incluyendo uno apasionado e inspirado de Mankowitz,  y una trompeta tan egoísta en sus notas como siempre y que alcanza una delicadeza emocionante. "My Ideal" es otra cumbre, con un Chet cantando a quien la edad favorece. El final, "Old Devil Moon" es tan festivo como ágil se puede escuchar al trompetista, recordándonos que, tras el incidente de los dientes, podía volver a tocar tan rápido con la velocidad con la que lo hacía de joven. 

En la parte documental del álbum encontramos una visión de Chet a cargo de su biógrafo Jeroen de Valk y entrevistas a los productores y músicos de aquel momento. Textos firmados por otros trompetistas (Randy Brecker, Enrico Rava y Enrico Pieranunzi hablando sobre Chet) redondean la magnífica edición de estos temas. Tanto Brecker como Rava manifiestan la influencia de Chet en sus carreras por su estricto sentido de la melodía y su economía expresiva. Pieranunzi recuerda haber escuchado discos de Chet cuando era pequeño y también que tocaron juntos aquel mismo año, 1979. Músicos que han hecho historia y una grabación que debe pasar a la Historia del Jazz en su fecha exacta. Imprescindible. 




HISTORIAS Y JAZZ

MIGUEL GARCÍA URBANI, Calle 52, historias y jazz

Hoy, leyendo con música alrededor, se me ha ocurrido hablar de un libro muy especial, un libro que no es un libro sino un laberinto de historias que no son historias sino poemas que suenan en una voz de radio entre temas de un jazz que no es jazz sino sensación y sentimiento. El libro es Calle 52, historias y jazz, un título que a muchos aficionados les sonará porque fue, allá por la primera década del 2000, un blog, un podcast, un experimento que unía literatura, jazz y vida en textos y músicas. El culpable de todo ello era/es el argentino Miguel García Urbani, escritor altamente influenciado por artes tan lejanas y próximas al mismo tiempo como la poesía y la música. Su obra se ha inspirado constantemente en el tango (el libro de relatos Tangos y falsas promesas y el heterogéneo Plateados por la luna) y en el jazz principalmente. Su prosa tiene una sonoridad rítmica y musical que hasta ahora solo habíamos encontrado en algunos poetas y, por supuesto, en Julio Cortázar.


A lo largo de las más de 200 páginas del libro, audazmente ilustradas por Luis Scafati, se van sucediendo los textos (textos apasionados, porque García Urbani es un poeta) que exploran y homenajean las sensaciones que el jazz produce en el oyente. Algunos capítulos son más narrativos pero todos son poesía. Basta escuchar/leer alguno de sus textos para sentirlo en la piel, pero en la mayoría rinde tributo a toda esa enciclopedia de nombres que (nos) inspiran a los aficionados al jazz, desde músicos (Dexter Gordon, Bill Evans, Lennie Tristano... y muchos más) hasta escritores como, por ejemplo, Lezama Lima, Lorca o el inevitable Cortázar, al que llama El hombre que escucha bebop en diez acertadas y líricas definiciones de las que reproduciremos dos:

El hombre que escucha bebop sabe qué es el jazz si no se lo preguntan. Ignora los tratados, los postulados y jamás oyó hablar de los caballeros templarios.

El hombre que escucha bebop es las doce de la noche y la voz de una mujer. Es un contrabajo con pasos de gigante mojado.

Narrativas poéticas que envuelven al lector y que van acompañadas (como hacía en su podcast) de sugerencias discográficas, temas que escuchar al tiempo, antes o después de cada texto, especialmente ilustrativas cuando escribe sobre Jobim o sobre Chet... o, en el texto que sigue, sobre Jimmy Scott:

Él es el hombre abandonado y la mujer seducida, es el narrador y cada uno de los personajes de las canciones. Su voz suena como una extraña trompeta, con una aguda y cálida sordina. Tiene la textura de un tejido que puede servir a veces como mortaja y otras como lecho para el amor. 
(Jimmy Scott, el niño mimado por los dioses. (Fragmento)

En resumen, un libro para sentir el jazz y entender que otros lo sienten como nosotros, para regalar a poetas y también a haters (odiosa palabra de moda) del jazz, pero sobre todo para gozar leyendo y escuchando. 


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* Web del autor: www.miguelgarciaurbani.com

* El libro: www.amazon.es/Calle-52-historias-y-jazz

FELIZ NAVIDAD 2021

HAVE YOURSELF A MERRY LITTLE CHRISTMAS

En Jazz, ese ruido solemos felicitar la Navidad cada año recomendando algún disco de jazz, algo que ya hicimos hace unas semanas con el fabuloso Merry & Bright de Jeff Hamilton, intentado continuar la tradición norteamericana de celebrar estas fiestas con discos que "jazzean" canciones navideñas. Desde Chet Baker a Louis Armstrong, la sensacional Ella Fitgerald, pasando por la singularidad que es siempre Miles Davis,  no hay músico de jazz que no haya grabado su nombre con villancicos. 

¡Regalen jazz! Es un consejo que siempre funciona, tanto si el receptor es un aficionado como si es alguien que aún recela del swing y la síncopa. Hay discos para todos los gustos. Hace unos años, la web de Cervezas 1906 publicó una lista con lo que consideraron Los 10 mejores discos navideños de jazz. Si quieren también, pueden echar la vista atrás y ver las recomendaciones de este blog en otros años en este enlace

Tomémonos unos días de descanso para disfrutar de la familia o para echar el ojo atrás a lo que fue este año. Desde aquí, les deseo feliz navidad y una gran entrada de año con esta versión de Silvia Alonso del clásico "Jingle Bells". Que ustedes lo disfruten. 



VALENTINE

TRES HISTORIAS DE AMOR ALREDEDOR DEL JAZZ

Foto: Chuck Stewart
"Mi madre, Alice McCloud en esa época, estaba tocando con un vibrafonista llamado Terry Gibbs, y estaban haciendo un programa doble con el cuarteto de John Coltrane en el Birdland original de la calle 52, en Nueva York", explica Ravi Coltrane en el documental Chasing Trane (John Scheinfeld, 2016). Su hermanastra Michelle añade en el mismo documental: "Se vieron el uno al otro, y hubo un poco de... ya sabes. Hay una mujer joven aquí y ¡oh! es una pianista. John se quedó a escuchar un poco de su interpretación, y la admiró." Ravi sigue contando la historia desde el punto de vista de Alice: "Algo en ese saxo tenor cautivó su oído y, en algún momento entre los descansos de la banda, mi padre comenzó a perseguir a mi madre por todo el club con su saxo, así que le dio una serenata por todo el club".

La historia de cómo Coltrane y Alice se enamoraron nos viene al recuerdo para ilustrar un cuento en el que el Día de los Enamorados es algo más que "My Funny Valentine"... aunque al final terminemos escuchando por enésima vez la canción porque vale su apelativo de la Canción del Siglo XX. 

Las historias de jazz están llenas de paradojas, drogas, rabia, racismo, superación... y también amor. Historias más escabrosas que la de Coltrane nos muestran a un Lee Morgan asesinado a disparos por una mujer celosa, 19 de febrero de 1972. El lugar, el en el Slug Club de Nueva York. Entre pase y pase, Morgan discute con una novia a la que acaba de dejar. Al final de la noche, Morgan toca el último tema. La mujer vuelve a entrar en el club y camina con paso firme hacia el escenario, donde Morgan está tocando la trompeta, algo que hacía cada noche desde que grabó su primer disco con 18 años. La mujer se acerca al escenario y, sin pensárselo, dispara su 32 hasta que el trompetista cae muerto sobre las tablas.

Billie Holiday and Lester Young: 
A Musical Romance (1937-1941) 
(Columbia Records, 2002)
En una ocasión hicimos una (triste) lista de los hombres a los que amó Billie Holiday, una mujer pasional que nunca fue amada. Quizás el único hombre que la quiso de verdad fue Lester Young,  quizás la persona que mejor comprendió a Billie, y su más íntima y duradera relación. Se conocen durante una jam session con la orquesta de Fletcher Henderson y Young se queda a vivir en casa de la madre de Billie. Allí se conocen y surgen sus apodos. Lester la llama Lady Day y ella le pone el sobrenombre de Prez, alegando que es el Presidente del Saxo. Más tarde, en el tiempo libre que le deja la orquesta, Young acompaña a Billie en sus actuaciones, descubriendo que su tenor es la voz perfecta para acompañar a la cantante. Una de esas historias sin final. Porque Billi y Prez nunca llegaron a ser parejas.

Hay muchas más historias de amor en el jazz pero en esta música nacida de pasiones, los romances no son siempre pacíficos ni terminan bien. Por eso, mejor corramos un tupido velo y escuchemos algo de música. La melodía adecuada es...

Sí, Chet Baker interpretando "My Funny Valentine", un tema compuesto en 1937 por Rodgers & Hart para el musical Babes in Arms y que se ha convertido en un estándar de jazz por derecho propio (gracias a Chet, no a Sinatra). Que ustedes lo pasen bien este Día de los Enamorados (si es de los que guardan todo el amor para un solo día al año). 


My funny Valentine, sweet comic Valentine 
You make me smile with my heart
Your looks are laughable, unphotographable
Yet you're my favorite work of art 

Is your figure less than Greek? 
Is your mouth a little weak? 
When you open it to speak
Are you smart? 

But don't change a hair for me
Not if you care for me
Stay little Valentine, stay 
Each day is Valentine's Day

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* Hablamos de Chasing Trane hace unos meses:

* El (terrible) elenco de los hombres a los que amó Billie Holiday está en este artículo:

HISTORIAS DE NUEVA YORK

STÉPHANE SPIRA, New Playground (Jazzmax, 2018)

Afincado en Nueva York, el francés Stéphane Spira presenta en su quinto álbum como líder, una colección de temas inspirados por la ciudad de los rascacielos, temas que suenan modernos pero que tienen su raíz indudable en saxofonistas sopranos de la vieja escuela como Sidney Bechet, Steve Lacy..., eso sí, sin ataduras, como otros de la Vieja-Moderna Escuela, como Ravi o John Coltrane. Comparaciones aparte, Spira destila un sonido personal y vitalista.

Quizás habría que buscar el origen de su personal estilo en su recorrido profesional. Autodidacta, Spira comenzó a tocar el saxo a los 22, enrolándose en las jam sessions de los sótanos de París, donde colaboró con músicos de la escena francesa como el pianista Giovanni Mirabassi y el trompetista Stéphane Belmondo, convirtiéndose en protegido del pianista Michel Graillier, que había acompañado al piano a Chet Baker durante más diez años. De ahí, se mudó a la vanguardia del jazz neoyorquino. Bien tratado por la crítica en sus cuatro álbumes anteriores, presenta ahora un disco en cuarteto con el pianista (también usa el Fender Rhodes) Joshua Richman, el bajista Steve Wood (ha tocado con Herbie Hancock, Wynton Marsalis, Melissa Aldana...) y el joven batería Jimmy McBride.

Foto: Nicolas Guillemot
El repertorio muestra un jazz moderno donde alternan baladas delicadas (pero sin amaneramiento)  como "Nocturne (Song For My Son)" y temas más rítmicos donde se crean ambientes, atmósferas, de una sonoridad original. Hay algo de París y algo de Nueva York en el estilo de Spira. Los temas (casi todos son composiciones suyas) destilan un jazz amable, juguetón, con recursos pero sin prisas, recreándose en el juego rítmico y armónico, ya sea en partituras movedizas ("Peter's Run", "Solid Wood") o en momentos en voz baja ("Underground Ritual").

New Playground es, por encima de todo, una declaración de intenciones. Spira se siente cómodo en Nueva York (quizás por eso use la palabra "playground"), donde ha encontrado músicos a su medida y un lugar donde jugar y experimentar. El álbum está lleno de referencias a la Gran Manzana, como "New York Windows" (que, sin embargo, está inspirado en una canción rusa que era la favorita del padre de Spira, quien, por cierto, adoraba el jazz de Django Reinhardt) o "Underground Ritual" (que hace referencia a una tienda en un sótano donde gente como Wayne Shorter, Mark Turner o incluso Ravi Coltrane solían ir a comprar sus boquillas y reunirse... como en un ritual). Un homenaje a Nueva York que está firmado, como casi siempre, por alguien que ha llegado de fuera para enamorarse de la ciudad... y de su jazz.

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* Web oficial: www.spirajazz.com

UN LIBRO DE JAZZ

"Noche de jazz", relatos sobre el swingueante latir de la vida

Comenzamos promocionando el libro Noche de jazz en el Festival de Jazz de Mazagón en abril para después pasar por librerías y ferias del libro. Agradecemos el calor recibido y anunciamos que la siguiente presentación será en el Festival JazzOlontia el 11 de septiembre). Quedan pendientes de agenda eventos en Málaga, Sevilla y Madrid, que se anunciarán a tiempo. Gracias por preguntar e insistir.

Mientras, continúan llegando las reseñas y los comentarios de lectores y aficionados a la música de Nueva Orleáns. ¿Qué decir? Gracias. ¿Aún no conocen el libro? Atrévanse a "leer" jazz.


La habitación del jazz (lahabitaciondeljazz.blogspot.com.es)





Apolo y Baco (www.apoloybaco.com)

Impronta de jazz
(http://impronta-de-jazz.blogspot.com)
Escritores.org (www.escritores.org)




Entrevistas en radio destacadas:


Reseñas:



El libro, como no puede ser de otra manera, se puede conseguir desde estos enlaces (libre de gastos de envío (oferta sólo para España: consultar otros destinos).



188 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9

ESPAÑA: 15€ (gastos de envío gratis)




AMÉRICA: 15€ (+7,95€ DE gastos de envío)






También disponible en:





BORN TO BE BLUE

De cuando Chet Baker aprendió a llorar... de verdad

Chet hizo del canto lacónico de su trompeta y de su voz un himno. Supo utilizar sus limitaciones técnicas en beneficio propio. Esto le obligaba a jugar con el tempo lento, con notas largas y dispersas, a cantar canciones bellas y lastimeras, elementos que lo convirtieron en baluarte del West Coast, al tiempo que le proporcionaron un aura de misticismo. Esto, unido a su look juvenil (le llamaron el James Dean del jazz) le otorgó una imagen de romántico perdedor que lo aupó a la fama, incluso entre aquellos (especialmente mujeres) a quienes no interesaba el jazz. Tuvo que esforzarse poco (técnica y personalmente) para alcanzar esta fama y sólo cuando las cosas se le torcieron tuvo que darlo todo, esfuerzo y sufrimiento, para volver.
Todo se le dio tan fácil en la música. Creo que ese fue uno de los problemas. (Dick Bock, fundador de Pacific Jazz Records, interpretado en la película por Callun Rennie)
Born To Be Blue (Rober Budreau, 2015) narra este episodio de la vida de Chet Baker, cuando a causa de una deuda por drogas, unos matones de San Francisco le parten la mandíbula y los dientes delanteros. Esto, para un trompetista, significa perder la capacidad para soplar. Con prótesis o sin ellas, todos sus años de aprendizaje se perdieron con aquella brutal paliza. Esta película habla de autodestrucción y de sordidez, pero también de volver a empezar.


Algo a advertir es que no suena la música de Chet en la película. Como buena ficción, todo está reconstruido: Ethan Hawke canta (parafraseando el título) y el canadiense Kevin Turcotte (sideman de Don Byron, Tito Puente, Dave Holland...) pone sonido a la trompeta de Chet/Ethan mientras que el piano y los arreglos jazzísticos de la banda sonora corren a cargo de David Braid. El resultado es aceptable y el espíritu de Chet parece sobrevolar la cinta con su laconismo y su sentimiento. Parte de esa reconstrucción es también Jane Azuka, personaje ficticio interpretado por una convincente Carmen Ejogo y que no es sino un epítome, una síntesis de las mujeres que estuvieron con Chet, que le amaron, que le cuidaron, que lo intentaron... Es aquí quizás donde más se nota la libertad que se ha tomado el guionista y director para hacer la película: Chet estaba casado con Carol Baker en aquel año (al no poder tocar, tuvo que pedir una asistencia social de 320 dólares al mes más 130 en cupones para alimentos) y a quien más se parece el personaje de Jane es a Ruth Young, amante inició su relación con Chet en 1973.


Pero Ethan Hawke como Chet también es un invento. La melancolía de sus ojos juega a su favor, nos encanta ese gesto tan Chet de pasarle dos dedos por los labios después de tocar y el papel no exigía más que algo de tristeza y saber llorar. La documentada fotografía pone lo demás: encuadres de las actuaciones en Birdland (Chet Baker and his trumpet, siempre me ha gustado la ingenuidad de estos eslóganes), la reconstrucción en cine de fotografías de William Claxton y, mucho más reales, los escenarios de San Francisco, los estudios de Pacific Jazz...

Kevin Hanchard
es Dizzy en el film
La película comienza con el debut de Chet Baker en Birdland en 1954, con la presencia de Miles Davis y Dizzy Gillespie. [Ojo: lo que sigue podría considerarse spoiler] La historia de Chet es la historia de su musa en la película, su lucha contra la adicción (que le hace feliz y le permite encontrar las notas) y contra la prótesis, se centra en "Summertime", uno de sus himnos y aquí su caballo de batalla. Sólo cuando domina "Summertime" consigue, gracias a la ayuda de Dizzy Gillespie, volver a Birdland a actuar, a recuperar su carrera. El climax es, por supuesto, "My Funny Valentine". Esto ocurrió realmente en 1973. De su posterior exilio en Europa sólo se sugieren pistas en la película, aunque todos sabemos que Europa no fue un paraíso para Chet a pesar de que dejó muchas y muy buenas grabaciones allí, además de esa eterna y clásica discusión acerca de si uno prefiere el sonido de Chet con dientes o sin ellos.

Entretenida ficción, en resumen de la vida de Chet, con demasiadas dosis de ficción. Si prefieren un documental, vean el de Weber (les impresionará por su crudeza) y si quien profundizar en la vida real de Chet lean a James Gavin. Esto es sólo cine... con jazz.

NOCHE DE JAZZ

Con permiso, les presento mi nuevo libro

Muy bien, supongo que debería ser yo el primero en hablar de esto. No lo consideren inmodestia sino el placer enorme que supone para mí presentarles mi nuevo libro, un volumen de relatos en los que el jazz es leitmotiv, escenario o incluso el mismo protagonista. El título es Noche de jazz. En el fondo, este que firma ama el jazz por encima de todas las músicas, pero no es más que un escritor de ficciones.

Hay músicos que tienen la capacidad de dar vida a un sentimiento; otros, se dejan la vida en ello. De esa magia y de ese sacrificio tratan los relatos incluidos en Noche de jazz.


Para ser sincero, quería escribir ese libro que ando buscando siempre y que rara vez encuentro, un libro de ficción donde el jazz sea un personaje más, un motivo, el alma de la historia.

¿De qué va? Encontrarán en estas páginas relatos que apelan al espíritu, en especial a la manera en que las artes (y la música en particular) tienen influencia en nuestra vida, ya seas lector/oyente/espectador o un creador con sus glorias y sus miserias, relatos realistas, fantásticos, alguno erótico, otros de intriga e incluso algún relato de viajes (Nueva Orleáns, por supuesto) y algún texto que recrea un momento de la Historia del jazz. 






Los relatos
Solitude es la historia de una joven cantante que se cree Billie Holiday; Nostalgia en Times Square nos muestra a un músico caduco y hastiado de haber vivido a tope que, mientras se emborracha en un local cutre, hace inventario de sus experiencias musicales y, de paso, de la Historia del Jazz de las últimas cuatro décadas; Chet Baker canta cuenta cómo un periodista novato se enfrenta al juicio por drogas en el que se vio envuelto el músico en Italia en 1961, lo que le abre la mente al jazz y a una terrible pregunta: ¿Cómo puede un drogadicto como Chet ser capaz de lucir y crear la mayor de las bellezas?; Lo que significa añorar Nueva Orleáns es la historia de un joven alemán admirador de William Claxton que visita la ciudad después de ver por televisión Tremé; Una especie de tristeza nos muestra al Miles Davis del periodo electrónico, un genio en la cima, con sus dudas y la añoranza de aquel escalofrío de ser un principiante; Cuerpo y alma y Boogie de batería son relatos fantásticos en los que la magia se mezcla con el jazz para demostrar que la música puede elevarnos a un status superior de la existencia... Así hasta trece relatos en los que aparecen Dexter Gordon, Mingus, Monk, Sonny Rollins, Michel Legrand, Herbie Hancock y otros muchos en un complejo puzzle que trata de ilustrar los diversos matices del mundo del jazz: la música, la belleza, la búsqueda de la perfección, las drogas, el racismo y, por encima de todo, la pasión.


184 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9


ESPAÑA: 15€ (gastos de envío gratis)



AMÉRICA: 15€ (+7,95€ DE gastos de envío)



También disponible en eBook :




(*)  Para otros destinos postales,  contacte con info @ jazzeseruido.com

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Obituario: CHET BAKER

Cada 13 de mayo

Cada 13 de mayo desde 1988 Chet Baker muere en el vinilo. No recuerdo lo que estaba haciendo yo aquel día cuando la televisión dio la noticia pero sí recuerdo que el vinilo era The Best of Chet Baker Sings. Chet murió como mueren las estrellas, de repente, sin aviso y con el glamour del misterio, cayendo desde una ventana que (dicen) estaba cerrada por dentro cuando llegó la policía. No creo que a Chet le importara acabar al fin con todo aquello. Murió como una estrella porque había vivido como una estrella, elevándose desde la mediocridad de su Oklahoma natal hasta el trono del jazz. Pasó de vivir en una granja a instalarse cómodamente en el imaginario popular, donde las estrellas son siempre creativas y eternas, tocadas por el genio y bellas, ya sea con dientes o sin ellos, a la trompeta o al fiscorno, sobrias o entumecidas por las drogas. Por eso, y no por otra cosa, sigue habitando aquí, junto a nosotros, cada vez que gira el vinilo.

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Más sobre Chet Baker en Jazz, ese ruido:

* Como si tuviera alas (leer)
* My Funny Valentine (standards. vol. 3) (leer)
* Otros artículos relacionados con Chet Baker (leer)






http://www.amazon.es/El-Talism%C3%A1n-Alexandros-cient%C3%ADfica-ancestral/dp/1495211967/ref=tmm_pap_title_0

UN LIBRO DE JAZZ

que necesita un buen título

He recibido dos rechazos seguidos para mi libro de relatos, relatos sobre jazz, que habían recibidos buenas opiniones de mis lectores beta y que, sin embargo, no llegan a las personas adecuadas.

Mingus, Dexter Gordon, Michel Legrand, Miles, Chet, Rollins... esperan en sus páginas una oportunidad para compartir sus historias. He pensado que necesito un título mejor para embelesar a alguna editorial. ¿Se les ocurre algo?

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MY FUNNY VALENTINE

Standards vol. 3

Según Jazz Standards, “My Funny Valentine” (música de Rodgers y letra de Hart como tantos clásicos) se oyó por primera vez el 14 de abril de 1937 en el musical de Broadway, Babes in Arms, que también incluía la versión original de "The Lady is A Tramp". El personaje de Susie Ward (interpretado por Mitzi Green) cantó esta canción a su enamorado, que se llamaba precisamente Valentine, y que era un poco patoso y desgarbado (funny en el sentido de extraño o raro). Ruth Taylor como vocalista de Hal McIntyre y su Orquesta grabaron la canción en 1945. Desde entonces, es uno de los standards más versionados y repetidos, para suerte de todos.
De todas las versiones que se han hecho, aún mantenemos un dilema entre el romanticismo maldito de la voz de Chet Baker y la expresividad que alcanza la melodía en la sordina de Miles. Ambos trompetistas grabaron el tema en diversas ocasiones. Miles lo grabó por primera vez con su quinteto de los 50 (con Garland, Coltrane, Chambers y Jones) en una de las dos sesiones maratonianas que hicieron para amortizar el contrato con Prestige y que dieron lugar a cuatro gloriosos álbumes. Apareció en Cookin' (Prestige,1956). Chet, por su parte, la había grabado como instrumental pero fue en ese mismo año cuando acometió su primera versión vocal, una versión lacónica y frágil que marcaría la forma en que se ha cantado esta canción a partir de entonces.

Aquí les dejamos una muestra, que, para no decantarnos, son dos. Tómenlo como un regalo, que tengan un feliz día y recuerden, como dice la canción, "Each day is valentine's day".





JAZZLIFE

La fotografía es jazz para los ojos

Chet Baker toca la trompeta en la barandilla de un barco. Stan Getz lo hace bajo el claroscuro de una bombilla en la entrada de artistas del Cosmo Alley de Hollywood. Will Shade presume de su bajo casero de una sola cuerda. Durante un ensayo, Woody Herman cierra los ojos al tocar. Anita O'Day fuma, pensativa. Art Pepper sube la empinada cuesta de Fargo Street como una metáfora de las dificultades que supone luchar contra las drogas. Misas gospel, desfiles en Nueva Orleáns, sesiones de hardbop en los clubs de Chicago... En ocasiones, el salto de Hecho a Arte en un fotografía consiste sólo en saber encontrar el modelo adecuado, ensayar el encuadre perfecto y obtener la historia que, desde otro punto de vista o desde otro encuadre, jamás se contaría. El valor de William Claxton consiste en saber extraer esas historias de las imágenes y hacerlo respetando y/o descubriendo la esencia del personaje.

Recorrer Estados Unidos a bordo de un Chevrolet debe ser una aventura difícilmente igualable; hacerlo en 1960, cuando estaban en su etapa más creativa músicos como Ornette Coleman, Miles Davis, Dave Brubeck... debió ser una aventura irrepetible, histórica y musicalmente hablando. El fotógrafo William Claxton empleó en esta aventura tres meses de 1960 acompañado por el musicólogo alemán Joachim E. Berendt, de quien partió la idea, cubriendo todo el panorama desde Harlem hasta Hollywood, pasando por Louisiana, Kansas City, Chicago, San Francisco... y fotografiando clubs, ensayos, brass bands, aficionados, músicos profesionales y músicos callejeros... Al libro de Claxton sólo le falta la foto de Fats Domino siendo rescatado del Katrina en una barca.

Mi capítulo favorito del libro por cuestiones sentimentales es Nueva Orleáns. Sus personajes tienen el carisma primigenio que dio vida al jazz. Las imágenes tienen un folklorismo muy alejado de la sofisticación de los jazzmen de Nueva York o de la Costa Oeste. Paradójicamente, cuando se disponían a hacer escala en Nueva Orleans, recibieron este consejo en Nueva York: “Ni os molestéis en ir a Nueva Orleans,. El jazz en Nueva Orleans está muerto”. Es cierto que el jazz de principios de siglo desapareció una vez que los barrios “malos” como Storyville, que mantenían la mayor parte de los locales con música en directo, fueron cerrados por cuestiones morales (se adujeron otras razones de salud pública). La mayoría de los músicos se trasladaron a Kansas City, a Nueva York y a Chicago, dando paso a otros estilos que revolucionarían el concepto de jazz, como el Kansas City y el swing.  

Y lo que Claxton y Berendt encontraron en la ciudad del Mississippi fue una música más moderna y sofisticada de lo que esperaban. Quizás porque los mismos músicos orleanos pensaban que el jazz (el hot jazz) estaba muerto, explica el libro, estaban creando una música más evolucionada, más moderna. También se encontraron con reminiscencias de la inacabable guerra dialéctica sobre quién “inventó” el jazz, encarnada en Nick La Rocca (The Original Dixieland “Jass” Band) en una nueva versión: fueron los blancos los inventores (!).



El libro posee la calidad de la fotografía de Claxton en 552 gloriosas páginas, incluyendo algunas fotografías en color que no se habían incluido anteriormente y un prólogo del fotógrafo, que se suma a los incisivos aunque escasos textos de Berendt, y se ha convertido en un tesoro que, nada más abrirlo, devuelve la fe en un arte que alcanzó su punto culminante en aquellos años.

Creo coincidir con muchos aficionados en que este es El Libro de Fotografías de Jazz. Por excelencia. Es algo emocional, un objeto de culto tanto para los aficionados a la fotografía como al jazz, un libro al que siempre vuelvo cuando escucho un disco de jazz que no me convence. Este libro me redime de muchas cosas. Es Arte. En palabras de Claxton, la fotografía es jazz para los ojos.

Lo edita Taschen, por supuesto.

PERO HERMOSO

Un libro de jazz



But beautiful fue compuesta en 1947 por Jimmy Van Heusen con letra de Johnny Burke para la película Road to Rio de Norman Z. McLeod. Luego lo cantó Billie Holiday y Freddie Hubbard lo incluyó en su Open Sesame. Pero, además de un estándar, But beautiful es también el título de un libro que todos los aficionados al jazz conocen y aman.





Geoff Dyer admite que quiso hacer un ensayo cuando comenzó su libro de ficción Pero hermoso (Jonathan Cape Ltd., Londres; en España, editado por Amaranto). Porque, aunque no es ficción todo lo que escribe (los buenos aficionados reconocerán episodios reales de todos conocidos), lo que aquí nos trae son reflexiones e historias ficcionadas, lo que él llama "crítica imaginativa", narraciones que ocurren o saltan entre las anotaciones de un viaje de Duke Ellington en coche, esos viajes de un bolo a otro, durmiendo en el coche y componiendo sobre el primer trozo de papel que encontraba. Y de esto es de lo que se trata, de componer. Duke fue el gran compositor de la Historia Negra del siglo XX (recordemos su Black, brown and beige) y, siempre atento a cazar la inspiración cuando se presenta, anota en este relato cada recuerdo que la somnolencia del viaje le trae de otros músicos. Es (habría sido, de ser real) una gran suite de la Historia del Jazz, la gran obra de Duke en homenaje a los músicos atormentados que protagonizan las historias que el libro cuenta entre pausa y pausa del viaje de Duke y que, se suponen, son recuerdos que acuden a él...

El hilo conductor del viaje nos lleva, a la manera de los impresionistas, a distintos flashbacks en los que asistimos a tormentosos momentos como el juicio militar a Lester Young, el amor que le profesaba Billie Holiday ("Pres era el hombre más amable que había conocido, su música era como una estola alrededor de sus hombros desnudos, sin ningún peso"), que aparece fugazmente para invocar el espíritu que puebla sus canciones ("Ella había vivido mil años en las canciones que había cantado, canciones de mujeres golpeadas y de hombres a los que amaban") y recordarle que todos han pasado por la cárcel. Monk no es menos. Su capítulo es pura paranoia. Su comportamiento, su arresto y su forma de tocar ("Una parte del jazz es la ilusión de espontaneidad") conforman un puzzle difícil de montar pero que da una idea bastante exacta de lo que fue su búsqueda. La alta capacidad de Bud Powell para la música ("como si el piano llevara esperando cien años la oportunidad de saber lo que se siente al ser una trompeta o un saxofón en manos de un negro") y para la autodestrucción ilustran el siguiente capítulo con momentos agónicos, como los de un Ben Webster para quien el día sólo caminaba hacia la borrachera ("Emborracharse en aquellos tiempos no requería su participación activa, sencillamente era el estado hacia el que tendía el día"). En otros capítulos, los protagonistas son la búsqueda de la identidad musical de Mingus o la belleza de la música de Chet en contradicción con su decadencia física y moral ("temblaba tanto que prácticamente vibraba"). El último flashback corresponde a Art Pepper, una metáfora para expresar cómo el jazz ha crecido gracias y a pesar de los músicos.

Lo que hace grande esta lectura es que el autor convierte episodios simplemente biográficos o incluso estereotipados en emocionantes relatos que apelan a nuestros sentimientos, hayamos o no escuchado a estos músicos. Otro aspecto curioso y que puede parecer una paradoja, aunque no lo es, el que la mayor parte de la inspiración para este libro no la haya recibido Dyer directamente de la música ni de las biografías de los músicos sino de fotografías de jazz, ese género que es un arte autónomo en sí y que ilustra, la mayor parte de las veces, más que una declaración, como ésta de Bud Powell: "encogiendo los hombros al seguir el ritmo, los ojos cerrados, una vena palpitando en la sien, sudor a raudales sobre el teclado, los labios estirados sobre los dientes, la mano derecha farfullando y bailando como agua en una roca".

Por último, Dyer nos regala, a modo de epílogo, un ensayo exento de ficciones que pone un punto brillante al libro, si uno supera los capítulos anteriores y las agonías a las que nos ha sometido, especialmente si somos de ese tipo de aficionados que nos dejamos llevar por la belleza de la música, conscientemente inconscientes del sufrimiento y, a menudo, de los pecados que hay detrás de cada disco, de cada biografía del jazz. El ensayo, titulado "Epílogo: Tradición, influencia e innovación" es una búsqueda del sentido que tiene la importante y rápida evolución de este arte musical que cuenta apenas con un siglo de vida. Ningún arte ha evolucionado tanto desde su nacimiento. Es, a la vez, un examen profundo y sereno de estilos y protagonistas. No tiene desperdicio. Termina con una reflexión sobre la forma de entrar en el jazz de los recién llegados. Hay tantas puertas que uno puede acceder a través de cualquier estilo y avanzar o retroceder en la Historia del Jazz hasta encontrar la corriente que enlaza con su espíritu, aunque Dyer sugiere como ideal el orden cronológico. "Las ideas de avance y retroceso, escribe, el sentido del pasado y del presente [del jazz], de viejos y nuevos sueños, empiezan a confundirse en el amanecer crepuscular de un perpetuo mediodía".

Si hay alguien que no conozca este libro, creo que debe anotarlo en su Lista de Libros Imprescindibles. Ignoro si a fecha de hoy está descatalogado en España. Hace poco pregunté en una librería y lo tenían, así como en tiendas de la red (El Argonauta, por ejemplo) o en sitios de libros de ocasión (Iberlibro). También se puede encontrar en inglés y en bolsillo. Para ser más concreto, se debe encontrar.

Como ilustración, les dejo con el Trío de Bill Evans: Marc Johnson al bajo y Joe LaBarbera a la batería, en Iowa, 1979, intrepretando, por supuesto, But beautiful: