Este es uno de esos cuartetos prodigiosos que el aficionado escucha y se pregunta qué fuerzas sobrenaturales se habrán conjurado para unirlos. Aunque, normalmente, solo es una cuestión terrenal, de sinergias y personalidades afines que dan (porque el jazz consiste en eso, en comunicación y sinergias) todo lo que tienen para crear un disco perfecto. Los cuatro en cuestión son el pianista César Latorre, el saxofonista Xosé Miguélez, el bajista Horacio García y el baterista Flavio Li Vigni, No hemos escuchado aún el disco perfecto, pero este Nostos se le parece mucho: está lleno de sensibilidad, ritmos placenteros, arreglos que transmiten, energía bien conducida...
Si uno sigue a Xosé Miguélez en los últimos años se encuentra a un saxofonista y compositor tan prolífico como inspirado. A este álbum llega después de publicar dos álbumes casi consecutivos: Ontology(2019) y Contradictio(2022), ambos para el sello Origin, y de participar en proyectos tan radicalmente alejados como la Orquestra Galega de Liberación. Su fraseo elocuente pero preciso es su mejor arma. Al pianista César Latorre no le habíamos escuchado antes y su virtuosismo y su capacidad para desarrollar los solos nos ha hipnotizado, al igual que la sección rítmica, donde bajo y batería suenan como una maquinaria suiza. Horacio García (Jazzúcar, Jorge Vistel, Iago Fernández) tiene, además, varios solos donde muestra que su contrabajo puede hablar con delicadeza. El de "Two Friends" que es para escucharlo dos veces seguidas. Flavio Li Vigni, por su parte, es de esos baterías inquietos que añaden extras en cada compás. Es responsable del departamento de jazz del Morley College de Londres cuando no toca con propio su trío o cuarteto.
La estética predominante en Nostos es la de un jazz moderno que mira a la tradición, un jazz atemporal, complejo pero fácil de escuchar. Hay algún momento más libre, que rompe los esquemas del álbum y que permite escuchar el lado más atonal del cuarteto ("Her Triumph") y una versión: "Someday My Monk Will Come", donde retoman el clásico de Disney que enamoró a Miles y lo pasan por los esquemas rítmicos de Monk. Una joya.
También hay momentos más líricos. Quizás el momento más perfecto del álbum sea la versión de "Contradictio", donde todos suenan con un sentimiento soberbio. "Nostos", la balada que da título al álbum, por su parte, tiene esos fraseos de tenor que hacen inolvidable una melodía y un solo de piano efusivo, lleno de nostalgias, aupado por una sección rítmica perfecta. El título hace referencia a una antigua palabra griega que viene a significar "regreso a casa".
El disco comienza con un tema de tempo medio, ágil pero moderado, donde la guitarra y el saxo se acoplan en breves pero contundentes fraseos. El swing de la batería (Miguel Cabana), especialmente sobre los platos, tiene un groove que arrastra. Entonces, llega un solo. Es Xose Miguélez al saxo tenor. Le sigue un solo de guitarra lleno de clasicismo y otro de contrabajo (Alfonso Calvo), que nos recuerda aquellos discos de Blue Note que comenzaban siempre con un tema estrella, pegadizo, donde cada solista tenía un solo a modo de presentación. El tema se llama "All The Gods" y parece conjurar a todos los dioses del jazz en un homenaje continuo, lleno de guiños e influencias pero original, nuevo. Liderando este proyecto de viejos conocidos, el guitarrista Valentín Caamaño.
Foto: Isabel González (fuente: Facebook)
Como ya demostró en sus anteriores discos (en especial en el dedicado a Grant Green), Caamaño tiene el poder de resucitar eso que nos recuerda por qué nos enamoramos del jazz: la síncopa, la improvisación, las quintas disminuidas... y también el diseño de los discos (este a cargo de Alberto Seoane, cuya contraportada también nos recuerda épocas doradas). El sonido es cool, definitivamente. Sumemos a todo esto que seis de los siete temas del disco son originales y nos encontramos ante un disco atemporal y de obligada escucha.
Sonny Rollins fue uno de los precursores del trío sin piano (o del cuarteto sin piano, como en The Bridge) y aquí tenemos el claro ejemplo de que un cuarteto funciona sin piano. Saxo y guitarra hacen los unísonos en los estribillos con excitante solvencia, o juegan a perseguirse como en "You Come Two Beats Later", en un canon que hace del chorus algo inolvidable y adictivo, lleno de soul.
Con un fraseo muy clásico, alternando acordes y punteos, Valentín Caamaño tiene ese toque sugestivo en los dedos (también componiendo) capaz de enganchar con un tema lleno de soul y ritmo ("Let It Do The Job") o derrochando delicadeza en una balada ("Safest Place"). El disco está lleno de melodías sugerentes ("Struttin' Around") que fluyen con sutileza y sin fuegos artificiales, muy West Coast.
Grabado el 13 de marzo de 2022 en los estudios Savik Sound de Ponte Caldelas y mezclado y masterizado por José Trincado, tiene un sonido cálido y moderno que arropa el estilo clásico de estos temas llenos de inspiración, como si todos los dioses del jazz se hubieran conjurado para aprovechar la experiencia y los recursos de Caamaño y su cuarteto y ponerlos en un solo álbum. Recomendable para puristas y para modernos.
El disco anterior del saxofonista Xose Miguélez apuntaba hacia un bebop moderno donde aún existía el riesgo, con melodías donde huía de la autocomplacencia y buscaba siempre sonidos que rompieran con un posible estado de confort. En Contradictio, el proyecto sigue siendo el mismo, con nuevos sonidos, alguna vuelta de tuerca y un nuevo cuarteto (esta vez sin guitarrista) donde destaca el pianista Jean-Michel Pilc, a quien habíamos escuchado integrado en el jazz hispano enel disco de María Toro. El francés, nacionalizado americano, es un contrapunto perfecto a los fraseos y las líneas melódicas del tenor gallego y, junto con la sección rítmica formada por Carlos Barretto al contrabajo y Marcos Cavaleiro a la batería, contribuye a que este disco suene de una manera redonda, llena de groove y, por momentos, sorprendente, lleno de contradicciones que, escritas e interpretadas como están, suenan tan lógicas como lo que esperamos del jazz. lo conocido y la sorpresa.
Publicado por el sello americano Origin, Contradictio podría pasar por un disco de jazz contemporáneo de algún músico neoyorquino. La voz de Xose Miguélez tiene esa cualidad de los fraseos clásicos, que suenan limpios y elocuentes sin buscar la perfección, la estética por la estética. Formado en ESMAE (Oporto) y con un máster en jazz en la Guildhall School of Music (Londres), Miguélez mira al jazz con una perspectiva donde no hay fronteras ni modas, buscando una voz personal que ya comienza a ser reconocible y que afianza en su segundo disco. No hablamos solo de los standards, por supuesto, que hay varios en el disco. Su forma de componer y arreglar es la misma, a caballo entre tradición y ruptura. Y, como ejemplo más rompedor, el álbum incluye dos versiones nuevas de "Ontology", el tema que daba título y abría su primer álbum. Aquí, sin guitarrista, suena más depurada, más intensa en su quietud. Además, el álbum termina con una versión a dúo del mismo tema, donde busca la esencia más íntima de la composición original y donde el diálogo entre saxo y piano es realmente poético.
Este mismo código es utiliza también en "Someday My Monk Will Come", otro dúo pero con un espíritu muy diferente, donde el swing fluye entre el saxo y las teclas en un continuo contrapunto, frases que se enredan con frases, en un toma y daca continuo, complejo y bello a la vez. Lo más fascinante de un disco que, sin embargo, apasiona como cuarteto. Muy recomendable.
Poner a este disco la etiqueta de free jazz es quedarse corto. La Orquestra Galega de Liberación es un combo de gran formato creado por el siempre inquieto Xacobe Martínez Antelo no sabemos si para este concierto grabado en Santiago de Compostela o con algún afán de continuidad. Lo que sí es cierto es que la grabación es irrepetible, 10 temazos grabados en directo, basados en la improvisación y, como dice la contraportada del disco, compuesto a tiempo real mediante técnicas de improvisación dirigidas, asegurando que no había nada pactado de antemano ni aprendido ni compuesto; en resumen, la esencia de la improvisación en el jazz, con músicos que solo cuentan con su inventiva, su experiencia y sus oídos para conectar con el resto.
Frente a un disco así, uno se pregunta: ¿Queda espacio para las vanguardias en el panorama actual? ¿Qué vanguardias caben tras las vanguardias? Lo cierto es que el concepto de rupturismo estético necesita un statu quo que romper. En otras artes como la pintura o la escultura prácticamente se ha roto con todo pero en el jazz, la revolución constante es la base fundamental que lo mantiene vivo. En este sentido, basta comenzar a escuchar conciertos/discos como éste para percibir por qué el jazz es excitante.
Dentro de todo este esquema de no-temas, el disco contiene 10 cortes llenos de momentos. Paisajes sonoros inusitados, inquietantes, excitantes, desconcertantes, todo un despligue de recursos que van de lo atonal a lo simplemente rítmico, que exploran las tímbricas de una orquesta tan dispar, con combo de jazz más cuerda más voces... Un desafío que pone de manifiesto la conexión entre los distintos artistas. Nada de lo que hayan escuchado antes se parece a esto y, sin embargo, tiene una conexión latente con mucho del jazz que se ha hecho en los últimos 50 años, de los setenta para acá. Con ese mismo espíritu, Xacobe Martínez Antelo ha bautizado el ensemble como Orquestra Galega de Liberación, inspirándose quizás en otro bajista (Charlie Haden) que debutó como líder con su Liberation Music Orchestra en 1969 (publicado por Impulse! en 1970).
Grabado el 12 de septiembre de 2020 en el Teatro Principal de Santiago de Compostela, dentro del Festival Plataforma, el ensemble incluye 16 músicos que vienen campos tan distintos como la música clásica, el jazz, la vanguardia y la performance, todos ellos afincados en Galicia: Xacobe Martínez Antelo(contrabajo y dirección), Max Gómez(batería), LAR Legido(batería), Javier "Gdjazz" Pereiro(trompeta), Olivier Cano (saxofón alto), Xosé Miguélez(saxofón tenor), Diego Alonso (saxofón tenor), Rosolino Marinello(clarinete bajo), Rubén Fernández(voz), Faia Díaz (voz), Antonio Bravo(guitarra), Manuel Cebrián (guitarra), Elena Vázquez (violín), María José Pámpano (viola), Macarena Montesinos (violonchelo) y Saúl Puga (contrabajo). Casi nada.
Riesgo es el título del capítulo que la serie Jazz de Ken Burns dedica al bebop y, aunque el bebop ha dejado de ser una novedad, el jazz sigue avanzando y siguen apareciendo buenos músicos capaces de arriesgar, de darlo todo por encontrar ese (eterno) nuevo camino que es la arriesgada esencia del jazz. En el disco del saxofonista Xose Miguélez sólo hay un tema que se podría clasificar como bebop, pero se aprecia su gusto por el riesgo en la manera en que busca la atonalidad y la manera de romper las normas, una estética tan difusa como la portada del álbum pero que ofrece buenos resultados a la escucha. El álbum se titula Ontology.
Comencemos diciendo que el disco ha sido publicado en Estados Unidos por Origin Records, y que fue premiado en mayo en los Premios Martín Códax en la categoría de Jazz y Músicas Improvisadas. Pero, para escuchar este disco, hay que empezar por el final: el último corte del disco, una balada gallega interpretada por la tía-abuela de Miguélez y recogida por la etno-musicóloga suiza Dorothé Schubart hace 40 años. Un juego de 4 notas de esta balada, por increíble que parezca, es la melodía en la que se basan los otros nueve temas del disco. Curiosamente, la idea no surgió de Miguélez sino de otro de los músicos del disco, el también tenor Matt Otto. El título del álbum, Ontology, está en relación con esa búsqueda metafísica de las relaciones entre el ser y el mundo y, por supuesto, con su pasado, búsqueda que tiene su continuación en el segundo tema, de título elocuente ("Chasing Myself")...
De este modo, la melodía tradicional heredada por Xose Miguélez, se convierte en un jazz moderno y vanguardista, de raíz clásica pero buscando lo nuevo, lo personal, el riesgo en la atonalidad y el inconformismo, esa continua lucha del jazz contra las normas. La antigua balada gallega suena a una mezcla de Dexter Gordon y los nuevos estilos de Nueva York ("Sweet Delia"), a bebop ("Missed Call"), a avant-garde que se transmuta en jazz fusión con el solo de guitarra de Storm Nilson ("Under The Big Tree") o, como en el caso de "Chasing Myself", a mainstream distorsionado, con ese contraste entre el toque clásico del vibráfono y el sonido electrónico del EWI, un diálogo que rompe contra un solo de saxo clásico y potente en el que se impone la personalidad de Miguélez.
En resumen, estéticas bien diferentes que sirven para apreciar la capacidad de Xose Miguélez para expresarse dentro del jazz con muchas voces y una sola personalidad. Como compositor, se nota que quiere expresar todas y cada una de sus inquietudes como músico y, como músico, se percibe una experiencia profunda y con capacidad para ir siempre más allá.
Les dejo con el vídeo de "Sweet Delia", una balada clásica que, en los arreglos, arriesga buscando un sonido no tan limpio, no tan clásico. Noten que el estéreo de la grabación coloca a Miguélez y a su invitado, el tenor Matt Otto, separados, uno en cada canal del estéreo (o en cada auricular, si lo prefieren), pasándose la melodía con una delicadeza difícil de lograr en el tenor y jugando a contestarse aquí y allá; y noten también que la estética de las imágenes es muy noir (a pesar de ser en color), con esa melancolía de la música que arrastra un lejano sentimiento de blues y que es tan inherente a la noche.
El álbum fue grabado en los estudios Roof Top Media de Kansas City, MO, entre los días 11 y 13 de agosto de 2018. Los músicos del disco son: Xose Miguélez (saxo tenor), Storm Nilson (guitarra), Ben Leifer (contrabajo y bajo eléctrico), John Kizilarmut (batería y, sorprendentemente, también cajón flamenco), Peter Schlamb (vibráfono) y Matt Otto (saxo tenor, EWI y productor).