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BIG BANDS & CLUBS

ENRIC PEIDRO SWINGTET, Live at Jazzazza 
(Snibor Records, 2019)

Si hay un jazz que se escuchaba hace 90 años y se sigue escuchando ahora es el swing, con sus riffs pegadizos, sus vientos poderosos o blandos pero siempre fluidos, sus solos bien engranados en el conjunto... Y si hay alguien que sigue abanderando el swing en el territorio nacional (y exportándolo cada vez que hay ocasión) ese es Enric Peidro. En su grabación más reciente (Live at Jazzazza) nos regala un puñado de temas deliciosos, brillantes, complacientes, amparado en esa mini big band (es un octeto) de la que ya hemos hablado en otras ocasiones y que él llama con justicia Swingtet

De alguna manera, este álbum es la prueba de fuego del Swingtet, un disco en directo después de tres álbumes en estudio, una demostración grabada en vivo, a sangre y sin segundas tomas, en la que mostrar todo su potencial. El desafío no es poco: un repertorio de grandes bandas como las de Duke Ellington, Don Byas, Lester Young, Benny Carter, Count Basie, Fats Waller... tocadas con alma y sinceridad por unos músicos sin complejos de modernidad que son capaces de dotar de alma este jazz atemporal, el jazz del que se ha alimentado el jazz (directa o indirectamente) en las décadas posteriores.


En cuanto a los músicos, como no podía ser de otra forma, actúan con solos bien colocados para que brillen y hagan brillar el poderío de la orquesta completa. Un ejemplo perfecto de cómo se hace un tema de swing podría ser el acelerado "The King" (Count Basie, con arreglos de Peidro), en el que la sección rítmica marca un tempo alto y donde se suceden estos solos, comenzando por el tenor, que marca la pauta para después dejar espacio para la trompeta (Paul Evans). El guitarrista Glenn Crytzer aquí tiene una buena ocasión de hacer un solo frenético, un ejercicio de digitación y velocidad que continúa (como si de una carrera de relevos se tratara) con el solo de saxo alto (Simon Taylor) y el del trombón (Pedro Ortuño). El piano (Richard Busiakiewicz) pone el punto culminante de la serie con un solo muy sincopado, lleno de energía, que rompe con el diálogo final: un juego de llamada y respuesta entre la batería (Simone Zaniol) y la banda, con una fugaz y efectiva intervención del contrabajo (Andrés Lizón). Un gran tema que justifica la filosofía del disco.

Live at Jazzazza es también un homenaje a unos emprendedores que fundaron un club de jazz en Murcia y que, después de 15 años, han consolidado un proyecto de local con música en vivo que es de los más activos de España (si exceptuamos, claro, Madrid y Barcelona). En Jazzazza Jazz Club han tocado músicos de la talla de Mark Turner, Jason Palmer, Greg Osby, Jorge Pardo, Perico Sambeat, Scott Hamilton... No es poco para una ciudad tan pequeña como Algezares, en Murcia, que es tierra de artistas. No hay duda de que detrás de esta intensa programación hay un enorme trabajo de gestión y una buena dosis de amor por el jazz.  De alguna manera, Live at Jazzazza consolida esta labor con su nombre en la portada, siguiendo la tradición de los grandes clubs americanos.

Les dejo al Enric Peidro Swingtet versionando a la Don Byas Orchestra, con un tema que titulado "You Can't Make Up My Mind (1944 Stomp)", compuesto por Byas y aquí con arreglos de Diego Barberá.




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* Enric Peidro: www.enricpeidro.com

* Jazzazza Jazz Club: www.jazzazza.com

VALENTINE

TRES HISTORIAS DE AMOR ALREDEDOR DEL JAZZ

Foto: Chuck Stewart
"Mi madre, Alice McCloud en esa época, estaba tocando con un vibrafonista llamado Terry Gibbs, y estaban haciendo un programa doble con el cuarteto de John Coltrane en el Birdland original de la calle 52, en Nueva York", explica Ravi Coltrane en el documental Chasing Trane (John Scheinfeld, 2016). Su hermanastra Michelle añade en el mismo documental: "Se vieron el uno al otro, y hubo un poco de... ya sabes. Hay una mujer joven aquí y ¡oh! es una pianista. John se quedó a escuchar un poco de su interpretación, y la admiró." Ravi sigue contando la historia desde el punto de vista de Alice: "Algo en ese saxo tenor cautivó su oído y, en algún momento entre los descansos de la banda, mi padre comenzó a perseguir a mi madre por todo el club con su saxo, así que le dio una serenata por todo el club".

La historia de cómo Coltrane y Alice se enamoraron nos viene al recuerdo para ilustrar un cuento en el que el Día de los Enamorados es algo más que "My Funny Valentine"... aunque al final terminemos escuchando por enésima vez la canción porque vale su apelativo de la Canción del Siglo XX. 

Las historias de jazz están llenas de paradojas, drogas, rabia, racismo, superación... y también amor. Historias más escabrosas que la de Coltrane nos muestran a un Lee Morgan asesinado a disparos por una mujer celosa, 19 de febrero de 1972. El lugar, el en el Slug Club de Nueva York. Entre pase y pase, Morgan discute con una novia a la que acaba de dejar. Al final de la noche, Morgan toca el último tema. La mujer vuelve a entrar en el club y camina con paso firme hacia el escenario, donde Morgan está tocando la trompeta, algo que hacía cada noche desde que grabó su primer disco con 18 años. La mujer se acerca al escenario y, sin pensárselo, dispara su 32 hasta que el trompetista cae muerto sobre las tablas.

Billie Holiday and Lester Young: 
A Musical Romance (1937-1941) 
(Columbia Records, 2002)
En una ocasión hicimos una (triste) lista de los hombres a los que amó Billie Holiday, una mujer pasional que nunca fue amada. Quizás el único hombre que la quiso de verdad fue Lester Young,  quizás la persona que mejor comprendió a Billie, y su más íntima y duradera relación. Se conocen durante una jam session con la orquesta de Fletcher Henderson y Young se queda a vivir en casa de la madre de Billie. Allí se conocen y surgen sus apodos. Lester la llama Lady Day y ella le pone el sobrenombre de Prez, alegando que es el Presidente del Saxo. Más tarde, en el tiempo libre que le deja la orquesta, Young acompaña a Billie en sus actuaciones, descubriendo que su tenor es la voz perfecta para acompañar a la cantante. Una de esas historias sin final. Porque Billi y Prez nunca llegaron a ser parejas.

Hay muchas más historias de amor en el jazz pero en esta música nacida de pasiones, los romances no son siempre pacíficos ni terminan bien. Por eso, mejor corramos un tupido velo y escuchemos algo de música. La melodía adecuada es...

Sí, Chet Baker interpretando "My Funny Valentine", un tema compuesto en 1937 por Rodgers & Hart para el musical Babes in Arms y que se ha convertido en un estándar de jazz por derecho propio (gracias a Chet, no a Sinatra). Que ustedes lo pasen bien este Día de los Enamorados (si es de los que guardan todo el amor para un solo día al año). 


My funny Valentine, sweet comic Valentine 
You make me smile with my heart
Your looks are laughable, unphotographable
Yet you're my favorite work of art 

Is your figure less than Greek? 
Is your mouth a little weak? 
When you open it to speak
Are you smart? 

But don't change a hair for me
Not if you care for me
Stay little Valentine, stay 
Each day is Valentine's Day

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* Hablamos de Chasing Trane hace unos meses:

* El (terrible) elenco de los hombres a los que amó Billie Holiday está en este artículo:

DOS VISIONES DE JOE ALBANY

Drogas, jazz y otros cuentos de hadas de la niñez

Como autor de ficción, confío siempre en que una narrativa construida es siempre más eficaz para llegar al lector o espectador que un simple documental o ensayo. Hoy me gustaría hablar de dos acercamientos a la historia del pianista Joe Albany. Uno es un documental dirigido por Carole Langer (Joe Albany: A Jazz Life) y el otro, Low Down (Jeff Preiss, 2014)una espeluznante película basada en el libro que escribió la propia hija de Albany y que tituló Tirada: Drogas, jazz y otros cuentos de hadas de la niñez (Low Down: Junk, Jazz and Other Fairy Tales from Childhood). Aun complementándose, creo que es más efectiva la visión ficcionada porque comunica más eficazmente la sensación de desolación que podía sentir la hija de uno de esos músicos que siempre hemos tenido por balas perdidas, convirtiendo a una de estas leyendas malditas del jazz en algo humano, terrible, cercano.

El Joe Albany real
y su hija Amy Jo
Joe Albany no sólo fue un adicto que no sabía en qué día vivía; fue, por encima de todo, un músico con voz propia, algo que siempre buscó y que es posible escuchar en sus discos como líder y como sideman. Pianista que dominaba el bebop, siguió un camino serpenteante a través de tantos estilos como líderes acompañó (Charlie Parker, JJ Thompson, Mingus, Dexter Gordon, Niels-Henning Orsted Pedersen...). En Low Down, se pueden escuchar temas de los discos originales de Joe Albany junto a otros grabados expresamente para el film por el pianista Russ Johnson. El repertorio de la banda sonora está muy bien escogido y refleja su vida con ese sentido del blues que, en los dedos de Albany, resulta en algunos momentos estremecedor.

Además, la película tiene a su favor un gran John Fawkes (como Albany), una Elle Fanning profunda y conmovedora en su papel de Amy Jo y grandes actores como Glenn Close, Peter Dinklage, Lena Heady... y, claro, la música de Joe Albany, que convierte la película en un triste blues (nada que ver con la cancioncilla del trailer, que no aparece en la película, por suerte).


El documental Joe Albany: A Jazz Life (Carole Langer, 1980) es otra historia. El pianista se convierte aquí en narrador único. Su voz y la de su piano nos guían a través de su vida, con dolorosos (aunque, en apariencia, aceptados) testimonios de sus adicciones y recaídas, y fantásticas historias sobre su experiencia como acompañante de Billie Holiday, Lester Young, Benny Carter, Bird ("Podía comunicarme con Prez, pero con Bird... todo era mental, y él nunca derribaba esa barrera").

En los momentos bajos, Joe Albany solía tocar en bares, pizzerías... En el documental se le puede ver tocando en un sitio algo más decente, el West End Café de Nueva York, y le oímos interpretar una buena cantidad de temas en un momento de su vida en que la lucidez acompaña a sus dedos. Toca "Billie's Bounce", "Round Midnight", "Lush Life"... La misma humildad de sus confesiones a viva voz aparece en su piano cuando toca solo. Albany se confiesa, se valora, mira atrás y nunca se defiende. Admite haber buscado la voz de Dios y haber encontrado el jazz, "el estado ideal en el que las personas reprimidas pueden expresarse". Habla de las tentaciones y se confiesa una persona sensual, proclive a caer, como todos los artistas,

Un documento imprescindible para escuchar a Joe Albany en un momento de lucidez y madurez personal y musical. Sin embargo, quizás la humildad en la voz del pianista, su calmada sinceridad, acabe por parecernos atroz. En este momento es cuando mi defensa de la ficción, de la realidad narrada, toma fuerza y constato que un actor interpretando a un personaje real puede estremecernos más que un documental si el guión nos hace seguir la historia con la misma vehemencia con que vivimos la nuestra. ¿Docu o drama? Particularmente, recomiendo visionar los dos vídeos, pero me quedo con la película.


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El documental se puede ver completo en
* Vimeohttps://vimeo.com/ondemand/joealbanyajazzlife
* Jazz on the Tubewww.jazzonthetube.com/videos/joe-albany/a-jazz-life.html


https://www.amazon.es/El-talism%C3%A1n-Alexandros-R-Martino-ebook/dp/B00HW9QLHI?ie=UTF8&adid=0RP4GC1T9XR4MV7R2HPA&camp=3598&creative=24794&creativeASIN=B00HW9QLHI&linkCode=as1&ref-refURL=http%3A%2F%2Fwww.jazzeseruido.com%2F&ref_=as_sl_pc_tf_lc&tag=jazeserui0f-21

OTRA VEZ CORTÁZAR Y EL JAZZ

...siempre el jazz

Portada de El perseguidor,
su cuento más famoso
No es la primera vez que hablamos de la relación entre Cortázar y el jazz. Nos parecía fácil volver a escribir sobre el tema hasta que volvimos a encontrarnos con la inmensidad de la cuestión, de modo que, huyendo de argumentos fáciles como hablar de la presencia del jazz en sus textos o la manera en que su prosa se mueve al ritmo de la síncopa y la improvisación, hoy hemos decidido indagar en el Cortázar-individuo para recabar sus propias opiniones sobre la música negra. Hemos revisado entrevistas y ensayos en los que el argentino expresa su pasión por la música de Nueva Orleáns (vivió en París cuando nacía el hardbop pero siempre tuvo el corazón puesto en el hot jazz) de una manera patente y apasionada. Podríamos haberlo incluido en la serie Acordes y desacuerdos, pero Cortázar pertenece a un universo distinto.

Comenzaremos por una cita de José Luis Maire en El jazz en la obra de Cortázar, a modo de introducción:
Buscar el jazz en la obra de Cortázar es, además, dejarse acompañar por la historia de los soportes de grabación, por sus características sonoras singulares o, como en Rayuela, por la manera particular de escucha que cada uno de estos soportes promueve: los discos de 78 rpm y su raspeo o fricción, los discos de acetato y los vinilos con su presencia sonora y su mayor duración de grabación o las casetes con sus soplidos de cinta y su facilidad para regrabar y combinar audiciones.

En 1983, Antonio Trilla entrevistó a Cortázar en Madrid. Las preguntas giraban en torno al boxeo y al jazz, dos notas distintivas de por dónde se movía el espíritu del escritor. A la pregunta de cuándo comenzó a interesarle el jazz, Cortázar responde así:

No lo sé exactamente, pero creo que no tengo casi recuerdos sin jazz. Yo nací en 1914 así que, cuando era chico, asistí al nacimiento de la radio... no había discos de jazz todavía. En esa época se escuchaba en la radio, en Argentina, tangos, música clásica o música popular hasta que un día, -yo tendría diez años- escuché por primera vez un fox trot y fue mágico para mí. Dos o tres años después, descubrí a Jelly Roll Morton y más tarde, a Louis Armstrong y a Duke Ellington. Durante mucho tiempo ellos fueron mis músicos de jazz preferidos. 


En la misma entrevista, a la pregunta de si el jazz había influido en su obra, Cortázar responde así:

Sí, mucho. Me enseñó cierto swing que está en mi estilo e intento escribir mis cuentos, un poco como el músico de jazz enfrenta un take, con la misma espontaneidad de la improvisación.

Este texto aparece en La vuelta al día en ochenta mundos. El lector recibe en la última frase una invitación a escuchar a Parker que es como un disparo:

Una noche en que Lester llenaba de humo y lluvia la melodía de "Three Little Words", sentí más que nunca lo que hace a los grandes del jazz, esa invención que sigue siendo fiel al tema que combatey transforma e irisa. ¿Quién olvidará jamás la entrada imperial de Charlie Parker en "Lady, Be Good"?


Cortázar habló también de Charlie Parker en una entrevista realizada por Evelyn Picón Gardfield y publicada bajo el título de Cortázar por Cortázar:

En 1946, los primeros discos de bebop llegaron a Buenos Aires. Compré uno de Charlie Parker con "Lover Man" y "Ornithlogy", creo. No sabía nada de Parker. Compré el disco, y lo escuchaba y no entendía nada. Mi primera reacción fue negativa, pero volvía a escucharlo muchas veces y de repente "chuc"; fue el salto y mucho de lo que escuchaba antes con interés volvió a ser insignificante para mí. Luego vino el cool jazz.

Por supuesto, Cortázar no se queda en el cool. Esta es su opinión sobre el free jazz, estilo que tocaba su amigo Michel Portal.

En mi colección de discos no hay mucho free jazz. Creo que free jazz es como una corrida de toros. Hay momentos de una perfección absoluta y luego cacofonía. Mi amigo Michel Portal, quien toca este tipo de jazz de vez en cuando me dijo que tenía razón, que los músicos saben que dentro de un largo "take" de free jazz, cinco minutos son buenísimos y lo demás es relleno. 
En sus conferencias en la Universidad de Berkeley en 1980 (recogidas en el libro Clases de literatura (Alfagurara, edición de Carles Álvarez Garriga) Julio Cortázar habla del jazz en estos términos:

El jazz tuvo una gran influencia en mí porque sentí que contenía un elemento que no contiene la música que se toca a partir de una partitura, la música escrita: esa increíble libertad de la improvisación permanente. [...] El elemento de creación permanEnte en el jazz, ese fluir de la invención interminable tan hermoso, me pareció una especia de lección y de ejemplo para la escritura: dar también a la escritura esa libertad, esa invención de no quedarse en lo estereotipado ni repetir partiruras [...] También un músico de jazz tiene malos momentos y pasajes que son muy pesados, pero de golpe puede saltar nuevamente porque está trabajando en un clima de total y absoluta libertad.

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Recomendamos de nuevo y lo seguiremos haciendo la lectura de todo Cortázar, en especial, el relato "El perseguidor", texto esencial, vanguardista aún, sobre un trasunto de Charlie Parker que toca más allá del momento, y, por supuesto, la anti-novela Rayuela, en especial los capítulos en los que los personajes se autoproclaman El Club de la Serpiente cuando se reúnen para escuchar jazz. También recomendamos el documental: Esto lo estoy tocando mañana, que explora la relación de Cortázar con todas sus músicas.

Para terminar, y porque la cosa no resulte sorda, ahí va un fragmento del maravilloso concierto en homenaje al autor argentino, un concierto organizado por la Fundación March ("El jazz de Julio Cortázar. En los 50 años de Rayuela") y que, en este fragmento, muestra el trío de uno de los pianistas más originales del panorama español, Moisés P. Sánchez. Los músicos que lo acompañan son "Toño" Miguel al contrabajo y Borja Barrueta en la batería. Aquí podemos verlos transportando al trío de piano el singular "Epistrophy", que Cortázar citaba en "La vuelta al piano de Thelonious Monk".




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* La entrevista de Antonio Trilla puede leerse aquí:
   http://www.geocities.ws/juliocortazar_arg/jazzbox.htm

**  El texto de José Luis Maire pertenece al homenaje a Cortázar y el jazz de la Fundación Juan March y puede leerse íntegramente en este interesante documento:
    http://recursos.march.es/web/bibliotecas/repositorio-cortazar/jazz/pdf/el-jazz-en-la-obra-de-cortazar.pdf

*** Más info sobre el documental Esto lo estoy tocando mañana en su página web:
    www.cortazarylamusica.com

LOVER MAN (OH, WHERE CAN YOU BE?)

Los hombres de Billie Holiday 

Tarde de otoño. En el horizonte, nubes grises y en el cenit una amenaza negra como "panza de burro". Un amigo enfrente y una discusión. A veces, las terrazas dan para momentos cálidos en tardes frías. Se nos enfriaron los cafés discutiendo (¿cómo no?) de mujeres. Él apeló a la ironía que derramo (sic) en las cosas que escribo. Sostenía que uno tiene que estar pendiente de lo que ellas, en realidad, desean. Mi conclusión, tras muchas idas y venidas, circunloquios, algún chiste subido de tono y alguna alusión a Benedetti, fue que nuestra obligación como hombres es estar atentos a las cosas que ellas callan.

Billie Holiday apareció al final en la discusión y derivó el tema hacia la música. ¿Cuántas cosas callaría Billie en la "vida real" para expresarlas con mayor rotundidad en los escenarios? Escribió pocas canciones (dos, si no recuerdo mal) pero creó una forma única e inimitada de vivir las letras de otros. Rémi Raemackers escribe sobre ella: "En numerosas ocasiones es agredida antes de salir al escenario, lo que afecta a su estado de ánimo y da lugar a interpretaciones de una intensidad, en ocasiones, sobrecogedora". Los hombres que se cruzaron en su vida tienen mucha responsabilidad (y culpa) en ello. Me propuse elaborar una lista, una relación de milestones que justificara la textura rota de una voz emocionante, algo así como un cotilleo detrás del arte, como Picasso y sus amantes, un elenco artístico y destructivo, amor y otros desastres... a fin de cuentas:

Clarence Holiday. Padre de la cantante, tenía 15 años (su madre, 13) cuando ella nació. Se casan cuando ella tiene 3. Abandona a su familia para convertirse en trompetista y no vuelve a ver a su hija hasta que ésta es una adolescente que comienza a cantar por las calles y clubes de mala muerte. A pesar del pasado, Billie lo ha buscado desde que está en Nueva York. Él asume el papel de padre y le proporciona consejos para convertirse en profesional. 

El último cliente. 14 años, su madre le alquila una habitación en la Calle 14. Lo cuenta Billie en su autobiografía. Lo que no cuenta es que era el burdel de Florence Williams. Un cliente al que rechaza la denuncia y Billie acaba en la cárcel. 

Kenneth Hollon. Este saxofonista conoce a la Billie de 15 años y se la lleva de club en club cantando "My Fate is in Your Hands" y "Honeysuckle Rose". Comienza su carrera. Se dice que obtuvo más de 100$ en propinas.

Bobby Henderson. Billie conoce a este pianista en Harlem y se enamora de él. Actúan juntos durante un tiempo.

Willie 'The Lion' Smith toca en el Pod's and Jerry's, donde Billie trabaja como bailarina. Viendo lo mal que lo hace, le aconseja que pruebe a cantar. Billie sube al escenario y consigue el silencio respetuoso del público. Pero aún queda mucho. 

John Hammond. Este productor ve a Billie cantando en el Covan y se convierte en su representante. Escribe un artículo para Melody Maker y le presenta a gente de la profesión, incluyendo a Benny Goodman y al agente de Louis Armstrong, Joe Glaser, que la contrata inmediatamente. Hammond consigue que grabe un disco y que actúe en el Apollo con un discreto éxito que ella exagera en su biografía. 

Lester Young. Quizás la persona que mejor comprende a Billie, y su más íntima y duradera relación. Se conocen durante una jam session con la orquesta de Fletcher Henderson. Más tarde, en el tiempo libre que le deja la orquesta, Young acompaña a Billie en sus actuaciones, descubriendo que su tenor es la voz perfecta para acompañar a la cantante. Habría que dedicar a 'Prez' (apodo que ella le dio, a cambio del suyo, 'Lady Day') todo un capítulo. 

Ben Webster. Cuando Young se marcha de gira, Billie comienza una relación con Ben Webster, de quien recibe palizas cuando está borracho. 

Teddy Wilson. Este pianista, contratado por John Hammond para acompañar a Billie en una grabación, acabará acogiendo a Billie en su casa, donde él y su mujer darán a la cantante el calor familiar que antes no ha tenido.

Ed Fox. Billie canta con la orquesta de Fletcher Henderson en el Grand Terrace Ballroom de Chicago, pero el resultado no es del agrado del dueño del local. Billie tiene con él un enfrentamiento dialéctico que termina cuando ella le arroja un tintero. El resultado: es despedida. Sólo ha cantado una noche.

Count Basie es uno de los detractores de Billie Holiday. Tras el rotundo éxito del concierto del Apollo el 19 de marzo del 37, Basie la contrata, pero no tardan en aparecer diferencias entre ambos que hacen que la relación profesional dure apenas un mes. Billie abandona la orquesta, en la que trabaja Lester Young.

Lewis AllanEl poema de Lewis Allan "Strange Fruit" es un hito en el mundo del jazz. Su mensaje directo y antiracista encaja con la mentalidad de Billie, que había sufrido las penurias de tocar en orquestas de blancos en locales en los que ella, la única de color, tenía que entrar por la puerta de atrás y esperar en el almacén a que llegara su turno de cantar. Commodore Records aceptará grabar este tema en la voz de Billie. 

Jimmy Monroe se convierte en agente de Billie en 1939, pero es sólo un vividor con ansias de dinero. Todo lo que Billie consigue de él es una pasión ciega y las drogas, en cuyo consumo él la inicia de manera irremediable. Monroe es otro que también la maltrata.

John Simmons. Este bajista se convierte en su amante en 1943. 


Joe Guy. Este trompetista la lleva a la heroína en el momento más álgido de su carrera, cuando la llaman La Reina de la Calle 52.

Roy Harte. Este baterista la introduce en el consumo del LSD.

Bobby Tucker. El pianista y su mujer acogen a Billie en su casa de Nueva York a la vuelta de una gira por Miami y Cuba. 

John Levy, dueño del Ebony, se convierte en representante y amante de Billie después de que salga de la cárcel en 1948. La contrata y le hace regalos, pero se queda con su dinero y, a cambio, le proporciona opio y cocaína, le pega cuando discuten y la sustituye en el club por Sarah Vaughan cuando no está en condiciones de cantar. Levy es el comienzo del fin de Billie.

Louis McKay había sido novio de Billie en Harlem. Se reencuentran en Detroit y McKay se convierte en su representante, la lleva a la Costa Oeste y le consigue un contrato con Norman Granz. Graban "Love for Sale". Billie comienza a renacer, pero su éxito musical coincide con la decadencia de su salud. Billie y McKay se casan en México para evitar que él tenga que testificar en un juicio contra ella. Billie, sin embargo, camina ya cuesta abajo.

Como hemos visto, muchos no eran "hombres" en el sentido que yo entiendo. A pesar del intenso elenco y, sin que haya encontrado constancia de nombres ni de fechas, se dice que Billie levantaba iguales pasiones en hombres que en mujeres, muchas de las cuales gozaron de sus favores después de muchos conciertos. Sí, también hay mujeres que influyeron en la vida de Billie, como las monjas que educaron su voz con las oraciones, su madre y ¿algún nombre más? 

A mi amigo sólo le puedo decir que hay personas más permeables sentimentalmente que otras. A veces, como hemos visto en el caso de Billie, esto es una desventaja.


LOVER MAN (OH, WHERE CAN YOU BE?)
(Jimmy Davis / Ram Ramirez / James Sherman)

I don't know why but I'm feeling so sad
I long to try something I never had
Never had no kissin'
Oh, what I've been missin'
Lover man, oh, where can you be?

The night is cold and I'm so alone
I'd give my soul just to call you my own
Got a moon above me
But no one to love me
Lover man, oh, where can you be?

I've heard it said
That the thrill of romance
Can be like a heavenly dream
I go to bed with a prayer
That you'll make love to me
Strange as it seems

Someday we'll meet
And you'll dry all my tears
Then whisper sweet
Little things in my ear
Hugging and a-kissing
Oh, what I've been missing
Lover man, oh, where can you be?

*

17 DE JULIO

Billie's Blues

Billie es una niña. Pequeña y negra, vive apartada de su madre, prestada a más de una 'abuela' que no consigue darle el cariño necesario. Crecerá buscando este amor en las personas menos adecuadas, pero aún no lo sabe. El destino tiene caminos misteriosos. Detenida por colarse en el cine, es recluida a los 10 años en una institución religiosa. La repetición diaria de las oraciones en voz alta le proporcionará una dicción clara y consonante que pasará a la posteridad. 

La niña Billie es violada por primera vez a los 11 años por el proxeneta de su madre. A raíz de esta desgracia ocurren, para fortuna (disculpen la amarga paradoja) de los aficionados al jazz, dos hechos determinantes. El primero es una rara  infelicidad que vivirá en la voz de Billie hasta el final de sus días como parte de su belleza personal. La segunda es que Billie vuelve a vivir con su madre, haciendo la compra para el burdel donde ésta trabaja, un lugar que posee un gramófono en el que la niña escuchará por primera vez el "West End Blues" de Louis Armstrong, del que aprenderá el scat, convenciéndose de que la voz humana es un instrumento musical.

Billie es una niña adulta incapaz de razonar. No ha tenido madre ni padre. Necesita cariño y convive o se acuesta con hombres que cada vez le duran menos: los pianistas Teddy Wilson y Bobby Tucker, el trompetista Joe Guy, el bajista John Simmons... y una larga lista. Sólo el tenor Lester Young la comprendió y la trató bien. Adaptó su forma de tocar en cada canción, con ese sonido que parecía un alto, convirtiéndose en el complemento ideal a la voz de Billie, espejando en su obstinato los cambios rítmicos de ella. Fue el único hombre que no le pegó ni se aprovechó de ella, quizás por esto no continuó con él.

Billie camina en las sombras desde hace tiempo. Ha olvidado todas las sustancias que ha tomado y el alcohol sustituye a la costumbre de comer. La vergüenza de no tenerse en pie delante de un micrófono no es nada comparable con el hecho de que la policía te detenga estando en coma. No hay salida hacia la luz. Billie camina, descalza como una niña, hacia un lugar sin retorno que está en nuestras discotecas y en nuestros corazones.


*



BILLIE HOLIDAY murió un 17 de julio, como Coltrane. Fue en el año mágico de 1959. Sin formación musical ni técnica vocal, con una pobre escala que se movía apenas en un par de octavas, su voz tenía la textura oscura de todos los hechos trágicos sufridos en su vida: sonaba a blues sin cantar blues (más 'triste' cuanto más  up-tempo) y, a la vez, vocalizaba un erotismo sutil e inclasificable (más sexy cuanto más triste). Musicalmente, Billie es un misterio sin resolver. Escribió muy pocos temas en su carrera. Uno de ellos es "Billie's Blues", escrito un rato antes de su grabación, el 10 de julio de 1936 en una sesión organizada por de Irving Mills para el sello Vocalion con Artie Shaw (clarinete), Bunny Berigan (trompeta), Joe Bushkin (piano), Dick McDonough (guitarra), Pete Peterson (bajo) y Cozy Cole (batería), :


I love my man
I'm a liar if I say I don't


I love my man
I'm a liar if I say I don't


But I'll quit my man
I'm a liar if I say I won't
I've been your slave baby
Ever since I've been your babe
I've been your slave
Ever since I've been your babe
But before I be your dog
I'll see you in your grave


My man wouldn't give me no breakfast
Wouldn't give me no dinner
Squacked about my supper
Then he put me outdoors
Heaven erred to late
A matchbox on my clothes
I didn't have so many
But I had a long long ways to go


I ain't good looking
And my hair ain't curls 
I ain't good looking
And my hair ain't curls


But my mother she give me something
It's going to carry me through this world
Some man like me 'cuz I'm happy
Some 'cuz I'm snappy
Some call me honey
Others think I've got money
Some say Billie
Baby you're built for speed
Now if you put that altogether
Makes me everything a good man needs


In memoriam Billie Holiday (1915-1959)
________
* Fotografía de Carl van Vechten (1949).

SOBRE SONIDOS E HISTORIAS

ACORDES Y DESACUERDOS (XIV)



I.
El jazz no se aprende necesariamente en la escuela. Muchos creen que el jazz significa simplemente subirse a un escenario y tocar lo primero que te viene a la cabeza y, cuando terminas, con un poco de suerte, los demás lo hacen al mismo tiempo.

(Wynton Marsalis, El jazz en el agridulce blues de la vida)


II.
Hablando de jazz existe una superstición, y es una superstición que debe ser destruida. Esta superstición es que el jazz es esencialmente negro. Los negros, por supuesto, llevan hasta el jazz, pero no es más negro que síncopa, la cual existe en todas las naciones. El jazz no es negro sino americano. Es la expresión espontánea de la energía nerviosa del moderno Modo de Vida Americano.

(Robert Wyatt & John Andrew Johnson, The George Gershwin Reader)


III.
Vivimos en la era del staccato, no del legato. Debemos aceptarlo. Pero esto no significa que fuera de esta sinfonía de staccatos algo bello no pueda desarrollarse.

(George Gerswhin)

IV.
Siempre cuenta una pequeña historia

(Lester Young sobre Frankie Trumbauer)


V.
El rock es más sencillo aún que el Diexieland, con la salvedad de algunos músicos de rock realmente espléndidos (o bien dedicados a hacer variantes del rock) como son Herbie Hancock, John Scofield, Mike y Randy Brecker, y unos cuantos más.

(Chet Baker en Como si tuviera alas)


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THE DRUM BATTLE

Gene Krupa & Buddy Rich at JATP

Me critican mis amigos que siempre hablo bien de los discos que comento en este blog. OK, es cierto. Porque no pienso molestarme en escribir acerca de los discos que no me han gustado, que también los hay. Ahí están el último de Kyle Eastwood, que tantas esperanzas me dio con su disco anterior, o Live at the jazz club, un recopilatorio de Ronny Scott (el propietario del famoso club) que no me gustó porque esperaba más, como esperaba más de ese experimento confundible con el jazz que es Madeleine Peyroux. Su Bare bones fue un regalo, como Enigmatic ocean de Jean–Luc Ponty. Mi primer disco de Ponty y contiene de todo menos jazz...

No suele defraudarme un disco de jazz. Por muy faltos de experiencia que estén los músicos o por muy poco inspirados que sean los temas, siempre ganan con la segunda escucha y con la tercera... El último que me ha defraudado es el disco The drum battle con Gene Krupa y Buddy Rich juntos, y no por otra cosa sino porque las expectativas que había puesto al hacerme con él eran demasiado grandes.

Ya desde el título y mirando los nombres de los líderes, uno espera un espectacular encuentro, un choque de trenes entre dos grandes clásicos de las baquetas. Sí. Pero todo se queda en un choque de tres minutos y medio en el que ambos bateristas miden su potencial. Lo sé. Es genial, pero sólo dura tres minutos y medio. En un concierto de hoy en día duraría quince o veinte. Eran otros tiempos.

Eran los tiempos del Jazz At The Philarmonic, aquellos conciertos que organizaba Norman Granz en el Carnegie Hall de NY. Grandes figuras del jazz en un escenario “para todos los públicos”. Este, en particular, contiene cinco temazos a cargo del trío de Gene Krupa, incluyendo Idaho, donde, si no has escuchado a Krupa, ya comienzas a vislumbrar quién es el líder oyendo sus intervenciones o los gritos femeninos entre el público durante sus solos; Flying home, un temazo que va creciendo y volviéndose salvaje y en el que Willie Smith está enorme, lleno de swing, magistral; o Drum boggie, lleno de resonancias del tiempo de los clubs...

Genial, incluso se perdona el sonido algo deficiente de la grabación, pero lo peor es que son sólo 36 minutos de jazz, una duración que era normal en un LP de los años 50 pero que ahora le deja a uno con las ganas. Y eso que para llenarlo se han tomado temas de los dos conciertos que celebró Gene Krupa aquel 13 de septiembre de 1952 en el Carnegie. Los dos temas que completan el disco son la famosa “batalla de baterías”, un par de temas en los que se le une Buddy Rich. En el primero, titulado The drum battle, Krupa y Rich explotan todas las posibilidades de sus instrumentos en unos explosivos tres minutos y medio. El público acompaña, aplaude, grita, ruge. El tema es impresionante. Grandioso pero breve. ¿Lo bueno si breve...? No sé. La cosa termina con el tema Perdido, que enlaza con el anterior y en el que aparece otra formación, una big band: Ella Fitzgerald (voz), Oscar Peterson (piano), Ray Brown (bajo), Barney Kessel (guitarra), Charlie Shavers y Roy Eldridge (trompetas) y los saxos Benny Carter, Flip Philips y Lester Young. No se puede pedir más calidad. En cuanto a la cantidad, alguien me ha soplado que hay un disco de Gene Krupa y Buddy Rich con 70 minutos...

Aquí os dejo la famosa batalla. Apunto para un próximo capítulo: Rich versus Roach.

EFECTOS COLATERALES DEL ABURRIMIENTO

ACORDES Y DESACUERDOS (II)

“Después de tres pasadas por el estante de la música sin saber qué poner, oigo como en sueños a Lester Young; vale, digo Lester Young y dejo caer suavemente la aguja sobre el disco y comienza a llover, doblemente comienza a llover, una lluvia eléctrica procedente de una mala copia de los viejos discos de pizarra y una lluvia mojada de esas que parece que a San Pedro se le han roto las puertas y el refrán de los cántaros se queda chico. Lester Young, un saxofón retorcido que se me mete por las orejas, los ojos trepándome por la cara para enredarse en las macetas de la ventana y asomarse nuevecitos al otoño, primer día que llueve en cuatro o cinco meses, una cortina de agua que moja la azotea, una cortina de saxofón que moja mi oído...”
(Hipólito G. Navarro, El aburrimiento, Lester)

El tema al que se refiere el escritor es "You’re driving me crazy", pero os tendréis que conformar con este pedazo de vídeo donde deja clara la libertad con la que se movía Prez:

Lester Young murió muchas veces, de alcoholismo, de sífilis y por abuso de la marihuana. En cuanto a vivir, nació inspirado por el saxofonista Frankie Trumbauer, vivió el racismo, vivió un trauma a causa de la guerra y consiguió envejecer manteniendo su espíritu lírico y libre al mismo tiempo.

JAZZ '34

Remembrances of Kansas City swing

En los años 30, el estilo denominado Kansas City marcó la transición entre la música de big band y los inicios de la improvisación en el jazz. Cuando Robert Altman estaba rodando Kansas City (1996), la película ambientada en los clubs de jazz de esta ciudad, contó con una buena porción de las estrellas emergentes y consolidadas del jazz de mediados de los 90 para interpretar la banda sonora: Joshua Redman, Nicholas Payton, Christian McBride, Don Byron, Ron Carter... (más abajo está la lista completa) hacen de la banda sonora un hito irrepetible, pero Altman quiso llegar más allá. No sólo los contrató para tocar sino para interpretar en la pantalla a los personajes: los músicos auténticos de 1934 y, en una vuelta de tuerca más atrevida, los invitó a una jam session que duró toda la noche y en la que se interpretaron temas clásicos de Lester Young, Count Basie, Duke Ellington...

Concierto, documental o docu-drama, esta impresionante jam session apareció en un VHS llamado Jazz’34: Remembrances of Kansas City Swing (ignoro si está en DVD pero más abajo tienen un fragmento) que revive el auténtico jazz de los años 30. Más de veinte músicos reunidos por una sola y única vez para reinterpretar los temas de una época (¿irrepetible?). Hay que ver el documental.

El escenario de la jam es uno de los escenarios de la película, el Hey Hey Club de Kansas, en cuya puerta un cartel reza: Who is the king of the georgeous riff?. Todos, absolutamente todos los músicos que intervienen en la banda sonora aparecen al mismo tiempo, interpretando por turnos o como orquesta material de la época, swingueantes temas como Tickle toe de Lester Young o Indiana (con un un Nicholas Payton fabuloso en el solo) o blues de Count Basie: Harvard blues, Blues in the dark (¡escuchad aquí a James Carter y Joshua Redman frente a frente!). El escenario del club, ambientado con el vestuario de la época, el humo (nadie se corta de fumar) es casi un Cielo del Jazz, porque ningún músico se sale de 1934 mientras toca o espera su turno. Un auténtico salto en el tiempo que termina con la recreación de un evento mítico, La Batalla de los Saxos que enfrentó a Coleman Hawkins y a Lester Young, interpretados aquí (¡y de qué forma!) por Joshua Redman y Craig Handy.


Aunque Robert Altman nació en la ciudad de Kansas, no contaba más de 9 años en 1934. Su pasión por el swing queda patente en el hecho de que lo único que justifica una película tan pasable y anodina como Kansas City es su banda sonora a ritmo de jazz. Si no fuera por la música y por el documental colateral, es posible que hubiera pasado sin pena ni gloria como una de las películas más flojas y olvidables de uno de los directores más originales de este siglo.

Estos son los músicos de Kansas City y de Jazz’34:

Saxos tenores:
James CARTER (interpretando a Ben Webster)
Joshua REDMAN (como Lester Young)
Craig HANDY (como Coleman Hawkins)
David MURRAY

Altos:
Jesse DAVIS
David NEWMAN, jr.

Barítono/clarinete:
Don BYRON

Trompetas:
Nicholas PAYTON
Olu DARA
James ZOLLAR

Trombón:
Clark GAYTON
Curtis FOWLKES

Batería:
Victor LEWIS

Piano:
Geri ALLEN
Cyrus CHESNUT

Contrabajo:
Ron CARTER
Tyrone CLARK
Christian McBRIDE

Guitarras:
Russell MALONE
Mark WHITFIELD

Voz:
Kevin MAHOGANY

¿No parece de verdad irrepetible?