En el vasto universo del jazz hay músicos cuyos nombres nunca se escuchan. Son músicos que aparecen en grabaciones como sidemen, músicos que escuchamos en algún club de jazz por casualidad o que no han tenido, por cosas de la mercadotecnia o de las discográficas, la repercusión necesaria. Nombres como David Lenker o Vicente Solsona quizás no estén en boca de todos los aficionados, pero corresponden a dos músicos con una experiencia tan dilatada que cuesta pensar que no hayamos coincidido. Por desgracia, el álbum a dúo (piano / guitarra) que escuchamos hoy llega después de que Lenker falleciera, desgracia que retrasó el lanzamiento del disco. Lo escuchamos, por tanto, como un homenaje póstumo.
Porque A Few Remarks es, a su vez, un homenaje múltiple, un tributo a los compositores que influenciaron a estos músicos de jazz que, como muchos, han pasado también por escenarios acompañando a cantantes de otros géneros. Bill Evans, Lennon & McCartney, Monk, Antonio Carlos Jobim... son algunos de los compositores versionados en esta formación (que siempre considero tan exigente y valiente) como es el dúo de jazz.
David Lenker fue un pianista y compositor de Pensilvania que vivía en España desde 1987. Acompañante de músicos de la talla de Jorge Pardo, Perico Sambeat, Carles Benavent, Bob Sands o Antonio Mesa) llegó a grabar un disco como líder en 2001 y compuso bandas sonoras para el director francés Vincent Biarnés. Tiene un gutsto muy elegante por las notas de blues, y esto se nota de manera conmovedora es su composición "Blue Ballad", que aparece en este disco, con una forma peculiar de integrar el blues en un dúo con guitarra. Vicente Solsona, por su parte, nació en Segorbe (Catellón) y se licenció en composición en el conservatorio de Málaga. Habitual también como sideman (Ximo Tébar, Perico Sambeat, Jose Carra...) ha compuesto y grabado música experimental y para ballet. Como guitarrista, nos encanta, especialmente, la forma en que lleva adelante la melodía en "Pools", improvisando durante todo el tema con muchas referencias.
No, ni Lenker ni Solsona hacen un jazz arriesgado ni moderno. Sus voces se mueven en un marco de contención lleno, sin embargo, de sensibilidad y expresividad, con notas cambiantes que, por momentos, emocionan. Esa forma de atacar el piano en "Remembering The Rain", tan distinta a la de Bill Evans, muestra una voz personal con su propio sentido del ritmo y la emoción. Lo mismo podríamos decir de la guitarra de Solsona, que envuelve de notas todo lo que versiona, improvisando y enfatizando los originales (especialmente notable en "Nodoby Knows" de Michel Legrand). Las siempre insólitas figuras musicales monkianas están presentes en su versión de "Think of One" mezcladas hábilmente con improvisaciones personales. "Aguas de marzo", por su parte, se mueve entre la bossa y el swing con tanta naturalidad que justifica aquel hermanamiento entre el jazz y la bossa que surgió hace 50 años y que despistó a puristas y sedujo a los aficionados.
A Few Remarks es un disco recomendable para amantes del jazz sin sobresaltos que busquen expresividad sin exceso de artificios.
Raúl Sainz de Rozas es uno de esos guitarristas inagotables cuya carrera viene expandiéndose de lejos. Pionero del jazz en el País Vasco desde los años 80 con grupos como Pork Pie Hat o Infussion y fundador de Funk Collective, lo escuchamos por última vez con Organizing, un cuarteto de guitarra y Hammond con saxo. Formado en guitarra clásica en el Conservatorio “Juan Crisóstomo de Arriaga” de Bilbao, estudió posteriormente con profesores de la talla de Joe Pass, Carlos Gonçalvez y Kurt Rosenwinkle. Con esta feliz dualidad, ha sido docente de guitarra clásica y de jazz en la Escuela de Música “Andrés Isasi” de Getxo y en el Conservatorio Superior “Musikene” de San Sebastián. Fruto de toda esta experiencia es su nuevo disco, titulado 999 (Nine, Nine, Nine), primero a su nombre, un ejercicio de heterogeneidad donde une estas dos sensibilidades estéticas, resultando un disco de un eclecticismo lleno de elegancia.
Andrej Olejniczak (saxo), Juan Luis Castaño (batería), Javier Mayor (contrabajo), César Giner (bajo eléctrico) y Nika Bitchiashvili (violín) le acompañan en estas grabaciones, donde podemos escuchar estéticas muy diversas. El disco comienza, por ejemplo, con un tema a guitarra sola ("Diciembre"), a caballo entre guitarra clásica, notas de blues y buscando una estética contemplativa a lo Pat Metheny... También hay temas funk ("Mic Mic", con un fantástico solo lleno de distorsiones), dos composiciones originales que rinden homenaje a quien fue su profesor, Joe Pass ("Lord Castle", lleno de citas, y "Olga decir") o a otro maestro más moderno como es Steve Swallow (interpretando su "Falling Grace" sin acompañamiento), referencias clásicas ("Variaciones sobre Alice in Wonderland", "Vals de las nubes calladas"), ritmos brasileños ("Samba do Lidia") donde tanto sus acordes de acompañamiento como su solo sincopado justifican la escucha, malabarismos manouche ("Al Faro"), incluso free jazz: el tema que da título al álbum ("999") es un contrafact de aquel inquietante collage de The Beatles que se llamó "Revolution 9", acercando aquel tema experimental al free jazz (porque aquí sí suenan instrumentos).
Un repertorio escurridizo pero matizado con el estilo personal de Sainz de Rozas, contemporáneo sin renunciar a la tradición, sofisticado por la complejidad, buscando siempre la armonía que sorprende, el acorde inesperado, el equilibrio en la dificultad... No es un disco fácil de escuchar, en especial porque es muy heterogéneo, pero contiene tantas influencias y tanto virtuosismo que engancha.
DR J & THE SABAN JAZZ BAND, Beatles Forever (2020)
Ya hemos hablado en más de una ocasión de la música de The Beatles y la relación que los músicos de jazz tienen con ella. No es complicado. Cuando una melodía funciona, funciona más allá de estilos y etiquetas. Es por eso que los standards siguen funcionando y soportando los cambios por los que ha ido pasando el jazz a lo largo de las décadas. El jazz de Dr J & The Saban Jazz Band es un jazz fácil (no confundir con smooth), fácil de entender pero complejo en su ecleticismo. Sus armonías se adaptan al swing y a las baladas, a la bossa y al soul manteniendo la esencia de Lennon & McCartney y (lo que es más importante) sin perder un estilo personal que caracteriza a todo el álbum.
Dr J es Pepe Sabán, un guitarrista cordobés afincado en Madrid. Dice su biografía que comenzó a estudiar las armonías de jazz en 1990, volviendo luego a sus raíces para profundizar en el flamenco, estilo sobre el que, motivado por la falta de bibliografía, escribió un libro de armonía (Bases armónicas de la guitarra flamenca, Editorial Trafford, 2008). También es un médico e investigador pionero en el abordaje endotelial, sobre lo que también ha publicado y, a propósito de lo cual, este disco espera recaudar fondos para crear el Saban Endothelial Institute. con el fin de continuar investigando en este campo.
Tiempos medios y buenos arreglos (sobre todo en vientos) sin estridencias acompañan estas versiones de los Beatles cantadas por las seis cuerdas con un estilo apasionado pero dulce, influenciado por Kenny Burrell, Barney Kessel, Charlie Christian..., con swing a veces y melódico otras, alternando técnicas en un estilo versátil pero siempre en la misma onda gratificante y fácil de entender. En algunos temas, cede esta voz cantante a la voz sinuosa voz de su hermana Nanda Sabán, que domina las baladas con la misma delicadeza que el scat. Está enorme en "Something", un tema a media voz con un acompañamiento perfecto de la guitarra (se nota que este tema lo compuso un guitarrista), que parece cantar en segundo plano, y un saxo que aparece, como en un dúo, en los momentos precisos.
Les acompañan hasta 20 músicos en el disco. Tony Corral ejerce de solista en casi todos los temas al saxo alto o el soprano; el trombonista José Pardal como director de la sección de viento, donde podemos escuchar al saxofonista Lorenzo Azcona(solista en "Hey Jude") y al trompetista Panchito Trompeta; en la sección rítmica, los contrabajistas Héctor Rojo y Gerardo Ramos, el bajista eléctrico Óscar Morgado y el baterista Cristian Murguit; además de colaboraciones como los guitarristas Javier Monforte (que hace un solo en "The Long and Winding Road") y Padro Andrea (solista en "Don't Let Me Down"), el violinista Victor Ardelean, el trompetista Nacho Muñoz, Sam Andrea, que toca el mouth organ, y en los coros, Hora Ludens Choral Group, Geny Galo, Patricia de la Torre y Laura Encabo. En resumen, un despliegue enorme para un disco que abarca géneros y estéticas cambiantes con una única visión, la de un guitarrista experimentado y desconocido, que da forma y personalidad al conjunto.
Para disfrute de aficionados al jazz tranquilo, fans de The Beatles o para atraer a mentes reacias al jazz.
FRED HERSCH, Songs from Home (Palmetto Records, 2020)
Para celebrar su cumpleaños número 65, el prolífico Fred Hersch ha lanzado un nuevo álbum grabado a piano solo, algo a lo que nos tiene acostumbrados pero, en estos tiempos de obligado encierro, sus Songs from Home contienen una carga emocional adicional que se percibe en su manera de tocar. Son tiempos difíciles y Hersch ha buscado en su interior para regalarnos, con su habitual expresividad y su capacidad de inventiva, nuevos temas, muy íntimos, clásicos revisitados y la nostalgia de algunos temas pop que ha reinventado dentro de su universo jazzístico.
Muchos hemos tenido que reinventarnos este año, redefiniendo los límites o el alcance de nuestras creaciones pero, en el caso de quienes escriben (música, cine, literatura, teatro...) ha sido un año donde los encierros obligatorios han contribuido a una mayor productividad. Si sumamos que tiempos malos siempre alimentan la creatividad y generan obras de mayor y calidad, debemos esperar maravillas como la que Fred Hersch nos acaba de regalar.
"Al principio de la pandemia, como muchos de nosotros, me sentía
indefenso. Me habían arrebatado (y todavía lo hacen) las cosas que
más amaba (hacer música con gente frente a gente) -dice Hersch en las
notas del disco-. Así que yo, de manera espontánea, comencé a subir mi
"Melodía del Día" a Facebook cada día a la 1 de la tarde durante algunas
semanas. Tocaría solo lo que me apeteciera en el momento con la
esperanza de aportar brillo al día de alguien en algún lugar del
universo virtual. Recibí los comentarios más encantadores y eso fue para
mí una gran ayuda porque estaba luchando contra la pérdida de mi propia
identidad."
Por suerte para él, el piano es un instrumento que se defiende solo. Así, como hizo en su anterior y recomendable Open Bookde 2017, decidió expresar su impotencia tocando.
Pero no hay tristeza ni angustia en los temas de Songs From Home sino todo lo contrario. Grabado en agosto de 2020 en su segunda residencia, en los bosques de Pensilvania, Hersch expresa en este disco la felicidad de vivir y haber vivido, en temas propios como "Sarabande" o el bellísimo "West Virginia Rose" (que mezcla con el tema tradicional "The Water is Wide") o versionados como la deliciosa "When I'm Sixty Four" de The Beatles.
Desde el primer tema, "Wouldn't It Be Loverly" de My Fair Lady, Hersch rebusca en sus recuerdos la positividad necesaria para el álbum. Las bandas sonoras forman parte de sus primeros recuerdos musicales de la niñez, mientras que "All I Want" de Joni Mitchell pertenece a sus recuerdos de instituto. Todas son canciones significativas, con mensajes claros relativos a la situación actual, como "Get Out Of Town" (Cole Porter) o el "Solitude" de Ellington, en cuya lacónica versión alcanza el disco su punto más emocionante, con todo el significado que hay detrás de cada nota. Finalmente, el álbum se despide de una manera optimista con la versión citada de Lennon & McCartney.
Recomiendo este Songs from Home con la misma fuerza con que recomiendo seguir soñando a pesar de los tiempos extraños que vivimos. Busquen la belleza, persigan la esperanza. Todo eso está en este disco.
Les dejo esta version de "All I Want" de Joni Mitchell.
PHIL HAYNES & FREE COUNTRY, My Favourite Things 60/69
(Corner Store Jazz, 2018)
Grabado los días 12 y 13 de diciembre de 2014, ve ahora la luz este trabajo del baterista Phil Haynes y su formación Free Country, con la que completa una trilogía que comenzó con un álbum de canciones anteriores a 1900, continuó con un disco de temas de los años '20 y concluye con este homenaje a los músicos de los '60 que cambiaron la Historia del Rock. 60/69 es absoluta libertad a la hora de grabar y un jazz rock que enlaza con las raíces bluegrass de la Americana music.
Habituales en los escenarios pero inusuales como formación: violonchello, guitarra eléctrica, contrabajo y batería, Free Country es un cuarteto original que está formado, además de Haynes en la batería, por Hank Roberts (violonchelo y voces), Jim Yanda (guitarra) y Drew Gress (contrabajo). Roberts aporta su voz de barítono y el tono lacónico de su manera de interpretar los temas en los que canta.
Mitos del pop y del rock (The Beatles, Jimi Hendrix), del soul (Aretha Franklin, Marvin Gaye) o del jazz (tan dispares como el Louis Armstrong de "What A Wonderful World" y el Coltrane de A Love Supreme) son los autores originales de este repertorio que abarca un CD doble, una reinterpretación de la Historia dominada por la maestría y la versatilidad rítmica de Phil Haynes, capaz de crear múltiples colchones rítmicos en cada tema, un baterista tan versátil como Elvin Jones, experimentador incansable como DeJohnette, y siempre protagonista indiscutible del tema.
Bucknell Archive, 2010
La interacción entre los músicos y esa libertad a la hora de grabar derivan en creatividades como "California Dreaming", que se convierte en una pieza lenta, minimalista, muy free, con aires de América Profunda; "R.e.s.p.e.c.t." es un swingueante tema de soul un groove tenso y un solo de guitarra muy interesante a cargo de Yanda y otro brutal a cargo del cello; la voz de barítono de Roberts pone el tono distintivo a un "Hey Jude" lacónico, muy especulativo, donde el ruido es parte de la libertad (en las cuerdas, en la percusión...).
A "Hey Jude" le sigue un "Sex Machine" más que cuestionable pero el disco doble tiene más mapas rítmicos que explorar y, cuando llega a Coltrane, el experimento cobra sentido. Incluso el poema recitado viste la piel del free, una oración a cappella que la batería enlaza directamente con un "Resolution" intenso, rítmicamente swing pero dramático, más intenso en el solo de cello que en el de guitarra, menos rudo y más clásico. "Resolution" termina con un solo de bajo que nos envía a "My Favourite Things"
Otro día hablaremos de otro de los proyectos de Haynes, No Fast Food, un trío de free jazz con el que también acaba de lanzar disco.
The Subject Tonight Is Love (Binxtown Records, 2018)
Kate McGarry es una cantante de Massachusetts graduada en jazz y música afroamericana en la Universidad de Amherst, nominada al Grammy de Mejor Disco de Jazz Vocal en 2009, nombrada rising star por Down Beat dos años después, que ha sido Embajadora del Jazz tres años, y que, a pesar de haberse forjado en clubes, mantiene una voz lírica y limpia. Su nuevo trabajo (creo que es el octavo) recopila canciones de amor en todas sus formas.
No es la primera vez que hablamos de la relación entre poesía y jazz, relación lógica y pasional y lógicamente pasional. Hace unos meses nos llegó la nota de prensa de un homenaje a Walt Whitman: Jazz at Lincoln Center presents Leaves of Grass, con música de Fred Hersch, a cargo de la Fred Hersch Ensemble con los vocalistas Kurt Elling y Kate McGarry, a quien tenemos hoy sonando en el equipo de música con un álbum que toma su título (precisamente) de un poema persa del siglo XIV (del poeta Hafiz de Shiraz). El álbum en cuestión presenta diez canciones de amor con un prólogo (el poema, adaptado por Daniel Ladinsky, que escuchamos recitado sobre una improvisación sobre los arreglos de Keith Ganz de "My Funny Valentine", canción que aparece más tarde en el disco. A partir de ahí, como decimos, el amor en todas sus formas, en forma de canciones, casi todas standards, con muy buenos momentos.
Junto a la cantante, Keith Ganz, que toca la guitarra (acústica, eléctrica o guitarra baja) y que ha trabajado con grandes como Harry Connick Jr., Kurt Elling, Christian McBride, Fred Hersch... y, en los teclados, Gary Versace, colaborador de John Scofield, John Abercrombie, Al Foster, Regina Carter, Maria Schneider, Madeleine Peyroux..., que toca aquí piano, órgano y acordeón con una versatilidad magnífica.
Algunos temas merecen mención especial. "Secret Love" (Fain/Webster) tiene un ritmo sincopado que sugiere un aire de bossa pero muy sublimado, nada agresivo, casi pop, matiz que salva la improvisación de Ganz a la guitarra. Hay tantas versiones de esta canción, desde Doris Day hasta Carmen McRae... "What A Difference A Day Made", con el órgano como compañero (casi) vocal sí tiene un aire más descaradamente bossa y el estilo le viene bien a la voz de la cantante y permite a guitarra y piano desarrollar un jazz elegante y nada usual.
En otros temas es el blues el elemento dominante. "Climb Down / Whiskey You're The Devil", escrito por McGarry, es un potente blues cargado de misterio que tiene su clima en el solo de órgano, casi esotérico, de Gary Versace, que brilla de igual manera aquí en el órgano que en el piano eléctrico, versatilidad que demuestra en temas como "Gone With The Wind" (otro tema fascinante, aunque, como la mayoría de los temas, quedan atado por la sentimentalidad contenida de la voz de McGarry, nunca fuera de control) o "Fair Weather" (el tema de Benny Golson y Kenny Dorham que cantó Chet y que aparecía en Round Midnight de Bertrand Tavernier).
La voz de McGarry posee una textura y un sentimiento que se aferra al jazz y toca esa fibra emocional en el oyente que sólo saben tocar las cantantes de jazz, a pesar de que los arreglos de muchos de los temas, aunque bellos e intensos, se alejen bastante del swing y del blues, como su "My Funny Valentine", con unos arreglos deliciosos pero que quedan más cerca del Sting de los 90 que del amado estándar de Chet Baker.
La coda es breve y sorprendente, original. En lugar de abusar del tan usado "All You Need Is Love" de The Beatles, el trío se limita a esbozar el tema en minuto y medio (lo que definen en el libreto como "una despedida improvisada" el último día de grabación), con la trompeta de Obed Calvaire como solista, acompañamiento original y un final que llega casi al comenzar, un mensaje que suena como un jingle comercial y es que, en el fondo, es en lo que se ha convertido el tema de Lennon y McCartney y (¿por qué no decirlo?) en lo que se ha convertido la palabra amor, de la que se abusa en películas, canciones, poemas... y blogs.
Recibimos con alegría la noticia de que la compañía discográfica Tiny Moon Records, creada por el guitarrista Valentín Caamaño (de la que hablábamos la semana pasada) tiene continuación. Se trata de una formación liderada también por un guitarrista (Álvaro Vieito), con un pianista enorme como Xan Campos y, completando la sección rítmica, Luis Salto al contrabajo y Jesús Pazos a la batería. El nombre del cuarteto es Boreas.
Bóreas es un viento del norte que nos trae influencias pop de más allá del Canal de la Mancha; las de The Beatles, en concreto, porque In My Life es eso, otro homenaje a los Cuatro de Liverpool. Pero este con la sensibilidad jazzística y colorida de sus músicos. Evitando estéticas pop, los cuatro músicos interpretan estos clásicos desde la raíz misma del jazz, esa que fluye de la improvisación y el ritmo sincopado.
Álvaro Vieito
Grabado en FJR Studios y producido por Álvaro Vieito y Luis Salto, el álbum comienza con una de mis menos favoritas canciones de Lennon y McCartney, "Eleanor Rigby". Desde el arranque, se percibe una filosofía del ritmo que nada tiene que ver con el original. Vieito, en especial, despliega los compases sacando lo máximo de cada melodía. Formado en Galicia y Nueva York, entre otros lugares, y residente en Sevilla, es un músico fresco que muestra un ansia de improvisación que parece interminable y posee un toque de melancolía en la elección de los acordes. Desde que lanzara en 2010 su álbum de debut Introducing (Azos Jazz, 2010) producido por Abe Rábade, se ha movido inquieto, como todo buen músico de jazz, en diversas formaciones, desde su cuarteto y quinteto hasta otras como S.E.M. Big Band, Xerpo, Hira-Joshi, Javier Ortí o Un paraguas japonés de Lola Botello.
El piano es otro de los protagonistas de In My Life. Sería muy difícil elegir un solo de Xan Campos en este disco. Quizás en el chispeante "Can't Buy My Love" (versión muy lejana al rock and roll que fue), donde comienza su solo con un aire latino para después convertirse en puro vértigo, sea el tema donde Campos brilla más, pero es sólo una percepción: en todo el disco la sección rítmica convence, pero no hay duda de que lo hace de una manera especial cuando el piano aporta esa alegría percutiva como contraste al tono de la guitarra, más cercano a la voz en las armonías de sus acordes.
Algunos temas son destacables pero, en general, el disco es bastante homogéneo tanto en calidad como en estética. Dos temas (quizás por motivos sentimentales pero también por el enfoque jazzístico) merecen, a mi parecer, destacarse. El primero es "Michelle", que pasa de ser una balada a sonar con un enfoque de jazz progresivo o jazz-rock con los acordes de la guitarra eléctrica. El reconstruido "Come Together" tiene unos excelentes momentos de blues en las cuerdas pero gana tanto en la improvisación de Vieito que uno termina olvidándose del original.
El disco, paradójicamente, no termina con una composición de Lennon y McCartney sino con una de Meredith Wilson, aunque hay que decir que el tema aparecía en el segundo álbum de los Fab Four, With The Beatles de 1963. "Till There Was You" es un temazo para terminar el álbum. A pesar de tener una melodía repetitiva y muy blanda, casi pop (el tema venía de Broadway, del musical The Music Man de 1957), resulta un eficaz vehículo para hacer volar a la sección rítmica y para escuchar a modo de conclusión la capacidad de improvisación de la guitarra y (de un modo más breve pero igualmente placentero) el piano.
El título (May I Introduce to You) era aquella frase que nos arrojaba de una manera energética (como sólo se podía ser energético en los '60) al estribillo de "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band", la canción que hablaba de una banda ficticia y con la que The Beatles intentaron dejar de ser The Beatles, unos chicos monos que arrastraban multitudes, para mostrar que realmente eran artistas y no sólo cantantes.
En May I Introduce to You y una vez superada la impresión de la portada (de un diseño realmente feo) descubrimos más abajo, a los miembros del San Francisco String Trio: Mads Tolling (Stanley Clarke, Chick Corea, Ramsey Lewis...) al violín, muy expresivo y versátil; el contrabajista Jeff Denson, sideman de Joe Lovano, Dave Douglas... que también ejerce de vocalista en dos temas ("Fixing a Hole" y el icónico "A Day in the Life") y que es de esos bajistas que consiguen parecer líricos cuando es necesario; y luego está Mimi Fox, que toca la guitarra acústica, eléctrica y la de 12 cuerdas, que ha ganado seis premios de la crítica de Downbeat y que lleva al trío a un nivel superior cada vez que toca un solo.
Entre los tres y con tan peculiar line up, han grabado una recreación del octavo álbum de The Beatles,Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, ese disco donde todo es ecléctico, mixto, casi tan libre como el jazz, y que dicen que cambió la Historia de la Música.
Coincidiendo con el quincuagésimo aniversario del Sgt. Pepper's, este trío ha recreado sus temas con una estética peculiar, desmontando desde la raíz, tanto armónica como rítmicamente, las composiciones y llevándolas en una nueva y excitante dirección que tiene que ver más con la improvisación que con el blues (con la excepción del seductor riff de "Sgt. Pepper's") y que se mueve en una estética cercana al folk por momentos, al jazz europeo moderno en otros e incluso con algún toque manouche cuando el ritmo lo pide. Doce temas que son pequeñas joyas, íntimas, casi de andar por casa, y que dotan a las composiciones de una belleza y una complejidad magníficas.
Y, cuando digo recrear es porque todos los temas del Sgt. Pepper's están en May I Introduce to You, todos, con la curiosidad de que aparecen aquí desordenados a capricho, comenzando por la tierna "When I'm Sixty Four" y acabando, eso sí, lógicamente, con el tema principal ("Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band") que en el disco original era un reprise y que aquí, como entonces, resulta un final de apoteosis. En medio, un viaje inaudito en el que blues, jazz y otras esencias se mezclan sincopadas, con energía, aunque a veces el violín nos recuerde que estos temas nacieron en los verdes prados de Inglaterra y no en el cálido sur de Estados Unidos.
Habitual del Jazz at Lincoln Center y del Blue Note de Nueva York, la pianista japonesa Yoko Miwa vive en Boston, donde llegó a finales de los 90 con su formación clásica a cuestas para examinarse en Berklee y ganar una beca. Pensaba estar un año y ahora es una de las profesoras de piano más populares del centro. El álbum que acaba de aparecer, Pathways (Ocean Blue Tear Music, 2017), es su séptimo disco como líder.
Quizás el primer tema del álbum sea el más difícil de escuchar. Amparada en el formato trío, con el bajista Will Slater y el baterista (y también marido) Scott Goulding, músicos con los que lleva tocando más de una década, Miwa interpreta una composición de Marc Johnson titulado “Log O’Rhythm”. El tema, extenso (todos los temas del disco son largos; el más corto, 6:54), parece la síntesis de un gospel a trío de piano. El ritmo, que nunca acaba de romper, crea una tensión tan continua (solo se resuelve en la última frase) que permanece durante todo el disco.
Es imposible que, con esta referencia, no nos venga a la mente el trío de Bill Evans, aunque las composiciones que Miwa rescata de Marc Johnson (este “Log O’Rhythm” y "After You"), no fueran interpretadas por Evans
sino que aparecían en el disco del trío de Johnson titulado Right Brain Patrol (Polygram, 1992).
Superada la vehemente introducción, basta escuchar el segundo tema para entender que Yoko Miwa posee una digitación
veloz, con momentos muy coloridos y explosiones de velocidad sorprendentes, expresiva, precisa y, al mismo tiempo, brillante, algo muy raro y difícil de
encontrar. Las composiciones, alternando standards y temas propios, son
brillantes y lúcidas. Miwa sabe a dónde va cada tema.
Navegando por el álbum, uno encuentra distintos caminos (atendiendo al título del disco) que explorar. Mainstream pero a ratos bop, a ratos acercándose a la Tercera Vía o mostrando colores de música caribeña, con un sentido del swing y, sobre todo, del blues muy elegante, Pathways es un álbum complejo que nos sirve para conocer varias facetas de una pianista consolidada aunque para nosotros sea un descubrimiento.
En los temas originales, brilla el sonido del Yamaha con un jazz delicado y swingueante; entre los no originales, hay uno de Joni Mitchell (“Court and Spark”) y, para terminar el álbum, una versión rítmica pero nostálgica del "Dear Prudence" de The Beatles (Miwa ya versionó anteriormente "Jealous Guy" de Lennon y también "Golden Slumbers"), en la que aparece el bajista Brad Barrett y donde la pianista admite que "todo el mundo conoce las canciones de The Beatles muy bien, por lo que no quieres cambiar demasiado para no defraudar a los fans", a pesar de lo cual resulta una versión muy creativa y con mucho blues de lo que para ella es "un tema muy simple pero muy potente".
Lo mejor del álbum es la frescura con que el piano ataca ambientes tan dispares como la fragilidad o la energía. El hecho de que el trío lleve tanto tiempo funcionando juntos, tocando todas las semanas en vivo y que se haya grabado con todos los músicos juntos, sin compartimentar la sesión, da estos resultados. Aparte de la versatilidad y la agilidad de los dedos de Yoko Miwa, lo que más gusta del álbum es el interplay y, especialmente, la manera en que a menudo el piano dialoga con
el contrabajo. La comunicación y los juegos de llamada y
respuesta están presentes en todo el disco. Les dejo un par de vídeos como ejemplo. Que lo disfruten.
JOHN PIZZARELLI, Midnight McCartney (Concord, 2015)
Coincidirán conmigo en que Paul McCartney nunca ha tenido la tesitura de poeta/cantante maldito que Lennon tenía en la voz. Cuando John Pizzarelli cantar el songbook post-Beatle de McCartney, sentimos lo mismo: Pizzarelli tiene idéntico empalago en las corcheas que el de Liverpool y es capaz de almibarar cualquier cosa que cante; sin embargo, su guitarra adorna de swing estas melodías pop y algunos arreglos de viento merecen la escucha.
Si bien deben existir un millón y algo de álbumes de jazz que versionen a The Beatles (el propio Pizzarelli hizo en 1998 su Pizzarelli Meets The Beatles para RCA Victor) es el primer monográfico sobre McCartney del que tengo noticia y, curiosamente, parece que fue el ego del ex-beatle quien puso el germen del disco invitando a Pizzarelli a crear el proyecto. Ya se conocían de la grabación de Kisses on the Bottom (Hear Music, 2012), donde Paul versionaba temas de los años 30 y 40 con la ayuda de Pizzarelli, Diana Krall, Alan Broadbent... Pero fue a finales de 2014 cuando McCartney dijo a JP:
“It might be interesting for you to do a few of my songs that are lesser known than some of the others. I realize this may be a little immodest, if not pushy.” (Podría ser interesante para ti hacer algunas de mis canciones que son menos conocidas que otras. Me doy cuenta de que esto puede parecer un poco inmodesto, si no egocéntrico.").
El resultado es un puñado de canciones en las que el espíritu de McCartney prevalece y otras en las que la swingueante guitarra de Pizzarelli se impone con su inspirado sentido rítmico ("Hi, Hi, Hi") o de bossa nova ("My Valentine", "Silly Love Songs") o los arreglos de viento los elevan a una dimensión de big band ("Let 'em In" o "Coming Up", tema en el que Michael McDonald de los Doobie Brothers pone un toque de blues que acentúa el swing de los metales); razones de más para excitar a los aficionados al jazz.
Con la aprobación del Fab #2: la radio más beatle (fab4radio.com) dio al álbum Midnight McCartney 5 estrellas de 5.
Es cierto que John Pizzarelli publica (casi) más discos de tributo que originales, también que hace un jazz para escuchar en momentos en los que queremos huir de la estridencia y que nos gusta más cuando toca la guitarra que cuando canta, a pesar de lo cual sus scats son burbujeantes, trepidantes, especialmente porque los acompaña de la guitarra en electrificantes diálogos que nos recuerda por qué amamos el jazz.
El punto culminante del álbum es el espectacular "Let 'em In":
Últimamente mis ansias musicales caminan en solo un sentido: el jazz. Hace un millón de años que no surge un músico o grupo de rock que me haga comprarme un disco. Para ser más concreto, mi melomanía es más bien una dicotomía. Por un lado, sólo escucho jazz. Por otro, sigo intentando recuperar aquel The Police de mis años de instituto, haciéndome con todos las rarezas, conciertos y apariciones sonoras que puedo recopilar, culminando esta pasión con el inolvidable concierto del Rock in Rio Madrid del año pasado. Como ya expuse aquí mismo hace unos meses cuando encontré el perseguidísimo disco de Bob Belden, todo aquel que versione algún tema de Sting se convierte en mi objetivo (y de mi tarjeta de crédito).
Leo Giannetto’s Jazz Project es el último gran descubrimiento de mi colección. Su Tributo a The Police (Audia Records, 2007) supone una revelación: un grupo de músicos versátiles capaces de enfrentarse a cualquier estilo de jazz. Ése es el proyecto real de Leo Giannetto: sus reinterpretaciones de los temas de The Police caminan en direcciones tan opuestas como el swing o el jazz latino, convirtiendo temas pop mil y una veces escuchados en piezas únicas, frescas y nuevas.
Lo que más me ha gustado de Leo Giannetto y su Jazz Project es su flexibilidad. Su visión global le permite enfocar lo que originalmente era rock progresivo desde un punto de vista jazzístico envidiable. Sus arreglos y “rearmonizaciones” suenan tan nuevas como si las acabara de componer, como si siempre hubieran sido jazz. No importa el espíritu primitivo del tema, él lo convierte en algo distinto (¡qué grande el final de Bring on the night) y estimulantemente original. Hago este vehemente comentario porque hacía tiempo que no disfrutaba de unas versiones como con éstas. No suenan tan elaboradas ni tan químicamente complejas como las de Bob Belden, por poner un ejemplo... Los (enormes) músicos que lo acompañan ponen jazz e improvisación en cada acorde, conocedores del abanico de posibilidades que pueden sacar de los temas y de sus instrumentos, creando constantemente sin repetirse, sin aburrir.
Leo Giannetto es un guitarrista uruguayo afincado en Galicia y ha publicado con LGJP, además del Tributo a The Police, dos álbumes. El primero fue Beatles & Jazz (2006) donde hace malabarismos tan brillantes como convertir Can’t buy my love en un blues (impagable el poderoso trabajo de Javier Constenla al piano y el acertado y lastimero aporte del saxo de Jose Nine) o hacer que Hey Jude yI’ll follow the sun suenen como baladas de tempo medio llenas de swing.
El último trabajo de LGJP es un álbum llamado Popjazz performances (2009) e incluye una amalgama excitantemente heterogénea de versiones que van desde U2, Bee Gees, Rolling Stones, Eric Clapton hasta Michael Jackson... Si bien la elasticidad creativa de Leo Giannetto sigue patente en este disco y su personal voz de crooner del siglo XXI no desmerece los arreglos, el resultado es desigual. En temas como Sultans of swing (Dire Straits) o Satisfaction de los Stones, el grupo pone toda su técnica al servicio de la improvisación y suenan momentos fabulosos, pero en otros como Layla (Eric Clapton) o Imagine (John Lennon) la rearmonización jazzística no cumple con su cometido y no pasan de sonar a temas pop a pesar del esfuerzo de los músicos. Quizás por esto el álbum se titule Popjazz performances... Hay raciones de jazz y raciones de pop. Para resarcirnos y para recordarnos que estamos ante un disco de jazz, el álbum termina con una versión llena de swing del Lady Madonna de The Beatles, donde después de la exposición del tema se suceden a galope los solos de todos los miembros del grupo, un derroche de virtuosismo e improvisación que casa perfectamente con el espíritu de LGJP. Al final, jazz.