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TIEMPO DE HOMENAJES

CLARK TERRY, WAYNE SHORTER, MONK...

Recopilamos en este artículo (sin interés comparativo) tres álbumes monográficos editados recientemente. Cada uno de ellos se mira en un jazzman clásico para enfocar su repertorio con una personalidad nueva. Son un saxofonista que reimagina a Monk, un guitarrista que lleva a su terreno temas de Wayne Shorter y un saxofonista barítono que versiona a Clark Terry con toda una big band detrás. Cosas del jazz.


ADAM SCHROEDER & MARK MASTERS, CT! 
(Capri Records, 2024)

El arreglista Mark Masters aparece con regularidad en el panorama del jazz al frente de discos muy interesantes en los que juega simplemente el papel de arreglista o de director. En el disco que hoy escuchamos, se ha aliado con el saxofonista barítono Adam Schroeder para versionar nada más y nada menos que a Clark TerrySeguramente, los standards compuestos por Clark Terry no tengan los títulos más recordados entre los aficionados al jazz, pero todos reconocen perfectamente la voz de su trompeta. En este disco, el papel protagonista lo tiene Adam Schroeder (no interpreta a Terry salvo en espíritu), uno de los músicos más solicitados de Los Angeles, que se mueve con elegancia y contundencia en temas como "Groundhog" o "Boardwalk", con un swing enérgico que se aprecia mejor en el barítono. 


Schroeder concibió el proyecto como una celebración del centenario de CT, pero el parón de la pandemia le hizo posponer el proyecto, ahora publicado por Capri Records. En alianza con el arreglista Mark Masters, ha definido este proyecto a lo grande, con una docena de músicos (Sal Lozano, saxo alto; Bob Sheppard, tenor y soprano; Kirsten Edkins, tenor; Adam Schroeder, barítono; Francisco Torres, trombón solista; Ido Meshulam y Lemar Guillary, trombones; Dan Fornero; trompeta solista; James Ford y Aaron Janik, trompetas; Edwin Livingston, bajo; Peter Erskine, batería) y temas arreglados de una manera muy inteligente, respetando el espíritu juguetón de la música original pero acercándola (mérito de Masters) a la filosofía de Duke o de Count Basie, jugando con el ritmo y con intervenciones explosivas de los vientos, eso sí, con un brillante sonido de big band moderna. Los temas de CT, llenos de solos, guardan constantes momentos de esos que un aficionado al jazz aprecia. También continen pasajes que nos recuerdan aquella complicidad entre Clark Terry y Pepper Adams... o Bob Brookmeyer. Nostalgias... 




* Más info en Capri Records: caprirecords.com

* Foto: Joe Masters.






CHRISTOPH GRAB'S REFLECTIONS QUINTET, Oneness
(Lamento Records, 2023)

En Oneness, el saxofonista suizo Christoph Grab y su quinteto Reflections hacen un particular homenaje a la música de Thelonious Monk con un repertorio que se sale de lo habitual, rebuscando en su discografía para construir su propia versión de los grandes éxitos de Monk sin sus temas más conocidos. Sí, están "Ugly Betty" y "We See", pero muchos echarán en falta temas mucho más escuchados (y repetidos). A este repertorio inesperado se une una formación bastante inusual, un quinteto sin instrumento armónico, con tres vientos al frente: saxo, trompeta y trombón (Christoph Grab, Lukas ThoeniAndreas Tschopp, respectivamente), bajo (Bänz Oester) y batería (Pius Baschnagel).


Los arreglos (todos de Grab) respetan los indecisos ritmos de Monk (ah, esa seductora versión de "Skippy") y adapta su peculiar manera de escribir los acordes al lenguaje de un quinteto con la peculiar tímbrica de tres instrumentos de viento sonando al unísono. A eso se añade una dosis bastante importante de improvisación. El grupo suena bastante melódico en los chorus y, por momentos salvaje, en temas donde la improvisación "empuja" a las composiciones de Monk hasta sonoridades callejeras que nos recuerdan a Nueva Orleans ("Wee See") o más contemporáneas y atonales ("Work") sin perder de vista la filosofía monkiana en ningún momento.

En definitiva, un disco recomendable, tanto para fans de Monk como para seguidores de sonidos más modernos, en especial porque demuestra que la modernidad de este pianista fallecido hace 40 años sigue vigente.



* Más info: www.christophgrab.com


ERAN HAR EVEN, Shorter Days (World Citizen Music, 2024)

El homenaje (quizás) más inesperado es el del guitarrista Eran Har Even. Su álbum Shorter Days es toda una revelación. A priori, reinterpretar las armonías de un músico tan complejo como Wayne Shorter a las seis cuerdas parece imposible. Transportar su música para saxo es, ya de por sí, un trabajo que no puede dar buenos resultados, pero el guitarrista (a trío con el bajista Omer Govreen y el baterista Wouter Kühne) se ha centrado en las melodías y las armonías para construir un sólido homenaje donde trae a su terreno los temas de Shorter para que parezcan escritos para guitarra. 


Documentales como Zero Gravitydirigido por Dorsay Alavi (y producido por Brad Pitt, entre otros) para Prime Video, no hacen sino avivar la nostalgia por este compositor tan espiritual, siempre buscando nuevas dimensiones musicales. Puede que, a la guitarra, sus temas no suenen tan místicos, y tengamos que asumir que, en el fondo, Shorter era humano, pero su jazz, especialmente el de sus inicios, suena efervescente y swingueante en las manos de Eran Har Even ("One by One", "Capricorn"), evocador en la desnudez del trío ("Night Dreamer", que mantiene su delicioso 3/4 original) o lleno de extensos discursos melódicos ("Nefertiti").

Quizás sea un álbum que vaya a gustar más a los aficionados a la guitarra de jazz que a los fans de Shorter (a quienes también recomiendo) pero es un buen ejemplo de cómo hacer un tributo a un músico respetando su filosofía musical y, al mismo tiempo, empleando una voz personal, nueva.



* Más info: www.eranhareven.com

CINCO VOCES DEL JAZZ EUROPEO ACTUAL

Estamos recibiendo muchas novedades de vocalistas, algo poco usual, pero menos usual es la calidad y la originalidad que estos cantantes aportan al universo del jazz y la manera en que se expresan para dar tanta importancia a la letra como a la música. Hoy los escucharemos a todos juntos, para comprobar el excitante caleidoscopio sonoro y cultural que suena en las voces del jazz europeo actual. Escucharemos a Nana Rashid, Helena Camps, Henk Kraaijaveld, Viktorija Pilatovic y Laura.


NANA RASHID, Music For Betty (April Records, 2023)

Lo primero que debemos decir de Nana Rashid es que no se parece a ninguna cantante de jazz que hayamos escuchado antes. Con un estilo que se acerca al soul y al pop, tiene un alma en la voz, un timbre que en algunos momentos nos recuerda a Nina Simone... y un dominio del ritmo y el silencio que desafíaría a cualquier cantante de jazz clásica. Para más goce, se hace acompañar de un trío que ya conocemos porque hemos hablado de él hace unas semanas: Little North (Benjamin Nørholm Jacobsen, Martin Brunbjerg Rasmussen y Lasse Jacobsen), una formación que aporta ese color nórdico y lírico de los tríos de piano escandinavos.

Foto: Thomas Degner / Lágrima: @Maya SB
Desde el primer tema (una canción con declaración de intenciones, un tema espiritual sobre quiénes somos y quiénes dejamos de ser) notamos la enorme presencia del trío, que crea una tensión sutil, dramática, para enmarcar la letra profunda y dolida que ha escrito Rashid, como el resto de las ocho canciones, con una intención existencialista y profunda, donde el dolor parece haber marcado la génesis de cada tema. Subyugados por la vibrante voz y las letras de Nana Rashid, quizás solo podamos criticar que use esquemas pop que, en algunos momentos, recuerdan a Sade (la influencia es más que evidente cuando hace una versión de "Pearls"); eso sí, con más alma y con un auténtico trío de jazz respaldándola, lo que convierte sus canciones en deseable material de directo.

Danesa de nacimiento, Nana Rashid proviene de un cruce de culturas (su madre, de Dinamarca; su padre de Zanzíbar/Omán). Debutó en 2016 con el EP Sorrow in Sunlight, que consistía en cuatro versiones y que fue muy bien recibido por la crítica. En abril de 2023 se publica este nuevo álbum con el que confirma su estilo y su filosofía como compositora, con letras cargadas de sentimiento como Mother, Father, en la que expresa la frustración de intentar encajar en un lugar cuando se pertenece a muchos otros, como en su caso; o esta Goodbye My Love (Nana Rashid/Troels Frost).


* Más info: nanarashid.bandcamp.com




HELENA CAMPS, Viu (Microscopi, 2023)

A los del sur nos sigue sonando extraño oír cantar jazz en catalán, pero lo cierto es que las letras de Helena Camps, con su canto a la vida y a la naturaleza (también sus versiones en inglés de standards igualmente sensibles), han conectado con nuestra sensibilidad jazzística. Camps tiene ese extraño don de convertir su voz en un instrumento. Sí, ya sé que lo hacen todos los cantantes, pero los de jazz saben a qué me refiero: esa capacidad para la síncopa, para la improvisación, para cantar con swing y que los demás lo disfrutemos como si estuviéramos escuchando un solo de piano, por poner un ejemplo.

Viu es su primer disco, pero viene detrás de una larga carrera, a pesar de su juventud, que comenzó con sus estudios de canto en el Taller de Musics, un título superior del Liceu, un Erasmus para estudiar con Dena DeRose en Austria, un proyecto llamado Helena Camps canta a Anita O'Day, un quinteto, la docencia, muchos festivales...


Como compositora, Helena Camps tiene esa facultad de la que hablaba más arriba para apreciar la importancia de la vida y la naturaleza, y de ambas cosas ligadas en una simbiosis insoslayable, y también para crear jazz con ello. Sus temas tienen una fluidez que engancha, pero también mucho espacio para que sus músicos puedan expresarse, lo cual llena el disco de momentos deliciosos. En este Viu, viene acompañada por un quinteto formado por el trompetista Pol Omedes, el guitarrista Miguel de RibaToni Mora al piano y rhodes, Xavi Castillo al contrabajo y bajo eléctrico, y el baterista Adrià Claramunt.

Vale la pena escuchar el disco por su intención (llamémoslo jazz eco-friendly), poética y muy idealista, por conocer en la intimidad de los auriculares la delicada y movediza voz de Helena Camps, y también por sus versiones de clásicos como "April In Paris". "Spring Is Here" o "It Might As Well Be Spring", también ligados al vitalismo de las composiciones originales de Camps.

El disco se presenta el próximo 15 de abril en la sala Jamboree de Barcelona.



* Más info: helenacamps.com



HENK KRAAIJEVELD, Patches of Sky (Zennez, 2023)

Nos llegan pocos discos de crooners (aunque la palabra suene antigua) y hoy hemos disfrutado escuchando el disco de Henk Kraaijeveld, que reúne un buen número de características para hacerlo interesante. En primer lugar, las canciones parecen surgir de las letras y no al revés; en segundo lugar, para Kraaijeveld, la voz es un instrumento delicado al que sacar melodías y armonías sin efectismos y sin recursos fáciles. Su música va a caballo entre la balada y la improvisación propia del jazz, en línea con otros vocalistas contemporáneos y con homenajes muy claros a Miles Davis, Wayne Shorter y Nick Drake.

Henk Kraaijeveld es un cantante, compositor y docente neerlandés. Su estilo cálido y su capacidad para la improvisación le valieron en 2013 dos premios (del jurado y del público) en la Dutch Vocal Jazz Competition. Ese año fundó el grupo a capella The Junction, trabajó con el compositor Miho Hazama y cantó con varias big bands, entre ellas la Ricciotti Ensemble. En 2018 publicó su primer álbum, Passengers, con el que hizo gira por China, Malasia y Corea del Sur.

Quizás el punto más conocido del álbum sea la versión que hace de "Milestones" de Miles Davis con la letra que le escribió Mark Murphy, pero el álbum contiene letras propias a las que Kraaijeveld da una gran importancia, no solo por su sonoridad, buscando reflejar (escribe) el espíritu del momento (zeitgeist en la filosofía de Hegel) y su postura hacia esta sociedad que solo busca la gratificación inmediata. Otras referencias en el álbum son Arthur, el personaje de la serie Peaky Blinders (en el blues "Long Road") o la novela de Eduard Multatuli Max Harvelaar (en "Saidjah's Song"). Además de versiones, el repertorio está formado por temas compuestos por Kraaijeveld, en unos casos, y por otros temas donde ha puesto la letra a música de Dan Herweg, su pianista. Son dos conceptos distintos, más melancólico y orgánico en el caso de los temas compuestos por el cantante, y más jazzístico y juguetón cuando la música está escrita por el pianista. El punto culminante es un viejo sueño de Kraaijeveld: poner letra a "Adam's Apple" de Wayne Shorter. 
Wayne Shorter's Adam's Apple has such a cool groove! For many years I have wanted to write lyrics to his dazzling saxophone solo. It has become quite a philosophical story... but what do you expect with that title..., escribe en el libreto del disco.

 







VIKTORIJA PILATOVIC feat. PETROS KLAMPANIS,
Sky Bridges (ΠΚmusic/Inner Circle Music, 2023)

Con una voz muy personal y el afán de componer, como en sus anteriores tres trabajos , todos sus temas, la lituana Victorija Pilatovic presenta estos días su cuarto álbum, publicado como todos los anteriores en el sello Inner Circle de Greg Osby, titulado Skybridges, un proyecto muy poético donde fusiona el jazz con infuencias pop y aires étnicos del Mediterráneo. No en vano se ha rodeado de músicos de la talla de Petros Klampanis (bajo, percusión y producción), Albert Palau (piano), Quique Ramírez (drums), Jorge Pardo (flauta, invitado en el tema "July") y James Copus (que toca la trompeta en "Secrets Unknown").


Viktorija Pilatovic es una de esas cantantes cuya presencia hipnotiza en directo. Nacida en Klaipeda (Lituania), comenzó a estudiar piano clásico a los 6 años para después estudiar jazz vocal, estudios que continuó en los Paises Bajos, donde ganó el tercer premio en The Nederland Jazz Vocalisten Concours con un arreglo original del estándar "My Favourite Things". En 2012, recibe una beca para estudiar en Berklee Valencia, donde se afinca tras un paso fugaz por Ecuador, donde impartió clases de interpretación vocal en la USFO College of Music. Ha cantado como solista con la orquesta PCC Sympho-Jazz dirigida por John Clayton; en el Festival de Jazz de Montreux en Montreux; con Perico Sambeat Big Banda "voces" (junto a Silvia Pérez Cruz); y con Gilberto Gil, Victor Wooten, Michael League (Snarky Puppy), Banda Magda y Petros Klampanis.

Con un gusto especial por las baladas (la deliciosa "Hymn"), Viktorija Pilatovic nos seduce con su articulación rítmica de los versos ("Waltz", "July"), y sus letras sobre ciudades y paisajes y sobre la heterogénea belleza del mundo. Buscando colores en la sutileza de las melodías, el resultado es muy contemporáneo, nada complaciente ni previsible. Para dejarse llevar. 










LAURA, Sunset  (GLM, 2023)

Escuchar a la cantante alemana Laura Kipp (simplemente Laura en su nombre artístico) es una revelación. Posee una manera especial de afrontar las canciones sin elevar la voz, con un dominio total de la garganta (especialmente difícil en los temas que exigen destreza rítmica y delicadeza al mismo tiempo) y un don natural para crear ambientes. Su nuevo disco es Sunset Balcony, inspirado en su estancia en París y en los atardeceres que contemplaba desde su balcón (símbolo de libertad y de seguridad al mismo tiempo, dos de los temas más repetidos en sus letras). El proyecto se presenta con un trío de guitarra, piano (y órgano) más percusión, pero con colaboraciones que suman un total de 14 músicos en el disco (incluyendo algunos solistas conocidos, como Isabelle Bodenseh en uno de los temas).

El álbum tiene un principio muy melódico y crossover (en la línea de Norah Jones), que anuncia cómo será el disco: temas plácidos, letras descriptivas, soñadoras, escritas por Laura con música de Jens Loh, que aquí compone, toca bajo y guitarras y produce. Pero el segundo tema ("Johnny, The Fly") nos desvela las verdaderas cualidades de Laura: capacidad para vocalizar ritmos, sincopando las letras como si de un instrumento de jazz se tratara (absolutamente deliciosa en "Hey, You"), de hacerse coros e incluso de rapear (sin abandonar su estilo delicado) en "Poke Bowl" . En "Narcís" Carles Denia le pone el contrapunto en un tema cantado en francés que se mueve entre sonidos mediterráneos (flamencos y árabes) y latinoamericanos, con un delicado solo en el saxo barítono a cargo de Eric Sèva. 

Una voz diferente, jazzística pero dulce, y un disco heterogéneo, intenso a pesar de sus ritmos lánguidos y melancólicos, todo un derroche de creatividad con sus 14 músicos y sus 14 temas.



* Más info: https://laura-sings.com

CHET, SIEMPRE CHET

CHET BAKER, Blue Room: The 1979 VARA Studio Sessions in Holland (Jazz Detective/Deep Digs/Elemental Music, 2023)

Zev Feddman, arqueólogo del jazz e ideólogo de Jazz Detective Records nos trae este abril una joya perdida de Chet Baker. Como es habitual en sus ediciones, Blue Room viene acompañada de abundante documentación, tanto gráfica (siempre fotografías inéditas) como escrita. Feldman nos cuenta, nada más abrir el disco, que uno de sus contactos en los Países Bajos le localizó estas grabaciones que dormían archivadas en los sótanos de la KRO-NCRV, la radiotelevisión pública neerlandesa, una serie de temas inéditos en disco, grabados en los estudio VARA 2 de Hilversum en dos sesiones: 10 de abril y 9 de noviembre de 1979, una de las épocas más brillantes de Chet a pesar de la decadencia física y de los episodios violentos vividos, una época pre-apocalipsis en la que sus labios parecían haber retomado la serenidad que le encumbraron a la fama. 

Chet en VARA Studio 2, 10 de April, 1979
Foto:Kippa/Beeld en Geluid
Ninguna de estas dos grabaciones había sido escuchada desde su emisión en 1979. A pesar de ello, permanecían en buen estado y suenan como si se hubieran grabado ayer. En la primera grabación, del 10 de abril, hay 7 temas (3 caras en la versión doble-LP) que comienzan por "Beautiful Black Eyes" de Wayne Shorter y concluyen con "Nardis" de Miles Davis. Chet aparece muy bien acompañado aquí por un Phil Markowitz al piano magnífico, por Jean-Louis Rassinfosse al contrabajo y Charles Rice a la batería.

En la segunda sesión, del 9 de noviembre, más melancólica, no por el repertorio elegido sino por el trasfondo que se percibe en las notas de la trompeta, Chet cuenta con Frans Elsen al piano, Victor Kaihatu al contrabajo y Eric Ineke a la batería. El repertorio es más breve: 4 temas que incluyen "Candy" "Luisciuos Lou", "My Ideal" y "Old Devil Moon".

"Blue Room" es, sin duda, el tema estrella de esta edición. Escrito por Rodgers y Hart, tiene una duración de 16 minutos, varios solos, incluyendo uno apasionado e inspirado de Mankowitz,  y una trompeta tan egoísta en sus notas como siempre y que alcanza una delicadeza emocionante. "My Ideal" es otra cumbre, con un Chet cantando a quien la edad favorece. El final, "Old Devil Moon" es tan festivo como ágil se puede escuchar al trompetista, recordándonos que, tras el incidente de los dientes, podía volver a tocar tan rápido con la velocidad con la que lo hacía de joven. 

En la parte documental del álbum encontramos una visión de Chet a cargo de su biógrafo Jeroen de Valk y entrevistas a los productores y músicos de aquel momento. Textos firmados por otros trompetistas (Randy Brecker, Enrico Rava y Enrico Pieranunzi hablando sobre Chet) redondean la magnífica edición de estos temas. Tanto Brecker como Rava manifiestan la influencia de Chet en sus carreras por su estricto sentido de la melodía y su economía expresiva. Pieranunzi recuerda haber escuchado discos de Chet cuando era pequeño y también que tocaron juntos aquel mismo año, 1979. Músicos que han hecho historia y una grabación que debe pasar a la Historia del Jazz en su fecha exacta. Imprescindible. 




VOLVER AL WAYNE SHORTER DE LOS '60

HASS - BLACHMAN, The Shortlist (Gateway Music, 2022)

Que la música de Wayne Shorter sigue vigente es obvio. Basta escuchar de dónde vienen muchos músicos de jazz actuales... y no solo saxofonistas. Personalmente, cada vez que escucho a Shorter me sorprende lo moderno que sigue siendo, incluso más avanzado que muchos músicos actuales que pretenden romper moldes. Con el mismo pensamiento, los daneses Thomas Hass (saxofonista tenor) y Thomas Blachman (percusionista) lideran un proyecto que rinde homenaje a las geniales composiciones de Shorter en la década de los 60, 

El repertorio del disco está sacado de sus discos como líder Speak No Evil (1964) y Adam's Apple (1966), y de su aportación como compositor a la banda de Miles Davis, como Nefertiti (1967) y Water Babies, que se publicó en 1976 durante el retiro de Miles y que contenía 8 temas escritos por Shorter y grabados en sesiones de estudio en 1967 y 1968. La elección de la década es una limitación temporal que es también artística y emocional, porque indudablemente el Shorter de los 60 marcó una época.


Lo primero que se pregunta uno es qué sonará. Por supuesto, hay diferencias de dicción en el saxo de Hass y el de Shorter, diferencias evidentes, pero el espíritu rompedor de la música (esto es lo interesante) sigue ahí, especialmente en el sonido crudo y real conseguido con una grabación que se realizó sin ensayos y con todos los músicos en vivo en el estudio (el cuarteto lo completan el pianista Artus Tuznik y el bajista Thomas Fonnesbæk). Hay una complicidad antigua que favorece esta especie de improvisación. En primer lugar, porque son temas con los que se han familiarizado desde que empezaron a estudiar música y, en segundo lugar, porque Hass y Blachman han tocado juntos desde los años 80. Grabaron tres horas y media de "primeras impresiones" cuyo resumen es esta Shorlist.

Vale la pena escuchar esta respetuosa reinterpretación porque, como Blachman afirma, han "abrazado las composiciones de Shorter con una atmósfera  nórdica oscura y de esa hermosa melancolía que solo se encuentra aquí en estas partes del mundo”.


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LEGADO, TÉCNICA Y ALMA

TRINEICE ROBINSON, All or Nothing (4RM Music, 2021)

Pocas vocalistas nos devuelven ese sabor del jazz clásico que nos emocionó y nos enganchó a esta música. La voz de Trineice Robinson tiene ese color que nos lleva a rebuscar en nuestra discoteca discos de la Época Dorada, discos que teníamos olvidados, pendientes de las novedades. A este tono clásico se suma su experiencia en el soul y en el gospel, que aportan ese alma en la voz que hace que cada tema resulte conmovedor. 

Con una consolidada carrera como cantante y pedagoga,  Dr. Trineice Robinson es profesora de canto en estilos tan variados como jazz, gospel, R&B, blues... entre otros lugares, en la Universidad de Princeton, donde imparte canto de jazz, y ha creado Soul Ingredients®, un método de enseñanza para desarrollar el potencial de los alumnos tomando sus experiencias personales, influencias musicales y modelos para alcanzar la máxima expresión. Además, actúa en vivo regularmente. Así, su postergado disco de debut le llega a los cuarenta años, después de varias décadas habiendo dedicado su vida a la música negra. 

En All or Nothing, grabado entre el 17 y el 19 de diciembre de 2018 y que aparece ahora, en agosto de 2021, llega acompañada de un combo all stars con los que ya había colaborado en escenarios o la docencia, un grupo el que podemos escuchar al saxofonista Don Braden, el pianista Cyrus Chestnut, el bajista Kenny Davis y el baterista Vince Ector. También, en algunos temas, aparecen Phil Orr al piano, el guitarrista Joe “Stretch” Vinson, el percusionista Kahlil Kwame Bell y una sección de viento (Ian Kaufman, John Meko Nils Mossblad). Con todo este potencial, nos encontramos con un repertorio de standards (y temas originales) que demuestran que su voz y su manera de usarla encajan en cualquier categoría que se nos pueda ocurrir. 

Entre los temas clásicos, rindiendo un sentido homenaje al legado, como parte de la filosofía de su carrera, escuchamos "All or Nothing", que abre el disco con contundentes arreglos de Don Braden que contrastan con el fraseo de la voz; "Footprints" de Wayne Shorter, con letra de Nandita Rao; una versión íntima de piano y voz de "Come Sunday" (Ellington); "The Very Thought of You", que es casi un dúo saxo/voz, y que tiene como introducción "If This Is Love", original de la cantante. Una buena selección de clásicos que culmina cuando Trineice Robinson pone voz a Thelonius Monk en "You Know Who (I Mean You)".


Todo este legado de jazz, pasado por el tamiz de la voz de Trineice Robinson y su filosofía basada en conceptos como sing your soul y music your story, se eleva a otro nivel cuando toca el soul, presente en el disco en dos temas: un  sentido tributo a Marvin Gaye en "What's Goin On" (con un intenso solo de Cyrus Chesnut) y otro algo más alegre en "La Costa" de Natalie Cole (con Phil Orr al piano). Como conclusión, el álbum termina con un tema gospel arrollador que culmina en un solo a cargo de su hijo, un joven cantante de 10 años llamado Lindsay Martin, Jr. Así es, en resumen, el disco de debut de Trineice Robinson, legado, técnica y alma en la vez. 

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* Web: drtrineice.com

* Fotos: Allison V. Brown.

UN CANTO A LA HERMANDAD

XIMO TÉBAR, A-Free-Kan Jazz Dance Big Band (Omix, 2019)

Pionero en muchos sentidos, formado en Valencia y Nueva York, investigador constante... el guitarrista y compositor Ximo Tébar  ha explorado a lo largo de su enorme carrera el bop, el flamenco, el funk, el impresionismo de Satie, los ritmos latinos y la música negra en general. Su estilo personal y su eclecticismo explotan en su último álbum como un gran fin de fiesta (es un decir porque parece tener cuerda para mucho) en el que pone toda la carne el asador: big band, bailarines y cantantes traídos de distintos puntos del planeta, entre los que se incluye Vinx (Cassandra Wilson, Sting, Herbie Hancock).

Pero el proyecto va más allá del álbum. Un gran espectáculo con 30 personas sobre el escenario (entre músicos y bailarines) celebra la raíz africana del jazz. Lo podemos ver en el DVD que acompaña al disco. Un setlist heterogéneo reclama este vínculo entre la tradición africana y la exploración implícita en la esencia del jazz, una idea que nació hace diez años en el IVAM, de donde surgió una "orquesta de jazz interétnico residente del museo". Retomada para celebrar en Alginet el Día Internacional del Jazz de 2019, Ximo Tébar decidió grabar el concierto en audio y vídeo para inmortalizar lo que define como "un canto a la hermandad".



Entre los temas, himnos del African pop como "Pata Pata" de Miriam Makeba, versiones de standards como "Summertime" o "Peter Gunn" (qué potente versión y qué bien traída al contexto de este proyecto), temas que, de repente, reciben un acercamiento a las raíces africanas, y también hitos de la carrera de Tébar, como su visión de "Footprints" (Wayne Shorter), que aquí toma una nueva dimensión, más profunda y racial, algo que, por otro lado, ya buscaba Tébar en su A Jazzy World Christmas de 2010.


Mención especial merecen los standards presentes en el disco. Como "Caravan Nazarí", donde las armonías orientalizantes de Ellington reciben una vuelta de tuerca con aires árabes más auténticos. Los arreglos los fusionan con ritmos africanos con un resultado excitante y sin perder de vista las posibilidades de tener detrás una big band. Los solistas tienen también un papel destacado en este tema. David Pastor hace un poderoso solo a la trompeta que construye de una manera original y rabiosa, casi racial. 

El otro estándar más que recomendable es "Con Alma". El tema de Dizzy Gillespie, que ya aparecía en el anterior trabajo de Tébar, Con Alma & United (Omix, 2018). Anunciado en el libreto como "pseudo-bulería", mezcla ritmos de aquí y allá con un resultado inesperado pero coherente. Por destacar, el mejor solo de Ximo Tébar y, aparte de la guitarra, la percusión (y, dentro de la gran sección rítmica, a Nathaniel Townsley). Si Dizzy llegó a África a través de Cuba, este es el tema que justificaría todo el proyecto: las múltiples y complejas relaciones del jazz con sus raíces nos devuelven, con A-Free-Kan Jazz Dance Big Band, una mirada nueva y personal a estos vínculos, un acercamiento necesario  y que sirve, además, para reafirmar una carrera, la de Ximo Tébar, como la de un músico y un investigador incansable. Que no pare el jazz.

Algunos temas del disco fueron grabados en vivo en el LXIV Festival de Jazz de Albacete y del Día Internacional del Jazz de Alginet. Que ustedes lo disfruten.


El personal del disco es el siguiente: 
Ximo Tébar, guitarra, arreglos y director; 
Baterías: Héctor Gómez, Nathaniel Townsley, Vicente Climent, Donald Edwards.
Bajos: Xavi Alaman, Nacho Mañó, Luis llario.
Piano: Mariano Díaz
Piano/órgano/teclados: Will Martz.
Saxos: José Luis Granell, Víctor Jiménez, Roque Martínez, Pepe Calatayud, Javi Forner, Lara Canet, Carmen Calatayud, Mari Cruz Lozano, Aure Company, Jaime Pérez.
Trompetas: David Pastor, Juan Luis Crespo, Ángel Girón, Lorenzo Atencia, Ferrán López, Voro López, Richar Aguado.
Trombones: Ferrán Verdú, Israel Soriano, Frank Liza, Dimas Rubio, Salva Sánchez, Aron Beltrán.
Flauta: Andrés Belmonte.
Cello: Matthieu Saglio.
Voces: Vinx, Kwamy Mensah.
Percusión y coros: David Gadea, Mortalla Gueye, Dauda, Ibu, Aboo Zeze, Samuel, Harol Martínez.
Bailarines y coros: Mohammed Senne, Adama Dieng, Diakhere Samb, Julie Abitol, Magat Sene, Adji, Moussa.

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* Más info: www.afreekanjazz.com

FREE JAZZ ENTRE AMIGOS

NO FAST FOOD, Settings For Three (Corner Store Jazz, 2018)

Dos semanas atrás hablamos de la formación de Phil Haynes Free Country, con su original revisión del rock y el jazz de los 60. Hoy volvemos a Haynes con No Fast Food, trío que completan Drew Gress al contrabajo y David Liebman en los vientos,  y que desarrolla un jazz libre, de estructuras cambiantes. La experiencia acumulada en sus discos anteriores produce un sonido orgánico y fluido.


Pero, al contrario que en sus disco anteriores, este Settings For Three no ha sido grabado en directo; a pesar de lo cual, hay una intensidad patente en los temas. Escuchen: 


Pulsen play. En la intro, un Liebman muy especulativo en la flauta de madera da paso a un breve diálogo con el contrabajo, diálogo que se rompe cuando Haynes arremete con fuerza y con ese ritmo desestructurado que, de alguna manera, tiene sentido. Y el saxo. Un comienzo muy energético y eléctrico que es la línea fundamental de álbum, aunque el siguiente tema del setlist ("Joy") se caracterice más por su poesía atmosférica. Aquí Liebman muestra una cantidad fascinante de recursos. En general, los tres músicos lo hacen pero la capacidad de Liebman en la flauta o en el saxo para mostrar belleza, lírica o melódica, y al momento siguiente deshacerse en pasajes atonales, rotos, aparentemente sin sentido pero orgánicos, es fantástica. "String Theory" ofrece también una balada emotiva pero más nocturna y conmovedora.


"Blue Dop" tiene un groove de contrabajo de esos que hacen que se muevan los pies. Blues con fuerza y ritmo, un campo abierto para la libertad expresiva, como en "Whack Whap", que comienza de repente, sin intro, como si llegáramos tarde, a mitad del tema, un perfecto desorden donde cada músico se explaya a su manera, con humor, y con recursos y más recursos. Humor hay también en el título "Longer Shorter", homenaje al saxofonista con un contrafact de su tema "Pinocchio". El álbum termina con "Shramba", una vuelta de tuerca a la samba con un Haynes hiperactivo, reconstruyendo y reinventando (con la complicidad de Gress) el ritmo salvaje de la samba hacia algo cerebral y más complicado de lo que pueda parecer a la primera escucha. Por encima, un Liebman con toda la libertad del mundo para inventar.

No Fast Food son:
Phil Haynes, batería
David Liebman, saxo tenor & soprano, flauta de madera
Drew Gress, contrabajo

UN TRIO IDEAL

FRED HERSCH Trio, Live in Europe (Palmetto Records, 2018)

Escuchando los primeros compases del nuevo disco de Fred Hersch, me viene a la mente la duda de a cuántos pianistas habrá influido Monk... El tema es "We See" y lo sorprendente no es la influencia sino la manera en que Hersch es capaz de tocar a Monk sin imitar a Monk. El álbum se llama Live in Europe y es un documento más de la manera en que el pianista sigue investigando y creciendo con cada obra.



Lo cierto es que escuchar a Fred Hersch es un ejercicio estimulante. Hay tantas influencias, tanta erudición, tanta experiencia en cada fraseo de su teclado que siempre se necesita una escucha más. En su último disco a piano solo, Open Book (Palmetto Records, 2017), ya encontramos a un Hersch en la edad de la experiencia, con una capacidad para sublimar el jazz hasta convertirlo en algo etéreo, impreciso y, sin embargo, elocuente; en algo que hay que respirar y sentir, no entender.

Live in Europe es, según las notas del álbum, es un disco encontrado por casualidad ("found object", lo llama el propio Hersch), ya que, afirma, se grabó en un directo sin que él lo supiera. Ocurrió en Bruselas el 24 de noviembre de 2017, en Flagey Studio 4, un lugar construido en los años 30 que, antes, fue sede del Instituto de la Radio Nacional. El trío, compuesto por el baterista Eric McPherson y el contrabajista John Hébert, "estaba en una forma excelente, la acústica era perfecta, el piano era espectacular y la grabación fue de primera clase".

Contiene temas descriptivos, como "Scuttlers", un tema de ritmo roto y aparentemente aleatorio que intenta recrear el movimiento lateral de los cangrejos. El resultado es un jazz más polirrítmico que arrítmico, experimental e intrigante, pero en el que se aprecia la versatilidad de sus dedos, su velocidad y su capacidad para transmitir. En otro de los temas, titulado "Snape Maltings", hay un diálogo bellísimo entre piano y contrabajo, con la batería funcionando como un alter ego del piano. Aquí Hersch esboza unas armonías de aire mediterráneo que, en realidad, están inspiradas en el nombre de un pueblecito inglés. En "Newklypso", utiliza el apodo de Sonny Rollins (Newk) para hacer un juego de palabras y homenajear a quien llama su héroe favorito del jazz con un calipso muy al estilo de Rollins, jugando con los acordes y con la melodía, con citas y ese juego de síncopas que enlaza la música caribeña y el jazz tradicional. "The Big Easy", uno de los nombres de Nueva Orleáns, es un blues dedicado al novelista, ensayista y guionista de HBO (en la imprescindible Tremé), con un Hersch que dosifica acordes de la misma manera que arranca lamentos de las teclas. Cambios de tono aquí y allá pero siempre el bop rezumando y ese lirismo que aflora en todos sus discos. 

Por destacar, destacaría la apasionada balada "Bristol Fog (for John Taylor)", donde cada nota suena sentida y donde Hébert tiene un solo de esos en los que el contrabajo parece cantar. También, el solo de McPherson en "Black Nile" (Wayne Shorter) porque tiene sentido y siempre he odiado los solos de batería que no lo tienen, algo que no se permitiría ningún otro instrumentista. Aquí sirve de potente introducción a un tema con mucho swing y lo hace de una manera natural. Y, por supuesto, destacaría la coda. El disco comienza con Monk y termina con Monk porque el bis del concierto es una versión a piano solo del inmortal "Blue Monk" tocada con una personalidad y una teatralidad abrumadoras. 

FRASEOS MÁGICOS

FEEFIFOFUM QUARTET (Youkali Music, 2017)

No sabemos si el nombre del cuarteto proviene del tema de Wayne Shorter (Speak No Evil, Blue Note, 1966) o del cuento de Jack, aquel de las judías mágicas y los gigantes, pero lo cierto es que este cuarteto novísimo presenta un disco entretenido, con improvisaciones y arreglos efectivos y fáciles de escuchar, aunque nada complacientes, con temas cambiantes y llenos de recursos, un disco que lo tiene todo, salvo un nombre pronunciable.

En el panorama actual del jazz, moderno, renovador y agitado (y podría apuntar hoy al jazz español), viene bien de tanto en tanto recibir una dosis de frescura como la que aporta este cuarteto sin piano formado por Jordi Ballarín al saxo tenor, Carlos Murillo a la guitarra, Carlos Ibáñez al contrabajo y Miquel Asensio en la batería, un cuarteto que mezcla estilos y personalidades en cada tema con un groove muy particular y una falta de complejos absoluta.

El disco comienza con un tema ("El vuelco") que podría ser el resumen de todo lo comentado hasta ahora: un estallido inicial muy hardbop, como todos los instrumentos funcionando de una manera homófona, para después presentar a uno de los protagonistas, el saxo tenor, con un Ballarín que disfruta elaborando fraseos largos como canciones. Después, el tema cambia de ritmo y los músicos se dejan arrastrar por una base (casi) reggae en la que el saxo se mueve como pez en el agua, pasando de unos fraseos (casi) funk a una elaborada improvisación. El estilo de Ballarín parece ser este, un tenor imparable, de largos discursos, a menudo cantabile ("Mind The Gap"), que debería haber nacido en la época del West Coast. 

El segundo protagonista del disco es el guitarrista Carlos Murillo, solista en la mayoría de los temas, un músico en el que se pueden escuchar numerosas influencias, desde el swing y bebop hasta el jazz moderno o de fusión, virtuoso e imaginativo, capaz de sonar con alma de blues y, en el mismo tema ("9-3-93"), con la rabia del jazz-rock, apasionadamente lírico en otros momentos, como en la bossa "Abrázame". 


El contrabajista Carlos Ibáñez marca con pulso recto y un tempo subyugante el inicio del rítmico y adictivo "Rectilini" (compuesto por Miquel Asensio). Más tarde, en "Progresión" hay un bonito diálogo entre el contrabajo y la guitarra, que hace las veces de acompañamiento rítmico para que el solo cante la melodía con una dulzura difícil de extraer de este instrumento, poco protagonista en este álbum pero cuyo intérprete merece una observación futura y más detallada.

Del baterista valenciano Miquel Asensio podríamos decir que es de esos percusionistas que, a pesar de sonar perfectos, pasan desapercibidos en un disco. Su trabajo es intenso y versátil pero lo mejor que hace es crear el marco ideal para el lucimiento de sus compañeros; sin embargo, basta una escucha atenta (pongamos "Mind The Gap" o el contrafact de Benny Golson "Unstable Moments", pero serviría cualquier corte de este disco) para notar que sus baquetas acumulan una experiencia notable. 

En resumen, un disco recomendable para todos los públicos (profanos incluidos) y un cuarteto que más que un combo es un conjunto de solistas a los que prestar atención.



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* El cuarteto en Facebook: www.facebook.com/feefifofumquartet/

MILES AHEAD, LA PELÍCULA

Miles en el punto de mira

Puede que nuestro subtítulo pueda parecer un tanto llamativo, pero si adelantamos (y no es spoiler) que la película sobre Miles comienza con una persecución y continúa con disparos... entonces la metáfora de cine negro podría valer. Dejémoslo en el hecho de que todos los aficionados hemos tenido puesto el punto de mira en esta película desde que en 2009 se sopesó la posibilidad de cancelar esta película hasta que hace un par de años el proyecto resucitó gracias al tesón de Don Cheadle. Ahora, por fin, se estrena en España este original biopic que retrata un episodio que pudo (o no) suceder durante una de las épocas más conflictivas y curiosas de la carrera de Miles Davis.



Frances, en la portada de
Someday My Prince Will Come,

es uno de los leitmotiv de la película
No es precisamente Miles Ahead una cinta narrada al estilo de Hollywood. Cheadle manifestó que así lo quería y cambió repetidamente de guionista y de argumento. El resultado es un film amorfo pero interesante, donde las contradicciones se complementan para conformar un rompecabezas que aumenta su valor si el espectador conoce los entresijos de la vida de Miles Davis, en especial si conoce la época en la que transcurre la trama principal. En este sentido, la primera contradicción que uno encuentra es el título de la película (el título de un álbum de 1957) cuando está ambientada en el periodo de silencio de Miles (1975-1980), durante el cual no grabó ni lanzó nada. Sin embargo, el uso de flashbacks, siempre apuntando hacia su matrimonio fallido con Frances Taylor (se casaron unos meses después de lanzar este disco) justificaría el título de la película, que encierra también (¿por qué no decirlo?) cierta poética mirada hacia Miles "en la distancia". Frances (hoy) Davis está involucrada en la producción de la película.
Si quieres contar una historia, ten un poco de actitud, viejo. No seas tan sentimental con esto.
Quizás hubiera sido más interesante y positivo para la imagen de Miles enfocar el argumento hacia su regreso tras esa época de sequía creativa, con otra historia de amor, la de Cicely Tyson, de quien ya hablamos aquí hace tiempo; pero, como en el caso de Born To Be Blue, de la que hablaremos más adelante, es fundamental en la historia la presencia de una musa o, en el caso de Miles Ahead, la ausencia de esa musa que le hacía "tocar como nunca había tocado".
No me gusta esa palabra, "jazz". No lo llames jazz, tío. Es una palabra inventada. [...] Es "música social".
Otro elemento con el que juega la película continuamente y con el que es fácil hipnotizar a los fans de Miles es la recreación de escenarios que hemos visto una y mil veces en entrevistas, clips de vídeo, DVD's..., como los estudios de Columbia durante la grabación de Porgy & Bess con Gil Evans y Teo Macero, el  Village Vanguard, el estudio de su casa, las actuaciones para la televisión o la recreación de esa entrevista con la que comienza la película...
Don Cheadle, casi Miles.
Sobre Cheadle como director no hay mucho que decir. La película es veloz y los pocos actores parecen bien encajados en sus papeles. El suyo propio (dirigirse a uno mismo es siempre un riesgo a evitar) está bien dibujado, con las poses tan famosas de Miles al tocar (tanto en su época joven y elegante como en sus últimos conciertos, casi agachado), su voz rota, sus repetidos So what! como respuesta, sus problemas de cadera y los respiratorios a causa de las drogas; todos esos tics que hemos visto y oído en tantas entrevistas están ahí, en la interpretación de Cheadle, a pesar de lo cual no creo que haya terminado de convencer a ningún aficionado de que él es o pudiera ser Miles, aunque el esfuerzo queda patente.

El (aparente) absurdo de contar la historia de un músico durante una época en la que ni tocó ni grabó queda subsanado gracias a los saltos narrativos. Así, se pueden escuchar durante la película temas de Agharta, On The Corner, Kind of Blue, Filles de Kilimanjaro, Bitches Brew...; por supuesto, no en orden cronológico. Esta banda sonora de la película alterna grabaciones originales de Miles con recreaciones a cargo de músicos actuales. Keyon Harrold pone sonido a la trompeta que "toca" Don Cheadle. 

La película, intensa y en apariencia falta de estructura, podría ser un reflejo de la vida de Miles, de sus experimentos electrónicos y también de la decadencia en que se sumió en los últimos años de su carrera, donde, aunque seguía enamorando con sólo dos notas y seguía siendo capaz de reunir a músicos jóvenes para cambiar la Historia del Jazz una y otra vez, parecía el músico más indeciso del mundo. Era un glorioso caos hecho persona. Con todo, me parece una película válida, quizás sólo un relato corto en lugar de una novela sobre su vida, de la que se podría escribir infinitamente mucho más. No es una gran película pero creo que es de visión obligatoria para todo el que ame el jazz o sienta algo por Miles. El final de la cinta (no creo que esto se pueda considerar spoiler) les dejará como al principio, con la misma inquietud y con una tensión narrativa que nunca queda resuelta. La actuación final, donde podemos ver y escuchar reunidos a músicos de la talla de Herbie Hancock, Wayne Shorter, Esperanza Spalding, Antonio Sánchez,.. no hace sino acentuar esta sensación de que no nos han querido contar el final... El tema que interpretan es "What's Wrong With That?" y está compuesto por Robert Glasper y (sí) el propio Don Cheadle.

Sean o no fieles a la realidad, los biopics de jazz permiten a los aficionados soñar con haber estado allí, en esos momentos que se recrean en la pantalla. ¿No es suficiente? A este que firma le basta con escuchar a este Miles diciendo eso de "Don't call it jazz".