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LA JOVEN SHEILA JORDAN

SHEILA JORDAN, Comes Love: Lost Session 1960 
(Capri Records, 2021)

Hace un par de años tuvimos la suerte de tener por aquí de gira a una Sheila Jordan nonagenaria que seguía siendo impresionante, tanto el brillante timbre de su voz como el resto de características que la llevaron a la cima: el color, la emoción... La última de las Grandes Vocalistas publica estos días un álbum en el que recupera una sesión de grabación realizada el 10 de junio de 1960 en los estudios Olmsted. Recuperada por Capri Records, una casa donde sigue sonando el jazz clásico incluso en sus grabaciones nuevas, esta sesión viene producida por Thomas Burn, quien, cuando le envió la música a Sheila Jordan recibió la respuesta esperada: a sus 92 años, la vocalista no recuerda qué músicos estaban aquel día en el estudio. Es una pena porque el disco suena magnífico, lleno de swing, blues y sentimiento pero, desde que Sheila comenzó a escribir letras para las melodías de Charlie Parker siendo adolescente, deben haber sido muchos los músicos que han pasado por su lado.

Dicen los biógrafos que estudió con Lennie Tristano y que el pianista le enseñó a perfeccionar sus fraseos escuchando los solos de dos saxofonistas tan distintos como Lester Young y Charlie Parker. Debió ser ahí, siendo adolescente, cuando Sheila Jordan convirtió su voz uno de los instrumentos más reconocibles del jazz. Su dicción, que acompaña a la vocalización es siempre natural, jugando las palabras como el mismo valor que las notas. En este disco podemos escucharla haciendo un divertido scat en una fugaz versión de "It Don't Mean A Thing (If It Ain't Got That Swing)" y también el fenómeno contrario, la Sheila Jordan que desgrana las baladas nota a nota como un pianista experimentado en medio de la madrugada ("These Foolish Things", "Don't Explain"). ¿Qué decir de la emotiva "I 'm The Girl" que abre el disco?

Aunque a mí, personalmente, me provocan más adicción los temas uptempo como "I'll Take Romance" o "They Can't Take That Away From Me", Comes Love está lleno de  standards inolvidables, 11 en total, interpretados son madurez, energía y sinceridad, sin artificios, en una colección de apenas 34 minutos que son una joya, un disco chispeante y adictivo que habría sido un éxito de publicarse en los 60. Se quedó archivado en un cajón de una compañía llamada Chatam Records, sí, pero, por suerte, ahora podemos disfrutarlo, además, con un sonido masterizado.

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* Más info: www.caprirecords.com

CHARLIE PARKER WAS A ROLLING STONE

A tribute to Charlie Parker with Strings

El baterista de los Rolling Stones, Charlie Watts, mostró su pasión por el jazz en algunos discos de los 80 y los 90. Aparte de las colaboraciones con otros músicos, destaca su homenaje a Charlie Parker en 1992 (poco antes de abandonar a sus Satánicas Majestades) titulado A tribute to Charlie Parker with Strings (Continuum, 1992) y firmado por el Charlie Watts Quintet, que incluía a Peter King (saxo alto), Gerard Presencer (trompeta), Brian Lemon (piano) y David Green (bajo).



El homenaje, en realidad, es continuación del álbum From one Charlie (1991), también firmado por el quinteto y que partía de un libro infantil. Como cuenta el libreto, 30 años antes Charlie Watts era un diseñador gráfico en ciernes que dio en parir unos dibujos y un relato. El libro, titulado Ode to a Flying High Bird, fue publicado en 1964, nunca reeditado (salvo en este boxset que incluye el CD), y en 1991 Charlie Watts reunió a unos músicos para recordar esta historia. De ahí surgió un CD de 28 minutos con composiciones originales de Peter King salvo dos de Bird: "Relaxin' at Camarillo" y "Bluebird". El CD incluía el libro y una reproducción de un dibujo realizado por Watts. El disco se presentó en el Ronnie Scott's de Londres y después en una serie de conciertos en Nueva York. De vuelta al Reino Unido, tocaron en el New Ronnie Scott's de Birmingham. Este concierto es el incluido en A tribute to Charlie Parker with Strings. En el disco se puede oír como el propio Ronnie Scott hace las veces de presentador. La grabación revisa los temas del primer CD compuestos por Peter King y algunas joyas añadidas de Parker: "Dewey's Square" y "Cool blues", para terminar con "Perdido".



Son dos sets. En el primero, en "Terra de pajaro" aparece una sección de cuerda que vuelve en el segundo set como homenaje "with Strings". Uno de los mejores momentos es una versión de "Lover man" cantada por Bernard Fowler (que aparecía en el Future Shock de Herbie Hancock). Fowler también hace de narrador, intercalando pequeñas notas poético-biográficas entre los temas. "Bird was going, going, going... going, until Bird was gone", recita, enlazando con uno de los temas originales de Peter King, el personaje que destaca por encima de todos. Aparte de los arreglos, más que correctos, bop encendido, sonido brillante, está soberbio como solista al saxo. Charlie Watts, por su parte, permanece en la retaguardia (digamos) disfrutando de su invención sin protagonismos.

Bird fue un rolling stone en el sentido salvaje de la palabra, lo que Charlie Watts quiere dejar claro es que él fue un pájaro de cuentas (por usar una expresión castiza) con el que Parker estaría orgulloso de tocar.

No hemos encontrado ningún documento gráfico de esta banda, pero si quieren disfrutar de Charlie Watts en pleno derroche jazzístico quédense a ver este video grabado en Barcelona, en Luz de Gas. Participan los pianistas Axel Zwinbenberger y Ben Waters, y el bajista Dave Green. Woogie boggie!! (Más abajo otro video en París, en 2011, sin Ben Waters).


PÁJAROS EN LA CABEZA

ACORDES Y DESACUERDOS (XXIV)

En el libreto del disco de Ximo Tébar Anís del Gnomo (Elígeme Discos, 1990), Víctor Claudín escribe que en el mercado hay "un jazz de museo, viejo, o demasiado nuevo". No hay en el jazz, como música basada en la pasión y el sentimiento (tanto como en la técnica y la exploración) un término medio. Uno de los músicos que más polarización provocó en su momento (y sigue provocando) fue Charlie 'Bird' Parker. Echemos un ojo a algunas opiniones y comentarios sobre el saxofonista de Kansas City (Missouri).


Siguiendo con nuestra serie de Acuerdos y desacuerdos...


I.
En la biografía de Miles DavisIan Carr defiende al trompetista contra las acusaciones que vertió en su día un Wynton Marsalis de 21 años que ya apuntaba maneras de purista. Al parecer, en una entrevista a Jazz Times en 1983 (el año de Star People), Marsalis había dicho esto:
"Miles nunca fue mi ídolo. Me ofende lo que él hace porque es una decepción para toda la escena en general." Y añade: "Creo que Bird se revolvería en su tumba si supiera lo que está ocurriendo".

Ian Carr defiende la postura ecléctica de Miles en estos principios de los 80 así:
"Parece que estos mentores le inculcaron [a Marsalis] la extraña idea de ortodoxia en el jazz, que sostiene que hay una cosa única llamada "jazz verdadero" y que todos los músicos deberían tocar ese estilo. Sin embargo, al igual que todas las grandes artes, el jazz posee (y debe poseer) un pluralismo incorregible."

II.
Opinión de Dizzy acerca del sentimiento de blues en el jazz:
"Por curioso que pueda parecer, yo jamás me consideré como un auténtico intérprete de blues. Charlie Parker era un maestro del blues. Ya sé que el blues representa nuestra cultura musical, la de mi raza, pero yo no soy un verdadero bluesman. Lo que no aguanto es oír a un músico blanco decir: "Yo soy un bluesman" porque si yo, que crecí empapándome de ello no puedo ser uno... entonces."

III.
Nuestro eterno inspirador (también inspirado por el jazz) Julio Cortázar habla en una entrevista a Omar Prego Gadea en el libro "Los cuentos: un juego mágico (La fascinación de las palabras, Alfaguara, 1997) sobre cómo surgió la idea de utilizar a Charlie Parker como inspiración para su personaje Johnny de "El perseguidor":

¿Por qué fue Charlie Parker? Primero porque yo acababa de descubrirlo como músico, había ido comprando sus discos, lo escuchaba con un infinito amor, pero nunca lo conocí personalmente. Me perseguía la idea de ese cuento y al principio con la típica deformación profesional, me dije: "Bueno, el personaje tendría que ser un escritor, un escritor es un tipo problemático". Pero no me decidía porque me parecía aburrido, me parecía un poco tópico tomar un escritor. [...] Tenía que ser un individuo que respondiera a características muy especiales. Es decir, todo eso que sale de "El perseguidor": un individuo que al mismo tiempo tiene una capacidad intuitiva enorme y que es muy ignorante, primario. [...] Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya -creo que era de Charles Delonnay- en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. 

Max Kaminsky, Lester Young, Hot Lips Page, Charlie Parker y Lennie Tristano
(Club Birdland, NYC, 1949)
IV.
Woody Allen sobre las películas de jazz
“De todas las películas sobre Jazz que he visto, y probablemente las haya visto todas, Bird me parece la más digna.” 

V.
Sergio Ariza Lázaro en Diario Crítico termina su artículo La leyenda negra del jazz: Charlie Parker de este modo:
Siempre me ha gustado pensar que lo que aparece en la película que Clint Eastwood le dedicó es verdad, que hubo una despedida con Dizzy en la que Bird le preguntó como lo conseguía, como podía vivir su vida, disfrutar, tener una mujer, etcétera y Dizzy le dijo tampoco importa tanto, yo viviré una larga vida, pero la gente te recordará a ti.


*

Y yo creo que Bird sigue ahí, tocando, en los textos de Cortázar, en los discos de vinilo con ruidos de mi discoteca y en ese lado oscuro e inquieto que agita nuestros espíritus.

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* Las fotos de Charlie Parker, Tommy Potter, Miles Davis y Max Roach es de William P. Gottlieb. De las otras no conozco el autor.
  




ERNESTO AURIGNAC TRÍO Plays Standards Vol.1

Viejos amigos, caras nuevas

Es sorprendente que un músico despegue con una obra tan compleja y vibrante como el concierto en DVD Ernestro Aurignac Orchestra live in Málaga Jazz Festival (2014) o la galáctica Anunnakis (2015), tan sorprendente como que, después de tan originales trabajos, nos regale un humilde homenaje (cualquier homenaje debe ser humilde) a los standards que le han inspirado. Ya habíamos escuchado a Ernesto Aurignac en su concierto Charlie Parker with strings y es cierto que el nombre de su orquesta (UNO) tiene reminiscencias gillespianas, pero standards o no, lo que esperamos de este saxofonista son sorpresas, originalidad, y con estas expectativas hemos escuchado su último álbum, Plays Standards Vol. 1 (Blue Asteroid Records, 2017).

No sorprende, por supuesto, encontrar el mismo perfeccionismo, el mismo afán por lo complejo y lo sutil en este Standards que en sus composiciones propias pero, como es natural, hay un salto de tocar con orquesta a pasar a trío. A pesar de ello, Aurignac parece sentirse cómodo jugando sin instrumento armónico. Pedro Campos al contrabajo y Santi Colomer a la batería son sus compañeros, un trío sin piano donde el riesgo es el silencio. Según Aurignac, "un disco sencillo, fácil de escuchar y dinámico" donde nada estaba pensado, cuestión de llegar al estudio y preguntar: ¿Qué tocamos? Así de simple lo expresa en el libreto del álbum. El resultado es fácil de escuchar y sirve para confirmar la versatilidad de este saxofonista, más allá de su labor como compositor. 


El fantasma de Charlie Parker sobrevuela el disco y se nota que es uno de los ídolos de Aurignac, aunque en su estilo se perciben otras influencias porque él, al contrario de Parker, tiene una perspectiva histórica posterior. Pero, ¿qué hay de interesante en estos standards? Aquí, Parker no suena sólo a Parker: tiene algo del malagueño. más matices... y menos rabia (si exceptuamos el trepidante "On Green Dolphin Street"). En cambio, la versión de "Just Friends" suena en el saxo de Aurignac mucho más Bird que la que escuchamos por el propio Parker grabada with strings.

Repasado todo el setlist, encontramos en general un bebop complejo pero sin estridencias inútiles, el bop que habría hecho (quizás) Bird si hubiera evolucionado más allá de frenetismo de la juventud y las drogas: el "Night anda Day" que aparece en este álbum es quizás el más bop que he escuchado y podría seguir desmenuzando el álbum pero me quedo con "Struttin' With Some Barbecue", el clásico de Louis Armstrong, que se convierte aquí en una melodía elegante, más cerca de la West Coast que el bebop, casi de baile, sin perder sus reminiscencias neoleanas.

Para terminar, destacar el peso que tiene el contrabajo (Pedro Campos) en todos los temas, con un sentido del ritmo que da sentido a todo. Por cierto, según las noticias, habrá volumen 2.

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* Enlace: blueasteroidrecords.com/producto/ernesto-aurignac-trio-plays-standards

** Web oficial: www.ernestoaurignac.com 

DOS VISIONES DE JOE ALBANY

Drogas, jazz y otros cuentos de hadas de la niñez

Como autor de ficción, confío siempre en que una narrativa construida es siempre más eficaz para llegar al lector o espectador que un simple documental o ensayo. Hoy me gustaría hablar de dos acercamientos a la historia del pianista Joe Albany. Uno es un documental dirigido por Carole Langer (Joe Albany: A Jazz Life) y el otro, Low Down (Jeff Preiss, 2014)una espeluznante película basada en el libro que escribió la propia hija de Albany y que tituló Tirada: Drogas, jazz y otros cuentos de hadas de la niñez (Low Down: Junk, Jazz and Other Fairy Tales from Childhood). Aun complementándose, creo que es más efectiva la visión ficcionada porque comunica más eficazmente la sensación de desolación que podía sentir la hija de uno de esos músicos que siempre hemos tenido por balas perdidas, convirtiendo a una de estas leyendas malditas del jazz en algo humano, terrible, cercano.

El Joe Albany real
y su hija Amy Jo
Joe Albany no sólo fue un adicto que no sabía en qué día vivía; fue, por encima de todo, un músico con voz propia, algo que siempre buscó y que es posible escuchar en sus discos como líder y como sideman. Pianista que dominaba el bebop, siguió un camino serpenteante a través de tantos estilos como líderes acompañó (Charlie Parker, JJ Thompson, Mingus, Dexter Gordon, Niels-Henning Orsted Pedersen...). En Low Down, se pueden escuchar temas de los discos originales de Joe Albany junto a otros grabados expresamente para el film por el pianista Russ Johnson. El repertorio de la banda sonora está muy bien escogido y refleja su vida con ese sentido del blues que, en los dedos de Albany, resulta en algunos momentos estremecedor.

Además, la película tiene a su favor un gran John Fawkes (como Albany), una Elle Fanning profunda y conmovedora en su papel de Amy Jo y grandes actores como Glenn Close, Peter Dinklage, Lena Heady... y, claro, la música de Joe Albany, que convierte la película en un triste blues (nada que ver con la cancioncilla del trailer, que no aparece en la película, por suerte).


El documental Joe Albany: A Jazz Life (Carole Langer, 1980) es otra historia. El pianista se convierte aquí en narrador único. Su voz y la de su piano nos guían a través de su vida, con dolorosos (aunque, en apariencia, aceptados) testimonios de sus adicciones y recaídas, y fantásticas historias sobre su experiencia como acompañante de Billie Holiday, Lester Young, Benny Carter, Bird ("Podía comunicarme con Prez, pero con Bird... todo era mental, y él nunca derribaba esa barrera").

En los momentos bajos, Joe Albany solía tocar en bares, pizzerías... En el documental se le puede ver tocando en un sitio algo más decente, el West End Café de Nueva York, y le oímos interpretar una buena cantidad de temas en un momento de su vida en que la lucidez acompaña a sus dedos. Toca "Billie's Bounce", "Round Midnight", "Lush Life"... La misma humildad de sus confesiones a viva voz aparece en su piano cuando toca solo. Albany se confiesa, se valora, mira atrás y nunca se defiende. Admite haber buscado la voz de Dios y haber encontrado el jazz, "el estado ideal en el que las personas reprimidas pueden expresarse". Habla de las tentaciones y se confiesa una persona sensual, proclive a caer, como todos los artistas,

Un documento imprescindible para escuchar a Joe Albany en un momento de lucidez y madurez personal y musical. Sin embargo, quizás la humildad en la voz del pianista, su calmada sinceridad, acabe por parecernos atroz. En este momento es cuando mi defensa de la ficción, de la realidad narrada, toma fuerza y constato que un actor interpretando a un personaje real puede estremecernos más que un documental si el guión nos hace seguir la historia con la misma vehemencia con que vivimos la nuestra. ¿Docu o drama? Particularmente, recomiendo visionar los dos vídeos, pero me quedo con la película.


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El documental se puede ver completo en
* Vimeohttps://vimeo.com/ondemand/joealbanyajazzlife
* Jazz on the Tubewww.jazzonthetube.com/videos/joe-albany/a-jazz-life.html


https://www.amazon.es/El-talism%C3%A1n-Alexandros-R-Martino-ebook/dp/B00HW9QLHI?ie=UTF8&adid=0RP4GC1T9XR4MV7R2HPA&camp=3598&creative=24794&creativeASIN=B00HW9QLHI&linkCode=as1&ref-refURL=http%3A%2F%2Fwww.jazzeseruido.com%2F&ref_=as_sl_pc_tf_lc&tag=jazeserui0f-21

MARSALIS PUEDE CAMBIAR TU VIDA

O el jazz como filosofía

Lo más maravilloso de los libros es que pueden aparecer en tu vida cuando menos te los esperas, en un escaparate, en el penúltimo anaquel de una librería que hace tiempo que no visitas, en una lista de Internet o en un cajón de saldos. Yo encontré este libro hace unos meses en una tienda de segunda mano y no pude resistirme. Escuchar o leer a Wynton Marsalis es algo que nunca te deja indiferente. Hablando de jazz (o de la vida, como aquí) Marsalis puede ser filosófico, erudito, apasionado, radical, intransigente o insuperablemente lúcido.





Si en su libro anterior (El jazz en el agridulce blues de la vida, Paidós, 2002), coescrito con Carl Vigeland, nos permitía acompañarle sentimentalmente durante una gira, alternando anécdotas con opiniones, en Jazz. Cómo la música puede cambiar tu vida (2015) vuelve la vista atrás y repasa algunos momentos que considera relevantes de su vida, algunos tan curiosos como el hecho de que padre le llevara a estudiar jazz por obligación, esa cosa tan aburrida: "¡Vaya por Dios!, pensé. Ahora resulta que nos vamos a quedar sin salir los sábado por la noche para volver a la época de la esclavitud" (pág. 12) pero, en realidad, resultó que les estaban enseñando algo importante: "que fuésemos lo que fuésemos, éramos personas creativas" (pág. 16).

Escrito con una pasión incondicional hacia el jazz, casi todo en el libro ofrece una visión positiva sobre el ser humano y la música y, sobre todo, sobre la interrelación entre ambos porque, en esencia, es un libro sobre la vida, una especie de disertación existencial sobre la importancia de la música en la persona y en la personalidad: lo más atractivo del texto es la manera en que relaciona la vida y el jazz, cómo explica, por ejemplo, que el jazz es un juego a la vez individual y colectivo, donde escuchar a los otros músicos es tan importante como decir (tocar) lo que uno es capaz de decir: "Respeto y confianza, eso es lo que enseña el jazz. Cuando se escucha a los grandes músicos, se puede observar el respeto que muestran por las habilidades del otro; al fin y al cabo, salvo en la sección rítmica, los músicos pasan más tiempo escuchando que tocando." (pág. 226). ¿No es algo para pensar... y aplicar en la vida?

También en algún momento, por supuesto, arremete contra las vanguardias: "Eso que la gente aún denomina vanguardia se inventó en Alemania durante el primer cuatro del siglo XX y llegó al jazz cincuenta años después. Ahora, cincuenta años después de que se iniciase, continúa sin ser tan moderna como la música que interpretaba la banda de King Oliver allá por la década de 1920." (pág. 176)


Por último, Marsalis repasa algunas de las figuras más importante del jazz de todos los tiempos desde una óptica tanto musical como una humana, intentando explicarnos cómo escucharlos y qué ha aprendido de ellos.

Sobre Billie Holiday y su último álbum (Lady in Satin), que su padre solía poner, dice: "Muchas personas lo aborrecen porque dicen que apenas le quedaba voz. Sin embargo, a mí me enseña que el mensaje que se transmite es más importante que las limitaciones del método de transmisión." (pág. 193).

De Miles Davis se muestra tanto admirador como detractor: "Muchos de los músicos de su época no superon salir del bebop; él, sin embargo, tocaba con músicos quince o veinte años más jóvenes que él, intentando adaptarse e interpretar en su compañía", dice (pág. 181). Más arriba, apunta: "Dejando aparte el culto a la personalidad, verdaderamente sabía tocar" pero echa por tierra el valor de Miles como inventor del jazz modal alegando que Duke Ellington, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Gil Evans y el arreglista George Russell (los nombra a todos) ya habían experimentado con improvisaciones modales antes que él. Concluye disparando lo siguiente a propósito de su regreso en los 90 y de su falta de integridad (sic): "Él (Miles) personifica ese viejo adagio que dice que lo mejor, cuando se corrompe, se convierte en lo peor" (pág. 182).

Sobre Charlie Parker: "Bird, por encima de todo, demuestra el potencial ilimitado de la mente para pensar con rapidez y lógica durnte largos periodos de tiempo. [...] con Charlie Parker, tocar con rapidez es el tema en sí." (pág. 204)

Pero más que sus opiniones sobre otros músicos, me quedo con su opinión sobre el valor del jazz como manera de entender la vida

http://wyntonmarsalis.org/books
Apartado de libros en la web de Wynton Marsalis
El libro, coescrito con Geoffrey Ward, lleva en inglés el título de Moving to Higher Ground: How Jazz Can Change Your Life y fue publicado originalmente por Random House en 2008; pero, visitando la web de Marsalis, hemos encontrado que nos queda mucho por descubrir de su literatura. 


Los músicos de jazz improvisan bajo la presión del tiempo, por eso lo que brota de ellos surge con tanta pureza. Es como verse presionado a responder antes de poder inventar una mentira. Normalmente, lo primero que se dice es la verdad. (pág. 27)


https://www.amazon.es/El-talism%C3%A1n-Alexandros-R-Martino-ebook/dp/B00HW9QLHI?ie=UTF8&adid=0RP4GC1T9XR4MV7R2HPA&camp=3598&creative=24794&creativeASIN=B00HW9QLHI&linkCode=as1&ref-refURL=http%3A%2F%2Fwww.jazzeseruido.com%2F&ref_=as_sl_pc_tf_lc&tag=jazeserui0f-21

OTRA VEZ CORTÁZAR Y EL JAZZ

...siempre el jazz

Portada de El perseguidor,
su cuento más famoso
No es la primera vez que hablamos de la relación entre Cortázar y el jazz. Nos parecía fácil volver a escribir sobre el tema hasta que volvimos a encontrarnos con la inmensidad de la cuestión, de modo que, huyendo de argumentos fáciles como hablar de la presencia del jazz en sus textos o la manera en que su prosa se mueve al ritmo de la síncopa y la improvisación, hoy hemos decidido indagar en el Cortázar-individuo para recabar sus propias opiniones sobre la música negra. Hemos revisado entrevistas y ensayos en los que el argentino expresa su pasión por la música de Nueva Orleáns (vivió en París cuando nacía el hardbop pero siempre tuvo el corazón puesto en el hot jazz) de una manera patente y apasionada. Podríamos haberlo incluido en la serie Acordes y desacuerdos, pero Cortázar pertenece a un universo distinto.

Comenzaremos por una cita de José Luis Maire en El jazz en la obra de Cortázar, a modo de introducción:
Buscar el jazz en la obra de Cortázar es, además, dejarse acompañar por la historia de los soportes de grabación, por sus características sonoras singulares o, como en Rayuela, por la manera particular de escucha que cada uno de estos soportes promueve: los discos de 78 rpm y su raspeo o fricción, los discos de acetato y los vinilos con su presencia sonora y su mayor duración de grabación o las casetes con sus soplidos de cinta y su facilidad para regrabar y combinar audiciones.

En 1983, Antonio Trilla entrevistó a Cortázar en Madrid. Las preguntas giraban en torno al boxeo y al jazz, dos notas distintivas de por dónde se movía el espíritu del escritor. A la pregunta de cuándo comenzó a interesarle el jazz, Cortázar responde así:

No lo sé exactamente, pero creo que no tengo casi recuerdos sin jazz. Yo nací en 1914 así que, cuando era chico, asistí al nacimiento de la radio... no había discos de jazz todavía. En esa época se escuchaba en la radio, en Argentina, tangos, música clásica o música popular hasta que un día, -yo tendría diez años- escuché por primera vez un fox trot y fue mágico para mí. Dos o tres años después, descubrí a Jelly Roll Morton y más tarde, a Louis Armstrong y a Duke Ellington. Durante mucho tiempo ellos fueron mis músicos de jazz preferidos. 


En la misma entrevista, a la pregunta de si el jazz había influido en su obra, Cortázar responde así:

Sí, mucho. Me enseñó cierto swing que está en mi estilo e intento escribir mis cuentos, un poco como el músico de jazz enfrenta un take, con la misma espontaneidad de la improvisación.

Este texto aparece en La vuelta al día en ochenta mundos. El lector recibe en la última frase una invitación a escuchar a Parker que es como un disparo:

Una noche en que Lester llenaba de humo y lluvia la melodía de "Three Little Words", sentí más que nunca lo que hace a los grandes del jazz, esa invención que sigue siendo fiel al tema que combatey transforma e irisa. ¿Quién olvidará jamás la entrada imperial de Charlie Parker en "Lady, Be Good"?


Cortázar habló también de Charlie Parker en una entrevista realizada por Evelyn Picón Gardfield y publicada bajo el título de Cortázar por Cortázar:

En 1946, los primeros discos de bebop llegaron a Buenos Aires. Compré uno de Charlie Parker con "Lover Man" y "Ornithlogy", creo. No sabía nada de Parker. Compré el disco, y lo escuchaba y no entendía nada. Mi primera reacción fue negativa, pero volvía a escucharlo muchas veces y de repente "chuc"; fue el salto y mucho de lo que escuchaba antes con interés volvió a ser insignificante para mí. Luego vino el cool jazz.

Por supuesto, Cortázar no se queda en el cool. Esta es su opinión sobre el free jazz, estilo que tocaba su amigo Michel Portal.

En mi colección de discos no hay mucho free jazz. Creo que free jazz es como una corrida de toros. Hay momentos de una perfección absoluta y luego cacofonía. Mi amigo Michel Portal, quien toca este tipo de jazz de vez en cuando me dijo que tenía razón, que los músicos saben que dentro de un largo "take" de free jazz, cinco minutos son buenísimos y lo demás es relleno. 
En sus conferencias en la Universidad de Berkeley en 1980 (recogidas en el libro Clases de literatura (Alfagurara, edición de Carles Álvarez Garriga) Julio Cortázar habla del jazz en estos términos:

El jazz tuvo una gran influencia en mí porque sentí que contenía un elemento que no contiene la música que se toca a partir de una partitura, la música escrita: esa increíble libertad de la improvisación permanente. [...] El elemento de creación permanEnte en el jazz, ese fluir de la invención interminable tan hermoso, me pareció una especia de lección y de ejemplo para la escritura: dar también a la escritura esa libertad, esa invención de no quedarse en lo estereotipado ni repetir partiruras [...] También un músico de jazz tiene malos momentos y pasajes que son muy pesados, pero de golpe puede saltar nuevamente porque está trabajando en un clima de total y absoluta libertad.

*

Recomendamos de nuevo y lo seguiremos haciendo la lectura de todo Cortázar, en especial, el relato "El perseguidor", texto esencial, vanguardista aún, sobre un trasunto de Charlie Parker que toca más allá del momento, y, por supuesto, la anti-novela Rayuela, en especial los capítulos en los que los personajes se autoproclaman El Club de la Serpiente cuando se reúnen para escuchar jazz. También recomendamos el documental: Esto lo estoy tocando mañana, que explora la relación de Cortázar con todas sus músicas.

Para terminar, y porque la cosa no resulte sorda, ahí va un fragmento del maravilloso concierto en homenaje al autor argentino, un concierto organizado por la Fundación March ("El jazz de Julio Cortázar. En los 50 años de Rayuela") y que, en este fragmento, muestra el trío de uno de los pianistas más originales del panorama español, Moisés P. Sánchez. Los músicos que lo acompañan son "Toño" Miguel al contrabajo y Borja Barrueta en la batería. Aquí podemos verlos transportando al trío de piano el singular "Epistrophy", que Cortázar citaba en "La vuelta al piano de Thelonious Monk".




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* La entrevista de Antonio Trilla puede leerse aquí:
   http://www.geocities.ws/juliocortazar_arg/jazzbox.htm

**  El texto de José Luis Maire pertenece al homenaje a Cortázar y el jazz de la Fundación Juan March y puede leerse íntegramente en este interesante documento:
    http://recursos.march.es/web/bibliotecas/repositorio-cortazar/jazz/pdf/el-jazz-en-la-obra-de-cortazar.pdf

*** Más info sobre el documental Esto lo estoy tocando mañana en su página web:
    www.cortazarylamusica.com

BIRD LIVES!

by David Regueiro Swingtet

Uno de los errores más comunes que comete un artista cuando hace un homenaje a otro es el de intentar imitarlo. El guitarrista David Regueiro sortea esta mala costumbre en su homenaje a Charlie Parker trayendo a su propio terreno (el jazz manouche) la música de Bird, y lo hace con imaginación, ganas de diversión y un sonido inesperado que no es ni bebop ni manouche sino un jazz nuevo y desconocido. El álbum se llama Bird Lives! (Freecode, 2015).

En Bird Lives! David Regueiro huye de egocentrismos y, en lugar de intentar transportar el bebop a su guitarra, ha vuelto a reunir a su Swingtet (Iago Reigosa, guitarra rítmica, y Juyma Estévez, contrabajo) y le ha sumado dos metales (Javi “Gdjazz” Pereiro a la trompeta y Antonio Otero al saxo alto). Esto le permite construir un repertorio mucho más colorido que no se centra ni en el bebop ni en el manouche sino que camina de aquí a allá por la Historia del Jazz recogiendo influencias y tamizándolas a través de la rítmica del jazz europeo más canalla: el gypsy jazz. A este respecto, nos hemos quedado con la sensación de que en Bird Lives! se funden dos factores del jazz bien diferenciados: inocencia y experiencia. Por un lado, recibimos las sensaciones del sonido inocente y divertido del hot jazz, con la rítmica de las guitarras manouche y la trompeta de Javi "Gdjazz" Pereiro, que derrama un repertorio de técnicas heredado de los sopladores (léase cornetistas y trompetistas) que van desde Louis Armstrong hasta el Miles Davis más joven, y lo hace con un sonido más propio de un nativo de Louisiana que de un gallego. Por otro lado, está el lado cerebral, el de la experiencia y lo intelectual, el gorgorismo del bebop y las complejidades compositivas de Bird, que suenan increíbles en las intervenciones de la guitarra de Regueiro. Todo ello, mezclado, es difícil de explicar. Pongamos un ejemplo. Así suena "Ornithlogy" en manos del David Regueiro Swingtet:



Un pequeño repertorio de 9 temas, entre los que están también "Now's The Time", "Donna Lee", "Billie's Bounce" y el clásico de Dizzy "A Night in Tunisia" pasan por las manos del quinteto para dar forma a este disco en el que, tal como comentábamos al principio, David Regueiro y su Swingtet llevan a Charlie Parker de viaje al París de los años 30, el del Hot Club de France con un Quintette diferente (el de Django tenía también un lineup un tanto extraño) y nos devuelve 9 postales que no son ni Bird ni Django sino un jazz made in Spain que es hijo de muchos estilos, que es bop, que es manouche y, por encima de todo, excitante.

Algo que nos ha llamado la atención de este disco y que no queremos dejar de comentar es su sonido crudo y directo, muy cercano, como si lo estuviéramos escuchando al natural y no "enlatado". Nos ha recordado esos metales en las calles de Nueva Orleáns, soplando su música racial a escasos centímetros de tu oído. 

Aquí les dejamos un pequeño documental sobre la grabación de Bird Lives! Comprobarán que su compleja mezcla de estilos les deja un indiscutible regusto a hot jazz en el oído.



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 *  Web oficial: www.davidregueiro.com

*   Pueden escuchar y comprar el álbum en Bandcamp:

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UN LIBRO CURIOSO

CÓMO DÁRSELAS DE EXPERTO EN JAZZ,
por Peter Gammon y Peter Clayton

Que andamos siempre a la busca de cosas nuevas y que cualquier cosa, efecto o artilugio que contenga la palabra JAZZ nos atrae como una luz a las polillas es cierto. Nuestro último descubrimiento es un viejo libro encontrado en una librería de lance y que lleva por título Cómo dárselas de experto en jazz. El título dice menos de lo que en realidad pretende. Sus autores, Peter Gammon y Peter Clayton, no sólo son dos expertos fingiendo ser unos farsantes sino que resultan de lo más divertido. Publicado en España en la colección de Guías del enterado por Mondadori, tenía en su edición inglesa un título más interesante y transparente: A Bluffer's Guide To Jazz. Gammon y Clayton son también autores de Jazz Man's A-Z to Guinness y de Fourteen Miles On A Clear Night. An Irreverent, Sceptical And Affectionate Book About Jazz Records.

En realidad, el libro comienza intentando ser lo que parece, una chorrada acerca del jazz que trata de convencer (o atraer) a profanos y detractores. En este sentido, las primeras páginas se llenan de falsos mitos y nombres inventados que alternan con anécdotas auténticas acerca del jazz, sus orígenes y sus músicos, una terrible mezcla que pone en juego los conocimientos de los lectores expertos y que puede confundir enorme y definitvamente a cualquier profano que intente leer el libro para aprender algo. Por ejemplo, cuando hablan del origen de la palabra "jazz" proponen (aparentemente en serio) que su origen puede estar en el término vulgar "jizz" o en "jars", vocablo que aparece definido aquí como "el cambio de música que se produjo cuando, a consecuencia de la llegada (a África) de un cargamento de la famosa mermelada Cooper's Oxford, a dichos nativos les dio por golpear los botes de cristal vacíos con huesos secos de buitre" (sic). Lo dicho, un despropósito.

En otros casos, los datos van un poco más encaminados a formar y esclarecer dudas, y lo hacen con un sentido del humor que es, al mismo tiempo, crítico, lo cual es de agradecer. 
Mainstream - Término que viene a designar un tipo de jazz situado a mitad de camino entre lo moderno y lo antiguo. Fue inventado durante una noche de insomnio por el eminente crítico y ellintólogo Stanley Fosdick Dance, después de haber asistido a una jam session (véase Glosario), en la que intervinieron el propio Ellington y los miembros de su banda, Brad Gowans, Horsecollar Draper y Eddie Condon. Careciendo de palabras para definir lo que había visto y oído, pero queriendo dignificarlo, lo llamó mainstream. Logró categorizar este tipo de jazz.
Sobre el jazz de Kansas City: Era más o menos como el jazz de Nueva York, sólo que los de Kansas estaban colgados por los riff.
Ya habíamos intentado hablar de jazz con un toque de humor al traer al blog el libro Jazz for Dummies, de Dirk Sutro, pero resultó que es el único libro para dummies en el que el humor brilla por su ausencia. Demasiada enciclopedia y una exhaustiva clasificación de músicos y estilos no nos convenció como nos hubiera convencido un toque de buen humor. En este libro de Gammon y Clayton, en cambio, el humor juega un papel esencial. 

En un consejo para los profanos que quieran mantener una charla sobre jazz sin saber nada sobre el tema, acerca de Pres, Bird, Satch y The Lion, por ejemplo, argumentan: "Si el músico del que se discute no tiene mote, utilice su nombre de pila, o su contracción si es posible, pero nunca el nombre y apellido. Nadie va a caer en desgracia preguntándole que a quién se refiere usted.".
Este es el espíritu del libro: concebido originalmente para la inglesa The Bluffer's Guide, está enfocado de manera divertida hacia los profanos, con el planteamiento de que cualquiera puede mantener una conversación de jazz sin entender ni conocer el jazz, basándose en dos premisas: a) que no existe una definición del jazz universalmente aceptada, y b) que sus orígenes son un misterio sin resolver. Con sarcasmo británico, proponen que, manejando algunas frases hechas y algunos datos, cualquiera puede mantener una conversación sobre jazz y fingir que sabe de lo que habla. En muchas ocasiones, especialmente hablando de Nueva Orleáns y del hot jazz, el argumento es lo confuso de algunas biografías. En cualquier caso, Gammon y Clayton aprovechan cada comentario para criticar o poner en evidencia ciertas posturas que, en muchos casos, forman parte de la iconografía y de la parafernalia de este arte que llamamos jazz.


Sobre Miles Davis (1905-1973): A lo largo de su vida, Davis ha tenido que soportar prejuicios sociales, insultos, equívocos, los efectos de haber quedado enganchado a la heroína y luego desengancharse, enfermedades prolongadas, grandes dolores, una adulación desmesurada y una gigantesca cantidad de dinero. A cambio, sus audiencias, sus promotores, algunos amigos personales y uno o dos músicos, contemporáneos suyos, han tenido que soportarle a él.
Sobre Charlie Parker: "Su fama se consolidó a base de interpretar con su saxo alto melodías populares y muy conocidas, pero de forma tan rápida y brillante que nadie las reconocía. Solía darles además nuevos nombres, cosa que aún logró confundir más a los aficionados. Es obligado saber que el "Cherokee" de Ray Noble se convirtió en "Koko" en manos de Charlie (aunque Duke Ellington haría después otra versión de "Koko" totalmente diferente, contribuyendo con ello a la leyenda de que había una conspiración en torno a esta pieza).
Sobre Milton "Mezz" Mezzrow (1899-1972): Recordado fundamentalmente: a) por ser coautor de un libro sorpendentemente sincero llamado Really the Blues; b) por pasar narcóticos con tanta prodigalidad que durante un tiempo el canuto de marihuana se le llamó "mezz" en su honor.

Como no queremos (ni podemos) dejarles aquí el libro completo, a pesar de que son escasamente 64 intensas páginas, nos vamos a quedar con esta reflexión, no exenta de razón ni de acidez, acerca de las grabaciones de jazz primitivas:
Hay montones de entusiastas que nunca entran en contacto con el jazz en vivo. Sólo lo escuchan en discos. Lo cual les lleva inevitablemente a la creencia de que es ahí donde reside el auténtico jazz. Cuando cotorrean alegremente acerca del Armstrong del periodo 1934 piensan exclusivamente en el sonido Armstrong que casualmente (ojo al adverbio) tienen en un disco u otro, cosa que pone como locos a muchos músicos de jazz. La mayoría de ellos solían trabajar noche tras noche y las pocas horas que pasaban en los estudios de grabación eran para ellos de muy relativa importancia; y probablemente ni siquiera hacían allí lo que consideraban sus mejores trabajos.
Resumiendo, breve, entretenido, ácido y más recomendable que muchos libros serios.

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* También pueden recordar el artículo sobre Jazz for dummies aquí:
http://jazzeseruido.blogspot.com.es/2013/01/jazz-para-torpes.html

** La foto de Miles (no usar apellido, según el consejo del libro) es de Jeff Sedlik.

*** La fotografía de Mezz Mezzrow es de William P. Gottlieb, de quien ya hablamos en el blog: http://jazzeseruido.blogspot.com.es/search/label/William%20P.%20Gottlieb

CINE DE JAZZ

...que probablemente (nunca) veremos

Hablábamos hace tiempo en este mismo blog del proyecto de biopic sobre Miles Davis, una película que iba a ser dirigida y protagonizada por Don Cheadle. De momento, el proyecto parece haberse borrado del mapa: nada se oye en las webs de cine o de jazz al respecto, salvo que podría llevar el curioso título de Kill the Trumpet Player(!). De esto hace poco más de cinco años y nos apena porque creemos que Miles, nuestro icono, merece al menos el intento. Otro biopic que se prometió y se promocionó allá por 2009 (también hablamos de esto aquí en su día) fue What A Wonderful World, otra obra de actor/director, a cargo esta vez de Forest Whitaker. Se escucha que el proyecto, después de algunas batallas para su financiación, podría rodarse este año y ver la luz en 2015 con el título de Satchmo. Ojalá sea así. El problema es que, aunque admiramos la versatilidad de Whitaker, siempre que lo vemos en la pantalla grande sentimos que estamos viendo a Bird, al Bird perfecto.

Sean o no éstas unas películas de jazz que probablemente (nunca) veremos, hay ejemplos más raros que, por su falta de comercialidad, quizás tampoco lleguen a España, ni al circuito de DVD ni siquiera a los cines comerciales americanos. En concreto, nos referimos a dos películas de Dan Pritzker, un curioso millonario que se ha interesado en mezclar dos materias tan excitantes como el cine y el jazz. En 2010 estrenó una película fabulosa (los fragmentos que hemos vistos así lo apuntan) sobre la infancia de Louis Armstrong. Su titulo es Louis y entre sus peculiaridades están las de ser una cinta muda y en blanco y negro. Este aspecto que parece "poco comercial" es para nosotros un aliciente. Lo que la hace difícil de distribuir es la idea de presentar la película muda y con música en directo, en este caso a cargo de Wynton Marsalis con una banda sonora compuesta por él mismo para el film. 

Entre los temas, algunos de Louis Moreau Gottschalk, compositor criollo de finales del siglo XIX, interpretados en directo por la pianista Cecile Licad. Además, Marsalis arregló melodías como “Black Bottom Stomp” (Jelly Roll Morton), “Happy Go Lucky Local” (Duke Ellington) y “Boogie Stop Shuffle” (Charles Mingus).

En Youtube hay trailers y algún fragmento de Louis pero hemos sido incapaces de localizarla en DVD:




Protagonizada por Anthony Coleman como Louis Armstrong de niño, Louis es un homenaje a Storyville, al nacimiento del jazz en sus burdeles e incluso a Charlie Chaplin, con un Jackie Earle Haley soberbio en su papel de malvado juez al más puro estilo de los villanos que acosaban a Charlot. La película hizo una gira por varias ciudades de Estados Unidos acompañada por Wynton Marsalis en vivo con una banda de 10 músicos, una maravillosa interactividad con el público que hace inviable que se pueda repetir... especialmente en la época de las pelis de superhéroes en 3D...



Esperanzas hay, quizás, de que el próximo film de Dan Pritzker se estrene en el circuito comercial. Su título, Bolden! deja a las claras su intención: retratar los oscuros pasajes de la vida del cornetista. Cuenta también con Jackie Earle Haley, repitiendo papel, y con muchos actores que nos gustan: Wendell Pierce (Tremé), Eugene Byrd (Bones)... En IMDB lo anuncian como estreno para este 2014 (!) y nosotros rezamos para que así sea, rogando de paso por que, si algún lector del blog localiza la películas en los canales o tiendas de la red, lo comparta.

Para despedirnos de este artículo (improbablemente) pesimista, les dejamos un video encontrado en Youtube. En él, vemos a los participantes en el rodaje de Bolden! improvisando sobre una canción country que Pritzker escribió y que, parece, es un éxito en Estados Unidos. Según leemos en las notas, Pritzker es el de la camisa azul y el resto de los músicos son el asesor musical, el montador, un asistente de cámara, el productor, electricistas, gente de vestuario... y su hija. Fin de fiesta el último día de rodaje de Bolden! Que sea un feliz augurio de que ésta (o alguna de las películas anteriormente citadas) lleguen a nuestros ojos y oídos.


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Enlaces:

* Sitio oficial de Louis: www.louisthemovie.com



https://www.amazon.es/dp/B00EDUGPZ2

ESTRELLAS EN UN FIRMAMENTO OSCURO

ACORDES Y DESACUERDOS (XVI) 




I.
La mano izquierda es el tambor, la mano derecha es el soñador (The left hand is the drummer while the right hand is the dreamer).

(Famoso dicho de la era del ragtime )


II.
Gene Saymour describe así a Charlie Parker en Jazz, The Great American Art: Gordo como Armstrong, creativo como Ellington, virtuoso como Tatum, lírico como Young y, finalmente, auto-destructivo como Holiday. Asimismo, recoge la famosa declaración de cómo Bird sintió la llegada del bop: Me estaba aburriendo con los cambios estereotipados que se usaban en aquella época y no dejaba de pensar que debía haber algo más. Lo podía oír a veces pero no podía tocarlo. Bien, esa noche estaba trabajando en "Cherokee" y me encontré con que, usando los intervalos más altos de cada acorde como línea melódica y dándoles la vuelta con los cambios oportunos, podría tocar la cosa que estaba escuchando.




III.
Dick Hyman sobre Charlie Parker:

Toqué con él poco después en Birdland una noche que el pianista Bud Powell se retrasó. Cuando tocaba con Bird, comprendía a dónde iba armónicamente pero sus melodías resultaban sorprendentes.

(De una entrevista para Jazzwax)


IV.
[Sinatra tenía] amores absolutos y odios absolutos. Mitch Miller, el clarinetista, era uno de esos odios absolutos [...] No le odiaba por clarinetista sino por lo que le hizo siendo productor. [...] Miller quiso cambiar su estilo para relanzar su carrera, porque en aquella época, te hablo de finales de los 40, su carrera estaba en el momento más bajo. Miller fue el hombre que puso violines en aquel disco de Charlie Parker, que le sentaban como a un Cristo dos pistolas. Una orquesta de cuerda entera le metió. Vendió más discos, pero no era él. Parecía Parker tocando en una habitación donde se hubieran dejado la radio puesta. Con Sinatra fue peor, porque ni siquiera vendió más discos. Mitch Miller le obligó a grabar una canción de la que Sinatra se avergonzó siempre: se llamaba "Mama will bark" (“Mamá ladrará”), que tiene cojones el título.


(Perico Vidal, de una entrevista
concedida a Marcos Ordóñez en El País)


V.
El jazz es como el vino. Cuando es nuevo, es solo para expertos; pero cuando envejece, todo el mundo lo quiere. 

(Steve Lacy)

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* Fotografía: James P. Johnson (1894-1955). Considerado como el máximo exponente del ragtime, desarrolló e hizo avanzar este estilo, influyendo en pianistas posteriores como Willie "The Lion" Smith y Fats Waller. Compuso el llamado himno de la Era del Jazz: "The Charleston" (1923). Hay grabaciones e información sobre este músico en Internet Archive.



KEROUAC vs CORTÁZAR

Más allá del camino

Releer a Kerouac tiene distintos efectos en el lector depediendo de la edad en que uno vuelva a su mundo. Yo no recuerdo mi última presencia on the road pero una visita la semana pasada al mundo de Los subterráneos me ha desmontado el romanticismo juvenil por la transgresión y la búsqueda de lo imposible a través de la química y el jazz.

Siempre he sostenido que los beatniks abrieron los ojos cuando los adolescentes acomodados norteamericanos descubrieron el jazz. El reflejo negro de una libertad desconocida (corrían los postreros 40s) alimentado con las drogas, la conciencia de una sexualidad libre y la novedad de las religiones orientales, tan distintas en la forma y tan iguales en el fondo a aquellas en las que habían sido educados, hicieron posible una ruptura social y cultural que culminó en los 60 con la cultura hippie. Mientras tanto, lo único que pudieron hacer fue ir rompiendo platos de un lado a otro de los estados, experimentando, moviéndose en coche o en scooter, cayendo... Los documentos literarios de Kerouac sobre una juventud abierta a las drogas y a la libertad con rumbo desconocido acabaron rompiendo la imagen que los norteamericanos tenían de la feliz American way of life.

DIPLOMA BEATNIK: El portador tiene permitido: 1) dejarse barba, 2) ir descalzo, 3) tocar los bongos, 4) leer poesía dadá en voz alta, 5) recorrer el país en scooter, 6) intimidar a cualquier cabeza de huevo que le moleste en el bar.

La filosofía beat en Kerouac (que podría sonar hoy desfasada en esta sociedad actual en la que los niños nacen ya de vuelta de todo) está por debajo de su literatura, que ha sobrevivido en la de hijos putativos como Julio Cortázar, cuya prosa está inspirada también en el ritmo y en el azar heredado de la improvisación jazzística. Y es desde el punto de vista del jazz desde donde nos interesa más Kerouac. Su predilección por la improvisación, asumida en los años de surgimiento y vigencia del bebop, se plasma en una prosa espontánea, donde siempre se interpreta según el hilo del propio pensamiento, creación en el momento de la ejecución, para después volver al tema, siempre al chorus, una y otra vez el tema, con variaciones, cambiando de escala, introduciendo cambios, aportando recursos, pero regresando siempre. Imprescindible para entenderlo es leer este texto del propio Kerouac definiendo la base de su prosa titulado Essentials of Spontaneous Prose.

Álbum de Kerouac con Zoot Sims y Al Cohn (1958). Antes, había grabado Poetry for a beat generation con el pianista Steve Allen. Más tarde, apareció Reading by Jack Kerouac on the Beat Generation (1960).


Como Kerouac (como cualquier hipster de la época) el protagonista de Los subterráneos, Leo Percepied, se alimenta de drogas, jazz y lecturas, escribe pero no vive de ello, tiene cierta fama pero no le conduce a nada. El personaje femenino, la pasión de Percepied, al igual que La Maga de Cortázar, es la negra Mardou. Mardou es un elemento vivo y vivificante, que justifica y enciende la trama, que justifica el deambular al filo de La Nada, pero aquí, en comparación con Rayuela, la pasión es una pasión adormecida por la droga, distorsionada y casi ilegal. Ambas mujeres mantienen una cercanía distante con el otro. Ambas sueñan con escapar lejos pero están ancladas a una realidad sin sentido. Ambas son adoradas y despreciadas al mismo tiempo.


En los escenarios del San Francisco de 1953 donde se dejan caer Percepied y sus amigos suena jazz. Mardou personifica esta pasión en su voz y el jazz, a su vez, representa la búsqueda insatisfecha de la espiritualidad y la perfección, el deseo de unirse a una contracultura: los beatniks, esos pijos blancos "viajan" alienados por el jazz (recordemos la admiración de Ginsberg por Monk, de la que ya hablamos en cierta ocasión) y esto se traduce en escenarios, en referencias y en la forma de narrar. El obsesionado Kerouac ubica la narración en clubs de San Francisco a los que cambia de nombre. ¿Por qué? ¿Y por qué San Francisco? La historia fue escrita y ambientada originalmente en Nueva York, donde vivía el escritor, pero la editorial percibió el potencial comercial que tenía el movimiento beat en la Costa Oeste, en pleno auge, y le obligó a trasladar allí el escenario.

[...] y allá arriba en la tarima Bird Parker con sus ojos solemnes, porque había perdido su anterior popularidad, hacía muy poco de eso, y ahora regresaba a una especie de San Francisco muerto para el bop, aunque acababa de descubrir o le habían hablado del Red Drum, había sabido que los chicos de la grandiosa nueva generación se reunían y aullaban allí, de modo que allí estaba, sobre la tarima, examinándolos con la mirada mientras soplaba sus notas "locas" pero ahora-calculadas, los tambores resonantes, los agudos altísimos [...]
Jack Kerouac, Los subterráneos (1958),
traducción de J. Rodolfo Wilcock


Siempre es indigno comparar pero, tras empaparme de Cortázar, viajar de nuevo con Kerouac tiene sus pegas. Sus subterráneos carecen de la amargura existencial de los intelectuales parisinos del Club de la Serpiente y ahora, en la distancia, parecen mentes simples refugiadas en la fiesta, y su prosa (también en comparación) carece de la poesía que derrama Cortázar, su hijo putativo, en idénticos experimentos en su camino por las calles de París.


[...] Jelly Roll estaba en el piano marcando suavemente el compás con el zapato a falta de mejor percusión. Jelly Roll podía cantar Mamie's Blues hamacándose un poco, los ojos fijos en una moldura del cielo raso, o era una mosca que iba y venía en los ojos de Jelly Roll. Two-nineteen done took my baby away... La vida había sido eso, trenes que se iban llevándose y trayéndose a la gente mientras uno se quedaba en la esquina con los pies mojados, oyendo un piano mecánico y carcajadas manoseando las vitrinas amarillentas de la sala donde no siempre se tenía dinero para entrar.Two-nineteen done took my baby away... [...]

Julio Cortázar, Rayuela (1963)

Por resumir (y por tomar partido), añadiremos que, mientras que la improvisación prosística de Kerouac es disonante y errática al modo del free jazz, la de Cortázar es poética y memorable como un solo de Coltrane: a veces uno no sabe a dónde va, pero llega; después, se queda en tu mente para siempre.

Recomendamos la lectura y la re-lectura. También la de Cortázar. Porque ¿por qué elegir?