Mostrando entradas con la etiqueta Christian McBride. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Christian McBride. Mostrar todas las entradas

HARDBOP JOVEN Y JAPONÉS

NANAMI HARUTA, The Vibe (Origin, 2025)

Con una reivindicación femenina ("Girlie's World") comienza este álbum de la trombonista japonesa Nanami Haruta, un tema con fraseos que nos traen a la memoria a instrumentistas de la época clásica y un estilo que agradará a puristas y a profanos. Nacida en Sapporo y educada en Tokyo, el trombonista Michael Dease la descubrió en un festival cuando tenía 17 años y la convenció para ir a estudiar a la Universidad de Michigan, donde fue alumna de Dease y de Rodney Whitaker, que posteriormente la incluyó en su sexteto. En América también formó parte de la big band de Ulysses Owens Jr.

Ha grabado The Vibe en el sello Origin con su propio cuarteto, que incluye a Xavier Davis al piano y a dos de sus mentores: Rodney Whitaker al contrabajo y Ulysses Owens Jr a la batería. Otro mentor, Michael Dease, produce y toca el trombón y el trombón barítono en dos temas. Finalmente, hay una colaboración en el último tema ("Unchained Melody") del guitarrista Chris Minami, que pone un contrapunto bellísimo a las notas del trombón en este tema tan romántico y nostálgico.  

El disco contiene varias versiones, donde Nanami Haruta se muestra más netamente hardbop, algunas fantásticas como el tema "Algonquin", compuesto por el trombonista Curtis Fuller, o el "Sister Rosa" de Christian McBride, que puede ser muy clásico cuando quiere, un temazo donde el trombón muestra su swing con toques de blues, hipnótico y seductor (con un momentazo para un expresivo solo de contrabajo). Energía 
sin explosiones inútiles, con armonías y vientos al más puro estilo hardbop, con una intérprete que nos ha sorprendido por su lenguaje claro, sus fraseos nítidos, rotundos y expresivos. Como compositora podemos apreciarla también en tres temas: las baladas "Toshi" y "Heartstrings", que le permiten recrearse en la sonoridad más sentimental del instrumento; y  la divertida "Woodpecker", un tema pegadizo que es una delicia y que tiene un solo final muy New Orleans. 

En espera de más Nanami Haruta...




* Más info: www.originarts.com

CARL SANDBURG, POESÍA Y JAZZ

MATT WILSON's Honey and Salt (Palmetto Records, 2017)

La primera vez que escuché hablar de Carl Sandburg fue a propósito de ese poema (Jazz Fantasia) que habla de jazz y suena como jazz si uno lo lee como debe leerlo, en su idioma original, con  sus juegos de consonantes, su pericia en las rimas, sus onomatopeyas que sólo funcionan en inglés y sus repeticiones, un uso de las palabras que convertía la lengua en ritmo y el ritmo en jazz.



Ahora, cuando se cumplen 50 años de su muerte, el percusionista Matt Wilson rinde homenaje al Poeta del Pueblo con un disco de composiciones originales en el que aparecen (como lectores y no como músicos) nada menos que gente de la talla de Christian McBride, John Scofield, Bill Frisell, Joe Lovano... y el actor, humorista y músico de rock Jack Black.

Hasta aquí las curiosidades del disco. En cuanto al jazz, Matt Wilson es un colorido e imaginativo percusionista nacido en Knowville, cerca de donde nació Carl Sandburg. Su interpretación de la poesía a través de la música (hecho que normalmente ocurre en la dirección contraria) es interesante y caleidoscópico, capturando la esencia de Sandburg de la misma manera en los temas sociales, cotidianos y en los más divertidos y absurdos. La ausencia de rima y métrica en Sandburg, que constituye su interpretación del arte de la sorpresa, es tan cercana al jazz que sorprende que no se haya intentado antes.

Matt Wilson

Hay temas de muchas estéticas diferentes pero, en general, hay un gusto por la potencia, por los metales, que, en algunos temas, pasan de parecer hardbop a parecer hard rock (esto es una exageración, claro, pero hay momentos en que la guitarrista Dawn Thomson (que también canta en algunos temas) evoluciona hacia la fusión y del jazz rock con unas armonías de constante apoteosis, como si el baterista-compositor utilizara los metales como instrumento rítmico, percutivo, en lugar de melódico. Otros temas son más líricos (sin abandonar esta estética potente) o más blues, como la fabulosa línea de bajo de "Anywhere and Everywhre People" (a cargo de Martin Wind) tema en el que, curiosamente, recita un bajista, Christian McBride, con profunda voz de barítono negro. Es este gusto por la conjunción de música hablada y jazz lo que enriquece el disco, sobre todo cuando esta simbiosis se convierte en un verdadero diálogo, con juegos de llamada y respuesta como en el final de "Paper 2" (con Bill Frisell recitando y todo el combo respondiéndole, y viceversa). También hay improvisaciones muy interesantes como la de "Snatch of Sliphorn Jazz" con un Jeff Lederer bestial, o más libres, com oen el poema "Fog", por ejemplo, donde Wilson se limita a improvisar mientras suena una grabación con la voz del propio Sandburg:


En resumen, las composiciones originales del disco son tan eclécticas como la fuente de inspiración. El disco es una especie de libro de poemas musicado que Wilson ha estructurado en tres capítulos y un epílogo. Los capítulos o partes reúnen temas urbanos (Capítulo Uno, de los temas 1 al 7), temas rurales (8 al 11) o la colisión entre ambos mundos (Capítulo 3, del tema 12 al 16). En el Epílogo, hay dos poemas que intentan una reflexión sobre lo anterior, con una Carla Bley que lee "To Know Silence Perfectly". Sería un final perfecto para el disco (THERE is a music for lonely hearts nearly always. / Is the music dies down there is a silence. / Always the same as the movement of music. / To know silence perfectly is to know music.) pero aún queda por escuchar otro tema, más festivo, no tan tan evocador pero igualmente metafórico, "Daybreak".

Les dejo el video oficial, un medley con toda la paleta de tonos que abarcan tanto la poesía de Sandburg como su reflejo jazzístico, el disco de Wilson.


El grupo lo completan Dawn Thomson en la guitarra, el cornetista Ron Miles, Jeff Lederer, presentado aquí como multiinstrumentista de viento, y el bajista Martin Wind.
________
* Web oficial:www.mattwilsonjazz.com 


DIANA KRALL NO NOS AMA

Wallflower, won't you dance with me?

Una breve nota para recordar que hay mujeres que nos hacen sufrir sin que les demos motivos para ello. Diana Krall ha sacado nuevo disco. Esto no siempre es una buena noticia. Su tendencia a alejarse del jazz en algunos momentos nos deja de alguna manera solos en esta relación que habíamos instaurado con ella y que imaginábamos felices. Pero el amor es así.



Lo nuestro comenzó a declinar en la gira del 2001, cuando, en aquel maravilloso concierto en el Olympia de París que lanzó al año siguiente Diana se apeó de los clásicos para interpretar a Billy Joel ("Just The Way You Are") y a Joni Mitchell ("A Case Of You"). Su desliz pasó desapercibido en una noche fantástica pero el exceso de violines anunciaba que algo había cambiado en ella. Su matrimonio con Elvis Costello (gran apreciador del jazz por otra parte) fue casi una infidelidad. Comenzó a verse con él a espaldas de sus fans para componer (!) letras y músicas que desembocarían en una primera salida de pista con The Girl in the Other Room (2004). ¿Quieren más pruebas? En 2009 se la vio produciendo el disco de Barbra Streisand Love is the Answer. Como lo oyen. Un oportuno retiro en Sri Lanka en 2011 parecía el mecanismo ideal para descansar, meditar, volver a las raíces... A su vuelta la vimos tocando "Fly Me to the Moon" en el homenaje a Neil Armstrong y cantando con Paul McCartney, dos eventos perdonables aunque tampoco prometían un regreso tácito al jazz... Glad Rag Doll (2012) fue un regreso contradictorio. Los temas del disco eran anteriores a la era de los standards y sonaban a tierra de nadie. No eran ni jazz ni country ni...

DK viviendo su propio Birdman 
Demasiados puntos suspensivos. Un amigo me protestó que Diana cada vez se parecía más a Eliane pero no, su nuevo Wallflower no se puede etiquetar siquiera como crossover; es un disco de pop, con todas las letras, agradable, bonito pero carente de interés para los aficionados al jazz (o a Diana Krall). Parece ser que su carrera se ha ido deteniendo, recreándose cada vez más en los tempos más lentos (oigan Quiet Nights) para detenerse por fin en este disco casi sin ritmo, donde solo su dúo con Georgie Fame en Yeh, Yeh (donde también aparecen Christian McBride y Joey DeFrancesco) tiene una cierta dosis de swing. 

Y no solo eso, sino que su voz (lo único que aporta al disco) parece retocada, artificial. ¿Se habrá permitido un lifting vocal en postproducción? Esperemos que no, como esperamos que vuelva a tocar el piano y a recordarnos que (en realidad) tiene una voz capaz de traernos standards con un timbre que recuerda otros tiempos gloriosos del jazz.

Un ejemplo:





EN UN MUNDO DE MAZAS

Jason Marsalis vs. Warren Wolf


El vibráfono es uno de los instrumentos más espectaculares y expresivos del jazz. Hoy vamos a hablar de dos músicos que dominan el instrumento con distinta creatividad. El primero de ellos es Jason Marsalis, que ha editado una colorida y variada colección de temas con el título de A World Of Mallets (Un mundo de mazas) bajo el sello Basin Street. El otro es Warren Wolf, habitual de las formaciones de Christian McBride. Su quinto álbum como líder se titula Wolfgang (Mack Avenue, 2013)

JASON MARSALIS, In A World of Mallets
Sí, pensé que Jason me ofrecería en su nuevo disco una oportunidad para reconciliarme con el clan Marsalis después del decepcionante álbum de su hermano Brandford, con quien tengo una extraña obsesión que me impulsa siempre hacia él pensando que, por fin, en algún disco, llegará a conectar conmigo. Pero no, Brandford y su experimento de desconcertante título (Four MFs Playing Tunes o, lo que es lo mismo, Cuatro hijos de... tocando melodías) restó un punto al ranking del apellido Marsalis. Ahora le toca a Jason, el pequeño de los cuatro, recuperarlo. En su nuevo álbum, titulado ilustrativamente In A World Of Mallets (Basin Street, 2013), Jason Marsalis dibuja con su Vibes Quartet un proyecto tan amplio e inexplicable que, después de la segunda escucha, sigue sin habernos convencido de qué puntuación ponerle. Comencemos por un poco de música:



Hay swing y espíritu de hardbop en ese "Blues Can Be Abstract, Too" pero no todo el disco es así. Hay temas con mucho blues, como "Ill Bill", cierto gusto por el impresionismo cuando imita el sonido de relojes o gramolas ("My Joy"). El disco se torna terriblemente aburrido cuando hace esto, mientras que en otros temas va más allá en su ansia de experimentación. ¿Qué tipo de experimentación?, aullarán en mi oído las almas más puristas. Jason se permite introducir fraseos y cánones de música clásica en algunos temas a modo de adorno (del mismo modo que hacía Sonny Rollins con sus melodías caribeñas). "Blues For 29 Percenter's" sería un buen ejemplo de ello. Pero en otros se acerca más a la música clásica que a la síncopa o a la improvisación. Supongo que este es el letimotiv del disco, una manera de aunar formación y vocación, de aplicar las disciplinas de la música canónica occidental (Jason Marsalis estudió percusión clásica en la Universidad de Loyola), pero en mi opinión, el resultado del disco es confuso. Podríamos ilustrarlo con los títulos de los temas. El que sirve de introducción se titula "Discipline Discovers A World of Mallets" y el último "Discipline Get Lost in a World of Mallets", y así parece que anda perdido el pequeño Marsalis... No obstante, sigue pareciéndonos un instrumentista dotado, polirrítmico y reseñable.

Además de Jason Marsalis, Austin Johnson al piano, Will Goble al bajo y David Potter en la batería completan el cuarteto.



WARREN WOLF, Wolfgang
Podríamos decir que el otro músico de hoy, el dinámico Warren Wolf, sufre también de excesiva exposición al clásico cuando en el último tema de su nuevo álbum (Wolfgang) nos ofrece unas variaciones sobre el Carnaval de Venecia de Saint-Saënts... Pero, después de escuchar su disco completo, después de disfrutar de su gusto por la improvisación y el ritmo, esta peculiar coda resulta sólo una anécdota curiosa.

Pero no seamos pesimistas: el disco nos ha gustado. Si no, no aparecería en nuestro blog (normas de la casa) pero sí es cierto que como compositor Wolf es menos brillante que como músico, razón por la cual, nos gusta en su disco pero nos hace temblar cuando trabaja junto a Christian McBride...

Como casi todos los vibrafonistas, acumula influencias de todo tipo de percusionistas, desde colegas de láminas o marimbas hasta bateristas (su cuarto álbum se tituló Warren 'Chano Pozo' Wolf) y esto se nota tema a tema, cuando el disco va tomando color y se convierte en un verdadero Mundo de Mazas, como intentaba Marsalis...



Wolf no sólo consigue en sus temas ese equilibrio entre fragilidad y ritmo que sería exigible a todo vibrafonista sino que construye, a la manera de Milt Jackson, caminos en los que la melodía se va desarrollando hasta terrenos inesperados, y lo hace con lógica. Toda una lección de maestría y experiencia impropia en un músico de treinta y pocos años. Incluso cuando se funde con el piano ("Wolfgang" o mejor en "Grand Central") tiene personalidad.

Son dos cuartetos distintos los que han grabado el álbum. Wolf reúne a tres músicos jóvenes (Aaron Goldberg al piano, Kris Funn al bajo y Billy Williams Jr a la batería) para unos temas ("Sunrise" o "Grand Central) mientras que utiliza otro trío con más experiencia (Benny Green al piano, Christian McBride al bajo y Lewis Nash a la batería) para los temas con más soul, acercándose al sonido post-bop de los discos del bajista. Con este trío, Wolf y su mentor McBride acometen un homenaje a sus ídolos Milt Jackson y Ray Brown (Brown fue profesor de McBride) reproduciendo la versión que Jackson y Brown hicieron en 1969 de "Frankie & Johnny". Darryl Tookes aparece como vocalista en "Setembro" de Ivan Lins. Dos grandes combos con un líder común, un vibrafonista del que nadie hablaba hace unos años y que se ha convertido en una figura imprescindible del instrumento.



______________
* Fotografía: Jason Marsalis on drums with the Dr. Michael White Band at Satchmo Summer Fest, New Orleans. Autor: Infrogmation (extraída de Wikipedia)

** Fotografía de Warren Wolf: Lena Adasheva.

PEOPLE MUSIC

De nuevo, Christian McBride por partida doble

Sí, de nuevo uno de nuestros bajistas preferidos, Christian McBride, reaparece con dos álbumes editados en el mismo año, como ya hizo en 2011. En este 2013 ha presentado People Music en mayo y Out There en agosto (ambos en Mack Avenue Records). Siguiendo nuestro espíritu improvisador, comenzaremos hablando del segundo de los discos cronológicamente hablando, Out There. Aquí se nos presenta un Christian McBride inédito, en formato de trío, ejerciendo de mentor (se define así en su web) de dos jóvenes talentos: el pianista Christian Sands y el batería Ulysses Owens Jr.

Con un menú de standards y enfrentado a las posibilidades de un trío acústico, Christian McBride presenta un sonido muy distinto al que nos tiene acostumbrados, más depurado y cerebral, sin que por ello delegue toda la responsabilidad en el piano, como suele ocurrir en los tríos al uso; más bien al contrario, el bajo es el líder absoluto, dueño y señor de los cambios de ritmo y tan expresivo en los solos que, en ocasiones ("East Of The Sun", por poner un ejemplo) actúa como si tuviera una guitarra en las manos.

El joven pianista Christian Sands no se queda atrás. Se lleva su parte del botín con merecimientos, si bien es enormemente elástico en los temas de blues y algo menos interesante en títulos más especulativos como "Hallelujah TIme" o en la intelectualizada versión de "My Favourite Things".

El disco comienza con un fabuloso blues titulado "Ham Hocks and Cabbage", donde manda el contrabajo, en la melodía y en las fluctuaciones del tempo, donde el piano seduce inmediatamente, donde la melodía y las improvisaciones se suceden en un fantástico todo-es-posible. "Ham Hocks and Cabbage" es, quizás, el mejor arranque de un álbum de jazz que haya escuchado en muchos años. Lo más sorprendente del trío, sin embargo, es el final del disco, donde arremeten con dos temas inusuales. El penúltimo es una balada ("I Have Dreamed", la canción de Rodgers / Hammerstein de El rey y yo) que este discípulo de Ray Brown interpreta con el arco. Como si este arranque de sensibilidad no fuera suficiente para poner la coda en el álbum, el trío remata con una explosión funky: el tema de Johnnie Taylor "Who's Making Love" (!), una forma inusual pero espectacular de redondear un álbum en el que se demuestra que un trío puede versionar lo inimaginable sin descarrilar de la ruta del jazz.

El álbum Out There incluye una versión de estudio de "Cherokee". La que pueden escuchar aquí es del Bratislava Jazz Festival de 2009. El pianista es Peter Martin (Inside Straight) pero el baterista es el del trío, Ulysses Owens Jr.:





Leemos en el libreto del CD People Music que Christian McBride formó su grupo Inside Straigth cuando la propietaria del Village Vanguard, Lorraine Gordon, le advirtió que si quería volver a tocar allí debería hacerlo sin su "banda de rock and roll". No sabemos si se refería al combo eléctrico con el que nos deslumbró en Live at Tonic (Ropeadope, 2006), en el que contaba con sintetizadores y con invitados eléctricos como Jason Moran y Charlie Hunter, o el de Sci-Fi (Verve, 2000).

Inside Straigth es un combo acústico formado por el saxofonista Steve Wilson y una sección rítmica de lujo: el veterano Carl Allen a la batería (sustituido en dos temas por el joven Ulysses Owens Jr.), el pianista Peter Martin (también sustituido en dos cortes por Christian Sands) y el vibrafonista que nos enamoró en el primer trabajo de Inside Straight, Warren Wolf, que vuelve a estar enorme y que tiene, sin duda, los mejores momentos del álbum. Aquí, como ocurría en el anterior trabajo de Inside Straight, McBride se comporta como uno más del grupo, con sus solos, pero sin el protagonismo y el espacio que se permitía en el trío.

People Music (música del pueblo o música de la gente) es el término que usa McBride para definir el resultado, música fácil de entender pero sin hacer concesiones, afirma en el libreto, hardbop moderno y sin complejos, músicos capaces de llegar y transmitir, buenas melodías, efectivas pausas y cambios de ritmo que el bajista dirige con precisión suiza. Si escucharon el anterior Kind of Brown bastaría con decir que es más de lo mismo, que no es poco.




_____________
* Web oficial: www.christianmcbride.com/

BUENAS SENSACIONES

Christian McBride con big band


Christian McBride es uno de los bajistas más brillantes y demandados del panorama jazzístico actual. También es un espíritu inquieto. Nunca presenta dos trabajos seguidos en la misma línea. Si en el pasado alternó el jazz eléctrico (Vertical Vision, 2003) con maravillosos trabajos acústicos (Kind of Brown, 2009) también es capaz de arriesgarse grabando un álbum (Conversations with Christian, que ahora se reedita), donde se atreve con formatos tan arriesgados como el dúo (piano/bajo, guitarra/bajo, violín/bajo) con invitados de lujo, en sus palabras, "trece de sus acompañantes y amigos musicales más cercanos": los pianistas Hank Jones, George Duke, Eddie Palmieri y Chick Corea; los cantantes Sting, Angélique Kidjo y Dee Dee Bridgewater; la violinista Regina Carter; el trompetista Roy Hargrove; el guitarrista Russell Malone; el tenor Ron Blake; y la actriz Gina Gershon, que coprotagoniza con McBride un divertido tema. Queda un disco dispar pero digno, en el que se pueden escuchar valientes versiones casi desnudas de blues, bebop, latin jazz, free, música africana..., buenos ejemplos de aquello que llamábamos jazz conversacional y que supera el adjetivo de anecdótico para alcanzar el de experimental. Un buen trabajo, aunque no soporte demasiadas escuchas.

Pero nos vamos a centrar en su grabación más reciente, en la que recupera standards y arregla composiciones propias para 18 músicos. Se trata de The Good Feeling (Mack Avenue, 2011), un reto para un bajista, el de liderar una big band de 17 músicos y una vocalista, y todo un reto para un músico de hoy en un panorama donde sólo unos pocos pueden salir del combo-para-club-pequeño y montar una gran banda para la que, valoremos el mérito, hay que hacer arreglos musicales para un buen número de instrumentos.

También es un sueño largamente acariciado en el que McBride llevaba años trabajando. Lo acompañan su compañero de Straight Ahead, Steve Wilson (saxo alto, flauta), el sólido multisaxofonista Ron Blake, el trompetista Nicholas Payton, cambiante pero siempre satisfactorio, y una vocalista que no conocía y que me recuerda a Sarah Vaughn, Melissa Walker. McBride tiene un don para elegir acompañantes. El álbum demuestra que composiciones clásicas y modernas pueden adaptarse de igual manera al esquema de una orquesta de jazz. Pero lo mejor del disco es su sonido, fresco y complejo como toda la música de big band, con sus estructuras para encajar a todos los músicos y sus huecos para la improvisación y los solos. Si me dicen que el álbum está grabado en directo lo creo. Así suena.

En cuanto a los temas, hay seis composiciones de CMB, aunque algunas ya aparecían en discos anteriores, y cinco standards. El disco abre con "Shake 'n Blake", escrito para lucimiento de Ron Blake, que tiene aquí un solo electrizante. En "Broadway" y "I Should Care" el ambiente es el de otra época, el de las grandes orquestas, amables y simples, sin vanguardias, una delicia. Hay temas como "Brother Mister" que deben su fluidez a haber sufrido menos metamorfosis desde su concepción hasta los arreglos de este disco que, por ejemplo, la expresiva "Science Fiction". El final es un intento de apoteosis llamado "In A Hurry", que justifica el título con un ritmo in crescendo y que puede ser el mejor ejemplo para describir este disco. Aquí metales y maderas encuentran un vehículo perfecto para su lucimiento.

Después, sólo quedan ganas de pinchar el disco de nuevo.

En estos videos se puede navegar por esta aventura. En el primero, después de una presentación de un minuto, se puede oír a la big band tocar durante dos en el Festival de Jazz de Detroit (no tiene mucha calidad de sonido pero se oye el trabajo) seguido de una larga entrevista. El segundo es un pequeño making of.





La big band: Christian McBride: bajo; Steve Wilson: saxo alto, flauta; Todd Bashore: saxo alto, flauta; Ron Blake: saxos tenor, soprano, flauta; Todd Williams: saxo tenor, flauta; Loren Schoenberg: saxo tenor; Carl Maraghi: saxo barítono, clarinete bajo; Frank Greene: trompeta; Freddie Hendrix: trompeta; Nicholas Payton: trompeta; Nabate Isles: trompeta; Steve Davis: trombón; Michael Dease: trombón; James Burton: trombón; Douglas Purviance: trombón bajo; Xavier Davis: piano; Ulysses Owens, Jr.: batería; Melissa Walker: voz.

CAMINANDO AL FILO... DEL JAZZ

Chistian McBride, Live at Tonic (Ropeadope, 2006)

Después de hablar del sensacional regreso de Christian McBride al hardbop, no es fácil explicar por qué este otro disco me gusta. Es como hablar de otro músico y, sin embargo, es siempre el mismo bajista/compositor/líder inspirado. ¿Es posible recomendar un músico que salta de esta manera entre estilos?




Christian McBride ha tocado con Russell Malone, Diana Krall, Joe Henderson, Joe Lovano, Pat Metheny... y ha dado muestras de su gran versatilidad tanto al bajo acústico como eléctrico, con el arco o sin él. Su discografía es ecléctica y va desde experimentos de fusión hasta su vuelta al hardbop en Kind of brown, un álbum que no decepciona a nadie. Live at tonic es un triple CD que resume toda su experiencia como sideman y todos sus esfuerzos de composición hasta Vertical vision (Warner Brothers, 2003), del que se incluyen temas muy potentes como "Technicolor nightmare", inspirado en Weather Report, y "Boogie Woogie Waltz", directamente heredado de la formación de Joe Zawinul.
Los 3 CD’s son el resumen de dos noches en el club Tonic de Nueva York (10 y 11 de enero de 2006), con algunos de los músicos que tocaron en su último trabajo y un buen número de invitados que muestran la amalgama que se puede alcanzar en un disco de funk y fusión: en el primer CD aparecen sus músicos habituales (Ron Blake en todos los saxos posibles, Geoffrey Keezer muy discreto en los teclados y un Terreon Gully muy potente en la batería). En los otros dos discos, correspondientes a los segundos sets de ambas noches, sólo hay jams, con la excepción de dos temas: "Bitches Brew" (Davis) y "Give It Up or Turn It Loose" (James Brown). El ejército de músicos: Charlie Hunter y Eric Krasno (guitarras), Jason Moran (piano), Rashawn Ross (trompeta), Jenny Scheinman (violín), DJ Logic (mesas de mezclas) y Scratch (caja de ritmos). Con tanto músico, corremos el riesgo de olvidamos del que no contribuye en un momento determinado y en los temas más largos ("See Jam, Hear Jam, Feel jam") sólo el baterista Terreon Gully consigue mantener el pulso para que no acabe todo en el caos.
Buscando un juicio crítico, lo más importante de estas jams, aparte de su apabullante abundancia (tres horas y media de música) es que devuelven al jazz su valor de espontaneidad: los dos últimos discos son, con las excepciones de los temas de Miles Davis y James Brown, improvisaciones que aparecen acreditadas como si las hubieran compuesto todos los músicos al tiempo, ya que ¿no es la improvisación una composición sobre el escenario?
Que los discos 2 y 3 contengan los segundos sets de cada noche íntegros tiene lo bueno del directo y lo malo de escuchar directos en los discos: la respuesta del oyente no es la misma en el ambiente del club que en el sofá. Esto es especialmente arriesgado en temas que duren 30 minutos... pero se agradece.

CHRISTIAN McBRIDE

El regreso del bajista acústico

Después de vivir a la sombra (o al lado) de artistas como McCoy Tyner, Sting o Diana Krall, y tras protagonizar una serie de trabajos eléctricos, culminados con un triple CD en directo (Live at Tonic), el bajista Christian McBride vuelve como líder con un disco acústico que supone una vuelta de tuerca hacia sus orígenes.

En Kind of Brown (Mack Avenue, 2009) viene acompañado por su banda Inside Straight, un quinteto compuesto por el saxo alto Steve Wilson (Dave Holland Quintet, Chick Corea’s Origin), el vibrafonista Warren Wolf (qué músico más impresionante), el pianista Eric Scott Reed (Wynton Marsalis) y el baterista Carl Allen, una formación puramente hard bop. Los temas son de Christian McBride, aunque incluye un tema de Freddie Hubbard: Theme for Kareem.

El título es un juego de palabras entre Kind of blue (evidente) y el también colorido apellido del mentor de McBride, Ray Brown. También sirve para marcar una meta. El disco es una vuelta a los orígenes del bajista, y se agradece ese esfuerzo de McBride de volver a su origen acústico. El sonido del quinteto es tan compacto, tan rítmicamente irrefutable que uno tiene por momentos la impresión de estar escuchando un disco de finales de los 50 o principios de los 60, fuente de la que ha bebido a pesar de comenzar su carrera en los 90... Unos apuntes de soul jazz redondean el embrujo. ¿Estará naciendo una nueva corriente de hard bop?

Lo quiero resaltar ningún tema en especial porque el resultado del álbum es compacto y desmerecería el resto. Sólo añadiré que oyendo este disco uno se olvida de que, en un quinteto con saxo, el saxo suele ser el protagonista. Aquí la estrella es la sección rítmica. McBride y el baterista Carl Allen son el colchón rítmico ideal, inagotable, que fluye sin fisuras con un sonido perfecto y por momentos virtuoso. Reed al piano y Wolf al vibráfono son mágicos, indecentemente sincopados y subyugantes, el tipo de músicos con el que uno se queda después de haber oído todos los temas, como si el resto no hubiera tocado después de todo. Pero no es así. Este es uno de esos discos que están hechos como nos gustan: incluyendo en las melodías muchos huecos para la improvisación, y es aquí donde brilla más el quinteto, en las genialidades interpretativas, en la capacidad para improvisar sin salirse del grupo. Rainbow wheel es un buen ejemplo de esto, pero es en Stick and move, un temazo, exigente pero no pretencioso, donde los músicos se mueven como si estuviesen en una jam y donde cada uno encuentra su momento de gloria.

El efecto del disco es excitante, deja una resaca con ganas de más. Ojalá todos los discos fueran así.
__________________________________
Foto de Ron Hudson: Christian McBride tocando con Ray Brown.

Christian McBride en wikipedia.

JAZZ '34

Remembrances of Kansas City swing

En los años 30, el estilo denominado Kansas City marcó la transición entre la música de big band y los inicios de la improvisación en el jazz. Cuando Robert Altman estaba rodando Kansas City (1996), la película ambientada en los clubs de jazz de esta ciudad, contó con una buena porción de las estrellas emergentes y consolidadas del jazz de mediados de los 90 para interpretar la banda sonora: Joshua Redman, Nicholas Payton, Christian McBride, Don Byron, Ron Carter... (más abajo está la lista completa) hacen de la banda sonora un hito irrepetible, pero Altman quiso llegar más allá. No sólo los contrató para tocar sino para interpretar en la pantalla a los personajes: los músicos auténticos de 1934 y, en una vuelta de tuerca más atrevida, los invitó a una jam session que duró toda la noche y en la que se interpretaron temas clásicos de Lester Young, Count Basie, Duke Ellington...

Concierto, documental o docu-drama, esta impresionante jam session apareció en un VHS llamado Jazz’34: Remembrances of Kansas City Swing (ignoro si está en DVD pero más abajo tienen un fragmento) que revive el auténtico jazz de los años 30. Más de veinte músicos reunidos por una sola y única vez para reinterpretar los temas de una época (¿irrepetible?). Hay que ver el documental.

El escenario de la jam es uno de los escenarios de la película, el Hey Hey Club de Kansas, en cuya puerta un cartel reza: Who is the king of the georgeous riff?. Todos, absolutamente todos los músicos que intervienen en la banda sonora aparecen al mismo tiempo, interpretando por turnos o como orquesta material de la época, swingueantes temas como Tickle toe de Lester Young o Indiana (con un un Nicholas Payton fabuloso en el solo) o blues de Count Basie: Harvard blues, Blues in the dark (¡escuchad aquí a James Carter y Joshua Redman frente a frente!). El escenario del club, ambientado con el vestuario de la época, el humo (nadie se corta de fumar) es casi un Cielo del Jazz, porque ningún músico se sale de 1934 mientras toca o espera su turno. Un auténtico salto en el tiempo que termina con la recreación de un evento mítico, La Batalla de los Saxos que enfrentó a Coleman Hawkins y a Lester Young, interpretados aquí (¡y de qué forma!) por Joshua Redman y Craig Handy.


Aunque Robert Altman nació en la ciudad de Kansas, no contaba más de 9 años en 1934. Su pasión por el swing queda patente en el hecho de que lo único que justifica una película tan pasable y anodina como Kansas City es su banda sonora a ritmo de jazz. Si no fuera por la música y por el documental colateral, es posible que hubiera pasado sin pena ni gloria como una de las películas más flojas y olvidables de uno de los directores más originales de este siglo.

Estos son los músicos de Kansas City y de Jazz’34:

Saxos tenores:
James CARTER (interpretando a Ben Webster)
Joshua REDMAN (como Lester Young)
Craig HANDY (como Coleman Hawkins)
David MURRAY

Altos:
Jesse DAVIS
David NEWMAN, jr.

Barítono/clarinete:
Don BYRON

Trompetas:
Nicholas PAYTON
Olu DARA
James ZOLLAR

Trombón:
Clark GAYTON
Curtis FOWLKES

Batería:
Victor LEWIS

Piano:
Geri ALLEN
Cyrus CHESNUT

Contrabajo:
Ron CARTER
Tyrone CLARK
Christian McBRIDE

Guitarras:
Russell MALONE
Mark WHITFIELD

Voz:
Kevin MAHOGANY

¿No parece de verdad irrepetible?