Estamos recibiendo muchas novedades de vocalistas, algo poco usual, pero menos usual es la calidad y la originalidad que estos cantantes aportan al universo del jazz y la manera en que se expresan para dar tanta importancia a la letra como a la música. Hoy los escucharemos a todos juntos, para comprobar el excitante caleidoscopio sonoro y cultural que suena en las voces del jazz europeo actual. Escucharemos a Nana Rashid, Helena Camps, Henk Kraaijaveld, Viktorija Pilatovic y Laura.
NANA RASHID, Music For Betty (April Records, 2023)
Lo primero que debemos decir de Nana Rashid es que no se parece a ninguna cantante de jazz que hayamos escuchado antes. Con un estilo que se acerca al soul y al pop, tiene un alma en la voz, un timbre que en algunos momentos nos recuerda a Nina Simone... y un dominio del ritmo y el silencio que desafíaría a cualquier cantante de jazz clásica. Para más goce, se hace acompañar de un trío que ya conocemos porque hemos hablado de él hace unas semanas: Little North (Benjamin Nørholm Jacobsen, Martin Brunbjerg Rasmussen y Lasse Jacobsen), una formación que aporta ese color nórdico y lírico de los tríos de piano escandinavos.
Foto: Thomas Degner / Lágrima: @Maya SB
Desde el primer tema (una canción con declaración de intenciones, un tema espiritual sobre quiénes somos y quiénes dejamos de ser) notamos la enorme presencia del trío, que crea una tensión sutil, dramática, para enmarcar la letra profunda y dolida que ha escrito Rashid, como el resto de las ocho canciones, con una intención existencialista y profunda, donde el dolor parece haber marcado la génesis de cada tema. Subyugados por la vibrante voz y las letras de Nana Rashid, quizás solo podamos criticar que use esquemas pop que, en algunos momentos, recuerdan a Sade (la influencia es más que evidente cuando hace una versión de "Pearls"); eso sí, con más alma y con un auténtico trío de jazz respaldándola, lo que convierte sus canciones en deseable material de directo.
Danesa de nacimiento, Nana Rashid proviene de un cruce de culturas (su madre, de Dinamarca; su padre de Zanzíbar/Omán). Debutó en 2016 con el EP Sorrow in Sunlight, que consistía en cuatro versiones y que fue muy bien recibido por la crítica. En abril de 2023 se publica este nuevo álbum con el que confirma su estilo y su filosofía como compositora, con letras cargadas de sentimiento como Mother, Father, en la que expresa la frustración de intentar encajar en un lugar cuando se pertenece a muchos otros, como en su caso; o esta Goodbye My Love (Nana Rashid/Troels Frost).
A los del sur nos sigue sonando extraño oír cantar jazz en catalán, pero lo cierto es que las letras de Helena Camps, con su canto a la vida y a la naturaleza (también sus versiones en inglés de standards igualmente sensibles), han conectado con nuestra sensibilidad jazzística. Camps tiene ese extraño don de convertir su voz en un instrumento. Sí, ya sé que lo hacen todos los cantantes, pero los de jazz saben a qué me refiero: esa capacidad para la síncopa, para la improvisación, para cantar con swing y que los demás lo disfrutemos como si estuviéramos escuchando un solo de piano, por poner un ejemplo.
Viu es su primer disco, pero viene detrás de una larga carrera, a pesar de su juventud, que comenzó con sus estudios de canto en el Taller de Musics, un título superior del Liceu, un Erasmus para estudiar con Dena DeRose en Austria, un proyecto llamado Helena Camps canta a Anita O'Day, un quinteto, la docencia, muchos festivales...
Como compositora, Helena Camps tiene esa facultad de la que hablaba más arriba para apreciar la importancia de la vida y la naturaleza, y de ambas cosas ligadas en una simbiosis insoslayable, y también para crear jazz con ello. Sus temas tienen una fluidez que engancha, pero también mucho espacio para que sus músicos puedan expresarse, lo cual llena el disco de momentos deliciosos. En este Viu, viene acompañada por un quinteto formado por el trompetista Pol Omedes, el guitarrista Miguel de Riba, Toni Mora al piano y rhodes, Xavi Castillo al contrabajo y bajo eléctrico, y el baterista Adrià Claramunt.
Vale la pena escuchar el disco por su intención (llamémoslo jazz eco-friendly), poética y muy idealista, por conocer en la intimidad de los auriculares la delicada y movediza voz de Helena Camps, y también por sus versiones de clásicos como "April In Paris". "Spring Is Here" o "It Might As Well Be Spring", también ligados al vitalismo de las composiciones originales de Camps.
El disco se presenta el próximo 15 de abril en la sala Jamboree de Barcelona.
Nos llegan pocos discos de crooners (aunque la palabra suene antigua) y hoy hemos disfrutado escuchando el disco de Henk Kraaijeveld, que reúne un buen número de características para hacerlo interesante. En primer lugar, las canciones parecen surgir de las letras y no al revés; en segundo lugar, para Kraaijeveld, la voz es un instrumento delicado al que sacar melodías y armonías sin efectismos y sin recursos fáciles. Su música va a caballo entre la balada y la improvisación propia del jazz, en línea con otros vocalistas contemporáneos y con homenajes muy claros a Miles Davis, Wayne Shorter y Nick Drake.
Henk Kraaijeveld es un cantante, compositor y docente neerlandés. Su estilo cálido y su capacidad para la improvisación le valieron en 2013 dos premios (del jurado y del público) en la Dutch Vocal Jazz Competition. Ese año fundó el grupo a capella The Junction, trabajó con el compositor Miho Hazama y cantó con varias big bands, entre ellas la Ricciotti Ensemble. En 2018 publicó su primer álbum, Passengers, con el que hizo gira por China, Malasia y Corea del Sur.
Quizás el punto más conocido del álbum sea la versión que hace de "Milestones" de Miles Davis con la letra que le escribió Mark Murphy, pero el álbum contiene letras propias a las que Kraaijeveld da una gran importancia, no solo por su sonoridad, buscando reflejar (escribe) el espíritu del momento (zeitgeist en la filosofía de Hegel) y su postura hacia esta sociedad que solo busca la gratificación inmediata. Otras referencias en el álbum son Arthur, el personaje de la serie Peaky Blinders (en el blues "Long Road") o la novela de Eduard Multatuli Max Harvelaar (en "Saidjah's Song"). Además de versiones, el repertorio está formado por temas compuestos por Kraaijeveld, en unos casos, y por otros temas donde ha puesto la letra a música de Dan Herweg, su pianista. Son dos conceptos distintos, más melancólico y orgánico en el caso de los temas compuestos por el cantante, y más jazzístico y juguetón cuando la música está escrita por el pianista. El punto culminante es un viejo sueño de Kraaijeveld: poner letra a "Adam's Apple" de Wayne Shorter.
Wayne Shorter's Adam's Apple has such a cool groove! For many years I have wanted to write lyrics to his dazzling saxophone solo. It has become quite a philosophical story... but what do you expect with that title..., escribe en el libreto del disco.
Con una voz muy personal y el afán de componer, como en sus anteriores tres trabajos , todos sus temas, la lituana Victorija Pilatovic presenta estos días su cuarto álbum, publicado como todos los anteriores en el sello Inner Circle de Greg Osby, titulado Skybridges, un proyecto muy poético donde fusiona el jazz con infuencias pop y aires étnicos del Mediterráneo. No en vano se ha rodeado de músicos de la talla de Petros Klampanis (bajo, percusión y producción), Albert Palau (piano), Quique Ramírez (drums), Jorge Pardo (flauta, invitado en el tema "July") y James Copus (que toca la trompeta en "Secrets Unknown").
Viktorija Pilatovic es una de esas cantantes cuya presencia hipnotiza en directo. Nacida en Klaipeda (Lituania), comenzó a estudiar piano clásico a los 6 años para después estudiar jazz vocal, estudios que continuó en los Paises Bajos, donde ganó el tercer premio en The Nederland Jazz Vocalisten Concours con un arreglo original del estándar "My Favourite Things". En 2012, recibe una beca para estudiar en Berklee Valencia, donde se afinca tras un paso fugaz por Ecuador, donde impartió clases de interpretación vocal en la USFO College of Music. Ha cantado como solista con la orquesta PCC Sympho-Jazz dirigida por John Clayton; en el Festival de Jazz de Montreux en Montreux; con Perico Sambeat Big Banda "voces" (junto a Silvia Pérez Cruz); y con Gilberto Gil, Victor Wooten, Michael League (Snarky Puppy), Banda Magda y Petros Klampanis.
Con un gusto especial por las baladas (la deliciosa "Hymn"), Viktorija Pilatovic nos seduce con su articulación rítmica de los versos ("Waltz", "July"), y sus letras sobre ciudades y paisajes y sobre la heterogénea belleza del mundo. Buscando colores en la sutileza de las melodías, el resultado es muy contemporáneo, nada complaciente ni previsible. Para dejarse llevar.
Escuchar a la cantante alemana Laura Kipp (simplemente Laura en su nombre artístico) es una revelación. Posee una manera especial de afrontar las canciones sin elevar la voz, con un dominio total de la garganta (especialmente difícil en los temas que exigen destreza rítmica y delicadeza al mismo tiempo) y un don natural para crear ambientes. Su nuevo disco es Sunset Balcony, inspirado en su estancia en París y en los atardeceres que contemplaba desde su balcón (símbolo de libertad y de seguridad al mismo tiempo, dos de los temas más repetidos en sus letras). El proyecto se presenta con un trío de guitarra, piano (y órgano) más percusión, pero con colaboraciones que suman un total de 14 músicos en el disco (incluyendo algunos solistas conocidos, como Isabelle Bodenseh en uno de los temas).
El álbum tiene un principio muy melódico y crossover (en la línea de Norah Jones), que anuncia cómo será el disco: temas plácidos, letras descriptivas, soñadoras, escritas por Laura con música de Jens Loh, que aquí compone, toca bajo y guitarras y produce. Pero el segundo tema ("Johnny, The Fly") nos desvela las verdaderas cualidades de Laura: capacidad para vocalizar ritmos, sincopando las letras como si de un instrumento de jazz se tratara (absolutamente deliciosa en "Hey, You"), de hacerse coros e incluso de rapear (sin abandonar su estilo delicado) en "Poke Bowl" . En "Narcís" Carles Denia le pone el contrapunto en un tema cantado en francés que se mueve entre sonidos mediterráneos (flamencos y árabes) y latinoamericanos, con un delicado solo en el saxo barítono a cargo de Eric Sèva.
Una voz diferente, jazzística pero dulce, y un disco heterogéneo, intenso a pesar de sus ritmos lánguidos y melancólicos, todo un derroche de creatividad con sus 14 músicos y sus 14 temas.
Flash & Shadow es el fruto de la colaboración de dos músicos muy diferentes, uno radicado en el jazz, Patxi Pascual (Jerry González, Creativa Junior Big Band, Pepe Ribero Big Band) y Julio Awad,de trayectoria más teatral y que, sin embargo, ha grabado con musicazos como Peter Erskine y John Patitucci. Awad es, además, compositor de bandas sonoras y premiado director musical de muchos espectáculos en Madrid, mundillo donde ambos han coincidido.
Desde "Marga's Life", que inaugura el disco, percibimos una intención lírica en los fraseos del saxo, en el sosiego del piano, canciones sin palabras en los límites de un jazz suave y parco en síncopas pero bello, buscando la lírica y la historia en las melodías y en los largos solos. No es, para nada, un jazz trasgresor ni clásico, sino un lenguaje crossover que, por definición, puede llegar a todos los públicos.
Sin embargo, quizás sea esta la baza más atractiva del disco, esos extensos discursos de Patxi Pascual, llenos de largos fraseos y florituras inesperadas, alternándose con los solos emotivos, estimulantes de Awad, plagados de aires de blues, pop, cinematográficos, líricos... que conducen a estribillos pegadizos en los que ambos "cantan" al unísono como si fueran canciones. En todos los temas hay espacio para el desarrollo melódico y para la improvisación, sin aparentes restricciones, a pesar de que los temas no son muy largos. Entre medias, un diálogo entre dos músicos con tanta experiencia que cada momento es un un paso más allá. Todo esto es posible con una sección rítmica donde participan los percusionistas Sergey Saprychev y Paul Wertico, y con la participación de la actriz y cantante Inma Miraen "Agosto".
Destacaríamos, por su singularidad, "Calima", donde Pascual toca la flauta trayendo al jazz aires mediterráneos y de oriente próximo, y donde Julio Awad tiene su mejor (aunque breve) solo. El álbum termina con una suite en dos partes titulada como el álbum, "Flash & Shadow", donde todo este ejercicio de expresividad e intensidad alcanza su punto más dramático (como si se tratara de una historia), redondeando un disco donde la expresividad y el sentimiento son el motor de los temas y donde la belleza y la perfección privan por encima de todo.
El disco ya está a la venta y se presenta los días 27 y 28 de abril en directo el Café Central de Madrid.
La cantante Zara Zamora tiene una de esas voces imposibles que nos llevan de una manera inconsciente a los años del jazz clásico. Con una mezcla de hot jazz, blues, soul y ciertas estructuras que se acercan al pop, su disco de presentación (Do It) es un abanico de posibilidades vocales. Detrás, una big band que aporta al disco momentos que recuerdan a las second lines y otros que se acercan al music hall, dos influencias de donde bebe el jazz clásico.
Sara Zamora es una cantante y compositora afincada en Murcia que, antes de presentar su primer disco, se ha pasado una década pisando escenarios y desarrollando un estilo personal que cabalga entre los sonidos clásicos de Julie London o Peggy Lee y otros más modernos que nos llevan a Diana Krall o Madelein Peyroux. Comparaciones aparte, tiene una voz cálida y cristalina que se mueve tan bien en el blues como en el soul.
No hay versiones en este disco. Son todos temas originales con arreglos de Ángel Valdegrama. Jazz suave, pero también baladas con cuerdas ("Crazy About Love", "All Her Tears", "Lonely") como grabaron en los 40 las grandes como Billy Holiday o después Sinatra, aires de music hall al estilo Broadway ("Shall We Dance"), explosiones de swing muy modernizado ("Complicated Films") donde la big band sube el nivel notablemente a una estructura pop que, con la orquesta, suena incluso jungle., soul bailable muy de los 70 ("I Still Feel Alive") e incluso un bolero ("Ya te olvidé"), un género por el que incluso pasó el gran Tete Montoliu con Mayte Martín, y que siempre enlaza muy bien con la filosfoía del jazz.
Un disco ecléctico y cambiante que navega con fluidez por los registros vocales de una Sara Zamora que promete mucho más, un disco que es una excelente carta de presentación para conocer a esta cantante con todas sus posibilidades.
Lo que, a priori, parece una excentricidad, usar una flauta de bambú para hacer jazz, se convierte en una serie de composiciones e interpretaciones llenas de funk y virtuosismo, un proyecto de fusión muy original que deja de ser curioso para sonar interesante. Fulfillment está firmado por el compositor y experimentador Zac Zinger, que toca aquí, además del saxo alto, shakuhachi, dizi y la ayuda electrónica de un EWI.
Puede que, en algunos momentos, el estilo de Zinger suene demasiado limpio, comercial en el sentido en que triunfaban los saxofonistas crossover de los 90, pero su velocidad al interpretar, la cantidad de recursos que usa y su originalidad hacen que valga la pena una escucha. Galardonado con múltiples premios, sobre todo como compositor (Johnny Mandel Prize, cuatro veces Herb Alpert Young Jazz Composer Award y en dos ocasiones Herb Pomeroy Composition/Arranging Award, entre otros premios), este músico de Nueva York estudió en Japón, donde se especializó en sonoridades peculiares como la flauta china dizi o la japonesa shakuhachi, a pesar de lo cual, sus temas no suenan exóticos ni folklóricos, sino que consigue conjugar las posibilidades de estos instrumentos con el jazz.
Cierto que esta flauta de cinco agujeros empasta bien en el cuarteto de jazz fusión, pero la shakuhachi tiene sus propias reglas y peculiaridades. Para empezar, se toca en vertical (como una flauta dulce) pero se sopla de la misma manera que soplaríamos un cuello de botella. Esto, que parece simple, supone cierta dificultad. Por otro lado, su tímbrica es cercana a la flauta travesera pero con un sonido menos puro y, quizás por ello, más cercano a la rudeza que algunos aficionados piden al jazz. Sin embargo, el disco es muy limpio, de sonido muy comercial. Quizás abuse de la electrónica pero, como dije más arriba, es fácil de escuchar, especialmente las improvisaciones y todas las progresiones y recursos que se saca "de la manga" en cada tema.
Zac Zinger vive en Nueva York, donde mantiene dos grupos, uno de jazz progresivo, Zac Zinger Group y otro llamado KAI en el que fusiona el jazz con la música tradicional japonesa. Fulfillment es su álbum número 28, entre los que se incluyen bandas sonoras para videojuegos, entre los que están Street Fighter V, Final Fantasy XV, Just Cause IV y curiosidades como Monster Hunter: The Jazz(2015). Y, tras toda esta discografía, debuta en el jazz con esta colección de temas que resume su carrera en pequeños combos, re-arreglando sus propias composiciones con minuciosidad para desarrollar todas sus facultades como instrumentista. Su cuarteto está formado por jóvenes músicos del jazz progresivo: Sharik Hasan (piano), Adam Neely (bajo eléctrico) y Luke Markham (batería).
Entre los invitados, los taiwaneses Min-Chin Kuo, que toca el sitar chino (guzheng), Chia-kun Chen, en el violín chino, y el vocalista Yu-Wei Hsieh. Todos ellos ponen un tono exótico que sirve de homenaje a Taiwan. Por otro lado, la pianista japonesa Kana Dehara aparece como invitada en tres temas, incluyendo el fascinante dúo entre shakuhachi y piano que es “An American in Tokyo”, y toca el Fender Rhodes en "Metamorphosis".
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* Web oficial: zaczinger.com
El guitarrista y compositor Javier Alcántara se ha ganado un lugar destacado en la escena del jazz crossover made in Spain. Tres años después de su celebrado Resilience, vuelve con una colección de temas que se funden unos con otros como en una suite, una obra compacta y conceptual con una intención clara: emocionar a través de la belleza. Especialista en temas de musicoterapia, la música de Javier Alcántara está llena de melodías vitalistas y estimulantes, de vida, de historias.
“La palabra japonesa Ikigai se compone de dos vocablos: iki (⽣生き), que se refiere a la vida, y kai (甲斐), «la realización de lo que uno espera y desea». Gai procede de la palabra kai “concha”, objetos marinos que en ese entonces eran profundamente valiosos. De allí se derivó ikigai como una palabra que significa valor en la vida. Ikigai es lo que nos permite desear que llegue el futuro, incluso si nos sentimos mal en el presente. Nos permite afrontar el futuro, sea el que sea e incluso partiendo desde un presente duro y demoledor. Las personas con las que tengo la suerte de trabajar día a día con la Musicoterapia, me dan una y mil razones por las que vivir, me enseñan que la suma de las pequeñas alegrías cotidianas resulta en una vida más plena…ell@s y sus historias de vida son mi IKIGAI.” (Javier Alcántara)
A caballo entre un smooth jazz y la fusión con el rock, sus composiciones resultarán demasiado poéticas para los amantes del jazz moderno pero lo cierto es que conectan con el oyente a través de sus largos discursos melódicos y de su original uso de la voz como instrumento sin palabras.
Con títulos como "Mission", "Compassion", "Passion", "Communion", "Love"... el comprometido, animalista, hiperactivo, Javier Alcántara intenta que toda esta humanidad de sus acciones vitales muestre su lado amable y estimulante en sus composiciones, que suenan como canciones sin palabras, sustituidas por la "voz" de la armónica (Gonçalo Sousa) y por la voz de João David Almeida, que canta sin palabras. Esto aporta un color distintivo a la música de este guitarrista/compositor, consolidando un estilo personal con el que es el tercer disco con su Short Stories Band, formada por Pablo Romero (piano), André Ferreira (contrabajo), André Mota, (batería) y los citados Gonçalo Sousa (armónica) y João David Almeida (improvisaciones vocales) y Pedro Cortejosa (saxo tenor) como invitado especial.
Equilibrio, momentos de sobriedad y grandiosidad, melodías que apetece tararear... No esperen solos espectaculares, pero hay solos, bien integrados en los temas como si estuvieran escritos. Tampoco es un disco para lucimiento del guitarrista como líder. Como compositor, Alcántara lo pone todo sobre el papel para construir un sonido colectivo, de solos participativos donde permite destacar al piano o al saxo invitado casi más que sus propios solos. Todo en el disco funciona con esta suavidad y esta fluidez inéditas en el jazz, al que se acerca y aleja por momentos sin perder la inspiración ni la intención, que, como hemos dicho, es contar historias sobre la vida.
Soleo es el decimooctavo disco de Ximo Tébar, lo que ya, de por sí, es un logro en este país que era "un desierto para el jazz" según Leonard Feather. Profesional desde los 17 años, virtuoso reconocido, compositor, docente, productor..., Ximo ha tocado junto a luminarias como Lou Donaldson, Benny Golson, Lou Bennett, Joe Lovano, Arturo O'Farrill, Dr. Lonnie Smith... y todo este bagaje queda patente en este disco de celebración.
Soleo se anuncia como el nuevo son mediterráneo, recordando un álbum en el que este que firma escuchó por primera vez al guitarrista (Son Mediterráneo, WEA, 1992), un experimento de jazz suave, crossover y resonancias mediterráneas; pero, en realidad, Soleo es mucho más que una revisión de aquel sonido, es una especie de cima, de compendio donde aparecen reflejadas todas las etapas por las que ha pasado el músico valenciano en sus 25 años de carrera discográfica. La experiencia y el sincretismo a los que se llega en este nivel son patentes. Y son un placer para el oído.
Porque todo músico (y todo artista) se alimenta de sus influencias y de sus experiencias, y aquí, en Soleo, podemos apreciar a dónde ha llegado y por dónde ha caminado el músico. Encontramos evidentes sonoridades del jazz moderno americano (muy diferente del jazz moderno europeo) en el tratamiento todos los temas, muy acorde con el espíritu relajado y epicúreo del Son Mediterráneo original, prueba de que el tiempo que vivió en Nueva York lo convirtió en un músico más americano que español, musicalmente hablando. Del jazz flamenco del que habla la carátula hay algunos ejemplos en el disco, pero muestran un aspecto más primitivo que el que se puede apreciar en el actual jazz flamenco español: es como si volviéramos a aquellos tiempos en que músicos como Jorge Pardo y Carles Benavent grababan para discográficas de la movida, como Nuevos Medios, y el flamenco se convertía en parte imprescindible del songbook español al tiempo que se abrían nuevos caminos (y nuevos públicos) para el jazz en España. Parecen sacadas de ahí esas sonoridades árabes del flamenco más puro que podemos escuchar en "Nardis", por ejemplo, dando nuevos sentidos a la composición de Miles.
Pero, además, Ximo es un investigador incansable que se ha atrevido con compositores tan insólitos como Erik Satie,
a quien homenajeó en 2009 y que hoy está presente en muchos repertorios
de jazz. Todo este afán por ir más allá se puede escuchar en su último álbum, donde compás a
compás uno puede seguir las huellas de su carrera pero también de la
Historia del Jazz. Músico inquieto, siempre buscando nuevos caminos, innovando en cada disco, diferente del anterior, a lo largo de los años, Ximo Tébar ha versionado y rearmonizado estandares de todo tipo, desde "So What" hasta el (impensable sin trompeta) "The Champ" de Dizzy o alguno de Coltrane, siempre rearmonizando y pasando las composiciones por el personal tamiz de su forma de tocar. En el tema que abre el nuevo disco ("Jaco Opus Town") Ximo reinventa la técnica del bajista de Weather Report con un resultado excitante. Hay otros homenajes menos obvios en el álbum, que termina con la revisión de un tema propio: "Son Mediterráneo", con toques de bossa, deliciosos coros (Claudia Tébar) y un contagioso sentido del ritmo.
Terminada la escucha, podemos decir que Soleo consolida la estética de un músico muy personal, de los estilos en los que se mueve (smooth, bossa, funk, soul
jazz... ninguno expuesto de una manera purista) y de su personalísima
manera de tocar. ¿Se pueden destilar todas estas influencias en un solo
músico y resultar original? Parece que sí. Además, Ximo hace algo que a
mí, particularmente, me gusta mucho en los guitarristas (lo hacen Rafa López o John Pizarelli, por ejemplo), acompañar los punteos de la guitarra con el scat.
No estaría bien terminar este texto sin citar los músicos que hacen posible el álbum, un puñado de sidemen de esos que no están en el cartel de ningún festival pero que aportan experiencia y brillo a lo que tocan: el pianista Orrin Evans, Santi Navalón a los teclados, Ramón Cardo al saxo, John Benitez al bajo, Donald Edwards en la batería, Fernando García en la percusión, Claudia Tébar en los coros y una aparición del soberbio Ricardo Belda al piano en "Son Mediterráneo".
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* Más info en la web oficial: ximotebar.net
Ester Andújar es una voz de calidad demostrada, emocionante y amante del scat. Sorprende, conociéndola en estas facetas, el disco que acaba de sacar al mercado. Tras Tristeza de amar (2002) y el increíble Celebrating Cole Porter (2005), aparece Páginas preciosas, un disco ecléctico y distinto, co-producido con el guitarrista Ximo Tébar, ese especialista en bailar en la cuerda floja que cuelga entre la fusión y el jazz.
Lo primero que tengo que decir es que Páginas preciosas no es un disco de jazz. Es, según mi impresión a la primera escucha, un disco de cantautora. Porque Ester Andújar no se ha limitado a componer sino que ha escrito las letras de casi todos los temas y (lo que es más inesperado) se ha atrevido a cantar en castellano, incluso en valenciano.
¿El resultado? Un disco de canciones. Canciones con momentos sobresalientes y un sonido mediterráneo que recuerda a los Presuntos Implicados más inspirados, temas que suenan a pop, bossa, suave funky y jazz (crossover si alguien echa de menos la etiqueta) arropados por buenos músicos de jazz. Su voz (tan personal) brilla por encima de música y de letra, pero cantar en castellano tiene un riesgo y es que hace que el mensaje llegue antes que la música. Uno se pone a escuchar los versos y obvia ese piano que acompaña e incluso la calidad de la voz, a pesar de lo cual Ester recuerda a ratos que es una cantante de jazz y se deja llevar por el scat en algunos momentos brillantes en los que podemos recordar que en directo es más auténtica y más sobresaliente.
Entre los diez temas del álbum, compuestos por la cantante (alguno junto a Ximo Tébar o al también guitarrista y arreglista Manuel Hamerlinck) hay un tema de Serrat (Romance de Curro el Palmo) y una versión deliciosa y emocionante de ‘Round midnight con letra en castellano, cantada a capella y en la cual el único acompañamiento musical que arropa a la voz de Ester Andújar es el sonido de la lluvia.
Confieso que sólo he oído este CD una vez, y que seguramente no lo archive junto a los discos de jazz, pero Ester Andújar es mi voz preferida del jazz nacional y la de muchos. Le auguro un buen recibimiento de crítica y también de público (¿por qué no?) ahora que productos tan mestizos como los que graban Corinne Bailey-Rae o Norah Jones consiguen atraer tanto a los amantes del jazz como al resto de los compradores de discos.