ROCK Y DUENDE, DOS ESTÉTICAS DE LA FUSIÓN

No es la fusión mi parte preferida del jazz. Si me dan a elegir, prefiero el hot jazz y el hardbop por lo que tienen de música negra. De la misma manera, prefiero Birth of the Cool pero termino siempre escuchando los discos de Miles de finales de los 60 o de su periodo eléctrico. ¿Por qué? Sus fusiones siguen siendo un gran misterio después de cada escucha. Quizás por eso la complejidad de la fusión me engancha y me hace volver una y otra vez a escucharlo.  

Hoy les propongo dos discos. Son dos músicos que acabo de descubrir y que practican dos tipos de fusión bien distintas. Mientras que Beledo fusiona rock e improvisación en largos fraseos que rozan la sicodelia; Yann Aravit improvisa funk sobre ritmos flamencos. Elijan ustedes. O no.

BELEDO, Seriously Deep (Moonjune Records, 2021)

Beledo es un pianista y guitarrista uruguayo afincado en Nueva York que creció en Montevideo participando en grupos de rock y blues (Días de Blues) y de jazz-rock (Maytreya, Siddhartha) influenciado por el jazz fusión de aquel momento, donde gente como Chick Corea o Weather Report estaban revolucionando el panorama del jazz mundial. Después de una gira por Europa con un tributo a The Beatles en el que participaban Tito Puente, Celia Cruz y una larga lista de estrellas del latin jazz, se instaló en Nueva York. Ha grabado con Randy Brecker, Dewa Budjana, Gary Husband...

El tema que abre el álbum y le da título es un arreglo de una composición de Eberhard Weber, 14 minutos de meditación donde, salvando las distancias, la guitarra de Beledo "habla" con una poética muy cercana a la de Metheny, con frases largas y atmosféricas. El resto de los temas estás escritos casi todos por Beledo, con excepción de dos que están firmados por el trío, que completan Tony Levin (The Levin Brothers) al bajo y Kenny Grohowsky a la batería. Estos dos temas ("Knocking Waves", "Into the Spiral") son improvisaciones de ambiente místico y con momentos muy potentes. 


Entre las fusiones, hay un tema cantado ("Mama D"), con la voz de la cantante de Bostwana Kearoma Rantao, donde habla sobre el Apartheid y donde podemos escuchar un intenso solo de guitarra. El otro tema cantado es una canción sin palabras, con un delicado tono agridulce, que protagoniza la voz del italiano Boris Savoldelli

Un disco para cerrar los ojos y hacer un viaje interior con la ayuda de la inspiración y los (a veces) extraños paisajes sonoros que no propone el trío de Beledo. 


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* Web: beledo.com


YANN ARAVIT, In Full Bloom (2021)

El bajista Yann Aravit nació en Francia en una familia de músicos. Se formó en el Instituto de Bajo Francis Darizcuren de París. Sus primeros escarceos con la música latina le llevaron a participar en una orquesta de timba y luego a Cuba, donde estudió con Feliciano y Eugenio Arango e investigó sobre la música folclórica cubana. Después se intaló en Madrid, donde una master class de Carles Benavent despertó su curiosidad por el papel del bajo en el flamenco. Ha tocado con Ray Brown Jr. (hijo de Ray Brown y Ella Fitzgerald) y con Jorge Pardo. 

Su primer disco como líder es un complejo mapa de experimentación donde se mueve del funk al flamenco utilizando todos los recursos absorbidos en las experiencias de las que hemos hablado antes. Grooves potentes, juguetones en algunos momentos, raciales (si se puede usar esta palabra en un profano), aflamencados o descaradamente funk... El repertorio es completamente heterogéneo. Escuchamos, por ejemplo, "Fylgia" y estamos frente a un tema tan americano que podría ser una versión. Aravit despliega ahí todas las técnicas posibles para hacer funk, incluso acercándose al slap de Stanley Jordan. No me gusta hacer comparaciones y el trabajo que presenta Yann Aravit es tan original como inclasificable.

Intentando ponerle etiquetas para expresar en palabras lo escuchado, In Full Bloom tiene momentos de potencia e inspiración casi Pastorius (no sé cómo poner un adjetivo que recuerde a este grande) mezclados con flamenco ("Funky Duende"), temas tocados con la delicadeza de una guitarra, como la balada "Pleiades", pasajes funk extenuantes como "Sweet Dream", grooves intensos ("Love At First Sight") y arranques flamencos como los punteos de "Honey Eyes".

Es un disco complejo y estimulante donde, con el bajo de cuatro, cinco cuerdas o sin trastes, Yann Aravit ha intentado que no queda nada por decir.



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JAZZ QUE VIENE DEL NORTE

Hoy recomendamos algunos discos del sello Errabal Jazz que hemos escuchado recientemente. Diversidad de estilos y estéticas en formaciones nuevas o con músicos consagrados, pero todas con esa honestidad que caracteriza a los músicos auténticos. 

JUAN DE DIEGO 4et, Grebalariak (Errabal Jazz, 2021)

El nuevo disco de Juan de Diego, trompetista y compositor vasco afincado en Barcelona, se titula Grebakariak y es un álbum con pretensiones de jazz comprometido, ya que algunos de sus temas rinden justo homenaje a los huelguistas (de ahí el título) y otros luchadores que pelearon antes que nosotros por los derechos que hoy en día pueden considerarse habituales.


Lo último que habíamos escuchado de Juan de Diego (DeDiego Brothers, Big Acoustic Band) fue Uda labur hori—Aquel corto verano (Errabal, 2016) con el guitarrista Dani Pérez y el baterista Joe Smith. Grebalariak ha sido grabado en formato cuarteto, con el pianista Toni Vaquer, el contrabajista Pere Loewe y el baterista Ramón Prats, y se mueve en una estética muy moderna que ronda el bebop. 

En general, es un disco heterogéneo, con diez temas originales de Juan de Diego que tienen en común una visión evolucionada del bebop donde los ritmos templados permiten al oyente apreciar la complejidad de las melodías. Los cambios de ritmo y de color, la versatilidad de Juan de Diego a la trompeta, la precisión al piano de Toni Vaquer y la originalidad de casi todos los temas hacen que la escucha valga la pena. 


NUCLI TRIO, Nucli Trio (Errabal Jazz, 2021)

Nucli Trio es un trío de guitarra en el que participan  jóvenes músicos formados en Barcelona: el guitarrista Guillem Plana (Funkystep & The Sey sisters, Guillem Roma & Camping Band Orquestra, Gorg Trio, The Gramophone Allstars Big band), el contrabajista Aleix Forts (Monk Electric Band) y el baterista David Viñolas (Marc Miralta, Jo Krause, Jeff Ballard). Con un enfoque desenfadado y sin inhibiciones, hacen una jazz fusionado, muy libre en estética, un jazz donde la melodía es lo más importante y que se aproxima por momentos al blues o a la balada de rock. 

El disco de Nucli Trío es el resultado de la maduración de los temas en giras y conciertos, de ahí la complicidad que se percibe en la música, tan frágil en los tríos de guitarra. Melodías pausadas, no exentas de tensión, donde los músicos tienen que mantener el tipo, son la tonica general del álbum. A los temas originales se suman versiones con las que el trío rinde culto a sus influencias (Sam Rivers, Marco Mezquida, Carla Bley). Otro disco inusual que recomiendo para escuchar con tranquilidad y olvidando las tensiones. 

En el vídeo, uno de sus directos mensuales en la Jazz Cava de Vic, donde suelen invitar siempre a un músico local distinto y donde cambian de repertorio según el invitado. 


ALDAPEKO BASQUE LATIN JAZZ, Iri Barrenetik 
(Errabal Jazz, 2021)

Para el final, he dejado la propuesta más interesante. Si bien no es ningún secreto que el jazz nació de la fusión de distintos ritmos y folkores y que se mezcla con nuevas músicas étnicas de una manera natural, nunca nos habíamos imaginado una fusión del folkore vasco ¡con jazz latino! Algo así y con solvencia es lo que hacen Aldapeko Basque Latin Jazz, una formación de ocho músicos liderado por el pianista y trombonista Imanol Iribarren (Reunion Big Band, Flan de Mono, Gonzalo Tejada), cuyos arreglos han transformado las rígidas melodías tradicionales de su tierra en sones, rumbas y chachachás cercanas al jazz latino, una estética nada usual en el País Vasco.

Acordes de jazz y percusiones caribeñas conviven en estos temas con el txistu y la dulzaina. La idea nació en el Conservatorio de Codarts, University Of Arts en Rotterdam, donde Imanol Iribarren redactó una tesis para su examen de final de Máster en torno a la relación entre las melodías vascas ancestrales y los ritmos latinos, a partir del cual creó el proyecto Aldapeko Basque Latin Jazz en 2017 con los músicos Peio Irigoien (txistu, dulzaina y trompeta), Asier Ardaiz (trompeta), Alvaro Jarauta e Iñigo Corao (trombón), Patricia Mancheño (bajo eléctrico), Eva Catalá (congas y percusión) y Manu Pinzón (batería), además de su propia participación al piano.

El resultado no puede ser más excitante: sin perder la esencia melódica tradicional, los ritmos latinos y la filosofía del jazz aportan una nueva vida, más moderna, a estos temas y los pone al alcance de cualquier escenario.



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Más info: www.hotsak.com

JAZZ EN EL PARÍS DEL SIGLO XXI

THE EDDY (Netflix, 2020)

La escena comienza con ritmo y sin música. El protagonista, Elliot Udo (André Holland) mueve la cabeza al ritmo de la música mientras rellena un cubo con hielo. La música es casi inaudible hasta que el protagonista vuelve a la sala. Estamos en un club de jazz de París llamado The Eddy. Este es el comienzo de la serie que Netflix estrenó el año pasado creada por  Jack Thorne y dirigida entre otros por Damien Chazelle (La La Land, Whiplash). Houda enyamina, Laïla Marrakchi y Alan Poul dirigen también, a razón de dos episodios por director. Los temas que suenan han sido compuestos por Glen Ballard y Randy KerberLo primero que hay que alabar de la serie es que todo el jazz que se oye se ha grabado y filmado en directo. Y poco más. No es una gran serie. Hay mucho jazz, sí, abundante, en actuaciones, fondos, música undertext y apariciones fugaces de músicos, y esto atrae, pero no es suficiente para hacer de esta serie una imprescindible para los amantes del jazz como fue Tremé, a la que, por cierto, intenta copiar en muchos momentos, tanto en ritmo como en ambientes, sin llegar a la sinceridad y a la humanidad de la serie de David Simon.

Como parte de esa inspiración, el guión busca cierta crudeza, explorando el París más feo, el de los barrios degradados, la noche sucia, los pisos más pobres. Es difícil empatizar con el carácter de los personajes, turbios en su mayoría, salvo los músicos, a los que vemos brillar en el escenario y bajar a la tierra en la calle, en el camerino, en sus relaciones... El resto es poco atractivo. Si a esto le sumamos intentos de emular a Godard con un ritmo voluntaria y obsesivamente lento (salvo en las escenas con música), y el empeño del director de fotografía por demostrar que no tiene pulso ni trípodes, el visionado se hace en algunos momentos muy difícil. 


Pero nos quedamos con el jazz. Músicos en su mayoría desconocidos interpretan el jazz actual que se mueve en Francia, algunas veces mirando a los clásicos y otras con esa fusión de culturas en la que se ha convertido París en los últimos cincuenta años. Recomiendo un momento en el primer capítulo en el que el pianista del club (Randy Kerber) desayuna frente a su piano ensayando unos acordes mientras la percusionista (interpretada por la croata Lada Obradović) toca la batería para una persona encamada y, en la calle, el contrabajista (el cubano Damián Nueva Cortés) camina tarareando el ritmo del bajo. Todo junto es un ejercicio musical muy original que culmina cuando Elliot hace un breve scat mientras intenta arrancar la moto. Momentos como este o como la discusión entre Elliot y Maja, que coincide con los solos más rabiosos de la banda, valen la pena. 

Como hemos dicho antes, son músicos reales interpretando a músicos. Estos son la banda residente en The Eddy, junto al trompetista francés Ludovic Louis, al saxofonista canadiense-haitiano Jowee Omicil y a la cantante polaca Joanna Kulig. También aparecen en la serie otros combos muy interesantes en escena, algunos de los cuales muestran la fusión de culturas que alimenta el multicultural jazz francés. 

En la parte interesante, la serie refleja la realidad de un club de jazz y de los músicos, y puede atraer a todos los que siempre hemos querido tener un club de jazz (con todos sus problemas) y a los que nos excita que las películas suenen a jazz, pero ni la historia ni la manera en que está contada aportan mucho y se queda en un ejercicio estoico de visionado de 8 horas que nos deja, eso sí, buenos momentos de jazz y la curiosidad de saber cómo suena París. La banda sonora es recomendable.


LA INFLUENCIA DEL JAZZ CLÁSICO

En esta época en que no hay una estética de jazz dominante, el aficionado encuentra, en consecuencia, una oferta tan variada como apabullante. ¿Qué escuchar? La calidad, sin duda. Calidad, creatividad y virtuosismo garantizan siempre el placer. Sin embargo, todos volvemos de vez en cuando la mirada al pasado, a aquellos clásicos del jazz que rompieron moldes. ¿Por qué? Probablemente porque la síncopa, el blues y el swing inherente a aquellas improvisaciones son lo que nos hicieron enamorarnos del jazz. Hoy escuchamos varios discos de músicos actuales que reviven esos sonidos con temas nuevos o versiones de standards

GRAHAM DECHTER, Major Influence (Capri Records, 2021)

El primer álbum que ponemos es Major Influence y, como su nombre indica, está fuertemente influenciado por los Grandes. El guitarrista de Los Angeles Graham Dechter ha compuesto 7 de los 8 temas del disco abducido por la influencia palpable de guitarristas clásicos (Charlie Christian, Kenny Burrell, West Montgomery), pianistas (Monk) o saxofonistas (Bird). Este es su tercer álbum como líder.  

Dechter es un joven virtuoso de las seis cuerdas que se mueve con facilidad entre estilos, desde el bop ("Billy's Dilemma") a la bossa ("Coracao Brasileiro"), que sabe mantener el ritmo y el interés del oyente durante todo el álbum con recursos inagotables y frases que parecen hacer cantar a la guitarra y es capaz de hacer riffs vertiginosos, como ese juego final de llamada-respuesta en "Orange Coals", es una montaña rusa. 


En este, su tercer álbum, el primero en diez años, le acompañan Tamir Hendelman al piano, John Clayton al bajo y Jeff Hamilton en la batería. Desde su anterior disco hasta ahora, ha estado involucrado en proyectos como The Clayton-Hamilton Jazz Orchestra o The All Saints Church Jazz Vespers, aparte de sus colaboraciones con Michael Bubblé, John Pizzarelli... Major Influence contiene un repertorio que presenta a un guitarrista inefable, con una voz personal y que apunta a una larga carrera. No se lo pierdan.
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ALEXANDER BEETS, Big Sounds (Maxanter Records, 2021)

Otro "monstruo" que estamos escuchando con pasión es el saxofonista holandés Alexander Beets, que hace honor a su apodo (The Hurricane) en su nuevo disco, titulado Big Sounds y donde interpreta a un ritmo devastador grandes temas clásicos. Swing demoledor, armonías en los vientos y ritmo, ritmo, ritmo, todo ello con un estilo en el tenor que recuerda a los grandes colosos de la época dorada del jazz. Este álbum llega después de otros trabajos de Beets donde homenajeaba a sus héroes (Tribute to Stanley Turrentine y Sandborn Sound) y viene acompañado por Ellister van der Molen a la trompeta, Miguel Rodríguez y Sebastiaan van Bavel al piano, Marius Beets al bajo y Tim Hennekes a la batería. 

Desde que abre el álbum con un apropiado "Blues For The Legends" Beets muestra su predilección por los sonidos mainstream que van del cool al hardbop, con constantes guiños a los grandes del tenor, todo ello a todo tren, en composiciones nuevas y en clásicos como "The Look Of Love" o "The Man I Love", para terminar con un vitalista "What Happened To The Days?" que podría interpretarse como una pregunta filosófica sobre hacia dónde camina el jazz.

Hasta que llegue un vídeo de su nuevo álbum, les dejo este testimonio de su virtuosismo junto a la New York Round Mignight Orchestra.

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MARTIN WIND, My Astorian Queen (Laika Records, 2021)

El bajista alemán Martin Wind celebra sus 25 años en Nueva York con un álbum dedicado a la ciudad que le acogió y en cuya escena jazzística consiguió integrarse de una manera estable. Fue el pianista Bill Mays, al que conoció en el North Sea Jazz Festival de Rotterdam en 1992, quien le animó a mudarse y se convirtió en su mentor. Después de una veintena de grabaciones como líder o co-líder, y de experimentar con nuevos sonidos en sellos como ACT o What If? Music, Wind mira hacia el jazz clásico para homenajear a Nueva York.

Con su cuarteto: Bill MaysScott Robinson (saxo tenor, saxo bajo, clarinete y trompeta) y el baterista Matt Wilson, Wind presenta My Astorian Queen como un álbum conceptual en el que nos cuenta su historia en la ciudad, comenzando con "Mean What You Said" de Thad Jones para contarnos la primera vez que entró en el mítico Village Vanguard:


Pero el tema de Thad Jones no es la única versión que podemos escuchar. Aparte de los temas originales (tres de Wind y uno de Bill Mays), escuchamos "Broadway" (Wilbur H. Bird) con el que recuerda su paso por las orquestas de musicales, un tema donde Scott Robinson toca el saxo bajo, con un rudo sonido que desafía, con una voz potente y casi humana, la versión de Stan Getz (In Paris 1958). Getz hizo famoso junto a Joao Gilberto "E Preciso Perdoar", un tema que aquí adquiere una personalidad única con el liderazgo del bajo. Con el enorme "There’s a Boat that’s Leaving Soon For New York" de George Gershwin (Porgy & Bess) como metáfora de su llegada a la Gran Manzana, y el inevitable "New York, New York" (Fred Ebb & John Kander) popularizado por Sinatra, Martin Wind redondea un álbum que es un homenaje al regalo musical e inspirador que es la ciudad de los rascacielos y, de paso, nos devuelve una parte considerable de la magia que esta ciudad infundió al jazz a partir de los años 20.
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¡GUITARRAS, GUITARRAS!

DEWA BUDJANA, Naurora (Moonjune Records, 2021)

El guitarrista y compositor indonesio Dewa Budjana es propietario de una extensa discografía como solista. Aparte de los 25 años en su grupo Gigi, ha grabado una docena de discos de los cuales los últimos 7 han aparecido en el sello Moonjune. Ha tocado con músicos de la talla de Antonio Sanchez, John McLaughlin, Peter Erskine... Su ecléctico estilo se mueve entre el rock progresivo y la improvisación más sicodélica. 

Para ello ha sabido rodearse de buenos músicos y su proyección internacional le permite, por ejemplo, contar en su nuevo álbum Naurora con Joey Alexander al piano, Gary Husband al piano y sintetizador, Mateus Asato a la guitarra, el saxofonista soprano Paul McCandless, los bajistas Jimmy JohnsonBen Williams y Carlitos del Puerto, los bateristas Dave Weckl (Chick Corea Elektric Band) y Simon Philips, y la vocalista Imee Ooi; una formación cambiante que da como resultado un disco caleidoscópico donde las sicodelias instrumentales de Dewa Budjana alcanzan un momento único en su carrera.


Los fraseos de la guitarra de Budjana exploran atmósferas místicas de una manera continua, con repeticiones y riffs que van de lo meramente especulativo a lo grandioso ("Kmalasana"). La expresividad crece arropada por una banda casi siempre numerosa en la que sintetizadores conforman paisajes y atmósferas donde la guitarra se puede mover con libertad y que enlazan con la tradición de la sicodelia de la que nació el jazz rock. Sin embargo, la visión es más electrónica, más del siglo XXI. 

Los teclados (Gary Husband) son, quizás, el mayor respaldo a las guitarras de Dewa Budjana. Hacen que sus solos se eleven a un plano astral donde todo el sonido parece flotar sobre nuestras cabezas sin olvidar que estamos ante un disco de jazz (escuchen, por ejemplo, el solo de Carlitos del Puerto en "Blue Mansion") aunque el sonido sea tan potente y, por momentos, tan electrónico que nos haga pensar en un macroconcierto de rock. Pero no deja de ser una nueva ruta del jazz porque, ¿quién sabe hacia dónde va exactamente el jazz actual?


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* Más info: dewabudjana.com

DE BACH AL BLUES

PAU VIGUER TRÍO, Dreaming (2021)

Muchos músicos de jazz provienen de la música clásica. Probablemente, porque vienen de un momento en que esta era la única manera de iniciarse en la música (actualmente el jazz aún no ha entrado en todos los conservatorios). El pianista valenciano Pau Viguer es uno de estos ejemplos. Estudió piano en el Conservatorio Superior de Valencia y posteriormente jazz con profesores como Ricardo Belda, John Serry, Robert Wilkinson o Vivian León. En el quinto disco de su trío, Dreaming, explora recuerdos que provienen de una niñez que, musicalmente, suena a J.S. Bach y a Muzio Clementi. El resultado, al contrario de lo que cabe esperar con esta descripción, es absolutamente jazzístico, muy en la línea exploratoria que inició Bill Evans (aunque Evans se inspiró en el impresionismo y Viguer en el barroco y el clasicismo), componiendo verdaderos ejercicios de introspección que crean atmósferas oníricas.

Para moverse en esas líneas tan finas que separan un género de otro (aquí escuchamos a Bach pero también blues, swing, algún destello de flamenco mediterráneo...) Pau Viguer ha contado con su trío habitual, formado por Xuxo Barberá al contrabajo y Felipe Cucciardi en la batería. Con el liderazgo del piano por encima todo el tiempo, el trío juega con todas las posibilidades del formato, que permite escuchar las distintas personalidades de los músicos en todo momento. Sin entrar a juzgar en profundidad, desde la primera escucha descubrimos a un trío versátil liderado por un buen improvisador cuya veteranía se percibe en la cantidad de recursos que es capaz de mostrar, especialmente en los cambios de ritmo y con composiciones fáciles de escuchar pero arriesgadas en estructura, desafiando géneros, a pesar de lo cual el disco muestra un estilo reconocible, un sonido personal y homogéneo. 


Dreaming contiene momentos de lirismo de alto nivel, no solo en baladas ("Homofonía") que relatan la paz y la tranquilidad sino en general, buscando la poesía en cada estribillo, aunque a veces el ritmo no sea muy jazzístico y se mueva en otros terrenos, como cuando lleva a Bach a un momento casi pop en "Trampantojo de Bach" o se acerque al rock en los momentos intentos de "12x8 para Pep" o "Geppetto escapa de la ballena", por ejemplo. Este último tema tiene dos versiones en el disco, una más íntima a piano solo y otra a trío, con más fuerza e igual lirismo.

Porque la poesía que busca Viguer en el piano está presente incluso en los momentos de más fuerza, que no reflejan sino intensidad emocional. ¿No es eso lo que busca uno cuando sueña con sus recuerdos?




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* Info: pauviguermusic.com

* Foto de Pau Viguer tomada de su web. Autor: www.portafoliodejuanjo.com

FREE EVOLUCIONADO

CUARTETO FUERTE, Últimeit (Sentencia Records, 2021)

Cuando escuchamos por primera vez a Cuarteto Fuerte (en 2019 con su álbum homónimo) tuvimos la sensación de que estábamos ante el eslabón perdido entre el jazz clásico y el free. Ese eslabón, que muchos fijarían en Ornette Coleman, contenía elementos procedentes de la tradición y una filosofía destructora de cánones. Cuando el bajista Juan Miguel Martín formó este combo en 2017 buscaba, sin duda, una investigación creativa en torno a ese momento del jazz. En este nuevo álbum, van más allá con un sonido más complejo y, a la vez, más accesible.

El cuarteto ha cambiado desde el primer disco, donde escuchábamos una formación insólita (cuarteto con guitarra y clarinete bajo), en este segundo álbum, además del bajista y compositor de los temas (Juan Miguel Martín) el cuarteto está formado por dos saxos (Javier Ortí al tenor y Bernardo Parrilla al alto) y Fernando Caro a la batería, todos andaluces y músicos de contrastada experiencia (Andalucía Big Band, Real Orquesta Sinfónica de Sevilla...). El resultado es un sonido más contundente, reafirmando esa teoría del eslabón perdido. Momentos donde sobre una base rítmica aparentemente clásica suenan los dos saxos en "perfecta" disonancia confirman esta sensación, reforzada por todas las influencias de antes y después de la eclosión del free que se pueden percibir en el disco.



Grabado en directo en estudio, capta esta esencia a veces con un sonido brillante y otras con crudeza, mirando adelante y atrás, en esquemas que en momentos recuerdan a Ornette y en otros, más rompedores, a John Zorn. Para conseguir este sonido cercano al de un concierto sin amplificar, los temas se grabaron con micrófonos de ambiente en la sede de Assejazz (Asociación Sevillana de Jazz). Fue mezclado por Manuel González (Artisónica) y masterizado por Trevor Coleman.

Desde "Excrecencia de la evidencia" hasta "Il Giardino delle Delizie" (Ennio Morricone) que cierra el disco, cabe mucha creatividad y ninguna desentona. Ellos mismos definen los temas como free jazz, latin jazz disonante o psicodelia soul. Lo cierto es que uno encuentra en la escucha un sonido coherente a lo largo de los temas, sea cual sea la inspiración, lo que convierte a Cuarteto Fuerte en un combo de free evolucionado que apetece escuchar y al que deseamos continuidad. 

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* Más info: facebook.com/CuartetoFuerte

* Para escucharles: sentenciarecords.bandcamp.com/album/ltimeit

EL PUNTO DE VISTA DEL CONTRABAJO

MARTÍN LEITON, Desde a Bajo (Underpool, 2021)

Quizás por su versatilidad o por su lenguaje en los solos, el contrabajista Martín Leiton está muy solicitado últimamente. Su tercer disco como líder, Desde a Bajo, concita tradición e innovación en un "pequeño" repertorio de 7 temas de composición propia más un estándar, But Beautiful (J. Van Heusen/J. Burke). Un disco lleno de dinamismo donde las ideas fluyen de principio a fin y donde el ritmo manda, por supuesto.


El disco arranca con un groove imparable del contrabajo, dirigiendo, mientras el piano marca acordes acompañando, anunciando la melodía que rompe en el saxo. La batería acelera sin estruendo, muy de fondo. El jazz fluye como le gustaría a todo aficionado que fluyeran todos los discos de jazz. De ahora o de hace sesenta años. ¿Qué más da si los pies se mueven? El solo de piano es rebelde, lleno de síncopas y frases a medias, progresiones de acordes, el saxo entra de nuevo y el que escucha no sabe ya en qué siglo está. Por supuesto, el tema termina con un juego de llamada y respuesta en el que la batería discute con todos (y con muy buenos argumentos).


Los musicazos que forman este cuarteto son, además del contrabajista Leiton, el pianista Toni Saigi, el saxofonista Santi de la Rubia, uno de los exponentes más sobresalientes del tenor en el panorama español actual, y el también omnipresente Jorge Rossy


Como señalé más arriba, el repertorio contiene siete temas originales de Martín Leiton. Además de la introducción perfecta que es "Rains every Day", podemos escuchar "Gran Karma", que comienza con un solo de contrabajo y está lleno de cambios, escalas y juegos en los que participa todo el cuarteto; "Maletas", un tema muy clásico con buenos solos; "Ollie's" es también un tema lleno de swing y blues, muy rítmico y donde la sección de ritmo no está solo al servicio de un Santi de la Rubia brillante sino que volvemos a escuchar solos y más solos, todos sin un segundo de desperdicio... Para terminar, Leiton ha elegido una balada, quizás porque necesitábamos que redujera la sobredosis de ritmo y porque aquí, en un tempo más sosegado, la tímbrica y la expresividad de los solistas queda más patente. Hay que escucharlo.

Para quienes no hayan tenido el placer, Martín Leiton es un músico canario que comenzó de manera autodidacta y ha llegado a convertirse en profesor del Taller de Músics. Ha desarrollado toda su carrera dentro del jazz y el folclore latinoamericano. Antes de Desde a Bajo, ha publicado dos discos como líder: Medium (96k music, 2011) y Poetry of Sound (Underpool, 2015) y uno como director y arreglista (Martín Leiton Big Band, Inevitable, Fresh Sounds, 2018), pero en este cuarteto parece encontrar una libertad y una expresividad inusuales y, por qué no decirlo, necesitábamos este disco para disfrutar de su magia en casa. 



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CANCIONES DESNUDAS

ANNA RODRIGUEZ & ELISEO LLOREDA, 
And... We Still Are (2021)

Canciones desnudas en el sentido en que este dúo, formado por la cantante Anna Rodríguez y por el guitarrista Eliseo Lloreda, defiende sus temas sin ayuda ajena, "desnudando" sus instrumentos con la sinceridad de su sonido natural. Habituales de los escenarios canarios, Anna y Eliseo han compuesto todos los temas de este álbum buscando un sonido íntimo y, a la vez, intenso en el que se perciben complicidad y experiencia.

Las canciones de And... We Still Are van desde la balada de jazz ("Crazy Mad") pasando por aires de bossa nova ("Meu Coraçao"), el soul ("Irresistible"), el blues ("Seven Years") o el inevitable juego del scat que Anna ejecuta con delicadeza y sin estridencias, jugando al ritmo de la guitarra ("Tanoji"), y que cobra protagonismo absoluto  en un tema llamado "Seselhombre", compuesto por Lloreda, en el que no hay letra y la voz, tarareada, se convierte en instrumental (en todo el sentido de la palabra) para desarrollar una balada llena de ritmos contenidos y sutilezas a media voz. Una delicia. 



Es el tercer álbum en el que colaboran y se nota el interplay forjado en directo. La voz de Anna suena más traviesa que en los discos anteriores, de lo que resultan muchos momentos de fraseos brillantes y divertidos para aquellos que aprecien la voz como instrumento de jazz. Con arreglos en casi todos los temas de Eliseo Lloreda, el disco mantiene una línea clara a través de todos los estilos que toca, y aprovecha las tímbricas de dos lenguajes tan distintos como la voz y la guitarra para llevar la expresividad al máximo nivel. Una escucha detenida (o repetida) del disco descubre técnicas y recursos sumados de manera incansable pero sin recurrir a los fuegos artificiales, algo de agradecer, de lo que resulta un álbum íntimo, delicado, que aporta en sus 8 temas mucho más de lo que uno espera. 

No quiero cerrar el artículo sin dedicar un momento a un tema en especial. El tema es "Sandra Number 5", una melodía en la que Eliseo Lloreda usa el hog para conseguir el sonido del chelo en la guitarra y Anna canta a dúo con él consiguiendo unos pasajes al unísono ciertamente deliciosos.

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Más info: www.whatwearejazz.com

NOVEDADES DE PIANISTAS

Ignasi Terraza, Falkner Evans, Masabumi Kikuchi...

Esta semana hemos escuchado a varios pianistas que merecían una reseña. El primero de ellos es Ignasi Terraza, que es quizás de todo el panorama español el pianista en cuyos dedos suena más nítida la tradición. Ya tengan la suerte de escucharle como sideman (en directo es brutal) o con su trío, su sonido es clásico y moderno al mismo tiempo. Su nuevo proyecto se llama Intimate Conversations (Swit Records, 2021) porque es un disco de dúos donde "conversa" con músicos de su talla con soltura y derrochando recursos, algo que en dúo es más fácil y también más arriesgado. Los músicos/amigos elegidos para la ocasión son figuras imprescindibles de la escena barcelonesa (Scott Hamilton y Andrea Motis) y madrileña (Antonio Serrano). 

No son dúos inéditos porque es un formato que se repite mucho y que responde a esa necesidad de interplay que Ellington llamaba conversational jazz y que, normalmente, involucra a mucho más que dos músicos. Aquí, con la calidad de los amigos de Terraza, las conversaciones fluyen de una manera natural. Con Antonio Serrano forma un dúo piano/armónica (algo poco habitual que, sin embargo, ya utilizó Serrano con Federico Lechner en La extraña pareja en 2012). Es entre estos dos músicos donde la tradición de Nueva Orleans brilla con más fuerza. Ritmos caribeños, notas de blues, herencia de folklores españoles perdidos en la América de antes del ragtime... Ambos hacen todo un despliegue de recursos en este "Confirmation" que se vuelve nostalgia en "An Emotional Dance" y "Bye Bye Blackbird".

Con Andrea Motis explora otros terrenos, desde los momentos instrumentales trompeta/piano, algo poco escuchado, hasta las canciones. No sé si es suerte pero a Andrea Motis no le ha cambiado la voz desde su primera experiencia en la Sant Andreu Jazz Band, y juega con ello. Como instrumentista se nota la evolución disco a disco. Alcanzó su madurez como trompetista muy pronto y aquí demuestra sin más acompañamiento que el piano lo que tantos hemos visto en directo. Terraza se adapta a su lenguaje como un buen conversador: comprendiendo a quien tiene enfrente y llevándolo con sutileza a su terreno. Lo mismo hace con Scott Hamilton, dueño de un clasicismo envidiable e inalterable. Sus dúos en este disco son atemporales, brillantes y conmovedores, sobre todo "People". Como dicen por ahí más arriba, chapeau!

Este es uno de los temas incluidos en el álbum, "Shiny Stockings" (Foster). Fíjense que los músicos, para conversar, no necesitan mirarse: Terraza toca de espaldas a Motis.

Más info: www.switrecords.com


FALKNER EVANS, Invisible Words (CAP, 2021)

La música como poderosa arma de curación es lo que encontramos en Invisible Words (CAP, 2021), el nuevo álbum de Falkner Evans. La historia detrás del disco es sencilla y dura. Su esposa Linda se quitó la vida en mayo de 2020. Superar esta trágica circunstancia pasaba por volver a tocar y no podía ser de otra manera que con un disco a piano solo donde toda la emoción recae en el propio Evans, ocho temas que se mueven entre el ritmo y el lirismo más profundo y que nació en un lugar de Massachusetts cercano a la naturaleza, a donde llegó huyendo del apartamento que la pareja había compartido en el Greenwich Village y donde encontró un piano en no muy buen estado que le permitió, a través de la música, comenzar a comprender emocionalmente lo ocurrido. 

Si bien el álbum está construido con tiempos lentos, las armonías de los temas se mueven entre lo profundo y contemplativo ("Brightest Lights", "Breathing Altered Air") y la felicidad de recordar ("Lucia's Happy Heart", "The Hope Card"). 

Invisible Words es el primer disco en solitario de Falkner Evans (su disco más reciente fue Marbles en 2020, con un septeto), que parece sentirse completamente libre para expresarse en este formato, redondeando una obra que habla por sí sola.

Más info: falknerevans.com


MASABUMI KIKUCHI, Hanamichi (Red Hook, 2021)

El tercer disco que hemos escuchado esta semana es una edición póstuma del pianista japonés Masabumi Kikuchi en Red Hook Records, un sello creado por el ex de ECM Sun Chung. El álbum, titulado Hanamichi, fue su última grabación de estudio y contiene seis temas que desvelan a un pianista involucrado en una búsqueda y una exploración constantes, un músico ecléctico que desde final de los años 60 trabajó con grandes del jazz como Gil Evans, Miles Davis, Paul Motian, Sonny Rollins, McCoy Tyner..., que exploró la música clásica contemporánea e incluso la electrónica. 

No tengo constancia de ningún disco de Kikuchi desde su Black Orpheus (ECM, 2012) hasta este Hanamichi. El periodo intermedio deja constancia un músico absorbido por la improvisación libre, un músico que con 74 años, en diciembre de 2013 y durante una sesión que duró dos días, grabó en Klavierhaus (Nueva York) este maravilloso disco en un Steinway, abandonando su filosofía de los últimos años y volviendo a un lirismo estremecedor, resultado de su capacidad para deconstruir melodías y armonías y sublimarlas hasta hacerlas suyas. 

Foto: Tae Cimarosti

Aquí merecería destacar (por encima de las dos versiones que hay en el disco de "My Favourite Things" o su "Ramona", llena también de silencios) su impresionante versión del clásico de George Gershwin "Summertime", donde el ritmo se detiene y hablan tanto los silencios como la melodía rota, lacónica, lenta hasta parecer dramática, desesperada. No creo haber escuchado una versión más estremecedora de este tema.

En japonés, se denomina Hanamichi al camino que cruza el patio de butacas del teatro hasta el escenario donde se desarrolla el kabuki. Creo que esta metáfora y un disco póstumo llamado así son un buen motivo para explorar hacia atrás la carrera de Masabumi Kikuchi, alias Poo.