Dicen que la nostalgia es uno de los sentimientos más fuertes del ser humano, y puede que la nostalgia vivida por el contrabajista Manel Fortiàdurante su exilio musical enNueva York sea uno de los detonantes de su proyecto Libérica, donde experimentaba con una fusión de canciones tradicionales catalanas, estética flamenca y jazz contemporáneo, proyecto que, tras su Arrels (2021) tiene su continuación en un nuevo volumen publicado en 2025: Alé. Iberian Chants, donde juega con una formación cambiante que incluye a más músicos, aparentemente tan alejados como Antonio Lizana (voz y saxo), Alba Careta (voz y trompeta), Aina López (saxo alto), Max Villavecchia (piano), Oriol Roca y Raphäel Pannier (batería) y Manel Fortià al contrabajo y como responsable de los arreglos.
Tanto folklore (no solo flamenco) puede ser una dura escucha para oídos puristas, pero la habilidad melódica de Fortià como contrabajista y sus inteligentes arreglos convierten estas fusiones imposibles en temas muy escuchables y tan llenos de referencias cruzadas (folk, jazz, free...) que resulta enciclopédico, ya que resalta las profundas conexiones musicales que enlazan el norte, el este y el sur de España, música popular generalmente surgida de una manera natural de las actividades cotidianas como la agricultura (cantos de batir), el cuidado de los hijos (canciones de cuna catalanas), las fiestas populares (malagueñas, granaínas)... que aquí se funden con otra música de raíz (transoceánica) como es el jazz, dando como resultado híbridos tan excitantes como una canción tradicional catalana convertida en soleá ("Rossinyol") o en fandango ("Cançó del lladre"). Y lo mejor es que todo se engarza con una naturalidad estremecedora.
Un disco único, donde músicas y músicos aparentemente divergentes convergen en una fusión brillante. Recomendable tanto para aficionados como para musicólogos.
En noviembre de 2011, la Conferencia General de la UNESCO decidió proclamar el 30 de abril como Día Internacional del Jazz, en atención a las características musicales y extramusicales de una filosofía que, en palabras de Wynton Marsalis, produce la música más democrática que existe, donde todos los músicos tienen su voz y, al mismo tiempo, la obligación de escuchar a los demás, como explica en su libro El jazz en el agridulce blues de la vida. Pero el jazz es mucho más. Desde su nacimiento, ha fomentado el mestizaje en un siglo que no conseguía quitarse de encima el racismo. Es una música de raíces africanas que se ha fusionado con folklores de todo el mundo, desde los ritmos tropicales y de herencia española que llegaron a Nueva Orleáns desde el Caribe hasta las armonías judías del klezmer, los ritmos árabes del jazz flamenco o los instrumentos del cercano Oriente que predominan en el jazz mediterráneo.
Es momento de celebrar el jazz, especialmente tras este año y pico en el que las artes escénicas han estado tan castigadas por las restricciones y olvidadas por la Administración, y en la que solo algunos promotores valientes (y sin ayudas) han sacrificado aforo (y con el aforo su propia inversión) para volver a abrir las puertas y devolver al público la panacea del arte en directo.
Madrid, escenario lleno de escenarios, vuelve a abrir las puertas de clubs y auditorios con una completa programación que va del 29 de abrl al 2 de mayo y que incluye propuestas modernas (Raynald Colom & Juan Sebastián Quartet), de fusión (Antonio Lizana) impovisación (Pecesquelaguarechaza) o que regresan a los orígenes (Tara & The Jazz Bombs, Lady & The Tramps). Conciertos, exposiciones, sesiones de DJ`s y talleres de baile, toda una celebración que devuelve a Madrid el título de capital del jazz nacional.
Así que, estén en Madrid o en cualquier parte del globo, salgan a celebrar el Día Internacional del Jazz, con mascarilla, distancia y prudencia, pero salgan y vuelvan a sentir la emoción de la música en directo, por favor.
Where We Come From nace de la misma esencia devoradora del jazz, que absorbe todas las influencias cercanas (o no) y las metaboliza dentro de los mismos esquemas de libertad y sinergia que han hecho evolucionar al jazz en el último siglo. Cuando esto se hace con honestidad, siempre funciona. En su primer disco como líder, el contrabajista y compositor David Ruiz propone un viaje al presente mirando su pasado, el suyo y el de los músicos que lo acompañan. Porque Where We Come From es un disco de búsqueda. Viene de muchos lados y sigue buscando un destino. David Ruiz muestra una versatilidad enorme como compositor y como instrumentista. Su búsqueda conmueve por su sinceridad. Es música elevada a la expresión más personal. ¿De dónde viene David Ruiz?
Sabemos que estudió en Musikene, que en 2009 recibió el primer premio en el Certamen de Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha (nació en Puertollano) acompañando a Enriquito, que fue finalista en los concursos de los festivales de Getxo, San Sebastián, Jazz Sur l`herbe y Jazz a Castelló, que ha compuesto incluso música para películas... Escuchando, uno percibe que David viene del jazz clásico, pero también del flamenco, de los sonidos electrónicos, de la música mediterránea, del rock... Demasiadas etiquetas. Lo cierto es que, pese a su juventud, aúna una mirada abierta como compositor. En temas tan diferentes como, por ejemplo, "Abeta Diphda", que pasa de un jazz suave de armonías modernas (con esos vientos de Mirón Rafaylovic y Roberto Nieva) a momentos de electrónica sicodélica (en el solo de Juan Ortiz a los teclados) y, en los minutos siguientes, a un tema inspirado por García Lorca con una melodía feliz, casi pop, que dibuja en el bajo de seis cuerdas como si fuera una guitarra, alegría casi flamenca amplificada por Ortiz en el piano (alternándose con el Mini Moog y el Rhodes) y la trompeta de Jorge Vistel, para terminar oyendo cante jondo en la intro de "Manuela", el tema que cierra el álbum, un corte que alterna ritmos latinos con aires flamencos, el cante de Antonio Lizana y un solo de guitarra de lo más roquero. La fusión total.
Es solo una parte del disco. Antes, hemos pasado por los aires de Oriente Próximo de "Alsafi", con un Roberto Nieva en el saxo alto muy expresivo y una mezcla muy inspirada de percusión oriental (Shayan Fathi) y armonías mediterráneas (Kike Terrón toca el udu). También por el experimento "Sighing", un tema que detiene el tiempo, como si no fuera a ningún lugar, donde hace un curioso remix con fragmentos de telediarios y que resulta una expresión social, quizás de una juventud que se encuentra un mundo que no entiende y, como el tema, está varada sin rumbo y sin comprender muy bien cómo funciona todo.
Declaraciones existenciales aparte, David Ruiz se muestra en este disco como un instrumentista capaz de abarcarlo casi todo, y como un compositor y arreglista que sabe sacar partido a cada idea. Los temas funcionan en cualquier terreno en el que se adentra.
Su disco de presentación es un disco único, lleno de fusiones muy originales, que expresa muy fielmente de dónde viene este músico, pero que no marca una línea clara de a dónde se dirige. Su heterogeneidad desconcierta. Where We Come From es un punto en el camino. Imaginamos que, en algunas de estas fusiones, David Ruiz encontrará una senda propia, singular. El disco se grabó en dos sesiones en 2015 y 2017 en Estudio Uno de Madrid. Dado el tiempo transcurrido, esperamos con ansia que pronto vea la luz un nuevo álbum que desvele estos misterios y nos permita disfrutar de nuevo de su música.