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ESTAMOS DE VACACIONES

HOT HOT JAZZ!

Es verano y la vida es más fácil, como dice la canción de Gerswhin. Pero llega agosto y el calor aumenta e invade toda España, de modo que vamos a tomarnos unas vacaciones del ordenador y vamos a abandonar el blog durante un mes. No pasaremos del jazz, que seguro que seguirá encontrándonos en el camino, en festivales, en terrazas, en chiringuitos al atardecer... No hay que volverse loco porque no habrá abstinencia, el jazz les buscará y les encontrará... en un día de verano.

Nos vemos de nuevo en septiembre. ¡Que los festivales les acompañen!

Feliz verano.




* Foto: Espectadores del Festival de Jazz de Newport en 1954 (fuente: Newport Historical Society).

LAST NIGHT DUKE SAVED MY LIFE

ACORDES Y DESACUERDOS (XVIII)

Viene a la memoria, ineludiblemente, una canción disco de los 80 que decía algo así como "Last night a DJ saved my life 'cause I was sittin' there bored to death..." cuando uno escucha la anécdota con la que Irving y Sydney se conocen en la película American Hustle (estrenada en España como La gran estafa americana). La excusa es una foto de Duke Ellington y un tema suyo ("Jeep's Blues"). Lo que sigue es el diálogo. Los personajes son Irving (Christian Bale) y Sydney (Amy Adams). El guión es de Russell y Eric Warren Singer. Es más interesante si se lee con la música de Duke, de modo que pulsen el play primero...

 
IRVING: ¿Es Duke Ellington este que llevas en la pulsera?
SYDNEY: Sí lo es. Ha muerto este año, ¿lo sabías?
IRVING: Lo sé. Dudo que alguien más aquí lo sepa o le importe.
SYDNEY: A mí sí me importa: me salvó la vida muchas veces.
IRVING: A mí, también. ¿Qué tema?
SYDNEY: "Jepp's Blues".
IRVING: "Jepp's Blues"...
SYDNEY: Ajá. "Jepp's Blues".
IRVING: ¿Quieres... quieres oírla?
SYDNEY: ¿Ahora?
IRVING: Sí.
SYDNEY: Claro.
(SYDNEY escucha el tema en casa de IRVING con la carpeta del LP en las manos. IRVING hace gestos grandilocuentes siguiendo el comienzo del tema)
IRVING (grita): ¿Quién empieza así una pieza? 
SYDNEY: Es mágica.
IRVING: Es mágica.



El tema en cuestión pertenece al álbum Live at Newport (Columbia, 1956), grabado en directo en el famoso festival en una época en la que las grandes big bands habían desaparecido del mapa americano y que, según los críticos, supuso no sólo el resurgimiento de la popularidad de Ellington (dos años más tarde Preminger le encargaría la banda sonora de su Anatomía de un asesinato) sino su mejor concierto. El tema corresponde al final del evento, cuando Johnny Hodges subió al escenario para tocar dos temas: "I Got It Bad (And That Ain't Good)" y "Jeep's Blues". El tema es impresionante y el solo... bueno, Hodges seguía en forma.


Una historia breve pero muy elocuente de cómo fue el doble concierto de Duke en Newport (actuó antes y después que el resto de los grupos de aquel 7 de julio de 1956) puede leerse en este enlace de Wikipedia.

Y, aunque la de esta "estafa" nos parezca una historia contada de un modo lento y repetitivo, aunque el clímax se nos antoje un poco flojo y su resolución algo ñoña y demasiado feliz, pensamos lo de siempre: afortunados aquellos a los que la música salvó la vida alguna vez. Y más si fue Duke.

La escena original es ésta:


JAZZ ON A SUMMER'S DAY

Revisitando el final de los inocentes ‘50

He leído en algún sitio que se vuelve a reeditar el documental de Bert Stern Jazz On A Summer’s Day, un documento gráfico y sonoro irrepetible, una oportunidad de retroceder en el tiempo para ver sobre un mismo escenario a un lote de músicos casi imposibles de reunir (Sonny Stitt, Thelonius Monk, Max Roach...) o ver y oír a vocalistas como Anita O’Day haciendo su inconfundible e inimitable scat. Son ochenta y tantos minutos de música en ese momento a finales de los '50 en que el jazz buscaba nuevos caminos mientras que sobrevivían músicos en la línea más clásica. Aún no había llegado el jazz modal ni estallado el free, y América miraba a la música negra mientras algunos sectores intentaban perpetuar la inocencia racial y cultural de esta década. Para no saltarme ninguno, he aquí una lista de los músicos que aparecen:


En esta época del año en que los festivales proliferan por toda la península como si no hubiera otra para escuchar jazz (no la hay, claro, si lo que se pretende es sacar el jazz a la calle), esta imagen retrospectiva de lo que en 1958 era un festival veraniego de jazz, con sus aficionados y sus neófitos, sus estrellas y sus profanos, es tan refrescante como un poco de brisa marina en un día de calor.

Cierto que en el Newport de Jazz On A Summer’s Day aquel 4 de julio de 1958 xno parecía hacer mucho calor (el público lleva chaquetas, no todas de verano) o no debía hacer calor (en el pase de día, las sillas del público están colocadas al sol). Esto me remite al aspecto que más me fascina de este documental/musical: el público. Los espectadores del festival (jóvenes blancos bien vestidos, intelectuales con gafas, elegantes negros, parejas mayores, domingueros con ropa de playa) son los extras más perfectos que he visto jamás en la pantalla. No sólo se mueven o actúan como si lo que hacen estuviera en un guión sino que son los personajes más originales e inesperados que te puedes encontrar. Cada vez que la cámara encuadra a algún sector del público o a algún espectador en concreto constituye una sorpresa. Tipos y arquetipos del final de aquellos inocentes ’50, que la cámara de Bert Stern captura con afán de un biólogo dado a las rarezas de la Madre Natura.

Creo que la versión que se reedita ahora en DVD contiene además un CD con la banda sonora y un documental sobre el documental en sí. Igual lo pillo si la desaceleración económica lo permite. El sueldo de bloguero no da para tanto.

Por increíble que parezca, el documental está completo en este enlace de Youtube. Lo cuelgo aquí antes de que desparezca. Que el verano sea largo, si lo podéis llenar de jazz.