Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Brox. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Brox. Mostrar todas las entradas

VIRTUOSISMO Y COLOR

FERNANDO BROX, From Within (Fresh Sound, 2024)

Fernando Brox
pertenece a esa rara especie de flautistas de jazz capaces de armar un discurso sólido y fluido, adictivo. En su cuarto disco como líder, presenta 8 composiciones propias grabadas en el Jazz Campus Reggie 1 Studio de Basilea (Suiza) en noviembre 2023. Con mucha improvisación, interacción continua con la sección rítmica y diálogos con el piano y la guitarra, un álbum tan heterogéneo como sorprendente.


El disco se inicia con "Kuku", un tema intenso, lleno de energía, donde Brox deja claro su estilo heterogéneo cargado de influencias, desde el swing a giros flamencos, perspectiva moderna y largos fraseos de quien tiene mucho que decir. Toda una declaración de intenciones. 

Pero en el disco también encontramos temas meditativos donde se expone a otro tipo de melodías, como "Si no fueras solo un sueño" o "Kalahari", donde la flauta se presta a interesantes juegos con la guitarra. Los aires latinos ("Blue Clouds"), las palmas flamencas ("Satanic Affair") o la rumba que cierra el disco ("Rumba Pa Ti") contribuyen a conformar un caleidoscopio donde parece que Brox quiere darlo todo, no dejar ningún recurso sin usar. Visto en conjunto, el álbum está lleno de improvisaciones, sorpresas, armonías complejas y mucho, mucho color. 




De resto del repertorio nos quedamos con "The Bagpiper", uno de esos temas totales, donde todo el quinteto brilla en solos o en conjunto. Sobresale el protagonismo inicial de la guitarra (Wilfred Wilde), con un discurso sincopado y expresivo, al que sigue un intenso solo de piano (Iannis Obiols) cargado de energía. Mientras la sección rítmica (Nadav Erlich al contrabajo y Iago Fernández en la batería) avanza a todo tren, sin dar descanso, Brox asume su solo, muy colorido, que lleva el tema a un pasaje especulativo y tenso para terminar en una coda perfecta. 




A Fernando Brox (Málaga, 1988) le habíamos escuchado acompañando a músicos muy interesantes (Ernesto Aurignac Enrique Oliver, Julián Sánchez, Juan Galiardo, Javier Galiana. oracio Fumero, Perico Sambeat, Jorge Rossy...). Formado en el Conservatorio de Málaga y en el ESEM Taller de Musics, ha grabado tres discos como líder y ha obtenido premios como el de Mejor Solista (con Daniel Torres Quintet en el Concurso del Portón del Jazz 2017) y Mejor Solista en el concurso internacional Johnny Raducanu (Braila, Rumanía). From Whitin es un paso adelante que afianza su carrera como músico, improvisador y compositor. 




VERDAD

ALICIA TAMARIZ, Aletheia (Dispar, 2021)

No solemos hablar de cantautoras en este blog dedicado, en esencia, al jazz, pero el primer trabajo discográfico de Alicia Tamariz nos ha enamorado. La fluidez de las composiciones, sus arreglos (mano a mano con Carlos Cortéis Bustamante) y los músicos que participan merecen una escucha. Marco Mezquida, en las notas del disco, lo califica como "una bocanada de aire fresco" y de "disco luminoso". Podríamos comentar que hay en estos temas aires de bossa y de otras músicas del mundo, que Alicia es una pianista con un lenguaje estimulante, que hay poesía, que la mezcla de estéticas y de inspiración es apabullante, pero lo que realmente habría que destacar es que, como primer trabajo de una compositora, pianista y cantante, es tan sincero y natural que pone los pelos de punta. 

Según Wikipedia, Alétheia (en griego αλήθεια alētheia 'verdad') es el concepto filosófico que se refiere a la sinceridad de los hechos y la realidad. Literalmente la palabra significa 'aquello que no está oculto, aquello que es evidente', lo que 'es verdadero'.
La verdad de Alicia Tamariz está en la manera en que fusiona texto y música, en cómo melodías y armonías expresan sin palabras lo que la voz canta (o no). Así, por ejemplo, en la poesía "Sambaluna (A mi hija)" el tema pasa de la ternura a una pasión creciente en intensidad, con síncopas como juegos infantiles, con una declaración de amor en forma de solo de piano y la felicidad bailando en el sonido de la flauta, que  al final rompe en unísonos con la voz en el estribillo final.

Alicia Tamariz es una pianista formada desde pequeña que se enamoró del jazz a los dieciocho, cuando descubrió a músicos improvisando en directo. Según su biografía, ha sido alumna de músicos tan interesantes como Aaron Goldberg, Miguel Zenón, Jorge Rossy, Michael Kannan… Todo esto se traduce en canciones que alimenta del jazz, la improvisación y las influencias étnicas que podemos escuchar en Aletheia con un sonido brillante, inspirado y nada complaciente. Lo consigue con la colaboración de músicos como Carlos Cortés Bustamante (guitarra española, percusión, arreglos), Fernando Brox (flauta, trombón), Maripepa Contreras (oboe, corno inglés), el contrabajista Dimitri Skidanov y Andrés Litwin a la batería. En "La despedida" hay arreglos de Javier Galiana para un cuarteto de cuerda formado por los violines de Sandra Raña Cuevas y Elisa Gutiérrez Moreno, Marta González Pisonero a la viola y María de Goñi Loma al violonchelo.

Por destacar algún tema, es especialmente emotivo el poema "Somos", declamado de manera vehemente sobre una base llena de tensión (y, al mismo tiempo, bella) de jazz moderno.

En resumen, Alicia Tamariz ha construido un disco bello, complejo, que se puede disfrutar en cualquiera de sus múltiples capas, ya sea desde el punto de vista del jazz, del piano, de la poesía o de la fusión. 



____________________________

FOUR CORNERS QUARTET

Del American songbook a la estética personal

Four Corners son cuatro puntos cardinales, cuatro esquinas de España (Málaga,  Almendralejo, Tarragona y Cádiz) representados por cuatro músicos que coinciden en un escenario y en un proyecto jazzístico conjunto y que, haciendo honor a su nombre, muestran cuatro maneras de tocar, cuatro enfoques diferentes y, sin embargo, compatibles, demostrando que el jazz es algo orgánico donde la simbiosis no es sólo posible sino obligada. Dentro de ese mismo concepto orgánico del jazz, el repertorio de Four Corners procede de páginas muy distintas del cancionero americano, standards más que conocidos a los que el grupo aporta esa estética simbiótica y personal de la que hablamos. 


Los hemos visto en concierto en el Gran Teatro de Huelva, dentro de ese enorme esfuerzo por difundir el jazz que es el Circuito Andaluz de Asociaciones de Jazz, un concierto que comenzó de una manera trepidante, con el cuarteto a todo gas interpretando "Smog Eyes" de Ted Brown: en la sección rítmica, el sólido José López al contrabajo y su compañero en otros proyectos, Javier del Barco a la batería. A Javier del Barco lo habíamos visto acompañando a Daniel Cano, pero dentro del esquema polirrítmico de Four Corners demuestra de una manera más fehaciente que es una especie de hombre-máquina incansable. En el mismo inicio dinámico del concierto, los dos líderes o solistas (donde hay un líder, suele haber un co-líder) presentan el tema tocando al unísono, lo que resulta tanto o más espectacular porque son un tándem inusual: guitarra (Joan Fort) y flauta (Fernando Brox) y porque ver tocar a Fort es todo un espectáculo. Nunca he visto a ningún guitarrista mover los dedos de la mano izquierda a esa velocidad y con esa facilidad. El primer tema son 9 minutos de virtuosismo y un final de esos mágicos, con el juego de llamada respuesta y una coda que se hace esperar.

Aunque Joan Fort desarrolla unos solos enormes a la guitarra, el peso de los temas lo lleva sin duda la flauta. Los temas y los solos de Brox son muy desarrollados, intensos y deben ser agotadores para el músico. A este flautista, procedente del Taller de Músic y de Clasijazz, lo habíamos visto en este mismo escenario acompañando a Pablo Báez, contrabajista de evidentes influencias flamencas, comparación que sirve para demostrar la versatilidad de Brox. 

El cuarteto, por suerte, funciona. La abundancia de solos permite disfrutar de todos los músicos y, a medida que avanza el concierto, el espectador va asimilando la estética: instinto clásico (Monk, Chet, Golson, Evans), enfoque moderno, agresivo en los tempi pero bien cuidado, homenajes constantes a los grandes (especialmente bop), con mucho guiño en los solos, complicidad y, sobre todo, honradez al presentar los temas, sin efectismos absurdos ni puestas en escena.

El mejor momento, sin duda, "Polka Dots and Moonbeams", esa balada enorme de Jimmy Van Heusen que Chet Baker explotó al máximo y que el trío de Bill Evans convirtió en eterna. "Polka Dots and Moonbeams" comienza con una larga e inspirada introducción de flauta a cappella. Cuando la balada explota, lo hace con una delicadeza conmovedora. Después, repaso a standards de Benny Golson ("Fair Weather"), de nuevo Thelonius Monk, Wes Montgomery ("S.O.S.", donde Fort demuestra que tiene una digitación casi tan rápida e imaginativa como la de Wes)...

Durante la hora y algo del concierto hay mucho más de esto. Luego, el concierto termina con la misma naturalidad con que el cuarteto ha desglosado todas sus capacidades. El público pide un bis y lo hay. ¿Quedan aún conciertos sin bises preparados? Lo cierto es que yo hubiera pagado por media hora más de concierto.

_______
* Pido disculpas por la calidad de las fotos de mi móvil. Otra vez será.



Concierto organizado por:


http://andajazz.es/services/muzzic/# 



http://andajazz.es/ 




ACÚSTICO, LIBRE, INSPIRADO

Pablo Báez Quartet en concierto

Pablo Báez es un músico onubense con una trayectoria singular. Formado en centros tan dispares como la ESMUC de Barcelona y el Conservatorio de Sevilla, su carrera le ha llevado a tocar por toda Europa y a compartir escenario con los grandes del flamenco y del jazz español. El 23 de marzo, sustituyendo a Mike Fletcher, que se había caído del cartel, presentó algunos temas de su próximo disco con músicos nuevos, sin tiempo para ensayar, asumiendo riesgos como, por ejemplo, hacer todo el concierto en acústico (sin amplificadores ni micros) en un teatro de una ciudad como Huelva, que tiene buenos músicos de jazz pero poca afición jazzística entre su público.


Un observador poco atento podría aplicar en Huelva la frase de Leonard Feather (“España es un desierto para el jazz”) pero no por falta de músicos locales, que los hay y muchos, sino por falta de escenarios. La escasez de iniciativa privada y las ordenanzas locales que, a menudo, criminalizan la música en directo y la gravan con impuestos inexplicables, hacen que el jazz brille por su ausencia en la noche de Huelva.

En este orden de cosas, ese observador despistado podría sorprenderse de encontrar sobre las tablas del Gran Teatro a un músico de la talla del contrabajista Pablo Báez, onubense de nacimiento, a quien su calidad ha llevado por toda Europa acompañando a grandes músicos del flamenco y del jazz (Jorge Pardo, Perico Sambeat, Rubem Dantas, Jerry González…) y que ahora regresa a Huelva con un proyecto original, con composiciones propias que aparecerán próximamente en su primer disco como líder, El testigo.


Aunque Báez juega en casa, sabe que por estas tablas del Gran Teatro han pasado grandes de jazz (Chick Corea, Andrea Motis, Dizzy Gillespie...) y que el desafio es grande. Por eso, presenta un concierto jazzístico al cien por cien (aunque con algún invitado flamenco, como el guitarrista Angelito o el percusionista Vicente Redondo) y, aunque no es la presentación oficial, ofrece temas de su próximo disco, un álbum grabado en acústico, fuera del estudio de grabación, una propuesta que suena a jazz moderno, híbrido, en el que el músico se reconoce el sonido natural del instrumento. Para afianzar esta propuesta y a modo de desafío añadido (el jazz es riesgo) los músicos tocan sin amplificadores ni ningún tipo de enchufe. Acústico 100%.


Con este planteamiento, el concierto comienza con un solo de contrabajo, un fraseo místico que da pie un tema (“Coe”), delicioso, intimista, que define lo que será el concierto: un jazz de sensaciones y sentimentos. Como instrumentista, Báez lleva con su contrabajo el peso de todos los temas. Es un líder y arrastra al grupo, lo sostiene con su ritmo, sus walking bass y sus frases; como compositor, nos presenta un repertorio enorme en el que, en lugar de recurrir a fuegos artificales, opta por la sensibilidad y la inspiración, con armonías acertadas, con alguna balada tocada con el arco (“Oda”, dedicada a su padre), con guiños a Huelva (“My Werba”, en la que había que encontrar la melodía de “Mi Huelva tiene una ría”), con interesantes arreglos sobre temas como “Woody Woodpecker”, con algún blues, con improvisaciones inesperadas como la intervención del guitarrista Angelito al que Pablo acompaña improvisando con el contrabajo.

Pero no todo es inspiración esta noche. El escenario del Gran Teatro, vacío de amplificadores y tecnología, parece desnudo, especialmente por la deficiente iluminación. A esto hay que unir la dificultad añadida de que, por problemas de agenda, los músicos apenas han ensayado con anterioridad. El argentino Juanma Nieto a la batería está muy acertado durante todo el concierto y los músicos que le acompañan (Fernando Brox a la flauta y Juan Calero al saxo), buscados para la ocasión con apenas tiempo para ensayar, demuestran, como Báez, esa profesionalidad que hace válida la máxima del jazz de que la improvisación y la experiencia hacen la magia, de que el jazz es la música del momento y mañana sonará diferente. El resultado es coherente y mantiene hipnotizado al público durante todo el concierto. Y lo mejor es que está ocurriendo en Huelva.


El concierto termina con el tema que da título al primer disco de Pablo Báez, “El testigo”, una composición inspirada en la figura del Niño Miguel. Habrá que esperar al próximo concierto del Circuito Andaluz de Asociaciones de Jazz, que será el 20 de abril con el quinteto del también onubense Daniel Cano.

_____________
* Web oficial: pablobaezblog.wordpress.com/
* Artículo publicado originalmente en Huelva Información (leer) * Fotografías: Manolo Martín (Müzzic) www.facebook.com/muzzic.huelva
https://www.amazon.es/Noche-jazz-Félix-Amador-ebook/dp/B06XHKR4TD
* Envío gratis solo en el territorio español.