Mostrando entradas con la etiqueta Sarah Vaughan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sarah Vaughan. Mostrar todas las entradas

EL BRILLO DE LO MALDITO

Habana Jazz Club de Lola Mariné ( + entrevista )

A menudo traemos al blog novelas inspiradas en el universo del jazz o que guardan alguna relación con músicos o películas sobre el tema. Hoy vamos a hablar de una novela de pasiones y desgracias ambientada en un club de jazz, la historia de una joven cubana que llega a España por amor y acaba cantando en un club de jazz. Se trata de Habana Jazz Club, una historia de supervivencia, una novela que habla de cantar y habla de la vida, de esas vidas desbaratadas y tortuosas que a menudo leemos en las biografías de músicos y cantantes de jazz y que, también a menudo, dan personalidad a su forma de crear, moldeando artistas únicos cuya desgracia adquiere el brillo de lo maldito.

Conversamos con la escritora Lola Mariné. En su biografía se puede leer que nació en Barcelona y que emigró a Madrid con 18 años para ser actriz. Es licenciada en psicología y autora de Nunca fuimos a Katmandú, Gatos por los tejados y Habana Jazz Club, que triunfa en las listas de la tienda Kindle de Amazon y que llamó nuestra atención por las referencias jazzísticas, la recreación de un club de jazz barcelonés con claras referencias a las viejas películas de género y la manera en la que el mito de Billie Holiday da vida al personaje principal de la historia.

Billie, de niña, creía que la vida tenía banda sonora, como las películas, porque no podía recordar un solo día de su infancia, en su Cuba natal, en que la música no hubiera acompañado cada uno de sus gestos cotidianos. 
Con los años, llegar a ser una gran cantante de jazz y de alguna manera, cumplir de este modo el sueño de su madre se convirtieron en su máxima aspiración.
(Lola Mariné, Habana Jazz Club)



ENTREVISTA A LOLA MARINÉ

Jazz, ese ruido: La referencia a Billie Holiday es obvia, no sólo en esta presentación sino en la descripción física y en la manera en que describes la forma de cantar de la Billie de la novela. ¿Fue Billie Holiday la inspiración primera de esta historia?

Lola Mariné: La verdad es que no. Mi idea inicial era escribir una novela que transcurriera en un club de jazz y en torno a una serie de personajes habituales. La imagen de Billie Holiday surgió de manera espontánea, porque siempre me ha gustado, y me sirvió en bandeja el nombre de la protagonista y la historia de su madre, Celia. El espíritu de Lady Day se coló en la novela por su cuenta y la convirtió en un homenaje a su figura, lo cual le da un valor añadido.

J,ER: ¿Qué tiene que ver Billie Holiday el personaje real con el de tu novela? 

LM: Yo no pretendía escribir una biografía de Billie Holiday, por lo que traté de que las similitudes fuesen mínimas para no confundir al lector. Lo único que tienen en común es que ambas son de color, aman el jazz y la Billie de ficción imita y admira a la real, como antes lo hizo su madre. Las vivencias de cada una de ellas son muy distintas, aunque ninguna de las dos tuvo una vida demasiado fácil.

J,ER: Aparte de Billie Holiday, ¿qué tipo de jazz te gusta o te inspira?

LM: No soy una entendida, ni mucho menos. Simplemente disfruto con este tipo de música y me llega más que otros estilos. Me gusta el jazz clásico, el swing, el dixieland. Me encanta Miles Davis, Duke Ellington, por supuesto, Billie Holiday y muchos más.

J,ER: ¿Existe de algún modo el "Dixieland", el club de jazz de la novela?

LM: El "Dixieland" es una mezcla entre el "Zeleste" de la Barcelona de los años setenta, que estaba en el barrio del Born, donde descubrí el jazz , y el "Jamboree", en la plaza Real, al que sigo acudiendo de vez en cuando. De hecho, Billie acaba viviendo en la plaza Real, justo enfrente de este local. Y su vida en Barcelona transcurre entre esas callejuelas del casco antiguo.

J,ER: La protagonista de Habana Jazz Club canta desde pequeña canciones de son cubano (su madre se llama Celia, nombre emblemático donde los haya) y escucha a Sarah Vaugh, Ella Fitzgerald, Billie..., una cultura que no hemos tenido ni tenemos en españa. ¿A qué crees que se debe esa ignorancia del jazz en nuestro país?

LM: Supongo que no es un tipo de música del gusto español. Aquí nos han educado con el porompompero y el pasadoble de la España cañí. Ahora los jóvenes tienen más acceso a toda clase de música, pero creo que el jazz, como la música clásica, es para paladares exquisitos. No es facilón ni se presta a bailoteos ni estridencias discotequeras.

J,ER: Como autor de novelas de ficción, tengo interés personal en preguntarte cómo ha sido la acogida de tus libros, especialmente en estos tiempos de reinado de Kindle.

LM: Mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú, fue publicada por una editorial convencional (Viceversa); tuvo muy buena acogida, pero ya se sabe que los libros en papel tienen una vida bastante limitada, por lo que al año de su publicación decidí subirla a Amazon; se vendieron unos 10.000 ejemplares y fue uno de los ebooks más vendidos en 2012. Eso me animó a publicar un libro de relatos, Gatos por los tejados, y después Habana Jazz Club. En los dos últimos casos apareció primero el ebook y más tarde el libro en papel porque creo que hay un público que todavía prefiere el libro tradicional y a mí misma me gusta ver mis libros impresos. Pero lo importante es que se lea, lo de menos es el formato. Creo que tenemos que asumir la convivencia entre digital e impreso sin que una cosa quite la otra sino que haya más opciones. Y por suerte, mis libros son bien acogidos en ambos formatos.

J,ER: Recomienda a los lectores de nuestro blog algún aspecto de la novela que haga imprescindible su lectura.

LM: Bueno, la propia trama de la novela, desde la infancia de Billie en la Habana dónde nace su pasión por el jazz y su deseo de ser cantante, pasando por el amor que trastoca su vida y la lleva a huir de Cuba y trasladarse a España, y todos los avatares por los que pasa hasta recalar en Barcelona, hacen interesante la lectura. Tiene además el aliciente de que la música es uno de los protagonistas de la historia; se mencionan temas y canciones reconocibles por todos los aficionados al jazz y al blues y me gusta pensar que leer la novela provoque en el lector el deseo de escuchar esos temas o de descubrirlos si no se conoce. Y en el "Dixieland" se sentirán como en su club de jazz favorito.

J,ER: Acabas de sacar una nueva novela, háblamos de ella.

LM: Mi nueva obra está en proceso editorial y saldrá en el mes de abril, para el Día del Libro. En este caso no se trata de una novela sino de una experiencia personal. Nepal, cerca de las estrellas, narra mi estancia como voluntaria en una escuela del Nepal a principios del 2013. En ella comparto con el lector vivencias, reflexiones, anécdotas y curiosidades de los contrastes culturales entre oriente y occidente. Es un libro muy especial para mí que he escrito con mucho cariño.
J,ER: Gracias, Lola, y por favor, continúa creando historias.


___________
Enlaces de Lola Mariné:

* Libros en Amazon: click aquí

** Blog de Lola Mariné: click aquí.

* * * Blog de Nunca fuimos a Katmandú.

______________________________________


GLOOMY SUNDAY

Standards vol. 6

Según la leyenda urbana, "Gloomy Sunday" es la canción del suicidio. Si un amante no correspondido oye la canción, buscará la ventana más cercana para despeñarse en busca de la muerte... Si bien es cierto que su autor, el húngaro Rezső Seress se suicidó en 1968, no fue él quien compuso la letra sino László Jávor y la oscura fama de este tema proviene de mucho antes de su suicidio: de los años 30, cuando llegó a Estados Unidos y una campaña de marketing la instaló en el subconsciente colectivo como "La Canción Húngara del Suicidio".
Ven un último domingo, querida, 
por favor ven,  
incluso habrá sacerdote, ataúd, 
catafalco, mortaja. 
Incluso las flores te esperan,  
flores y ataúd
Las flores y los árboles  
verán mi viaje al pasado.
(fragmento de la letra original en húngaro)

Reseña del suicidio de Rezso Seress
Fue grabada por primera vez en húngaro por Paul White en 1935. Su impacto fue tal en la juventud del país que el índice de suicidios se disparó, sobre todo cuando comenzaron a aparecer en los periódicos las historias de jóvenes que se arrojaban al Danubio con su partitura en las manos. Las autoridades prohibieron la difusión radiofónica de la canción pero esta publicidad consiguió el efecto contrario: la canción se hizo popular en otros países. Fue grabada en francés, en ruso, en japonés y, finalmente, en inglés. Corría 1936.

"Gloomy Sunday" fue traducida al inglés por Sam M. Lewis para que la grabara Hal Kemp. La letra en inglés hablaba más claramente de suicidio y más tarde, cuando Billie Holiday la grabó en 1941 con el tempo lento que la ha convertido en un standard, la compañía discográfica montó una campaña para venderla inventando el mencionado y controvertido título de "La Canción Húngara del Suicidio". 

Desde entonces, se ha convertido en un icono gótico o macabro, según se quiera entender. Ando buscando una película inspirada en el mito de la canción, la película germano-húngara Ein Lied von Liebe und Tod titulada en inglés Gloomy Sunday, A Song of Love and Death (Rolf Schübel, 1999), pero resulta difícil de encontrar. Otra película, ésta dirigida por Daniel Monzón en 2006 (La caja Kovak) plantea el argumento de un microchip que, instalado en personas, las induce al suicidio al escuchar esta canción. "Gloomy Sunday" ha sido versionada por estrellas del pop (Björk, Sinéad O'Connor) y, como standard de jazz sería innumerable el elenco a nombrar. Destacaremos las que tenemos a mano: las de Saori Yano, Sarah Vaughan, Carmen McRae, Paul Whiteman, aunque, sin duda, uno nunca podrá quitarse de la cabeza la voz de Billie Holiday en este tema.



GLOOMY SUNDAY
(Rezso Seress / Laszlo Javor-Samuel M. Lewis)

Sunday is gloomy,
My hours are slumberless
Dearest the shadows
I live with are numberless
Little white flowers
Will never awaken you
Not where the black coach of
Sorrow has taken you
Angels have no thought
Of ever returning you
Would they be angry
If I thought of joining you?

Gloomy Sunday

Gloomy is Sunday,
With shadows I spend it all
My heart and I
Have decided to end it all
Soon there'll be candles
And prayers that are said I know
Let them not weep
Let them know that I'm glad to go
Death is no dream
For in death I'm caressin' you
With the last breath of my soul
I'll be blessin' you

Gloomy Sunday

Dreaming, I was only dreaming
I wake and I find you asleep
In the deep of my heart, dear
Darling I hope
That my dream never haunted you
My heart is tellin' you
How much I wanted you
Gloomy Sunday

Thriller jazz

Haber acabado por fin la mudanza, después de casi tres años de amontonar cajas llenas de discos, libros y películas, es algo más que un alivio. Tener las cosas a mano de nuevo está suponiendo redescubrir sonidos que hacía siglos que no escuchaba, recuperar momentos y sensaciones olvidadas y (¿por qué no?) redescubrirme a mí mismo.

Hoy llevo toda la tarde escuchando una recopilación que se llama Thriller jazz (Verve). No soy muy amante de las recopilaciones porque siempre se cuela lo que menos te esperas, pero las temáticas sí.

En Thriller jazz aparecen 18 temas clásicos de sintonías de televisión y bandas sonoras interpretados por músicos como Jimmy Smith, Sarah Vaughan, Stan Getz, James Taylor, Count Basie..., temazos grabados en su mayoría en la década de los 60, cuando la televisión comenzaba a ser un hito a nivel mundial y comenzaba a estar de verdad en casi todos los hogares. La influencia del medio debió atraer también a las casas discográficas y a los artistas, que en algunos casos versionan y otros directamente han compuesto estos temas, o puede que simplemente se trate de trabajos de encargo, oportunidades para los músicos de la época de ganar dinero.

Suele ocurrir que aparecen esporádicamente recopilaciones en ediciones de lujo o con diseños pomposos, presuponiendo que el jazz es una música sofisticada (lo es, pero en su concepción y en su interpretación) apta para ambientes de lujo, lo cual difiere casi siempre de los ambientes en los que los músicos han nacido y en los que trabajan. Siempre he sostenido que a los músicos de jazz sólo se les trata como estrellas cuando van de gira o aparecen en festivales, donde se les espera y se les trata merecidamente como artistas, pero el resto del año el músico de jazz no vive como una superestrella que se mueve en ambientes lujosos, sino que es un trabajador que tiene que saltar de club en club, noche a noche, en escenarios no siempre adecuados, con públicos no siempre atentos, para ganar los suficiente como para sobrevivir económicamente. Sólo unos pocos saborean verdaderamente el lujo.

En este orden de cosas y exceptuando a compositores habituales de bandas sonoras como Lalo Schifrin (aquí con Harry el Sucio) o Quincy Jones (que compuso la inolvidable sintonía de Ironside), es natural que incluso los mejores músicos acepten encargos para cine o televisión, y esto es de agradecer porque dejando rodar este disco te encuentras con versiones impresionantes, como la de Jimmy Smith persiguiendo con su Hammond B-3 las notas de Mission: Impossible o a Sarah Vaughan interpretando una versión vocal del Peter Gunn de Henry Mancini (nunca había oído una versión vocal de este tema) o el órgano de James Taylor en el tema de Starsky & Hutch, algo más reciente, de los 80. Lo mejor, sin duda, la versión de Dragnet, compuesto por Water Schumann y Miklos Rozsa en los 50 y que en la orquesta de Erwin Halletz suena increíblemente jazzy.

En Amazon, en una edición muy asequible. Después, me contáis qué os parece la versión que hacen Roberto Delgado & His Orchestra de la sintonía de Hawaii 5-0.

DESDE EL ORIGEN DEL AMERICAN SONGBOOK


Visionando De-Lovely (Irvin Winkler, 2004)
  
A vueltas con Cole Porter. Después de publicar la entrada en la que hablaba de Ester Andújar y de su disco Celebrating Cole Porter, me he hecho (por recomendación de una amiga) con la peli sobre la vida del compositor: el musical De-lovely, dirigido por Irvin Winkler. No puedo decir que no me haya gustado la cinta. Hay cosas muy buenas: los efectos visuales son extraordinarios (y sutiles, aunque en las secuencias en blanco y negro la película gana más), la banda sonora está llena de temazos (aunque en versiones de gente del jazz, posteriores, suenan mejor) y siempre es estimulante “conocer” cómo trabajaban los músicos que admiramos. Así, con un hábil guión de Jay Cocks, algo excesivo en su planteamiento pero original, las canciones de Cole Porter van hilvanando con sus letras lo que fue su desordenada vida, la de un genio como todos los genios, atormentado en este caso por un sentido de la vida en el que primaba la diversión por encima de todo. Sólo su mujer, que fue su musa y su principal sostén, logró centrarlo un poco. 


El histriónico y oscarizado Kevin Kline interpreta a Cole Porter con menos teatralidad de lo que suele actuar, con menos sobreactuación y menos pantomima, salvo la necesaria para sugerirse lo suficientemente afeminado para parecer gay. ¿Se le notaba esto a Cole Porter? Yo, particularmente, hace tiempo que no soporto a Kevin Kline, pero aquí está bien. De su parte está el guión, muy teatral, y la controversia generada por el interés de la película de mostrar el lado gay de Cole Porter (hoy día no hay personaje que no vuelva de la tumba para decir que en su tiempo no pudo salir del armario). Lo peor es que no se puede basar el interés del público por un artista (o por una biografía o por una obra) en su vida sexual. No tiene sentido que hoy día tenga más valor “la diferencia” que la genialidad de unas composiciones que ya existían antes de (digamos) que naciera gente como por ejemplo Joshua Redman. 

Resumiendo, he visto la película hasta el final y, como a mí me gusta ser positivo y sacar algo de todo lo que veo, me quedo con los cameos (sería más correcto decir actuaciones) en la película, lo mejor: canciones y apariciones de Natalie Cole, Diana Krall, su marido Elvis Costello, Alanis Morrisette, Mick Hucknall de Simply Red, Sheryl Crow o el inclasificable Robbie Williams, todos ellos interpretando a cantantes de la época y poniendo voz a los standards de Cole Porter. Especialmente brillante es el tema que interpreta Alanis Morrisette. No es una de mis cantantes preferidas, pero en la película canta "Let’s Do It, Let’s Fall in Love" a caballo entre su propio y peculiar estilo y el más puro años 30. Realmente fabulosa. Vaya voz. 

Lo peor (bueno, lo anecdótico) reconocer que tantos standards del jazz como "Night and Day" o "I Got You Under My Skin" nacieron como numeritos de Broadway para las comedias musicales. Que nadie espere oír en la película una versión como la que hace Sarah Vaughan de "Just one of those things" (o la que hace Charlie Parker). En De-lovely estos temas aparecen orquestados (magníficamente orquestados: parece un trabajo muy serio), pero cuando uno ha oído estas canciones a Frank Sinatra o en versiones instrumentales a gente como Miles Davis o Bird, la cosa resulta un poco floja y lejana, vamos, “orquestada”. 

En cualquier caso, Cole Porter fue un gran compositor y sus temas seguirán versionándose (espero que durante muchos años más) para placer de todos. Yo, ahora mismo, me voy a escuchar el The Cole Porter Songbook de Charlie Parker enterito, que también tiene orquesta y coros, pero se salva por el saxo alto del maestro pájaro.