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VIRTUOSO Y ECLÉCTICO

AVISHAI COHEN, Brigh Light (Naïve Records, 2024)

Escuchamos el solo de contrabajo del primer tema ("Courage"), tan cantabile, mientras el piano se convierte en parte de la sección rítmica dejando al bajo el protagonismo, y repetimos una vez más que nos gustan los bajistas que hacen "cantar" a su instrumento. Melódico y muy, muy sólido como instrumentista, Avishai Cohen es también un compositor ecléctico, capaz de mezclar influencias folk y jazz en composiciones complejas y, sin embargo, accesibles. Su nuevo disco, que hace ya el número 21 de sus grabaciones como líder, es Brighlight, once temas en su línea habitual: bellos, descriptivos y, por encima de todo, emocionales.

En su nuevo disco viene rodeado de una impresionante nómina de jóvenes músicos. Alrededor de sus compañeros de trío habitual (el pianista Guy Moskovich y la baterista Roni Kaspi), ha reunido a músicos emergentes como Eden Giat (piano), Yuval Drabkin (saxofón), Ben Tovim (guitarra), Lars Nilsson (trompeta), Hilel Salem (fliscorno), Jakob Sollerman (trombón), Ilan Salem (flautas), Jenny Nilsson (voz) y el baterista Noam David, quien, junto con Kaspi, son capaces de domar los ritmos inquietos que las composiciones de Cohen exigen. Destacable "The Ever And Ever Evolving Etude" y también "Roni's Swing", tema que Cohen ha compuesto inspirándose en la capacidad y energía de esta baterista que, con tan solo 23 años, fue nombrada Best Jazz Drummer of The Year en 2023.

Virtuoso y ecléctico, Avishai Cohen lleva muchos años convenciendo a audiencias de todo el mundo. Su estética tiene un marcado acento de fusión que es el producto de absorber muchas influencias, un trabajo intelectual y compositivo que, sin embargo, suena siempre fresco, y no podemos evitar recordar su paso por Origin, la formación de Chick Corea (también en su New Trio) cuando le oímos improvisar. 


Con ritmos que desafían cualquier cosa que hayamos escuchado antes en jazz, mezcla de rock, pop, folk de Oriente Próximo... la escucha de  Brighlight se convierte en un tour de force para el oyente, que va a encontrar una repertorio en el que Cohen es fiel a sí mismo, intimista a pesar del ritmo, con solos de Cohen y de los pianistas que se alejan de lo habitual, en fin, nada que un oyente de Avishai Cohen no haya captado ya en sus anteriores discos, pero con el placer de disfrutar de nuevas y excitantes composiciones originales, un repertorio que remata con una curiosidad ("Liebstraum nr3", un tema de Franz Liszt arreglado por Moskovich) y dos temas clásicos ("Summertime" y "Polka Dots And Moonbeams"). 




* Web oficial: avishaicohen.com

* Para escuchar el disco: https://avishaicohen.bfan.link/brightlight

EL DISCO DE JAZZ MÁS ODIADO DE LA HISTORIA

MILES DAVIS, On the Corner (Columbia, 1972)


Hay momentos en los que, hastiados de novedades, sentimos la necesidad de volver la vista atrás. En este mismo blog he citado algunas veces la utilización que hago de Ellington como medicina. Rebuscar en la propia discoteca de casa es tan sano como escuchar discos nuevos cada semana porque el jazz (el jazz bien escrito o bien improvisado) admite tantas escuchas como uno quiera: siempre hay algo nuevo que escapó a nuestra atención o que suena nuevo en un momento nuevo. Hoy me ha dado por recuperar un disco de los más atrevidos e ignorados de Miles Davis. On the Corner, lanzado en 1972, es un ejemplo de la fase final de Miles, cuando recolectaba músicos jóvenes constantemente y los alimentaba con una idea para después dejarlos improvisar (a veces, durante un cuarto de hora) para intervenir sólo cuando la inspiración se lo imponía. Miles estaba en pleno periodo eléctrico y este venía después de tres álbumes elogiados por la crítica (In A Silent WayBitches Brew y A Tribute to Jack Johnson), a pesar de los cual, On the Corner se convirtió en el álbum más odiado del jazz, como lo renombró The Guardian, masacrado por la crítica de la época e incluso repudiado por algunos de los músicos que trabajaron en la grabación. Un artículo detallado al respecto se puede leer en esta web.

"Partitura" sobre la que trabajaron
los músicos de On the Corner
Quizás Miles pensó que podría seguir la estela improvisadora de Jack Johnson. Según su biógrafo, Ian Carr, en aquella época Miles mantenía largas conversaciones sobre música contemporánea con un chelista inglés, Paul Buckmaster, quien le descubrió la música de Stockhausen y le propuso la idea de experimentar con música temporal no regular (con pasajes fuera de tiempo), tal como había hecho en algunas composiciones Stockhausen, combinándola con música de la calle y la percepción de la ciudad que Miles tenía desde su lujoso apartamento. La idea no era mala. El jazz como testigo de la calle.


Lo malo es que la idea se cristalizó en algo tan simple como aburridas piezas de funky de duración indeterminada, apoyadas en grooves de bajo y batería, y basadas en un solo acorde. Monótono para muchos, impensable para otros, no consigue su objetivo a pesar del increíble plantel de músicos que trabajaron en las sesiones (Corea, Hancock, McLaughlin, DeJohnette, Liebman...). Quizás fue ideado como uno de esos discos rompedores que hacen crujir los cimientos del canon de vez en cuando... pero se quedó a medias.



Más valorada por los críticos con el paso de las décadas, en 2007 se publicó The Complete On The Corner Sessions, una caja con 6 CD's sólo apta para coleccionistas recalcitrantes, 6 CD's que recogían todas (imagino) las tomas de las tres sesiones de grabación (1 y 6 de junio, 7 de julio de 1972) pero tal cantidad de música (casi 7 horas) en lugar de aportar información sobre las improvisaciones en el estudio, provocan el efecto contrario, hastiando al oyente con una cantidad de música (en palabras de Dave Liebman, que participó en el álbum) "bastante caótica y desorganizada", aunque, en defensa de Liebman hay que decir que, cuando llegó al estudio, lo metieron en una cabina desde la cual apenas podía distinguir el ritmo discontinuo entre tanto percusionista, y que la única directiva que se le dio fue la de tocar en mi bemol. 


Mi problema con Miles es que hay entre nosotros una tensión dramática no resuelta. A pesar de que mis discos preferidos son los que van desde Kind of Blue hasta las últimas sesiones de Prestige, siempre vuelvo a los discos eléctricos. ¿Por qué? No los entiendo, y eso hace que los investigue una y otra vez, que regrese a ellos con tanta frecuencia que, a veces, creo que los escucho más que a los que prefiero. Cosas de aficionados. Y, en este sentido, On the Corner es una pieza esencial que pide ser descifrada dentro de su compleja simplicidad.

Miles y su productor en esa época, Teo Macero
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* En carpeta del LP original no constaban los nombres de los músicos que participaron en el álbum, quizás para despistar a los críticos. Según distintas fuentes, estos son los que participaron (alternándose en distintas formaciones):

Miles Davis, trompeta amplificada con wah-wah
Carlos Garnett, saxos soprano y tenor
Dave Liebman, saxos soprano y tenor
Bennie Maupin, clarinete bajo
Chick Corea, Fender Rhodes, teclados
Herbie Hancock, Fender Rhodes, teclados
Harold Ivory Williams, teclados
Cedric Lawson, órgano

Dave CreamerReggie Lucas John McLaughlin, guitarra
Khalil Baladrishna y Collin Walcott, sitar eléctrico
Michael Henderson, bajo eléctrico
Don AliasJack DeJohnetteAl Foster y Billy Hart, batería
James M'tume, percusión
Badal Roy, tabla


http://jazzeseruido.blogspot.com/p/relatos-de-jazz_28.html

QUINCY

El músico, el arreglista, el productor, el mago...

Puede que, como dice la publicidad, nadie haya tenido una carrera como la de Quincy Jones, y de ello se ocupa este documental original de Netflix. La excusa argumental es la apretada agenda de este músico octogenario, incluidos los preparativos, durante casi tres años, de un concierto en el African American Museum Smithsonian para su inauguración. Su hija Rashida Jones filma y dirige este documental junto con Alan Hicks, quien ya dirigió un documental sobre otro grande del jazz, Clark Terry (Keep on Keepin' On) en 2014, uno de los grandes amigos de Q, como le llaman sus allegados.

El documental hace un repaso a sus orígenes pobres en el Chicago de los años 30, con la explosión de los gangs, en una época en la que, dice, "los negros no existían en los libros de texto", razón por la cual no tenía referencias y no sabía qué quería ser en la vida hasta que descubrió un viejo piano vertical, lo tocó unos segundos y supo que había encontrado su vocación. Cuenta que aprendió percusión, trombón, tuba, trompa... hasta que se decidió por la trompeta porque no tenía dinero para un instrumento más caro. Entonces, conoció a músicos de jazz, "negros dignos y orgullosos" y descubrió que eso era lo que quería ser.
Solía juntarme entre bambalinas con Count Basie y con Clark Terry. Sé que los molestaba muchísimo pero tuvieron la amabilidad de decirme: "Bueno, así es como se hace."
Nieto de una esclava liberada y de un emigrante galés, hijo de un jugador de béisbol, Quincy Jones comenzó a tocar la trompeta con 14 años en bandas de soul en Seattle para luego ingresar en la big band de Lionel Hampton, tocaba con algún grupo y luego iba a tocar toda la noche bebop... A los 18 entra en la banda de Lionel Hampton y descubre el mundo, las giras, el racismo, el extranjero... Dinah Washington le pidió que escribiera su próximo disco y luego lo llamó Frank Sinatra para que le hiciera unos arreglos, y así despegó su carrera como arreglista y compositor con Louis Armstrong, Count Basie, Dizzy... Fue productor en París antes de convertirse en director de big band con ese sentido del ritmo y los metales tan grandilocuente que se hizo tan popular y que también le hizo un hueco en el soul y en otras músicas negras que explotaron en los 60 y los 70.

El documental está aderezado con la música compuesta o producida por Quincy Jones y con apariciones de músicos como Miles Davis, Ella Fitzgerald, Al Jarreau, Herbie Hancock, Chick Corea, Richard Bona, Carlos Santana, Stevie Wonder, Frank Sinatra, Bono... monstruos del rock y del jazz que forman parte importante de esta historia.

Q, aficionado a los horóscopos, es un piscis que ha vivido (y sigue viviendo) de la creatividad. Les dejo con uno de los temas más recordados de su larga discografía, "Soul Bossa Nova", de su álbum Big Band Bossa Nova (Mercury, 1962) en una actuación reciente en el 50º edición del Festival de Montreux (2017).



NONET PLUS ONE

DAN PUGACH NONET, Plus One (Unit Records, 2018)

Admite el baterista Dan Pugach en las notas de este disco que tiene predilección por el jazz de gran formato debido a su pasión por genios tan diferentes como Buddy Rich, Count Basie, Gil Evans, Maria Schneider, Alan Ferber, Jim McNeely... y sus orquestas. Salvando las diferencias estilísticas, me trae a la memoria a Henry Mancini. Tiene una cosa en común con él: la manera tan eficaz de utilizar el diálogo entre percusión y sección de vientos.


Dan Pugach nació en Israel, donde el servicio militar obligatorio dura nada menos que tres años. Pugach pasó estos tres años como batería en la orquesta de las Fuerzas Aéreas. Licenciado en Berklee, reside actualemente en Brooklyn, desde donde colabora con un buen número de músicos, con los que ha grabado en varias ocasiones. Su primer álbum como líder es el proyecto Dan Pugach Nonet, con el que ha ganado dos premios ASCAP como compositor de jazz y una residencia en el Kennedy Center for the Arts de Washington D.C.


En este álbum, como reza el título, se presenta en noneto "más uno", doce músicos que se alternan en diversos nonetos a los que se une la cantante Nicole Zuraitis en varios temas, una cantante a la que Pugach denomina "su arma secreta". Pero si hay un arma secreta en las composiciones es la sorpresa. No hay nada estable en ellas, sólo una guía sobre la que se mueve todo el noneto, aportando nuevos elementos en cada tema. A medio camino entre una second line de Nueva Orleáns y el jazz moderno de gran formato, Pugach, como Buddy Rich (aunque más intelectual y menos circense) demuestra que se puede dirigir una gran formación desde la batería, no en vano el ritmo (en una gran variedad de conceptos) es el verdadero líder de esta (casi) big band. Energía contagiosa podría ser el título del álbum. Pugach, desde la banqueta de la batería, lleva a la orquesta a una dimensión personal que explora las posibilidades heredadas de los músicos mencionados (Basie, Evans) con el concepto de orquesta moderna de jazz (Schneider, por ejemplo).

Fotografía de John Dankwardt
Seis temas originales componen el disco, temas escritos a lo largo de los años que recopila en su primer álbum como líder, además de tres versiones muy modernizadas. La primera de ellas es "Crystal Silence" (de Chick Corea con las letras de Neville Porter), que se convierte en un tema rítmico y obsesivo donde Zuraitis participa como un instrumento más de la orquesta. La balada "Jolene" de Dolly Parton con arreglos de Zuraitis y arreglos de viento y orquestación de Pugach, es quizás el punto más débil del álbum, pero no deja de contener elementos sorpresivos en su desarrollo, como todo el resto de los temas. La última versión que aparece en el álbum es "Love Dance" de Ivan Lins. Sin abandonar el tempo contenido de las composiciones del brasileño, Pugach realiza una versión poderosa en la que los vientos tienen un papel protagonista. 

Les dejo con un vídeo donde se puede apreciar en primera fila la versatilidad rítmica de Pugach armado solamente con una caja, un plato... y una mesa.


Los músicos del álbum son:

Ingrid Jensen, David Smith, trompetas
Mike Fahie, trombón
Jen Hinkle, trombón bajo
Andrew Gould, saxo alto 
Jeremy Powell, saxo tenor
Andrew Gutauskas, saxo barítono
Carmen Staaf, Jorn Swart, piano
Tamir Shmerling, bajo
Bernardo Aguiar, pandeiro
Nicole Zuraitis, voz
Dan Pugach, batería
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* Web oficial: www.danpugach.com


THE MILES DAVIS STORY

Investigando con globos sonda

The Miles Davis Story debería ser el gran documental sobre Miles, el documento definitivo para entender su música y su personalidad de una manera global, pero la figura de nuestro músico favorito es tan compleja, tan insólita y abarca tantas décadas (véase la tabla periódica del jazz) que sería una fantasía condensarla en dos horas de documental. Por si esto fuera poco, dedica mucho más metraje al periodo eléctrico que al resto de su producción discográfica cuando, en justicia, el periodo ocupa los mismos años que el comienzo de su carrera hasta 1967.


Es un gran acierto la forma en que se desarrolla el documental, alrededor de una entrevista con Miles en 1985, alrededor de la cual gira el resto de los documentos, colocando las respuestas en los lugares convenientes para favorecer la comprensión de su evolución y completando, al mismo tiempo, las opiniones de los músicos que aparecen en la pantalla, que no son pocos: del primer gran quinteto sólo aparece Jimmy Cobb, único superviviente; con el segundo quinteto (Shorter/Hancock/Carter/Williams) hay más suerte, también opiniones más jugosas; de los quintetos posteriores aparecen Keith Jarret, Chick Corea, Dave Holland... pero la nómina de músicos que han tocado, incluso despuntado, con Miles (algún crítico en los '70 llamó a esta diversidad The Miles' Stock Company Players) es tan larga que, aunque exhaustivo, el documental se ve abocado a una aceleración constante para no dejar nada en el tintero. Muchos de estos músicos comenzaron a despuntar en las formaciones de Miles, músicos cada vez más jóvenes, con los que Miles saciaba su compulsiva necesidad de renovarse, de parecer siempre moderno, jugándose su propia creatividad, en palabras de Ian Carr.

Resultan esclarecedoras algunas de estas opiniones, en especial, la forma en que (ahora vemos que) puede explicarse por qué  Miles dejaba todo el peso de los conciertos en sus músicos, tocando apenas los solos, o su supuesta "manía" de ignorar al público tocando de espaldas.

En cualquier caso, el documental es recomendable para todo fan (o no fan) de Miles Davis, tanto para comprobar cómo un chico negro de clase media se convirtió en la estrella del jazz más influyente durante cuatro décadas (y aún hoy puede considerársele influyente) o cómo un aprendiz de Juilliard se deshizo de la influencia de Dizzy para ser el primer trompetista que no sonaba a Louis Armstrong o cómo un buen músico puede ser mal marido y mal padre o cómo un personaje que vivía sólo para la música podía perder el norte cuando se trataba de mujeres o de drogas... A pesar de que los fragmentos musicales son demasiado breves, ilustran a la perfección cada época y cada bifurcación de la carrera del trompetista. Podrán ver también tantas intervenciones de críticos como de las mujeres de Miles y de sus hijos, aunque, como todos sabemos, lo que cuenta aquí es la música, no los hechos.

Por si no encuentran el DVD:





LEÑA AL MONO, QUE ES DE GOMA

ACORDES Y DESACUERDOS (VI) 

Siguiendo la estela del post de la semana pasada, no queremos dejar este homenaje a Enrique 'Mono' Villegas sin permitirle expresarse. Estos son fragmentos de una entrevista que apareció en la revista argentina Pelo en 1978. Sus opiniones:



I.
El jazz es producto de la rebelión de los negros, nada más; si los árabes no le hubieran vendido negros a los norteamericanos el jazz no existiría.

II.
Todo blanco que lo quiere tocar bien tiene que imitar a un negro.

III.
Bernard Sahw decía: "Lo mejor de la música popular es que no es popular por mucho tiempo". El camino en el jazz se dio con Jerry Roll Morton, Fats Waller, Duke Ellington, Thelonius Monk, Charlie Parker y John Coltrane; pero ahora no sé desde qué perspectiva tocar el jazz.

IV.
Lo que pasa por el jazz-rock es el dinero, que crece compulsado por los gangsters del disco. Pero yo no escuché jazz-rock, escucho jazz o escucho rock.

V.
Los [músicos] de jazz de ahora se van al cante jondo, como Chick Corea, porque parece que no creen en el jazz.

VI.
El blues es la base de todo. Sin blues no hay jazz. Y Count Basie siempre ha tocado blues, salvo cuando hizo algunos comerciales, que hasta tocaba en forma de blues.

VII.
El jazz no ha sido, no es ni será nunca popular, pero es perenne y universal, y siempre se está modificando en todo el mundo (a través de la imitación de los negros, por supuesto) y el jazz interesa en el mundo entero porque es la creación.

Señoras y señores, el 'Mono' Villegas.

Demandando jazz

Se sorprendía hace unos días el Sr. Erradizo cuando comentamos que había asistido a un concierto de la Dizzy Gillespie United Nations Orchestra (creo que más o menos ese era su nombre completo), un prodigio de alquimia jazzística universal importada directamente desde Babel. No creía que tal milagro pudiera haber ocurrido en España.

Aquí están las pruebas fotográficas. Son recuerdos que mi amiga Maribel, que tiene un cajón lleno de recuerdos, un cajón del tamaño de Luxemburgo, más o menos. Hace tiempo ella y yo recorríamos los patios de butacas juntos, no nos perdíamos un concierto y éramos jóvenes. Sólo he tenido que pedírselos y robar un scanner para traerlos aquí. Ahora estos recortes parecen sacados del Album de la Juventud Perdida. Noviembre del 90... Ha llovido desde entonces (no mucho en algunos sitios) y nuestros gustos han cambiado, pero aún nos estremecemos cuando pronunciamos los nombres mágicos. Dizzy... Chick Corea... Fue una buena época. Huelva, trasero del mundo (con perdón) tenía festival de jazz. A las habituales luminarias locales (Antonio Mesa al saxo, por ejemplo) se unieron en la sexta edición estos dos nombres.

¿Por qué desapareció? ¿Falta de financiación? ¿Falta de acuerdos entre los organizadores? Ayuntamiento y diputación tienen ahora signos diferentes: no hay que ser matemático para saber que positivo por negativo da siempre negativo, pero sigo sin entender esta desgraciada desaparición.

El caso es que, salvando una noche de música improvisada que la Universidad de Huelva reserva dentro de su festival Noctámbula, Huelva es una ciudad sin jazz. Mucha fresa y poco swing. Dicho sea de paso, es muuuy difícil escuchar música en directo en los locales de copas. Sólo algunos bares programan a salto de mata a cantautores y grupos de rock, pero pocos, muy pocos. La última vez que recuerdo haber oído jazz en vivo en un local fue en El Trastero Bar hace un par de años, cuando los domingos por la tarde tocaba Antonio Esperón con su trío (guitarra + guitarra + batería), pero ignoro si este bar sigue programando actuaciones.

A unos kilómetros de aquí, en la playa de Punta Umbría (sí, suena como Umbria en Italia, pero no es lo mismo) se viene celebrando desde hace unos cuantos años un festival de jazz internacional (“internacional” significa que también vienen combos de Portugal), pero la organización es tan... tan... que te puedes pasar el verano preguntando o buscando por la red y no te enteras de la programación hasta que un día coges el periódico y aparece la reseña de un concierto del día anterior. Un desastre. De todas formas, mi amiga Ana me ha comentado que este año ha cambiado la organización y se esperan cosas mejores, nacionales, que hay gente muy buena, pero mejor organizadas.

¿A qué todo esto? Pues que reclamo un festival de jazz, una oportunidad de oír buena música, un concierto de vez en cuando que no venga auspiciado por los poderes públicos, en tanto en cuanto tenga la oportunidad de ver cumplido mi deseo, Sr. Erradizo.

En tanto en cuanto, aquí os dejo esta reseña: