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EL FUTURO ESTÁ EN LA TRADICIÓN

LINUS EPPINGER, Leaning In (Fresh Sound, 2022)

En la discográfica Fresh Sound New Talent hay de todo, claro, pero siempre se ha caracterizado por lanzar estrellas del jazz de la nada (Brad Mehldau, Kurt Rosenwinkel, Robert Glasper, Avishai Cohen...) y el guitarrista que escuchamos hoy promete convertirse en una estrella por sus chispeantes punteos y su forma de jugar con las frases y la melodía, buscando siempre la sorpresa, algo que últimamente solo encontrábamos en los clásicos, volviendo la vista atrás para disfrutar de cosas así, y tenía que ser oyendo a Pat Martino, a Kenny Burrell... hasta que hemos pinchado el disco de debut de Linus Eppinger, una mezcla de temas originales y standards que no decepcionará a nadie.

Foto: Katie Edwards
Lines Eppinger es un guitarrista nacido en Los Angeles que creció en Alemania y actualmente vive en Amsterdam, una de las capitales europeas de la música, especialmente por el interés de sus conservatorios, a donde "peregrinan" músicos de todos los países. Esta influencia europea se mezcla con la tradición de los grandes guitarristas americanos en la manera de tocar de Eppinger. Su estilo es elegante, relajado en el sentido de que no abusa de los tiempos vertiginosos, pero siempre juguetón, muy creativo y lleno de recursos, concepto que está muy alejado de lo que se esperaría de un músico de conservatorio. Porque Linus Eppinger es un músico de jazz en alma y en técnica. Entre sus profesores se encuentran Peter Bernstein y Julian Lage. 

Si uno busca tradición renovada y con un sonido fluido y lleno de influencias, Leaning In es su disco. También hay que decir que el colchón rítmico que le acompaña es perfecto, limpio, con un groove seductor (como debe ser) que arrastra al oyente por todos los temas y convierte a la guitarra en protagonista. Bueno, a la guitarra y al piano, porque el joven pianista Nicolai Daneck, de quien no sabíamos nada hasta ahora, tiene unos solos fabulosos donde aúna melodía y ritmo con una sutileza fantástica. También suena sutil y cálido en los acompañamientos, como el resto de la sección rítmica, encabezada por el sólido sonido de Jorge Rossy, tan reconocido internacionalmente que resulta omnipresente (le hemos escuchado con Brad Meldau, Kurt Rosenwinkle, Wayne Shorter, Miguel Zenón...). Por último, el contrabajo está en manos del berlinés Doug Weiss, un músico que viene de Nueva York. Su solo en el primer tema ("Chippin' With Bill") explica muy bien por qué está en este álbum. 

Este tema que abre el álbum lo hace de la forma clásica, presentando a toda la banda con sus respectivos solos, otro ejemplo más de cómo hacer bien un disco para que suene a clásico y complazca a todos los aficionados. Como dice la nota de prensa, para los preocupados por saber a dónde se dirige el jazz actual, con Linus Eppinger, el futuro está en buenas manos.

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ESE SONIDO CÁLIDO DEL ALTO

SAM BRAYSHER TRIO, Dance Little Lady, Dance Little Man 
(UNIT Records, 2021)

Para nuestra sorpresa, Sam Braysher no es solo un joven saxofonista con ideas, también es el afortunado poseedor de un sonido cálido y flexible que dota a los temas de una voz más cercana al sentimiento que a la intelectualidad. Formado en la Guildhall School of Music and Drama de Londres, donde se graduó con honores, lleva años en los escenarios de Londres tocando el saxo alto (y también el clarinete) haciendo hot jazz, cotemporáneo, clásico, swing... con músicos como Elaine Delmar, John Warren’s Nonet, London Jazz Orchestra, London City Big Band... y ha obtenido algunos premios, como el UK Jazz Radio Young Performers’ Award. Debutó con un álbum titulado Golden Earrings (Fresh Sound New Talent, 2017), grabado a dúo con el pianista americano Michael Kanan

Otra de las formaciones en las que ha tocado Sam Braysher es REBOP, un quinteto internacional donde ha coincidido con Jorge Rossy, que aparece en este álbum como percusionista. Braysher declara en las notas del disco que escuchaba y admiraba a Rossy a través de los discos de Brad Mehldau. Como últimamente Jorge Rossy está tan solicitado que aparece cada semana en alguna de nuestras reseñas (Miguel Zenón, Storione-Rossy-Schürmann), no es necesario explicar la calidad rítmica que aporta. Aquí no solo lo escuchamos a la batería sino también en el vibráfono ("Some Other Spring") y la marimba ("This Nearly Was Mine"). El otro componente de la sección rítmica es Tom Farmer, un contrabajista también muy joven y con un sonido nítido y muy rítmico, clásico y potente. Los dos son la base perfecta para que Braysher pueda expresarse con toda la libertad y el espacio que necesite. Los temas están muy bien llevados y son amenos, de manera que los 45 minutos del álbum vuelan y dejan ganas de escucharlo de nuevo.

Fiel a su propia filosofía, Sam Braysher ha escogido un repertorio de clásicos (más un tema original) que huye de lo habitual. No es algo normal en músicos jóvenes pero él intenta explorar piezas del American Songbook no demasiado interpretadas. Desde el tema que abre el álbum ("For Regular Only" de Dexter Gordon), el oyente percibe un placer en el desafío. Adapta temas interpretados por tenores y los transporta al saxo alto. Sí, al revés sería más complicado, pero lo que hace Braysher también es arriesgado. Lo hace también con "Body and Soul", un tema que con Dexter Gordon alcanzó un nivel inolvidable, y "reta" a Stan Getz con una versión acelerada y fresca de "One Note Samba". Aparte de esto, encontramos versiones de los Gershwin, de Rodgers & Hammerstein... y un tema Disney ("Reflections"), convertido aqui en una lacónica, expresiva y breve balada. 

Dance Little Lady, Dance Little Man, grabado los días 14 y 15 de mayo de 2019 a unos pocos kilómetros de Barcelona, en Bon Repòs (Begues) se publica el próximo 22 de abril distribuido por la alemana Unit Records. 


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* Web: sambraysher.com

ORNETTE COLEMAN REVISITED

MIGUEL ZENÓN, Law Years: The Music of Ornette Coleman 
(Miel Music, 2021)
Si por algo es fácil distinguir a Miguel Zenón es por búsqueda constante de la vanguardia, ya sea explorando lo inexplorado o revisitando clásicos para llevarlos a terrenos donde el riesgo es el horizonte más probable, como hizo con los cancioneros de Ismael Rivera, la música portorriqueña de su pasado en su Yo soy la tradición o la música cubana en su El arte del bolero, publicado también este año junto a Luis Perdomo. Con la vanguardia siempre por bandera y esa capacidad para mirar al pasado con ojos críticos, un homenaje a Ornette Coleman, uno de los padres de la vanguardia jazzística, parecía algo inevitable.

Con un cuarteto de músicos conocidos (Ariel Brínguez en el tenor, Demian Cabaud en el contrabajo y Jordi Rossy a la batería), Law Years fue grabado en directo en Basilea (Suiza) en el Birds Eye Jazz Club el 28 de mayo de 2019 y muestra esa energía que produce la cercanía del público y la excitación de lo irrepetible. También tiene ese sonido crudo, visceral, auténtico, que no se puede conseguir en un estudio aséptico y sin interferencias. 

Cabaud, Brínguez, Rossy y Zenón

Aunque con un sonido más actual, más sofisticado, todo el espíritu de Ornette está en este concierto: la velocidad, el riesgo, la atonalidad, esa sofisticación cambiante, creciente, inesperada, rompedora, especialmente en los ritmos, y esas melodías que daban sentido a todos los temas (qué maravilla "Dee Dee", "Law Years", "Giggin"...). No puede ser de otra forma: los cuatro músicos arrastran su influencia. 




El propio Zenón cuenta en las notas del disco que escuchaba a Ornette cuando era un adolescente y vivía aún en Puerto Rico, en una era previa a Internet, sin información de ningún tipo, y un amigo le prestó The Shape of Things to Come y el primer par de notas de "Lonely Woman" le dejó atónico, en estado de shock. En el libreto del disco, Zenón cuenta también que conoció a Ornette Coleman en persona, y que sus encuentros eran del tipo:
Zenón: “Sr. Coleman, estoy seguro de que no me recuerda. Mi nombre es Miguel y soy un saxofonista alto y uno de sus mayores fans."
Ornette: “Encantado de conocerte, Miguel. ¿Has pensado alguna vez qué pasaría si tocas La y Mi bemol al mismo tiempo?
Influenciados o inspirados, lo cierto es que estos cuatro músicos llegan aquí con una ventaja: la experiencia. Caminan con conocimiento el camino de baldosas amarillas que Ornette pisó por primera vez sesenta años antes, sin saber a dónde le llevaba. 

El riesgo, sin embargo, está presente en todo el concierto. Por ejemplo, aunque tanto Brínguez como Cabaud y Rossy habían tocado antes con Zenón, el cuarteto es inédito. Nunca habían tocado juntos los cuatro. Zenón cuenta que les envió una lista de sus temas favoritos, hicieron la prueba de sonido y de ahí directamente al concierto. El resultado está en el disco. Esa inesperada reunión portorriqueño-cubano-argentino-española favorece el espíritu de espontaneidad inherente a la figura de Ornette y la conexión de los músicos funciona. Todos, de alguna manera, han recibido de alguna manera su influencia y aportan sus personalidades para contribuir a que el espíritu de Ornette siga fluyendo hacia el futuro, redibujando entre los cuatro la forma de las cosas que están por venir. 

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INTRODUCING... FELIX ROSSY

Camino por delante

Según James Gavin en su libro Deep in a Dream, "lo caliente y lo frío se iban combinando en el modo de tocar de Chet Baker. Quería conseguir los tonos nítidos y sin trémolos y la reserva emocional de [Paul] Desmond y Miles Davis". Esto ocurría en 1951, cuando un Chet de 21 años rondaba los clubs negros de San Francisco buscando su propia identidad. Félix Rossy, a sus 17 años, parece haber dibujado este equilibrio en su forma de tocar la trompeta. Su preferencia por los temas de tempo medio, las baladas y un sonido limpio y sin estridencias lo colocan al lado de (no es que me gusten las comparaciones, disculpen los puristas) Chet Baker o de nuestro preferido (aunque camine a menudo al filo del crossover) Chris Botti

Citábamos al joven trompetista cuando apareció en uno de los temas del disco Wicca, firmado por su padre, el baterista (pianista cuando es líder) Jorge Rossy, y casi lo habíamos olvidado cuando hace unos días nos encontramos su nombre en la portada de la revista Más Jazz. Ahora, recién acabamos de escuchar su disco de debut, Introducing Félix Rossy (Fresh Sound New Talent, 2011) buscamos información en su Myspace y descubrimos que, aparte de grabar el álbum en Nueva York, ha recorrido festivales (Terrassa con 13 años) y escenarios (abajo dejamos un video en el Jamboree). No es extraño, teniendo un padre músico, que se haya codeado (hay testimonios gráficos) con luminarias de la talla de Brad Meldhau, Perico Sambeat...

Pero lo que más sorprende de Félix Rossy no es su edad sino su sonido. Fresco, sin complejos pero también sin prisas, tiene un algo de Lee Morgan y un algo del primer Miles ("Three on One"), el swing contenido de la Costa Oeste ("You're Driving Me Crazy") y un aire que nos remite a finales de los 50 o principio de los 60 ("A Dandy Line", el tema que cierra el disco y el único elegido por Félix, que admite que fue Mike Kanan quien eligió el repertorio).

Todo esto se puede ver en directo. En el álbum, su predilección por los temas de tempo medio o las baladas hacen sospechar una imitación de Chet Baker ("Stella by Starlight") que desaparece cuando comprobamos la autoridad con la que lleva el tema y percibimos que no hay nada de su laconismo en la forma de tocar de Félix Rossy sino sólo un inteligente desinterés por la estridencia. Otros temas como "All The Things You Are" confirman el valor de esa afirmación suya de que aprendió a tocar antes de a leer música, de que su padre le enseñó a tocar y a oír, a guiarse por su instinto. 

Sólo nos queda añadir que estamos expectantes por disfrutar del camino que tiene por delante. Su evolución se puede apreciar musical y visualmente gracias a Youtube, donde encontrarán videos de Rossy desde los 12 años hasta ahora, pero lo que nos dará en el futuro sólo lo sabe él. Y su instinto.


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DE BRUJAS Y PIANISTAS

JORDI ROSSY TRIO, Wicca (Fresh Sound New Talent, 2007)

Antes que nada, puntualizar que, hasta que llegó la chica del correo hace unos días, el nombre de Jordi Rossy era para mí un concepto ambiguo leído de pasada en el blog Sopa de hielo, un concepto vagamente abstracto que fue adornándose con el adjetivo de “pianista” e inflándose con los elogios que le dedicaba Sebastián en su blog, hasta que explotó en esa forma monstruosa de obsesión que nos hace lanzarnos a la tienda de discos (en este caso, virtual).

El disco de Jordi Rossy, Wicca (Fresh Sound Records, FSNT 309) es, desde la portada, con un maravilloso trabajo plástico de Ana Golobart, hasta el último tema un álbum introspectivo, reflexivo, intuitivo y lleno de otros aspectos que no riman, pero que explicarían mejor en qué consiste este trabajo íntimo construido en el reducido espacio de un trío, pero plagado de matices tan heterogéneos que la obsesión de tenerlo se ha convertido ahora en la obsesión por volverlo a escuchar cada vez que acaba.


Antes de quitar el maldito plástico que envuelve todos los cedés, ese plástico que dicen que se llama fleje y que, aparte de contaminar, sólo sirve para aumentar tu ansia por pinchar el disco, lo que más sorprende de este trío es su singular formato: piano, órgano Hammond y batería. Es cierto que el órgano Hammond puede sustituir a muchos instrumentos en un combo de jazz (puede hacer las veces de bajo, de metales, de piano...), pero hacerlo sonar junto a un piano sólo nos hace pensar que va a “tapar” el sonido del otro instrumento, pero es todo lo contrario. La sonoridad cáustica y heterodoxa del Hammond (aquí en las manos de Albert Sanz) dota al conjunto de un trasfondo melancólico y lleno de matices que hace que brillen con más nitidez las notas del piano (llamémosle) acústico. La capacidad polimórfica del batería R.J. Miller redondea el conjunto.

Aunque es su primer disco como líder/compositor, Jordi Rossy no es una rising star cualquiera. Procedente de Barcelona, vía Boston y New York, donde formó el grupo The Bloomdaddies con Chris Cheek y Seamus Blake, tiene detrás una larga carrera en la que ha colaborado como sideman para Perico Sambeat, Paquito de Rivera y Brad Mehldau, en cuyo trío tocaba la batería.

Los temas de Wicca, compuestos por Jordi Rossy (a excepción de dos de ellos, escritos por el organista Albert Sanz) son herederos de Bill Evans, de Oscar Peterson y suenan a pensamientos en voz alta, tanto en los tiempos lentos como en los medios. Un trabajo inspirado que obliga a escuchar, a dejar lo que estamos haciendo y pararnos a esperar la siguiente nota, a entender de qué va. No es uno de esos discos que se puede dejar correr mientras leemos un libro o escribimos en el blog.

Destaca de entre todo el setlist el tema que da título al álbum, no sólo porque se trata de una melodía más vital y enérgica (alegre, si se quiere) sino porque es el único tema grabado en formato quinteto, ya que se unen al trío el saxofonista Enrique Oliver y a la trompeta Félix Rossy, un pequeño genio preadolescente, hijo del pianista, del que ya había oído hablar en Sopa de hielo, quien, aunque no tiene la oportunidad de hacer un solo, acompaña apropiadamente al saxo tenor durante todo el tema. Pero si tuviera que elegir un tema del disco, no lo dudaría. Me gusta la forma de entrar a la melodía en El bardo, que me recuerda a Oscar Peterson o ese don (no puede tener otro nombre) que tiene Jordi Rossy de detener el tiempo con los dedos en Moose love o la maravillosa conjunción de piano y Hammond intercambiando notas al tiempo en Loving tone (que tiene un comienzo casi Monk), pero mi preferido, el tema que hace que ponga el disco una y otra vez es Sexy time. Comienza con un ritmo sincopado de escobillas y pedal que casi parecen batería y bajo. Sigue el órgano Hammond con su peculiar sonido, muy cool, a modo de introducción a la melodía del piano, que te entra por los oídos y te engancha durante más de siete minutos. Sexy time. Lo curioso es que a la primera escucha pasé este tema por alto, fui esperando un tema y otro para encontrar el por qué había comprado el disco, pero luego de oído, el primer tema es el que te devuelve las ganas de escucharlo entero de nuevo. Sexy time. Señoras y señores, Jordi Rossy Trio. 
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* Fotografía de Gema Darbonens (tomada de Tomajazz).