Bueno, pues eso, llegan las navidades y un descanso que nos tenemos bien merecido. Yo, como la mayoría, voy a tomarme esos ratos para coger el tren A y ver a los que están lejos, para estar en body and soul más tiempo con los que están cerca, para retomar un par de libros que estrené pero no leí... y para entrar en el nuevo año con mucho swing porque now's the time. Escribid la carta a los Reyes Magos (o a Santa si sois más impacientes).
Ahí van mis deseos: Que la Nochebuena nos coja Comin' home para ver a nuestras familias,a nuestra funny Valentine o a vuestro lover man, que2024 sea un año enorme y feliz como un concierto, que halléis en casa el calor de un pequeño club, que contemos los amigos por big bands, que las improvisaciones nos salgan bien, que los días avancen a ritmo de swing, que los fines de semana fluyan in a silent way, que los meses nos llenen de sorpresas y bonus tracks, y que 2024 sea un año edición especial. ¿Demasiado deseos?
Para que el año nuevo no nos pille moanin', un poco de música. Nadie representa mejor a Nueva Orleáns que Kermit Ruffins(qué sorpresa cuando lo vimos aparecer en Tremé). El tema que sigue es de su álbum Have A Crazy Cool Christmas (Basin Street Records, 2009), que, para mí, vuelve a estar de moda cada Navidad. Pues eso, let's get lost, feliz navidad y mejor 2024. Nos vemos en enero.
Como en los premios, debería comenzar dando las gracias. Gracias a HBO por permitir a David Simon concluir su serie-novela-río con una cuarta temporada, a pesar de ser la serie de la cadena con menos espectadores (25 veces menos audiencia que Juego de tronos, por poner un ejemplo). En principio, según las noticias que llegaban, iba a ser una temporada definitiva con 6 capítulos. Al final; han sido 5 intensos episodios de una hora completa de duración, una conclusión de la serie con todos los matices que esperábamos, la esperanza (desde la primera escena en que vemos las votaciones que ganó Obama hasta las historias de los personajes que van solucionando los problemas generados por el Katrina) y los tristes de las historias que van en decadencia (enfermedad, muerte, separaciones, el frustrante ascenso al estrellato del personaje interpretado por Luica Micarelli, Antoine Baptiste sigue llevando el trombón sin estuche...) aunque lo mejor sigue siendo la música, todas las músicas, no sólo el jazz, que conviven en Nueva Orleáns.
En el primer capítulo se puede ver tocando en directo, entre otros, a Kermit Ruffins animando a los votantes del que DJ Davies llama “políticamente corrupto y calcificado estado” de Nueva Orleáns, donde “la Esfinge se mueve más rápido que los federales”. Es el año de Obama, 38 meses después del Katrina…El tiempo pasa y la vida corre.
Todo sabe mejor si sale de Luisiana, aunque todos están muertos: Prima, Kruppa, las Boswell, muertos, muertos, muertos, desaparecidos de este valle y pudriéndose en la eternidad, pero ¿sabéis? con ellos no importa porque dejaron su huella, dejaorn algo a su paso, un legado.(DJ Davies después de una discusión sobre las Boswell Sisters)
El verdadero reflejo de la vida en N.O. es ese, el de la mescolanza musical y cultural, que en toda la serie se refleja en pequeños flashes musicales, segundos, minutos de actuaciones musicales en directo, que son una delicia y que conforman el puzzle de una manera espectacular. En esta temporada podemos ver, además de los ya citados, a Terence BLanchard, Nicholas Payton, Doctor John, Ellis Marsalis, Donald Harrison, Trombone Shorty… Shorty es usado por el personaje de Davies como ejemplo del jazz que ha salido de la calle, de los desfiles, de los funerales, en contrapartida con el jazz institucionalizado, y lo hace para abrir los ojos a un promotor inmobiliario que pretende lucrarse con la construcción del nuevo Centro de Jazz.
Esto es Tremé y esto es Nueva Orleáns, con la cultura (musical, por supuesto) como estabilizante de la esencia de la tierra, también palpable en sus contradicciones, como una escena en la que un actor (¡blanco!) de Hollywood interpreta a Kid Ory o la escena en que el protagonista (Rob Brown) se encuentra con Nicholas Payton y otros músicos orleanos en un escenario neoyorquino y afirma: “Yo tengo que venirme a Nueva York para tocar con mis paisanos”. También aparecen todos los locales míticos en la serie: vemos a Lucia Micarelli tocar en el House of Blues, a The Soul Rebels en el Tipitina’s… Sería interminable.
No me gustaría concluir este relato sin hacer constar, de todos los mensajes, el mensaje que más me ha gustado de esta temporada final: el de que la educación es el (único) elemento capaz de hacer evolucionar hacia bien lo que en principio parece insolucionable. En este sentido, en esta temporada, el crápula Baptiste, reconvertido en profesor de música de una escuela, trata de inculcar a sus alumnos sentimiento y responsabilidad a través de la música, luchando contra la burocracia y los recortes, como en todos lados. El resultado, poético, es que finalmente es él quien evoluciona y se estabiliza, madurando sin darse cuenta.
Y, ¿cómo no? el último capítulo termina como terminó la primera (gloriosa) temporada, con el desfile del Mardi Gras, festivo, glorioso, típico, feliz y peligroso, multitudinario. Como dice el refrán, “nunca hay sitio para mear en el Mardi Gras”, un año más. Las historias se repiten, como los standards, pero siempre suenan diferente. En palabras de DJ Davies:
En, ¿nunca os pasa que oyes una canción que has oído un millón de veces antes, incluso estás harto de ella, pero esta vez, tal vez por algo que te ha pasado, o quizás por algo que ahora entiendes, vuelves a oírla, puede que una nueva versión o puede que no, pero te das cuenta de que hay un mundo nuevo dentro de ella? Sí, a mí también.
Entonces suena "Do You Know What It Means To Miss New Orleans?", interpretada por John Boutté. Fin de la serie. ¿Saben lo que significa añorar Tremé?
La segunda e inesperada entrega de Tremé (inicialmente fue concebida como una única temporada) ha resultado un nuevo y gozoso recorrido por los lugares y personajes de esa Tierra Prometida de la Música que es Nueva Orleáns. En cuanto a los escenarios, aparecen más garitos en los que los músicos luchan por triunfar, más sesiones (en estudio y en ensayos) de las bandas y menos ruinas provocadas por el huracán. En cuanto a los personajes, son los mismos con las mismas decepciones y los mismos sueños: DJ Davis consigue montar un grupo y una casa discográfica; a la violinista, Annie, la persigue un éxito en el que ella no cree; el trompetista Delmond Lambreaux, a pesar de triunfar en Nueva York, sigue buscando su propio sonido, mientras Antoine Batiste descubre que ser líder de un grupo tiene más desventajas que beneficios... Los mismos personajes. Sin embargo, el guión los lleva un paso más allá, y nos ofrece una visión más amplia y, en ocasiones, más tenebrosa de sus personalidades. En la ciudad del Mississippi, continúa la
difícil partida de la supervivencia, pero la reconstrucción es un
trabajo demasiado lento para algunos personajes acostumbrados a marcar
el ritmo.
En la serie, Christian Scott aparece junto a Rob Brown y la Algiers Brass Band interpretando "Joe Avery's Blues"
Mitos y desmitificaciones aparte, ésta es una serie para los aficionados a la música negra y al jazz en particular, no sólo por la cantidad sino porque la serie ofrece continuamente momentos en los que la música o los músicos (casi todos auténticos, gracias a la gran cantidad de cameos) alimentan tanto como el argumento. Ya en el primer episodio de la segunda temporada (¡en el primer episodio suenan nada menos que 20 temas diferentes!) podemos asistir a un tenso diálogo en el que el personaje de Delmond Lambreaux (Rob Brown, a quien conocimos con 16 años en Descubriendo a Forrester) defiende sus raíces. Como trompetista, triunfa en Nueva York haciendo un jazz moderno. Para los demás, se ha alejado del sonido de Nueva Orleáns y lo clasifican como “una síntesis desarraigada del jazz tradicional”, pero él siente que todo lo que toca proviene de su ciudad natal, haga el tipo de jazz que haga. Los demás no lo entienden. Delmond lo explica con una metáfora en la que los Saints de Nueva Orleáns se enfrentan a los Giants de Nueva York en Nueva York:
"Hay
algo muy elemental y espiritual en la música de Nueva Orleáns y en
la cultura de Nueva Orleáns que hemos perdido en el jazz contemporáneo,
¿vale? Voy a hacer un disco de jazz moderno que represente al verdadero
Nueva Orleáns. Quiero mandar un mensaje. Si Picasso es moderno, Louis
Armstrong y Papa Celestin también son modernos."
Ofendido en lo más íntimo, Delmond comienza a buscar un sonido que identifique su verdadera identidad... hasta que, por casualidad, durante un desfile de carnaval, el sonido de una trompeta ("Killer Joe" de Quincy Jones) que sale de una radio se mezcla con los cantos de los indios que comanda su padre, el jefe Lambreaux... De este accidente surgirá una idea: un contundente y gozoso híbrido a medio camino entre el canto tradicional de los indios y el jazz de vanguardia, algo peligroso para mostrarlo a los puristas. Pero lo más difícil será encontrar la fórmula: medio combo neorleano y medio neoyorquino, y en los teclados alguien capaz de tirar de todos, Dr. John, a quien se unirá en el estudio Ron Carter al bajo, Donald Harrison jr. al saxo, Carl Allen a la batería... Las dificultades se solucionan llevando la sesión de grabación a orillas del Mississippi porque "Nueva Orleáns infecta a la música, la reconstitucionaliza. [...] La diferencia importa”.
El jefe Lambreaux (Clarke Peters) se permite darle instrucciones a Ron Carter, que se interpreta a sí mismo, durante una sesión
Esta patente simbiosis de tradición y nuevas ideas es la que define la naturaleza mestiza de la ciudad y la que impera en los argumentos: DJ Davis (el personaje interpretado por Steve Zahn e inspirado en un auténtico discjockey de radio) mezcla jazz, tradición, hiphop y política en sus canciones, monta un grupo, un sello discográfico y comienza a hacer bolos. A su lado, Annie (Lucia Micarelli) busca su identidad probando con algo tan complicado como la composición, mientras que Antoine Batiste tiene que descender a las bases para enseñar a niños de escuela al fracasar su intento de montar un grupo de soul y r'n'b, aunque quizás encuentre más satisfacciones en este nuevo desafío...
A Batiste, egocéntrico e imprevisible, la disciplina y la responsabilidad le repelen. Sin embargo, durante una clase, intentando explicar a unos alumnos de colegio qué es el jazz mientras oyen un disco de Louis Armstrong ("West End Blues"), comienza a sentir algo.
“Este hombre toca con el corazón, ¿veis? No está leyendo las notas de un papel. Las escribe mientras toca y las siente en el momento de tocar. Eso es el jazz. Es improvisación. Es genialidad. Y nosotros lo inventamos. En Nueva Orleáns. Aquí mismo. Cerrad los ojos. Escuchad.”
Los alumnos cierran los ojos y Baptiste tararea la melodía, la clase completa en silencio...
Antoine Batiste (Wendell Pierce) y su banda
La segunda temporada de Tremé acaba con unas escenas del Festival de Jazz y Tradición de 2007, fecha en la que está ambientada. Para ello, se volvieron a montar los conciertos de Lucinda Williams y The Iguanas, que estuvieron concretamente en esa edición del festival, como parte del realismo que David Simon quería dar a la serie. Igualmente, todos los músicos que han aparecido en ambas temporadas estuvieron realmente en Nueva Orleáns en esa época, tras el Katrina. Lo contrario hubiera sido anacrónico... Y es en ese N.O. Jazz & Heritage Festival de 2007 donde desembocan los caminos de varios de los personajes y donde explota toda esta diversidad racial y musical de la que hablamos, como una nueva metáfora de sus vidas, para demostrar que la música no es sólo la sangre que circula por las venas de la ciudad sino un sentimiento que une a los implicados como un extraño lazo familiar.
Como epílogo, DJ Davis vuelve a la radio y pincha un emotivo tema de Louis Armstrong, al que llama el Abuelo: "Wrap Your Troubles in Dreams" ("Envuelve tus problemas en sueños") que sirve para "envolver" un maravilloso montaje en el que vemos cómo se resuelven los enredos dramáticos de los protagonistas.
Habría mucho más que añadir, pero dejémoslo en una alabanza a Blake Leyh, que asesoró a David Simon y a sus guionistas en todo lo referente a la elección de los temas musicales, que aquí no son sólo una banda sonora de fondo... Que vuestros ojos y vuestros oídos la disfruten. Y no lo olvidéis: Leissez les bones temps rouler.
Esta es una de las mejores escenas, con Kermit Ruffins y sus Barbecue Swingers:
Kermit Ruffins es un showman. Cantante y trompetista, posee la felicidad del hot jazz y el peso de la tradición de Nueva Orleáns. Es un habitual de los locales de la ciudad del Mississippi, donde toca a diario. Los que no pasamos habitualmente por allí lo conocimos por sus apariciones en la serie Tremé, donde se le ve interpretándose a sí mismo y (tiremos de anecdotario) montando su barbacoa fuera de un local, costumbre que tiene en la vida real: ofrece a los espectadores y amigos una barbacoa antes de cada actuación. Pero lo que de verdad nos importa de Kermit Ruffins es su estilo. Toca la trompeta como Louis Armstrong, canta como Louis Armstrong y nos hace felices como Louis Armstrong.
El anclaje de Nueva Orleans a la tradición es indiscutible, por más estilos que abunden en esta Ciudad de la Música, y Ruffins, sin ser un purista, bebe directamenta de esta(s) tradición(es) y transmite este espíritu mestizo, (im)puro y global, porque Nueva Orleáns es un pequeño mundo. Blues, cajun, ritmos tropicales, tradición... Todo cabe dentro del estilo de Kermit Ruffins y todo está en este disco: Ruffins demuestra, canción tras canción, que, sin perder el swing, puede ser decididamente soul ("More Today Than Yesterday"), dolorasemente bluesy ("New Orleans", con esa trompeta desgarradora) o sentidamente Satchmo ("La Vie en Rose"), porque la voz de Ruffins tiene el timbre y el espíritu de Satchmo, con un guiño que nos retrotrae a aquel tiempo pero que suena ácido como sólo puede sonar el jazz moderno. ¿Qué más se puede pedir?
Happy Talk, el primer álbum de Kermit Ruffins después de Tremé es también su primer álbum con big band, una especie de vuelta a sus orígenes porque Ruffins fue uno de los creadores de la Rebirth Brass Band, aunque luego en sus discos en solitario utilice combos más pequeños. La banda (dieciséis músicos en total) envuelve ese sonido que brilla con la autenticidad de las second lines y con el que pretende sonar como las grandes bandas de Lionel Hampton o Count Basie. Pero además de la banda y del contagioso grito de su trompeta, también tiene esa forma de cantar... Aunque a mí sigue gustándome más cuando toca la trompeta.
Aquí os dejo un video. "Smokin' with Some Barbeque" no está en su último disco, pero nos trae el Kermit más cercano, el de las barbacoas antes de los bolos, el que se patea noche a noche los escenarios porque esto del jazz no vive enlatado:
Elvin Jones fumando a las puertas del Birdland de Nueva York,
anticipando con humor las prohibiciones
a las que nos enfrentaremos los españoles este año.
Como siempre, pasaron los Reyes Magos dejando atrás su rastro de ilusiones (más o menos) cumplidas. Nos queda un año por delante y en Jazz, ese ruido estamos seguros de que serán doce meses llenos de música y buenos momentos, aunque a algunos se les hará más largo ahora que el gobierno Zapatero ha prohibido fumar en los pocos lugares en que antes se permitía; a nosotros, de entrada, se nos amontonan los temas para sacar a la palestra: discos (Kermit Ruffins, Sonny Rollins, Apolo Bass), películas clásicas (El trompetista, Quiero vivir) y otros placeres (William Claxton).
En resumen, que ya es hora de ponerse a trabajar. Las navidades en España duran hasta el día de Reyes, el 6 de enero, pero las navidades ya han terminado. ¿O no?
Dicen que el orleano Kermit Ruffins es el más perfecto hijo de Louis Armstrong. Opiniones aparte, seguimos celebrando haberlo descubierto en Tremé y lamentando no haberlo conocido antes: tenemos la desgracia de no vivir en New Orleans. Pero ya hemos conseguido su último disco. Y eso ya es algo.