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MINGUS EN ARGENTINA

CHARLES MINGUS, In Argentina: 
The Buenos Aires Concerts (Resonance, 2025)

A finales de los 70, un Charles Mingus que ya sufría los efectos de la ELA viajó a Argentina con uno de sus quintetos menos conocidos, formado por el pianista Robert Neloms, el trompetista Jack Walrath, el saxofonista tenor Ricky Ford y el baterista Dannie Richmond. Esta grabación, publicada por Resonance Records en un triple LP, recoge los conciertos que realizó en el Teatro Coliseo y en el Teatro de la Sociedad Hebraica Argentina los días 2 y 3 de junio de 1977. La edición, 3-LP recogidos de las cintas originales grabadas por el ingeniero de sonido Carlos Melero, masterizados por Matthew Lutthans en el Mastering Lab y prensados ​​en Le Vinylist, documenta una época poco conocida del músico, seis meses antes de que esos síntomas fueran diagnosticados y justo antes de trabajar con Joni Mitchell en Mingus, álbum en el que la enfermedad ya no le permitió tocar.

Foto de Uberto Sagramoso (de izq. a derecha: Ricky Ford, Jack Walrath, Bob Neloms y Charles Mingus). 
Buenos Aires, Teatro Coliseo, 2 de junio de 1977. 

Como viene siendo habitual en estas grabaciones que Resonance recupera (ya lo apreciamos al reseñar The Lost Album from Ronnie Scott's de 2022), la edición contiene una cantidad ingente de documentación y notas (en este caso, del biógrafo de Mingus Brian Priestley (A Critical Biographgy de 1983) y del escritor Claudio Parisi, y entrevistas realizadas ad hoc a los miembros de la banda Jack Walrath y Ricky Ford, entre otros.

En lo musical, nos encontramos a un Mingus que muestra la energía que la enfermedad empezaba a negarle, con su habitual liderazgo al contrabajo y sus exhortaciones a los músicos, repasando temas clásicos como "Goodbye Pork Pie Hat" y "Fables of Faubus" o exploraciones en ritmos tropicales, tan poco habituales en Mingus ("Cumbia and Jazz Fusion") o clásicas como "Duke Ellington's Sound of Love", de su ídolo Ellington, que fue siempre una de sus referencias y que siempre interpreta pasada por el tamiz salvaje y rabioso de su propio temperamento, algo de lo que se contagia un quinteto consistente, energético y con un interplay fabuloso. 



* Más info: resonancerecords.org


UN JAZZ PRIMITIVO

RASPA GARCÍA TRÍO, Standards Session Vol. 1 
(Gaztelupeko Hotsak, 2024)

Estándar pero no tan conocido es, por ejemplo, "Mamanita" de Jelly Roll Morton o el "Honky Tonk" de Bill Doggett, temas menos habituales en los discos de standards, pero tan disfrutables como todo el disco de Raspa García Trío, que contiene una selección de clásicos que van desde Jelly Roll hasta Mingus pasando por James Booker, todo un repertorio que profundiza en el blues y en los estilos más primitivos del jazz.

Jorge "Raspa" García
es un pianista madrileño formado en la escuela de música IMT que ha desarrollado su carrera dentro del espectro de músicas negras, especialmente en el blues y en los ritmos de Nueva Orleáns con bandas como The Tremendous o The Cawfish, con quienes grabó en 2015 Boogie Woogie Voodoo. Su estilo abarca todo el espectro del blues, desde las notas más ásperas del blues del Delta hasta su capacidad para integrarse en los ritmos más jazzy, convirtiendo cada tema en una fiesta.


El repertorio se sostendría solo con el trabajo de Raspa García, sin duda. Su capacidad de llenar con ambas manos ritmo y melodía es brutal, como deja claro desde el comienzo con los compases hispanos de la "Mamanita" de Jelly Roll Morton, de modo que el trío es casi un extra, un extra fantástico, porque tanto Francisco López "Loque" al contrabajo como Antonio Álvarez "Pax" a la batería aportan su inestimable creatividad y una buena dosis de frescura para que fluya el groove de estos sonidos injustamente olvidados por los músicos modernos.

Difícil elegir un tema. Nos queda en el oído la seductora cadencia de la sección rítmica en "Slow Time" (Clarence 'Gatemouth" Brown) sobre la que se apoya un inconmensurable Raspa García, que aporta síncopa y sentimiento a cada compás del tema. El trío está arrollador en la versión de "Boogie Stop Shuffle" (Mingus) con un gran trabajo rítmico y un Raspa que roza el virtuosismo a toda velocidad pero sin esfuerzo. El blues más tradicional aparece en una versión a media voz de "Careless Love", tocada con una sensibilidad fabulosa, una gran conclusión del disco, pero antes nos encontramos con clásicos como "Honky Tonk" (Bill Doggett), "Blues Minuet" (James Booker) o "Black Brown and White" (Bill Big Bronzy), y mucha improvisación, sonidos puros sin complejos, rhythm and blues con descaro... Todo un repertorio pensando para disfrute de los aficionados al sonido tradicional pero no exento de un virtuosismo indispensable para que estos temas tan antiguos suenen espectaculares y vivos. 



* Más info: https://hotsak.eus/es/artistas/raspa-garcia-trio/

FUSIONES INESPERADAS

Nos encanta descubrir voces y sonidos nuevos. Hoy escuchamos tres álbumes de April Records que tienen algo en común: son fusiones inesperadas de instrumentos que nunca habíamos escuchado juntos o de estéticas que parecían imposibles de emparejar. En ellos las tímbricas de los instrumentos se adaptan al diálogo y en todos surgen sinergias que dan sentido a la música. 


LIS WESSBERG, Twain Walking (April Records, 2024)

Twain Walking  no es un disco de jazz electrónico sino un disco de jazz donde, en ciertos pasajes, la electrónica (Rhodes, Moog, sintetizadores) suma capas para favorecer la expresividad del trombón. Bajo y batería siguen formando una sección rítmica típica del jazz. La trombonista danesa Lis Wessberg resulta un gran descubrimiento con este álbum, donde mezcla con habilidad paisajes sonoros electrónicos con un jazz seductor e hipnótico, un paso adelante, una versión contemporánea del cool jazz que lleva tocando 30 años.

Como el cool, que se mueve entre lo salvaje del bop y lo sereno del pop, el jazz de Wessberg flota entre la tradición hot jazz y la frialdad nórdca. Llevando más lejos la metáfora, sus composiciones están a medio camino entre la experimentación de Miles Davis y la serenidad de la trompeta de Miles Davis.

Con composiciones propias y rodeada de los músicos Steen Rasmussen (Fender Rhodes, Moog, sintetizadores, piano), Lennart Ginman (contrabajo, electrónicas), Jeppe Gram (batería) y la voz de Karmen Rõivassepp, nos ofrece un valioso repertorio que va de los paisajes ambientales, casi cinematográficos, a otros donde el groove nos empuja sin remedio, como es el caso de "Trapestry of Life", donde los sintetizadores crean una energía cercana a las improvisaciones espirituales de Miles Davis al inicio de su época electrónica. Dicho sea sin ánimo de comparar.



* Web oficial: www.liswessberg.com


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EMIL DE WAAL, Fire Øjne (April Records, 2024)

El caso del percusionista danés Emil de Waal plantea una experimen-tación dentro de la experimentación. A sus singulares composiciones suma la complejidad de hacer un disco a dúo, pero no un disco a dúo con otro músico sino con uno distinto en cada tema. Concebido en principio como un disco en solitario (ya que afirma que en sus disco anteriores las decisiones fueron colectivas y aquí son personales), este Fire Øjne (literalmente, cuatro ojos) explora las posibilidades conversacionales con otros instrumentos, además de experimentar personalmente con ritmos y con electrónica, programación, flauta, agua y, por supuesto, percusión.  

Algunos de estos dúos a destacar son, por ejemplo, "Regnvejrssang", una vieja sintonía de dibujos animados de los años 70 que De Waal interpreta aquí junto con Fredrik Lundin en la flauta baja, reforzando una poderosa intención melancólica; "Paradigme", donde juega con el sonido del agua como si de un instrumento de percusión se tratara, mientras el piano electrónico crea ambientes inquietantes; "Generøs", en el que Cecilie Strange presenta un tema bastante libre al saxo, lleno de inquietantes giros que De Waal amplifica con la percusión... Aunque quizás la fusión más interesante sea la de "Halvfirs Ferms", donde la percusión obsesiva de De Waal se une a la guitarra de Rasmus Oppenhagen Krogh, que realiza un trabajo casi netamente rítmico, conformando un tema hipnótico. Dos temas con raíces menos experimentales son "Limbo Jazz" de Duke Ellington, donde establece un ritmo muy crudo mientras el saxo barítono de Lundin revive la festiva melodía elliingtoniana, y "Silence", una composición de Charlie Haden que ya interpretaron Chet Baker y Don Cherry, y que aquí, con el sonido que Susan Alcorn extrae de su pedal guitar, cuyos largos fraseos suenan casi a órgano, toma el carácter de un himno sagrado. El único tema en solitario es "Logistik", una enorme improvisación de batería que resulta más narrativa que explorativa. Tema contenido y sinuoso, deja la sensación de haber escuchado un tema completo, no un solo. 




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DAWDA JOBARTEH & STEFAN PASBORG, 
Live in Turku (April Records, 2024)

La kora es un instrumento de 20 o 21 cuerdas, pariente lejana del laúd y del arpa. Traída de Gambia y países limítrofes, no se nos ocurre un instrumento menos habitual en el jazz. Pero ahí está Live in Turku, un disco de música improvisada con tintes de world jazz cuyo principal responsable es Dawda Jobarteh, un músico gambiano, hijo y nieto de músicos, que vive en Dinamarca. Su cómplice es el percusionista Stefan Pasborg

Tras el seductor comienzo a tempo lento, con la percursión manteniendo un ritmo intrigante y la kora anunciando una melodía aparentemente plácida, el disco estalla en una explosión de energía más similar al jazz rock que al folklore africano o al afro jazz. De hecho, lo que toca Jobarteh en este inicio es una versión eléctrica del instrumento tradicional. No podemos eludir que el disco es pura energía, energía llena de melodías exóticas donde ambos músicos se complementan y suenan como si fuera una banda completa, gracias a las propiedades armónicas de la kora y al trabajo polirrítmico de Pasborg. 

El álbum, grabado en directo en el Festival de Jazz de Turku (Finlandia) en abril del año pasado, contiene cinco temas originales de Jobarteh y de Pasborg, una versión de un tema del baterista Ed Blackwell ("Togo") con un comienzo poético e improvisaciones tremendas, y alguna referencia clásica, como una versión de "Better Git It In Your Soul", que Charlie Mingus publicó en su Mingus Ah Um (Columbia, 1959) y que aquí suena más potente y más africana que nunca con las armonías de la kora. ¡Y con el brutal solo de batería de Pasborg!

En resumen, un disco singular, una inesperada fusión de armonías africanas con la energía de un jazz-rock hijo de Miles Davis, pero también de psicodelias herederas de Hendrix o McLaughlin con la Mahavishnu.



* Más info en aprilrecords.com/dawda-jobarteh-stefan-pasborg-live-in-turku/

JAZZ SUAVE Y CALEIDOSCÓPICO

MASHA OCEAN QUARTET, Kaleidoscopic Realities (2023)

Con una voz identificable y camaleónica al mismo tiempo, la cantante Masha Ocean se presenta, disco-gráficamente hablando, con un cuarteto que lleva construyendo desde 2019. En la formación actual, encontramos a tres músicos locales: Isaac Pascual (pianista, compositor y arreglista), Francis Posé (contrabajista y compositor) y Ramón López (batería). El repertorio, tres standards y seis temas originales que van del blues al scat pasando por influencias brasileñas y alguna balada, una amalgama que utiliza para mostrarnos todos sus registros y recursos. 

Masha Ocean es una cantante y compositora de origen ruso nacida en España (en el disco canta en tres idiomas, incluyendo un tema en ruso llamado "Ocean Wave (Волна Океана)"). Formada musicalmente en Moscú y Londres, primero en violín y luego en canto de jazz. Ha sido alumna de Roberta Gambarini, Maria João, Salvador Sobral, Sara Dowling y Jose Carra. Fue ganadora del concurso de jazz vocal internacional «Gnesin Jazz Voice» en 2017, y quedó segunda en el III Concurso Internacional de Jóvenes Intérpretes «Fémina 2021», cuya final se celebró en la sala Clamores.

A lo largo del disco, Masha usa sus recursos para llevarnos a su terreno, un jazz suave, fácil de escuchar, seductor y donde su voz se siente cómoda para expresarnos su amor por distintas estéticas del jazz, desde suaves baladas a las que pone swing con una voz cristalina que se adapta a los cambios de ritmo ("That Night It Was Lightly Raining", un temazo que contiene también varios buenos solos), pasando por una versión soul (sobre un fondo drum'n'bass) de "Take Five". Hay momentos menos profundos, como la samba "Tolox", donde la velocidad y el tono naive de la letra hacen perder seriedad a su voz. En este tema colaboran varios músicos, como el saxofonista Daniel Torres (que hace los arreglos), el trompetista Félix Rossy, el trombonista Moisés Gallego, el percusionista Manolo Toro Robert Banerjee (guitarrista de Amy Winhehouse), que participa en varios temas. 

Habría que destacar el apasionado despliegue vocal del "Godbye Pork Pie Hat" de Mingus, o un tema que destaca por su singularidad: "Darkness", montado sobre un quinteto de cuerda con Masha como primer violín, Patricia Pascual como segundo, Constantin Merezhnikov a la viola, Mauricio Gómez al violonchelo y Francis Posé en el contrabajo. Curiosamente, esta formación atípica, que comienza con un enfoque camerístico, acaba llevándonos a una dramática balada que arrastra nuestra memoria hasta aquellos discos en los que incluso Billie grabó con cuerdas. 



*Web: www.mashaocean.com

MODERN MINGUS

IOSU IZAGUIRRE SEXTET, Mingus Moods
(Errabal Jazz, 2023)

Mingus era un músico tan sensible como salvaje. Nadie puede negarlo. Su jazz estaba lleno de rabia tanto como de intenciones. A día de hoy ha sido versionado hasta la saciedad, pero pocas veces reinterpretado. El disco que hoy estamos escuchando, liderado por el bajista Iosu Izaguirre, le rinde homenaje de una manera particular: en este álbum no hay temas de Mingus sino composiciones originales inspiradas en su filosofía jazzística y amparadas en un sexteto potente, donde brillan los espléndidos solos de Koldo Uriarte al piano (espléndido solo también el de Asier Iturbe al trombón en "Mingus Moods", el tema que abre el disco) y una sección de viento (Rubén Salvador a la trompeta, Pablo Ramos al saxo alto y el citado Asier Iturbe al trombón) que homenajea a aquella época en que los escenarios de jazz no eran íntimos ni intelectuales sino poderosos focos de energía. Pero lo más interesante de este planteamiento es que, sin perder la esencia marca Mingus, los arreglos y la ejecución suenan modernos, brillantes. El sexteto se completa con Aitor Bravo a la batería, mientras que Izaguirre se reserva el papel de Mingus: contrabajo, composición y motor de la banda. 

Iosu Izaguirre
En el conmovedor texto que incluye el libreto del disco, David Gotxikoa recuerda que en la música de Mingus convivían "en tensión conceptos y emociones en apariencia antagónicos: rabia y ternura, vanguardia y primitivismo, orden y caos, humor y conflicto". Iosu Izaguirre comenzó a tocar el bajo de adolescente en bandas de rock y ska, donde quizás nació parte de su energía, para luego especializarse en jazz. Tiene una dilatada carrera como músico pero es su primer álbum como líder, y lo hace con composiciones propias, inspiradas en la estética de Charles Mingus, pero propias. La única versión del álbum responde a esa rabia heredada del rock: una versión de "Tiempos nuevos, tiempos salvajes" del grupo Ilegales, una versión que aquí alterna un lirismo nostálgico con momentos de fuerza. 

Foto: Joseba Baleztena

Al estilo de Mingus, Izaguirre ha escrito falsas baladas llenas de disonancias y arritmias como "A los que se fueron" (donde se mueve hacia el blues sin despeinarse) o "Landalan" (donde el grupo explora sensaciones extrañas para explotar en puro hardbop). Hay muy buenos temas en el álbum, pero me gustaría destacar "Ez pentsatu gehiegi", donde Izaguirre se da el lujazo de comenzar el tema con un sentido y melancólico solo de contrabajo que no es sino un esbozo de lo que viene: entra a saco en una montaña rusa bordeando el post-bop que Mingus inauguró como expresión personal y que cambió el rumbo del jazz. 

Para terminar, suena un tema de aire tropical llamado "Piscola" que redondea un disco original de un compositor original y que respeta la tradición, un músico que, sin versionar, devuelve a Mingus una modernidad que merece.



* Más info: www.hotsak.com/artistas/iosu-izaguirre-sextet-1

MINGUS PERDIDO Y REENCONTRADO

CHARLES MINGUS, The Lost Album from Ronnie Scott's
(Resonance Records, 2022)

Siempre es excitante que lleguen noticias como esta, la de la publicación de una grabación perdida (quizás olvidada en algún archivo) de alguien de la talla de Mingus. Con una cuidada edición en triple vinilo y triple CD, y con un libreto que incluye entrevistas y curiosidades. La encargada de esta edición es Resonance Records, una discográfica sin ánimo de lucro de la que ya hemos hablado en otras ocasiones a propósito de Bill Evans y Roy Hargrove, por ejemplo, y que está haciendo una labor inestimable para recuperar grabaciones perdidas u olvidadas de grandes del jazz, un trabajo a cargo de Zev Feldman, co-presidente de la discográfica, una especie de detective del jazz, como lo llaman por allí, a cuyas investigaciones y a cuyo tesón debemos la recuperación de estas joyas.

Foto: Jean-Pierre Leloir

La grabación que incluye el álbum es un concierto (en dos pases)  en el Ronnie Scott's de Londres que nunca ha sido publicada. El sexteto, formado por el saxofonista alto Charles McPherson, el tenor Bobby Jones, el trompetista Jon Faddis, el pianista John Foster y el baterista Roy Brooks suena potente a la manera en que Mingus derrochaba energía en esa época, caos ordenado pero caos mingusiano siempre, y que aquí nos regala temazos como una versión de 35 minutos de "Fables of Faubus", ese temazo icónico e imprescindible para entenderle, con energías que fluyen como en una montaña rusa, Mingus gritando a los músicos, como solía hacer, o una reinterpretación del clásico "When The Saints Go Marchin' On", al estilo Mingus, por supuesto. 

Grabado los días 14 y 15 de agosto de 1972 para ser publicado por Columbia, se desechó al abandonar Mingus esta discográfica. Saldrá a la venta en un triple LP de 180 gramos en formato audiophile el próximo 23 de abril (y en CD y descarga el 29). Resulta un disco muy recomendable para completar la discografía de Mingus (con la esperanza que aparezcan más grabaciones), profundizar en su filosofía musical o, simplemente, un placer para los que no pudimos escucharlo en directo en vida. Porque Mingus sigue de moda, especialmente ahora que se va a cumplir el centenario de su nacimiento y proliferan los homenajes, como el que va a hacer el NEC (Conservatorio de Nueva Inglaterra) con varios conciertos, algunos de ellos retransmitidos en streaming

John Foster, Charles Mingus y Charles McPherson.
Foto: Christian Rose (1972)
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UNA VUELTA DE TUERCA

YOKO MIWA, Keep Talking (Ocean Blue Tear Music, 2019)

El nuevo álbum de la pianista japonesa radicada en Boston Yoko Miwa da muestra de su constante evolución como compositora y como pianista. Sus nuevas composiciones, su excitante reescritura de standards y su búsqueda de nuevos desafíos versionando temas pop, convierten este disco en un catálogo que describe su personalidad y también su poderosa versatilidad.


Acompañada, como en su disco anterior Pathways de 2107, por el contrabajista Will Slater y por su marido, el baterista Scott Goulding, y con la participación puntual de otro contrabajista (otra vez Brad Barrett), esta profesora de Berklee crece con cada disco y en éste, especialmente, da una vuelta de tuerca a más de un tema clásico y a más de una teoría. Vamos a escuchar todos los temas como merece un buen disco de jazz.

El álbum comienza con un tema original titulado "Keep Talkin'" que nos arrastra con un groove contagioso que suena a boogaloo y cuyos destellos funk son realmente divertidos. Un comienzo inesperado donde ya el trío derrocha compenetración en los cambios de ritmo y donde, como siempre, se percibe el poderoso swing de Miwa. 


El segundo tema es el clásico de Monk "In Walked Bud", que comienza con una presentación muy original: con el contrabajo tomando el protagonismo en el reconocible riff monkiano y llevando el peso del tema, con una batería que suena cruda, hot, y ese brillante y sincopado estilo de Miwa por encima, un swing que se convierte en delicadeza en "Secret Rendezvous". Sigue "Sunset Lane", escrito por la pianista y con fuertes influencias de Bill Evans, a quien intenta ser homenaje con un estilo muy lírico, sublimando la melodía hasta lo cerebral sin perder la poesía. A este momento de profunda belleza sigue el tema de Mingus "Boogie Stop Shuffle", donde la pianista realiza una fantástica reinterpretación a las teclas de lo que Mingus escribió para los metales.

En la mitad del álbum escuchamos quizás el experimento más arriesgado. Yoko Miwa versiona dos temas de Lennon & McCartney, "Golden Slumbers" y "You Never Give Me Your Money", ambos fusionados en un solo corte donde el disco parece decaer hasta que llega al solo y reaparece la pianista versátil y ágil, con unos cambios de ritmo de esos que nos gustan a los que nos gusta el jazz. Tras el principio, aparentemente pop (pero con una coloratura muy jazzística) y el solo, el tema deriva en un final con mucho blues, muy intenso. Vale la pena escucharlo.


"Tone Portrait" funciona a tiempo medio, especulativo, muy expresivo en las teclas más bajas. "Casa Pre-fabricada" es un tema que la pianista escuchó en la voz de Maria Rita (hija de Elis Regina, a quien Miwa admira) y del que se enamoró por la belleza de sus líneas caprichosas. Un toque brasileño que aporta, una vez más, datos fiables sobre su versatilidad. En "Conversation" encontramos una nueva versión jazzística de Joni Mitchell, una cantante cada vez más homenajeada por los músicos de jazz. Hay una cierta estética rock adaptada al lenguaje armónico e improvisador del jazz en la grabación, fuerza de gospel y una lírica que proviene del original, fuerzas que se adormecen en el lenguaje sincopado del trío de piano. 

El álbum termina con dos composiciones nuevas. "If You're Blue" suena monkiana desde el primer compás. Además, hay cambios de ritmo cogidos directamente del "Puttin' On The Ritz" de Irving Berlin. Una delicia que confirma, además, lo que siempre afirmamos: que el trío de jazz es la formación perfecta. "Sunshine Follows The Rain" es una balada demasiado lenta para encajar en el disco pero la explicación es que fue grabada durante las sesiones de Pathways en 2017 para una banda sonora. Íntima y conmovedora, el uso de las escobillas por parte de Goulding y del arco en el contrabajo por parte de Brad Barrett consiguen elevar la delicada melodía del piano a un punto que nos deja con ganas de más. 

Un disco muy recomendable, tanto si conocen a Yoko Miwa como si quieren descubrirla y disfrutarla al máximo nivel.

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* Web oficial: www.yokomiwa.com

MONK, MINGUS Y EL SILENCIO EN MOZART

TONI SAIGI, La Prinsire de la Sal (Underpool, 2018)

Podríamos decir que Toni Saigi es un brillante pianista bop, pero nos quedaríamos cortos. Las composiciones y la ejecución de Saigi son una especie de conjuro que nos devuelve a los mejores tiempos del jazz, que fueron los 50 y los 60. Esto es una opinión personal pero es menos subjetivo afirmar que hay una clara influencia monkiana en su forma de atacar las notas del piano, y que con su cuarteto, armonizado muy al estilo Mingus, convierten este álbum en una experiencia singular.

Sin duda, una carta de presentación para un primer disco como líder. La Prinsire de la Sal fue grabado en los estudios UnderPool el 17 de diciembre del 17 y publicado en 2018. En el disco, Saigi junto a su cuarteto Tronik, formado por músicos jóvenes y sólidos de la escena barcelonesa: Jaume Ferrer al saxo, Marc Cuevas al contrabajo y Carlos Falanga como batería, habituales del sello Underpool y que aquí funcionan muy bien en conjunto.

A pesar del titular, Saigi está lejos de versionar a Monk pero sus fraseos sobre las teclas ahondan en ese estilo de ritmo roto y recompuesto que hizo inmortal al pianista de Carolina del Norte. El jazz debe sonar espontáneo, como música nacida del sentimiento que es, pero sin duda hay algo cerebral en esta manera de dominar el ritmo y sus cambios, y de expresar con los silencios, haciendo buena esa frase de Mozart que dice que la música se encuentra en los silencios entre las notas, teoría que impulsó Monk con su swing único.


Como buen jazzista, Saigi busca en la tradición y ofrece su propia visión del bop tardío y menos furioso de principios de los 60, algo que aplaudo. Ofrece también guiños (Bud, Tete) que no sabemos si están en la composición o es algo que contagia a sus músicos (hay guiños a Golson y a Rollins en algún solo de Jaume Ferrer, por poner algún ejemplo, incluso a altos como Bird). El tema final ("Holland Inn Hotel"), una balada tremenda en su brevedad y su presentación (piano solo) es, más que un guiño, casi un dejá vu en el que parece que va a entrar Billie Holiday para hacer su clásico "Lover Man".


En las baladas ("Magalí", "La Prinsire de la Sal"). comparte protagonismo con el saxo, que lleva casi todo el tiempo la melodía y a quien ofrece unas respuestas aparentemente parcas pero tremendamente expresivas. Una delicia. En los temas más atrevidos, como "Dieletif", experimenta con el ritmo y con la banda como si todos (incluido el saxo) fueran exclusivamente instrumentos de ritmo. Algo parecido pero menos atonal es "L'Anell que no tinc", duro, con un sonido muy crudo que recuerda otras épocas donde los discos de jazz no sonaban a asépticos compact discs. Aquí, mientras la sección rítmica fluye en su propia salsa, el piano crea una tensión sólo rota por el solo de saxo, templado pero muy bien llevado, con unas réplicas del piano muy personales que también acompañan al solo de contrabajo (qué sólido y mainstream suena Marc Cuevas cuando, sin embargo, como líder, busca experimentaciones más alejadas del jazz convencional) para terminar el tema con un chorus muy articulado y cantable, al unísono, casi hardbop 

En resumen, un disco ambientado en la tradición pero con toques muy originales y con un pianista al frente lleno de erudición y, al mismo tiempo, de ganas de abrir nuevos caminos. Toni Saigi tiene lo que tiene que tener un músico de jazz: su propia voz. Supongo que es pronto para afirmarlo juzgando por un solo álbum, pero confío en poderlo escuchar en un futuro próximo con nuevas grabaciones. Y que se parezcan a ésta.

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* Web: www.underpool.org/laprinsiredelasal

ELLINGTON, DESNUDO

Duke Ellington · Charlie Mingus · Max Roach, Money Jungle 
(United Artist Jazz, 1963)

Era evidente que el "instrumento" que tocaba Duke Ellington no era el piano sino la orquesta, y en este álbum, sin orquesta, parece desnudo. Cuando ocurrió esta sesión (17 de septiembre de 1962), Duke, tras cuarenta años de carrera, se dedicaba a hacer grabaciones de estudio (con y sin big band), sobreviviendo con su genio al paso de las modas (la presencia de su Orchestra por el Festival de Newport de 1956 fue apoteósica) y todavía todos querían grabar con el Gran Hombre.

Money Jungle es uno de esos discos a los que uno vuelve cada cierto tiempo para disfrutar de un rato de buena música y para recuperar el sabor del buen jazz cuando nota en su organismo la falta de swing y quintas disminuidas provocada por la escucha de jazz moderno.

¿A qué esperan para darle al play?


Originalmente publicado por United Artist Jazz en 1963 y reeditado constantemente (mi CD es de Blue Note y tiene 13 temas, aunque creo que la última edición tiene más), es uno de esos claros ejemplos de que unir personalidades distintas es una de las mejores maneras de crear arte en el jazz. El gran clásico, Duke, heredero de la música negra, que llevó a su big band, a sus suites, rapsodias y a todas las formas orquestales que se le antojó, se une aquí a Max Roach, el baterista y activista del bebop que hizo de la agresividad su forma de expresión, y a Charlie Mingus, el Hombre Enfadado del Jazz, cuya forma rebelde de tocar y componer supuso un precursor de lo que luego sería el free jazz. El resultado es un disco original, un revulsivo para el oyente, con composiciones nuevas de Duke (en lo que era la cara A del LP original) y dos grandes éxitos revisitados ("Caravan" y "Solitude"), aquí con un sonido nuevo, fresco y ciertamente interesante para los adictos a cualquiera de los tres músicos que son "un triunvirato, no un trío", como los define en las notas del disco George Wein.

No es una grabación con una gran calidad de sonido, pero vale la pena enfrentarse a ello sabiendo que la batalla entre las tres personalidades puede depararnos momentos únicos, como el Duke hot y relajado de "Very Special", un Duke que, en otros temas, se revuelve al ritmo del contrabajo y se deja llevar por el estado semi-salvaje, de la forma de tocar de Mingus, quien por primera vez tenía la oportunidad de tocar junto al que definió como su ídolo, El Duque. La manera en que Mingus responde a las frases del piano en "Very Special" denotan una concentración que es casi adoración. Esta comunión Ellington-Mingus es palpable en todo el disco.

Roach, por su parte, es Roach 100%, aún cuando, enfrentado a la reinterpretación de clásicos demasiado trillados (como "Caravan") debe reinterpretarse a sí mismo. Su forma de asumir los ritmos latinos es fascinante, cambiante, colorista, nada folklórica a pesar de todo, a veces impresionista.


Se puede considerar paradójico (dada su mayor experiencia) el hecho de que Duke sea de los tres el que más se adapta, se transforma, se transmuta. En algún tema incluso se suelta el pelo y se acerca al free. Desnudo sin su orquesta detrás y acompañado por músicos más modernos, Duke es Duke pero deja de ser Duke. Se le ve distinto pero más brillante, más sólido y reforzando la sensación de que es un músico único en la Historia del Jazz.
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* Fotografías de la sesión de grabación: Frank Gauna.

EL ESLABÓN PERDIDO

CHARLES MINGUS, Pithecanthropus erectus (Atlantic, 1956)

Si tuviera que recomendar un disco de Mingus a algún aficionado que no hubiera escuchado su música antes (!) seguramente elegiría este disco, no porque cada uno de sus cuatro temas sea un clásico sino por la posición que ocupa dentro de su discografía (tras sus Jazz Experiments), ya que siempre es preferible el orden cronológico como el mejor método para conocer a un músico. Pero Pithecanthropus Erectus no es sólo su primera obra maestra, es el primer eslabón del sonido Mingus, el momento en que el músico primitivo se levanta del barro primigenio del jazz tradicional, surgiendo de la nada (es un decir, de su Workshop), del blues (ah, aquel comentario) y del gospel, de todos estos lugares al mismo tiempo, para cambiar a la postre el mundo del jazz.

Valgan estos juegos de palabras, ya que el propio músico, en las notas del disco, define el tema homónimo como un poema musical en el que se describe la aparición de la especie humana y su posterior caída debido a su afán por esclavizar a sus semejantes para crear un precario estado de bienestar. ¿Un álbum conceptual? Muchos lo definen así y Mingus adoraba este tipo de mensajes. Todo el álbum parece un mensaje, tanto en los temas compuestos por él como en "A Foggy Day (In San Francisco)" de Gerswhin, un mensaje de aviso con el que Mingus se anticipó al free jazz, esa filosofía no siempre sana, mucho antes que Ornette Coleman. Porque aquí, con total libertad, Mingus reúne elementos del bop en decadencia, de big band y de la música clásica del siglo XX para conseguir sorprender de nuevo. Volviendo al título, algunos entendidos opinan que hace referencia a la posición de Mingus en el grupo, de pie con su contrabajo (en inglés, upright bass, bajo erguido), musicus erectus, otra chulería más de un tipo de la sección rítmica que se atrevió a componer y a dirigir.



Todos los temas tienen en común una estructura móvil en la que, en cualquier momento, podía ordenar a los músicos que salieran del esquema, que improvisaran. Y esta libertad está llevada hasta el punto de que las improvisaciones se convierten en ruido, en desorden. Esto debió enojar a los puristas de la época, que aún no soñaban la pesadilla del free. Encontrarían disculpas en "A Foggy Day", donde los músicos dejan de tocar para emular con sus instrumentos los ruidos de la calle: bocinas, tranvías... Un truco teatral, en apariencia. Pero no tan justificable en "Pithecanthropus Erectus" a pesar de su conceptualidad.

Con el paso de los temas, el disco se va templando. Los cuatro cortes venían originalmene en un LP con dos caras de 17 minutos. La primera contiene lo ya reseñado y la segunda un producto más digerible por los tradicionalistas. En primer lugar, "Profile of Jackie", una balada que es, en el fondo, un solo de saxo de tres minutos. "Love Chant" es un tema tradicional en el que las disgresiones aparecen por sorpresa, algo para lo que uno tiene que contar con muy buenos músicos para no fastidiar la receta. El sentido del blues, que es el alma de la música de Mingus, lo ponen Jackie McLean al alto, J.R. Monterose al tenor y el pianista Mal Waldron. El batería es Willie Jones. Mingus pone su humor y su sentido del caos.

Conservado (en vinilo o en cd) para la eternidad, Mingus vive entre nosotros gracias a esta singularidad, como un fósil de una especie extinta y quizás inexistente, como el Pithecanthropus Erectus.



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* Fotografía de Andy Freeberg.

MINGUS ON MINGUS PROJECT

Atención, se rueda

Incidimos en esta convocatoria (sólo quedan 10 días) para apoyar a un equipo encabezado por Kevin Ellington Mingus que trata de llevar a buen término un documental sobre su abuelo, Charlie Mingus. El proyecto es realizar una extensa serie de entrevistas que ilustren e iluminen la imagen del singular contrabajista, como se puede apreciar en el video que sigue. La mecánica es la usual de Kickstarter, plataforma que se está convirtiendo en una magnífica lanzadera para proyectos sin apoyo institucional ni comercial. Por un pequeño donativo puede uno aparecer en los créditos y, con algo más (se especifican los tramos en la página web), los productores se comprometen a devolvernos lo invertido en forma de DVD, tarjetas postales y otros detalles. Aconsejo mirarlo. Se puede acceder a la página oficial desde este enlace.









PERSPECTIVA HISTÓRICA Y PAYASOS DE CIRCO

ACORDES Y DESACUERDOS (XI)

Que las cosas se ven desde otro punto de vista con el paso del tiempo es algo que nadie duda. La otra noche, releyendo con placer las opiniones de Rex Harris y Brian Rust en su libro Recorded Jazz: A Critical Guide publicado en 1958 y escrito un año antes, me di cuenta por primera vez de ausencias notables en su índice. En primer lugar, eché de menos a Sonny Rollins. De acuerdo, Rollins estaba comenzando a grabar como líder y había editado su Saxophone Colossus el año anterior, y puede que a los blancos acantilados del Reino Unido no hubiera llegado aún el álbum y que estos tipos no lo conocieran...

Pero en el libro hay ausencias más escandalosas, como el hecho de que no aparezca Miles Davis, que había comenzado a destacar diez años antes tocando con Charlie Parker y a estas alturas (1957) había grabado ya su Birth of the Cool (1949). También habían salido a la venta entre 1955-1956 los cuatro discos de las maratonianas sesiones que realizó para amortizar su contrato con Prestige... 

Si esto fuera poco, imaginemos que en esta guía de 1958 tampoco están Charlie Parker ni Charlie Christian ni Charlie Mingus ni otros muchos nombres capitales del jazz que no se llamaban Charlie. La única explicación plausible es que estos británicos veían el jazz desde una discoteca y con una perspectiva histórica muy diferentes a las nuestras. La mitad de los nombres que aparecen en el libro son desconocidos para la mayoría de los aficionados actuales. Si Harris y Rust hubieran adivinado el peso que Miles, Rollins o Bird iban a tener en el jazz posterior... Claro que, en este y otros sentidos, siempre habrá acordes y desacuerdos. Pongámonos en perspectiva y adoptemos otro punto de vista:

¿Quién no pagaría hoy en día un viaje en el tiempo para ver a la Original Dixieland Jass Band? Pues bien, en 1919, la banda de Nick La Rocca visitó Europa. Tocaron en el Palacio de Buckingham. Interpretaron "Tiger Rag". Dicen que el rey Jorge rió como si estuviera frente a una actuación de circo. Seguramente, murió sin saber la suerte que había tenido.

En el siguiente video un aficionado pincha el disco de la ODJB "Tiger Rag" en una auténtica Victrola de 1922.




FÁBULAS EN LA UNIVERSIDAD DEL JAZZ

CHALES MINGUS, Right Now (Fantasy, 1966)

En los 50 Mingus fundó lo que él llamó The Jazz Workshop, una especie de universidad del jazz donde aceptaba a grupos de músicos jóvenes a quienes daba la oportunidad de trabajar con él, además de componer y tocar en una especie de taller (workshop), en el que les inculcaba el concepto de grupo con capacidad para improvisar, a la vez que les introducía en las bases de lo que luego desembocaría en el free jazz. Aquellos músicos lo llamaron su Universidad del Jazz. Entre estos jóvenes estaban Brooker Erwin, Pepper Adams y los componentes del combo que tocó en este disco: Right, subtitulado Live... at The Jazz Workshop, que es también el nombre del local de San Francisco donde trabajaba el grupo.

Este es un disco cuyo primer atractivo es la magnífica foto de la portada, a cargo de Celia Zaentz, la cual muestra el sonriente impulso del que se llamó "The Angry Man of Jazz". A diferencia de otros discos de la época (el del Carnegie Hall, por ejemplo) en los que trabajaba con formaciones de hasta nueve componentes en pequeñas "big" bands, aquí Mingus nos muestra la interpretación "desnuda" (por llamarla de alguna forma en contraposición numérica) de un quinteto, un quinteto que espolea e incita a desatarse en dos temas intensos: a Mingus, como en Blues & Roots, se le oye jalear, tanto por la fuerza del momento como por su instinto de profesor, incluso anima a Jane Getz cuando se equivoca de nota.

"New Fables" es una versión enorme de "Fables of Faubus", tema dedicado al gobernador de Arkansas Orval E. Faubus, quien en 1957 envió a la guardia nacional para impedir que nueve estudiantes negros ingresaran en el instituto de Little Rock, un hecho que aparecía en la película Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) y que sirvió de inspiración a la composición más política de Charlie Mingus. "Fables of Faubus" apareció por primera vez en Mingus Ah Um (1959) sin letra, por un exceso de prudencia de los productores (por llamarlo de alguna forma) y más tarde en Charles Mingus Presents Charles Mingus (1960) ya en una versión cantada. En los cinco años que pasaron entre Mingus Ah Um y Right Now, estas fábulas evolucionaron para dejar de ser un tema bop y sonar como un himno: en este disco "Faubus" se puede oír más étnica, más gospel, más épica, con unos músicos que parecen desatados pero que sabían lo que hacían. El tema dura 23 minutos y no contiene ni un respiro: ni la melodía ni la potencia de los músicos decae en ningún momento.

El tema de la cara B es "Meditation (For a Pair of Wire Cutters)" y es también un apabullante collage de ideas que gana con cada escucha, pero, después de oído lo oído, no es que sepa a poco (es otro tema enorme) sino que uno está deseando llegar al final para volver a poner el disco desde el principio...

El personal:
Charles Mingus al bajo
Clifford Jordan al saxo tenor
John Handyen el alto
Jane Getz al piano
Dannie Richmond a la batería

Esta es la versión cantada, que os divirtáis:

PERO HERMOSO

Un libro de jazz



But beautiful fue compuesta en 1947 por Jimmy Van Heusen con letra de Johnny Burke para la película Road to Rio de Norman Z. McLeod. Luego lo cantó Billie Holiday y Freddie Hubbard lo incluyó en su Open Sesame. Pero, además de un estándar, But beautiful es también el título de un libro que todos los aficionados al jazz conocen y aman.





Geoff Dyer admite que quiso hacer un ensayo cuando comenzó su libro de ficción Pero hermoso (Jonathan Cape Ltd., Londres; en España, editado por Amaranto). Porque, aunque no es ficción todo lo que escribe (los buenos aficionados reconocerán episodios reales de todos conocidos), lo que aquí nos trae son reflexiones e historias ficcionadas, lo que él llama "crítica imaginativa", narraciones que ocurren o saltan entre las anotaciones de un viaje de Duke Ellington en coche, esos viajes de un bolo a otro, durmiendo en el coche y componiendo sobre el primer trozo de papel que encontraba. Y de esto es de lo que se trata, de componer. Duke fue el gran compositor de la Historia Negra del siglo XX (recordemos su Black, brown and beige) y, siempre atento a cazar la inspiración cuando se presenta, anota en este relato cada recuerdo que la somnolencia del viaje le trae de otros músicos. Es (habría sido, de ser real) una gran suite de la Historia del Jazz, la gran obra de Duke en homenaje a los músicos atormentados que protagonizan las historias que el libro cuenta entre pausa y pausa del viaje de Duke y que, se suponen, son recuerdos que acuden a él...

El hilo conductor del viaje nos lleva, a la manera de los impresionistas, a distintos flashbacks en los que asistimos a tormentosos momentos como el juicio militar a Lester Young, el amor que le profesaba Billie Holiday ("Pres era el hombre más amable que había conocido, su música era como una estola alrededor de sus hombros desnudos, sin ningún peso"), que aparece fugazmente para invocar el espíritu que puebla sus canciones ("Ella había vivido mil años en las canciones que había cantado, canciones de mujeres golpeadas y de hombres a los que amaban") y recordarle que todos han pasado por la cárcel. Monk no es menos. Su capítulo es pura paranoia. Su comportamiento, su arresto y su forma de tocar ("Una parte del jazz es la ilusión de espontaneidad") conforman un puzzle difícil de montar pero que da una idea bastante exacta de lo que fue su búsqueda. La alta capacidad de Bud Powell para la música ("como si el piano llevara esperando cien años la oportunidad de saber lo que se siente al ser una trompeta o un saxofón en manos de un negro") y para la autodestrucción ilustran el siguiente capítulo con momentos agónicos, como los de un Ben Webster para quien el día sólo caminaba hacia la borrachera ("Emborracharse en aquellos tiempos no requería su participación activa, sencillamente era el estado hacia el que tendía el día"). En otros capítulos, los protagonistas son la búsqueda de la identidad musical de Mingus o la belleza de la música de Chet en contradicción con su decadencia física y moral ("temblaba tanto que prácticamente vibraba"). El último flashback corresponde a Art Pepper, una metáfora para expresar cómo el jazz ha crecido gracias y a pesar de los músicos.

Lo que hace grande esta lectura es que el autor convierte episodios simplemente biográficos o incluso estereotipados en emocionantes relatos que apelan a nuestros sentimientos, hayamos o no escuchado a estos músicos. Otro aspecto curioso y que puede parecer una paradoja, aunque no lo es, el que la mayor parte de la inspiración para este libro no la haya recibido Dyer directamente de la música ni de las biografías de los músicos sino de fotografías de jazz, ese género que es un arte autónomo en sí y que ilustra, la mayor parte de las veces, más que una declaración, como ésta de Bud Powell: "encogiendo los hombros al seguir el ritmo, los ojos cerrados, una vena palpitando en la sien, sudor a raudales sobre el teclado, los labios estirados sobre los dientes, la mano derecha farfullando y bailando como agua en una roca".

Por último, Dyer nos regala, a modo de epílogo, un ensayo exento de ficciones que pone un punto brillante al libro, si uno supera los capítulos anteriores y las agonías a las que nos ha sometido, especialmente si somos de ese tipo de aficionados que nos dejamos llevar por la belleza de la música, conscientemente inconscientes del sufrimiento y, a menudo, de los pecados que hay detrás de cada disco, de cada biografía del jazz. El ensayo, titulado "Epílogo: Tradición, influencia e innovación" es una búsqueda del sentido que tiene la importante y rápida evolución de este arte musical que cuenta apenas con un siglo de vida. Ningún arte ha evolucionado tanto desde su nacimiento. Es, a la vez, un examen profundo y sereno de estilos y protagonistas. No tiene desperdicio. Termina con una reflexión sobre la forma de entrar en el jazz de los recién llegados. Hay tantas puertas que uno puede acceder a través de cualquier estilo y avanzar o retroceder en la Historia del Jazz hasta encontrar la corriente que enlaza con su espíritu, aunque Dyer sugiere como ideal el orden cronológico. "Las ideas de avance y retroceso, escribe, el sentido del pasado y del presente [del jazz], de viejos y nuevos sueños, empiezan a confundirse en el amanecer crepuscular de un perpetuo mediodía".

Si hay alguien que no conozca este libro, creo que debe anotarlo en su Lista de Libros Imprescindibles. Ignoro si a fecha de hoy está descatalogado en España. Hace poco pregunté en una librería y lo tenían, así como en tiendas de la red (El Argonauta, por ejemplo) o en sitios de libros de ocasión (Iberlibro). También se puede encontrar en inglés y en bolsillo. Para ser más concreto, se debe encontrar.

Como ilustración, les dejo con el Trío de Bill Evans: Marc Johnson al bajo y Joe LaBarbera a la batería, en Iowa, 1979, intrepretando, por supuesto, But beautiful:




FEDERICO GARCÍA LORCA

El rey de Harlem (fragmento)

Un estudiante pelirrojo lee apoyado en el alféizar de la ventana. Hace rato que ha pasado la medianoche y Nueva York se yergue aún, priápica, sobre el lodo de las calles.

Lee a Lorca en silencio:



[...]Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.
Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.
¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

De fondo, suena Charlie Mingus, interpretando la angustia y la oscuridad...



Tenía la noche una hendidura
y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre,
y los muchachos se desmayaban
en la cruz del desperezo.
Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata
junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón
por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem,
con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.
Negros, Negros, Negros, Negros.
La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.
Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardos,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.
Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.
Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo [...]

En cualquier momento, el día despuntará con el temblor de una duda que se hace visible.
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* La foto se titula Black jews, Harlem (1929) y retrata a un grupo de judíos negros delante del Moorish Zionst [sic] Temple en Harlem. Fue tomada por James Van Der Zee, el fotógrafo afroamericano que retrató el Renacimiento de Harlem, el movimiento literario que da fe del peso de los escritores negros en los años 20.

ENLACES:
* Sobre el poema de Lorca: www.liceicassano.it
* Juan de Dios García habla sobre la cultura del blues y del jazz en García Lorca en La música y las fieras.