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| Foto de Uberto Sagramoso (de izq. a derecha: Ricky Ford, Jack Walrath, Bob Neloms y Charles Mingus). Buenos Aires, Teatro Coliseo, 2 de junio de 1977. |
MINGUS EN ARGENTINA
UN JAZZ PRIMITIVO
Jorge "Raspa" García es un pianista madrileño formado en la escuela de música IMT que ha desarrollado su carrera dentro del espectro de músicas negras, especialmente en el blues y en los ritmos de Nueva Orleáns con bandas como The Tremendous o The Cawfish, con quienes grabó en 2015 Boogie Woogie Voodoo. Su estilo abarca todo el espectro del blues, desde las notas más ásperas del blues del Delta hasta su capacidad para integrarse en los ritmos más jazzy, convirtiendo cada tema en una fiesta.
* Más info: https://hotsak.eus/es/artistas/raspa-garcia-trio/
FUSIONES INESPERADAS
Nos encanta descubrir voces y sonidos nuevos. Hoy escuchamos tres álbumes de April Records que tienen algo en común: son fusiones inesperadas de instrumentos que nunca habíamos escuchado juntos o de estéticas que parecían imposibles de emparejar. En ellos las tímbricas de los instrumentos se adaptan al diálogo y en todos surgen sinergias que dan sentido a la música.
LIS WESSBERG, Twain Walking (April Records, 2024)
* Web oficial: www.liswessberg.com
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EMIL DE WAAL, Fire Øjne (April Records, 2024)
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El álbum, grabado en directo en el Festival de Jazz de Turku (Finlandia) en abril del año pasado, contiene cinco temas originales de Jobarteh y de Pasborg, una versión de un tema del baterista Ed Blackwell ("Togo") con un comienzo poético e improvisaciones tremendas, y alguna referencia clásica, como una versión de "Better Git It In Your Soul", que Charlie Mingus publicó en su Mingus Ah Um (Columbia, 1959) y que aquí suena más potente y más africana que nunca con las armonías de la kora. ¡Y con el brutal solo de batería de Pasborg!
En resumen, un disco singular, una inesperada fusión de armonías africanas con la energía de un jazz-rock hijo de Miles Davis, pero también de psicodelias herederas de Hendrix o McLaughlin con la Mahavishnu.
* Más info en aprilrecords.com/dawda-jobarteh-stefan-pasborg-live-in-turku/
JAZZ SUAVE Y CALEIDOSCÓPICO
MASHA OCEAN QUARTET, Kaleidoscopic Realities (2023)
*Web: www.mashaocean.com
MODERN MINGUS
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| Iosu Izaguirre |
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| Foto: Joseba Baleztena |
Al estilo de Mingus, Izaguirre ha escrito falsas baladas llenas de disonancias y arritmias como "A los que se fueron" (donde se mueve hacia el blues sin despeinarse) o "Landalan" (donde el grupo explora sensaciones extrañas para explotar en puro hardbop). Hay muy buenos temas en el álbum, pero me gustaría destacar "Ez pentsatu gehiegi", donde Izaguirre se da el lujazo de comenzar el tema con un sentido y melancólico solo de contrabajo que no es sino un esbozo de lo que viene: entra a saco en una montaña rusa bordeando el post-bop que Mingus inauguró como expresión personal y que cambió el rumbo del jazz.
Para terminar, suena un tema de aire tropical llamado "Piscola" que redondea un disco original de un compositor original y que respeta la tradición, un músico que, sin versionar, devuelve a Mingus una modernidad que merece.
* Más info: www.hotsak.com/artistas/iosu-izaguirre-sextet-1
MINGUS PERDIDO Y REENCONTRADO
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| John Foster, Charles Mingus y Charles McPherson. Foto: Christian Rose (1972) |
UNA VUELTA DE TUERCA
* Web oficial: www.yokomiwa.com
MONK, MINGUS Y EL SILENCIO EN MOZART
Sin duda, una carta de presentación para un primer disco como líder. La Prinsire de la Sal fue grabado en los estudios UnderPool el 17 de diciembre del 17 y publicado en 2018. En el disco, Saigi junto a su cuarteto Tronik, formado por músicos jóvenes y sólidos de la escena barcelonesa: Jaume Ferrer al saxo, Marc Cuevas al contrabajo y Carlos Falanga como batería, habituales del sello Underpool y que aquí funcionan muy bien en conjunto.
* Web: www.underpool.org/laprinsiredelasal
ELLINGTON, DESNUDO
Money Jungle es uno de esos discos a los que uno vuelve cada cierto tiempo para disfrutar de un rato de buena música y para recuperar el sabor del buen jazz cuando nota en su organismo la falta de swing y quintas disminuidas provocada por la escucha de jazz moderno.
¿A qué esperan para darle al play?
Originalmente publicado por United Artist Jazz en 1963 y reeditado constantemente (mi CD es de Blue Note y tiene 13 temas, aunque creo que la última edición tiene más), es uno de esos claros ejemplos de que unir personalidades distintas es una de las mejores maneras de crear arte en el jazz. El gran clásico, Duke, heredero de la música negra, que llevó a su big band, a sus suites, rapsodias y a todas las formas orquestales que se le antojó, se une aquí a Max Roach, el baterista y activista del bebop que hizo de la agresividad su forma de expresión, y a Charlie Mingus, el Hombre Enfadado del Jazz, cuya forma rebelde de tocar y componer supuso un precursor de lo que luego sería el free jazz. El resultado es un disco original, un revulsivo para el oyente, con composiciones nuevas de Duke (en lo que era la cara A del LP original) y dos grandes éxitos revisitados ("Caravan" y "Solitude"), aquí con un sonido nuevo, fresco y ciertamente interesante para los adictos a cualquiera de los tres músicos que son "un triunvirato, no un trío", como los define en las notas del disco George Wein.
No es una grabación con una gran calidad de sonido, pero vale la pena enfrentarse a ello sabiendo que la batalla entre las tres personalidades puede depararnos momentos únicos, como el Duke hot y relajado de "Very Special", un Duke que, en otros temas, se revuelve al ritmo del contrabajo y se deja llevar por el estado semi-salvaje, de la forma de tocar de Mingus, quien por primera vez tenía la oportunidad de tocar junto al que definió como su ídolo, El Duque. La manera en que Mingus responde a las frases del piano en "Very Special" denotan una concentración que es casi adoración. Esta comunión Ellington-Mingus es palpable en todo el disco.Se puede considerar paradójico (dada su mayor experiencia) el hecho de que Duke sea de los tres el que más se adapta, se transforma, se transmuta. En algún tema incluso se suelta el pelo y se acerca al free. Desnudo sin su orquesta detrás y acompañado por músicos más modernos, Duke es Duke pero deja de ser Duke. Se le ve distinto pero más brillante, más sólido y reforzando la sensación de que es un músico único en la Historia del Jazz.
* Fotografías de la sesión de grabación: Frank Gauna.
EL ESLABÓN PERDIDO
Si tuviera que recomendar un disco de Mingus a algún aficionado que no hubiera escuchado su música antes (!) seguramente elegiría este disco, no porque cada uno de sus cuatro temas sea un clásico sino por la posición que ocupa dentro de su discografía (tras sus Jazz Experiments), ya que siempre es preferible el orden cronológico como el mejor método para conocer a un músico. Pero Pithecanthropus Erectus no es sólo su primera obra maestra, es el primer eslabón del sonido Mingus, el momento en que el músico primitivo se levanta del barro primigenio del jazz tradicional, surgiendo de la nada (es un decir, de su Workshop), del blues (ah, aquel comentario) y del gospel, de todos estos lugares al mismo tiempo, para cambiar a la postre el mundo del jazz.Valgan estos juegos de palabras, ya que el propio músico, en las notas del disco, define el tema homónimo como un poema musical en el que se describe la aparición de la especie humana y su posterior caída debido a su afán por esclavizar a sus semejantes para crear un precario estado de bienestar. ¿Un álbum conceptual? Muchos lo definen así y Mingus adoraba este tipo de mensajes. Todo el álbum parece un mensaje, tanto en los temas compuestos por él como en "A Foggy Day (In San Francisco)" de Gerswhin, un mensaje de aviso con el que Mingus se anticipó al free jazz, esa filosofía no siempre sana, mucho antes que Ornette Coleman. Porque aquí, con total libertad, Mingus reúne elementos del bop en decadencia, de big band y de la música clásica del siglo XX para conseguir sorprender de nuevo. Volviendo al título, algunos entendidos opinan que hace referencia a la posición de Mingus en el grupo, de pie con su contrabajo (en inglés, upright bass, bajo erguido), musicus erectus, otra chulería más de un tipo de la sección rítmica que se atrevió a componer y a dirigir.
Todos los temas tienen en común una estructura móvil en la que, en cualquier momento, podía ordenar a los músicos que salieran del esquema, que improvisaran. Y esta libertad está llevada hasta el punto de que las improvisaciones se convierten en ruido, en desorden. Esto debió enojar a los puristas de la época, que aún no soñaban la pesadilla del free. Encontrarían disculpas en "A Foggy Day", donde los músicos dejan de tocar para emular con sus instrumentos los ruidos de la calle: bocinas, tranvías... Un truco teatral, en apariencia. Pero no tan justificable en "Pithecanthropus Erectus" a pesar de su conceptualidad.
Con el paso de los temas, el disco se va templando. Los cuatro cortes venían originalmene en un LP con dos caras de 17 minutos. La primera contiene lo ya reseñado y la segunda un producto más digerible por los tradicionalistas. En primer lugar, "Profile of Jackie", una balada que es, en el fondo, un solo de saxo de tres minutos. "Love Chant" es un tema tradicional en el que las disgresiones aparecen por sorpresa, algo para lo que uno tiene que contar con muy buenos músicos para no fastidiar la receta. El sentido del blues, que es el alma de la música de Mingus, lo ponen Jackie McLean al alto, J.R. Monterose al tenor y el pianista Mal Waldron. El batería es Willie Jones. Mingus pone su humor y su sentido del caos.
Conservado (en vinilo o en cd) para la eternidad, Mingus vive entre nosotros gracias a esta singularidad, como un fósil de una especie extinta y quizás inexistente, como el Pithecanthropus Erectus.
MINGUS ON MINGUS PROJECT
Incidimos en esta convocatoria (sólo quedan 10 días) para apoyar a un equipo encabezado por Kevin Ellington Mingus que trata de llevar a buen término un documental sobre su abuelo, Charlie Mingus. El proyecto es realizar una extensa serie de entrevistas que ilustren e iluminen la imagen del singular contrabajista, como se puede apreciar en el video que sigue. La mecánica es la usual de Kickstarter, plataforma que se está convirtiendo en una magnífica lanzadera para proyectos sin apoyo institucional ni comercial. Por un pequeño donativo puede uno aparecer en los créditos y, con algo más (se especifican los tramos en la página web), los productores se comprometen a devolvernos lo invertido en forma de DVD, tarjetas postales y otros detalles. Aconsejo mirarlo. Se puede acceder a la página oficial desde este enlace.PERSPECTIVA HISTÓRICA Y PAYASOS DE CIRCO
FÁBULAS EN LA UNIVERSIDAD DEL JAZZ
En los 50 Mingus fundó lo que él llamó The Jazz Workshop, una especie de universidad del jazz donde aceptaba a grupos de músicos jóvenes a quienes daba la oportunidad de trabajar con él, además de componer y tocar en una especie de taller (workshop), en el que les inculcaba el concepto de grupo con capacidad para improvisar, a la vez que les introducía en las bases de lo que luego desembocaría en el free jazz. Aquellos músicos lo llamaron su Universidad del Jazz. Entre estos jóvenes estaban Brooker Erwin, Pepper Adams y los componentes del combo que tocó en este disco: Right, subtitulado Live... at The Jazz Workshop, que es también el nombre del local de San Francisco donde trabajaba el grupo.
Clifford Jordan al saxo tenor
John Handyen el alto
Jane Getz al piano
Dannie Richmond a la batería
Esta es la versión cantada, que os divirtáis:
PERO HERMOSO
But beautiful fue compuesta en 1947 por Jimmy Van Heusen con letra de Johnny Burke para la película Road to Rio de Norman Z. McLeod. Luego lo cantó Billie Holiday y Freddie Hubbard lo incluyó en su Open Sesame. Pero, además de un estándar, But beautiful es también el título de un libro que todos los aficionados al jazz conocen y aman.
Geoff Dyer admite que quiso hacer un ensayo cuando comenzó su libro de ficción Pero hermoso (Jonathan Cape Ltd., Londres; en España, editado por Amaranto). Porque, aunque no es ficción todo lo que escribe (los buenos aficionados reconocerán episodios reales de todos conocidos), lo que aquí nos trae son reflexiones e historias ficcionadas, lo que él llama "crítica imaginativa", narraciones que ocurren o saltan entre las anotaciones de un viaje de Duke Ellington en coche, esos viajes de un bolo a otro, durmiendo en el coche y componiendo sobre el primer trozo de papel que encontraba. Y de esto es de lo que se trata, de componer. Duke fue el gran compositor de la Historia Negra del siglo XX (recordemos su Black, brown and beige) y, siempre atento a cazar la inspiración cuando se presenta, anota en este relato cada recuerdo que la somnolencia del viaje le trae de otros músicos. Es (habría sido, de ser real) una gran suite de la Historia del Jazz, la gran obra de Duke en homenaje a los músicos atormentados que protagonizan las historias que el libro cuenta entre pausa y pausa del viaje de Duke y que, se suponen, son recuerdos que acuden a él...El hilo conductor del viaje nos lleva, a la manera de los impresionistas, a distintos flashbacks en los que asistimos a tormentosos momentos como el juicio militar a Lester Young, el amor que le profesaba Billie Holiday ("Pres era el hombre más amable que había conocido, su música era como una estola alrededor de sus hombros desnudos, sin ningún peso"), que aparece fugazmente para invocar el espíritu que puebla sus canciones ("Ella había vivido mil años en las canciones que había cantado, canciones de mujeres golpeadas y de hombres a los que amaban") y recordarle que todos han pasado por la cárcel. Monk no es menos. Su capítulo es pura paranoia. Su comportamiento, su arresto y su forma de tocar ("Una parte del jazz es la ilusión de espontaneidad") conforman un puzzle difícil de montar pero que da una idea bastante exacta de lo que fue su búsqueda. La alta capacidad de Bud Powell para la música ("como si el piano llevara esperando cien años la oportunidad de saber lo que se siente al ser una trompeta o un saxofón en manos de un negro") y para la autodestrucción ilustran el siguiente capítulo con momentos agónicos, como los de un Ben Webster para quien el día sólo caminaba hacia la borrachera ("Emborracharse en aquellos tiempos no requería su participación activa, sencillamente era el estado hacia el que tendía el día"). En otros capítulos, los protagonistas son la búsqueda de la identidad musical de Mingus o la belleza de la música de Chet en contradicción con su decadencia física y moral ("temblaba tanto que prácticamente vibraba"). El último flashback corresponde a Art Pepper, una metáfora para expresar cómo el jazz ha crecido gracias y a pesar de los músicos.
Lo que hace grande esta lectura es que el autor convierte episodios simplemente biográficos o incluso estereotipados en emocionantes relatos que apelan a nuestros sentimientos, hayamos o no escuchado a estos músicos. Otro aspecto curioso y que puede parecer una paradoja, aunque no lo es, el que la mayor parte de la inspiración para este libro no la haya recibido Dyer directamente de la música ni de las biografías
de los músicos sino de fotografías de jazz, ese género que es un arte autónomo en sí y que ilustra, la mayor parte de las veces, más que una declaración, como ésta de Bud Powell: "encogiendo los hombros al seguir el ritmo, los ojos cerrados, una vena palpitando en la sien, sudor a raudales sobre el teclado, los labios estirados sobre los dientes, la mano derecha farfullando y bailando como agua en una roca".Por último, Dyer nos regala, a modo de epílogo, un ensayo exento de ficciones que pone un punto brillante al libro, si uno supera los capítulos anteriores y las agonías a las que nos ha sometido, especialmente si somos de ese tipo de aficionados que nos dejamos llevar por la belleza de la música, conscientemente inconscientes del sufrimiento y, a menudo, de los pecados que hay detrás de cada disco, de cada biografía del jazz. El ensayo, titulado "Epílogo: Tradición, influencia e innovación" es una búsqueda del sentido que tiene la importante y rápida evolución de este arte musical que cuenta apenas con un siglo de vida. Ningún arte ha evolucionado tanto desde su nacimiento. Es, a la vez, un examen profundo y sereno de estilos y protagonistas. No tiene desperdicio. Termina con una reflexión sobre la forma de entrar en el jazz de los recién llegados. Hay tantas puertas que uno puede acceder a través de cualquier estilo y avanzar o retroceder en la Historia del Jazz hasta encontrar la corriente que enlaza con su espíritu, aunque Dyer sugiere como ideal el orden cronológico. "Las ideas de avance y retroceso, escribe, el sentido del pasado y del presente [del jazz], de viejos y nuevos sueños, empiezan a confundirse en el amanecer crepuscular de un perpetuo mediodía".
Si hay alguien que no conozca este libro, creo que debe anotarlo en su Lista de Libros Imprescindibles. Ignoro si a fecha de hoy está descatalogado en España. Hace poco pregunté en una librería y lo tenían, así como en tiendas de la red (El Argonauta, por ejemplo) o en sitios de libros de ocasión (Iberlibro). También se puede encontrar en inglés y en bolsillo. Para ser más concreto, se debe encontrar.
Como ilustración, les dejo con el Trío de Bill Evans: Marc Johnson al bajo y Joe LaBarbera a la batería, en Iowa, 1979, intrepretando, por supuesto, But beautiful:
FEDERICO GARCÍA LORCA
Un estudiante pelirrojo lee apoyado en el alféizar de la ventana. Hace rato que ha pasado la medianoche y Nueva York se yergue aún, priápica, sobre el lodo de las calles.Lee a Lorca en silencio:
[...]Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.
Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.
¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.
De fondo, suena Charlie Mingus, interpretando la angustia y la oscuridad...
Tenía la noche una hendidura
y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre,
y los muchachos se desmayaban
en la cruz del desperezo.
Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata
junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón
por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem,
con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.
Negros, Negros, Negros, Negros.
La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.
Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardos,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.
Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.
Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo [...]
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ENLACES:
* Juan de Dios García habla sobre la cultura del blues y del jazz en García Lorca en La música y las fieras.























