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UNA POR KURT WEILL

SAM BRAYSHER, That’s Him: The Music of Kurt Weill (2024)

Al saxofonista Sam Braysher lo habíamos escuchado ya dibujando esos fraseos cálidos y llenos de sentimiento en su anterior álbum (Dance Little Lady, Dance Little Man) de 2021. Un saxo alto capaz de versionar a los grandes tenores merecía nuestra atención... y salió victorioso del desafío. Su sofisticada manera de reinterpretar los temas nos sedujo y este año vuelve con un disco en el que se embarca en una nueva aventura como músico e investigador: revisar, con su sonido complejo pero delicado, los mordaces temas de ese monstruo musical que fue Kurt Weill

Kurt Weill vivió apenas 50 años. Nació en una familia judía alemana en 1900. Su padre era el paitán de una sinagoga y, como tal, dirigía los cantos. Seguramente fue el primer contacto del joven Kurt con la música. Estudió en el Conservatorio de Berlín en tiempos del expresionismo y eso le marcó. Después, sus trabajos de ópera le llevaron al surrealismo y de ahí al teatro musical. Los músicos de jazz que han interpretado sus canciones (desde Louis Armstrong hasta Miles Davis) lo han convertido en un clásico. 



Sam Braysher entiende que Kurt Weill era un poeta musical, un poeta maldito, como todos, y pone una alta dosis de sentimiento en los arreglos y en las improvisaciones, trasladando al lenguaje del saxo alto la sensibilidad germano-americana de Weill. Apoyado en una sección rítmica con un sonido atemporal, capitaneada por el pianista húngaro 
Matyas Gayer (Eddie Henderson, Jim Rotondi), el baterista Steve Brown (Scott Hamilton, Barry Harris) y el bajista italiano Dario di Lecce (Stacey Kent, Grant Stewart), suma en tres temas a la cantante Sara Dowling, (votada Mejor Vocalista en los British Jazz Awards de 2019), quizás para que no olvidemos que Weill colaboró con letristas tan únicos como Ira Gershwing, Bertolt Brecht y Langston Hughes

Foto: Dan Redding

No esperen encontrar en el repertorio los grandes hits de Weill como "Lost In The Stars", "September Song" o "Mack The Knife" porque Braysher ha rebuscado en lo musical y no en lo anecdótico, y muestra una intención clara de
encontrar el jazz bajo la poesía. Con una Sara Dowling perfecta y muy clásica en temas como "The Right Guy For Me" o "That's Him", Braysher está pletórico en los temas instrumentales, con joyas como "This Is New", "Bilbao Song", donde toca acompañado solo por el contrabajo y donde expone la melodía con mucho juego, o "Moon-Faced, Starry-Eyed", donde se muestra muy bluesy con una sección rítmica swingueante y un Gayer perfecto en su solo. Hay que resaltar también el genial diálogo entre saxo y piano en "Ships Adrift", con bajo y batería a todo tren, con continuos guiños al bebop, una explosión de placer para el oyente que, además, es el único tema original del álbum, compuesto por Braysher.

Como ya dijimos en 2021, Sam Braysher es un saxo alto a tener en cuenta, con una voz propia, y su nuevo álbum es más que recomendable, no solo por la perspectiva con que interpreta a Weill... y una buena oportunidad para conocer a Sara Dowling.



* Más info en: sambraysher.com

LOS MUSICALES DE BERNSTEIN (AL RITMO DE PETER ERSKINE)

PETER ERSKINE and THE JAM MUSIC LAB ALL-STARS,
Bernstein in Vienna (Origin Records, 2024)

El acercamiento que hizo Leonard Bernstein al jazz en obras como West Side Story ha movido a muchos músicos a tocar sus temas y a perpetuarlos como standards. En el disco que estamos escuchando hoy, se revisan varios de sus temas más conocidos con una formación vienesa perteneciente a la JAM Music Lab University, dirigida por el pianista Danny Grissett y "protagonizada" por un invitado tan especial como es Peter Erskine, baterista cuya leyenda viene de largo (en formaciones como las de Maynard Ferguson, Weather Report, Steps Ahead o en sus 18 discos como líder). Al ritmo de su dilatada experiencia, estos temas clásicos de musicales de Broadway flotan con una fluidez adictiva en un universo (esta vez sí) puramente jazzístico. Lo mejor es que el álbum está grabado en directo.

El disco empieza de menos a más, con una delicada versión de "Somewhere" que, tras una intro meditativa, entra en el ritmo con el discurso del saxofonista Robert Unterköfler. Un solo de Danny Grissett con mucho juego e interesantes progresiones de acordes pone el piano en el centro del tema para llevar la tensión al punto en que percibimos esa contundencia con la que Erskine marca el ritmo sin abandonar su elegancia. El resto del álbum se mueve en la misma línea: elegancia, ritmo, mucho swing y solos acertados y limpios. 

Danny Grissett

En "I Feel Pretty" (también de West Side Story) destaca el protagonismo de la armónica (Bertl Mayer), con un solo muy intenso al que sigue, en contraste, uno de guitarra (Andreas Varady). En "It's Love" (de Wonderful Town) encontramos la grata sorpresa de un violín, uno de los instrumento menos frecuentes pero más excitantes del jazz. Cozy Friedel recorre todas las posibilidades de la melodía de Bernstein sobre el exquisito trabajo en los charles de Peter Erskine y de un efervescente Danny Ziemann al contrabajo. Le siguen nuevos solos de armónica, guitarra, piano... en un disco lleno de solos reivindicando ese jazz orgánico y visceral, lleno de all stars, que siempre defendemos.

Mientras "Some Other Time" nos deja ver el lado más íntimo de la banda, convirtiendo el tema en una balada casi callada, donde el piano habla en voz baja, a un ritmo lentísimo, y la batería susurra, "Lonely Town" (también del musical On The Town) y "Cool" (de West Side Story) continúan esa línea rítmica y clásica, con pequeñas sorpresas aquí y allá. El álbum solo incluye dos temas originales. Uno es la balada "Vienesse Summer", escrita por Grisset, y el otro "Calls and Hollers", un tema compuesto por Marcus Ratka que absorbe la manera de Bernstein de re-interpretar el jazz, con su dramatismo teatral y efectista (aquí la batería de Erskine juega un papel fundamental en un solo antológico). Este par de temas se mimetiza con el resto para redondear una obra perfecta en concepto (salvo por la ausencia de algunos temas muy conocidos) y muy placentera de escuchar. 

En resumen, Bernstein in Vienna es una celebración de los standards nacidos en los musicales de Leonard Bernstein con una estética jazzística que agradará a los más puristas.



* Web de Peter Erskine: petererskine.com

* Origin Records: originarts.com/

¡MUSICALES, MUSICALES, MUSICALES!

JOHN PIZZARELLI, Stage & Screen (Palmetto, 2023)

Todo el mundo sabe que los musicales están de moda. Cada vez más. Madrid, sin ir más lejos, es la tercera ciudad (después de Nueva York y Londres) con más producciones en cartel y más espectadores. Pero si hay un lugar donde nunca han pasado de moda los musicales es en el jazz: hay tantos standards que fueron, en su nacimiento, números de Broadway que la lista sería inacabable. "My Favourite Things" (de Sonrisas y lágrimas) sería el ejemplo perfecto. Quizás se haya interpretado más en clubs de jazz que en teatros. Pero también están otros temas cuyos musicales se han olvidado y han sobrevivido en la voz de músicos de jazz: "Night and Day" (La alegre divorciada), "Easy To Love" (Born to dance), "Just One of Those Things" (Jubilee), "If I Were A Bell" (del musical Guys and Dolls), "New York, New York" (Un día en Nueva York)... La lista sería interminable.

Y el cantante y guitarrista John Pizzarelli parece empeñado en hacerla más larga con su nuevo disco, donde repasa y hace suyos, con su personal y espectacular estilo, 12 standards sacados de otros tantos musicales (y alguna película). Estos doce temazos conforman un curioso e interesante repertorio donde encontramos a un músico no solo en plena forma a sus 63 años sino en estado de gracia, que aporta a casi todos los temas una sobrecarga de energía marca Pizzarelli que no poseían en su versión original, pero ¿quién no prefiere una versión personal a una original? El resultado es fantástico en tanto que aporta su peculiar personalidad a estos temas, tanto en la guitarra (algunos son pura diversión) como cantando... o haciendo las dos cosas a la vez, en uno de esos solos en los que cantan al unísono Pizzarelli y su guitarra (espectacular en el tema final, "Coffee In A Cupboard Cup"), uno de los detalles que más nos gusta de él.
“La idea de sacar estas canciones del contexto de sus musicales o de sus películas me parecía interesante", afirma Pizzarelli. "Con un nuevo arreglo puedes cambiar el significado de una canción. Eso es lo que hemos estado haciendo toda nuestra vida como músicos de jazz, intentar descubrir cómo hacer estas canciones diferentes, ya sea un estándar o un éxito de los Beatles. Y siempre es divertido."

El disco comienza arrollador, con una guitarra vertiginosa, en "Too Close For Comfort" y va recorriendo sin concesión a la pausa temazos como "I Love Betsy" (de la película y luego musical Honeymoon in Vegas), que sería un perfecto exponente de cómo letra y música, mensaje y forma, aportan espectáculo en Broadway. No faltan esos solos voz/guitarra al unísono, ni otros temas que hemos escuchado en escenarios de jazz y provienen del teatro musical, como "Tea For Two" (una de las pocas baladas del álbum), "Some Other Time" o "Time After Time" (que, indefectiblemente, nos trae a la memoria a Miles Davis) del musical It Happened In Brooklyn, que protagonizó Frank Sinatra. 

Un disco al más puro estilo Pizzarelli, perfecto para celebrar el 40º aniversario de su debut discográfico con aquel I'm Hip (Please Don't Tell My Father de 1983) y para entrar en su universo (o en el de los musicales) si aún no lo conoces.





* Web de John Pizarelli: www.johnpizzarelli.com

BERNSTEIN REVISITED

PETE MALINVERNI, On The Town (Planet Art, 2022)

La historia de este álbum comenzó hace 25 años, cuando el pianista Pete Malinverni conoció a Leonard Bernstein. Malinverni estaba tocando en un restaurante cuando entró el compositor. Al reconocerle, comenzó a tocar "Lucky To Be Me" (del musical On The Town). Bernstein apreció al momento el improvisado homenaje. Un amigo de Malinverni y una conversación en el baño, y Bernstein volvió a la sala para besar en la mejilla al pianista diciéndole: "Malinverni, lo sé todo de ti.". Aquella noche tuvieron oportunidad de compartir algunas opiniones y Malinverni, fan del compositor, titula ahora su nuevo disco On The Town, volviendo a rendirle homenaje con versiones de algunos de sus temas y escribiendo otro inspirado en su forma de componer.

El pianista Pete Malinverni es un habitual de la escena neoyorquina desde los años 80, donde ha compartido escenario con Joe Lovano, John Faddis... Compositor y educador, ejerce como Director de Estudios de Jazz en el conservatorio del Purchase College. Ha grabado más de una docena de discos como líder y con este nuevo disco vuelve la vista a una de sus influencias, Leonard Bernstein. 

Foto: Sally Green
Bernstein es quizás uno de los compositores más cantados del siglo XX. De sus partituras nacieron musicales como West Side Story, Peter Pan y On The Town, que da título a este álbum y que en 1949 se convirtió en una película (Un día en Nueva York, con Gene Kelly y Frank Sinatra, que convirtió así la canción "New York, New York" en el icono universal que es). Malinverni ha elegido 9 temas suyos, reimaginados con su propia personalidad, temas que aparecieron en musicales y que, como tantos temas de musicales, han pasado a convertirse con el tiempo en standards de jazz.

Bernstein en 1947, siempre fumando.
Bernstein sentía simpatía por la improvisación, algo no habitual en el mundillo clásico, y los músicos de jazz se han acercado en muchas ocasiones a su música, algunos centrados exclusivamente en West Side Story, como Stan Kenton, y otros yendo más allá, como Dave Brubeck en el interesante Bernstein Plays Brubeck Plays Bernstein (Columbia, 1960). Lo de Pete Malinverni va más allá. Deconstruye y hace suyos de una manera muy imaginativa canciones de sus musicales inspirados en Nueva York: On the Town (“Lucky to Be Me”, “New York, New York”, “Lonely Town", "Some Other Time”), Wonderful Town ("It's Love") y West Side Story (“I Feel Pretty”, “Somewhere”, “Cool”)... Cabría destacar que Malinverni sigue las huellas de Bill Evans, y su forma de interpretar "Some Other Time" pero hace algo más: simplemente cambiándole la métrica, sin alterar los acordes ni la melodía, consigue una obra nueva, excitante.  

El disco se grabó en los estudios Van Gelder por Maureen Sickler en una única sesión, con nuestra formación favorita: un trío de piano, en el que están Ugonna Okegwo al contrabajo, un músico que no conocíamos y que tiene un groove fabuloso, que encuentra siempre el contrapunto al ritmo, y Jeff Hamilton a la batería, purista y personal a la vez, como siempre, infalible. El sonido del trío es fresco dentro de lo artificial (deconstruir temas tan conocidos que resuenan en el recuerdo obliga al oyente a un esfuerzo intelectual) pero la intención es renovadora y el resultado gratificante.

El tema final ("(A Night) On the Town"), compuesto por Malinverni, cuenta quizás esa historia donde coincide con Bernstein en un restaurante mientras toca arias al piano, y la juventud y la maestría se mezclan como en estas versiones. Malinverni construye este tema usando el patrón sol-do, sol-do que Bernstein utilizaba a menudo (con el que comienza, por ejemplo, "New York, New York") y con el que admite que suele improvisar a menudo.



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* Web: www.petemalinverni.com

EL MEJOR MUSICAL DE BROADWAY

RAI PAZ QUARTET plays Gypsy 
(Fresh Sound Records, 2019)


Dicen los expertos que Gypsy, con partitura de Jule Styne, letras de Stephen Sondheim y libreto de Arthur Laurents, es el mejor musical de Broadway de la historia. El cuarteto del guitarrista barcelonés Rai Paz explora de una manera muy personal las peculiaridades de la partitura de Styne, y lo hace, como no puede ser de otra manera, adaptando los cánones de Broadway al lenguaje del jazz.


Rai Paz es un joven guitarrista de Barcelona formado en el Taller de Músics. Ya lo citamos hace unos años formando parte de un ensemble con jóvenes músicos catalanes que prometía una Nueva Generación. Digamos, por no extendernos, que se ha formado con músicos de la talla de Antonio Mesa, Mark Turner, Bruce Barth... y, por supuesto, guitarristas como Jaume Llombart. Anteriormente, ha liderado Rai Paz & The Jazz Holligans (proyecto dedicado a la música de Sean Levitt) y ha participado en diferentes formaciones como La Posada jazz Collective, Maspollaz, Joana Gomila Folk Souvenir, The Swingbirds, D.O. New Ensemble Next Generation y con la Big Band del Liceo como arreglista.

Este año publica un álbum con su cuarteto que es, como decíamos, una versión personal del musical Gypsy. Mientras que otros exploran el American Songbook para versionar standards, Rai Paz ha tomado la senda arriesgada de versionar todo un musical. Esto da una homogeneidad muy seria al álbum al tratarse de un solo compositor como es Jule Styne, autor de clásicos inolvidables como "Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!" (uno de mis villancicos preferidos) y "I Fall In Love Too Easily", ambos temas escritos con el letrista Sammy Cahn, y la inolvidable "Diamonds Are a Girl's Best Friend", interpretada por Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias. Además, como nos comentaba el propio músico, estos temas están menos presentes en el repertorio de jazz al ser un musical de finales de los 50 (la mayoría de los standards procedentes de Broadway datan de los musicales de los años 30) y esto aporta más originalidad al proyecto, que también respeta el orden dramático de los temas. 

"Por último, decidí respetar el orden de aparición de los temas en el musical para no traicionar su discurso "dramático", su evolución estilística, y conservar su unidad a través de los "leitmotivs" que aparecen en sus melodías, introducciones e interludios", comenta Paz.

Lo cierto es que el resultado es sorprendente. La intención monotemática del álbum nos permite también descubrir los recursos y la personalidad de un joven guitarrista frente a un repertorio limitado, todo un desafío para un solo arreglista y para una formación tan corta como un cuarteto. 

Pero el combo formado por Rai Paz a la guitarra, Toni Saigi al piano, Pau Sala al contrabajo y Andreu Pitarch a la batería (con la intervención de una pasional Mayte Alguacil en "Rose's Turn", el tema final) se mueve tan bien entre estilos que convierten cada blues y cada balada y cada momento dramático del musical en buen jazz del que apetece escuchar una y otra vez. Una prueba podría ser "You'll Never Get Away From Me", donde encontramos solos muy bien desarrollados, primero por Paz, luego por Saigi, acompañado por el walking bass de Sala, que tiene su solo a continuación con un swing económico y casi lírico. 

En general, siempre me ha parecido que los cuartetos en los que se combina el liderazgo de guitarra y piano dan tanta fluidez al jazz que siempre parecen sonar en directo. Solo hay que escuchar las grabaciones de Wes Montgomery con Tommy Flanagan o Hank Jones en Riverside... o este álbum de Rai Paz. Es cierto que en estas formaciones, el guitarrista lo tiene más difícil porque todo el blues de la partitura recae (gloriosamente) sobre el piano (Saigi) y, a cambio, la guitarra tiene que desplegar todos sus recursos para reinterpretar, casi siempre, la parte de los cantantes, y esto requiere esfuerzo. Por suerte, Paz es un guitarrista de recursos y ofrece líneas llenas de color que gustarán a los aficionados al jazz.

En general, Rai Paz ha conseguido un álbum para recordar, no solo por lo original de la propuesta sino por la solvencia con que sus arreglos y todos los músicos la llevan a cabo, y sirve para descubrir a un guitarrista versátil que no imita, que no se centra en el swing o en el blues, y que tiene un sonido limpio y versátil. 



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* Web oficial: raipaz.com

* Fresh Sound New Talent: https://www.freshsoundrecords.com/rai-paz-albums/46711-plays-gypsy-by-jule-styne-stephen-sondheim-digipack.html

* Más sobre el musical Gypsy en IBDB: Gypsy.

A TODOS NOS GUSTARÍA TENER NUESTRO PROPIO CLUB DE JAZZ

La La Land (Damien Chazelle, 2016)

Después de tres películas, queda patente que la motivación de Damien Chazelle es el jazz. Si su primera cinta, Guy y Madeline en un banco del parque (2007) contaba la historia de un trompetista de jazz, historia que tenía su clímax en una declaración de amor sin palabras con un solo de trompeta (tras una hora y cuarto de película deliberada y sorprendentemente vacía de diálogos) y la segunda (Whiplash) giraba en torno al debate de si el jazz se puede enseñar y de qué modo (con un profesor exageradamente militar y un clímax aeróbico que desafiaba las gestas de Buddy Rich), en su tercera película (La La Land, 2016) cuenta la relación entre un músico de jazz y una aspirante a actriz. La elección de un músico de jazz no es anecdótica sino que sirve como eje para hablar sobre jazz


Por ejemplo, ¿quién de ustedes no ha tenido una conversación como ésta con algún profano?
MIA: Odio el jazz.
SEBASTIAN: ¿Cómo que odias el jazz?
MIA: Cuando lo escucho, no me gusta.
SEBASTIAN: Eso es una generalización. ¿Qué tienes que hacer ahora?
Corte a: escena en un club de jazz. Un quinteto está tocando.
SEBASTIAN: Yo creo que a aquellos que dicen eso de que odian el jazz les falta el contexto, no saben de dónde viene. El jazz nació en una pensión de mala muerte de Nueva Orleáns. Las personas que estaban apiñadas allí hablaban cinco idiomas distintos. No podían hablar. Su forma de comunicarse era el jazz.
MIA: ¿Y qué hay de Kenny G?
SEBASTIAN: ¡¿Qué?!
MIA: ¿Qué hay de Kenny G? ¿Y la música de ascensor? Esa es la música de jazz que yo conozco. Me parece relajante.
SEBASTIAN: No es relajante. ¡No lo es! Sidney Bechet pegó a un tío porque tocó mal una nota. Eso no es relajante. [...] No sólo debes escucharla. Tienes que verla, ver qué todo lo que está en juego. Ahí tienes a esos tíos. Aquel, el saxofonista, acaba de adueñarse de la canción. Ahora viaja por su cuenta. Cada uno de ellos está componiendo, haciendo arreglos, escribiendo y tocando la melodía. Ahora mira al trompetista. Se le ha ocurrido una idea. Eso genera conflicto, es compromiso y es... Es nueva cada noche que suena. Es pura emoción. Y se está muriendo. Se muere en vida. Y el mundo dice: “Deja que se muera. Ya ha tenido su época”, pero yo no lo voy a permitir.
MIA: ¿Qué vas a hacer?
SEBASTIAN: Abrir mi propio club. Vamos a tocar lo que queramos, cuando queramos, siempre y cuando sea puro jazz.
Por supuesto, Sebastian (Ryan Gosling) quiere tocar jazz auténtico, no adulterado, y tener su propio club (¿quién no quiere tener su propio club? Es uno de mis proyectos imposibles, por ejemplo). Esta obsesión le lleva a enfrentamientos y también a sacrificios, que hace en pro de su relación con Mia (Emma Stone), al acceder (por dinero) a tocar jazz funk, jazz electrónico, soul... 


Pero Sebastian no es sólo un purista: también es un apasionado. El diálogo que sigue (a propósito de un taburete) ocurre justo antes de ponerse a ensayar en su apartamento acordes de “Japanese Folk Song”, el tema que Thelonius Monk robó en Japón y luego versionó en el álbum Straight No Chaser (Columbia, 1967).
SEBASTIAN: Por favor, no te sientes aquí.
LAURA: ¿Estás de coña?
SEBASTIAN: No te sientes aquí. Hoagy Carmichael se sentó aquí. Los del Baked Potato* lo tiraron sin más.
LAURA: ¿Por qué será? Te he traído una alfombra.
SEBASTIAN: No la necesito.
LAURA: ¿Y si te digo que Miles Davis se meó en ella?
*El Baked Potato es un club de jazz de Studio City (California), donde actúa gente como Scott Henderson, por ejemplo. Pueden ver su programación en www.thebakedpotato.com

En definitiva, Chazelle aprovecha la trama de la relación romántica y los sacrificios que el músico hace por la chica para crear una subtrama donde es la supervivencia del jazz la que está en juego
KEITH (a Sebastian): Dices que quieres salvar el jazz. ¿Cómo vas a salvarlo si nadie lo escucha? El jazz muere por culpa de gente como tú. Tú tocas para gente de 90 años en el Lighthouse. ¿Dónde están los jóvenes? Estás tan obsesionado con Kenny Clarke y Thelonius Monk. Ellos eran revolucionarios. ¿Cómo vas a ser revolucionario tú si eres conservador? Te aferras al pasado pero el jazz habla del futuro. 


















Carteles de la película inspirados en los diseños de Reid Miles para Blue Note

Pero no todo en La La Land son clubes de jazz o diálogos sobre el tema... o el público huiría de las salas de cine. Es un musical y, como todo musical, está lleno de canciones. Pero, sorteando modas y esquemas de la industria, Chazelle y su compositor habitual, Justin Hurwitz, han creado una banda sonora con números como los de los musicales de Cole Porter, con grandes coreografías e incluso claqué (al que ahora en España nos ha dado por llamar tap dance), esos musicales de la Era del Swing de donde salieron canciones que, a la postre, se han convertido en standards de jazz. 

Aunque el resultado final es algo pobre cinematográfica y musicalmente hablando, y se queda en un conmovedor intento (no es lo quiere ser pero es válido como homenaje), recomiendo La La Land a aquellos que nunca hayan visto películas de Fred Astaire, a los que añoren los musicales de Cole Porter (algún día habría que hablar de High Society) y a quienes lamentan no haber nacido en los años 40, cuando en los clubs pequeños se empezaba a cocinar lo que sería el bop mientras en los grandes teatros se podían ver musicales enormes con complicadas coreografías y canciones escritas por Cole Porter, Rodgers y Hart, los Gershwin..., profundamente influidas por el jazz, que aún era popular en aquella época. 

UN MUSICAL DE BAJO PRESUPUESTO

Guy y Madeline en un banco del parque (2009)

En una década en la que los musicales no estaban de moda (en cine), el guionista (y músico de jazz) Damien Chazelle dio una vuelta de tuerca al género con su primer largometraje como director, Guy and Madeline On a Park Bench (2009), una interesante cinta filmada en 16mm y en blanco y negro siguiendo cánones que en los 60 y 70 parecían atrevidos (como la ausencia de diálogos, el uso exclusivo de cámara al hombro, actores novatos o personajes callejros al estilo del cinema verité) y que hoy resultan incluso subversivos dada la comercialidad reinante. En ciertos momentos, su estética recuerda a Shadows de John Cassavettes, de la que algún día tendremos que hablar.

Guy and Madeline... es la historia de una ruptura, protagonizada por un trompetista negro y una chica hispana, una historia breve y de un laconismo que se contagia a las imágenes. Lo original de la pelicula, aparte de su atrevida estética visual, son los números musicales. A los expresivos silencios de los paseos de Madeline (Desiree Garcia) o las meditaciones de un arrepentido Guy (Jason Palmer, del que ya hablamos en otra ocasión) siguen los típicos arranques musicales de las películas del género en las que los personajes sacan sus sentimientos en forma de canción. Todos los temas, salvo el último, están compuestos por Justin Hurwitz con letra del propio Damien Chazelle y aúnan melodía orquestal y swing muy al estilo Cole Porter o Michel Legrand (referente musical de la nueva ola francesa de los 60-70), lo que bastaría para recomendar esta película, a pesar de que el jazz no se prodigue más que en breves escenas. El Wally's Cafe de Boston (del que Palmer es músico residente) aparece muy brevemente, ya que parece que el personaje no es un músico profesional y la mayor parte del jazz de la película suena cuando Guy y sus colegas interpretan jazz para sí mismos y para sus amigos en pequeñas fiestas en pequeños apartamentos. En una de éstas, Andre Hayward canta y comparte tema con el combo, al que se une Kelly Kaleta con una exhibición de tap dance maravillosa, uno de los aciertos de la película, repetido en otro de los números, sobre todo porque aquí el claqué "conversa" con los instrumentos de una manera efectiva. Llamada y respuesta.

Jazz desnudo es lo que hay en las escenas en que Guy ensaya con la trompeta o trata de enseñar a Madeline a tocarla (recuerda a las fotografías de Miles y Juliette Gréco), con resultados nulos. Al final de la película, ella tratará de aprender a tocar la batería como una muestra de que lo echa de menos.No creo que rompa la magia del argumento (¡advertencia: spoiler!) si cuento que al final, como en todo musical que se precie, vuelven a estar juntos. Su reunión, casual y descaradamente contrita, se salda con un desolado y bellísimo discurso de arrepentimiento que Guy expresa con su trompeta, en un solo maravilloso que cierra la película. 

En resumen, combos de jazz, resonancias de Cole Porter, estética Cassavettes, improvisación argumental... En palabras de un crítico de Los Angeles Times, "¿Cuántos directores independientes de 25 años elegirían enfocar un musical de serie B estilo años 30 en una historia contemporánea de amor y claqué, con prácticamente todo su presupuesto destinado a pagar a la Orquesta Sinfónica de Bratislava (sí, han leído bien) para que interpretara una banda sonora trasnochada compuesta por un amigo con talento, y (esto es lo mejor) que realmente funcione? Creo que sólo debe haber uno. (crítica completa aquí).

Por desgracia, la película se ha estrenado en muy pocos países y hay que verla en DVD. Estoy buscando el CD con la banda sonora. Extractos de la misma se pueden escuchar en este enlace, pero les dejo la escena de la primera fiesta que aparece en la película para que puedan apreciar lo dicho anteriormente en cuanto a escasez de medios, originalidad estética y estilos musicales: