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ESTAMOS DE VACACIONES

HOT HOT JAZZ!

Es verano y la vida es más fácil, como dice la canción de Gerswhin. Pero llega agosto y el calor aumenta e invade toda España, de modo que vamos a tomarnos unas vacaciones del ordenador y vamos a abandonar el blog durante un mes. No pasaremos del jazz, que seguro que seguirá encontrándonos en el camino, en festivales, en terrazas, en chiringuitos al atardecer... No hay que volverse loco porque no habrá abstinencia, el jazz les buscará y les encontrará... en un día de verano.

Nos vemos de nuevo en septiembre. ¡Que los festivales les acompañen!

Feliz verano.




* Foto: Espectadores del Festival de Jazz de Newport en 1954 (fuente: Newport Historical Society).

UN AÑO MÁS, FELIZ NAVIDAD

Como todos los años por estas fechas, aprovecho para felicitaros la Navidad, desear que el año que viene sea mejor para todos y tomarme unos días de descanso (lejos del ordenador pero no del jazz). Habitualmente, os recomiendo un disco navideño con suficiente swing como para soportar las comilonas navideñas y las visitas inesperadas o incómodas, pero este año no me ha llegado ninguna novedad que valga la pena (perdonad la sinceridad) y tiramos de clásico, como siempre, con esta recopilación que incluye algunos grandes como Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Lionel Hampton, Eartha Kitt, Mahalia Jackson, Billie Holiday...

Que ustedes lo disfruten.

Con todo el cariño, FELIZ NAVIDAD.

Félix.





FELIZ NAVIDAD 2021

HAVE YOURSELF A MERRY LITTLE CHRISTMAS

En Jazz, ese ruido solemos felicitar la Navidad cada año recomendando algún disco de jazz, algo que ya hicimos hace unas semanas con el fabuloso Merry & Bright de Jeff Hamilton, intentado continuar la tradición norteamericana de celebrar estas fiestas con discos que "jazzean" canciones navideñas. Desde Chet Baker a Louis Armstrong, la sensacional Ella Fitgerald, pasando por la singularidad que es siempre Miles Davis,  no hay músico de jazz que no haya grabado su nombre con villancicos. 

¡Regalen jazz! Es un consejo que siempre funciona, tanto si el receptor es un aficionado como si es alguien que aún recela del swing y la síncopa. Hay discos para todos los gustos. Hace unos años, la web de Cervezas 1906 publicó una lista con lo que consideraron Los 10 mejores discos navideños de jazz. Si quieren también, pueden echar la vista atrás y ver las recomendaciones de este blog en otros años en este enlace

Tomémonos unos días de descanso para disfrutar de la familia o para echar el ojo atrás a lo que fue este año. Desde aquí, les deseo feliz navidad y una gran entrada de año con esta versión de Silvia Alonso del clásico "Jingle Bells". Que ustedes lo disfruten. 



QUINCY

El músico, el arreglista, el productor, el mago...

Puede que, como dice la publicidad, nadie haya tenido una carrera como la de Quincy Jones, y de ello se ocupa este documental original de Netflix. La excusa argumental es la apretada agenda de este músico octogenario, incluidos los preparativos, durante casi tres años, de un concierto en el African American Museum Smithsonian para su inauguración. Su hija Rashida Jones filma y dirige este documental junto con Alan Hicks, quien ya dirigió un documental sobre otro grande del jazz, Clark Terry (Keep on Keepin' On) en 2014, uno de los grandes amigos de Q, como le llaman sus allegados.

El documental hace un repaso a sus orígenes pobres en el Chicago de los años 30, con la explosión de los gangs, en una época en la que, dice, "los negros no existían en los libros de texto", razón por la cual no tenía referencias y no sabía qué quería ser en la vida hasta que descubrió un viejo piano vertical, lo tocó unos segundos y supo que había encontrado su vocación. Cuenta que aprendió percusión, trombón, tuba, trompa... hasta que se decidió por la trompeta porque no tenía dinero para un instrumento más caro. Entonces, conoció a músicos de jazz, "negros dignos y orgullosos" y descubrió que eso era lo que quería ser.
Solía juntarme entre bambalinas con Count Basie y con Clark Terry. Sé que los molestaba muchísimo pero tuvieron la amabilidad de decirme: "Bueno, así es como se hace."
Nieto de una esclava liberada y de un emigrante galés, hijo de un jugador de béisbol, Quincy Jones comenzó a tocar la trompeta con 14 años en bandas de soul en Seattle para luego ingresar en la big band de Lionel Hampton, tocaba con algún grupo y luego iba a tocar toda la noche bebop... A los 18 entra en la banda de Lionel Hampton y descubre el mundo, las giras, el racismo, el extranjero... Dinah Washington le pidió que escribiera su próximo disco y luego lo llamó Frank Sinatra para que le hiciera unos arreglos, y así despegó su carrera como arreglista y compositor con Louis Armstrong, Count Basie, Dizzy... Fue productor en París antes de convertirse en director de big band con ese sentido del ritmo y los metales tan grandilocuente que se hizo tan popular y que también le hizo un hueco en el soul y en otras músicas negras que explotaron en los 60 y los 70.

El documental está aderezado con la música compuesta o producida por Quincy Jones y con apariciones de músicos como Miles Davis, Ella Fitzgerald, Al Jarreau, Herbie Hancock, Chick Corea, Richard Bona, Carlos Santana, Stevie Wonder, Frank Sinatra, Bono... monstruos del rock y del jazz que forman parte importante de esta historia.

Q, aficionado a los horóscopos, es un piscis que ha vivido (y sigue viviendo) de la creatividad. Les dejo con uno de los temas más recordados de su larga discografía, "Soul Bossa Nova", de su álbum Big Band Bossa Nova (Mercury, 1962) en una actuación reciente en el 50º edición del Festival de Montreux (2017).



EL JAZZ EN PLAYBOY

Jazz contra las represiones, la intolerancia y la segregación

Hugh Hefner es conocido en todo el mundo como el creador de Playboy y el único tío del mundo occidental capaz de vivir con varias novias a la vez. Sin embargo, si uno profundiza en la historia de su vida, se encuentra con un personaje que no sólo desafió la hipocresía de la sociedad biempensante americana sino que contribuyó a la lucha por los derechos civiles, entre otras batallas.


Hef, como le llamaban los amigos, estudió psicología y esto le sirvió para conseguir entrar en las mentes masculinas de los puritanos americanos con una revista que, más que romper moldes, los creó. Tras investigar, durante un curso de postgrado, con un ensayo comparativo de las leyes sobre conducta sexual en Estados Unidos, comenzó a comprender lo absurdo de las represiones y de los tabúes. Si se aplicaban aquellas leyes, manifestó, la mitad de los americanos estarían en la cárcel. Es evidente que América, en los años 50 del siglo XX, no estaba preparada para los desnudos que aparecían en su revista, pero Hefner es un gran creador de paradojas

Hefner comenzó a trabajar en su revista por las noches, mientras por las mañanas escribía para una publicación infantil. La revista, que en un principio se iba a llamar Stag Party (algo así como Fiesta de Solteros) no iba a ser sólo una revista de fotografías. Una de las bazas de Playboy eran sus entrevistas. Alex Haley (el autor de la novela Raíces) realizó la primera entrevista, una sección que se convirtió en fija. Fue a Miles Davis. Después, entrevistaría, entre otros, a Malcom X y a Martin Luther King, entre otros. Pero Hefner también impulsó en sus páginas la buena literatura. Publicó por entregas, por ejemplo, la rompedora Farenheit 451 de Ray Bradbury, que nadie quería publicar. También publicaron en sus páginas relatos de grandes como Ian Fleming o John Updike.

Las portadas, al principio, no incluían desnudos, y las páginas centrales correspondían a fotografías compradas a agencias, pero el espíritu era el mismo de las décadas siguientes: aunar periodismo de opinión con imágenes femeninas que suscitaran opiniones unánimes de los lectores, chicas no profesionales que hicieran pensar en "la chica de al lado". Dos maneras de pensar que pueden parecer una unión paradójica pero que invitan a pensar en que, superadas las inhibiciones impuestas, ni los tabúes ni los prejuicios tienen sentido

Es por esto por lo que hoy he pensado en escribir sobre este visionario, tras volver a ver el documental Hugh Hefner, playboy, activista y rebelde de Telefilm Canada, aprovechando que este blog es un foro para hablar de jazz y porque Hefner amaba el jazz y porque el jazz fue y sigue siendo un arma para luchar contra lo que fue la segregación racial hasta los 60 y hoy sigue siendo una velada discriminación. 

No sólo las Music Polls de Playboy (originalmente orientadas hacia el jazz) justifican la presencia de Hugh Hefner en el blog. De su filosofía vital, rompedora con los esquemas represores de la ética puritana del American Way of Life (aún a costa del feminismo) destaca su lucha contra la segregación racial, una lucha llevada a cabo con naturalidad, sin salidas de tono, con el simple gesto de tener amigos sin importar la raza y mostrarlo en público, en especial en su programa de televisión Playboy's Penthouse, donde hacía de sofisticado anfitrión para charlar y escuchar música, con invitados como actores, cómicos ¡y músicos de jazz! La sociedad americana no estaba preparada para algo tan rotundo como ver en el mismo plató a blancos y negros charlando con naturalidad.

Dizzy en Playboy's Penthouse

Amigo de Tony Bennet, Buddy Rich, Sammy Davis Jr. y otros músicos de jazz, Hefner promovió la integración con estos programas donde aparecían, entrevistados, charlando o tocando grandes como Dizzy Gillespie, Buddy Rich, Larry Adler... e incluso incluso algo tan controvertido para los reaccionarios como grupos mixtos, sin discriminación racial, como Lambert, Hendricks & Ross. Todos estos músicos aparecen en el documental citado y que he insertado al final de este artículo.
Muchos negros vimos [en aquel programa] a artistas negros que nunca habíamos visto. (Dick Gregory, escritor, cómico y activista)


Esto no ocurría en ningún otro programa de la televisión americana. No había prejuicios raciales y esto incordiaba a las mentes reaccionarias de la sociedad americana, tanto que el programa no se emitía en el Sur. América aún iba a tardar muchos años en salir a la calle a luchar por los derechos civiles. El programa tuvo continuación en los 60 con Playboy After Dark. Del mismo modo, los clubes Playboy franquiciados admitían clientes blancos y de color, algo inusual en los 60. Cuando la franquicia de Nueva Orleáns quebrantó esta norma aduciendo que la ley de Louisiana prohibía la entrada de negros en los locales de espectáculos, Hefner recompró los derechos del club y desafió las leyes del Sur permitiéndoles la entrada.

Demostrando su pasión por el jazz, promovió el Playboy Jazz Festival en Chicago, que comenzó a celebrarse en octubre de 1959, con un plantel extraordinario: Count Basie, Duke EllingtonLouis Armstrong, Ella Fitzgerald... Según Leonard Feather, "el fin de semana más grandioso en los 60 años de historia del jazz". Después de establecerse Hefner definitivamente en California, el festival se trasladó al Hollywood Bowl, donde sigue celebrándose cada mes de junio.






Si tienen tiempo, aquí les dejo el documental según se emitió por la 2 de Televisión Española, aunque para los aficionados al jazz puede ser más interesante el programa de Playboy Penthouse de 1959 insertado más abajo.



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Artículos interesantes sobre el tema:

* LA's Playboy Jazz Festival Toasts 35 Years, Paul Wiseman en Los Angeles Confidential:
   https://la-confidential-magazine.com/los-angeles-playboy-jazz-festival-35-years

* Playboy And Jazz: A History en All About Jazz:
   https://news.allaboutjazz.com/playboy-and-jazz-a-history.php


https://jazzeseruido.blogspot.com/p/relatos-de-jazz_28.html


100 AÑOS DE ELLA

Patrice Williamson + Jon Wheatley, Comes Love (River Lily Records, 2017)

Cercano el centenario del nacimiento de Ella Fitzgerald, suponemos que habrá numerosos homenajes a la Reina del Jazz. El que tenemos en las manos, a cargo dos músicos de Berklee (la cantante Patrice Williamson y el guitarrista Jon Wheatley), se centra en la etapa de colaboraciones entre Ella y Joe Pass. El disco sale a la venta, como no podía ser de otro modo, el 25 de abril, día en que se cumplirán 100 años del nacimiento de Ella. 

El desafío (esa pureza del sonido en los dúos con el guitarrista, muy alejados de los discos de Ella con big band) está solventado aquí con técnica y elegancia. Parece que Williamson ha estudiado el color y los recursos vocales de Ella a conciencia. Joe y la Primera Dama de la Canción grabaron seis discos juntos para Pablo Records (Take Love Easy en 1973, Fitzgerald y Pass ... Again en el 76), Speak Love en 1983 y finalmente Easy Living en 1986, en la última etapa de Ella, además de dos álbumes en vivo.


La vocalista (también toca flauta y violín) Patrice Williamson ha cantado con James Moody, Tony Bennet, Kevin Mahogany, Cassandra Wilson... Con un gran dominio del scat, se la ha comparado con Ella Fitzgerald y con Sarah Vaughn. Es una mujer de muchas voces (Jazz Times dixit) y tiene un registro mucho más amplio que el de Lady Ella (que sólo se movía en tres octavas). Para Williamson, este disco es un proyecto largamente soñado, una idea que nació cuando de niña escuchó un anuncio de Memorex donde se podía oír a Ella. Cuenta que la conoció con más profundidad en los discos de su padre y que le encantaba oírla hacer scat porque le parecía "tonta". De aquel pensamiento infantil al redescubrimeinto de Ella cantando con sus amigos (el jazz era más divertido que las clases de flauta en el conservatorio) se había formado una cantante madura dispuesta a trabajar para parecerse a Ella.

El álbum está compuesto por doce canciones, manteniendo el tempo y el espíritu de los originales, todas grabadas a dúo con la guitarra excepto la intro ("Bluesette") y la coda ("One Note Samba"), donde la propia cantante ha grabado la flauta, doce canciones que le permiten hacer un recorrido por las colaboraciones Fitzgerald/Pass, repasando un interesante abanico de recursos y demostrando sus capacidades.
Los más aficionados a estos dos músicos encontrarán detalles en este homenaje, como la forma tocar los acordes de Joe Pass, su gusto por el contrapunto y la forma en que se acoplaba a la voz de Ella. Puede que la voz de Patrice Williamson no tenga el color ni el timbre exacto de las canciones originales pero no se trata de una imitación sino de un homenaje. La preparación y la investigación que hay detrás del proyecto dan valor al disco y lo convierten en material de estudio, de comparación (si se quiere) con las grabaciones originales. Los temas, en todo caso, son una delicia. Una delicia renovada.

Como narrador, no puede dejar de aplaudir el repertorio, contado de una manera sentimental, como una historia de amor con una línea argumental definida, desde la tristeza de la soledad inicial ("Bluesette"), pasando por la esperanza ("Comes Love", "I May Be Wrong (But I Think You're Wonderful"), la inseguridad del amor ("Lush Life" de Billy Strayhorn) y el regreso a la soledad y su aceptación ("One Note Samba".


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* Web oficial: www.patricewilliamson.com

EL BRILLO DE LO MALDITO

Habana Jazz Club de Lola Mariné ( + entrevista )

A menudo traemos al blog novelas inspiradas en el universo del jazz o que guardan alguna relación con músicos o películas sobre el tema. Hoy vamos a hablar de una novela de pasiones y desgracias ambientada en un club de jazz, la historia de una joven cubana que llega a España por amor y acaba cantando en un club de jazz. Se trata de Habana Jazz Club, una historia de supervivencia, una novela que habla de cantar y habla de la vida, de esas vidas desbaratadas y tortuosas que a menudo leemos en las biografías de músicos y cantantes de jazz y que, también a menudo, dan personalidad a su forma de crear, moldeando artistas únicos cuya desgracia adquiere el brillo de lo maldito.

Conversamos con la escritora Lola Mariné. En su biografía se puede leer que nació en Barcelona y que emigró a Madrid con 18 años para ser actriz. Es licenciada en psicología y autora de Nunca fuimos a Katmandú, Gatos por los tejados y Habana Jazz Club, que triunfa en las listas de la tienda Kindle de Amazon y que llamó nuestra atención por las referencias jazzísticas, la recreación de un club de jazz barcelonés con claras referencias a las viejas películas de género y la manera en la que el mito de Billie Holiday da vida al personaje principal de la historia.

Billie, de niña, creía que la vida tenía banda sonora, como las películas, porque no podía recordar un solo día de su infancia, en su Cuba natal, en que la música no hubiera acompañado cada uno de sus gestos cotidianos. 
Con los años, llegar a ser una gran cantante de jazz y de alguna manera, cumplir de este modo el sueño de su madre se convirtieron en su máxima aspiración.
(Lola Mariné, Habana Jazz Club)



ENTREVISTA A LOLA MARINÉ

Jazz, ese ruido: La referencia a Billie Holiday es obvia, no sólo en esta presentación sino en la descripción física y en la manera en que describes la forma de cantar de la Billie de la novela. ¿Fue Billie Holiday la inspiración primera de esta historia?

Lola Mariné: La verdad es que no. Mi idea inicial era escribir una novela que transcurriera en un club de jazz y en torno a una serie de personajes habituales. La imagen de Billie Holiday surgió de manera espontánea, porque siempre me ha gustado, y me sirvió en bandeja el nombre de la protagonista y la historia de su madre, Celia. El espíritu de Lady Day se coló en la novela por su cuenta y la convirtió en un homenaje a su figura, lo cual le da un valor añadido.

J,ER: ¿Qué tiene que ver Billie Holiday el personaje real con el de tu novela? 

LM: Yo no pretendía escribir una biografía de Billie Holiday, por lo que traté de que las similitudes fuesen mínimas para no confundir al lector. Lo único que tienen en común es que ambas son de color, aman el jazz y la Billie de ficción imita y admira a la real, como antes lo hizo su madre. Las vivencias de cada una de ellas son muy distintas, aunque ninguna de las dos tuvo una vida demasiado fácil.

J,ER: Aparte de Billie Holiday, ¿qué tipo de jazz te gusta o te inspira?

LM: No soy una entendida, ni mucho menos. Simplemente disfruto con este tipo de música y me llega más que otros estilos. Me gusta el jazz clásico, el swing, el dixieland. Me encanta Miles Davis, Duke Ellington, por supuesto, Billie Holiday y muchos más.

J,ER: ¿Existe de algún modo el "Dixieland", el club de jazz de la novela?

LM: El "Dixieland" es una mezcla entre el "Zeleste" de la Barcelona de los años setenta, que estaba en el barrio del Born, donde descubrí el jazz , y el "Jamboree", en la plaza Real, al que sigo acudiendo de vez en cuando. De hecho, Billie acaba viviendo en la plaza Real, justo enfrente de este local. Y su vida en Barcelona transcurre entre esas callejuelas del casco antiguo.

J,ER: La protagonista de Habana Jazz Club canta desde pequeña canciones de son cubano (su madre se llama Celia, nombre emblemático donde los haya) y escucha a Sarah Vaugh, Ella Fitzgerald, Billie..., una cultura que no hemos tenido ni tenemos en españa. ¿A qué crees que se debe esa ignorancia del jazz en nuestro país?

LM: Supongo que no es un tipo de música del gusto español. Aquí nos han educado con el porompompero y el pasadoble de la España cañí. Ahora los jóvenes tienen más acceso a toda clase de música, pero creo que el jazz, como la música clásica, es para paladares exquisitos. No es facilón ni se presta a bailoteos ni estridencias discotequeras.

J,ER: Como autor de novelas de ficción, tengo interés personal en preguntarte cómo ha sido la acogida de tus libros, especialmente en estos tiempos de reinado de Kindle.

LM: Mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú, fue publicada por una editorial convencional (Viceversa); tuvo muy buena acogida, pero ya se sabe que los libros en papel tienen una vida bastante limitada, por lo que al año de su publicación decidí subirla a Amazon; se vendieron unos 10.000 ejemplares y fue uno de los ebooks más vendidos en 2012. Eso me animó a publicar un libro de relatos, Gatos por los tejados, y después Habana Jazz Club. En los dos últimos casos apareció primero el ebook y más tarde el libro en papel porque creo que hay un público que todavía prefiere el libro tradicional y a mí misma me gusta ver mis libros impresos. Pero lo importante es que se lea, lo de menos es el formato. Creo que tenemos que asumir la convivencia entre digital e impreso sin que una cosa quite la otra sino que haya más opciones. Y por suerte, mis libros son bien acogidos en ambos formatos.

J,ER: Recomienda a los lectores de nuestro blog algún aspecto de la novela que haga imprescindible su lectura.

LM: Bueno, la propia trama de la novela, desde la infancia de Billie en la Habana dónde nace su pasión por el jazz y su deseo de ser cantante, pasando por el amor que trastoca su vida y la lleva a huir de Cuba y trasladarse a España, y todos los avatares por los que pasa hasta recalar en Barcelona, hacen interesante la lectura. Tiene además el aliciente de que la música es uno de los protagonistas de la historia; se mencionan temas y canciones reconocibles por todos los aficionados al jazz y al blues y me gusta pensar que leer la novela provoque en el lector el deseo de escuchar esos temas o de descubrirlos si no se conoce. Y en el "Dixieland" se sentirán como en su club de jazz favorito.

J,ER: Acabas de sacar una nueva novela, háblamos de ella.

LM: Mi nueva obra está en proceso editorial y saldrá en el mes de abril, para el Día del Libro. En este caso no se trata de una novela sino de una experiencia personal. Nepal, cerca de las estrellas, narra mi estancia como voluntaria en una escuela del Nepal a principios del 2013. En ella comparto con el lector vivencias, reflexiones, anécdotas y curiosidades de los contrastes culturales entre oriente y occidente. Es un libro muy especial para mí que he escrito con mucho cariño.
J,ER: Gracias, Lola, y por favor, continúa creando historias.


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Enlaces de Lola Mariné:

* Libros en Amazon: click aquí

** Blog de Lola Mariné: click aquí.

* * * Blog de Nunca fuimos a Katmandú.

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A PROPÓSITO DE LA REALEZA

y otros títulos nobiliarios en el jazz

Joe "King" Oliver
No nos cabe duda de que es la ausencia de una Historia profunda (cuentan apenas 200 años de independencia), lo que hace que a los norteamericanos les atraiga tanto la tradición europea de otorgar títulos nobiliarios, un elemento exótico que ellos incluyen a placer en sus nombres artísticos, ya sea en el rock (Elvis, Rey del Rock), en el rap (Fresh Prince of Bel Air) o, a ello vamos, en el jazz. Son muchos los nobles que han sido nombrados a lo largo del siglo de jazz que llevamos coleccionado en nuestras discotecas. Hagamos una pequeña lista, desde barones hasta reyes, porque, a fin de cuentas, todo esto es sólo anecdótico.

Puede que todo comenzara como una artimaña publicitaria: no es lo mismo presentar al "mejor trompetista del momento" que al "Rey de las Trompetas", por poner un ejemplo que suene simple y valorable, pero lo cierto es que los ejemplos son variados y hay jerarquías, como en la nobleza.

Reyes. El primer noble del jazz del que tenemos constancia fue Buddy Bolden, apodado ya por 1900 "King" (rey) Bolden, una época en la que abundaban los reyes: en Chicago Joe "King" Oliver y, antes que éste, "King" Watzke, de quien se dice que proclamó rey por la envidia que tenía de Bolden e incluso que pagaba a los niños para que, al verle pasar, gritaran: "Ahí va el Rey Watzke".

Imagen de la película protagonizada por Paul Whitman Band
Otros reyes han sido Nat "King" Cole, cuya maestría con el piano se vio eclipsada por su popularidad como cantante (no nos cansamos de remarcarlo); Louis Armstrong, "Rey de la Trompeta" (nunca quiso utilizar el de "Rey del Jazz" por respeto a su maestro Oliver); Louis Jordan ("Rey de la Jukebox"); y Paul Whiteman, también auto-proclamado "Rey del Jazz" en Nueva York a pesar de que su música solo estaba parcialmente influenciada por el jazz. Jelly Roll Morton respondió a la proclamación de Whiteman llamando a su grupo "The Kings of Jazz" pero en 1930, al rodar Whiteman la película, el título quedó inmortalizado a su favor.

Más humor tenía Blue Barron, quien se anunciaba como "King of the Mickey Mouse Bands". Reyes hubo y seguirá habiendo: Benny Goodman fue llamado "Rey del Swing"; Artie Shaw, "Rey del Clarinete"; Albert Ammons, "Rey del Boogie Woogie" y también "Rey del Ritmo"; Dean Martin, "Rey del Cool", Django Reinhardt, "Rey de la Guitarra de Jazz"; en el blues, están "Blues Boy", más tarde resumido en B.B. King, y Albert Nelson se cambió el nombre artístico por el de Albert King.

Mamie Smith
Reinas también ha habido en el mundo del jazz, y pocas (en mi opinión) para tantas grandes voces. En los primeros tiempos, Mamie Smith fue llamada la "Reina del Blues", título que retomó mucho más tarde Dinah Washington. En respuesta a Mamie, Bessie Smith se autoproclamó "Emperatriz del Blues" para colorcarse un poco más alto...

El príncipe. Quizás por el mismo título (o porque es nuestro jazzman favorito) destaquemos en primer lugar a Miles Davis, apodado con el fantástico y espeluznante título de "Príncipe de las Tinieblas" ("Prince of Darkness"), apodo que luego llevaron rockeros como Nick Cave y Ozzy Osbourne.

Duques, condes y barones. Como la lista sería enorme, resumiremos esquemáticamente el resto de los títulos nobiliarios.

Duque fue Ellington y condes Basie y 'Fatha' Hines (earl también significa conde). Charles Mingus fue llamado barón. Aquí acabaría lo que se podría llamar una aristocracia europea pero hemos recordado que también hay caballeros en el jazz: Sir Charles Thompson y "nuestro" Carlos "Sir Charles" González, y ¿cómo no? damas: Lady Ella (Fitzgerald) y Billie Holiday, a quien Lester Young llamaba cariñosamente Lady Day. Ornette Coleman fue llamado "Bufón de la Corte" (Court Jester) con su consentimiento, suponemos.

Menos europeo es maharaja (Oscar Peterson) y menos nobiliarios son títulos como presidente: Prez (Lester Young); juez: Milt Hinton; mayor (también en el ejército) fue Glenn Miller. Y, por encima de todos, los divinos: el Sumo Sacerdote del Bop (Thelonius Monk), la Suma Sacerdotisa del Soul (Nina Simone) y La Divina (Sarah Vaughn). Ah, y Dios, como llamaban a Art Tatum.

Pero quizás el noble más elegante y longevo de esta lista sea el genial Ellington. Les dejamos con el Duque. Parece una buena manera de terminar esta enorme lista:

Feliz naviJAZZ

Have Yourself a Merry Little Christmas
En Jazz, ese ruido creemos en la Navidad, ese milagro que transforma a las personas llegada esta época del año y nos devuelve la sensación de que la vida, con crisis o con telebasura, puede ser como una película de Capra, como un paseo a media mañana o como una balada de jazz. So what?
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Me suele ocurrir que, en los momentos (sea cual sea la época del año) en que me acelero, se me enreda en la cabeza "Jingle Bells". Sí, sea cual sea la época del año. Pero siempre a ritmo de jazz desde que me hice con aquel disco de Diana Krall. Hoy tengo muchas versiones sincopadas, pero quiero recomendarles para estas navidades una revisión del disco Ella Wishes You A Swinging Christmas (Verve, 1960).

Ella Fitzgerald había editado un exitoso single en 1959, "The Christmas Song", grabado con la orquesta de Russ García, de modo que en el verano de 1960 Norman Granz le produjo un álbum completo de canciones navideñas (el único que grabó Ella) con Frank De Vol como arreglista y director de orquesta. Les dejo mi tema preferido en uno de esos odiosos videos de Youtube en los que no hay video realmente pero, al menos, suena la canción, y lo dejo no sólo por la época en que estamos sino porque puede que tengan suerte y la energía de Ella  les contagie todo el año..... 
 

Y, como es tiempo de ser generosos y esta entrada me estaba sabiendo a poco, añado un christmas sonoro que es también una curiosidad. Se trata de un video de Disney en el que varios animadores interpretan "Jingle Bells" en una versión muy dixieland. Con ustedes, los Firehouse 5 + 2, un ejemplo de que el buen jazz aparece donde menos te lo esperas, como el espíritu de Navidad, que acaba llegando aunque nuestro ánimo venga deteriorado de todo un año de... Olvidémoslo. De paso, aprovecho para desearles la paz en familia que prometen estos días y una feliz entrada de año. ¡Que lo disfruten con jazz!

SUMMERTIME

Standards vol.2

Largo y cálido verano de jazz. Hace calor en el Sur. Calor como para dormitar. Apetece una cervecita y una nana. Qué contraste, ¿no? En Andalucía somos así. Dormitar. Pongo el disco por el segundo corte. Lo siento por la introducción. Esta versión comienza con tiento, con tensión contenida. No todas las nanas se cantan en dormitorios de color rosa. De repente, la trompeta irrumpe con valentía, épica, pero con una (apetecible) languidez. La orquesta acompaña con un colchón que es el contraste perfecto para esa forma tan de New Orleans de tocar que nunca abandonó Satchmo.


Entonces se oye la voz de Ella: "Summertime, and the living is easy. Fish are jumping and the cotton is high..." Nadie le ha puesto tanta tristeza a una canción tan dulce. Cantar cosas bonitas cuando se está triste es muy difícil. Cada inflexión de su voz es una queja contenida. El drama lo pone la voz de Satchmo en la estrofa siguiente.

Creo que ésta es la versión más ruda (a pesar de orquestal) de las que se han grabado de "Summertime". La letra es un poema de DuBose Heyward al que George Gerswhin puso música, como todo el mundo sabe, para su ópera Porgy & Bess, una historia de amor ambientada en un deprimido barrio negro (Heyward invitó a Gershwin a su casa de Folly Beach para que observara las costumbres de los negros) de trágicas consecuencias. Considerada una obra menor por el carácter popular de su música (o quizás por el mundo en el que está ambientada) Porgy & Bess no se consideró en América como una auténtica ópera hasta 70 años después, a pesar de ser la ópera de un autor americano más representada del siglo XX. 

Terminada en agosto de 1935, dicen que Gerswhin releyó las 700 páginas de partituras y exclamó: "Esta música es tan maravillosa que no puedo creer que la haya escrito yo". Al año siguiente la grabó Billie Holiday, ¿qué exclamaría Gershwin al escucharla?

En 1959 se estrenó una película sobre esta ópera con Sidney Poitier en el rol de Porgy. Obtuvo el Globo de Oro al mejor musical. Esto expandió la fama de la obra por todo el mundo y hoy "Summertime" es quizás el estándar más versionado de cuantos se oyen en los repertorios de jazz (en esta página hay una lista de 4.000 versiones, no todas de jazz).

Aunque el álbum Porgy & Bess es uno de mis preferidos de Miles Davis (y Gil Evans), su versión de "Summertime" no es mi favorita. Quizás yo no tenga una versión favorita de esta canción. Es más, suelo desvincular este tema del resto de la obra de Gershwin. Es una canción que tiene vida propia, un standard en toda regla. Y todas las versiones me devuelven la misma sensación de paz, de esa fluidez que licua el verano en un río cálido que pasa lentamente...
(continuará)



Summertime,
And the livin' is easy
Fish are jumpin'
And the cotton is high

Your daddy's rich
And your mamma's good lookin'
So hush little baby
Don't you cry

One of these mornings
You're going to rise up singing
Then you'll spread your wings
And you'll take to the sky

But till that morning
There's a'nothing can harm you
With daddy and mamma standing by

Summertime,
And the livin' is easy
Fish are jumpin'
And the cotton is high

Your daddy's rich
And your mamma's good lookin'
So hush little baby
Don't you cry

PETE KELLY'S SEVEN

 Jazz dentro y fuera de la pantalla

Durante la segunda mitad de los años 50, una banda llamada Pete Kelly’s Seven recorría los clubs de los Estados Unidos. Su historia comienza en 1955, tras el rodaje de una película en la que intervenían, entre otros, Peggy Lee y Ella Fitzgerald, una de las primeras películas musicales presentadas en glorioso estéreo, rodada en Cinemascope, que es, además, una de las películas de gangsters preferidas de Martin Scorsese.



La película, llamada precisamente Pete Kelly’s Blues, está ambientada en el Kansas City de los años 20. Contiene una historia coherente, diálogos ácidos y, a pesar de mostrar algunos personajes tipo como la flapper con dinero enamorada del hombre ajeno a su mundo (en este caso, un músico de jazz) gana peso al mostrar algunos aspectos de la vida de los músicos de jazz en el primer cuarto de siglo, como el interés de la mafia por manejar a las orquestas de éxito, los restaurantes con música en directo (en éste incluso el champán es de garrafa), con la salvedad (impuesta por el mercado) de que en esta trama todos los personajes son blancos. Los únicos negros que aparecen en pantalla (exceptuando a Ella Fitzgerald) lo hacen en un funeral (el cornetista Teddy Buckner canta) que da pie a lo mejor de la historia, la forma en que la corneta de un muerto se pierde tras la ceremonia y acaba en manos de un soldado (Jack Webb) cuando alguien la apuesta a los dados, condicionando así el futuro del personaje.

Ella Fitzgerald aparece como la cantante de un speakeasy (un lugar donde se podía beber durante los años de la Prohibición) llamado Fat Annie’s, y tiene un par de frases. Interpreta el tema del título y, en la pantalla, “Hard Hearted Hannah”. Peggy Lee canta y hace un pequeño pero acertado papel como una cantante alcohólica por el que fue nominada al Oscar. Otro músico que aparece en la película es el guitarrista Herb Ellis, quien toca el banjo acompañando a Janet Leigh (aunque no estoy seguro que la voz que se escucha sea la de ella). Dick Cathcart toca la trompeta doblando al personaje principal, Kelly, interpretado por Jack Webb, que además dirige este largometraje.

Jack Webb, gran aficionado al jazz, llevaba doce años intentando hacer esta película desde que tuvo una conversación con Dick Cathcart, a quien habló del proyecto en 1943 y quien le enseñó a tocar la corneta para la película. Aparte de la reconstrucción de la época (1927) en términos de vestuario y atrezzo, Webb eligió los ritmos de Dixieland para sus músicos en lo que llamó New Orleans Two-Beat (estilo N.O. de dos tiempos).

Aunque en la pantalla aparece un opteto formado por actores (sólo el guitarrista y el saxo son músicos reales), en el que destacan el protagonista (Jack Webb, doblado lógicamente por Cathcart) y Lee Marvin, que interpreta a un clarinetista, el combo real eran Matty Matlock & His All Stars. Estaba formado por Matty Matlock (clarinete), Dick Cathcart (corneta), Moe Schneider (trombón), Eddie Miller (saxo tenor), Ray Sherman (piano), George van Eps (guitarra), Jude de Naut (bajo) y Nick Fatool (batería). En la ficción eran Pete Kelly and His Big Seven, pero, a raíz de los buenos resultados comerciales de la película, comenzaron a girar por los clubs bajo el nombre de Pete Kelly’s Seven con notable éxito; incluso se hizo una serie de televisión de 13 episodios con el mismo título y también con Dick Cathcart doblando al protagonista (en este caso, William Reynolds). El tiempo, sin embargo, los ha borrado del recuerdo. 


El mismo combo con Peggy Lee:

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

(Barcelona, 27/07/1939 - Bangkok, 18/10/2003)

Poned el tema musical para poder "oír" este poema de Vázquez Montalbán.




Jamboree


La muchacha era negra y cantaba
una experiencia agridulce, metálica
de micrófono, metálico el hielo usado
en la penumbra del vaso opaco
gin
y manos espontáneas abofeteándose
en la bromúrica África europea del sábado
Baudelaire
estaba detrás del frenesí de las caderas
cadenciosas de muchachas emancipadas
abiertas al sol nocturno del saxo
y nadie
intentaba decir a los de la Navy: yankee
go home, porque los yanquis –tal vez
exiliados de algún Harlem blanco– escalaban
el estrado en un salto de tragamillas
o de puntero de rugby en el partido cumbre
para recuperar el jazz y amable
en el piano de aquel pianista poeta
sabio como un soltero sin compromisos
lícitos
y batíamos palmas si la muchacha
negra nos cantaba Remember When, ya tarde,
hacia las tres de la mañana, cuando
en la plaza del exterior, con estatua,
vomitaba algún padre de familia
y
abajo
–en Jamboree– la triste risa negra de Gloria
nocturna como su piel y su voz de Ella
Fitzgerald tímida, nos hacía inteligentes
de libros y cubalibres, comprobando
que
tampoco había sido aquél el octavo,
el tan esperado octavo día de la semana.


Manuel Vázquez Montalbán,
del libro de poemas 
Una educación sentimental (El bardo, 1967)

THE DRUM BATTLE

Gene Krupa & Buddy Rich at JATP

Me critican mis amigos que siempre hablo bien de los discos que comento en este blog. OK, es cierto. Porque no pienso molestarme en escribir acerca de los discos que no me han gustado, que también los hay. Ahí están el último de Kyle Eastwood, que tantas esperanzas me dio con su disco anterior, o Live at the jazz club, un recopilatorio de Ronny Scott (el propietario del famoso club) que no me gustó porque esperaba más, como esperaba más de ese experimento confundible con el jazz que es Madeleine Peyroux. Su Bare bones fue un regalo, como Enigmatic ocean de Jean–Luc Ponty. Mi primer disco de Ponty y contiene de todo menos jazz...

No suele defraudarme un disco de jazz. Por muy faltos de experiencia que estén los músicos o por muy poco inspirados que sean los temas, siempre ganan con la segunda escucha y con la tercera... El último que me ha defraudado es el disco The drum battle con Gene Krupa y Buddy Rich juntos, y no por otra cosa sino porque las expectativas que había puesto al hacerme con él eran demasiado grandes.

Ya desde el título y mirando los nombres de los líderes, uno espera un espectacular encuentro, un choque de trenes entre dos grandes clásicos de las baquetas. Sí. Pero todo se queda en un choque de tres minutos y medio en el que ambos bateristas miden su potencial. Lo sé. Es genial, pero sólo dura tres minutos y medio. En un concierto de hoy en día duraría quince o veinte. Eran otros tiempos.

Eran los tiempos del Jazz At The Philarmonic, aquellos conciertos que organizaba Norman Granz en el Carnegie Hall de NY. Grandes figuras del jazz en un escenario “para todos los públicos”. Este, en particular, contiene cinco temazos a cargo del trío de Gene Krupa, incluyendo Idaho, donde, si no has escuchado a Krupa, ya comienzas a vislumbrar quién es el líder oyendo sus intervenciones o los gritos femeninos entre el público durante sus solos; Flying home, un temazo que va creciendo y volviéndose salvaje y en el que Willie Smith está enorme, lleno de swing, magistral; o Drum boggie, lleno de resonancias del tiempo de los clubs...

Genial, incluso se perdona el sonido algo deficiente de la grabación, pero lo peor es que son sólo 36 minutos de jazz, una duración que era normal en un LP de los años 50 pero que ahora le deja a uno con las ganas. Y eso que para llenarlo se han tomado temas de los dos conciertos que celebró Gene Krupa aquel 13 de septiembre de 1952 en el Carnegie. Los dos temas que completan el disco son la famosa “batalla de baterías”, un par de temas en los que se le une Buddy Rich. En el primero, titulado The drum battle, Krupa y Rich explotan todas las posibilidades de sus instrumentos en unos explosivos tres minutos y medio. El público acompaña, aplaude, grita, ruge. El tema es impresionante. Grandioso pero breve. ¿Lo bueno si breve...? No sé. La cosa termina con el tema Perdido, que enlaza con el anterior y en el que aparece otra formación, una big band: Ella Fitzgerald (voz), Oscar Peterson (piano), Ray Brown (bajo), Barney Kessel (guitarra), Charlie Shavers y Roy Eldridge (trompetas) y los saxos Benny Carter, Flip Philips y Lester Young. No se puede pedir más calidad. En cuanto a la cantidad, alguien me ha soplado que hay un disco de Gene Krupa y Buddy Rich con 70 minutos...

Aquí os dejo la famosa batalla. Apunto para un próximo capítulo: Rich versus Roach.

MY FUNNY VALENTINE

a.k.a. My ideal

Como no se me da bien eso de ponerme romántico y como no tengo (ni nunca he tenido) costumbre de celebrar el Día de los Enamorados (o de San Valentín como lo llaman los americanos y hemos terminado llamándolo aquí) voy a intentar poner en esta fecha tan señalada por los centros comerciales una nota discordante. Llamémosla blue note, por ejemplo.
Os propongo un referéndum musical. A tal efecto, he colocado más arriba una encuesta para saber si esto del amor (unión, relación, contacto o fusión) os mola en el jazz, de manera que la Diosa Tecnología os va a permitir durante una semana dejar vuestra opinión sobre qué tándems (o parejas casuales, que ahora el matrimonio es otra cosa y el amor no digamos...) piensas que ha dejado resultados más brillantes en la Historia del Jazz?
La mía ya está marcada.
Por cierto, olvidaba recalcar una cosa: está permitido marcar más de una respuesta.....