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IMPROVISACIÓN: AMORES Y DETRACTORES

ACORDES Y DESACUERDOS (XXX)

Bix Beiderbecke
Uno de los elementos definitorios del jazz moderno es la improvisación. Sí, siempre hubo improvisación. En el comienzo, quizás solo fuera fruto de la ausencia de educación musical de los músicos, pero con el bebop improvisar se volvió algo intelectual, una obligación, un desafío, y también uno de los elementos que más aborrecen los detractores del jazz. A continuación, como siempre que recolectamos acordes y descuerdos, unas frases en pro y en contra. Cada uno que juzgue. Yo pienso como Gershwin. El viejo George dijo una vez (o quizás solo sea leyenda) que la vida se parece mucho al jazz... Es mejor cuando improvisas


I.

En su Historia del jazz moderno, Frank Tirro cita a William W. Austin, quien, en su Music in the 20th Centurycuando dice:

Con la aparición del bop, el jazz tropezó con los mismos problemas que habían dejado perplejos a los críticos de la nueva música seria en fecha tan temprana como 1910. [...] Ya no era fácil ni seguro discernir entre una buena pieza musical y otra de carácter incompetente, circunstancia que -todo sea dicho- aprovecharon muchos músicos incompetentes.

(la traducción es de Antonio Padilla para la edición española de la editorial Ma Non Troppo)

 

II.

Herbie Hancock cita a Ray Brown a propósito de dejar al azar la improvisación:

Si Oscar, Phineas, Ahmad, Hank Jones y Tommy Flanagan salen a escucharte, y allí están sentados en la primera fila, querrás tener algo preparado.


Una de las dos fotos que existen de Buddy Bolden
(de pie, detrás del guitarrista)

III.

Martirio confesó esto en relación a sus trabajos con músicos de jazz:

Es la música que más importancia le da a la capacidad de improvisación, a la libertad. En el jazz se premia la espontaneidad. Como te repitas, hagas lo mismo, estás muerto.


IV.

Un poco de humor y un consejo: no hablen de jazz a quien no lo puede entender. En la nueva versión que ha hecho Netflix del Cowboy Bebop de Hajime Yatate, el personaje de Jet Black saca este tema, que termina de la manera que terminan muchas conversaciones cuando intentamos explicarle a un profano cualquier cosa sobre jazz:

JET BLACK: Todo el movimiento fue una reacción al swing, donde predominaban los ritmos rápidos pero, en el bebop, el énfasis pasó del bombo al charles, como en Koko de Parker, que empieza solo con saxo y trompeta. Bird y Diz van intercalando fraseos de ocho compases y, entonces, ¡bum! Bird hace un solo que...
SPIKE: ¿Se ha vuelto a estropear el termostato? No queda ni gota de agua caliente.


V.

Hablando de series, Hay un diálogo en el episodio 6 de la segunda temporada de The Umbrella Academy que creemos que tiene algo que ver con la percepción que tienen los profanos sobre la improvisación:

LA ENCARGADA: ¿Te gusta el jazz, Cinco?
CINCO: Prefiero lamer un rallador de queso.
LA ENCARGADA: El jazz es como una mujer guapa, compleja, emotiva, difícil de complacer. No te da lo que quieres sin más, te hace ganártelo. 
CINCO: Espero que esto lleve a alguna parte.
LA ENCARGADA: Bajo mi dirección, la Comisión sonaría más... jazz.

El resto es spoiler. 


VI.

Para terminar, una frase que le dijo Miles Davis al gran Thelonius Monk:

Cuando improviso, prefiero que no me acompañes.


Disfruten del jazz e impovisen. Y todo será más divertido.

DELICADO HERBIE HANCOCK ACÚSTICO

HERBIE HANCOCK, Speak Like a Child (Blue Note, 1968)

Mientras la aguja del giradiscos desgrana tema tras tema, sigo redescubriendo uno de los mejores álbumes de Herbie Hancock, Speak Like a Child (Blue Note, 1968), ese disco enorme, redondo, que ha quedado para la Historia del Jazz como un delicado eslabón entre su glorioso Maiden Voyage (1965) y el reivindicativo The Prisoner (1969), donde ya introducía el piano eléctrico como arma de innovación, ambos con Blue Note Records.

¿Por qué hablar hoy de una "novedad" de 1968? Porque he vuelto a escuchar este disco después de muchos años en vinilo. Yo lo tenía en cassette y ahora, editado en la colección de Planeta DeAgostini con lo mejor de lo mejor de Blue Note, puedo percibir ese placer de escucharlo en vinilo, de apreciarlo con su carpeta original doble, vinilo de 180 gramos, las notas... es una delicia.


Cuando grabó Speak Like a Child, Hancock ya formaba parte de el segundo gran quinteto de Miles Davis (el que el trompetista había formado con Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams), incluso había pasado del piano acústico al Fender Rhodes por exigencias de Miles (se cuenta la anécdota en el documental Miles Electric: A Different Kind of Blue) pero aquí reúne un sexteto acústico, una formación (casi típica) del hardbop donde cambia saxofones por flautas para jugar con texturas inéditas, una formación que nos permite escuchar a un pianista (y, sobre todo, a un compositor y arreglista) más allá del hardbop comercial, un artista joven con una sensibilidad extrema, capaz de ser lírico sin abandonar el ritmo en ningún momento, arriesgando sin utilizar pólvora.

Speak Like a Child y Miles in The Sky fueron lanzados casi a la par y, aunque el álbum de Hancock contenía tres temas originalmente escritos para Miles: "The Sorcerer", que dio título a un álbum, "Riot", que apareción en Nefertiti ese mismo año, y "Speak Like a Child", que Miles nunca llegó a tocar, aquí aparecen arreglados con una estética diferente, con una instrumentación claramente distinta pero, sobre todo, marcando una diferencia absoluta en el uso del color y las texturas, más interesado en las armonías que en los acordes, como se explica en las notas del disco (en declaraciones recogidas por Nat Hentoff). Hay otros tres temas en el disco, uno firmado por Ron Carter ("First Trip") y dos nuevos temas de Hancock cuyos títulos hablan también de la niñez, convirtiendo (quizás) el repertorio en un álbum conceptual. Hablo de "Goodbye to Childhood" y "Toys".



La formación a la que me he referido es una sección de viento donde están Thad Jones (fliscorno), Jerry Dodgion (flauta) y Peter Phillips (trombón bajo), mientras que, en la sección rítmica, podemos escuchar a Ron Carter en el contrabajo y a Mickey Rouker en la batería. Además, el disco tiene, como era de esperar, al perfeccionista Rudy van Gelder como ingeniero de sonido (las sesiones se grabaron en su estudio de Englewood Cliffs, en New Jersey, el 6 y el 9 de marzo de 1968) y la firma de Nat Hentoff en las notas del disco. 

Hace unas semanas hablamos de esta colección de vinilos de Planeta DeAgostini que está en los kioskos (y por suscripción) y que resulta un gustazo no solo para el oído sino para el tacto y la vista, con las carpetas originales, tal como se vendieron en su década, y un cuidado vinilo de 180 gramos, una garantía de sonido y durabilidad que solo los que hemos sentido y cuidado de nuestros vinilos (cuando eran el formato más vendido) podemos apreciar.

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* Más info: http://bit.ly/2YQmt9a


JAZZ EN GLORIOSO VINILO

Planeta DeAgostini, Lo mejor de Blue Note en vinilo (2019)

En esta época de sabia nostalgia que vivimos (quizás porque lo actual deja mucho que desear), nada tan fantástico como leer la noticia de que Planeta DeAgostini anuncia una colección de discos de jazz, pero no una cualquiera sino una colección con lo mejor de Blue Note en vinilos de 180 gramos (los que amamos los vinilos sabemos lo que significa 180g), con sus diseños originales (portada, contraportada, etiquetas...), un lujo que ya he tenido el placer de probar y que me devuelve el sabor del primer disco de jazz que compré (otro día contaré cuál fue), sensación que volví a tener cuando reemplacé mi tocadiscos (había muerto diez años antes y lo había enterrado en la buhardilla) por un giradiscos Sony con salida USB que permite lo mismo escuchar los vinilos por los altavoces que conectarlos al PC para grabar música o escucharla en el ordenador (el mío está conectado a unos enormes bafles Pioneer heredados de un equipo que poseí en los 90, aunque haber hay muchos más modelos en el mercado, incluyendo uno en maletín que algunos amigos más mayores que yo tenían en los años 80 (heredados de los 70)

Sean o no de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, estarán de acuerdo conmigo en que nada es igual desde que el vinilo dejó su reinado a los nuevos formatos. Nada como ese placer de poner la aguja sobre el disco, con ese ronroneo previo al primer tema, el sonido peculiar (y nunca igualado) del vinilo... y, sobre todo, ese gustazo de tener en las manos una portada de 12 pulgadas, con su foto en gran formato, su diseño... artes que estandarizaron de alguna manera los genios de Blue Note Reid Miles con sus revolucionarios diseños y Francis Wolff con sus fotografías para las portadas (de ambos hablamos cuando apareció el documental sobre Blue Note).

Interior del fascículo de presentación
Respecto a los fascículos, los que he tenido la oportunidad de ver están llenos de las fotografías de Francis Wolff, quien no solo fundó la discográfica sino que con sus fotos, como todo aficionado al jazz sabe, revolucionó las portadas y conttribuyó a crear ese arte único que es la Fotografía de Jazz. Sus fotos, además, documentan buena parte de la Historia del Jazz al inmortalizar las sesiones de grabación en las que los artistas de Blue Note crearon estos 80 años de buenos discos que ahora se pueden recuperar en glorioso vinilo. De esto hay mucho en los fascículos de la colección de Planeta.


Sobre la colección, he estado viendo que contiene joyas como el Speak No Evil de Wayne ShorterOur Man In Paris, la joya del exiliado Dexter GordonSpeak Like A Child de Herbie Hancock, Genius of Modern Music vol.1, que muestra los inicios del genio  Thelonius Monk o el provocador Let Freedom Ring de Jackie McLean... comenzando por el imprescindible Blue Train de John Coltrane... Vamos, lo mejor de lo mejor de Blue Note, lo esencial. Casi nada.


Así es la taza de la colección
Además, como soy un adicto a las tazas decoradas (tengo Beatles, Star Wars, Astérix...), me he enterado que existe la taza con el logo de Blue Note que ofrecen por suscribirse (hay que usar el código PROMOJAZZ al hacer el pedido en este enlace) y me ha parecido muy oportuno que, entre los regalos de la colección, incluyan algo tan imprescindible (y olvidado) como es un cepillo electrostático para tener los vinilos como el primer día. Qué recuerdos.


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* Toda la info aquí: www.planetadeagostini.es/coleccionismo/jazz-blue-note

EL DISCO DE JAZZ MÁS ODIADO DE LA HISTORIA

MILES DAVIS, On the Corner (Columbia, 1972)


Hay momentos en los que, hastiados de novedades, sentimos la necesidad de volver la vista atrás. En este mismo blog he citado algunas veces la utilización que hago de Ellington como medicina. Rebuscar en la propia discoteca de casa es tan sano como escuchar discos nuevos cada semana porque el jazz (el jazz bien escrito o bien improvisado) admite tantas escuchas como uno quiera: siempre hay algo nuevo que escapó a nuestra atención o que suena nuevo en un momento nuevo. Hoy me ha dado por recuperar un disco de los más atrevidos e ignorados de Miles Davis. On the Corner, lanzado en 1972, es un ejemplo de la fase final de Miles, cuando recolectaba músicos jóvenes constantemente y los alimentaba con una idea para después dejarlos improvisar (a veces, durante un cuarto de hora) para intervenir sólo cuando la inspiración se lo imponía. Miles estaba en pleno periodo eléctrico y este venía después de tres álbumes elogiados por la crítica (In A Silent WayBitches Brew y A Tribute to Jack Johnson), a pesar de los cual, On the Corner se convirtió en el álbum más odiado del jazz, como lo renombró The Guardian, masacrado por la crítica de la época e incluso repudiado por algunos de los músicos que trabajaron en la grabación. Un artículo detallado al respecto se puede leer en esta web.

"Partitura" sobre la que trabajaron
los músicos de On the Corner
Quizás Miles pensó que podría seguir la estela improvisadora de Jack Johnson. Según su biógrafo, Ian Carr, en aquella época Miles mantenía largas conversaciones sobre música contemporánea con un chelista inglés, Paul Buckmaster, quien le descubrió la música de Stockhausen y le propuso la idea de experimentar con música temporal no regular (con pasajes fuera de tiempo), tal como había hecho en algunas composiciones Stockhausen, combinándola con música de la calle y la percepción de la ciudad que Miles tenía desde su lujoso apartamento. La idea no era mala. El jazz como testigo de la calle.


Lo malo es que la idea se cristalizó en algo tan simple como aburridas piezas de funky de duración indeterminada, apoyadas en grooves de bajo y batería, y basadas en un solo acorde. Monótono para muchos, impensable para otros, no consigue su objetivo a pesar del increíble plantel de músicos que trabajaron en las sesiones (Corea, Hancock, McLaughlin, DeJohnette, Liebman...). Quizás fue ideado como uno de esos discos rompedores que hacen crujir los cimientos del canon de vez en cuando... pero se quedó a medias.



Más valorada por los críticos con el paso de las décadas, en 2007 se publicó The Complete On The Corner Sessions, una caja con 6 CD's sólo apta para coleccionistas recalcitrantes, 6 CD's que recogían todas (imagino) las tomas de las tres sesiones de grabación (1 y 6 de junio, 7 de julio de 1972) pero tal cantidad de música (casi 7 horas) en lugar de aportar información sobre las improvisaciones en el estudio, provocan el efecto contrario, hastiando al oyente con una cantidad de música (en palabras de Dave Liebman, que participó en el álbum) "bastante caótica y desorganizada", aunque, en defensa de Liebman hay que decir que, cuando llegó al estudio, lo metieron en una cabina desde la cual apenas podía distinguir el ritmo discontinuo entre tanto percusionista, y que la única directiva que se le dio fue la de tocar en mi bemol. 


Mi problema con Miles es que hay entre nosotros una tensión dramática no resuelta. A pesar de que mis discos preferidos son los que van desde Kind of Blue hasta las últimas sesiones de Prestige, siempre vuelvo a los discos eléctricos. ¿Por qué? No los entiendo, y eso hace que los investigue una y otra vez, que regrese a ellos con tanta frecuencia que, a veces, creo que los escucho más que a los que prefiero. Cosas de aficionados. Y, en este sentido, On the Corner es una pieza esencial que pide ser descifrada dentro de su compleja simplicidad.

Miles y su productor en esa época, Teo Macero
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* En carpeta del LP original no constaban los nombres de los músicos que participaron en el álbum, quizás para despistar a los críticos. Según distintas fuentes, estos son los que participaron (alternándose en distintas formaciones):

Miles Davis, trompeta amplificada con wah-wah
Carlos Garnett, saxos soprano y tenor
Dave Liebman, saxos soprano y tenor
Bennie Maupin, clarinete bajo
Chick Corea, Fender Rhodes, teclados
Herbie Hancock, Fender Rhodes, teclados
Harold Ivory Williams, teclados
Cedric Lawson, órgano

Dave CreamerReggie Lucas John McLaughlin, guitarra
Khalil Baladrishna y Collin Walcott, sitar eléctrico
Michael Henderson, bajo eléctrico
Don AliasJack DeJohnetteAl Foster y Billy Hart, batería
James M'tume, percusión
Badal Roy, tabla


http://jazzeseruido.blogspot.com/p/relatos-de-jazz_28.html

QUINCY

El músico, el arreglista, el productor, el mago...

Puede que, como dice la publicidad, nadie haya tenido una carrera como la de Quincy Jones, y de ello se ocupa este documental original de Netflix. La excusa argumental es la apretada agenda de este músico octogenario, incluidos los preparativos, durante casi tres años, de un concierto en el African American Museum Smithsonian para su inauguración. Su hija Rashida Jones filma y dirige este documental junto con Alan Hicks, quien ya dirigió un documental sobre otro grande del jazz, Clark Terry (Keep on Keepin' On) en 2014, uno de los grandes amigos de Q, como le llaman sus allegados.

El documental hace un repaso a sus orígenes pobres en el Chicago de los años 30, con la explosión de los gangs, en una época en la que, dice, "los negros no existían en los libros de texto", razón por la cual no tenía referencias y no sabía qué quería ser en la vida hasta que descubrió un viejo piano vertical, lo tocó unos segundos y supo que había encontrado su vocación. Cuenta que aprendió percusión, trombón, tuba, trompa... hasta que se decidió por la trompeta porque no tenía dinero para un instrumento más caro. Entonces, conoció a músicos de jazz, "negros dignos y orgullosos" y descubrió que eso era lo que quería ser.
Solía juntarme entre bambalinas con Count Basie y con Clark Terry. Sé que los molestaba muchísimo pero tuvieron la amabilidad de decirme: "Bueno, así es como se hace."
Nieto de una esclava liberada y de un emigrante galés, hijo de un jugador de béisbol, Quincy Jones comenzó a tocar la trompeta con 14 años en bandas de soul en Seattle para luego ingresar en la big band de Lionel Hampton, tocaba con algún grupo y luego iba a tocar toda la noche bebop... A los 18 entra en la banda de Lionel Hampton y descubre el mundo, las giras, el racismo, el extranjero... Dinah Washington le pidió que escribiera su próximo disco y luego lo llamó Frank Sinatra para que le hiciera unos arreglos, y así despegó su carrera como arreglista y compositor con Louis Armstrong, Count Basie, Dizzy... Fue productor en París antes de convertirse en director de big band con ese sentido del ritmo y los metales tan grandilocuente que se hizo tan popular y que también le hizo un hueco en el soul y en otras músicas negras que explotaron en los 60 y los 70.

El documental está aderezado con la música compuesta o producida por Quincy Jones y con apariciones de músicos como Miles Davis, Ella Fitzgerald, Al Jarreau, Herbie Hancock, Chick Corea, Richard Bona, Carlos Santana, Stevie Wonder, Frank Sinatra, Bono... monstruos del rock y del jazz que forman parte importante de esta historia.

Q, aficionado a los horóscopos, es un piscis que ha vivido (y sigue viviendo) de la creatividad. Les dejo con uno de los temas más recordados de su larga discografía, "Soul Bossa Nova", de su álbum Big Band Bossa Nova (Mercury, 1962) en una actuación reciente en el 50º edición del Festival de Montreux (2017).



MILES AHEAD, LA PELÍCULA

Miles en el punto de mira

Puede que nuestro subtítulo pueda parecer un tanto llamativo, pero si adelantamos (y no es spoiler) que la película sobre Miles comienza con una persecución y continúa con disparos... entonces la metáfora de cine negro podría valer. Dejémoslo en el hecho de que todos los aficionados hemos tenido puesto el punto de mira en esta película desde que en 2009 se sopesó la posibilidad de cancelar esta película hasta que hace un par de años el proyecto resucitó gracias al tesón de Don Cheadle. Ahora, por fin, se estrena en España este original biopic que retrata un episodio que pudo (o no) suceder durante una de las épocas más conflictivas y curiosas de la carrera de Miles Davis.



Frances, en la portada de
Someday My Prince Will Come,

es uno de los leitmotiv de la película
No es precisamente Miles Ahead una cinta narrada al estilo de Hollywood. Cheadle manifestó que así lo quería y cambió repetidamente de guionista y de argumento. El resultado es un film amorfo pero interesante, donde las contradicciones se complementan para conformar un rompecabezas que aumenta su valor si el espectador conoce los entresijos de la vida de Miles Davis, en especial si conoce la época en la que transcurre la trama principal. En este sentido, la primera contradicción que uno encuentra es el título de la película (el título de un álbum de 1957) cuando está ambientada en el periodo de silencio de Miles (1975-1980), durante el cual no grabó ni lanzó nada. Sin embargo, el uso de flashbacks, siempre apuntando hacia su matrimonio fallido con Frances Taylor (se casaron unos meses después de lanzar este disco) justificaría el título de la película, que encierra también (¿por qué no decirlo?) cierta poética mirada hacia Miles "en la distancia". Frances (hoy) Davis está involucrada en la producción de la película.
Si quieres contar una historia, ten un poco de actitud, viejo. No seas tan sentimental con esto.
Quizás hubiera sido más interesante y positivo para la imagen de Miles enfocar el argumento hacia su regreso tras esa época de sequía creativa, con otra historia de amor, la de Cicely Tyson, de quien ya hablamos aquí hace tiempo; pero, como en el caso de Born To Be Blue, de la que hablaremos más adelante, es fundamental en la historia la presencia de una musa o, en el caso de Miles Ahead, la ausencia de esa musa que le hacía "tocar como nunca había tocado".
No me gusta esa palabra, "jazz". No lo llames jazz, tío. Es una palabra inventada. [...] Es "música social".
Otro elemento con el que juega la película continuamente y con el que es fácil hipnotizar a los fans de Miles es la recreación de escenarios que hemos visto una y mil veces en entrevistas, clips de vídeo, DVD's..., como los estudios de Columbia durante la grabación de Porgy & Bess con Gil Evans y Teo Macero, el  Village Vanguard, el estudio de su casa, las actuaciones para la televisión o la recreación de esa entrevista con la que comienza la película...
Don Cheadle, casi Miles.
Sobre Cheadle como director no hay mucho que decir. La película es veloz y los pocos actores parecen bien encajados en sus papeles. El suyo propio (dirigirse a uno mismo es siempre un riesgo a evitar) está bien dibujado, con las poses tan famosas de Miles al tocar (tanto en su época joven y elegante como en sus últimos conciertos, casi agachado), su voz rota, sus repetidos So what! como respuesta, sus problemas de cadera y los respiratorios a causa de las drogas; todos esos tics que hemos visto y oído en tantas entrevistas están ahí, en la interpretación de Cheadle, a pesar de lo cual no creo que haya terminado de convencer a ningún aficionado de que él es o pudiera ser Miles, aunque el esfuerzo queda patente.

El (aparente) absurdo de contar la historia de un músico durante una época en la que ni tocó ni grabó queda subsanado gracias a los saltos narrativos. Así, se pueden escuchar durante la película temas de Agharta, On The Corner, Kind of Blue, Filles de Kilimanjaro, Bitches Brew...; por supuesto, no en orden cronológico. Esta banda sonora de la película alterna grabaciones originales de Miles con recreaciones a cargo de músicos actuales. Keyon Harrold pone sonido a la trompeta que "toca" Don Cheadle. 

La película, intensa y en apariencia falta de estructura, podría ser un reflejo de la vida de Miles, de sus experimentos electrónicos y también de la decadencia en que se sumió en los últimos años de su carrera, donde, aunque seguía enamorando con sólo dos notas y seguía siendo capaz de reunir a músicos jóvenes para cambiar la Historia del Jazz una y otra vez, parecía el músico más indeciso del mundo. Era un glorioso caos hecho persona. Con todo, me parece una película válida, quizás sólo un relato corto en lugar de una novela sobre su vida, de la que se podría escribir infinitamente mucho más. No es una gran película pero creo que es de visión obligatoria para todo el que ame el jazz o sienta algo por Miles. El final de la cinta (no creo que esto se pueda considerar spoiler) les dejará como al principio, con la misma inquietud y con una tensión narrativa que nunca queda resuelta. La actuación final, donde podemos ver y escuchar reunidos a músicos de la talla de Herbie Hancock, Wayne Shorter, Esperanza Spalding, Antonio Sánchez,.. no hace sino acentuar esta sensación de que no nos han querido contar el final... El tema que interpretan es "What's Wrong With That?" y está compuesto por Robert Glasper y (sí) el propio Don Cheadle.

Sean o no fieles a la realidad, los biopics de jazz permiten a los aficionados soñar con haber estado allí, en esos momentos que se recrean en la pantalla. ¿No es suficiente? A este que firma le basta con escuchar a este Miles diciendo eso de "Don't call it jazz".



BORJA CAO, CAPÍTULO 2

The Future Is Green

Por fin un nuevo disco de Borja Cao, el hombre que en 2009 nos demostró que aún hay pianistas que dominan el trío. Su nuevo disco se llama The Future Is Green (Audia, 2011) y en él continúa explorando ritmos con ese sentido del swing que tanto nos enganchó y dibujando su propio lenguaje, síntesis de su formación clásica, de su corazón negro y de esa inspiración que sólo son capaces de destilar los compositores (en este disco, de nuevo, todos los temas son originales) de mente abierta.

Esta apertura de la que hablamos se traduce en influencias tan alejadas como la música clásica y los sonidos electrónicos, pero sintetizados en una suerte de interlingua cuyas raíces pasan desapercibidas para el oyente desprevenido y que, definitivamente, suena a jazz. Porque en el futuro verde que ve Borja Cao soplan nuevos vientos, pero, como todos los vientos, son invisibles y sólo se pueden sentir. "Bosseando", por poner un ejemplo, es una mezcla de ritmos, tropicales y jazzísticos, mezclados con tal sutileza que, en una primera escucha, pasan desapercibidos, disueltos en la amalgama, ocultos bajo el tamiz personal de su forma de tocar. "Roger's illusions", por el contrario, es una suerte de síntesis de estilos. Con una introducción impresionista, el tema explota con un swing imparable que sirve de vehículo a todas las sonoridades que explota este pianista: clásica, mainstream, avant-garde... Y así hasta 9 temas.

Dejando aparte estos sutiles matices progresivos de su nuevo disco, que no hacen sino proyectar la riqueza de tonalidades de este pianista, profesor de solfeo y piano en el Conservatorio de Santiago de Compostela, remarcaremos que seguimos admirando su sentido del tempo, sus progresiones rítmicas, la riqueza de notas en cada frase pero, sobre todo, la forma en que administra esa limitación numérica del trío, poniendo en valor la presencia del bajo (muy expresivo y colorido Juansy Santomé) y de la batería (sólido Max Gómez) no como simples acompañantes sino como instrumentos con un lenguaje propio y complementario. Si no odiáramos las comparaciones, podríamos decir que tenemos ante nosotros una reencarnación ibérica, quizás un experimento tipo Frankenstein, mitad Bill Evans mitad Herbie Hancock, con un lenguaje personal. Señoras y señores, Borja Cao.




Los músicos de The Future Is Green:

Borja Cao, piano
Juansy Santomé, contrabajo
Max Gómez, batería




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* Para escuchar el disco:

11 DE MARZO

Bueno, es mi cumpleaños

No es una gran fecha, no cumplo una cifra redonda ni estoy en el mejor momento de mi vida, pero se me antojaba regalarme una entrada. Nunca seré músico de jazz, puede que ni consiga dominar ningún instrumento (se me ha pasado la edad para ser rising star ;-p ) ni consiga llegar a aprendiz de Nat Hentoff o Leonard Feather. Quizás sólo aspire a que alguna referencia cruzada en mis relatos o en mis novelas recuerde vagamente a los deslices melómanos de Cortázar... Pero puedo dedicarme una pequeño bio. ¿Por qué no?

Nací el año en que Herbie Hancock publicó su Maiden Voyage y Miles Davis grabó su E.S.P., el año en que Ronnie Scott trasladó su club al 47 de Frith Street, doce meses de una época en que los genios se salían (Lee Morgan lanzó Cornbread y The Gigolo mientras que Coltrane hizo un maratón de pasos de gigante grabando los álbumes Ascension, The John Coltrane Quartet Plays, Kulu Se Mama, Transition, Sun Ship, Live in Seattle y, ya en noviembre, Meditations) pero fue un mal año para los pianistas porque murieron Tadd Dameron, Clarence Williams y Nat 'King' Cole. También murió Red Nichols en junio. En el lado contrario de la vida, el 28 de julio nació el menos famoso y el menos Marsalis de los Marsalis, Delfeayo, el trombonista.

En resumen, han llovido muchos discos desde entonces y he pasado de ser un niño gordito y rubito a convertirme en un tipo algo desengañado que intenta que la vida siga sorprendiéndole. Me he alimentado de muchas músicas en este tiempo, pero ninguna como el jazz me ha puesto los pelos de punta. Las 224 entradas de este blog no son suficientes para describir lo que siento. Sigo siendo un aficionado estupefacto ante la enormidad y la universalidad de esta expresión del Arte

Charo, que no entiende el jazz pero me entiende a mí, me ha regalado un giradiscos. El que tenía estuvo un tiempo esperando una aguja nueva y, al final, no sobrevivió a la última mudanza. Ha sido una gran sorpresa, aunque no tan grande como descubrir que no tenía tantos discos de jazz en vinilo como yo pensaba (hay también muchas cosas en cassette, en cajas de cartón pero no olvidadas), lo que no ha sido obstáculo para que ahora esté (re)descubriendo, noche a noche y disco a disco, sonidos que tenía olvidados y que no suenan igual sin las quejas de la aguja caminando por los surcos, el sonido del pasado.

THE MILES DAVIS STORY

Investigando con globos sonda

The Miles Davis Story debería ser el gran documental sobre Miles, el documento definitivo para entender su música y su personalidad de una manera global, pero la figura de nuestro músico favorito es tan compleja, tan insólita y abarca tantas décadas (véase la tabla periódica del jazz) que sería una fantasía condensarla en dos horas de documental. Por si esto fuera poco, dedica mucho más metraje al periodo eléctrico que al resto de su producción discográfica cuando, en justicia, el periodo ocupa los mismos años que el comienzo de su carrera hasta 1967.


Es un gran acierto la forma en que se desarrolla el documental, alrededor de una entrevista con Miles en 1985, alrededor de la cual gira el resto de los documentos, colocando las respuestas en los lugares convenientes para favorecer la comprensión de su evolución y completando, al mismo tiempo, las opiniones de los músicos que aparecen en la pantalla, que no son pocos: del primer gran quinteto sólo aparece Jimmy Cobb, único superviviente; con el segundo quinteto (Shorter/Hancock/Carter/Williams) hay más suerte, también opiniones más jugosas; de los quintetos posteriores aparecen Keith Jarret, Chick Corea, Dave Holland... pero la nómina de músicos que han tocado, incluso despuntado, con Miles (algún crítico en los '70 llamó a esta diversidad The Miles' Stock Company Players) es tan larga que, aunque exhaustivo, el documental se ve abocado a una aceleración constante para no dejar nada en el tintero. Muchos de estos músicos comenzaron a despuntar en las formaciones de Miles, músicos cada vez más jóvenes, con los que Miles saciaba su compulsiva necesidad de renovarse, de parecer siempre moderno, jugándose su propia creatividad, en palabras de Ian Carr.

Resultan esclarecedoras algunas de estas opiniones, en especial, la forma en que (ahora vemos que) puede explicarse por qué  Miles dejaba todo el peso de los conciertos en sus músicos, tocando apenas los solos, o su supuesta "manía" de ignorar al público tocando de espaldas.

En cualquier caso, el documental es recomendable para todo fan (o no fan) de Miles Davis, tanto para comprobar cómo un chico negro de clase media se convirtió en la estrella del jazz más influyente durante cuatro décadas (y aún hoy puede considerársele influyente) o cómo un aprendiz de Juilliard se deshizo de la influencia de Dizzy para ser el primer trompetista que no sonaba a Louis Armstrong o cómo un buen músico puede ser mal marido y mal padre o cómo un personaje que vivía sólo para la música podía perder el norte cuando se trataba de mujeres o de drogas... A pesar de que los fragmentos musicales son demasiado breves, ilustran a la perfección cada época y cada bifurcación de la carrera del trompetista. Podrán ver también tantas intervenciones de críticos como de las mujeres de Miles y de sus hijos, aunque, como todos sabemos, lo que cuenta aquí es la música, no los hechos.

Por si no encuentran el DVD:





EN PREPRODUCCIÓN

Noticias y murmullos sobre el biopic de Miles Davis

Sigue el lento avance de la producción sobre la vida de Miles Davis. La última y halagüeña noticia que nos llega es la de que Herbie Hancock va a involucrarse en el proyecto escribiendo la banda sonora. ¿No sería impresionante? Si de contar la vida de Miles se trata, la partitura debería abarcar, al menos, cinco décadas de jazz. Todo un desafío.



Sobre el guión. Aunque Don Cheadle sigue siendo el líder del proyecto (dirigirá e interpretará el papel de Miles), se rumorea que ha cambiado de opinión y donde antes aparecían como guionistas Chris Wilkinson y Stephen J. Rivele (en imdb.com aparecen aún), ahora se perfila un desconocido Steven Vegelman como el elegido para co-escribir con el propio Cheadle (sí, también escribirá el guión).

Profundidades. Lo único que no cambia es el objetivo de Cheadle de hacer una película alejada de los convencionales biopics de Hollywood, algo más serio y más centrado en las "profundidades" del personaje.

Ruegos y preguntas. Mientras, en internet los americanos se lanzan a disquisiciones tan peregrinas como si la película será para mayores de 13 o para adultos, o si esta película lanzará a Don Cheadle al estrellato, olvidando que el actor ganó un Globo de Oro en un telefilm sobre The Rat Pack interpretando a Sammy Davis jr. o que fue nominado al Oscar por Hotel Rwanda... Pero las noticias más interesantes son las que nunca llegan como ¿Quién interpretará a Coltrane? ¿Quién será Gil Evans en la pantalla? ¿Sería más apropiado una narración lineal de su vida o una biografía deconstruida? ¿Será un mal calco de Ray? ¿Sería mejor un documental? Ya se está haciendo uno. ¿No será demasiado Miles para este año? ¿Se reinterpretará la música de Miles o sonará la original? Demasiados interrogantes para un proyecto que se propone estrenar en 2011 y que, a este paso, llegará después de las películas sobre Frank Sinatra o Nina Simone. Hasta a Miles le dolería la cabeza.

ALREDEDOR DE LA MEDIANOCHE

Mitos y fans en la Ciudad de la Luz

Hay pocas películas donde nos muestren la vida (y la muerte) de un músico de jazz como en Alrededor de la medianoche (Round midnight, 1986). Bertrand Tavernier nos mete en la vida de un músico como nunca imaginaríamos, en este caso una vida en declive, la de un jazzman ya viejo, que no caduco, viviendo sus últimos años alrededor de la medianoche.

La cinta muestra aspectos tan interesantes para los aficionados al jazz y a tantos niveles que necesitaría varias entradas del blog para escribir sobre ello, por eso he preferido dejarlo en un apunte sentimental (ustedes perdonen) a la espera de que volver a la película me permita distanciarme lo suficiente para escribir algo, no sé, más serio.

La historia de Round Midnight está basada en vidas reales, las del músico Bud Powell y Francis Paudras, aquí reflejados en dos personajes de ficción (Dalte Turner y Francis) interpretados de forma genial por Dexter Gordon y François Cluzet en el papel de Francis, ese fan que todos hemos querido ser alguna vez, el fan que cambió su vida inspirado por el arte de un músico, que llega a conocer a ese músico y que se convertirá en su improvisado salvavidas. Dexter Gordon, por su parte, bien podría decirse que se interpreta a sí mismo: él también se autoexilió en París en aquella época como Powell y vivió una dura batalla contra el alcohol y contra su propia naturaleza, entre otros detalles. ¿Qué puedo decir? Se han hecho muchas películas cursis y estereotipadas sobre el mundo del jazz, se han rodado películas sobre el racismo en la era del jazz, pero nunca se había filmado una historia con tanta sensibilidad hacia el frágil mundo personal del músico, del creador, como ésta de Bertrand Tavernier.


Pero no es sólo eso.

La banda sonora de la película, llena de standards y composiciones arregladas y compuestas por Herbie Hancock, ganó ese año el Oscar a la mejor banda sonora, compitiendo con partituras tan apabullantes y comerciales como La misión de Ennio Morricone. En el combo que interpreta estas piezas (y en el disco) están, entre otros, Freddy Hubbard, Bobby Hutcherson, Wayne Shorter y un largo etcétera, incluyendo al propio Herbie Hancock, como el pianista líder del grupo. Parte del encanto de la película está precisamente en que estos músicos reales aparecen en escena tocando los mismos temas, tanto en el club en el que se desarrolla gran parte de la película (¡llamado Blue Note!) como cuando aparecen preparando la grabación de un disco y vemos los preparativos, las instrucciones, las anotaciones en las partituras previas al comienzo de la sesión.

La película es una historia de decadencia, de una vida alrededor de la medianoche, como decíamos antes, ese momento de la vida en el que la experiencia da una cierta lucidez con la que el cuerpo ya no puede, y que alcanza su clímax (paradójicamente, porque el personaje toca fondo) en una escena bellísima en la que el viejo músico se lamenta: “Estoy cansado de todo, menos de la música” para un segundo después aparecer tocando en un callejón rodeado de basuras, quejándose de que no le sale bien porque no recuerda la letra de "Autumn in New York". Francis se la recuerda:


El otoño en Nueva York
Se mezcla con el dolor
Soñadores de manos vacías
Sueñan con tierras exóticas
Pero es otoño en Nueva York
Y es bello vivir otra vez



Al final, este soñador de manos vacías volverá a Nueva York desde la tierra exótica de París, a reencontrarse consigo mismo.

El paralelismo entre las vidas del músico y de su admirador, la decadencia en la vida de ambos, la forma en que el jazz refleja sus circunstancias, desde el complicado bebop hasta las tristes baladas, hacen de este largometraje una joya, sobre todo por ver en esta época a un Dexter Gordon al que los años habían hecho aún más impresionante. Pero ‘Round midnight es también es la historia de todos los músicos a los que la droga o el alcohol han detrozado física o artísticamente. Escuchamos de boca de Dexter Gordon una comparación bellísima entre Monet, Ravel y el bebop en la que se aprecia claramente el cromatismo clave en este estilo del jazz.

Martin Scorsese aparece de pasada en alguna escena, como las citas en una improvisación de jazz. Qué potente y, al mismo tiempo sensible, como siempre, suena aún Dexter en 1986...