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ANITA O`DAY

Vida de una (indestructible) cantante de jazz

El documental, dirigido por Robbie Cavolina y Ian McCrudden, comienza con esta frase: "Sus experiencias personales incluyen la violación, el aborto, la cárcel, la adicción a la heroína...", a lo que la protagonista responde: "Así es como fueron las cosas." Poco alentador pero (desgraciadamente) típico en una figura del jazz de los 30, 40, 50... ¿Para qué concretar? Anita O`Day, como muchos otros genios, poseía un don y una maldición. La maldición, la mayor parte de las veces, consiste en relacionarse con las personas inadecuadas. El don, más interesante, es su capacidad para improvisar (se decía que le gustaba incluir cualquier ruido del club en sus canciones) y su forma particular de cantar, provocada por una amigdalectomía en la que le extirparon la campanilla por error, lo que, en sus propias palabras, la obligaba a cantar en corcheas y a sacudir la cabeza cuando quería producir un vibrato. Con don o con obstáculos, lo cierto es que Anita O'Day vivió y cantó hasta los 86 años y que, puestos a escoger, sería la nuestra única cantante blanca en el podio de las grandes cantantes de jazz.

Ser una cantante blanca en una orquesta de los años 40 no era fácil ni en Nueva York ni en los clubs de la América profunda. El documental revisa una impresionante versión de "Let Me Off Uptown" en la que Anita canta con Roy Eldridge, por entonces trompetista de la orquesta de Krupa. Aparte del valor musical, está el anecdótico. Ambos (Roy más) se jugaban la vida, literalmente, al cantar juntos ante un público que tardaría décadas aún en aceptar la integración. Pero ambos eran estrellas en ascenso y al público les encantaba. Este video es la prueba, hay un corte (probablemente censura) en el minuto 0:53 que salta el diálogo entre la cantante blanca y el trompetista negro, cuya transcripción pueden leer en este enlace.


Cuenta también Anita en el documental que, después de haber pasado por la orquesta de Gene Krupa, la de Stan Kenton parecía un mundo aparte. Cuando había un descanso, los músicos de Kenton, en lugar de desaparecer para beber o drogarse, descansaban o comían, ¡incluso leían libros!, añade. Le quedarían muchas cosas por ver. Su ingreso en la cárcel por consumir drogas, al contrario de llevarla al fondo, le permitió, en sus palabras, conocer otro tipo de gente y tener otro punto de vista sobre la vida.

Pero la vida de Anita O'Day está por encima de las circunstancias y de las décadas, ya que abarca desde los años 40 hasta su última grabación con 86 años, Indestructible (Kayo Stereophonics, 2006). No, la vida de Anita O'Day está caracterizada por la misma improvisación con que interpretaba sus temas. Con improvisación y un absoluto dominio de la voz, es considerada por muchos músicos como uno más de ellos, una auténtica instrumentista. En el documental aparece interpretando un tema llamado "Four Brothers" que originalmente fue escrito para cuatro saxofones. Anita interpreta la melodía sustituyendo a uno de ellos y los otros tres se encargan de las armonías. Es, naturalmente, un tema sin letra, en el que ella hace scat llevando la nota por caminos que sólo un instrumentos podría recorrer.

En palabras de Leonard Feather, "hay cuatro elementos que definen una gran interpretación de vocal en el jazz. El primero es la calidad tonal (el tono y el sonido de la voz), otro es el fraseo (el grado que posee o no de sentimiento de jazz), el tercero sería la elección de los músicos y el último es la elección del material."  Ella tenía, además de estos elementos, otra faceta, la más amada de Anita, su capacidad para dar vida a las letras de sus canciones, de manera que uno parece escucharlas por primera vez y, por primera vez, gritar "Ah, es de esto de lo que va la canción". Johnny Mandel aparece en el video para decir que "no se trata de las notas, no se trata de los efectos, se trata de meterse en la canción y darle vida" y ella lo consigue. Bill Holman añade que en cierta ocasión Anita O'Day, el prodigio rítmico, la cantante-instrumentista, la gran improvisadora, se definió a sí misma de esta manera: "No soy una cantante, soy una estilista de canciones".

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* Más info sobre el documental: www.imdb.com/title/tt0843838

VIBRATORY JAZZ SEEN

Lionel Hampton de ida y vuelta

Este DVD corresponde a un concierto de la Lionel Hampton Big Band en un parque (sin especificar en la carátula) de Disneyland en 1984, donde interpretan temas como Vibramatic, Sweet Georgia Brown y Flyin’ home con esa potente puesta en escena llena de humor y energía que caracteriza a Lionel Hampton, y termina con la Big Band saliendo del escenario y desfilando camino de los camerinos tocando When the saints go marchin’ in.

El concierto no es ni mucho menos la Disneylandia de los conciertos de Lionel Hampton, pero demuestra que el vibrafonista se mantuvo incombustible a lo largo de sus casi 70 años de carrera. Fue el primer músico que interpretó el vibráfono en el jazz. La leyenda dice que Louis Armstrong le pidió que se uniera a una sesión, que en el estudio había un vibráfono en un rincón y que Louis le preguntó si podía tocar algo allí. Hampton tocó Chinese chop suey y lo convenció de que podía hacerlo en el disco, donde grabó un tema que le habían enviado a Louis. El tema era Memories of you. Lionel Hampton es parte de la leyenda y está rodeado de muchas de ellas. Una dice que, aunque asegura haber nacido en 1908, no tenía partida de nacimiento y se había inventado la fecha.

Hampton pasó la adolescencia en el Chicago de los años 20, donde aseguraba haber visto en directo a maestros como King Oliver, Bessie Smith, Earl ‘Fatha’ Hines... pero estalló con todo su resplandor en la orquesta de Benny Goodman en 1936, donde también estaba en aquel momento otro mago de la percusión: Gene Krupa. En el 43 descubrió y lanzó a Dinah Washington. Pero lo más importante es que introdujo el vibráfono como instrumento en el jazz, ese piano de dos dedos en el que se embarcaba en solos interminables, con o sin su cigarro en la boca, de donde saltaba a la batería para demostrar que llevaba el ritmo, no el instrumento, en la sangre. Solía montar numeritos cuando no estaba en su solo, saltando de un lado a otro del escenario, provocando al público, buscando la algarabía, explorando el lado lúdico y gamberro del escenario, todo lo contrario que cuando tocaba: improvisando era serio, matemático, experimentador y elegante.

Para terminar de comparar los años 80 con tiempos mejores, el DVD incluye cinco temas grabados en directo (y en blanco y negro) por la Big Band de Lionel Hampton, probablemente en los años 50 en algún programa de televisión; la edición tampoco especifica la fecha o el lugar, pero los números son espectaculares...


Aquí os dejo un video. Corresponde al concierto en Disneyland y en él se puede apreciar el showman del que hablaba. Toca el vibráfono, el piano y la batería de forma espectacular:

Añado otro video que no tiene desperdicio:

THE DRUM BATTLE

Gene Krupa & Buddy Rich at JATP

Me critican mis amigos que siempre hablo bien de los discos que comento en este blog. OK, es cierto. Porque no pienso molestarme en escribir acerca de los discos que no me han gustado, que también los hay. Ahí están el último de Kyle Eastwood, que tantas esperanzas me dio con su disco anterior, o Live at the jazz club, un recopilatorio de Ronny Scott (el propietario del famoso club) que no me gustó porque esperaba más, como esperaba más de ese experimento confundible con el jazz que es Madeleine Peyroux. Su Bare bones fue un regalo, como Enigmatic ocean de Jean–Luc Ponty. Mi primer disco de Ponty y contiene de todo menos jazz...

No suele defraudarme un disco de jazz. Por muy faltos de experiencia que estén los músicos o por muy poco inspirados que sean los temas, siempre ganan con la segunda escucha y con la tercera... El último que me ha defraudado es el disco The drum battle con Gene Krupa y Buddy Rich juntos, y no por otra cosa sino porque las expectativas que había puesto al hacerme con él eran demasiado grandes.

Ya desde el título y mirando los nombres de los líderes, uno espera un espectacular encuentro, un choque de trenes entre dos grandes clásicos de las baquetas. Sí. Pero todo se queda en un choque de tres minutos y medio en el que ambos bateristas miden su potencial. Lo sé. Es genial, pero sólo dura tres minutos y medio. En un concierto de hoy en día duraría quince o veinte. Eran otros tiempos.

Eran los tiempos del Jazz At The Philarmonic, aquellos conciertos que organizaba Norman Granz en el Carnegie Hall de NY. Grandes figuras del jazz en un escenario “para todos los públicos”. Este, en particular, contiene cinco temazos a cargo del trío de Gene Krupa, incluyendo Idaho, donde, si no has escuchado a Krupa, ya comienzas a vislumbrar quién es el líder oyendo sus intervenciones o los gritos femeninos entre el público durante sus solos; Flying home, un temazo que va creciendo y volviéndose salvaje y en el que Willie Smith está enorme, lleno de swing, magistral; o Drum boggie, lleno de resonancias del tiempo de los clubs...

Genial, incluso se perdona el sonido algo deficiente de la grabación, pero lo peor es que son sólo 36 minutos de jazz, una duración que era normal en un LP de los años 50 pero que ahora le deja a uno con las ganas. Y eso que para llenarlo se han tomado temas de los dos conciertos que celebró Gene Krupa aquel 13 de septiembre de 1952 en el Carnegie. Los dos temas que completan el disco son la famosa “batalla de baterías”, un par de temas en los que se le une Buddy Rich. En el primero, titulado The drum battle, Krupa y Rich explotan todas las posibilidades de sus instrumentos en unos explosivos tres minutos y medio. El público acompaña, aplaude, grita, ruge. El tema es impresionante. Grandioso pero breve. ¿Lo bueno si breve...? No sé. La cosa termina con el tema Perdido, que enlaza con el anterior y en el que aparece otra formación, una big band: Ella Fitzgerald (voz), Oscar Peterson (piano), Ray Brown (bajo), Barney Kessel (guitarra), Charlie Shavers y Roy Eldridge (trompetas) y los saxos Benny Carter, Flip Philips y Lester Young. No se puede pedir más calidad. En cuanto a la cantidad, alguien me ha soplado que hay un disco de Gene Krupa y Buddy Rich con 70 minutos...

Aquí os dejo la famosa batalla. Apunto para un próximo capítulo: Rich versus Roach.