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HARDBOP CONVERSATIONS

ANDERS MALTA ALMOST BIG BAND,
Introducing (April Records, 2024)

Con estructuras de orquesta moderna de jazz pero sonidos clásicos, el trompetista, compositor y director danés Anders Malta presenta en su álbum de debut una interesante colección de temas, algunos en forma de suite, que recuperan sonidos elegantes y sofisticados de un jazz que parece hoy olvidado. El resultado es tan placentero al oído como musicalmente complejo; el amplio rango dinámico que proporciona una orquesta (aquí son 13 músicos, aunque participan 15) lleva al jazz a una nueva dimensión sonora y, Malta aporta, además, una perspectiva contemporánea y europea al concepto de big band.

El álbum se abre con unos acordes dramáticos que nos llevan a una (casi) fanfarria, líneas melódicas sutiles cargadas de tensión que explotan llevando a la orquesta hacia un swing vibrante y lleno de energía. Solo es una "Overture" y han sido dos minutos y medio, pero ¡qué dos minutos! Los 9 cortes del álbum son así, una fusión de ritmos jazzísticos con el poder armónico de una (casi) big band. No habíamos escuchado un jazz orquestal tan excitante desde aquel Developing Story de Alan Broadbent en 2017. Todo el álbum está lleno de buenos momentos de jazz, pero habría que destacar, por encima de todos los temas, los tres que forman la suite "Hardbop Conversations" en tres movimientos. 

La intro de esta suite ya anuncia esta amalgama de poderosas armonías que suenan a música clásica y se alternan sin complejos con ritmos negros, aires lounge que nos hacen recordar los mejores tiempos del hardbop y del cool jazz, solos delicados y certeros (aquí Anders Malta a la trompeta y Johan Jep Christensen al saxo tenor) y explosiones orquestales al estilo de Maynard Ferguson pero con menos estruendo, quizás con una elegancia más cercana a Henry Mancini. El segundo movimiento, con un solo de piano de Carl Winther muy en la tradición y un sutil solo de Jonas Due a la trompeta, se mueve con lenta fluidez por armonías sugestivas y excitantes. El tercer movimiento comienza con una intro espectacular de la trompeta de Malta recordando el sonido primigenio de Nueva Orleáns mientras la orquesta le responde en juego de call and response. Esto da paso a un walking bass poderoso que arrastra a la orquesta por un tema glorioso (y a un solo del saxofonista Aske Drasbæk).

Un "Interludium", un potente tema de su "Isolation Suite" (de la que solo escuchamos el segundo movimiento) y la bella "Pelle'a Little Tune" con su ritmo de bossa nos dejan patente toda la riqueza armónica y todo el color que Malta puede sacar de su casi big band. Pero, antes de llegar al "Epilog" hay que escuchar con atención "Simple Melody For Two", una melodía que nos lleva hacia atrás en el tiempo, cuando trompetistas como Chet Baker, marginales y elegantes al mismo tiempo, sabían convertir el jazz (y un instrumento tan explosivo como la trompeta) en algo bello. En este caso, Anders Malta toca el fliscorno para darle un toque aún más fluido y colorido al tema. 

Anders Malta es un trompetista, trombonista y compositor que reside en Copenhague. Se formó en el conservatorio Syddansk, donde estudió composición. Introducing es su primer álbum, pero ha participado en varias bandas sonoras de películas. Fue en 2016 cuando, como estudiante de conservatorio, Anders Malta fue invitado a tocar con la Ernie Wilkins Almost Big Band, experiencia que ha guardado para ir fraguando a lo largo de 8 años este brillante proyecto de debut, que eclosionó en 2020 durante una residencia en el Christiania Jazz Club. 



JAZZ DE IDA Y VUELTA

BRUNA SONORA, Ritual (2022)

Músico, compositor e investigador de caminos poco trillados, Javier Bruna es uno de esos espíritus musicales que nos seducen porque son imposibles de encasillar. Su música está tan llena de referencias y sus trabajos tocan (directa o tangencial-mente) tantas estéticas que el oyente se siente a veces desbordado. No lo escuchábamos desde su Tarareando de 2018, donde ponía cara a cara temas tradicionales españoles con ritmos de jazz, klezmer, bereberes... en un fabuloso cóctel (agitado, no mezclado) que llevó posteriormente a otro terreno en este disco titulado Ritual, grabado en 2021, donde predominan las referencias cubanas... con muchas sorpresas.

Unos acordes a ritmo de reggae dan paso al primer tema del disco. Primera sorpresa: una melodía tradicional navarra tocada con ritmo caribeño, cantada en vascuence y portugués, y con improvisaciones jazzísticas. A partir de aquí, cualquier cosa puede pasar. Y pasa. Javier Bruna vuelve a componer sobre melodías tradicionales llevándolas a un terreno universal donde la improvisación y el swing hacen que todo suene coherente, y lo hace con tal sutileza que el disco suena homogéneo a lo largo de todo el repertorio, a pesar de las fusiones y de lo inesperado.

El tema que más nos ha fascinado es "Ritual", tema que nace de la admiración de Bruna por Manuel de Falla y su Amor brujo, inspiración que llega del mismo modo que a los compositores americanos de jazz, que han buscado siempre referencias en sus musicales y sus bandas sonoras (a falta de unos compositores clásicos autóctonos). Sus arreglos nos llevan a Cuba, a la bossa y al swing; su melodía, al folk español y a principios del siglo XX, con algún pasaje que nos lleva mentalmente a Gershwin...

Pero la mayoría de los temas serían dignos de un análisis detallado. Más anclado en el jazz está "Jamal", aunque no exento de referencias a la música brasileña, entre otras. "El tablao de Cuba" afronta ritmos cubanos con una sección de vientos fantástica y un brillante protagonismo de la flauta. "Las chinitas de Jaén" funde dos temas populares ("Café de Chinitas" y "Las morillas de Jaén") a ritmo de bulería y swing. Y con un potente solo de saxo. "Cero" también tiene un interesante solo de saxo, que aquí tontea con giros flamencos con solvencia y con notas emocionantes. El tema que cierra el disco es "Serendipia Connection", un tema polirrítmico dominado por el sonido big band, un contrabajo poderoso ... y más solos de saxo.

En resumen, Bruna Sonora nos lleva en Ritual a un lado y a otro del Atlántico con la sutileza de un buen solo, mezclando culturas siguiendo la filosofía primigenia del jazz pero con la originalidad de fusionar lo ibérico con lo cubano y que suene (casi) neoyorquino.

Los músicos: Javier Bruna (saxo tenor y flauta), Bea Montero (piano y voz), Victor Bruna (flauta travesera), Carlos Blázquez (clarinete), Juan Ramón Callejas (saxo alto), Jordi Ballarín (saxo barítono), Diego Aragón Antonio García (trompetas), Luis Zenner Nico García (trombones), Gerardo Ramos (contrabajo), Matías López (percusión) y Chuchi Crespo (batería). 

 


* Web: www.javierbruna.com

CALEIDOSCOPIO

FELIPE SALLES INTERCONNECTIONS ENSEMBLE,
Home Is Here (Tapestry, 2023)

Tras su The New Inmigrant Experience, publicado en 2020, Felipe Salles sigue incidiendo como compositor en la inmigración como leitmotiv de su obra y como base de su música, tan mestiza como el jazz en sí. Su Interconnections Ensemble, inaugurado con The Lullaby Project (2018) reúne a 19 músicos de diferentes orígenes y un punto de vista tan heterogéneo que se adapta perfectamente a la sincrética filosofía musical de Salles. 

Nacido en São Paulo, Felipe Salles es, desde 2010, profesor asistente de Jazz and African-American Music Studies en la University of Massachusetts Amherst. Desde que comenzó a tocar en 1995, se ha subido a los escenarios con gente de la talla de Randy Brecker, David Liebman, Melissa Aldana, Lionel Loueke, Jerry Bergonzi... y ha girado por Europa, India, Australia y toda América como líder y como sideman. Home is Here es el tercer álbum de su Interconnections Ensemble. 


Foto: Jeff Schneider

Los ocho temas que presenta en su nuevo disco comienzan con el singular sonido del clarinete de Paquito D'Rivera, mezcla de jazz y música clásica, con una reinvención ("Re-Invention") de un tema de Bach, que se mueve por momentos a ritmo de tango, de chorinho brasileño o de sones cubanos. Entre esa reinvención y el final, una tensa melodía donde el elocuente saxo tenor de Melissa Aldana nos arrastra como un hábil narrador de historias, hay media docena de temas en los que confluyen folkores, polirritmias y tantos sabores como cabría esperar. Un caleidoscopio, en definitiva, como los que suele dibujar en sus partituras Felipe Salles, adornado con los colores de invitados como cantantes como Magos Herrera, la argentina Sofia Rei, el saxofonista francés (de Guadaloupe) Jacques Schwarz-Bart, la fliscornista australiana Nadje Noordhuis, el saxofonista y percusionista cubano Yosvany Terry y el guitarrista brasileño Chico Pinheiro, amigo de Salles desde la infancia. 




Además de los solistas e invitados, estos son los músicos que Salles dirige en su Interconnections Ensemble: 

Viento madera:
Jonathan Ball, saxos alto y soprano, flauta y piccolo
John Mastroianni, saxos alto y soprano, flauta y clarinete
Mike Caudill, saxos tenor y soprano, flauta y clarinete
Carl Clements, saxos tenor y soprano, flauta y flauta alta
Tyler Burchfield, saxo barítono y clarinete bajo

Trompetas y fliscornos:
Don Clough
Jeff Holmes
Seth Bailey
Bill Fanning
Jerry Sabatini

Trombones:
Clayton DeWalt
Randy Pingrey
Bob Pilkington
Angel Subero


Sección rítmica:
Kevin Grudecki
, guitarra
Luke Giavanovits, vibráfono
Nando Michelin, piano
Keala Kaumeheiwa, bajo
Bertram Lehmann, batería y percusión

* Más info: www.sallesjazz.com

NUEVO Y CLÁSICO

SARA ZAMORA, Do It (2020)

La cantante Zara Zamora tiene una de esas voces imposibles que nos llevan de una manera inconsciente a los años del jazz clásico. Con una mezcla de hot jazz, blues, soul y ciertas estructuras que se acercan al pop, su disco de presentación (Do It) es un abanico de posibilidades vocales. Detrás, una big band que aporta al disco momentos que recuerdan a las second lines y otros que se acercan al music hall, dos influencias de donde bebe el jazz clásico.

Sara Zamora es una cantante y compositora afincada en Murcia que, antes de presentar su primer disco, se ha pasado una década pisando escenarios y desarrollando un estilo personal que cabalga entre los sonidos clásicos de Julie London o Peggy Lee y otros más modernos que nos llevan a Diana Krall o Madelein Peyroux. Comparaciones aparte, tiene una voz cálida y cristalina que se mueve tan bien en el blues como en el soul. 

No hay versiones en este disco. Son todos temas originales con arreglos de Ángel Valdegrama. Jazz suave, pero también baladas con cuerdas ("Crazy About Love", "All Her Tears", "Lonely") como grabaron en los 40 las grandes como Billy Holiday o después Sinatra, aires de music hall al estilo Broadway ("Shall We Dance"), explosiones de swing muy modernizado ("Complicated Films") donde la big band sube el nivel notablemente a una estructura pop que, con la orquesta, suena incluso jungle., soul bailable muy de los 70 ("I Still Feel Alive") e incluso un bolero ("Ya te olvidé"), un género por el que incluso pasó el gran Tete Montoliu con Mayte Martín, y que siempre enlaza muy bien con la filosfoía del jazz.

Un disco ecléctico y cambiante que navega con fluidez por los registros vocales de una Sara Zamora que promete mucho más, un disco que es una excelente carta de presentación para conocer a esta cantante con todas sus posibilidades. 

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* Web oficial: www.sarazamorajazz.com

FUERZA BALCÁNICA

NIKOLOV-IVANOVIC UNDECTET feat. MAGIC MALIK,
Frame and Curiosity (Coolabel, 2019)

Decir fusión es decir jazz. Por ello, intentar definir este proyecto del pianista macedonio Vladimir Nikolov y el baterista bosnio Srđan Ivanović es tan sencillo como complejo. Es jazz, pero es mucho más. Influencias de big bands clásicas, música balcánica, aires orientales, rock, funk... hacen de este "undectet" (son 11 músicos) un proyecto tan original como lógico. Estos dos antiguos compañeros de conservatorio firman composiciones y arreglos con una filosofía que se mueve en el amplio arco que existe entre Gil Evans y Maria Schneider. 

Hay en los temas de Frame and Curiosity una base musical clara, nítida, estructurada como si fuera música clásica, pero es solo una base culta sobre la que se construyen los temas, que suenan a jazz con influencias pero a jazz con mayúsculas, entre las que destacan los saxos y sus solos, muy clásicos y envolventes, acompañados por ritmos complejos e instrumentos inusuales como el acordeón o la flauta de Magic Malik (Maliz Mezzadri), que fue invitado como colaboración pero que es el instrumento reconocible del álbum, por encima del piano y a la percusión que, como he dicho más arriba, cobra aquí un protagonismo enorme, con los cambios de ritmo y estética que vertebran los temas.


A la complejidad rítmica hay que sumar la complejidad armónica de las composiciones, que siempre van más allá. El uso de los vientos es tan intenso y provocador que resulta difícil de encuadrar estilísticamente. ¿World music? ¿Jazz pan-europeo? Lo dejamos para los amantes de las etiquetas. Para simplificar, diré que, si a alguno de ustedes les gusta el jazz moderno con influencias étnicas y sin barreras, encontrará en Frame and Curiosity temas que aúnan todo esto y pasajes con tantas texturas (y lecturas) que incitan siempre a una nueva escucha. 

Once temas y once jóvenes músicos balcánicos y franceses que son: Vladimir Nikolov (piano, composición y arreglos), Srđan Ivanović (batería y composiciones), Luka Ignjatović (saxo alto), Kristijan Mlačak (saxo tenor), Đorđe Kujundžić (saxo barítono), Marko Đorđević (trompeta, fliscorno), Teodor Blagojević (trompa), Vladimir Vereš (trombón), Miloš Budimirov (tuba), Mihail Ivanov (bajo), Noé Clerc (acordeón) y como invitado, Magic Malik (flauta). 

Les dejo con este "Anonymous" para que aprecien la fuerza de los vientos, el solo de acordeón y el original juego de voz y flauta que hace Magic Malik. 


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* Vladimir Nikolov: vladimirnikolov.com

* Srđan Ivanović: www.srdjanovic.com

BIG BANDS & CLUBS

ENRIC PEIDRO SWINGTET, Live at Jazzazza 
(Snibor Records, 2019)

Si hay un jazz que se escuchaba hace 90 años y se sigue escuchando ahora es el swing, con sus riffs pegadizos, sus vientos poderosos o blandos pero siempre fluidos, sus solos bien engranados en el conjunto... Y si hay alguien que sigue abanderando el swing en el territorio nacional (y exportándolo cada vez que hay ocasión) ese es Enric Peidro. En su grabación más reciente (Live at Jazzazza) nos regala un puñado de temas deliciosos, brillantes, complacientes, amparado en esa mini big band (es un octeto) de la que ya hemos hablado en otras ocasiones y que él llama con justicia Swingtet

De alguna manera, este álbum es la prueba de fuego del Swingtet, un disco en directo después de tres álbumes en estudio, una demostración grabada en vivo, a sangre y sin segundas tomas, en la que mostrar todo su potencial. El desafío no es poco: un repertorio de grandes bandas como las de Duke Ellington, Don Byas, Lester Young, Benny Carter, Count Basie, Fats Waller... tocadas con alma y sinceridad por unos músicos sin complejos de modernidad que son capaces de dotar de alma este jazz atemporal, el jazz del que se ha alimentado el jazz (directa o indirectamente) en las décadas posteriores.


En cuanto a los músicos, como no podía ser de otra forma, actúan con solos bien colocados para que brillen y hagan brillar el poderío de la orquesta completa. Un ejemplo perfecto de cómo se hace un tema de swing podría ser el acelerado "The King" (Count Basie, con arreglos de Peidro), en el que la sección rítmica marca un tempo alto y donde se suceden estos solos, comenzando por el tenor, que marca la pauta para después dejar espacio para la trompeta (Paul Evans). El guitarrista Glenn Crytzer aquí tiene una buena ocasión de hacer un solo frenético, un ejercicio de digitación y velocidad que continúa (como si de una carrera de relevos se tratara) con el solo de saxo alto (Simon Taylor) y el del trombón (Pedro Ortuño). El piano (Richard Busiakiewicz) pone el punto culminante de la serie con un solo muy sincopado, lleno de energía, que rompe con el diálogo final: un juego de llamada y respuesta entre la batería (Simone Zaniol) y la banda, con una fugaz y efectiva intervención del contrabajo (Andrés Lizón). Un gran tema que justifica la filosofía del disco.

Live at Jazzazza es también un homenaje a unos emprendedores que fundaron un club de jazz en Murcia y que, después de 15 años, han consolidado un proyecto de local con música en vivo que es de los más activos de España (si exceptuamos, claro, Madrid y Barcelona). En Jazzazza Jazz Club han tocado músicos de la talla de Mark Turner, Jason Palmer, Greg Osby, Jorge Pardo, Perico Sambeat, Scott Hamilton... No es poco para una ciudad tan pequeña como Algezares, en Murcia, que es tierra de artistas. No hay duda de que detrás de esta intensa programación hay un enorme trabajo de gestión y una buena dosis de amor por el jazz.  De alguna manera, Live at Jazzazza consolida esta labor con su nombre en la portada, siguiendo la tradición de los grandes clubs americanos.

Les dejo al Enric Peidro Swingtet versionando a la Don Byas Orchestra, con un tema que titulado "You Can't Make Up My Mind (1944 Stomp)", compuesto por Byas y aquí con arreglos de Diego Barberá.




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* Enric Peidro: www.enricpeidro.com

* Jazzazza Jazz Club: www.jazzazza.com

JAZZ PARTY, PARTY JAZZ

DELFEAYO MARSALIS & UPTOWN JAZZ ORCHESTRA,
Jazz Party (Troubadour Jass Records, 2020)

El séptimo disco de Delfeayo Marsalis como líder llega, como los anteriores Make America Great Again! (2016) y el álbum en vivo Kalamazoo (2017), de la mano de la Uptown Jazz Orchestra. Con el eclecticismo propio de Nueva Orleáns y su intrínseca mescolanza sonora, nos trae una serie de temas originales, escritos en su mayoría por Marsalis para esta enorme orquesta. Con un sonido ambicioso (vean, por ejemplo, que suenan 4 trombones, 4 saxos, 5 trompetas...), con mucho color, dinámicas cambiantes y esa preocupación de Marsalis por el sonido puro del contrabajo, consigue que nos sintamos dentro de una gran fiesta al más puro estilo de la ciudad. 

En las notas del disco, el propio Marsalis, a través de dos anécdotas, relaciona el jazz tradicional con la felicidad. Supone, dice, que es porque el hot jazz se toca en modo mayor y los músicos lo interpretan con mayor carga de optimismo. Modo mayor contra jazz moderno. Lo que para otros es neo-tradicionalismo o, simplemente, revival, para la UJO es tradición, raíz, una música que late tras cada puerta y tras cada esquina, porque es música que suena a calle, a second line, a funeral y a celebración. Me gusta lo acertado del título, que tiene mucho que ver con lo escrito por Marsalis: suena a música feliz. Y es un gran homenaje a la idiosincrasia de Nueva Orleáns.

El disco comienza con una fusión de funk, gospel y rhythm & blues muy sureña con la semifinalista de The Voice (en España, La Voz) Tonya Boyd-Cannon, que pone un toque lírico en el tema. Sigue un clásico de The Dirty Dozen Brass Band ("Blackbird Special") es puro ritmo, energía propulsada por la enorme sección de vientos y percusiones de la UJO, una partitura que serviría por sí sola para definir el ritmo de Nawlins. El sonido criollo de la ciudad aparece en "7th Ward Boogaloo". El sugestivo tema "Raid on the Mingus House Party" está inspirado en la televisión y las crecientes tensiones que dominan la opinión pública americana. Esto, mezclado con la idea de ¿Cuál es el número máximo de ideas melódicas que se pueden tocar a la vez de manera coherente? consigue una especie de caos controlado que serviría para ilustrar todas esas corrientes éticas y las tensiones existentes entre ellas. Por cierto, la respuesta es diez. 


Mboya K. Marsalis, hermano menor de Delfeayo, padece un trastorno del espectro autista. El trombonista se ha inspirado en él para construir esta fantasía en forma de blues, un blues que, apoyado en una big band tiene un sonido potentísimo. En el rap "So New Orleans", son otros sonidos de la ciudad los que escuchamos. Con un toque funk muy neoorleano y haciendo un juego de palabras, "Dr. Hardgroove" rinde homenaje a la vida y al sonido del difunto Roy Hargrove, uno de los Young Lions que Marsalis producía en los 80. Sigue otra versión, "Let Your Mind Be Free" de los Soul Rebel Brass Band, más funk autóctono con toques de desfile callejero, una delicia que tiene su continuación en "Caribbean Second Line" (donde aparecen sonidos caribeños). Pero antes suena "Irish Whiskey Blues", que mezcla la inspiración de canciones irlandesas con un contrafact de "Chambers of Tain" de Kenny Kirkland. El disco termina con un instrumental de "Mboya's Midnight Cocktail", donde la fuerza del blues orquestado se hace más patente.

Un disco, en resumen, con un sonido potente, atemporal, con la esencia de Nueva Orleáns en cada músico y en cada arreglo, y con algo que me ha gustado (y que está reapareciendo en muchos discos últimamente): está reseñado al lado de cada título quién o quiénes hacen los solos. Cuando tienes un solo trompetista parece obvio citarlo pero, cuando tienes tantos músicos en la misma cuerda, se agradece. Un punto más a favor de este disco que ilustra y disfruta de la rica cultura musical de la que llama The Big Easy. Por eso, voy a terminar esta reseña con una frase del propio Marsalis en las notas del disco: "La esperanza de vida de cualquier innovación es directamente proporcional a su relación con la tradición."

Escúchenlo y disfruten.

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* Delfeayo Marsalis: www.dmarsalis.com

* Uptown Jazz Orchestra: www.facebook.com/uptownjazzorchestra



EL SONGBOOK DE UN SIGLO

REBEKAH VICTORIA, Songs of the Decades (Patois, 2019)

La vocalista Rebekah Victoria es, en su filosofía, una cantante de la vieja escuela. En su segundo álbum, titulado Songs of the Decades, presenta una colección de standards que recorren todas las décadas del siglo XX. Su intención es traer estos clásicos del jazz a una estética fácil de escuchar, a una musicalidad que los oídos del siglo XXI puedan (digamos) aceptar. Lo consigue con los arreglos del trombonista Wayne Wallace, que también ejerce aquí como productor, y una sólida big band de 24 músicos a la que se incorpora, en algunos temas, el vocalista e improvisador Kenny Washington.

Descubrir a Rebekah Victoria es descubrir una cantante elegante y con un fraseo limpio y dulce, nada pretencioso, una cantante que no abusa del scat ni pierde el tiempo en lucimientos innecesarios. Radicada en el área de San Francisco, donde creció en un club de jazz propiedad de su familia, tiene lo que tienen que tener las voces del jazz: personalidad, un color distintivo y único. A pesar de interpretar temas que nos han traído durante décadas grandes como Nina Simone, Ella Fitzgerald, Joni Mitchell... no intenta en ningún momento imitarlas, y, por supuesto, no intenta imitar ni a Cab Calloway, ni a Frank Sinatra, ni a Louis Armstrong. Victoria sabe traer a su propio terreno todos estos temas y eso dota al disco de una homogeneidad agradable de escuchar. 

Algo más variados son los arreglos. Como hemos dicho, el setlist del álbum contiene 10 temas, uno por cada década del siglo pasado, comenzando por 1909 con "Some of These Days" de Shelton Brooks y terminando en 1996 con una canción menos jazzística escrita por Diane Warren ("Un-break My Heart"). Las canciones no siguen un orden cronológico pero sí han sido tratadas de manera distinta según la década. Así, a pesar del interés por "actualizar" el sonido de los standards, cada "década" tiene un tratamiento musical distinto. Por ejemplo, "These Boots Are Made for Walking" tiene un tratamiento peculiar con unos arreglos para Hammond y guitarra (Frank Martin y Rick Vandivier, respectivamente) mientras que "Twisted" tiene el toque naif de las cantantes y las potentes orquestas de los años 50, que habían asimilado ya el toque latino en el jazz comercial (nada que ver con la versión posterior de Joni Mitchell). 

Las canciones, en la voz limpia e infantil de Rebekah Victoria, consiguen su objetivo de hacer versiones frescas como si las canciones estuvieran recién escritas. Y esto es lo mejor y lo peor del disco. No hay riesgo. Los arreglos gustarán a los amantes del jazz clásico, el sonido es limpio pero les faltará improvisación y atrevimiento. A pesar de ello, vale la pena conocer a esta cantante que no quiere ser Nina Simone ni Joni Mitchell, que no imita, que tiene su voz propia y que conoce sus limitaciones, por lo que trae todos estos standards a su terreno con una sencillez y una naturalidad que parecen escritos para su voz.



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* Web oficial: rebekahvictoria.com

BIG BANG THEORY

SEDAJAZZ KIDS GROUP, Growing Up (Sedajazz, 2018)

Verano. Los días más largos, la disminución de las obligaciones y la influencia del buen tiempo (climático) en el organismo fomentan la creatividad. Es por eso que en este agosto de cálida laxitud me ha parecido oportuno traer hasta el blog el esfuerzo de unos jóvenes músicos y el de una escuela (Sedajazz) para poner adjetivo de futuro al jazz español: un nuevo álbum con los cachorros de la escuela y mucho, mucho swing.


Bajo la dirección del multiinstrumentista, arreglista y educador Francisco Blanco "Latino", Sedajazz presenta esta nueva hornada de músicos (muy) jóvenes, que no debe sorprender porque es una continuación de la que nos llegó en 2016 en el disco Sedajazz Kids Band, con otras tantas promesas armando buenos números de jazz.

Muchos de los chicos del disco dominan varios instrumentos (algo que a los no-músicos nos sorprende pero que es algo habitual en las escuelas de música y conservatorios) y cantan, lo que no deja de ser utilizar un instrumento más. Hay voces más infantiles, como las de Aurora Blanco y Maya Sambeat (sí, son apellidos jazzísticos) y otras más maduras como la de Amin El Manchoud, de 14 años, pero todas muestran ganas de hacerlo con alma. Y esto se siente. Hay que escucharlo.

Por ejemplo, en "Ain't What You Do (It's the Way That You Do It)" de Sy Oliver y James "Trummy" Young con arreglos de Jimmie Lunceford. Canta el baterista, Ximo Reillo de 6 años:



Como dice la canción: "No es como lo haces (sino la forma en que lo hagas)". El jazz es una senda diferente. No basta con aprender música sino que hay que sentirla antes y vivirla en el momento. Marta Ramón lo explica en las notas del disco: 
Se atrevieron a jugar con una música que los desafiaba más allá de cómo abrazar con las manos sus instrumentos. Se atrevieron a jugar con una música que les enseñaría a caminar de una forma distinta y a vivir el desconcierto de la libertad.
El álbum comienza con el instrumental "Undecided" de Charlie Shavers y, en general, todo es jazz clásico, del que hay obligatoriamente que beber, tanto los músicos como los aficionados, antes de forjar cada uno su propia personalidad. Me parece un acierto. Hacer que unas mentes tan jóvenes tocaran jazz moderno habría sido un error. De hecho funciona. Hay swing y pasajes muy bien tocados. Suele ocurrir que los tempi en las orquestas infantiles suelen ser más lentos. Por necesidad. Esto, para los cantantes, puede ser un castigo (la maravillosa Sofia Escobar me habló una vez de esto en Sevilla a propósito de una experiencia suya con una orquesta joven de Irlanda) pero no sé si son los arreglos o la batuta de Latino, o el swing que corre por las venas de los niños de Sedaví, que todos los temas rezuman ese aire que te hace mover los pies en el buen jazz.

Y, además, ¡improvisan! Bien, es cierto que no podemos esperar grandes improvisación ni voces muy personales en músicos jóvenes que van desde los 6 a los 17 años, aunque presumo que muchos de ellos llevan toda la vida aprendiendo, pero supongo que no es la improvisación el objetivo de este disco sino afirmar y motivar a esa cantera de Sedajazz que promete futuros buenos músicos. Que haya más generaciones. Porque esto es científico y no es sólo teoría: si existen los elementos necesarios, se produce un Big Bang y, a partir de ahí, todo fluye, un Universo propio (aquí, en forma de Big Band), con voces propias y energía para funcionar por sí mismo. Habría que remitirse a las raíces, pero lo cierto es que existe desde hace décadas una veta inagotable de músicos (sobre todo de jazz) que es el Mediterráneo (y la Comunidad Valenciana en particular y Sedaví como centro en importancia). 

En el Festival Internacional de Saxofón y Jazz Villa de Teror

Es probable que alguno de estos chicos acabe siendo una rising star o una personalidad longeva en el mundo del jazz, pero no es necesario que revolucionen el panorama jazzístico español para que tengan sentido los esfuerzos docentes de los profesionales de Sedajazz: bastará con que alguno de ellos crezca siendo un músico creativo, honrado con sus motivaciones o que dignifique eso que hace que el jazz sea una música única.

Los músicos:
Juanito Saus, saxo alto y voz en track 8 (16 años)
Roque García, saxo tenor (14 años)
Xavi Maldonado, clarinete, clarinete bajo (13 años)
Carlos Pérez, trompeta (17 años)
Alvaro Pérez, trombón (14 años)
Angela Blanco, flauta, saxo alto en track 9 y voz en 8. (14 años)
Aurora Blanco, saxo soprano y voz en track 3 y 7. (11 años)
Maya Sambeat, voz en tracks 2 y 6 (13 años)
Antonio Champín, batería (16 años)
Hugo Barrio, batería en tracks 2 y 3 (16 años)
Mika Giménez, piano, melódica y voz en track 8 (14 años)
Ximo Reillo, voz en track 9 y batería 4 y 7 (6 años)
Amin El Manchoud, piano en tracks 3, 4, 5, 9 y voz en 4 y 8 (16 años)
Nur El Manchoud, voz en track 2, trompeta y piano en 8 (12 años),
José Reillo, washboard
Francisco Blanco "Latino", contrabajo y dirección

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* Hay una vídeo fantástico del grupo en el siguiente enlace:
     https://www.facebook.com/terorsaxophoneacademy/videos/1282357495200167/

* Web oficial:
     www.sedajazz.es/sedajazz_records_produccion_discografica_item.php?id=81



NONET PLUS ONE

DAN PUGACH NONET, Plus One (Unit Records, 2018)

Admite el baterista Dan Pugach en las notas de este disco que tiene predilección por el jazz de gran formato debido a su pasión por genios tan diferentes como Buddy Rich, Count Basie, Gil Evans, Maria Schneider, Alan Ferber, Jim McNeely... y sus orquestas. Salvando las diferencias estilísticas, me trae a la memoria a Henry Mancini. Tiene una cosa en común con él: la manera tan eficaz de utilizar el diálogo entre percusión y sección de vientos.


Dan Pugach nació en Israel, donde el servicio militar obligatorio dura nada menos que tres años. Pugach pasó estos tres años como batería en la orquesta de las Fuerzas Aéreas. Licenciado en Berklee, reside actualemente en Brooklyn, desde donde colabora con un buen número de músicos, con los que ha grabado en varias ocasiones. Su primer álbum como líder es el proyecto Dan Pugach Nonet, con el que ha ganado dos premios ASCAP como compositor de jazz y una residencia en el Kennedy Center for the Arts de Washington D.C.


En este álbum, como reza el título, se presenta en noneto "más uno", doce músicos que se alternan en diversos nonetos a los que se une la cantante Nicole Zuraitis en varios temas, una cantante a la que Pugach denomina "su arma secreta". Pero si hay un arma secreta en las composiciones es la sorpresa. No hay nada estable en ellas, sólo una guía sobre la que se mueve todo el noneto, aportando nuevos elementos en cada tema. A medio camino entre una second line de Nueva Orleáns y el jazz moderno de gran formato, Pugach, como Buddy Rich (aunque más intelectual y menos circense) demuestra que se puede dirigir una gran formación desde la batería, no en vano el ritmo (en una gran variedad de conceptos) es el verdadero líder de esta (casi) big band. Energía contagiosa podría ser el título del álbum. Pugach, desde la banqueta de la batería, lleva a la orquesta a una dimensión personal que explora las posibilidades heredadas de los músicos mencionados (Basie, Evans) con el concepto de orquesta moderna de jazz (Schneider, por ejemplo).

Fotografía de John Dankwardt
Seis temas originales componen el disco, temas escritos a lo largo de los años que recopila en su primer álbum como líder, además de tres versiones muy modernizadas. La primera de ellas es "Crystal Silence" (de Chick Corea con las letras de Neville Porter), que se convierte en un tema rítmico y obsesivo donde Zuraitis participa como un instrumento más de la orquesta. La balada "Jolene" de Dolly Parton con arreglos de Zuraitis y arreglos de viento y orquestación de Pugach, es quizás el punto más débil del álbum, pero no deja de contener elementos sorpresivos en su desarrollo, como todo el resto de los temas. La última versión que aparece en el álbum es "Love Dance" de Ivan Lins. Sin abandonar el tempo contenido de las composiciones del brasileño, Pugach realiza una versión poderosa en la que los vientos tienen un papel protagonista. 

Les dejo con un vídeo donde se puede apreciar en primera fila la versatilidad rítmica de Pugach armado solamente con una caja, un plato... y una mesa.


Los músicos del álbum son:

Ingrid Jensen, David Smith, trompetas
Mike Fahie, trombón
Jen Hinkle, trombón bajo
Andrew Gould, saxo alto 
Jeremy Powell, saxo tenor
Andrew Gutauskas, saxo barítono
Carmen Staaf, Jorn Swart, piano
Tamir Shmerling, bajo
Bernardo Aguiar, pandeiro
Nicole Zuraitis, voz
Dan Pugach, batería
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* Web oficial: www.danpugach.com


THE BIG BAND MUSIC OF DAVID BAKER

Música de big band a la máxima potencia

Así podríamos definir el reportorio del disco que la Buselli-Wallarab Jazz Orchestra dedica a la música del compositor Dr. David N. Baker. Fallecido en marzo de este año, Baker es uno de los compositores más influyentes de las últimas décadas en Estados Unidos. Trombonista frustrado a causa de un problema maxilar, violonchelista, compositor y, sobre todo, educador, deja un legado que ahora aparece en doble CD en este Basically Baker Vol. 2 (Patois Records, 2016).

A la primera escucha, uno nota en las composiciones matices y actitudes heredadas del paso de Baker por el sexteto de su compañero de estudios George Russell (en Ezz-thetics) y por las orquestas de Stan Kenton, Quincy Jones y Maynard Ferguson, formaciones de gran energía, pero lo que más nos gusta de la música de David Baker no es sólo su gusto por la orquesta como instrumento, dominando todo su poder con arreglos vigorosos y precisos, sino su capacidad de componer para orquesta dejando espacio para los solos (y los solistas).
Una fotografía retrospectiva de David Baker
Fundada en 1994 por el trompetista Mark Buselli (Director de Estudios de Jazz en la Ball State University y galardonado compositor) y el trombonista Brent Wallarab (solista de la Smithsonian Jazz Masterworks Orchestra y compositor para, entre otros, Wynton Marsalis, the Lincoln Center Jazz Orchestra, The Chicago Jazz Ensemble, Charlie Haden, Randy Brecker, Joe Lovano...) la Buselli-Wallarab Jazz Orchestra nació del compromiso de ambos con la herencia musical del jazz. Radicada en Indiana, era inevitable un homenaje a su compositor más influyente, David Baker, con cuya música ya editaron el primer volumen de Basically Baker en 2007. El Vol. 2 es la undécima grabación de la orquesta.
Buselli y Wallarab

Randy Brecker

El trompetista Randy Brecker procede de las bandas de estudiantes creadas por David Baker. En el álbum aparece como invitado con una etérea intervención en la balada "Kirsten's First Song". Otro de los invitados es el trombonista Wayne Wallace, que tiene un solo en "Honesty", un tema que comienza con un contrapunto barroco para derivar en un jazz festivo y muy bien escrito. Invitados aparte, todos los solistas de la BWJO son sólidos y coherentes. Destacaría la trompeta con sordina de Buselli en "Black Thursday", pero todo el disco está lleno de arreglos y momentos para degustar poco a poco. 



David Baker fue un compositor al que nunca interesaron los experimentos del jazz moderno ni el jazz to come. Blues, bebop y hardbop cimentan su estilo. Esto es lo que encontrarán en este álbum, jazz sin rupturas y buenos solos. El único tema del álbum que no está compuesto por Baker es "Bebop" de Dizzy Gillespie, un tema en el que, dicen, Dizzy pidió a Baker que pusiera su sello personal. Y ahí está, convirtiendo este disco en imprescindible para los amantes de las big bands que busquen este sonido más allá del swing. El disco, además, es benéfico. Ayudarán a las becas que llevan el nombre de Baker.

Este clip de vídeo es antiguo pero el tema está incluido en Basically Baker Vol. 2. Se trata de "Honesty":


La Buselli-Wallarab Jazz Orchestra son:

Trompetas: Tony Kadleck, Scott Belck, Graham Breedlove, Jeff Conrad, Mark Buselli, Pat Harbison.
Trombones: Tim Coffman, Freddie Mendoza, Brennan Johns.
Trombón bajo: Rich Dole 
Saxofones: Tom Walsh, Bill Sears, Rich Perry, Rob Dixon.
Saxo barítono: Ned Boyd.
Trompa: Celeste Holler-Seraphinoff 
Piano: Luke Gillespie 
Vibráfono: Mitch Shiner 
Celesta: Monika Herzig 
Tuba: Dan Perantoni 
Bajo: Jeremy Allen 
Batería: Steve Houghton 
Invitados especiales: Randy Brecker (trompeta), David Stryker (guitarra) y Wayne Wallace (trombón).
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* Más info en su página de Facebook: www.facebook.com/Basically-Baker-Volume-2-218534781854601
** Foto de Randy Brecker: John Abbott.

http://www.barnesandnoble.com/w/diary-of-an-ugly-recently-divorced-man-f-lix-amador-g-lvez/1124691568;jsessionid=F643842CDC6479F78DB68D55806EBF3E.prodny_store01-atgap08?ean=2940153519654

MAKE AMERICA GREAT AGAIN!

Delfeayo Marsalis se interpone entre los candidatos

En medio de la campaña presidencial más barroca de la Historia de los Estados Unidos, el trombonista Delfeayo Marsalis sorprende con un álbum titulado Make America Great Again! (Troubadour Jazz Records, 2016), apropiándose de un eslogan que utilizó por primera vez Ronald Reagan en su campaña del 80 y que el impresentable Trump afirma haber inventado (en 2012 lo registró como marca). Marsalis pone el foco en la ironía, a ritmo de desfile de Nueva Orleáns, con ritmos optimistas y una poderosa Uptown Jazz Orchestra, en un disco que hace reír y hace pensar. 

Es el séptimo álbum como líder de Delfeayo Marsalis y no el primero que sorprende por su título (anteriores fueron Pontius Pilate's Decision y The Last Southern Gentlemen, por ejemplo). Ahora, su uso irónico del lema Make America Great Again!, despoja a la frase del tono patriótico y xenófobo que ha ido adquiriendo a través de los años,  y cabalga sobre una idea de América que, en las canciones originales del disco (escritas por Marsalis), discurre sobre la teoría de que la mejor época de su país ("Living Free and Running Wild") fue cuando Colón no había llegado, el agua era limpia, los búfalos corrían libres... Aunque tampoco había jazz.
The Uptown Jazz Orchestra (de izquierda a derecha): (sentados) Meghan Swartz, Delfeayo Marsalis, Roger Lewis, Roderick Paulin, Khari Allen Lee, Jeronne Ansari, Gregory Agid; (de pie) Jasen Weaver, Dr. Brice Miller, John Gray, Scott Frock, Terrance “Hollywood” Taplin, Jeffery “Juilliard” Miller, Charles Williams.
En lo que nos interesa, el jazz, el disco suena a Nueva Orleáns 100%, a brass band, a desfile ("Put Your Right Foot Forward"), a celebración de la comunidad, a optimismo y a diversión, que es la manera con la que los habitantes de la ciudad se enfrentan a los desastres, sean naturales o políticos (para una mejor comprensión véase Tremé, la ficción televisiva que explica cómo la música y el espíritu de un lugar marcan su comportamiento). Lo más espectacular es la cohesión entre los músicos de la orquesta, especialmente en improvisaciones colectivas como el tema que da título al álbum. En palabras de Marsalis, lo más importante era mostrar "that joy and exuberance that people equate with the city", sin olvidar los orígenes africanos de su música, algo que, afirma, le recordaban constantemente Elvin Jones o Max Roach o Art Blakey o Clark Terry cuando tocaba con ellos, aquí presente en el contagioso funk de "Back to Africa" o la lastimera "Dream on Robben", dedicada a Nelson Mandela.

Y, al frente de este colectivo incansable y en algún momento agotador para el oyente, Marsalis, sin buscar un excesivo protagonismo, con un trombón que casi canta (Marsalis afirma que es un instrumento que, como el cello, se acerca mucho a la expresividad de la voz humana), con un sonido bellísimo en temas como "Skylark", donde se puede comprobar que el trombón no es sólo un instrumento de acompañamiento y ritmo si se le trata con sensibilidad.

El álbum comienza provocando, interprentado su himno nacional ("The Star Spangled Banner") para demostrar que pertenece a todos, no a quienes se adueñan de los eslóganes más excluyentes, para después apuntar a la música americana que ama, con estándares como "All of Me" o "Slylark", o clásicos de bandas de Nueva Orleáns como la Rebirth Brass Band ("Put Your Right Foot Forward") y la Dirty Dozen Brass Band ("Snowball"), o la influencia de la música de iglesia con Kyle Roussel al piano en un "All of Me" inspirado en Count Basie. En medio, ritmo, sarcasmo, grandes momentos en los vientos, y la prueba de que el humor es una poderosa arma contra la decepción. No recordaba (jazzísticamente hablando) un sarcasmo político tan bien instrumentado desde las "Fables of Faubus" de Mingus.

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* Web oficial: www.delfeayomarsalis.com
** Foto de la Uptown Jazz Orchestra: Racquel J. Ezell
*** Foto de Delfeayo Marsalis: Zack Smith (www.zacksmith.com)




Noche de jazz, libro a la venta en este enlace.











A TRIBUTE TO THE FORT APACHE BAND

Jerry González & Miguel Blanco Big Band

En este álbum confluyen dos músicos de jazz con espírtu latino. De un lado, Miguel Blanco, compositor y arreglista, figura clave (y actual) del jazz latino en España y el hombre detrás de orquestas como La Calle Caliente y la Afrodisian Orchestra; del otro lado, Jerry González, trompetista y conguero con 50 años de carrera a sus espaldas, colaborador de infinidad de músicos, desde Tito Puente y McCoy Tyner hasta Paco de Lucía, y fundador, junto a su hermano Andy, de The Fort Apache Band a finales de los '70. Este disco donde vuelven a coincidir (después del reeditado Music For Big Band) es un homenaje a esta banda. La conjunción de estos dos jazzmen da como resultado un repertorio de big band latino sin desperdicio.



The Fort Apache Band nació en Nueva York continuando con la tradición de jazz latino presente en la Gran Manzana desde los años de Juan Tizol. El hermano de Jerry, Andy González al contrabajo estaba en la formación original, junto a un buen número de músicos, de los cuales ¡la mitad eran percusionistas! También estaban Kenny Kirkland (piano), Sonny Fortune (saxo), Papo Vázquez (trombón)...

 

Para el proyecto de resucitar a la Fort Apache Band, el arreglista/director ha contado con lo más brillante del jazz latino que se puede escuchar en Madrid, desde músicos cubanos (Javier Massó "Caramelo" y Luis Guerra al piano, Ariel Brínguez al saxo...), pilares del jazz español como Javier Colina y Marc Miralta o brillantes rising stars como Luis Verde o Dani Juárez, una big band multigeneracional que alcanza el número de 24 músicos y donde Jerry González nos deja magníficos solos en las congas, en la trompeta y en el fiscorno. Hay arreglos muy interesantes y rearmonizaciones de los temas originales que vale la pena escuchar. La orquesta hace justicia a los arreglos y hay una buena cantidad de solos, aparte de los de Jerry. Sumar los conceptos de jazz afrocubano y big band suele dar como resultado un festival de ritmos y metales (magnífica "Rumba y consecuencia", original de Miguel Blanco), pero los arreglos ofrecen también, en ocasiones, una tensión contenida y elegante, casi hipnótica ("Footprints") del concepto de orquesta de jazz. 

El disco (aparte de dos composiciones originales) repasa muy brevemente (sólo 8 temas) la historia de la Fort Apache Band, desde 1979 ("Agüeybaná") hasta temas de Monk como "Let's Call This" o "Ugly Beauty", que grabó la FAB en el disco Rumba para Monk (Sunny Side, 1995). 


Resumiendo, un disco imprescindible, tanto si les gusta el latin como si quieren entender de dónde viene Jerry González o escuchar a nuevos y viejos grandes músicos. Quizás lo único menos-positivo del disco sea que la abundancia de ritmos lentos y medios resta efectividad y espectacularidad a la orquesta, sin dejar de tener un sonido fabuloso, pero dejándonos en estos temas lentos la sensación de que nos gustaría más guerra. Lo más positivo, que los arreglos de Miguel Blanco profundizan en los temas con tanto cuidado que sale a relucir el origen africano del jazz latino, haciendo audibles sus fusiones, su aspecto negro, su profundidad, su historia.

WHIPLASH

Otra vez Damien Chazelle y el jazz

Sin haber cumplido aún los 30 años, Damien Chazelle apunta ya muy buenas maneras como director de actores, como demuestra en su cinta Whiplash, todo un ejercicio de interpretación, un drama de superación que enfrenta a dos actores de manera magistral; uno (J.K. SImmons), con experiencia y quizás un poco encasillado en su papel de militar-instructor-sin-piedad, y otro (Miles Teller), joven, prometedor, capaz de encarnar la ambición y la introspección de igual manera. Pero lo que nos atre de Damien Chazelle es la sensibilidad con que se acerca al jazz. Si en su primera película, Guy y Madeline en un banco del parque (2009), de la que ya hablamos un día en el blog, el jazz era el lenguaje en el que se expresaba el protagonista (¡qué magnífico y atípico final!), en Whiplash el jazz encarna la perfección, y el protagonista ambiciona esa perfección.



El primer elemento que nos llama la atención desde el trailer es la dureza de un profesor de conservatorio a cargo de la studio band del centro. J.K. Simmons, habitual de las películas de campamento militar made in USA traslada aquí su brutalidad verbal y física con un lema: “Charlie Parker no se hubiera convertido en Bird si Joe Jones no le hubiera tirado un plato de la batería”. Su alumno y adversario es Andrew Neimann (Miles Teller), un músico joven, superdotado y atormentado con la búsqueda de la perfección, un argumento típico, pero no esperen a un Frankie Machine acabado como el de El hombre del brazo de oro (Otto Preminger, 1955)  ni un genio autodestructivo como el Charlie Parker de Clint Eastwood. Aquí encontrarán a un joven estudiante con las ideas claras. Su punto flaco es la ambición, una ambición que le hace renunciar al mundo exterior y al amor con la sangre fría de quien se enfrenta a un problema técnico más. Quiere ser el nuevo Buddy Rich (¡aquellas batallas de baterías!) y esto le cuesta sangre, sudor y lágrimas. Literalmente.

La banda sonora de Whiplash es electrizante, es la adrenalina de un solo sin aliento, es música de batería pero también es música de big band. Contiene standards, cómo no (suena un "Caravan" con un toque latino y "He Was a Beautiful Player" de Stan Getz) pero es esencialmente original, compuesta para la película pero ambientada en ese momento del jazz en que aún convivían el swing y el naciente bebop. Dos son los compositores a los que ha recurrido Chazelle. El primero, Justin Hurwitz, ha compuesto todos los temas de big band, mientras que Tim Simonec ha realizado las piezas que aparecen en los concursos de la película, pero lo más espectacular es el trepidante “Whiplash”, que se convierte en el obstáculo y en la meta del protagonista, un tema compuesto por Hank Levy, el que fuera compositor de la orquesta de Stan Kenton.


La batería es la protagonista de todos los temas, como no podía ser de otra manera, y el sonido, en general, apunta hacia el mainstream, con buenos arreglos de metal y madera y mucha potencia. Hay temas que suenan excitantemente a swing ("When I Wake" o "Upswingin", al que la batería aporta un toque jungle) o a ese blues de escenario de Cotton Club ("No Two Words", "Casey's Song"). Lo dicho, una dosis de swing y otra de bop, todo a big band. Aun así, el sonido resulta moderno. Y nos gusta.

No sabemos si el éxito de la película (cuando escribimos esto está nominada a 5 Oscars, incluidos Guión adaptado y Mejor película) fomentará el interés general por el jazz pero estamos seguros de que sembrará el amor por la batería: el guión pone en valor el papel del baterista como solista y como soporte y esqueleto de la banda de jazz.

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**Recomendamos visionar la opera prima de Chazelle, Guy y Madeline en un banco del parque, cuya reseña publicamos en Jazz, ese ruido y pueden leer aquí.