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EL FANTASMA DE MILES DAVIS

MILES DAVIS, Rubberband (Rhino, 2019)

Este mes el mundo del jazz se ha visto sorprendido por la noticia de que Rhino, a través de Warner Records, lanzaba al mercado un álbum inédito de Miles Davis. Los que escuchamos a Miles sabemos (o imaginamos, pero con cierta lógica) que debe haber mucho, mucho material de Miles grabado y desechado a lo largo de su carrera. Sin embargo, no deja de ser una grata noticia, especialmente en un mercado como es el de las discográficas, cada vez más temeroso a publicar. Porque la historia del lanzamiento de este "flamante" Rubberband viene de largo...

La historia comienza en 1985, cuando Miles, tras abandonar Columbia Records, donde había grabado durante 30 años, para pasarse a Warner, graba unas sesiones en los estudios Me Ray de Los Ángeles con los productores Randy Hall y Zane Giles, para luego abandonar este trabajo y archivar las cintas. ¿Por qué Miles comenzó su carrera con Warner dejando estos temas abandonados para irse a Nueva York a grabar con Tommy Lipuma y Marcus Miller, con nuevos temas y, prácticamente, el mismo enfoque?

El EP de 2018
El tema "Rubberband", que da título a este álbum póstumo, apareció en la antología Perfect Way (Warner, 2010), como rarity, un tema desechado que suponía una curiosidad. En 2011, Warner France lanzó otra antología de 5 discos que incluía dos temas de estas sesiones ("Rubberband" y "See I See"). Pasarían años hasta que en 2017, los productores Randy Hall, Zane Giles y Vince Wilburn Jr. recuperaran las cintas de 1985 y remezclaran el tema "Rubberband" en distntas versiones que aparecieron en 2018 en un EP con cinco versiones.

En la línea de los misterios y caprichos habituales de Miles Davis, el príncipe de las tinieblas aficionado a la controversia, este álbum recién terminado por los productores originales, complacerá a los amantes de Tutu, porque tiene un sonido muy similar (trátese como un experimento), con destellos funky, efectos electrónicos ("Maze"), intervenciones de cantantes soul (aquí Ledidi, Medina Johnson y Lala Hathaway) y ese sonido limpio, económico, de la sordina de Miles en sus discos postreros que tantos adeptos y detractores ganó. "So Emotional", por ejemplo, podría ser calificada como una balada vocal con un trompetista invitado. Así de tacaño era Miles con la trompeta en los 80 (y también en directo).


Como curiosidades o experimentos de ese Miles que siempre buscaba un camino nuevo, encontramos toques tropicales, como la percusión de "Paradise" y mucho rhythm and blues y soul al estilo de aquellos 80, acercándose a temas vocales de Prince y Chaka Khan, con quienes había querido trabajar Miles y cuya colaboración se frustró por temas de fechas y contratos (aunque hay curiosidades grabadas, como hablamos en su día, cuando Prince falleció). "Give It Up" es un tema funk muy, muy Prince. Pero quizás el mayor interés (si no el único) de Rubberband sea lo que significa (o debió significar en su momento): el eslabón perdido entre el funk experimental de You're Under Arrest (Columbia, 1985) y el Miles definitivamente electrónico de Tutu (Warner, 1986), el eslabón que explica la última vuelta de tuerca de Miles antes de desaparecer.

Los que amamos la música de Miles, hemos sobrevivido a su pérdida en 1991 alimentándonos a base de nostalgia, reediciones y recopilaciones, pero también de grabaciones no autorizadas de conciertos, programas de televisión, material que, muchas veces, supera en calidad e interés a este fenómeno llamado "álbum perdido"; dicho lo cual, este "nuevo" álbum firmado por el fantasma de Miles Davis no deja de ser una buena noticia, especialmente sabiendo que el primer día de venta ya era número 1 en Amazon...

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* Más info: https://rhino.lnk.to/Rubberband19

MILES DAVIS: EL REGRESO

Entre el funk y la ruina

Cuando en mayo de 1980 grabó The man with the horn (Columbia, 1981) Miles llevaba cinco años sin coger la trompeta. Antes, habían aparecido Agartha y Pangaea, pero ambas eran “sólo” grabaciones capturadas durante el Festival de Osaka de 1975, el año en el que sufrió una neumonía, en el que le diagnosticaron que tenía que someterse a una operación de cadera, en el que murió su gran amigo Cannonball con 46 años... Vivía enclaustrado en casa, soportando una larga resaca de los años de locura en los que, como cuenta en su Autobiografía, “el sexo y las drogas habían ocupado el sitio que la música había tenido en mi vida, hasta que llegó un punto en que me dedicaba a esas dos cosas las veinticuatro horas del día”. Sus amigos temían lo peor. Columbia y United Artists se peleaban por contratarle. Miles estaba en números rojos. Pero seguía drogándose. Y no tocaba.

La actriz Cicely Tyson, que hizo de amante y madre, le salvó la vida, en palabras del propio Miles, y le ayudó a centrarse y a recuperar la salud y el interés por la música. No fue la única que lo ayudó. Los músicos se acercaban a su casa a visitarle y a animarle. Chaka Khan, que era vecina de Miles, lo obligó a lavarse. Pero fue el baterista Vince Wilburn, sobrino de Miles, lo sacó de aquel estado de depresión cercana al suicidio y consiguió que volviera a grabar. Su tío Miles le había regalado una batería cuando tenía siete años, y ahora tocaba en un grupo de Chicago una mezcla de jazz, soul y funky. Miles escuchó las maquetas del grupo y las pasó a Columbia. El resultado fue que los demás miembros del grupo se reunieron con Vince Wilburn y con Miles en Nueva York para grabar. Miles estaba dispuesto a regresar.

Tras un mes de ensayos, Miles quería grabar. Pidió a Dave Liebman que le encontrara un saxo y éste le recomendó a un ex-alumno suyo, Bill Evans. “¿Sabes? Si yo tocara el saxo, me gustaría hacerlo como tú”, le dijo Miles después de escucharlo, y Evans pasó a formar parte de la Historia de Miles.
En los años precedentes, eran muchos los músicos de jazz que habían muerto jóvenes, de modo que otro de los amigos de Miles, Gerry Mulligan, lo llamó para celebrar su regreso al mundo de los vivos. Había oído que volvía a grabar. Mulligan le dijo: “Espero que toques cosas bonitas para nosotros, los tíos que te queremos”, a lo que Miles contestó: “No, tío... Voy a montarme una banda de funky puro y duro para salir a ganar dinero”. El resultado fue un tema que brilla con luz propia, “The Man With The Horn”, que daría título al álbum de regreso del trompetista. Se cuenta que Miles aún no había vuelto a recuperar la técnica, y que hubo que añadir las pistas de su trompeta más tarde, pero esto bien podría formar parte de la leyenda. Habían pasado muchos años desde que los fans escucharon por última vez a Miles tocar en su verdadero estilo.


En una sesión posterior, Miles sustituiría al grupo de su sobrino por músicos como Marcus Miller al bajo, Sammy Figueroa a la percusión Mike Stern a la guitarra, Al Foster a la batería, pero no conseguiría completarlo hasta mucho después, en una sesión de grabación, en mayo de 1981, en la que Vince Wilburn y su grupo volvieron a reunirse con Miles en Nueva York para grabar el tema “Shout”, con un sonido descaradamente disco.

El resultado fue un álbum que mezcla temas de jazz-rock y soul-funky con la huella indeleble de los espesos experimentos en los que Miles se había metido él solito en la década anterior. Sin embargo, fue un éxito en las emisoras de radio, especialmente gracias al tema que da título al disco.

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* La historia continúa aquí: https://jazzeseruido.blogspot.com/2010/10/miles-davis-el-regreso-segunda-parte.html

* Fotografía de Rico D'Rozario (www.ricodrozario.com): Al Foster, Miles Davis y Mike Stern en 1982.