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¡GUITARRAS!

Hoy escuchamos a dos guitarristas muy distintos pero que encarnan la experimentación y la salud de la guitarra de jazz moderna. Uno de ellos español, Víctor Antón, y el otro italiano, Luca di Luzio, ambos con un interesante (y diferente) punto de vista jazzístico.

VÍCTOR ANTÓN GROUP, Centennial Light 
(Errabal Jazz, 2022)
   
El título del álbum resulta metafórico. La célebre bombilla que lleva más de 100 años encendida en Livermore, California, es un símbolo de la resistencia al consumismo y a la obsolescencia programada, pero también un símbolo de lo imperecedero; en este caso, de la música imperecedera. El jazz, como todo lo que se pueda vender, ha sufrido los vaivenes de la moda, pero es en esencia una música que se revitaliza a sí misma y que tiene sus raíces tan bien ancladas en el pasado que es imposible catalogarla de moda. El guitarrista zamorano Víctor Antón, reúne en su nuevo trabajo, titulado Centennial Light, nueve temas originales en los que destila influencias y experimentación subrayando la intención atemporal de su música. 

Inconformista, Víctor Antón marca distancias con su anterior Standards Sessions (2022) grabando nueve temas propios de espíritu contemporáneo pero de estética ajena a las modas. En su web expresa que se trata de temas compuestos en los últimos dos años, una recopilación que "pretende poner en valor la idea del arte como un proceso creativo inagotable que genera diferentes lecturas y sensaciones". En total, nueve composiciones que se mueven con el discurso elocuente de Antón y que fluyen con las improvisaciones de su grupo, formado por el pianista Juan Sebastián Vázquez, el contrabajista Javier Moreno y la siempre apreciable solidez de la baterista Naíma Acuña



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* Más info: victorantonmusic.com


LUCA DI LUZIO, Never Give Up (Jazzlife, 2022)

La propuesta del guitarrista italiano Luca di Luzio es muy distinta, un jazz de aire funk y calmado, pleno de influencias y con muchos momentos inspiradores. Desde el comienzo del álbum, con la sordina de Randy Brecker en un tema sereno pero optimista titulado "Second Life" hasta la coda, "A14", todo el disco destila una vitalidad casi almibarada, un positivismo enmarcado por los cálidos arreglos y por la forma en que Di Luzio canta con su guitarra, usando la improvisación como una forma de introspección.

Todos los temas están compuestos por el guitarrista, quizás porque quiere transmitir algo más que música: el título envuelve una filosofía del entusiasmo ("Este álbum, dice en el libreto, está dedicado a los que nunca se rinden; a aquellos que persiguen sus sueños, que escriben su destino cada día. Sobre todo, a aquellos que no se rinden ante los obstáculos, y continúan sonriendo y haciendo la vida más bella."). Quizás, en su conjunto, resulte una filosofía demasiado dulce y enmarcada en un jazz demasiado fácil de escuchar para los aficionados al jazz más rompedor, pero si el oyente sigue los temas compás a compás descubrirá un seductor aire mediterráneo, arreglos, recursos y pequeños momentos que dan valor al músico y a la escucha. 



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* Más info: www.lucadiluzio.it

BAMBOO JAZZ

ZAC ZINGER, Fulfillment (2019)

Lo que, a priori, parece una excentricidad, usar una flauta de bambú para hacer jazz, se convierte en una serie de composiciones e interpretaciones llenas de funk y virtuosismo, un proyecto de fusión muy original que deja de ser curioso para sonar interesante. Fulfillment está firmado por el compositor y experimentador Zac Zinger, que toca aquí, además del saxo alto, shakuhachi, dizi y la ayuda electrónica de un EWI.


Puede que, en algunos momentos, el estilo de Zinger suene demasiado limpio, comercial en el sentido en que triunfaban los saxofonistas crossover de los 90, pero su velocidad al interpretar, la cantidad de recursos que usa y su originalidad hacen que valga la pena una escucha. Galardonado con múltiples premios, sobre todo como compositor (Johnny Mandel Prize, cuatro veces Herb Alpert Young Jazz Composer Award y en dos ocasiones Herb Pomeroy Composition/Arranging Award, entre otros premios), este músico de Nueva York estudió en Japón, donde se especializó en sonoridades peculiares como la flauta china dizi o la japonesa shakuhachi, a pesar de lo cual, sus temas no suenan exóticos ni folklóricos, sino que consigue conjugar las posibilidades de estos instrumentos con el jazz.

Cierto que esta flauta de cinco agujeros empasta bien en el cuarteto de jazz fusión, pero la shakuhachi tiene sus propias reglas y peculiaridades. Para empezar, se toca en vertical (como una flauta dulce) pero se sopla de la misma manera que soplaríamos un cuello de botella. Esto, que parece simple, supone cierta dificultad. Por otro lado, su tímbrica es cercana a la flauta travesera pero con un sonido menos puro y, quizás por ello, más cercano a la rudeza que algunos aficionados piden al jazz. Sin embargo, el disco es muy limpio, de sonido muy comercial. Quizás abuse de la electrónica pero, como dije más arriba, es fácil de escuchar, especialmente las improvisaciones y todas las progresiones y recursos que se saca "de la manga" en cada tema. 

Zac Zinger vive en Nueva York, donde mantiene dos grupos, uno de jazz progresivo, Zac Zinger Group y otro llamado KAI en el que fusiona el jazz con la música tradicional japonesa. Fulfillment es su álbum número 28, entre los que se incluyen bandas sonoras para videojuegos, entre los que están Street Fighter V, Final Fantasy XV, Just Cause IV y curiosidades como Monster Hunter: The Jazz (2015). Y, tras toda esta discografía, debuta en el jazz con esta colección de temas que resume su carrera en pequeños combos, re-arreglando sus propias composiciones con minuciosidad para desarrollar todas sus facultades como instrumentista. Su cuarteto está formado por jóvenes músicos del jazz progresivo: Sharik Hasan (piano), Adam Neely (bajo eléctrico) y Luke Markham (batería).

Entre los invitados, los taiwaneses Min-Chin Kuo, que toca el sitar chino (guzheng),  Chia-kun Chen, en el violín chino, y el vocalista Yu-Wei Hsieh. Todos ellos ponen un tono exótico que sirve de homenaje a Taiwan. Por otro lado, la pianista japonesa Kana Dehara aparece como invitada en tres temas, incluyendo el fascinante dúo entre shakuhachi y piano que es “An American in Tokyo”, y toca el Fender Rhodes en "Metamorphosis".


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* Web oficial: zaczinger.com

UN JAZZ ESTIMULANTE Y EVOCADOR

LORENZO AZCONA, Soplo de vida (2017)

Traemos al blog este álbum de Lorenzo Azcona de 2017 en pleno verano para poner banda sonora a la euforia del horizonte en la playa, del tiempo libre y de los festivales de jazz, cualidades del verano que encajan a la perfección en las melodías festivas y (en apariencia) sencillas que compone este multiinstrumentista que lleva años llenando los escenarios con su sonido, ya sea como acompañante en grupos de rock o como músico de jazz (África Tama, África Kuntak, Al-Mansur, Urubú, Batá-Kum-Tum...). Digamos aquí que Soplo de vida es su tercer álbum como líder, tras Bajo la piel (2003) y 1+1=4, su álbum de debut en 1996, calificado por ABC como el mejor disco de jazz de aquel año.

Podríamos decir que Azcona toca en este álbum casi todo (saxo barítono, tenor y soprano, flauta, clarinete bajo, cello, percusión y teclados) pero, mérito aparte, está su grupo (Rubén Rebolleda al piano, Peter Oteo al bajo y Jonatan Temprano en la batería), y hay que sumar una enorme lista de colaboraciones: Nacho Muñoz (fliscorno y trompeta), Carlos Hipólito (trombón), Alexis Fernández (piano y teclados), Fidel Cordero (melódica y teclados), Josete Ordóñez Antonio Toledo (guitarra), Alberto Torres (violín), Luis Pérez Escribano (contrabajo), Carlos Beceiro (bajo), Sebastián Rubio Sergio Urquía (percusión), Toni Vázquez (platos) y Benjamín Prado (voz).

Rubén Rebolleda, Peter Oteo,Lorenzo Azcona, Jonatan Temprano y Sebastian Rubio Caballero
(foto de Fernando Bodalo Morales)
Es difícil calificar a un multiinstrumentista y sus capacidades, que evidentemente deben ser muchas y versátiles, de modo que nos centraremos en la manera que toda esta experiencia encaja en sus composiciones. 

Lorenzo Azcona profundiza en el sentido más festivo de la palabra jazz, utilizando a su favor en las composiciones los elementos del funk, el jazz latino ("Paciencia") y esos ritmos caribeños ("D'Abuty", "El capricho de un minuto") que recuerdan a Sonny Rollins y que aquí, transportados a menudo a las notas altas del soprano contagian una especie de euforia bailable. El eclecticismo es la nota predominante. Nada está circunscrito a un solo estilo. Hay efusiones de second line, de desfile callejero, en "El influjo del 31", con un solo de Azcona frenético y un bajo eléctrico absolutamente funky, esencias de Nueva Orleáns que contrastan con temas más poéticos donde encontramos esas raíces flamencas derivadas de la música árabe ("Tiempo sanador"), primero a través de la guitarra (Josete Ordóñez) y luego en el violín de Alberto Torres, que nos transporta más allá del Mediterráneo... Azcona en clarinete bajo y saxo soprano (incluso chelo y percusión) complementa estas influencias en un tono poético.

Hay mucho ritmo e intensidad, con pocos momentos para la reflexión, como la balada a tempo medio "Paciencia", de aires latinos en la que el saxo recita la melodía sin prisas, entre arreglos de viento y percusión, y una melódica (Fidel Cordero) que da un toque absolutamente nostálgico al tema. El saxo de Azcona, sin salirse de la estética smooth, modela una intensidad contenida y evocadora. 

Mención aparte merece la versión del tema de Triana que Azcona incluye en este disco. "En el lago" comienza con una intro de piano que da paso a un saxo que sugiere aires andaluces con toda la emoción de la versión original. Azcona va acumulando esta tensión en los fraseos del soprano hasta derivar en un final intenso en el que el rock se fusiona con la improvisación.

El álbum termina con el juguetón "El capricho de un minuto", donde Azcona toca todos los instrumentos excepto la guitarra, y que es eso, un minuto de virtuosismo y placer por tocar. Como si dijéramos jazz.


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* Foto: Fernando Bódalo Morales (via Facebook de Lorenzo Azcona)

EL DISCO DE JAZZ MÁS ODIADO DE LA HISTORIA

MILES DAVIS, On the Corner (Columbia, 1972)


Hay momentos en los que, hastiados de novedades, sentimos la necesidad de volver la vista atrás. En este mismo blog he citado algunas veces la utilización que hago de Ellington como medicina. Rebuscar en la propia discoteca de casa es tan sano como escuchar discos nuevos cada semana porque el jazz (el jazz bien escrito o bien improvisado) admite tantas escuchas como uno quiera: siempre hay algo nuevo que escapó a nuestra atención o que suena nuevo en un momento nuevo. Hoy me ha dado por recuperar un disco de los más atrevidos e ignorados de Miles Davis. On the Corner, lanzado en 1972, es un ejemplo de la fase final de Miles, cuando recolectaba músicos jóvenes constantemente y los alimentaba con una idea para después dejarlos improvisar (a veces, durante un cuarto de hora) para intervenir sólo cuando la inspiración se lo imponía. Miles estaba en pleno periodo eléctrico y este venía después de tres álbumes elogiados por la crítica (In A Silent WayBitches Brew y A Tribute to Jack Johnson), a pesar de los cual, On the Corner se convirtió en el álbum más odiado del jazz, como lo renombró The Guardian, masacrado por la crítica de la época e incluso repudiado por algunos de los músicos que trabajaron en la grabación. Un artículo detallado al respecto se puede leer en esta web.

"Partitura" sobre la que trabajaron
los músicos de On the Corner
Quizás Miles pensó que podría seguir la estela improvisadora de Jack Johnson. Según su biógrafo, Ian Carr, en aquella época Miles mantenía largas conversaciones sobre música contemporánea con un chelista inglés, Paul Buckmaster, quien le descubrió la música de Stockhausen y le propuso la idea de experimentar con música temporal no regular (con pasajes fuera de tiempo), tal como había hecho en algunas composiciones Stockhausen, combinándola con música de la calle y la percepción de la ciudad que Miles tenía desde su lujoso apartamento. La idea no era mala. El jazz como testigo de la calle.


Lo malo es que la idea se cristalizó en algo tan simple como aburridas piezas de funky de duración indeterminada, apoyadas en grooves de bajo y batería, y basadas en un solo acorde. Monótono para muchos, impensable para otros, no consigue su objetivo a pesar del increíble plantel de músicos que trabajaron en las sesiones (Corea, Hancock, McLaughlin, DeJohnette, Liebman...). Quizás fue ideado como uno de esos discos rompedores que hacen crujir los cimientos del canon de vez en cuando... pero se quedó a medias.



Más valorada por los críticos con el paso de las décadas, en 2007 se publicó The Complete On The Corner Sessions, una caja con 6 CD's sólo apta para coleccionistas recalcitrantes, 6 CD's que recogían todas (imagino) las tomas de las tres sesiones de grabación (1 y 6 de junio, 7 de julio de 1972) pero tal cantidad de música (casi 7 horas) en lugar de aportar información sobre las improvisaciones en el estudio, provocan el efecto contrario, hastiando al oyente con una cantidad de música (en palabras de Dave Liebman, que participó en el álbum) "bastante caótica y desorganizada", aunque, en defensa de Liebman hay que decir que, cuando llegó al estudio, lo metieron en una cabina desde la cual apenas podía distinguir el ritmo discontinuo entre tanto percusionista, y que la única directiva que se le dio fue la de tocar en mi bemol. 


Mi problema con Miles es que hay entre nosotros una tensión dramática no resuelta. A pesar de que mis discos preferidos son los que van desde Kind of Blue hasta las últimas sesiones de Prestige, siempre vuelvo a los discos eléctricos. ¿Por qué? No los entiendo, y eso hace que los investigue una y otra vez, que regrese a ellos con tanta frecuencia que, a veces, creo que los escucho más que a los que prefiero. Cosas de aficionados. Y, en este sentido, On the Corner es una pieza esencial que pide ser descifrada dentro de su compleja simplicidad.

Miles y su productor en esa época, Teo Macero
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* En carpeta del LP original no constaban los nombres de los músicos que participaron en el álbum, quizás para despistar a los críticos. Según distintas fuentes, estos son los que participaron (alternándose en distintas formaciones):

Miles Davis, trompeta amplificada con wah-wah
Carlos Garnett, saxos soprano y tenor
Dave Liebman, saxos soprano y tenor
Bennie Maupin, clarinete bajo
Chick Corea, Fender Rhodes, teclados
Herbie Hancock, Fender Rhodes, teclados
Harold Ivory Williams, teclados
Cedric Lawson, órgano

Dave CreamerReggie Lucas John McLaughlin, guitarra
Khalil Baladrishna y Collin Walcott, sitar eléctrico
Michael Henderson, bajo eléctrico
Don AliasJack DeJohnetteAl Foster y Billy Hart, batería
James M'tume, percusión
Badal Roy, tabla


http://jazzeseruido.blogspot.com/p/relatos-de-jazz_28.html

UN CÍRCULO DE ENERGÍA

Arévalo Jazz Fusion Quintet, El círculo del Pájaro (2018)

Nueve años ha tardado el baterista uruguayo afincado en Galicia Carlos Arévalo en presentarnos un nuevo álbum como líder desde aquella enorme formación que era la Urugalega All Stars Band, una suerte de enorme jam session donde el jazz gallego se reunió en torno a la batería de Arévalo. Ahora recoge en este El círculo del Pájaro (ese es su apodo) seis temas intensos donde la percusión pero, sobre todo, la energía es la protagonista. 

Con una formación de viejos conocidos de la escena jazzística gallega (Leo Giannetto a la guitarra, Pablo Castaño al saxo alto, Ale Casquero en los teclados y Diego Pérez al bajo), Arévalo despliega una serie de composiciones que fusionan soul jazz, jazz rock, rock sinfónico, funky, armonías hindúes y algún guiño al folk gallego.



A diferencia de otras músicas y "músicas", la mayoría de los discos de jazz se graban "en directo", es decir, con todos los músicos tocando al mismo tiempo en el mismo espacio. Lo que suele ocurrir con menos frecuencia es que se haga con público presente. La grabación de El Círculo del Pájaro, realizada en los estudios Casa de Tolos con una treintena de personas en el público, es algo poco usual pero la presencia del público parece dotar de una energía distinta a la grabación, donde el soul es intenso y la sinergia del directo empuja a los músicos. Esta dificultad añadida quizás sea lo que da título de la introducción ("Overtura de Tolos-Toma 777"), un tema que comienza conteniendo la energía con una intro muy de rock sinfónico y que estalla con un estribillo muy soul, hardbop fusionado con la energía del jazz rock. 

Con la inteligente idea de dotar al público de auriculares para que reciban todas las pistas de la grabación, curiosamente (se aprecia en el vídeo, que está disponible en la plataforma Tolemias TV) los músicos también están dispuestos en círculo, algo que da nombre al álbum pero que también sirve para una mejor interplay. La comunicación es esencial en el jazz. Como decía Marsalis en uno de sus libros, el jazz es un arte que obliga a escuchar al otro. 


Detrás de su impresionante batería Eagle Joe Bass de color verde, Carlos Arévalo es un baterista todoterreno que ha tocado con grupos de jazz (Noroeste, Leo Giannetto's Jazz Project) y de rock (Cucharada, Karma, Laser) a lo largo de su dilatada carrera. Tiene una energía contagiosa cuando domina el ritmo, arrastra e incluso cuando contiene el tempo con maestría. Es un placer escuchar cómo maneja los platos con las baquetas con la misma delicadeza que si fueran escobillas. Su sentido del funk es ciertamente contagioso, pero también resulta muy interesante en blues poderosos como "Blues to Cool" (un tema que alterna conceptos modernos de jazz y la tradición del blues) o experimentos de fusión con músicas del mundo como "Takitithá", donde realiza una potentísima intro valiéndose de percusión hindú que, acompañada de la voz, resulta un concepto puramente jazzístico. El tema, funky y juguetón, incorpora armonías folklóricas de acento gallego en una fusión apoteósica con un Carlos Arévalo camaleónico y en la cresta de la ola. 

Mención aparte merecen los solos del álbum. El mejor tema del disco es, sin duda, "Caminantes", un tema con un groove tremendo donde los solos se suceden en un crescendo fabuloso, comenzando por el de Leo Giannetto, realmente intenso. Le sigue un solo frenético de Diego Pérez al bajo, una intervención llena de soul de Ale Casquero al órgano y un potente y último solo del polivalente Pablo Castaño.

Un disco intenso, sin post-producción, afirman, para disfrutar en directo, aunque sea vía streaming.



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* Foto: Chema Ríos.

BAJO LA ALARGADA SOMBRA DE ROLAND KIRK

CHIP WICKHAM, Shamal Wind (Lovemonk, 2018)

El Shamal (literalmente, viento del norte) es una corriente que barre las arenas desde Arabia hasta Irak, y en este orden geográfico se mueven las influencias que Chip Wickham aplica a un jazz soul que, por momentos, tiene claras influencias de Roland Kirk (también Wickham se mueve entre flautas y saxofones), de Herbie Mann, Eric Dolphy... y, en otros temas más funky, reminiscencias del recordado Edouard Labor de St. Germain. 


Después de experimentar en las fronteras del jazz flamenco y de otros proyectos más funk (y remezclados), el inglés Chip Wickham regresa con un proyecto donde mantiene su mirada puesta en la confluencia de culturas y su flauta en una excelente forma para improvisar y producir un soul jazz de primer nivel. Su nuevo álbum es Shamal Wind, un disco donde se acompaña de muchos y muy buenos músicos de la escena española, como Phil Wilkinson (en algunos momentos una locura al piano), el magnífico vibrafonista gallego Ton Risco (que pone a los temas toques clásicos con una naturalidad soberbia) y, en la percusión, el baterista Antonio Álvarez Pax y el polirrítmico David el Indio, (que maneja congas, bongos, campanas y otros inventos percusionables) para construir un disco de hardbop tangente con muchas influencias: latinas, orientales, disco..., muy en la línea de (por poner un ejemplo cercano) Patax.

En esta mezcla de estado espiritual sin fronteras y falta de prejuicios, el disco comienza con una evocadora intro de percusiones, notas orientales, una flauta que nos transporta a escenarios exóticos..., que nos lleva a un tema atmosférico ("Shamal Wind"), una balada cósmica que, aunque suena contemplativa, permite a Wickham explorar los límites de la expresividad en la flauta (y en el organismo, con esos esfuerzos donde se le escucha tomar aire obligado por la velocidad). El ritmo comienza con el tema 2, "Snake Eyes", con su arrebatador groove de contrabajo (David Salvador), y sigue con "Soho Strut", con un balsámico solo de Risco que permite entrar a a Wickham con fuerza, desdoblándose, respondiéndose a sí mismo como hubiera querido hacer Roland Kirk cuando soplaba varios instrumentos al mismo tiempo. Otro tipo de viento sopla en la trompeta de Matthew Halsall, muy Blanchard en la balada "The Mirage".

Aunque el disco, en general, puede parecer un tanto bailable y avanzado (léase funky y avant-garde, si el lector es muy de etiquetas) el resultado suena orgánico y casi espiritual, y, según las notas del álbum, fue grabado analógicamente en los estudios Brazil de Madrid.

Mi tema favorito es "Rebel No. 23", un tema fulminante para cerrar el disco, con un Wickham absolutamente funky en la flauta (incluso cuando se escucha la respiración) y un invitado, Gabri Casanova, que está increíble y rotundo en el piano, con una velocidad y una expresividad tremendas, y con ese peculiar sonido electrónico de las 64 teclas del Wurlitzer.

Nada mejor que un directo para juzgar. Que ustedes lo disfruten.


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SAXUAL

Provocativo álbum de Iñaki Arakistain

¿Soul jazz? ¿Jazz funk? ¿Groove jazz? Se nos ocurren demasiadas etiquetas para catalogar el fascinante tercer trabajo como líder de Iñaki Arakistain, Saxual (Youkali Music, 2014), pero ninguna definitiva ni exclusiva. Destaquemos, pues, el carácter subyugante de sus melodías y sus riffs, tan cercanos al funk (de quien Arakistain toma los aspectos rítmicos y jazzísticos) como a la sensualidad del soul.

Sí, porque si hay una palabra que podría definir la esencia del soul jazz ésa es sexy. Uno piensa en esas cadencias y en ese groove y admite cierta sensualidad elegante, acentuada en la evolución posterior del soul jazz hacia el funk y el soul de los 60 (¡guau! Martha & The Vandellas...), el fenómeno blaxploitation (Isaac Hayes, Curtis Mayfield...), tan cercano a la sexploitation... El punto en común de estos dos fenómenos podría muy bien ser Barry White. Y es aquí donde pinchamos el disco de Iñaki Arakistain, que comienza con este "Red Star":


Es indudable que el espíritu de Barry White posee a Thomas Schindowski cuando pronuncia el título del tema repetidamente con esa voz que recuerda al cantante de Galveston. Ahí está esa sensualidad elegante del soul, en la manera cálida y fluida con que el saxofonista lleva el tema, con una improvisación limpia e hipnótica. El sonido de la flauta acentúa el aire vintage del tema, que, como casi todos los temas del álbum, son composiciones originales. En otros temas, Arakistain, que ha participado con músicos y proyectos como La Calle Caliente, Benny Green, Jerry González, Wagon Cookin...,  muestra influencias de Grover Washington Jr. y otros saxofonistas más modernos como Kenny Garrett, de quien nos vienen a la mente aquellos solos con Miles

En cuanto a las versiones, destaca el "Countdown" de Coltrane en clave funky, cuyo interesante planteamiento la separa tanto del original que vale la pena escucharla. De su "Sunny" no vamos a comentar nada porque no sabemos por qué se sigue versionando este anodino e incordiante tema. En cuanto a las versiones de Michael Jackson, suponemos que versionarlas era inevitable, ya que Arakistain participó en el musical Forever King of the Pop, el musical homenaje a MJ que se ha podido ver en el Teatro Lope de Vega de Madrid. "Rock With You" y "Blame It On The Boogie" suenan aquí mucho más intemporales y atractivas que en su versión original, pero igualmente bailables.

Les dejamos con el tema que da nombre al disco. Ya me dirán si este estilo vingate no les trae recuerdos de saxofonistas de los 80 y de los 90...



Los músicos de Saxual son:
Iñaki Arakistain, saxos tenor, alto y soprano, flauta
Jonathan Badichi, trompeta, fiscorno, programación y arreglos
Jorge Vera, teclados y Rhodes
Israel Sandoval, guitarras eléctrica y de nylon
Tomás Merlo,bajo eléctrico
Georvis Pico, batería

El álbum de Iñaki Arakistaien en: www.youkalimusic.com/



Manteca!

Pensaba escribir hoy acerca de otro disco, pero éste se me ha colado en la discoteca y me ha enganchado de tal forma que me he puesto a escribir.

Manteca! Jazz Trío es un combo de Buenos Aires formado por Marcelo Camisay (batería), Lucas de Araujo e Sá (bajo) y César Guerberoff (teclados). Se autoproclaman jazz... contemporáneo (sic) y acaban de terminar su primer álbum, que distribuyen de forma gratuita en su página web y en Myspace como medio de promoción.


La primera escucha

En un principio, la poco usual mezcla de teclado electrónico, batería y bajo eléctrico te hace suponer que vas a escuchar un disco poco acústico, más cerca del jazz rock o del nu jazz que del mainstream, pero no es así. Es funk y es jazz. Tanto la batería como el bajo casan maravillosamente con el esquema funky del disco desde el primer tema Pijama party (composición original del grupo, como el segundo tema, titulado con un divertido Chef Guevara) hasta el final. A destacar el bajo, que tiene momentos magistrales en que adopta con arrogancia un papel cercano al de la guitarra solista, con fragmentos inspiradísimos (Footprints). Una gozada para quienes andamos siempre a la búsqueda de sonidos nuevos.


Sin complejos

La versión de So what de Miles Davis recupera el espíritu inmortal de este tema a la vez que revela su lado funk gracias al bajo y a un piano eléctrico que arremete sin complejos con esta vena, machacando las notas (¿os acordáis del Minimoog?) en un viaje lleno de improvisaciones, un viaje que va desde el lado serio-eléctrico-estilo-Herbie-Hancock hasta el más discotequero-setentero-Shakatak. Excitante.

Pero la falta de complejos aflora con más descaro si cabe en el tema The inspector theme (un clásico que aparecía en la banda sonora de La pantera rosa), donde el órgano juguetea con el hard bop más naif y con el soul más pop. Es uno de mis temas favoritos de Henry Mancini y cuya melodía se me engancha a cada escucha con más fuerza.

De ahí a Coltrane hay un paso de gigante (valga el juego de palabras), pero tampoco hay reparos en Manteca! a la hora de retomar un temazo enorme como es Psalm, que sirve de introducción a una especie de medley (yo lo llamaría “odisea”) que comienza en su forma más mística para derivar en una melodía de aires latinos y funkys acordes con el resto del disco. ¿Cómo se cocina esto? Pasando de Psalm a Footprints de Wayne Shorter como por arte de magia, encajando los acordes para volar luego a Berimbau (¿Baden Powell?) y a Stolen moments (Oliver Nelson).

Como he comentado, el disco está siendo distribuido de forma gratuita por el grupo a modo de promoción. Así que no desaprovechéis la ocasión. Podéis conseguirlo enviando un e-mail a esta dirección o visitando los sitios web que he citado.

Resumiendo, un muy buen sonido, un combo bien conjuntado y todo un abanico de placeres funky para los que amen el jazz.