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NOCHE DE JAZZ

Con permiso, les presento mi nuevo libro

Muy bien, supongo que debería ser yo el primero en hablar de esto. No lo consideren inmodestia sino el placer enorme que supone para mí presentarles mi nuevo libro, un volumen de relatos en los que el jazz es leitmotiv, escenario o incluso el mismo protagonista. El título es Noche de jazz. En el fondo, este que firma ama el jazz por encima de todas las músicas, pero no es más que un escritor de ficciones.

Hay músicos que tienen la capacidad de dar vida a un sentimiento; otros, se dejan la vida en ello. De esa magia y de ese sacrificio tratan los relatos incluidos en Noche de jazz.


Para ser sincero, quería escribir ese libro que ando buscando siempre y que rara vez encuentro, un libro de ficción donde el jazz sea un personaje más, un motivo, el alma de la historia.

¿De qué va? Encontrarán en estas páginas relatos que apelan al espíritu, en especial a la manera en que las artes (y la música en particular) tienen influencia en nuestra vida, ya seas lector/oyente/espectador o un creador con sus glorias y sus miserias, relatos realistas, fantásticos, alguno erótico, otros de intriga e incluso algún relato de viajes (Nueva Orleáns, por supuesto) y algún texto que recrea un momento de la Historia del jazz. 






Los relatos
Solitude es la historia de una joven cantante que se cree Billie Holiday; Nostalgia en Times Square nos muestra a un músico caduco y hastiado de haber vivido a tope que, mientras se emborracha en un local cutre, hace inventario de sus experiencias musicales y, de paso, de la Historia del Jazz de las últimas cuatro décadas; Chet Baker canta cuenta cómo un periodista novato se enfrenta al juicio por drogas en el que se vio envuelto el músico en Italia en 1961, lo que le abre la mente al jazz y a una terrible pregunta: ¿Cómo puede un drogadicto como Chet ser capaz de lucir y crear la mayor de las bellezas?; Lo que significa añorar Nueva Orleáns es la historia de un joven alemán admirador de William Claxton que visita la ciudad después de ver por televisión Tremé; Una especie de tristeza nos muestra al Miles Davis del periodo electrónico, un genio en la cima, con sus dudas y la añoranza de aquel escalofrío de ser un principiante; Cuerpo y alma y Boogie de batería son relatos fantásticos en los que la magia se mezcla con el jazz para demostrar que la música puede elevarnos a un status superior de la existencia... Así hasta trece relatos en los que aparecen Dexter Gordon, Mingus, Monk, Sonny Rollins, Michel Legrand, Herbie Hancock y otros muchos en un complejo puzzle que trata de ilustrar los diversos matices del mundo del jazz: la música, la belleza, la búsqueda de la perfección, las drogas, el racismo y, por encima de todo, la pasión.


184 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9


ESPAÑA: 15€ (gastos de envío gratis)



AMÉRICA: 15€ (+7,95€ DE gastos de envío)



También disponible en eBook :




(*)  Para otros destinos postales,  contacte con info @ jazzeseruido.com

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NO HAY SITIO PARA MEAR EN EL MARDI GRAS

Después de Tremé 


Como en los premios, debería comenzar dando las gracias. Gracias a HBO por permitir a David Simon concluir su serie-novela-río con una cuarta temporada, a pesar de ser la serie de la cadena con menos espectadores (25 veces menos audiencia que Juego de tronos, por poner un ejemplo). En principio, según las noticias que llegaban, iba a ser una temporada definitiva con 6 capítulos. Al final; han sido 5 intensos episodios de una hora completa de duración, una conclusión de la serie con todos los matices que esperábamos, la esperanza (desde la primera escena en que vemos las votaciones que ganó Obama hasta las historias de los personajes que van solucionando los problemas generados por el Katrina) y los tristes de las historias que van en decadencia (enfermedad, muerte, separaciones, el frustrante ascenso al estrellato del personaje interpretado por Luica Micarelli, Antoine Baptiste sigue llevando el trombón sin estuche...) aunque lo mejor sigue siendo la música, todas las músicas, no sólo el jazz, que conviven en Nueva Orleáns.



En el primer capítulo se puede ver tocando en directo, entre otros, a Kermit Ruffins animando a los votantes del que DJ Davies llama “políticamente corrupto y calcificado estado” de Nueva Orleáns, donde “la Esfinge se mueve más rápido que los federales”. Es el año de Obama, 38 meses después del Katrina…El tiempo pasa y la vida corre.

Todo sabe mejor si sale de Luisiana, aunque todos están muertos: Prima, Kruppa, las Boswell, muertos, muertos, muertos, desaparecidos de este valle y pudriéndose en la eternidad, pero ¿sabéis? con ellos no importa porque dejaron su huella, dejaorn algo a su paso, un legado. (DJ Davies después de una discusión sobre las Boswell Sisters)

El verdadero reflejo de la vida en N.O. es ese, el de la mescolanza musical y cultural, que en toda la serie se refleja en pequeños flashes musicales, segundos, minutos de actuaciones musicales en directo, que son una delicia y que conforman el puzzle de una manera espectacular. En esta temporada podemos ver, además de los ya citados, a Terence BLanchard, Nicholas Payton, Doctor John, Ellis Marsalis, Donald Harrison, Trombone Shorty… Shorty es usado por el personaje de Davies como ejemplo del jazz que ha salido de la calle, de los desfiles, de los funerales, en contrapartida con el jazz institucionalizado, y lo hace para abrir los ojos a un promotor inmobiliario que pretende lucrarse con la construcción del nuevo Centro de Jazz.

Esto es Tremé y esto es Nueva Orleáns, con la cultura (musical, por supuesto) como estabilizante de la esencia de la tierra, también palpable en sus contradicciones, como una escena en la que un actor (¡blanco!) de Hollywood interpreta a Kid Ory o la escena en que el protagonista (Rob Brown) se encuentra con Nicholas Payton y otros músicos orleanos en un escenario neoyorquino y afirma: “Yo tengo que venirme a Nueva York para tocar con mis paisanos. También aparecen todos los locales míticos en la serie: vemos a Lucia Micarelli tocar en el House of Blues, a The Soul Rebels en el Tipitina’s… Sería interminable.

No me gustaría concluir este relato sin hacer constar, de todos los mensajes, el mensaje que más me ha gustado de esta temporada final: el de que la educación es el (único) elemento capaz de hacer evolucionar hacia bien lo que en principio parece insolucionable. En este sentido, en esta temporada, el crápula Baptiste, reconvertido en profesor de música de una escuela, trata de inculcar a sus alumnos sentimiento y responsabilidad a través de la música, luchando contra la burocracia y los recortes, como en todos lados. El resultado, poético, es que finalmente es él quien evoluciona y se estabiliza, madurando sin darse cuenta.

Y, ¿cómo no? el último capítulo termina como terminó la primera (gloriosa) temporada, con el desfile del Mardi Gras, festivo, glorioso, típico, feliz y peligroso, multitudinario. Como dice el refrán, “nunca hay sitio para mear en el Mardi Gras”, un año más. Las historias se repiten, como los standards, pero siempre suenan diferente. En palabras de DJ Davies: 
En, ¿nunca os pasa que oyes una canción que has oído un millón de veces antes, incluso estás harto de ella, pero esta vez, tal vez por algo que te ha pasado, o quizás por algo que ahora entiendes, vuelves a oírla, puede que una nueva versión o puede que no, pero te das cuenta de que hay un mundo nuevo dentro de ella? Sí, a mí también. 
Entonces suena "Do You Know What It Means To Miss New Orleans?", interpretada por John Boutté. Fin de la serie. ¿Saben lo que significa añorar Tremé?

MÚSICA QUE CORRE POR LAS VENAS

Tremé, segunda temporada

La segunda e inesperada entrega de Tremé (inicialmente fue concebida como una única temporada) ha resultado un nuevo y gozoso recorrido por los lugares y personajes de esa Tierra Prometida de la Música que es Nueva Orleáns. En cuanto a los escenarios, aparecen más garitos en los que los músicos luchan por triunfar, más sesiones (en estudio y en ensayos) de las bandas y menos ruinas provocadas por el huracán. En cuanto a los personajes, son los mismos con las mismas decepciones y los mismos sueños: DJ Davis consigue montar un grupo y una casa discográfica; a la violinista, Annie, la persigue un éxito en el que ella no cree; el trompetista Delmond Lambreaux, a pesar de triunfar en Nueva York, sigue buscando su propio sonido, mientras Antoine Batiste descubre que ser líder de un grupo tiene más desventajas que beneficios... Los mismos personajes. Sin embargo, el guión los lleva un paso más allá, y nos ofrece una visión más amplia y, en ocasiones, más tenebrosa de sus personalidades. En la ciudad del Mississippi, continúa la difícil partida de la supervivencia, pero la reconstrucción es un trabajo demasiado lento para algunos personajes acostumbrados a marcar el ritmo.

En la serie, Christian Scott aparece junto a Rob Brown y la Algiers Brass Band interpretando "Joe Avery's Blues"
Mitos y desmitificaciones aparte, ésta es una serie para los aficionados a la música negra y al jazz en particular, no sólo por la cantidad sino porque la serie ofrece continuamente momentos en los que la música o los músicos (casi todos auténticos, gracias a la gran cantidad de cameos) alimentan tanto como el argumento. Ya en el primer episodio de la segunda temporada (¡en el primer episodio suenan nada menos que 20 temas diferentes!) podemos asistir a un tenso diálogo en el que el personaje de Delmond Lambreaux (Rob Brown, a quien conocimos con 16 años en Descubriendo a Forrester) defiende sus raíces. Como trompetista, triunfa en Nueva York haciendo un jazz moderno. Para los demás, se ha alejado del sonido de Nueva Orleáns y lo clasifican como “una síntesis desarraigada del jazz tradicional”, pero él siente que todo lo que toca proviene de su ciudad natal, haga el tipo de jazz que haga. Los demás no lo entienden. Delmond lo explica con una metáfora en la que los Saints de Nueva Orleáns se enfrentan a los Giants de Nueva York en Nueva York: 
"Hay algo muy elemental y espiritual en la música de Nueva Orleáns y en la cultura de Nueva Orleáns que hemos perdido en el jazz contemporáneo, ¿vale? Voy a hacer un disco de jazz moderno que represente al verdadero Nueva Orleáns. Quiero mandar un mensaje. Si Picasso es moderno, Louis Armstrong y Papa Celestin también son modernos."
Ofendido en lo más íntimo, Delmond comienza a buscar un sonido que identifique su verdadera identidad... hasta que, por casualidad, durante un desfile de carnaval, el sonido de una trompeta ("Killer Joe" de Quincy Jones) que sale de una radio se mezcla con los cantos de los indios que comanda su padre, el jefe Lambreaux... De este accidente surgirá una idea: un contundente y gozoso híbrido a medio camino entre el canto tradicional de los indios y el jazz de vanguardia, algo peligroso para mostrarlo a los puristas. Pero lo más difícil será encontrar la fórmula: medio combo neorleano y medio neoyorquino, y en los teclados alguien capaz de tirar de todos, Dr. John, a quien se unirá en el estudio Ron Carter al bajo, Donald Harrison jr. al saxo, Carl Allen a la batería... Las dificultades se solucionan llevando la sesión de grabación a orillas del Mississippi porque "Nueva Orleáns infecta a la música, la reconstitucionaliza. [...] La diferencia importa”.

El jefe Lambreaux (Clarke Peters) se permite darle instrucciones a Ron Carter, que se interpreta a sí mismo, durante una sesión
Esta patente simbiosis de tradición y nuevas ideas es la que define la naturaleza mestiza de la ciudad y la que impera en los argumentos: DJ Davis (el personaje interpretado por Steve Zahn e inspirado en un auténtico discjockey de radio) mezcla jazz, tradición, hiphop y política en sus canciones, monta un grupo, un sello discográfico y comienza a hacer bolos. A su lado, Annie (Lucia Micarelli) busca su identidad probando con algo tan complicado como la composición, mientras que Antoine Batiste tiene que descender a las bases para enseñar a niños de escuela al fracasar su intento de montar un grupo de soul y r'n'b, aunque quizás encuentre más satisfacciones en este nuevo desafío...

A Batiste, egocéntrico e imprevisible, la disciplina y la responsabilidad le repelen. Sin embargo, durante una clase, intentando explicar a unos alumnos de colegio qué es el jazz mientras oyen un disco de Louis Armstrong ("West End Blues"), comienza a sentir algo. 
“Este hombre toca con el corazón, ¿veis? No está leyendo las notas de un papel. Las escribe mientras toca y las siente en el momento de tocar. Eso es el jazz. Es improvisación. Es genialidad. Y nosotros lo inventamos. En Nueva Orleáns. Aquí mismo. Cerrad los ojos. Escuchad.” 
Los alumnos cierran los ojos y Baptiste tararea la melodía, la clase completa en silencio...

Antoine Batiste (Wendell Pierce) y su banda
La segunda temporada de Tremé acaba con unas escenas del Festival de Jazz y Tradición de 2007, fecha en la que está ambientada. Para ello, se volvieron a montar los conciertos de Lucinda Williams y The Iguanas, que estuvieron concretamente en esa edición del festival, como parte del realismo que David Simon quería dar a la serie. Igualmente, todos los músicos que han aparecido en ambas temporadas estuvieron realmente en Nueva Orleáns en esa época, tras el Katrina. Lo contrario hubiera sido anacrónico... Y es en ese N.O. Jazz & Heritage Festival de 2007 donde desembocan los caminos de varios de los personajes y donde explota toda esta diversidad racial y musical de la que hablamos, como una nueva metáfora de sus vidas, para demostrar que la música no es sólo la sangre que circula por las venas de la ciudad sino un sentimiento que une a los implicados como un extraño lazo familiar.

Como epílogo, DJ Davis vuelve a la radio y pincha un emotivo tema de Louis Armstrong, al que llama el Abuelo: "Wrap Your Troubles in Dreams" ("Envuelve tus problemas en sueños") que sirve para "envolver" un maravilloso montaje en el que vemos cómo se resuelven los enredos dramáticos de los protagonistas.

Habría mucho más que añadir, pero dejémoslo en una alabanza a Blake Leyh, que asesoró a David Simon y a sus guionistas en todo lo referente a la elección de los temas musicales, que aquí no son sólo una banda sonora de fondo... Que vuestros ojos y vuestros oídos la disfruten. Y no lo olvidéis: Leissez les bones temps rouler.



Esta es una de las mejores escenas, con Kermit Ruffins y sus Barbecue Swingers:



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* Web sobre la música de Tremé: www.musicoftreme.com
** Extras en la página de HBO: http://www.hbo.com/treme/inside/extras/video/season-1-musical-performances.html

WON'T BOW, DON'T KNOW HOW

Todo el mundo espera que llegue Tremé

Desde que llegó a la red la noticia de que la cadena HBO preparaba la serie Tremé, no hay día en que no surjan nuevos comentarios y noticias sobre la ella. Nueva Orleans como escenario, jazz como banda sonora, la presencia de John Goodman, productores y guionistas de The wire... ¿Quién no está impaciente por que se estrene Tremé?



Una de las frases que más se oye en los foros últimamente es la de El cine ha muerto: vivan las series, un grito que denuncia los clichés en los que se ha anclado el cine de las últimas dos décadas, tan falto de argumentos, tan repetitivo, a la vez que proclama la calidad de buena parte de las series que nos están llegando. No hay duda de que cadenas privadas americanas como ABC o HBO tienen buena culpa de ello. Las series ya no son lo que eran. Estábamos aburridos de series de policías que eran iguales a todas las series de policías, de comedias sin gracia y de series de ficción sin ciencia. El auge de la televisión por cable en USA ha propiciado una cierta libertad de los guionistas y productores, los cuales se atreven ahora con argumentos que no exigen respeto por las reglas de los horarios para todos los públicos (True blood, Sexo en NY) o que rayan en lo políticamente incorrecto (Big bang, House, Dexter) e incluso series con guiones inteligentes y diálogos bien escritos (Bones, The wire). Resumiendo, por fin existen series para un público adulto que antes se dormía en el sofá con los argumentos ñoños de siempre.

Después de ver el crudo episodio piloto, intuimos que Tremé promete mucho más que jazz y buenos guiones. Entre los guionistas, David Mills, que trabajó en The wire y que murió el 30 de marzo sin ver estrenada la serie; también Eric Overmyer y David Simon (director de la serie y también de The wire). La acción comienza tres meses después del huracán, con el primer desfile tras el Katrina. El telón de fondo es la inoperancia del gobierno americano para llevar ayuda a la ciudad; el escenario, el barrio de Tremé, barrio histórico, afroamericano y criollo. Músicos, discjockeys de radio, cocineros, profesores... luchan por sobrevivir. El eslogan de la serie es Won't bow, don't know how (Prometo no derrumbarme, aunque no sé cómo lo haré).

El crudo episodio piloto, titulado You know what it means (to miss New Orlenas) se estrenó en América el 11 de abril y en España lo hemos podido ver en la cadena TNT. Ha sorprendido a todos. No es un tema original tomar una catástrofe como argumento, aunque en televisión no es tan común, sobre todo porque la serie se ha rodado en las calles de Nueva Orleans con un gran trabajo de documentación: el carnaval es real, el desastre es real y la música también. La serie retrata de forma escalofriante una ciudad en la que volver a casa es un infierno y en la que las bandas de jazz (Tremé tiene su propia banda) animan las calles exorcizando a los demonios que trajo el huracán. Despedir a los muertos es parte del trabajo de reivindicar la vida.
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· Página oficial de la serie: http://www.hbo.com/treme

· La radio en la que trabaja uno de los personajes también es real y emite online: WWOZ 90.7 FM