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LA REVOLUCIÓN CONSTANTE

ORQUESTRA GALEGA DE LIBERACIÓN (2021)

Poner a este disco la etiqueta de free jazz es quedarse corto. La Orquestra Galega de Liberación es un combo de gran formato creado por el siempre inquieto Xacobe Martínez Antelo no sabemos si para este concierto grabado en Santiago de Compostela o con algún afán de continuidad. Lo que sí es cierto es que la grabación es irrepetible, 10 temazos grabados en directo, basados en la improvisación y, como dice la contraportada del disco, compuesto a tiempo real mediante técnicas de improvisación dirigidas, asegurando que no había nada pactado de antemano ni aprendido ni compuesto; en resumen, la esencia de la improvisación en el jazz, con músicos que solo cuentan con su inventiva, su experiencia y sus oídos para conectar con el resto.

Frente a un disco así, uno se pregunta: ¿Queda espacio para las vanguardias en el panorama actual? ¿Qué vanguardias caben tras las vanguardias? Lo cierto es que el concepto de rupturismo estético necesita un statu quo que romper. En otras artes como la pintura o la escultura prácticamente se ha roto con todo pero en el jazz, la revolución constante es la base fundamental que lo mantiene vivo. En este sentido, basta comenzar a escuchar conciertos/discos como éste para percibir por qué el jazz es excitante. 


Dentro de todo este esquema de no-temas, el disco contiene 10 cortes llenos de momentos. Paisajes sonoros inusitados, inquietantes, excitantes, desconcertantes, todo un despligue de recursos que van de lo atonal a lo simplemente rítmico, que exploran las tímbricas de una orquesta tan dispar, con combo de jazz más cuerda más voces... Un desafío que pone de manifiesto la conexión entre los distintos artistas. Nada de lo que hayan escuchado antes se parece a esto y, sin embargo, tiene una conexión latente con mucho del jazz que se ha hecho en los últimos 50 años, de los setenta para acá. Con ese mismo espíritu, Xacobe Martínez Antelo ha bautizado el ensemble como Orquestra Galega de Liberación, inspirándose quizás en otro bajista (Charlie Haden) que debutó como líder con su Liberation Music Orchestra en 1969 (publicado por Impulse! en 1970). 

Grabado el 12 de septiembre de 2020 en el Teatro Principal de Santiago de Compostela, dentro del Festival Plataforma, el ensemble incluye 16 músicos que vienen campos tan distintos como la música clásica, el jazz, la vanguardia y la performance, todos ellos afincados en Galicia: Xacobe Martínez Antelo (contrabajo y dirección), Max Gómez (batería), LAR Legido (batería), Javier "Gdjazz" Pereiro (trompeta), Olivier Cano (saxofón alto), Xosé Miguélez (saxofón tenor), Diego Alonso (saxofón tenor), Rosolino Marinello (clarinete bajo), Rubén Fernández (voz), Faia Díaz (voz), Antonio Bravo (guitarra), Manuel Cebrián (guitarra), Elena Vázquez (violín), María José Pámpano (viola), Macarena Montesinos (violonchelo) y Saúl Puga (contrabajo). Casi nada. 

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* Más info: http://xacobemartinezantelo.com/discos/ver/24

EL HOMBRE TRANQUILO

JAVIER MARCOS, Ten Dez (Freecode Jazz Records, 2015)


En estos días nos llega el primer álbum del cantante vigués Javier Marcos. Con un juego de palabras en inglés y gallego en su título, Ten Dez es un álbum de canciones que van de Rodgers & Hart a Caetano Veloso, un viaje del swing a la bossa que se escucha con placer en la voz de este crooner de estilo poco habitual. Lo conocimos cantando manouche como invitado del David Regueiro Swingtet. Hoy llega con un disco intimista y cool.

Aunque no maneja un registro de voz muy amplio, Javier Marcos tiene un don en la voz, un trasfondo emotivo que seduce y transmite, que consigue sonar clásico y personal al mismo tiempo. Su languidez y la manera de arrastrar las notas lo instalan en un estilo cool muy acertado. Es como si su voz se deslizara por la partitura con la fluidez y la delicadeza del saxo de Gerry Mulligan y, en cierto sentido, nos recuerda a su colega Chet, pero con un timbre distinto, muy personal, ese tipo de voz que tiene un eco de sentimiento sin tener que recurrir a estridencias ni florituras, más interesante cuando aprieta el ritmo ("I Wish You Love") y emotivo cuando se trata de temas lánguidos ("Embraceable You"), en los que es capaz de detener el tiempo y transmitir más allá de lo que está escrito.

"There Is A Small Hotel", por ejemplo, es un swing de tempo medio que el contrabajo dirige con bastante autoridad y que contiene un solo de guitarra que nos traslada a cualquier club de otra época. Aquí podemos escuchar a Javier Marcos haciendo scat, algo en lo que no se prodiga porque es un cantante de palabras y apenas recurre a estos subterfugios, pero es muy interesante la manera en que da paso al solo de saxo. También podemos excepcionalmente oírle tararear en "Someday My Prince Will Come" dialogando con el saxo en un toma y daca que vale la pena escuchar. 

El álbum permite al cantante cambiar de registros al pasar de temas más clásicos como los anteriores o varios Gershwin ("Embraceable You", "Someone To Watch Over Me", "This Is New") al repertorio de la bossa ("O Leaozinho" de Veloso) y otras piezas menos frecuentes como "No Comboio Descendente", un tema compuesto por José Afonso musicando a Pessoa. 

Pero el disco tiene algo más que un repertorio interesante y un cantante original: contiene un gran trabajo del cuarteto que lo acompaña y unos arreglos que permiten una interacción sutil y ajustada de los músicos, que nunca estorban a la voz y que acometen los momentos instrumentales a medida. El cuarteto que acompaña a Javier Marcos está formado por Felipe Villar a la gutarra (que también hace los arreglos y con bastante acierto), Rosolino Marinello (Alberto Vilas Quinteto) al saxo tenor y poniendo un delicioso toque Cotton Club en "This Is New" con el clarinete bajo, José Manuel Díaz al contrabajo, con un gran sentido del ritmo y del espíritu clásico de todos estos temas, y Max Gómez, a la batería, otro gran músico con un conocimiento rítmico de lo que es el jazz de verdad y a quien hemos oído en muchas formaciones gallegas de jazz (Juyma Estévez Trío, Factor E-Reset...)..

Les dejo con un tema a trío anterior a la grabación del disco (no aparece en él) donde se echa de menos a Rosolino Marinello y la batería de Max Gómez, pero en el que se puede apreciar cómo de un tema lacónico se puede sacar con sutilidad una emoción ligada al jazz.




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* Web: http://javiervillarmarcos.wordpress.com


http://www.amazon.es/dp/1508469903
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ALBERTO VILAS QUINTETO

Nuevas visiones... cromáticas

Existe cierto antiguo refrán que comparaba a Liszt con Chopin. Lalo Schifrin lo (re)utilizó con los nombres de Bill Evans y Oscar Peterson. Para Schifrin, Peterson y Liszt conquistaron el piano; Evans y Chopin lo sedujeron. Extendiendo la alegoría, podríamos decir que Alberto Vilas lo enamora. La manera en que extrae la belleza de las 88 teclas con sus composiciones y su forma de tocar validan esta afirmación. En todo caso, tanto las referencias a Evans como a los clásicos vienen muy a cuento aquí porque el pianista que escuchamos hoy trae tras de sí una formacion clásica. Alberto Vilas, el músico en cuestión, presenta en su segundo disco, Crónica cromática, un álbum en quinteto, donde aúna heterodoxia y vanguardia con elegancia.

El primer punto a favor del disco cuando lo tenemos en las manos es su presentación. Ni caja de plástico ni digipack. El álbum llega en una espectacular caja de cartón sin plastificar. En su interior, el disco viene en un sobre de papel negro con el logotipo en relieve. El libreto, por su parte, es un A-4 plegado en seis partes que lleva en un lado la reproducción de una interesante pintura de Lolo Nantes y por el otro toda la información que corresponde al libreto. Una delicia para coleccionistas en estos tiempos de iTunes y sucedáneos.


En Crónica cromática está presente esa ductilidad del jazz para enredarse y transformarse con influencias externas y no tan externas. Alberto Vilas es un pianista de conservatorio (Vigo, en concreto), con formación jazzística (alumno de Abe Rábade y Paco Charlín en el Seminario Permanente de Jazz de Pontevedra) y con cierta experiencia en otras músicas como el rock y el tango (forma parte del proyecto Tangata). Todo esto tiene un peso específico en su manera de componer y se nota en el disco, donde el jazz fluye con la suficiente libertad como para adentrarse en ciertas sonoridades sin salirse de la senda.

En cierto modo, esto es lo más remarcable de Crónica cromática, el hecho de presentar un repertorio heterodoxo y transgresor a la vez, lleno de referencias jazzísticas pero innovador en estructuras, en armonías, en el mismo concepto del quinteto con piano, guitarra y saxofón, una formación no muy habitual pero que constituye un quinteto en el sentido más jazzístico de la palabra, aunque se permita la licencia de variar el número de músicos en algunos temas e incluso de hacer un maravilloso solo de piano en la coda del disco ("Alma en calma"). En lo innovador, la capacidad para integrar elementos ajenos al jazz y ese cromatismo del que Alberto Vilas presume en el título del disco, un cromatismo que queda patente en cada compás y en cada armonía. No hay que ser músico ni leer música para apreciarlo: se entiende en la diversidad de conceptos que se barajan tema a tema, en el sentimiento que hay en ellos y en la enorme paleta de colores (valga la metáfora) que podemos escuchar. A pesar de todo esto, los temas suenan de una manera fresca y natural, fácil de escuchar. Y esto no es poco.

El quinteto lo componen el guitarrista Felipe Villar, del que hablábamos hace poco por el lanzamiento de su álbum Home y que aquí tiene un papel principal, aportando color y, en cierto modo, espejando el lenguaje del piano. Nos ha gustado especialmente la manera en que ambos instrumentos se combinan, hablan y se responden en "Coma peixa na auga", un tema que contiene elementos funk de una manera sutil, un tanto sublimada. En "Onírica" también hay una conexión piano/guitarra ciertamente bella. Rosolino Marinello es nuestro descubrimiento de este disco, un saxofonista versátil (alto, soprano...) y, en cierto modo, clásico, que no defrauda y que se integra en el quinteto con eficacia. En el contrabajo está Juansy Santomé, al que hemos escuchado antes acompañando a Marcos Pin en el proyecto Organic Collective y en Factor E-Reset. Javier Barral nos ha sorprendido también por el uso que hace de las escobillas. Nunca habíamos notado tal abundancia de escobillas en un disco y con tan buen resultado. Cuando un batería es rítmico y espectacular sin recurrir al ruido ("Vai pasar", "Instante distante") tiene que recibir nuestro aplauso.

Como es nuestra costumbre, elegimos un tema del álbum. En Crónica cromática nos ha gustado especialmente este "Instante distante" porque suena canónico y, al mismo tiempo, contiene todos esos elementos de fusión con la clásica y el folk que mencionábamos, todo ello con una elegancia que es la seña distintitva de las composiciones de este disco. Que ustedes lo disfruten y, si es en formato físico, mejor.



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** Fotografía de Juan L. Amado.