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LA ÍNTIMA EXUBERANCIA DE DUKE ELLINGTON

BLOOM/FUNKHOUSER DUO, Exuberant Ellingtonia: Flute & Piano Sessions (Americas Musicworks, 2022)

Nos ha llegado uno de esos discos que sabemos que son joyas únicas antes de escucharlos. Exuberant Ellingtonia: Flute & Piano Sessions es un trabajo que explora la música de Duke Ellington de una manera íntima, con el sonido desnudo y, a la vez, tan elocuente de flauta y piano. Los responsables son dos músicos veteranos: el pianista John Funkhouser (Joe Lovano, Luciana Souza, Mark Walker) y el flautista Peter H. Bloom (FiLmprov Ensemble, The Modernistics). Ambos llevan una buena cantidad de años tocando juntos, entre otros proyectos, en la Aardvark Jazz Orchestra de Mark Harvey


El álbum no solo repasa clásicos de Ellington archiconocidos ("Prelude to a Kiss", "Sophisticated Lady", "Isfahan" o "In A Sentimental Mood") y sus inevitables temas bandera ("Caravan" de Juan Tizol, "Take The 'A' Train" o "Chelsea Bridge" de Billy Strayhorn) sino también rarezas menos habituales en las recopilaciones y homenajes a Ellington, como "I Let a Song Go Out of My Heart", una de las melodías más deliciosas del Duque, que apareció en 1938 como cara B de "The Gal from Joe's"; o el temazo "This Ain't What The Used To Be", una melodía que no fue compuesta por Duke Ellington pero que formó parte de su repertorio en 1941, cuando estaba en huelga contra la American Society of Composers, Authors and Publishers y no podía tocar sus propios temas en la radio. Por suerte, tenía donde elegir, y utilizaba temas escritos por Billy Strayhorn o por su hjjo, Mercer Ellington, que escribió este  "This Ain't What The Used To Be", entre otros temas.

Un repertorio singular, en versiones singulares e íntimas que exploran también la tímbrica de ambos instrumentos y su interacción, así como los límites del jazz, límites que la música del Duque sobrepasaba a menudo. 

Les dejo disfrutando de esta versión llena de blues de "I'm Beginning to See the Light", escrito por Ellington, Johnny Hodges y Harry James.



Y de regalo "This Ain't What The Used To Be".



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UN TRIBUTO A DUKE

THE MARK MASTERS ENSEMBLE feat. ART BARON, 
Masters & Baron Meet Blanton & Webster (Capri, 2021)

Se suele decir que el instrumento de Duke Ellington era la orquesta. Lo cierto es solía componer más para los músicos que para los instrumentos. Ese conocimiento de los miembros de la orquesta dio alma a sus formaciones y ha contribuido a que dejara una huella en la Historia del Jazz difícilmente superable, tanto en su aportación como compositor (se calculan casi 3000 partituras) como en la de director, dotando a la orquesta de jazz de la tímbrica y el color que la hacen identificable, tanto es así que su música suena casi a cliché. ¿Qué más se puede decir de un artista que estuvo en el Renacimiento de Harlem y seguía triunfando cuando Bruce Lee se convirtió en estrella? Que ojalá hubiéramos estado allí.

Art Baron
Quien sí tuvo la suerte de estar allí fue el trombonista Art Baron, que tocó en la orquesta de Ellington en 1973. Por desgracia, el Duque murió ese año. Pero la experiencia debió valer la pena. Este año ha vuelto a grabar la música del Duque dentro de uno los proyectos de Mark Masters, compositor y arreglista que lleva unos años devolviendo a la vida los songbooks de relevantes músicos americanos (Alec Wilder, Lee Konitz, Clifford Brown...), algunos en colaboración con el American Jazz Institute.

El proyecto en cuestión se llama Masters & Baron Meet Blanton & Webster. ¿Por qué Blanton y Webster? Como escribí más arriba, Ellington solía escribir pensando en qué músicos interpretaban su música y la época que va de 1940 a 1942 fue una de las más creativas y brillantes en su orquesta, entre otras cosas, por la presencia del tenor Ben Webster (que luego comenzaría a rivalizar con Johnny Hodges) y de Jimmy Blanton, un hombre que debería recordarse tanto como el de Webster porque su uso melódico del contrabajo demostró que se podía convertir en un instrumento solista, un punto de inflexión en el jazz que merece recordarse.

Jimmy Blanton

De esa época Blanton-Webster en la orquesta de Ellington, Mark Masters ha grabado en este disco una selección de temas reinterpretados con una visión contemporánea pero también respetuosa y llena de swing de 8 composiciones de Ellington y 3 de Billy Strayhorn entre las que está, por supuesto, el ineludible tema emblema de la orquesta, "Take The 'A' Train". También podemos escuchar el estándar "Perdido" de Juan Tizol

Mark Masters

Aparte de Masters como director y Art Baron como trombón solista, podemos oír en el disco a Tim Hagans como trompeta solista y un ensemble que reúne a cuatro saxofones (Kirsten Edkins Jerry Pinter alternándose las partes de Webster, Danny House en el alto y el clarinete, y Adam Schroeder en el barítono); tres trompetistas más (Scott Englebright, Les Lovitt y Ron Stout); dos trombonistas aparte de Baron (Les Benedict y Dave Woodley), el bajista Bruce Lett; interpretando a Blanton, y el baterista Mark Ferber.

"Todas las épocas de Ellington me interesan", comenta Masters. “Pero la Blanton-Webster Band representa un período de tiempo realmente notable. A Jimmie Blanton se le atribuye haber revolucionado el papel del bajo en la orquesta de jazz, convirtiéndolo en un contribuyente melódico en lugar de simplemente mantener el tiempo y establecer la armonía básica. Y Ben Webster era simplemente un gigante. Dio la casualidad de que los dos estaban en la banda al mismo tiempo, y luego agregas todas las grandes composiciones de Ellington y Strayhorn a eso." 

Por si les apetece una buena dosis de Duke Ellington con buenos arreglos y un sonido actual y brillante.


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* Web oficial: www.markmastersmusic.com

NOSTALGIA DE DAVE BRUBECK

ALAN BROADBENT, Broadbent plays Brubeck 
(Eden River Records, 2021)

En Broadbent plays Brubeck, el pianista Alan Broadbent presenta un homenaje único: una colección de temas que ha arreglado para orquesta de cuerda con una elegancia superior, dotanto a los temas escritos por Dave Brubeck de una dimensión nueva y, al mismo tiempo, natural, porque a nadie le cabe duda de que la principal inspiración del West Coast jazz de Brubeck siempre fue la música clásica. Por poner un solo ejemplo, me viene al oído su curiosa grabación  que se llamó Bernstein plays Brubeck plays Bernstein (Columbia, 1961) en la que Leonard Bernstein dirigía la New York Philarmonic para una suite en cuatro movimientos llamada "Dialogues for Jazz Combo and Orchestra" compuesta por Brubeck. Esto ocurría en la cara A del LP mientras que en la cara B el cuarteto formado por Brubeck, Desmond, Wright y Morello versionaba temas del West Side Story de Bernstein. No es de sus grabaciones más notables pero como curiosidad es excepcional.

Volviendo a Alan Broadbent, el disco, como su anterior Developing Story de 2017, está producido por Ralf Kemper y una vez más grabado en Abbey Road con la London Metropolitan (esta vez con su sección de cuerda). Le acompaña su trío de siempre (Harvie S al bajo y Hans Dekker a la batería). Broadbent dirige la sección de cuerda y el concertino es David Juritz, que tiene un delicado solo en "Strange Meadowlark“. 


Con esta formación, Alan Broadbent explora la obra de Brubeck con arreglos que enfatizan los aspectos de la música de Brubeck que enlazan la tradición sinfónica europea con la excitante serenidad del cool jazz. Broadbeant, que ya hizo arreglos (y digirió orquestas) para Paul McCartney, Diana Krall, Pat Metheny, Michael Bublé..., utiliza la sección de cuerda como si fuera un solo instrumento que formara un cuarteto con su trío. Suenan con precisión suiza, algo excepcional porque el piano se grabó aparte pero si los arreglos están bien hechos, estas cosas ocurren. Todo encaja y eso se nota en la emoción que comunica. 

Brubeck plays Brubeck
El libreto del disco lo presenta como una vuelta de Alan Broadbent a sus orígenes. Resumiendo, En 1961, cuando Alan tenía 14 años, encontró las transcripciones de Howard Brubeck, en dos volúmenes, del álbum en solitario de Brubeck plays Brubeck (Columbia, 1956) en una tienda de música en Auckland, Nueva Zelanda. En ese momento él solo conocía a Dave Brubeck por "Take 5" que estaba de moda y sonaba en la radio. Sin haber escuchado el disco, como buen lector a primera vista, aquel músico de 14 años comenzó a tocar las piezas tal como estaban escritas. Las armonías y las melodías le descubrieron el jazz que ha desarrollado en los últimos sesenta años. Cuando escuchó el disco original, todo le pareció familiar y nuevo a la vez.


Tenemos que decir que este álbum no tiene el mismo setlist del disco de 1956. Broadbent ha añadido otros temas icónicos del pianista de Concord, California, como  "Blue Rondo A La Turk", "Bossa Nova USA" o un tema compuesto por su hermano Howard Brubeck ("Theme for June"), quizás como homenaje y agradecimiento a aquellas transcripciones que le cambiaron la vida y contribuyeron a su visión del jazz.

Broadbent plays Brubeck busca, en sus arreglos, compartir con los aficionados aquellas sensaciones que le descubrió el LP de Brubeck y añadirle la expresividad única de los músicos de The London Metropolitan String Orchestra. Y el sonido es tan brillante que se puede sentir que lo ha conseguido.





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* Más artículos sobre Alan Broadbent en este enlace.

UNA CANCIÓN PARA KEITH JARRETT

NOAH HAIDU, Slowly: Song for Keith Jarrett 
(Sunnyside, 2021)

La inspiración de este álbum surgió con la noticia de la retirada de Keith Jarrett de los escenarios. El pianista de Illinois Noah Haidu tenía razones autobiográficas para sentir una emoción especial por esta retirada, ya que tenía una relación músico-emocional con él gracias a su padre, que fue quien le introdujo en la música de Keith Jarrett. Ir a sus conciertos se convirtió en una tradición para ambos pero, unas semanas antes del concierto en el Carnegie Hall, en febrero de 2017, su padre murió. Haidu acudió solo sin saber que era el último concierto que daría Jarrett, y se dejó llevar por la emoción. Tres años después, ya en el estudio, la prensa desveló el motivo del adiós del que ha sido uno de los pianistas más influyentes del jazz, y Haidu decidió dedicarle este álbum. 

En las notas del disco, confiesa: 
"El jazz era algo que mi padre compartía conmigo. Él respondía al jazz visceralmente, bailando con Monk, llorando con las baladas de Ben Webster y, cuando tenía un mal día en el trabajo, se tomaba un whisky y hervía con Cecil Taylor: podías ver el calor subiendo por su cuerpo. Cuan yo era joven, me puso el disco seminal de Keith Jarrett The Köln Concert, pero yo no era capaz de entender una forma de tocar el piano que no fuera en la tradición de Wynton Kelly o Gene Harris."
Esto cambió, afirma, cuando crearon su tradición paterno-filial de ir a escucharle en concierto. Jarrett se convirtió en una referencia fundamental para el joven pianista. En 2020, postergada su gira y la grabación de su disco, no llegó al estudio hasta otoño, cuando la prensa reveló el motivo del adiós a los escenarios de Keith Jarrett, convirtiendo el álbum en un homenaje. Y no solo porque Slowly: Song for Keith Jarrett incluya un tema suyo como es "Rainbow". Su forma de tocar en este álbum es el verdadero homenaje. 


Para el trío, ha contado con el contrabajista Buster Williams y el baterista Billy Hart, una de las secciones rítmicas más apreciadas de los últimos 40 años, ya que han tocado con grandes como Betty Carter, Miles Davis, Herbie Hancock, McCoy Tyner, Stan Getz, Kenny Barron... Con ellos construye un sólido homenaje a la época de Jarrett en trío, comenzando por un tema de composición propia ("Air Dancing") que, como su etéreo título, consigue que sus fraseos floten en el aire sobre el delicado ambiente creado por Williams y Hart. Entre esta acertada presentación y el tema final (el clásico "But Beatufiul") hay un puñado de temas que rondan ese espíritu del trío, incluyendo la conmovedora composición de Haidu "Slowly", una balada donde evoca la manera de Jarrett de enfocar sus discos a piano solo

Buster Williams, Noah Haidu y Billy Hart

Incluir el tema de Jarrett "Rainbow" puede parecer el homenaje más obvio pero es en los standards donde el tributo resulta más emocionante. "What A Difference A Day Makes", "Georgia" y "But Beautiful" nos llevan al repertorio clásico con el que Keith Jarrett, Gary Peacock y Jack DeJohnette se convirtieron en un trío de referencia. Y, como ellos, Haidu, Williams y Hart llenan el disco de complicidad, ritmo y expresividad.

Noah Haidu estudió en la Rutgers University con Kenny Barron, y pronto comenzó a saltarse clases para tocar en clubs locales. En su segundo año, abandonó los estudios y se marchó a Brooklyn para dedicar su tiempo a practicar y tocar en directo. Tras su álbum de debut de 2011, Slipstream, JazzTimes lo calificó como "rising star" y la revista Jazzwise como “un importante nuevo talento”. En los siguientes años y discos trabajó con Mike Stern, Jeremy Pelt, Sharel Cassity... Su proyecto anterior a Slowly fue Doctone (Sunnyside, 2020), un proyecto multimedia (documental, disco y libro) sobre la figura del desaparecido Kenny Kirkland. El documental se puede visionar en su web. Con Slowly van dos homenajes seguidos a dos pianistas imprescindibles. 
 


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* Web oficial: www.noahhaidu.com

ORNETTE COLEMAN REVISITED

MIGUEL ZENÓN, Law Years: The Music of Ornette Coleman 
(Miel Music, 2021)
Si por algo es fácil distinguir a Miguel Zenón es por búsqueda constante de la vanguardia, ya sea explorando lo inexplorado o revisitando clásicos para llevarlos a terrenos donde el riesgo es el horizonte más probable, como hizo con los cancioneros de Ismael Rivera, la música portorriqueña de su pasado en su Yo soy la tradición o la música cubana en su El arte del bolero, publicado también este año junto a Luis Perdomo. Con la vanguardia siempre por bandera y esa capacidad para mirar al pasado con ojos críticos, un homenaje a Ornette Coleman, uno de los padres de la vanguardia jazzística, parecía algo inevitable.

Con un cuarteto de músicos conocidos (Ariel Brínguez en el tenor, Demian Cabaud en el contrabajo y Jordi Rossy a la batería), Law Years fue grabado en directo en Basilea (Suiza) en el Birds Eye Jazz Club el 28 de mayo de 2019 y muestra esa energía que produce la cercanía del público y la excitación de lo irrepetible. También tiene ese sonido crudo, visceral, auténtico, que no se puede conseguir en un estudio aséptico y sin interferencias. 

Cabaud, Brínguez, Rossy y Zenón

Aunque con un sonido más actual, más sofisticado, todo el espíritu de Ornette está en este concierto: la velocidad, el riesgo, la atonalidad, esa sofisticación cambiante, creciente, inesperada, rompedora, especialmente en los ritmos, y esas melodías que daban sentido a todos los temas (qué maravilla "Dee Dee", "Law Years", "Giggin"...). No puede ser de otra forma: los cuatro músicos arrastran su influencia. 




El propio Zenón cuenta en las notas del disco que escuchaba a Ornette cuando era un adolescente y vivía aún en Puerto Rico, en una era previa a Internet, sin información de ningún tipo, y un amigo le prestó The Shape of Things to Come y el primer par de notas de "Lonely Woman" le dejó atónico, en estado de shock. En el libreto del disco, Zenón cuenta también que conoció a Ornette Coleman en persona, y que sus encuentros eran del tipo:
Zenón: “Sr. Coleman, estoy seguro de que no me recuerda. Mi nombre es Miguel y soy un saxofonista alto y uno de sus mayores fans."
Ornette: “Encantado de conocerte, Miguel. ¿Has pensado alguna vez qué pasaría si tocas La y Mi bemol al mismo tiempo?
Influenciados o inspirados, lo cierto es que estos cuatro músicos llegan aquí con una ventaja: la experiencia. Caminan con conocimiento el camino de baldosas amarillas que Ornette pisó por primera vez sesenta años antes, sin saber a dónde le llevaba. 

El riesgo, sin embargo, está presente en todo el concierto. Por ejemplo, aunque tanto Brínguez como Cabaud y Rossy habían tocado antes con Zenón, el cuarteto es inédito. Nunca habían tocado juntos los cuatro. Zenón cuenta que les envió una lista de sus temas favoritos, hicieron la prueba de sonido y de ahí directamente al concierto. El resultado está en el disco. Esa inesperada reunión portorriqueño-cubano-argentino-española favorece el espíritu de espontaneidad inherente a la figura de Ornette y la conexión de los músicos funciona. Todos, de alguna manera, han recibido de alguna manera su influencia y aportan sus personalidades para contribuir a que el espíritu de Ornette siga fluyendo hacia el futuro, redibujando entre los cuatro la forma de las cosas que están por venir. 

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UN TRIBUTO A DIZZY

JOHN BAILEY, Can You Imagine? (Freedom Road, 2019)

En 1964, Dizzy Gillespie se presentó como candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Lo que empezó con una broma de su departamento de marketing, que hizo unas chapas en las que se leía Dizzy For President, continuó con una campaña real a la presidencia y terminó en un concierto memorable en el Festival de Jazz de Monterrey. Hay un disco que recoge aquel concierto y que se llama, precisamente Dizzy For President (Knits Classics, 2004, reeditado). En este disco podemos escuchar la canción "Salt Peanuts" rebautizada como "Vote Dizzy" con una letra que decía así: 

Your politics ought to be a groovier thing.
Vote Dizzy! Vote Dizzy!

So get a good president who’s willing to swing.

Vote Dizzy! Vote Dizzy!

El trompetista John Bailey, "hijo" musical de Dizzy, lleva en su coche la matrícula DIZ4PREZ. Si esto no les sirve de pista, escuchen su nuevo disco, un homenaje en toda regla a aquella campaña medio en serio medio en broma de Dizzy para presidente. El álbum se llama Can You Imagine? (Freedom Road Records, 2019) y reúne en este álbum una serie de temas inspirados por ella, desde temas originales como "The Blues House" (sí, Dizzy quería rebautizar la Casa Blanca con este nombre), un blues que termina con un brillante juego de llamada y respuesta; "Peebles in the Pocket" o una suite titulada "President Gillespie Suite" que juega con los eslóganes de aquel momento y es, a la vez, homenaje a lo que podría haber sido ("The Humanitarian Candidate") y una broma por lo que en otros ámbitos fue ("President Gillespie's Birthday Song"). Esta suite está llena de nostalgia, notas tristes y también un sinfín de guiños musicales a Dizzy, tanto en el uso de esos acordes que le hacían distinguible como en citas explícitas y muy reconocibles de sus temas más conocidos. 

Foto: Matt Dine
En lo estrictamente jazzístico, hay que reconocer que John Bailey es un trompetista desconocido en nuestro país pero que merece la pena conocer y escuchar con atención. Tiene esa desfachatez de Dizzy al improvisar, explosiva y, a la vez, limpia, natural. Su sentido del ritmo está patente en todo el proyecto, con un swing incansable que está lleno de bebop, latin, soul..., más elocuente incluso cuando toca el fliscorno. Con una gran experiencia como músico y docente a sus espaldas, este trompetista de Nueva York formó parte de la banda de Buddy Rich cuando aún estaba estudiando, y ha trabajado y grabado con artistas como James Moody, Kenny Burrell, Dr. Lonnie Smith... hasta en 75 álbumes de jazz, entre los que se cuentan dos discos ganadores del Grammy: The Offense of the Drum (2014) y Cuba - The Conversation Continues (2015), dos discos de Arturo O'Farrill. La influencia latina está patente en dos temas de este disco ("Valsa Rancho" de Chico Buarque y "Ballad For Oro, Incienso y Mirra" de Chico O'Farrill), una afinidad electiva heredada, claramente, de Diz.


Su sexteto está formado por Stacy Dillard (saxos soprano y tenor), Stafford Hunter (trombón), Edsel Gomez (piano), Mike Karn (contrabajo) y Victor Lewis (percusión), a los que se suman, en algunos temas, Janet Axelrod  (flauta) y Earl McIntyre (trombón bajo y tuba). Entre todos construyen un disco de bebop, cubop y músicas cercanas con elegancia y un sonido limpio y bien trabajado que redunda en un disco recomendable para descubrir a un veterano trompetista desconocido en España, un disco en el que hay muy buen jazz y una buena cantidad de homenaje sonoro a Dizzy pero, sobre todo, intelectual, a su forma de pensar, de enfocar el mundo y, por supuesto, el jazz; un homenaje que nos hace pensar en lo imposible (¿un trompetista presidente?), pensar que podríamos estar gobernados por gente más humana, más digna y con más sentido del humor. En todo caso, ¿se imaginan que Dizzy Gillespie hubiera ocupado la Casa Blanca en 1965? Can you imagine?


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* Web oficial: www.johnbailey.com

THE BEATLES REVISITED

BOREAS, In My Life (Tiny Moon, 2017)

Recibimos con alegría la noticia de que la compañía discográfica Tiny Moon Records, creada por el guitarrista Valentín Caamaño (de la que hablábamos la semana pasada) tiene continuación. Se trata de una formación liderada también por un guitarrista (Álvaro Vieito), con un pianista enorme como Xan Campos y, completando la sección rítmica, Luis Salto al contrabajo y Jesús Pazos a la batería. El nombre del cuarteto es Boreas.

Bóreas es un viento del norte que nos trae influencias pop de más allá del Canal de la Mancha; las de The Beatles, en concreto, porque In My Life es eso, otro homenaje a los Cuatro de Liverpool. Pero este con la sensibilidad jazzística y colorida de sus músicos. Evitando estéticas pop, los cuatro músicos interpretan estos clásicos desde la raíz misma del jazz, esa que fluye de la improvisación y el ritmo sincopado. 

Álvaro Vieito
Grabado en FJR Studios y producido por Álvaro Vieito y Luis Salto, el álbum comienza con una de  mis menos favoritas canciones de Lennon y McCartney, "Eleanor Rigby". Desde el arranque, se percibe una filosofía del ritmo que nada tiene que ver con el original. Vieito, en especial, despliega los compases sacando lo máximo de cada melodía. Formado en Galicia y Nueva York, entre otros lugares, y residente en Sevilla, es un músico fresco que muestra un ansia de improvisación que parece interminable y posee un toque de melancolía en la elección de los acordes. Desde que lanzara en 2010 su álbum de debut Introducing (Azos Jazz, 2010) producido por Abe Rábade, se ha movido inquieto, como todo buen músico de jazz, en diversas formaciones, desde su cuarteto y quinteto hasta otras como S.E.M. Big Band, Xerpo, Hira-Joshi, Javier Ortí o Un paraguas japonés de Lola Botello

Foto de Álex García
El piano es otro de los protagonistas de In My Life. Sería muy difícil elegir un solo de Xan Campos en este disco. Quizás en el chispeante "Can't Buy My Love" (versión muy lejana al rock and roll que fue), donde comienza su solo con un aire latino para después convertirse en puro vértigo, sea el tema donde Campos brilla más, pero es sólo una percepción: en todo el disco la sección rítmica convence, pero no hay duda de que lo hace de una manera especial cuando el piano aporta esa alegría percutiva como contraste al tono de la guitarra, más cercano a la voz en las armonías de sus acordes. 





Algunos temas son destacables pero, en general, el disco es bastante homogéneo tanto en calidad como en estética. Dos temas (quizás por motivos sentimentales pero también por el enfoque jazzístico) merecen, a mi parecer, destacarse. El primero es "Michelle", que pasa de ser una balada a sonar con un enfoque de jazz progresivo o jazz-rock con los acordes de la guitarra eléctrica. El reconstruido "Come Together" tiene unos excelentes momentos de blues en las cuerdas pero gana tanto en la improvisación de Vieito que uno termina olvidándose del original. 


El disco, paradójicamente, no termina con una composición de Lennon y McCartney sino con una de Meredith Wilson, aunque hay que decir que el tema aparecía en el segundo álbum de los Fab Four, With The Beatles de 1963. "Till There Was You" es un temazo para terminar el álbum. A pesar de tener una melodía repetitiva y muy blanda, casi pop (el tema venía de Broadway, del musical The Music Man de 1957), resulta un eficaz vehículo para hacer volar a la sección rítmica y para escuchar a modo de conclusión la capacidad de improvisación de la guitarra y (de un modo más breve pero igualmente placentero) el piano.

DEAR DIZ

Arturo Sandoval as Dizzy Gillespie

Lo que tenemos entre las manos es un proyecto de amor a la música y, más concretamente, a la música de Dizzy Gillespie. Dear Diz (Every Day I Think of You) (Concord, 2012) es el homenaje total grabado, arreglado e interpretado por Arturo Sandoval (Artemisa, Cuba, 1949),  para quien Dizzy fue algo más que un ídolo, más que un gurú, más que un maestro.




Sandoval conoció a Gillespie en el año 1977 en la misma Cuba. La isla, que había sido en los años 40 una de las mecas del jazz gracias a los turistas norteamericanos, estaba ahora fuera de los circuitos. Se cuenta que Dizzy fue hasta allí con Stan Getz para realizar unos bolos, algo parecido a una gira improvisada. De paso, quería conocer las músicas autóctonas y encontró el guía adecuado en un trompetista de veintitantos: Arturo Sandoval. La amistad entre ambos trompetistas duró hasta la muerte del primero y tuvo muchos y muy provechosos capítulos. Diz ayudó a Sandoval a salir de la Cuba comunista y en los 80 el cubano formó parte, entre otras grandes luminarias del latin jazz, de la United Nation Orchestra...

El que hoy nos trae aquí es un álbum en el que se repasan un puñado de temazos de Dizzy arreglados para big band e interpretados con la pasión del hijo cubano y la sabiduría de sus muchos años de experiencia. No es sólo un gran tributo al icono sino una muestra de que (locuras aparte) Arturo Sandoval puede tocar como si fuera Dizzy, reproduciendo las complejidades armónicas del original, paseando por las notas altas sin miedo y reproduciendo ese timbre tan particular de aquella trompeta doblada... Esto, y figuras en el álbum como Gary Burton, hace muy apetecible la escucha, pero una vez dentro, uno puede creer que hemos vuelto a la época en que Machito y Dizzy hacían sus travesuras (entonces innovadoras y desafiantes) sobre los escenarios, la época en la que el latin jazz eclosionó en los USA, o con Machito y Charlie Parker, o con Dizzy y Chano Pozo...

Pero no es así. El sonido, aunque excitante, es tan aséptico y perfecto que esta posibilidad suena inverosímil. Es, con todo, un gran álbum y escuchar a Arturo Sandoval siempre es un placer, mucho más cuando se pone a la altura de Dizzy imitando su estilo para gozo de los admiradores de ambos.


La big band está formada por Arturo Sandoval (voz y trompeta); Dustin Higgins, Brian Nova (guitarras); Ralph Morrison, Sara Parkins (violines); Roland Kato (viola); Trevor Handy (cello); Dan Higgins (flauta, flauta alta, piccolo, saxo alto); Rusty Higgins (flauta y saxo alto); Rob Lockart, Brian Scanlon, Bob Sheppard (clarinetes y saxo tenor); Greg Huckins (clarinete bajo, saxo barítono); Bob Mintzer (saxo tenor); Willie Murillo, Dan Fornero, Gary Grant, Wayne Bergeron (trompeta, fiscorno); Steven Holtman, Andy Martin, Bruce Otto (trombón); Craig Gosnell (trombón bajo); Shelly Berg (piano); Joey DeFrancesco (Hammond b-3); Gary Burton (vibráfono); Gregg Field (batería); Andy Garcia (bongos); Joey de Leon, Munyingo Jackson (percusión).

LEO GIANNETTO'S JAZZ PROJECT

Todo pasa por el tamiz del jazz

Últimamente mis ansias musicales caminan en solo un sentido: el jazz. Hace un millón de años que no surge un músico o grupo de rock que me haga comprarme un disco. Para ser más concreto, mi melomanía es más bien una dicotomía. Por un lado, sólo escucho jazz. Por otro, sigo intentando recuperar aquel The Police de mis años de instituto, haciéndome con todos las rarezas, conciertos y apariciones sonoras que puedo recopilar, culminando esta pasión con el inolvidable concierto del Rock in Rio Madrid del año pasado. Como ya expuse aquí mismo hace unos meses cuando encontré el perseguidísimo disco de Bob Belden, todo aquel que versione algún tema de Sting se convierte en mi objetivo (y de mi tarjeta de crédito).

Leo Giannetto’s Jazz Project es el último gran descubrimiento de mi colección. Su Tributo a The Police (Audia Records, 2007) supone una revelación: un grupo de músicos versátiles capaces de enfrentarse a cualquier estilo de jazz. Ése es el proyecto real de Leo Giannetto: sus reinterpretaciones de los temas de The Police caminan en direcciones tan opuestas como el swing o el jazz latino, convirtiendo temas pop mil y una veces escuchados en piezas únicas, frescas y nuevas.

Lo que más me ha gustado de Leo Giannetto y su Jazz Project es su flexibilidad. Su visión global le permite enfocar lo que originalmente era rock progresivo desde un punto de vista jazzístico envidiable. Sus arreglos y “rearmonizaciones” suenan tan nuevas como si las acabara de componer, como si siempre hubieran sido jazz. No importa el espíritu primitivo del tema, él lo convierte en algo distinto (¡qué grande el final de Bring on the night) y estimulantemente original. Hago este vehemente comentario porque hacía tiempo que no disfrutaba de unas versiones como con éstas. No suenan tan elaboradas ni tan químicamente complejas como las de Bob Belden, por poner un ejemplo... Los (enormes) músicos que lo acompañan ponen jazz e improvisación en cada acorde, conocedores del abanico de posibilidades que pueden sacar de los temas y de sus instrumentos, creando constantemente sin repetirse, sin aburrir.

Leo Giannetto es un guitarrista uruguayo afincado en Galicia y ha publicado con LGJP, además del Tributo a The Police, dos álbumes. El primero fue Beatles & Jazz (2006) donde hace malabarismos tan brillantes como convertir Can’t buy my love en un blues (impagable el poderoso trabajo de Javier Constenla al piano y el acertado y lastimero aporte del saxo de Jose Nine) o hacer que Hey Jude y I’ll follow the sun suenen como baladas de tempo medio llenas de swing.

El último trabajo de LGJP es un álbum llamado Popjazz performances (2009) e incluye una amalgama excitantemente heterogénea de versiones que van desde U2, Bee Gees, Rolling Stones, Eric Clapton hasta Michael Jackson... Si bien la elasticidad creativa de Leo Giannetto sigue patente en este disco y su personal voz de crooner del siglo XXI no desmerece los arreglos, el resultado es desigual. En temas como Sultans of swing (Dire Straits) o Satisfaction de los Stones, el grupo pone toda su técnica al servicio de la improvisación y suenan momentos fabulosos, pero en otros como Layla (Eric Clapton) o Imagine (John Lennon) la rearmonización jazzística no cumple con su cometido y no pasan de sonar a temas pop a pesar del esfuerzo de los músicos. Quizás por esto el álbum se titule Popjazz performances... Hay raciones de jazz y raciones de pop. Para resarcirnos y para recordarnos que estamos ante un disco de jazz, el álbum termina con una versión llena de swing del Lady Madonna de The Beatles, donde después de la exposición del tema se suceden a galope los solos de todos los miembros del grupo, un derroche de virtuosismo e improvisación que casa perfectamente con el espíritu de LGJP. Al final, jazz.

LGJP son:

Leo Giannetto, voz y guitarra

Javier Constenla, piano

Diego Pérez, bajo

Carlos Arévalo, batería

Se les puede escuchar en Myspace: www.myspace.com/leogiannetto