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RIESGO

XOSE MIGUÉLEZ, Ontology (Origin, 2019)

Riesgo es el título del capítulo que la serie Jazz de Ken Burns dedica al bebop y, aunque el bebop ha dejado de ser una novedad, el jazz sigue avanzando y siguen apareciendo buenos músicos capaces de arriesgar, de darlo todo por encontrar ese (eterno) nuevo camino que es la arriesgada esencia del jazz. En el disco del saxofonista Xose Miguélez sólo hay un tema que se podría clasificar como bebop, pero se aprecia su gusto por el riesgo en la manera en que busca la atonalidad y la manera de romper las normas, una estética tan difusa como la portada del álbum pero que ofrece buenos resultados a la escucha. El álbum se titula Ontology.

Comencemos diciendo que el disco ha sido publicado en Estados Unidos por Origin Records, y que fue premiado en mayo en los Premios Martín Códax en la categoría de Jazz y Músicas Improvisadas. Pero, para escuchar este disco, hay que empezar por el final: el último corte del disco, una balada gallega interpretada por la tía-abuela de Miguélez y recogida por la etno-musicóloga suiza Dorothé Schubart hace 40 años. Un juego de 4 notas de esta balada, por increíble que parezca, es la melodía en la que se basan los otros nueve temas del disco. Curiosamente, la idea no surgió de Miguélez sino de otro de los músicos del disco, el también tenor Matt Otto. El título del álbum, Ontology, está en relación con esa búsqueda metafísica de las relaciones entre el ser y el mundo y, por supuesto, con su pasado, búsqueda que tiene su continuación en el segundo tema, de título elocuente ("Chasing Myself")...

De este modo, la melodía tradicional heredada por Xose Miguélez, se convierte en un jazz moderno y vanguardista, de raíz clásica pero buscando lo nuevo, lo personal, el riesgo en la atonalidad y el inconformismo, esa continua lucha del jazz contra las normas. La antigua balada gallega suena a una mezcla de Dexter Gordon y los nuevos estilos de Nueva York ("Sweet Delia"), a bebop ("Missed Call"), a avant-garde que se transmuta en jazz fusión con el solo de guitarra de Storm Nilson ("Under The Big Tree") o, como en el caso de "Chasing Myself", a mainstream distorsionado, con ese contraste entre el toque clásico del vibráfono y el sonido electrónico del EWI, un diálogo que rompe contra un solo de saxo clásico y potente en el que se impone la personalidad de Miguélez.

En resumen, estéticas bien diferentes que sirven para apreciar la capacidad de Xose Miguélez para expresarse dentro del jazz con muchas voces y una sola personalidad. Como compositor, se nota que quiere expresar todas y cada una de sus inquietudes como músico y, como músico, se percibe una experiencia profunda y con capacidad para ir siempre más allá. 

Les dejo con el vídeo de "Sweet Delia", una balada clásica que, en los arreglos, arriesga buscando un sonido no tan limpio, no tan clásico. Noten que el estéreo de la grabación coloca a Miguélez y a su invitado, el tenor Matt Otto, separados, uno en cada canal del estéreo (o en cada auricular, si lo prefieren), pasándose la melodía con una delicadeza difícil de lograr en el tenor y jugando a contestarse aquí y allá; y noten también que la estética de las imágenes es muy noir (a pesar de ser en color), con esa melancolía de la música que arrastra un lejano sentimiento de blues y que es tan inherente a la noche. 


El álbum fue grabado en los estudios Roof Top Media de Kansas City, MO, entre los días 11 y 13 de agosto de 2018. Los músicos del disco son: Xose Miguélez (saxo tenor), Storm Nilson (guitarra), Ben Leifer (contrabajo y bajo eléctrico), John Kizilarmut (batería y, sorprendentemente, también cajón flamenco), Peter Schlamb (vibráfono) y Matt Otto (saxo tenor, EWI y productor). 


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* Web oficial: www.xosemiguelez.com

EL BAJISTA DE PERSONALIDADES MÚLTIPLES

MOPPA ELLIOTT, Jazz Band / Rock Band / Dance Band 
(Hot Cup Records, 2019)

El bajista y fundador de Mostly Other People Do the Killing, Moppa Elliott, no deja de sorprendernos. Incluso si están acostumbrados a la fluctuante diversidad en la discografía del cuarteto, este nuevo lanzamiento de Elliott en forma de triple álbum en dos CD's supone todo un desafío para el oído. Después de su última locura, un álbum de improvisación para contrabajo solo titulado Still, Up In The Air (Hot Cup, 2016), ahora presenta Jazz Band / Rock Band / Dance Band, tres álbumes construidos sobre tres formaciones distintas y con filosofías diferentes que significan un reto musical y personal y que vuelve a mostrarnos el eclecticismo y la polivalencia de Moppa Elliott como contrabajista, como compositor y como arreglista. 

Tres álbumes en un doble CD. ¿Por dónde empezar? Lo único que tienen en común las tres grabaciones son las composiciones de Elliott, incluso las 3 formaciones sólo tienen en común al bajista. Su lanzamiento en un solo álbum y la coincidencia temporal (en el espacio de un año y medio) de las grabaciones (realizadas entre marzo de 2017 y mayo y julio 2018) muestran no una evolución sino un interés concreto en explorar distintas estéticas, algo que algunos músicos desarrollan con el tiempo y la controversia (Miles, por ejemplo) y otros, como el también bajista Christian McBride, se atreven en un solo álbum (aquel celebrado triple CD llamado Live at Tonic), ejemplos de músicos multidireccionales (o quizás con personalidades múltiples).

Con su habilidad para los arreglos y una capacidad inusual para enfocar los temas desde puntos de vista muy originales, Elliott es capaz de presentarnos swing o rock and roll con una óptica distinta, desplazada, como si utilizara algún tipo de pensamiento lateral para entender lo que otros han tocado y explotado como clichés. Lejos de lo usual, ahí está Moppa Elliott.

Para ello, convoca a tres formaciones distintas: un quinteto etiquetado como jazz band llamado Advancing on a Wild Pitch (formado por Moppa Elliott, Sam Kulik, Charles Evans, Danny Fox y Christian Coleman), que elabora un jazz swingueante y, a la primera escucha, arcaico; pero, bajo una escucha más profunda, responde a puntos de vista muy originales, tanto rítmica como armónicamente. Por otro lado, está la rock band, llamada Unspeakable Garbage (Moppa Elliott, Jon Irabagon, Nick Millevoi, Ron Stabinsky y Dan Monaghan), que toma elementos clásicos del rock'n'roll para establecer espacios de improvisación, especialmente rítmicos; y, por último, podemos escuchar en el último disco una dance band bajo el nombre de Acceleration Due to Gravity (George Burton, Mike Pride, Nate Wooley, Dave Taylor, Matt Nelson, Bryan Murray, Dr. Kyle Saulnier, Ava Mendoza y, por supuesto, Elliott) que hace un jazz ecléctico, moderno y pariente de la atonalidad que contiene elementos de los dos anteriores pero con mucha más libertad improvisadora, tímbrica y transgresora. Mucho más interesante que los otros dos.  

Como suele ser habitual en otros trabajos de MOPDtK, las composiciones de Elliott llevan como título topónimos del estado de Pensilvania, de manera que podemos decir, a modo de pensamiento reconfortante, que en medio de tanta innovación algo en el Universo Moppa sigue inalterable. 


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* Moppa Elliott: moppaelliott.com

* Hot Cup Records: hotcuprecords.com

CAÍDA LIBRE

Julián Sánchez, Luz Prado, Juan Masana, Javier del Barco,
One Two Free Fall (Underpool, 2017)

Creo que fue Robert McKee quien escribió que el arte consiste en poner orden en el caos. O quizás fuera Sartre... Escuchando el álbum que hoy nos ocupa, con su singular dialéctica entre los músicos, con sus armonías y melodías que se deshacen y se reordenan de manera alternativa y (en apariencia) aleatoria pero siempre excitante, llego a la conclusión de que quizás exista realmente una narrativa (no sólo musical) donde el orden no es necesario o donde ciertamente es posible hacer del desorden un arte.

El álbum, One Two Free Fall, es el proyecto de cuatro músicos que se acercan al free jazz como todoterrenos. Lideran el trompetista granadino Julián Sánchez (Parkerland Nonet, Pedro Cortejosa Septeto) y la violinista Luz Prado, cuyas improvisaciones desvelan experiencia, energía y una expresividad enormes. Completan el cuarteto el contrabajista Juan Masana y el versátil Javier del Barco. Avant-garde, música contemporánea, free..., estéticas que se entrelazan y, en ocasiones, colisionan en este disco. 

Desde el comienzo, con un tema lleno de efectismos cambiantes, sorpresas y mucho sentido del humor, el cuarteto demuestra que mira más allá de lo posible y de lo explorado. Parece no haber guión ni un ritmo determinado. Se titula "I Don't Know Why But I Like It" y hace honor al título. Engancha. "Marmeládov" se mueve a través de un seductor tempo en el que juegan contrabajo, toms y charles, con Sánchez sobrevolando el tema principal con un toque cool, con o sin sordina, muy intenso e inspirado, hasta que el tema cae en el abismo del desorden y el caos y recordamos que estamos escuchando free jazz. En ese momento, Prado asume el poder con una furia que, finalmente, se va transformando en lirismo roto.


"Poco a poco" entra swingueante con un riff de contrabajo que hipnotiza. Trompeta y violín se unen buscando una atonalidad cercana al soul jazz pero más próxima a una estética mingusiana que a la comercialidad del hardbop. Sigue "Lonely", un tema lento donde Sánchez utiliza la corneta, un corte que mantiene una tensión fantástica durante casi 9 minutos y que da paso a "A Pique D", un groove enérgico, donde la sección rítmica se lanza mientras Sánchez ejerce de bopper con una modernidad tan libre que descoloca. Es un tema lleno de cambios de ritmo y de registro, y no se queda ahí. Está compuesto por Julián Sánchez, como todos los temas excepto el que sigue, titulado aquí "Loves" y que, en realidad, está basado en dos composiciones anteriores: "Love in the Garden" de Zbigniew Seifert (violinista de Tomasz Stanko en los 70) y "Love in Outer Space" de Sun Ra. En esta pieza hay elementos de música concreta, como timbres y otros objetos. Las percusiones (donde también contribuye Sánchez) y el juego bajo-batería convierten este tema de sonoridades improvisadas en una especie de danza surrealista. El álbum termina con "Requiem", liderado por la lacónica melodía del violín. Solos inesperados y un final acorde dan sentido al tema y ponen, como si dijéramos, orden en el caos.



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* Webs :

Luz Prado: www.luzprado.com

Julián Sánchez: juliansanchezmusic.com

* Foto: Dani Álvarez (de la web de Julián Sánchez)

INFLUENCIAS, INSPIRACIÓN, ORIGINALIDAD

DWIKI DHARMAWAN, Rumah Batu (Moonjune, 2018)

El sello Moonjune acaba de lanzar el último álbum de Dwiki Dharmawan, un mes después de reeditar su celebrado Pasar Klewer de 2016. Este nuevo trabajo del pianista y compositor indonesio, titulado Rumah Batu, ha sido grabado en el Penedés, salvo las voces y algunos instrumentos que fueron añadidos más tarde en Indonesia, y fue mezclado en Inglaterra. Cuenta con la participación del versátil Carles Benavent y de otros músicos de este sello discográfico como Yaron Stavi al contrabajo y Asaf Sirkis en la batería, ambos músicos israelíes afincados en el Reino Unido. El guitarrista franco-vietnamita Nguyên Lê y media docena de invitados completan el elenco de este disco caleidoscópico.


Dharmawan es un pianista, compositor e improvisador de los que gusta escuchar, con ese abanico aparentemente infinito que dan 30 años de experiencia en la música. Inspirado y versátil, posee por momentos una lírica espacial o un groove contagioso. Por supuesto, no estaríamos hablando de este pianista si se limitara a hacer swing o un jazz mainstream sin personalidad. Dharmawan destila elementos sonoros de su propia tradición dentro de los esquemas del jazz y la improvisación, se mueve entre el avant-garde, el jazz rock y el world jazz (aunque estas etiquetas, como todas las etiquetas, se le quedan cortas), configurando un estilo personal que ha consolidado a lo largo de una docena larga de álbumes que incluye, entre otros, discos muy potentes grabados en directo, en el Festival de Jazz de Viena o en el Baked Potato de Los Angeles, por ejemplo.



De los 8 temas que componen álbum, dos conforman la "Rumah Batu Suite", que ocupa casi 27 minutos del disco. La primera parte (titulada "Kaili") tiene una intro basada en una melodía tradicional y un desarrollo fascinante, con toques funk y cercanos al rock progresivo. La segunda ("Perjalanan") aparece acreditada como una composición coral de los cuatro músicos (Dharmawan, Lê, Benavent, Stavi y Sirkis), lo que apunta más a una improvisación colectiva que a una composición. El resultado es un tema cambiante y lleno de detalles. Resulta fascinante, dentro de todos los momentos fascinantes del álbum, escuchar esta suite con dos bajistas, uno sin trastes (Benavent) y un contrabajo (Stavi).

Dharmawan es un músico para conocer más a fondo. La voz étnica que sobrevuela la inspiración del jazz de Dharmawan se acerca por momentos a armonías árabes concomitantes con el jazz flamenco, donde Benavent es maestro, pero aporta también una paleta sonora inaudita, de armonías desconocidas para los aficionados occidentales, gozosa de escuchar y que liga con facilidad con la síncopa y con la improvisación, por lo que resulta un disco recomendable para aficionados de mente abierta e inquieta. Rumah Batu es la prueba de que el jazz sigue vivo, evolucionando, absorbiendo con cada músico y en cada rincón del mundo todas las influencias que puedan resultar enriquecedoras, como ocurrió en el principio de los principios, incluso antes de Congo Square.

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Los músicos invitados son: Sa'at Syah, flauta de bambú; Ade Rudiana, percusión kendang; Dewi Gita, voz; Teuku Hariansya & Indra Maulana Keubitbit, percusiones; Smit, voz y flauta sulawesi; y la orquesta gamelan Nyoman Windha's Gamelan Jass Jegog


INNOVACIÓN VINTAGE

RAFAEL BARRERA, Amser (2017)

Quizás un comienzo electrónico no parezca lo más adecuado para un disco de jazz, pero el "Galactic Blues" con el que comienza Amser, el álbum de debut como líder del pianista mexicano Rafael Barrera, resulta un sorprendente ejercicio de nostalgia de aquellos experimentos  electro-acústicos del jazz de los 70, un experimento que salva con nota el pianista con una melodía efusiva, cantable, que hace que el ruido redunde en belleza.

Dentro del jazz de Barrera, fluido, elocuente, orgánico, el elemento más sorprendente es la utilización de un sintetizador de vientos (EWI), que complementa al trío de piano y le da ese tono vintage o atemporal. Aunque la parte electrónica es mínima, esta es la filosofía con la que se podría definir casi todo el álbum: novedad, experimentación electrónica y rítmica, y una búsqueda de lo bello por caminos poco trillados.

Daniel Newberry se encarga del instrumento electrónico, Will Joy está en el bajo y James Edmunds a la batería. Con este disco grabado en el Reino Unido, el pianista Rafael Barrera se presenta como líder, solista y compositor de todos los temas (seis), en los que prima la expresión del piano como elemento rítmico, consiguiendo con los cambios de tempo y las repeticiones ambientes líricos y emocionales para el oyente, navegando en un territorio intermedio entre Wynton Kelly y algún ejemplo de música contemporánea y popular como Suzanne Ciani, cuyo lirismo está patente, por ejemplo, en "Relative Light", o Michael Nyman, quien también utiliza este tipo de estructuras repetitivas, obsesivas, que toca Barrera en temas como "Settling In" y "Van Gogh's Way To Madness", por ejemplo. Ecos de espíritus más libres (como Sun Ra o Chick Corea) y más cercanos al jazz (como Esbjörn Svensson o Brad Mehldau) también están presentes en la forma de tocar de Barrera. De este modo, crea un todo que es un jazz moderno, original, inspirado por la música contemporánea y también por el concepto pop de música contemporánea que hizo famosos a los músicos citados.

Hemos hablado con Rafael Barrera y ha tenido la cortesía de responder a nuestras preguntas. Transcribimos la entrevista. Como banda sonora, pueden escuchar el tema que abre el disco: "Galactic Blues".



ENTREVISTA

Jazz, ese ruido: ¿De dónde viene y a dónde va Rafael Barrera?
Rafael Barrera: Rafael Barrera es un artista que, a pesar de no venir de una familia de músicos, desde muy niño tuvo una conexión muy fuerte con la música, y sobre todo con la improvisación. Al descubrir el jazz como lenguaje y medio para expresar ideas de manera espontánea y libre, éste se volvió el vehículo - junto con el piano - para expresar la manera de cómo percibe la realidad y lo metafísico. Lo real y lo impalpable. Lo físico y lo abstracto. Ahora busca empaparse de experiencias que puedan enriquecer la música que interpreta y darle un sentido y un valor más amplio al poder empatizar con la vida desde ángulos distintos. 


J,ER: "Amser" es el término galés para "tiempo". ¿Se refiere al concepto temporal o se puede aplicar también al tempo en la música?
RB: "Amser" sobre todo hace alusión al concepto temporal sin dejar de considerar el tempo de la música misma. También es un juego de palabras que me parece interesante: "Am" del verbo ser o estar en inglés, y "-ser" del verbo ser en español. Esto, sin perder su significado en galés. 

J,ER: Háblanos de los músicos que han participado en Amser.
RB: El trio se conforma por Will Joy en el bajo de seis cuerdas, y James Edmunds en la batería. Will Joy es un joven músico inglés quien continua sus estudios universitarios en la universidad de Guildhall en Londres. James Edmunds, es un músico de Británico, que a pesar de su corta edad, tiene ya varios créditos en Nueva York y Londres. Como invitado especial en el EWI está Daniel Newberry, músico galés que continua sus estudios de jazz en el Royal Welsh College of Music and Drama y ha participado en festivales como el Brecon Jazz Festival. 

J,ER: El uso de un EWI en un disco de jazz es algo atrevido, si no rompedor... ¿Por qué lo elegiste?
RB: Si bien no es un instrumento común aún en el jazz contemporáneo, decidí elegir el EWI como un instrumento que aportara la textura galáctica, y ayudara a crear la atmósfera que buscaba concebir en la pieza "Galactic Blues". 

J,ER: ¿Cuáles son las influencias musicales de Rafael Barrera?
RB: Cuando descubrí el lenguaje del jazz algunos de los pianistas que más me inspiraron fueron Thelonious Monk y Chick Corea. Con el tiempo descubrí nuevos músicos que influencian mucho mi percepción y la creación de ideas como Alex Mercado, Hiromi, Tigran Hamasyan y Brad Mehldau. Estoy en un punto donde busco que no solo sean personas las que me inspiren, si no la vida misma. 

J,ER: Ahora que puedes mirar desde la distancia, estando afincado en el Reino Unido, ¿cómo ves la escena jazzística mexicana?
RB: Veo a la escena del jazz en México creciendo rápida y exponencialmente, haciendo propuestas sobre todo originales, lo cual siempre es bienvenido. Veo también que hay una audiencia ávida de escuchar este género que cada vez es más común en el país. Sin embargo, algo que puede mejorar dentro de la escena es estar más abierto a las nuevas propuestas musicales y entender que el jazz es un lenguaje en desarrollo y que tiene la habilidad y responsabilidad de expresar el "hoy". 


Agradecemos a Rafael Barrera sus respuestas. Les dejamos con un clip donde se aprecia lo innovador de su estilo y la visión avanzada del jazz que presenta en su álbum Amser. Que ustedes lo disfruten.


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BOWIE Y EL JAZZ

David Bowie, Blackstar (Columbia, 2016)

Nunca pensamos que hablaríamos de Bowie en Jazz, ese ruido y, sin embargo, llevábamos meses esperando su insólito y (para él) tan ansiado proyecto de acercamiento al jazz. Amparado por su habitual e incombustible capacidad para componer y sorprender y acompañado por los músicos del cuarteto de Donny MacCaslin, Bowie ha grabado el que es su vigésimoqunto álbum. El destino ha querido que el disco llegue pocos días antes de su muerte, convirtiendo este Blackstar en un último sueño cumplido.

Dicen los fans que una vez, cuando tenía 14 años, Bowie manifestó que no sabía si de mayor quería ser una estrella del rock o John Coltrane. Debía correr 1961, el año que Coltrane grabó (por ejemplo) Impressions para Impulse! También se cuenta que Gerry Mulligan fue la causa de que Bowie se comprara un saxofón. Sin embargo, para los que no estábamos al tanto del proyecto, esta filia suya hacia el jazz fue una sorpresa cuando vimos el vídeo que, como adelanto, lanzó en noviembre, con imágenes de ambiente futurista y mensaje surrealista, pero lo que más nos gustó fue que el camaleónico Thin White Duke (ahora Black) ofrecía un rock con influencias jazzísticas.

Donny McCaslin
Los músicos que se pueden escuchar en Blackstar son el cuarteto del saxofonista Donny McCaslin (nominado en 2012 al Grammy de Best Instrumental Jazz Solo por el tema "Stadium Jazz."), esto es: Jason Lindner (teclados), Tim Lefebvre (bajo eléctrico) y Mark Giuliana (batería), a los que se suma el guitarrista Ben Monder. Avant jazz (para los amantes de las etiquetas) que camina de la mano del rock progresivo, que apunta más al rock-jazz que al jazz-rock, que comienza sonando a drum & bass y termina dejándonos en el subconsciente sonidos sinfónicos de la mejor época del cantante. Destaca sobre todo la sección rítmica (Lefebvre y Giuliana) por encima de lo que se podría esperar de los solistas de saxo o piano. Un crítico ha dicho que el disco "tiene forma de jazz e intensidad de rock". Sentimos disentir porque más bien se escuchan formas de rock con la intensidad que unos músicos de jazz modernos pueden aportarle. Los adictos a Bowie posiblemente no notarán un cambio significativo en su sonido, siempre cambiante.

Sobre el jazz, el productor (Tony Visconti) afirmó en una entrevista que tanto él como Bowie sentían una vieja fascinación por Stan Kenton y Gil Evans y sus respectivas maneras de dirigir la orquesta de jazz. Afirma que hablaban de jazz desde que se conocieron en los 60 y añade: "Siempre vimos el pop y el rock como algo que éramos capaces de hacer, pero siempre tuvimos a los dioses del jazz en un pedestal por encima de nosotros". A pesar de esto, sólo les conocemos un encuentro en la tercera fase con el jazz: cuando en 2014 produjo "Sue (Or in a Season of Crime)", que ahora aparece (re-grabado) en Blackstar pero que en 2014 sólo era un single adelanto de la recopilación de 3 CD's Nothing Has Changed. En este single, arropaba a Bowie la orquesta de Maria Schneider con Donny McCaslin como solista. Un año después, enfrascada en su nuevo álbum, Maria Schneider rehusó la invitación pero recomendó a Bowie el cuarteto de Caslin para poner el jazz en Blackstar.

Bowie con Maria Schneider
Es apreciable la diferencia de miras cuando es el jazz el que se acerca al rock y viceversa. Lo que Bowie ofrece en Blackstar, a pesar de nuestras expectativas, es rock tocado por músicos de jazz-rock. Son canciones con estructura de canciones de rock. Por fortuna, los músicos son interesantes y añaden un punto de improvisación, un algo de virtuosismo y un sabor a intelectualidad musical que es difícil encontrar en el rock (pero que forma parte de la misma idiosincrasia de Bowie). En el fondo, Bowie siempre tuvo ese don impredecible que hace del jazz lo que es. Bienvenida, Estrella Negra. Hasta siempre, Bowie.

La canción que queda como recuerdo:

Something happened on the day he died
Spirit rose a metre and stepped aside
Somebody else took his place, and bravely cried
I’m a blackstar, I’m a blackstar



Y aquí la colaboración con Maria Schneider y su orquesta en una versión anterior y no incluida en el disco:



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* Web de Donny McCaslin: www.donnymccaslin.com