FREDDIE HUBBARD, On Fire (Resonance Records, 2025)
Feroz y poderoso, anclado en la tradición pero camaleónico, el trompetista de Indianápolis Freddie Hubbard supo adaptarse al hardbop y al postbop sin renunciar a sus raíces. Su estilo es hijo de Clifford Brown y sobrino de Lee Morgan, pero tiene esa personalidad propia que ha trascendido las décadas. Resonance Records acaba de publicar una de sus cuidadas ediciones con los archivos recuperados de su concierto en un club del Bronx, el Blue Morocco, regentado porSylvia Robinson, cofundadora de Sugar Hill Records, en 1967, en su mejor momento, cuando grababa para Atlantic.
Tres LP's (o 2 CD`s) recogen la música grabada por el ingeniero Bernard Drayton en aquel momento y ahora remasterizada por Matthew Lutthans con los masters para vinilo de Bernie Grundman. Los músicos que acompañan a FH son el saxofonista Bennie Maupin, el pianista Kenny Barron, el bajista Herbie Lewis y el baterista Freddie Waits.
El álbum está llenos de sonidos que nos retrotraen al paso de Freddie Hubbard por los Jazz Messengers o por los grupos de Sonny Rollins, y su trompeta destila un hardbop con un punto de rabia, muy negro, que recupera recursos del hot jazz, algo que nunca abandonó en su estilo. Por aquel entonces se proclamaba el mejor trompetista del mundo. Habrá opiniones para todos los gustos, como las hubo en aquel momento, pero su energía, patente en esta grabación intenta demostrarlo.
Fotografía de Tom Copi
Los temas son gran intensidad, incluso los de tempo medio, y casi todos duran más de 15 minutos, por lo que en cada cara del triple LP hay uno o dos temas a lo sumo. Esto (para los que amamos los vinilos) redunda en la calidad del surco. Desde "Crisis", que abre el concierto, con una sección rítmica estimulante, Hubbard llena el espacio sonoro de rabia, de referencias musicales, de giros inesperados, volviéndose ácido en las notas de blues de la meditativa "Echoes of Blue" (Bob Cunningham), uno de los pocos temas no compuestos por él que aparecen en el disco, post-bop e hipnótico. Habría que destacar "Bye Bye Blackbird", una joya de 23 minutos que nos devuelve a la época dorada del bop, de los improvisadores y del jazz honesto. "Summertime", por otro lado, retoma el discurso dramático de Miles Davis pero da una vuelta de tuerca al tema y lo hace más duro, más salvaje, más bop. El disco termina con "Breaking Point", el tema más corto del álbum (7 minutos), el más diferente (con aires tropicales) y el más festivo, con una exhibición de virtuosismo de todos los miembros del quinteto.
En resumen, Freddie Hubbard en lo más alto de su carrera, con fraseos seguros y limpios, y una fuerza arrolladora sin recurrir a fuegos artificiales ni a ritmos vertiginosos, demostrando una solidez que le acompañaría en los siguientes años hasta grabar su disco más celebrado, First Light (CTI, 1971) y antes de que problemas con los labios le obligaran a retirarse en los años 90.
Cuando escribimos acerca del primer disco de Ester Quevedo, subrayábamos su capacidad para jugar con ritmos e intervalos a la altura de Monk. Escuchando este nuevo álbum, titulado Garabato, confirmamos no solo esto sino que es un placer disfrutar de su inagotable capacidad para frasear al piano y sorprender. Ya desde el inicio (ese temazo lleno de swing y juegos rítmicos que lleva por nombre "One for The Lion"), el oyente sabe que va a disfrutar del disco. Cuando termina el brillante y cambiante "Little Nick", uno solo desea que Ester Quevedo tenga una larga carrera y siga regalándonos placeres sonoros como estos.
Esta pianista madrileña, formada en el Conservatorio de El Escorial y, posteriormente en la Escuela de Música Creativa, en la ESMUC y en el conservatorio Codarts de Rotterdam, ha sido alumna de grandes nombres como Ignasi Terraza y Albert Bover. Compaginando su actividad académica, Quevedo toca con varios grupos entre los que se incluyen la Clasijazz Valparaíso Big Band. su propio quinteto y, ahora, su propio trío.
Foto: Sergi Felipe
No nos cansamos de repetir que el trío de piano es la formación perfecta. Aquí, esta joven pianista que nos enredó con sus Trabalenguas en 2020, nos vuela la mente con Garabato, un complejo (aunque altamente fácil de gozar) entramado de recursos que ha compuesto y tocado con aires de jazz atemporal y que suena tradicional y nuevo al mismo tiempo. Hay rebeldía en los cambios de ritmo, en la manera en que maneja los intervalos, en sus acordes cargados de energía... Una manera de hacer jazz que agradecemos.
A ritmo de Nueva Orleáns se mueve "¿No sabes?", tema lleno de tensión y con una Ester Quevedo acometiendo una melodía compleja y sincopada que muestra su gusto por la tradición, su virtuosismo como instrumentista y su valor como compositora. Más ágil y complicada es "Estatua de hielo", sobre todo al piano, y contiene el esperado solo de batería de un Andreu Pitarchque es protagonista todo el álbum. Pero también en las baladas sorprende. Escuchen "Neska" o, mejor, "Esta vez no", con ese solo de contrabajo de Pau Sala, tan complicado (y tan bello) en un tempo tan lento. Ambas baladas mantienen esa filosofía rítmica y momentos brillantes. Recomendable por encima de todo, el tema "Garabato", que da título al disco y que es el resumen de todo lo escrito sobre el mismo.
Lo mejor del álbum, la complicidad entre los músicos; lo peor, solo dura algo más de treinta minutos. Confiemos en que el azar (o los promotores) hagan que Ester Quevedo se cruce en nuestro camino en algún festival, porque el disco promete directos muy buenos.
El joven pianista danés Rasmus Sørensen nos enamoró con su jazz moderno pero cargado de esencia en su debut en 2024, cuando April Records lanzó simultáneamente sus dos primeros álbumes el mismo día. Su jazz, lírico y lleno de matices, no elude la tradición. Es por eso que Sørensen se mudó a Nueva York para explorar nuevos sonidos que fueran más allá del jazz nórdico que inunda las colecciones de los aficionados al jazz desde hace un par de décadas. En Estados Unidos grabó Balancing Actcon Alexander Claff y Kendrick Scott. Ahora, tras cinco años consolidándose en la compleja escena neoyorquina, ha vuelto a Dinamarca para grabar un disco a trío, su tercera grabación en dos años.
Contemporáneo y vivo, su jazz tiene una voz muy personal que no desagradará a clasicistas ni a modernos. Con 26 años sabe fusionar todas las influencias de su formación y su experiencia en vivo para crear unos temas de gran musicalidad, modernos pero cálidos, siempre cálidos, que hace que sigamos sintiendo la misma devoción por el joven pianista danés
Desde la brillante melodía de "The Sun", que da comienzo al álbum, uno percibe una elocuente serenidad en el jazz de Sørensen, un rasgo muy maduro que denota a un compositor / pianista con las ideas claras. Esta paz de espíritu reina en todo el disco, con melodías inspiradas y un fraseo en las teclas lleno de precisión y seguridad en sí mismo. Nos encanta el swing sin prisas de "Retreat", la tensión rítmica de "Perennial Youth", la belleza de "Ocean Waves", que parece detenida, sin tempo, la sutileza de "Earthlings" y el juego rítmico de "Shoes Off", con unas progresiones de acordes que vuelan sobre la base rítmica, donde Francesco Ciniglio sostiene todo con precisión y ese contrabajo de Jon Henriksson es hipnótico, vertiginoso, perfecto.
Doce temas para disfrutar de las composiciones y el toque de Rasmus Sørensen y convencerse de que aquellas primeras y prometedoras grabaciones no eran un espejismo y tienen confirmación en este disco.
El pianista Daniel Ferruz, zaragozano afincado en la escena jazzística barcelonesa, publica este año su tercer álbum, Un presente, tras sus Noctis (Fresh Sound New Talent, 2019) y Miradas (Underpool, 2022). Con un lenguaje pianístico propio, que suena a jazz contemporáneo y en algunos momentos también a clásica europea (Schumann) y española (Falla), el nuevo disco de su cuarteto (Joan Mas al saxo, David Mengualal contrabajo y Adrià Claramunt a la batería) persiste en este lenguaje con temas compuestos por el mismo Ferruz, donde expresa, sin prisas y sin artificios, su manera de hacer música: falsas baladas llenas de inspirados fraseos al piano y al saxo, ambos protagonistas; experimentaciones híbridas donde se alimenta de influencias reconocibles (y no solo jazzísticas); vitalismo en temas casi cantabile... y canciones llenas de poesía (con la voz de Eva Lago).
Lo más fascinante de este músico es que tiene una voz ecléctica. Baste escuchar el primer solo de este álbum para percibir que su piano se mueve de una influencia a otra sin dificultad. Este plurilingüismo musical a veces solo se puede sentir, no se percibe de manera consciente, ya que Ferruz pasa de un lenguaje a otro con una naturalidad engañosa. Lo mismo ocurre con las composiciones, todas originales. "La escuela" es un tema contemporáneo, cantable, que, de repente, se engancha a un solo de piano perfecto, dentro de la tradición, empujado por una sección rítmica potente (ese walkiing bass repentino).
De los aires festivos y tropicales de "Leo" al lírico "Ms. Rossoff" hay un salto cualitativo, con aires líricos que impactan por su brevedad. Como compositor, Ferruz sabe cómo jugar con los sentimientos. En "Un presente", por ejemplo, las notas largas del saxo de Joan Mas nos llevan a terrenos nostálgicos que el solo de bajo alimenta a la vez que nos prepara para un solo de piano que crece a medida que va dejando ideas acorde por acorde. El disco contiene joyas que sacuden al oyente, como "Doce", un tema a piano solo (hay dos más en el álbum) que se aleja del jazz y que, sin embargo, nos remite, de una manera apasionada, emocional, lírica, a aquellos conciertos a piano solo de McCoy Tyner publicó en los 90.
Ferruz captura en Un presente la necesidad de vivir cada momento, y su disco late en cada tema, en cada compás, en cada nota, con guiños, sorpresas, modulaciones y juegos que piden escuchar el álbum con atención.
A finales de los 70, un Charles Mingus que ya sufría los efectos de la ELA viajó a Argentina con uno de sus quintetos menos conocidos, formado por el pianista Robert Neloms,el trompetista Jack Walrath, el saxofonista tenor Ricky Ford yel baterista Dannie Richmond. Esta grabación, publicada por Resonance Records en un triple LP, recoge los conciertos que realizó en el Teatro Coliseo y en el Teatro de la Sociedad Hebraica Argentina los días 2 y 3 de junio de 1977. La edición, 3-LP recogidos de las cintas originales grabadas por el ingeniero de sonido Carlos Melero, masterizados por Matthew Lutthans en el Mastering Lab y prensados en Le Vinylist, documenta una época poco conocida del músico, seis meses antes de que esos síntomas fueran diagnosticados y justo antes de trabajar con Joni Mitchell en Mingus, álbum en el que la enfermedad ya no le permitió tocar.
Foto de Uberto Sagramoso (de izq. a derecha: Ricky Ford, Jack Walrath, Bob Neloms y Charles Mingus). Buenos Aires, Teatro Coliseo, 2 de junio de 1977.
Como viene siendo habitual en estas grabaciones que Resonance recupera (ya lo apreciamos al reseñar The Lost Album from Ronnie Scott's de 2022), la edición contiene una cantidad ingente de documentación y notas (en este caso, del biógrafo de Mingus Brian Priestley (A Critical Biographgy de 1983) y del escritor Claudio Parisi, y entrevistas realizadas ad hoc a los miembros de la banda Jack Walrath y Ricky Ford, entre otros.
En lo musical, nos encontramos a un Mingus que muestra la energía que la enfermedad empezaba a negarle, con su habitual liderazgo al contrabajo y sus exhortaciones a los músicos, repasando temas clásicos como "Goodbye Pork Pie Hat" y "Fables of Faubus" o exploraciones en ritmos tropicales, tan poco habituales en Mingus ("Cumbia and Jazz Fusion") o clásicas como "Duke Ellington's Sound of Love", de su ídolo Ellington, que fue siempre una de sus referencias y que siempre interpreta pasada por el tamiz salvaje y rabioso de su propio temperamento, algo de lo que se contagia un quinteto consistente, energético y con un interplay fabuloso.
JASON MILES, Cosmopolitan Remastered (2025) JASON MILES' The Lisbon Electric 4tet (2025)
Hoy escuchamos dos álbumes del teclista, compositor, arreglista, productor y ganador del Grammy Jason Miles. El nombre, poco conocido en España, solo sonará a quienes le recuerden de sus trabajos con Miles Davis, contratado por Marcus Miller, quien quería que sonaran sintetizadores en Tutu. Recordemos que Jason también trabajó en Music for Siesta y en la obra crucial Amandla. Su voz resultará familiar a quienes hayan escuchado estos discos. Miles Davis dijo de él que era un genio, y eso le ha permitido trabajar con músicos de todos los géneros, como Michael Jackson, Aretha Franklin, Chaka Khan, Grover Washington Jr, The Crusaders o Sting (con quien ganó un Grammy como productor).
Pensemos en cómo era la música en 1979. Los sintetizadores se han hecho populares y el jazz absorbe todos los elementos que fluyen alrededor. Un visionario Jason Miles armado con un sintetitzador Prophet V reúne en los estudios Vanguard de Nueva York a un grupo de músicos jóvenes y con ganas de comerse el mundo: el saxofonista tenor Michael Brecker (30 años), el saxo alto, soprano y flautista Gerry Niewood (26), el bajista Marcus Miller (19), el brasileño Ricardo Silveira a la guitarra, y el baterista Jeff Williams (29), además de la vocalista Clarice Taylor y los percusionistas Armen Halburian y Henry Castelanos, y Badal Roy, en la tabla. La grabación se llamó Cosmopolitan y resultó una compleja (pero fácil de escuchar) amalgama de músicas del mundo, jazz, funk... un proyecto que nunca vio la luz hasta que, al mudarse a Portugal, 46 años después, Miles encontró las cintas DAT de aquellas sesiones y decidió remasterizarlas y publicarlas.
En el álbum podemos encontrar ritmos irresistibles y un groove que suena al jazz de los 80, con unos sonidos eléctricos que entran en perfecta simbiosis con el funk de Miller y las intervenciones de Brecker y Niewood en los vientos. Las percusiones, festivas y excitantes, sostienen la improvisación de los solistas, donde destaca, cómo no, Jason Miles en su primer papel como líder, con discursos que van del funk a lo espiritual.
Pero Miles no está retirado. Su banda The Lisbon Electric 4tet es una prueba patente de que su creatividad continúa. Su estilo ha evolucionado hacia el virtuosismo y la calma de quien ha encontrado el camino. Formado por músicos portugueses (Tiago Oliveira a la guitarra, Yami Aloelela al bajo y Vicky Marques en la percusión), su cuarteto sigue esa línea eléctrica, funky y, al mismo tiempo, lírica de la que hablábamos hace dos años cuando reseñamos su Miles to Miles Live (Ropeadope, 2023), un álbum donde recreaba las atmósferas de los discos en los que trabajó con Miles Davis.
Su cuarteto eléctrico tiene una fusión excitante de ritmos sobre los que brillan los dos solistas, el sintetizador experimentado de Jason Miles, absolutamente funky en algunos temas, y la guitarra de Oliveira, que no se queda atrás cuando se trata de improvisar. Largos solos, hipnóticos, bailables, estimulantes, son la nota más atrayente del cuarteto.
Jason Miles sigue grabando y se le puede ver en festivales, lo cual es una buena señal. Cuando un músico sobrevive cinco décadas haciendo lo que le inspira, es que vale la pena escucharle.
XIMO TÉBAR & THE CHAMPS, The Jazz Guitar Trio, vol. 5 XIMO TÉBAR BRAZILIAN JAZZ PROJECT, Começar de novo
(Omix Records, 2024)
El valenciano Ximo Tébares, sin duda, uno de los pioneros de la guitarra de jazz en España. Su nombre y su música sonaron en Jazz entre amigos y deberían sonar con otros legendarios de la escena ibérica como los de Kiko Aguado o Sean Levitt, por su virtuosismo y su longevidad Este año pasado amplió su veintena de discos como líder con dos álbumes grabados en directo en el Festival de San Javier, uno a trío con el organista Pat Bianchi y el baterista Byron "Wookie" Landham, lleno de blues, y otro con un formato más amplio que ha llamado Brazilian Jazz Project, con músicos como Josvi Muñoz (saxos y flautas), Will Martz (piano y teclados), Juan San Martín (bajo) y Fernando García (percusión), contando con el cantante y guitarrista Gradston Galliza como estrella invitada, y con las colaboraciones de los citados Pat Bianchi y Byron Landham.
The Jazz Guitar Trío vol. 5 continúa con las exploraciones de Ximo en este formato de trío de órgano y guitarra, que ya probó con Joey de Francesco, entre otros. El virtuosismo de los tres músicos y los patrones rítmicos de este tipo de trío hacen que agradezcamos que esté grabado en directo, lleno de energía, con temazos con "Idris" (un clásico en el repertorio, aquí con un guiño a "Salt Peanuts") o momentos sublimes como ese toque de blues convertido en sutileza de "Willow Weep For Me".
Começar de novo, en cambio, es otro nivel, más polirrítmico y donde los virtuosismos se diluyen en la abundancia de músicos para dejarnos apreciar lo que es la fiesta del crossover jazz/Brasil, con cantantes, baladas, funk, ese groove indolente de la bossa sincopada... y un homenaje final a Paco de Lucía y a Chick Corea. Momentos álgidos donde conversan guitarra y voz ("Fascinio") bastarían para recomendar este álbum.
En una tierra como España donde cada ciudad tiene un carnaval y cada carnaval su propia idiosincrasia, no podemos escapar a la ironía, la música y la locura que rodean esta fiesta. Andamos en tiempos de carnavales, la gente de Cádiz lo vive de una manera y los de Nueva Orleáns lo viven de otra. A los que nos gusta el jazz, Nueva Orleáns nos enseñó que allí caben todas las músicas, y que esta, cuando sale a la calle, explota siempre como una fiesta. De todas nuestras formaciones favoritas de NOLA, quizás la Uptown Jazz Orchestra de Delfeayo Marsalis sea la imagen más potente, inspiradora y divertida de todas. ¡Todo lo que hace suena a Mardi Gras!
"Lo que la comunidad jazzística necesita ahora mismo son bandas que puedan traer felicidad y optimismo"(Delfeayo Marsalis)
Su disco más reciente, publicado a finales de agosto, resuena ahora en los auriculares cuando se acerca el carnaval. Su título es Crescent City Jewels y en él tiene invitados de lujo como el saxofonista (y hermano mayor) Branford Marsalis, el trompetista Kermit Ruffins(de quien hace tiempo que no hablamos), el llamado “Piano Prince of New Orleans” Davell Crawford, el baterista Herlin Riley y el trombonista Maurice “Miracle Meaux” Trosclair.
Nos dejamos llevar por la dulce y pícara cadencia de la música de Nueva Orleáns y encontramos joyas (como sugiere el título) como "Ooh Poo Pah Doo" (imposible no bailar), la seductora "Basie Moods" con sus solos tremendos y esa orquesta detrás sonando a tope, "Inner Urge", el imprescindible "Basin Street Blues" (escrito por Spencer Williams en 1928, con la sombra eterna de la trompeta de Louis Armstrong, que aquí suena excitante, moderno y elegante) y momentos deliciosos como una versión del bolero "El último café", con solo de soprano de Brandford Marsalis, o "Sleepin' Bee" en la voz de la vocalista de la orquesta, Tonya Boyd-Cannon (también espectacular en el canto de iglesia "Valley of Prayers" y en la swingueante "Exactly Like You" o en la emocionante versión de "Round Midnight". Forzosamente escueto pero ¡con 16 temas!, el repertorio es un catálogo de piezas musicales de los últimos 300 años (según Marsalis) que la ciudad del Mississippi ha dado al mundo, un gozoso repaso a la diversidad musical de Nueva Orleáns. No tan desenfrenado como otros discos de Delfeayo, pero con unos arreglos y unos intérpretes impecables resulta, como siempre, muy recomendable.
Esta versión de "Valley of Prayers" es más potente en el nuevo disco:
Michael Arbenz, pianista, y Florian Arbenz, baterista, son dos hermanos gemelos claves para entender la escena del jazz suizo. En 2022 les escuchamos aquí mismo versionando a ritmo de jazz al mismísimo Beethoven en su trío Vein, y a uno de ellos, el baterísta, junto a Greg Osby en un potente proyecto cercano al free jazz. En esta Alpine Session les podemos apreciar en un formato de trío de piano rindiendo tributo a la verdadera tradición del jazz y, no solo en la estética, sino acompañado por uno de los pilares del contrabajo en las últimas décadas, Ron Carter, a quien ambos hermanos gemelos admiraban desde que, de niños, le oían tocar en los discos junto a Miles Davis.
El álbum, que sale a la venta el 21 de febrero, se grabó el año pasado, concretamente el 16 de marzo de 2024, durante una única sesión en un estudio en los Alpes Suizos.
La grabación contiene seis temas donde resuena la habilidad de Michael para crear sencillas pero bellísimas figuras musicales, y la capacidad multirrítmica de Florian, siempre rompedor, nunca estruendoso. Y... Qué podemos decir de Carter, uno de los bajistas más poderosos que se han podido escuchar en la Historia del Jazz? Su solidez como base rítmica es una garantía y sus solos ("Evolution", donde el contrabajo se convierte en motor y líder del tema) son brutales. ¡Qué joven sigue sonando a los 87 años! Destacables "It Don't Mean A Thing", elegante, sobria, y "Lullaby", una balada basada en la "Canción de cuna" ("Guten Abend, gut' Nacht") de Brahms. En "Lullaby" la sección rítmica va conteniendo el tempo mientras el piano elabora delicados fraseos que sugieren y reinventan la melodía. Una delicia. Especialmente arrolladora es la versión de "All The Things You Are", donde el trío fluye con fuerza y con la naturalidad que tendrían si llevaran tocando una década.
En resumen, un disco fascinante donde se fusionan de manera alquímica la energía inagotable del maestro Ron Carter y el pensamiento moderno y europeo de estos dos suizos nacidos en 1975. El resultado es un jazz atemporal, lleno de ideas y de un ritmo que rinde culto a la tradición y engancha. Muy recomendable.
Empírico es el jazz por definición, pero el título del nuevo disco del saxofonista alto Roberto Nieva es una declaración de intenciones. A lo largo de sus 8 composiciones originales, nos propone un viaje vital, lleno, como todo en la vida, de ensayos y errores, como declara en las notas del álbum: "Doy gracias a la vida por brindarme este camino, aprender de la experiencia, de la percepción, de la gente que me he encontrado, en el último tiempo, de los viajes y de cada instante de imaginación". Parte de esa gente son los tres musicazos que conforman el cuarteto con Nieva: Xan Campos al piano, Thiago Alves al contrabajo y Francesco Ciniglio a la batería (en uno de los temas aparece otro saxofonista alto, Román Filiu).
Foto: Luis Javier González
Con este plantel, encara composiciones originales y muy originales, con un sonido de jazz moderno lleno de influencias que pasa por momentos más virtuosos ("Reivilo" o ese final de "La ventana de la ventana"); llenos de sutileza (esa melodía parada de "Three-Dimensional", que da pie a un solo de contrabajo muy narrativo de Alves); especulativos (esos ritmos de "Two-Dimensional", que parecen no avanzar, creando una tensión constante); expresionistas, como el lacónico "El fuego diminuto de un planeta", donde la melodía avanza en el saxo con esfuerzo, como un canto de dolor, para desembocar en un solo igualmente grave de Xan Campos al piano, un músico que nos encanta y que pensamos que es uno de los mejores compañeros de viaje que podría haber elegido Nieva para este proyecto.
Roberto Nieva es un saxofonista alto y compositor que comenzó su formación en el conservatorio de Ávila para luego pasar por Musike, hacer un máster en Investigación musical en la Universidad Internacional de Valencia, e, incansable, asistir a clases magistrales de músicos como Branford Marsalis, Loren Stillman, Roman Filiu, Bob Mintzer o Immanuel Wilkins. Galardonado como solista y como compositor en distintos festivales de jazz (Castellón, Getxo, Valencia), su estilo es moderno y a la vez melódico, con fraseos complejos que apelan a la sensibilidad del oyente y ajenos al exhibicionismo que otros consideran necesario. Sus composiciones, como se aprecia en este disco, nacen sin corsés y con la avidez de expresar, de conectar con las emociones, y eso es algo que pocas veces se escucha en el jazz contemporáneo.
Hemos hablado muchas veces en Jazz, ese ruido sobre la transversalidad en el arte, sobre discos o libros donde pintura o poesía se alimentaban del jazz y viceversa. Este juego de retroalimentación es el que juega The New York Second, la banda liderada por Harald Walkate, al inspirarse en la fotografía de Vivian Maierpara estructurar su nuevo disco. Walkate, pianista y compositor, afirma basar su filosofía creativa en la intención de "expresar lo inexpresable"y construye en este Room for Other People una bellísima música sin palabras para narrar las historias de estas fotografías que hablan con imágenes.
Vivian Maier, apodada "la niñera fotógrafa" o "la fotógrafa callejera" fue una niñera profesional que, entre la década de los 50 y la de los 90 del siglo XX, realizó unas 100.000 fotografías en las que capturó la crudeza y la humanidad de la posguerra en Estados Unidos, aparte de otras fotografías que realizó en Europa. Jamás mostró ni exhibió su trabajo. No tenía formación artística y, sin embargo, sus imágenes tienen una gran calidad, a la vez que resultan conmovedoras. The New York Second se ha inspirado en algunos de estos trabajos gráficos para convertirlos en música, en un jazz igualmente directo y conmovedor que aúna delicadeza y sutiles armonías.
En este quinto álbum, al septeto formado por Harald Walkate (piano), Tom Beek (saxo tenor), Mark Alban Lotz (flautas), Teus Nobel (trompeta), Vincent Veneman (trombón), Lorenzo Buffa (contrabajo) y Max Sergeant (batería) se une el vibrafonista Rob Waring, que aporta atmósferas inesperadas y de gran delicadeza.
Foto: Tom Beek
Walkate ha estado diez años trabajando en este proyecto, leyendo sobre Maier, hablando con fotógrafos, galerías, museos... y seleccionando las diez fotografías que inspiran este álbum, que comienza con "983 Third Avenue", un extenso tema que comienza sugiriendo el movimiento de la ciudad (con ese tren elevado) en un un obstinato del piano, que juega con el vibráfono a confundirse y que resulta una base fantástica para los vientos, improvisaciones a la batería y un final donde la ciudad parece fluir. "Florida 1957" es el retrato de un día cualquiera de ese año, donde un joven afroamericano sonríe como una imagen de la América optimista que acababa de firmar el Acta de los Derechos Civiles. Armonías contemplativas giran sobre sí mismas para no llegar a un solo de piano final que suena esperanzador. "The Collectors Corner" es otro retrato, el de dos niños que representan la inocencia. La melodía sencilla y el ritmo a medio tempo sugieren la sencillez de la vida a esa edad. En "The Class Photografh" el piano aborda una melodía cantabile, evocadora, que crece con ayuda de la banda. El solo de contrabajo (Buffa) subraya el mensaje. "Room for Other People" es otra melodía afortunada que el piano (y más tarde vibráfono y tormpeta) eleva a un plano emocional.
"We have to make room for other people. It's a wheel. You get on. You go to the end. And someone else has the same opportunity to go to the end. And so on. And somebody else takes their place.” (Vivian Maier)
Para "Safety Service Comfort", fotografía de una pareja feliz en un coche de caballos, Walkate ha compuesto un tema que alterna vientos en modo menor (representando la adversidad) con pasajes en modo mayor (más alegres, con las voces del piano y el vibráfono), quizás representando los vaivenes de la vida en común. "The White Dress" es la foto de la portada, la de una chica elegantemente vestida a quien no vemos el rostro. Esta incógnita suena musicalmente misteriosa, con un vibráfono que suena a cinema noir y unos vientos lejanos, sugerentes. Las líneas del piano (también su diálogo con el vibráfono) en "Location & Date Unknown" es pura nostalgia. "View of Ile de Saint-Louis" recrea la magia de este lugar de París. Vale la pena el solo del tenor, cargado de sentimiento. El ritmo lento de "Downstairs for Incoming Trains" nos devuelve acordes de películas de cine mudo donde la ciudad se agita estresada mientras el pianista del cine marca un ritmo triste. Esta paradoja podría muy bien ser el eco de una gran ciudad.
El álbum se cierra con un brevísimo reprise de "Room for Other People" que completa brillante este puzzle complejo, con armonías llenas de color, para estas fotografías en blanco y negro que parecen aún vivas con el jazz de The New York Second.
MATT WILSON, Tree Jazz: The Shape of Christmas to Come
(Palmetto Records, 2024)
Un aire de rebeldía sobrevuela el árbol de navidad. Suena a bop deconstruido, a free jazz primigenio. Suena a travesura. Pero no es el Grinch sino el trío de Matt Wilson, que vuelve a mostrar su personalidad iconoclasta para (este año) reinventar algunos clásicos navideños. Y a nosotros nos gusta. Por eso aprovechamos que están próximas estas fechas para recomendar su álbum Tree Jazz: The Shape of Christmas to Come. El título nos transporta mentalmente a aquel 1959 en que Ornette Coleman atacó los cimientos del bebop (que, por entonces, era lo más rompedor) y fundó el free. Ahora es Wilson quien arremete contra los cimientos rítmicos y tradicionales de los villancicos para traernos, con humor, su visión particular del Espíritu de la Navidad. "Up On the Rooftop" es un homenaje directo a Coleman.
Con un repertorio navideño (y no tan navideño), Wilson se divierte con sus amigos Paul Sikivie (contrabajo) y Jeff Lederer(saxos). Un trío de saxo no es, precisamente, una formación fácil. En este caso, Wilson y Sikivie disputan el liderazgo del grupo a Lederer con unas dosis de ritmo impresionantes. Incansables, montan y desmontan bases rítmicas sin pudor, traspasando géneros (brutal "Mariah Parusha", brillantemente llevado "I Heard the Bells of Christmas Day").
Foto: Chris Pizzolo
Escuchamos clásicos navideños del songbook estadounidense desmontados con pericia, pero también hay temas de Puerto Rico como "Si me dan pasteles" y una canción de Hanuka ("Little Clandles") de aire sefardí, perfecta para jugar con la sección rítmica y la expresividad de Lederer al clarinete. También divertidos experiementos donde combina pop con canciones navideñas, como "Do You Hear What I Hear?", que aquí suena increíble con el riff de bajo de "Under Pressure" y que responde a la inquietud de Wilson por ese estrés que las Navidades producen en muchas personas, ese mismo estrés del que habla la canción de Queen y David Bowie. El resultado es sorprendentemente jazzístico y original. Lo más espectacular, "Rocker", que retoma el clásico navideño "Sleigh Ride" (Leroy Anderson) con un contrafact de Gerry Mulligan (magnífico Lederer sobre una base rítmica desbocada). El disco termina con un blues escrito por Lederer e inspirado en un poema ¡de Yoko Ono! Humor a tope.
Como cada año, nos gusta llegar a la Navidad con una recomendación festivo-jazzística que aporte calor, ritmo y calidad a vuestros hogares. Este año tenemos la inmensa suerte de que nos ha llegado esta propuesta del inconmensurable Matt Wilson, autor de grabaciones únicas, que no admiten comparación, como su Hug! de 2020 o su Honey and Saltde 2017, inspirado en la poesía de Carl Sandburg. Una vez más, es Matt Wilson y es recomendable.
Este vibrante Wonderland es el tercer álbum del pianista Daniel García en el sello alemán ACT, o, mejor dicho, de su trío, completado por el bajista Reinier Elizarde 'El Negrón' (ganador de dos Latin Grammys) y el baterista Michael Olivera, dos músicos cubanos que se afincaron en España y que hoy son imprescindibles en la escena musical española, a la que han aportado su acento. Juntos profundizan en la filosofía mestiza de Daniel García y en este álbum no solo "hablan" con acento flamenco sino que introducen términos musicales caribeños y del este de Europa. El guitarrista israelí Gilad Hekselman participa en uno de los temas ("Wonderland") con un solo muy acertado.
Daniel García (Salamanca, 1983) es un músico que comenzó estudiando piano clásico en el Conservatorio de Castilla y León para después formarse en la Berklee College of Music de Boston, donde tuvo como profesor y mentor al panameño Danilo Pérez, quien claramente le legó esa visión ecléctica del jazz que muestra en su trío. En 2011 recibió el premio a la mejor interpretación de jazz en Berklee y comenzó una carrera que le ha llevado a tocar junto a grandes nombres del panorama jazzístico actual, como Arturo Sandoval, Greg Osby, Perico Sambeat...
A lo largo del álbum se percibe que Daniel García es un pianista que no reniega de las influencias. Con la técnica perfeccionista de la música clásica, sus composiciones sorprenden con aristas cambiantes que nos aproximan a armonías orientales o caribeñas según el caso, juegando con cadencias, giros, improvisaciones... todo ello con la libertad de la experiencia y con la complicidad de un trío que lleva muchos años funcionando y donde la interacción se percibe orgánica, fluida, natural y llena de energía.
Con sonidos clásicos y armonías inesperadas, nos sorprende con "Paz", un tema lento y lírico donde, sin embargo, subyace una cierta tensión. Es la intro perfecta para entender toda la amalgama musical de la que hablábamos. Los ritmos caribeños están presentes en "Witness the Smile" o "Gates to the Land of Wonders", por ejemplo, tema donde la velocidad y el ostinato convierten la composición en un desafío exigente y lleno de fuerza que se rompe por fases para dar lugar a momentos líricos, algo que predomina en todo el álbum y que permite a Daniel García moverse en registros emocionales ("Mi Bolita", "You and Me", "A Little Inmensity"...). En "Wonderland" responde a esta poética el guitarrista Gilad Hekselman con un solo que acerca al trío al jazz rock mientras que sección rítmica y piano aportan un toque folk que recuerda más a las fusiones en grupos de folk-rock de los 70.
Jugando con timbres y ritmos, el disco evoluciona por complejos mapas estéticos donde nada es seguro pero todo es cierto, porque la magia de estas fusiones está en que nace de manera natural de los miembros del trío, y termina redondeando una obra personal y distinta, tan compleja como placentera de escuchar. Daniel García ha sabido traer todas sus influencias musicales e instalarlas en el contexto siempre receptivo (pero no fácil) del jazz. Y lo hace con solvencia.
No disponemos de ningún vídeo del nuevo álbum, pero les dejamos uno de su particpación en Jazzahead! 2022 con temas de su segundo álbum, Vía de la Plata (ACT, 2021). Que lo disfruten.
Momento es en física, simplificando mucho, la medida de una masa en movimiento. Momentum es el impulso de cuatro viejos conocidos como son el pianista Iñigo Ruiz de Gordejuela,Alberto Arteta(saxos tenor y soprano), Javier Callén (contrabajo) y Borja Barrueta(batería). Esta es su segunda grabación como cuarteto bajo el nombre de Move (otra vez movimiento). Su propuesta es un jazz moderno ajeno a etiquetas que les permite una gran libertad estética (los temas evolucionan dentro de sí mismos para llegar a puntos insospechados) y con la solvencia que da la experiencia y el interplay de la convivencia.
El disco, grabado y mezclado por Josué Pascual en los estudios Etxea de Areatza los días 8 y 9 de diciembre de 2023, repasa una serie de temas donde la emoción guía a las estructuras. Temas sin prisas, con melodías sugeridas, ("Choose Your Struggle"), bellas ("Consenso")...
Íñigo Ruiz de Gordejuela, a quien ya escuchamos en otras formaciones también de inspiración lírica, como Urjauzia, tiene algunos solos a los que prestar atención, no tanto por lo espectacular como por la sensibilidad con que los desarrolla. Alberto Arteta, por su parte, sigue demostrando que tiene una voz propia, especialmente en el saxo soprano. Ellos llevan la voz cantante de un cuarteto en el que el ritmo, cambiante, expresivo y protagonista, hace que fluya el jazz con naturalidad ("Yes I Did", compuesto por Callén), pero usando también el ritmo para recrear atmósferas novedosas ("Twilight", "Healing Song") y, en ocasiones, intensas, casi narrativas ("Pirámides"). También hay momentos más clásicos de solo de saxo sobre walking bass ("In Motion", con Callén y Arteta perfectos, y Barrueta y Ruiz dando la réplica), pero no es la norma.
En resumen, un disco moderno, con músicos consolidados en busca de una definición personal de la belleza, ambientes relajados y una gran capacidad para el interplay que hace que las composiciones fluyan con sinceridad. Modernidad y naturalidad en una sola toma.
El saxofonista Jeppe Zacho habla el lenguaje de los tenores modernos herederos del bop de Coltrane y Dexter Gordon. Zacho es un músico, compositor y educador danés que comenzó a tocar el saxofón a la edad de 15 años por consejo de su padre. Además de su labor educativa, toca en diversas formaciones y big bands (Jazz Five, Dixie For You, Jack Street, The Big Band, The Counterfictionals) pero en su disco de debut, que tiene como objetivo indagar en las posibilidades del hardbop, se presenta en formato de quinteto con piano: Jonas Due (trompeta y fliscorno), Thomas Bornø (piano), Anders Fjeldsted (contrabajo) y Henrik Holst Hansen (batería). En dos de los temas ("Soldado Leal" y "El Bravado") Eliel Lazo pone el toque latino a las congas.
Descrito en las notas del álbum como “jazz moderno a la antigua usanza”, el disco se mueve en un ambiente atemporal y gozoso, lo que no significa que eluda la complejidad. Hay un tema, por ejemplo, compuesto en fa menor, algo no muy común. ¿El objetivo? Salir de la zona de confort buscando obstáculos que le obliguen a explorar nuevos caminos siguiendo el concepto filosófico del soldado leal. El resultado es una seductora composición llena de cambios que contrasta con el potente tema inicial ("Self-Express").
En general, el disco presenta colores muy distintos, mostrando a un compositor con una visión bastante amplia del hardbop y muy buen gusto para confrontar armonías. Temas inspirados en Cuba o en lo que se llamó Cu bop ("El Bravado") o baladas en las que el tenor habla con un sonido pre-bebop para narrarnos con delicadeza una historia de amor ("The Sweet One") son muestras de su versatilidad, pero también de una preferencia por el jazz que explora sin romper las normas, lo que facilita la escucha y enamora al aficionado. El disco comienza con "Self-Express", donde se inspira en un clasico ("Express Yourslef" de Charles Wrigh & the Watts 103rd Street Rhythm Band). Zacho le da forma a lo Ornette Coleman, con una improvisación muy abierta, y termina con "Bülow's Way", una composición en la que homenajea a una antigua profesora utilizando su estilo.
Todas estas facetas del hardbop marcan la filosofía personal y personal de un músico con identidad que se presenta ahora con su nombre en la portada pero cuya experiencia queda clara a lo largo del disco. Muy recomendable.
Bueno, pues eso, llegan las navidades y un descanso que nos tenemos bien merecido. Yo, como la mayoría, voy a tomarme esos ratos para coger el tren A y ver a los que están lejos, para estar en body and soul más tiempo con los que están cerca, para retomar un par de libros que estrené pero no leí... y para entrar en el nuevo año con mucho swing porque now's the time. Escribid la carta a los Reyes Magos (o a Santa si sois más impacientes).
Ahí van mis deseos: Que la Nochebuena nos coja Comin' home para ver a nuestras familias,a nuestra funny Valentine o a vuestro lover man, que2024 sea un año enorme y feliz como un concierto, que halléis en casa el calor de un pequeño club, que contemos los amigos por big bands, que las improvisaciones nos salgan bien, que los días avancen a ritmo de swing, que los fines de semana fluyan in a silent way, que los meses nos llenen de sorpresas y bonus tracks, y que 2024 sea un año edición especial. ¿Demasiado deseos?
Para que el año nuevo no nos pille moanin', un poco de música. Nadie representa mejor a Nueva Orleáns que Kermit Ruffins(qué sorpresa cuando lo vimos aparecer en Tremé). El tema que sigue es de su álbum Have A Crazy Cool Christmas (Basin Street Records, 2009), que, para mí, vuelve a estar de moda cada Navidad. Pues eso, let's get lost, feliz navidad y mejor 2024. Nos vemos en enero.
La escena comienza con ritmo y sin música. El protagonista, Elliot Udo (André Holland) mueve la cabeza al ritmo de la música mientras rellena un cubo con hielo. La música es casi inaudible hasta que el protagonista vuelve a la sala. Estamos en un club de jazz de París llamado The Eddy. Este es el comienzo de la serie que Netflix estrenó el año pasado creada por Jack Thorne y dirigida entre otros por Damien Chazelle (La La Land,Whiplash). Houda enyamina, Laïla Marrakchi y Alan Poul dirigen también, a razón de dos episodios por director. Los temas que suenan han sido compuestos por Glen Ballard y Randy Kerber. Lo primero que hay que alabar de la serie es que todo el jazz que se oye se ha grabado y filmado en directo. Y poco más. No es una gran serie. Hay mucho jazz, sí, abundante, en actuaciones, fondos, música undertext y apariciones fugaces de músicos, y esto atrae, pero no es suficiente para hacer de esta serie una imprescindible para los amantes del jazz como fue Tremé, a la que, por cierto, intenta copiar en muchos momentos, tanto en ritmo como en ambientes, sin llegar a la sinceridad y a la humanidad de la serie de David Simon.
Como parte de esa inspiración, el guión busca cierta crudeza, explorando el París más feo, el de los barrios degradados, la noche sucia, los pisos más pobres. Es difícil empatizar con el carácter de los personajes, turbios en su mayoría, salvo los músicos, a los que vemos brillar en el escenario y bajar a la tierra en la calle, en el camerino, en sus relaciones... El resto es poco atractivo. Si a esto le sumamos intentos de emular a Godard con un ritmo voluntaria y obsesivamente lento (salvo en las escenas con música), y el empeño del director de fotografía por demostrar que no tiene pulso ni trípodes, el visionado se hace en algunos momentos muy difícil.
Pero nos quedamos con el jazz. Músicos en su mayoría desconocidos interpretan el jazz actual que se mueve en Francia, algunas veces mirando a los clásicos y otras con esa fusión de culturas en la que se ha convertido París en los últimos cincuenta años. Recomiendo un momento en el primer capítulo en el que el pianista del club (Randy Kerber) desayuna frente a su piano ensayando unos acordes mientras la percusionista (interpretada por la croata Lada Obradović) toca la batería para una persona encamada y, en la calle, el contrabajista (el cubano Damián Nueva Cortés) camina tarareando el ritmo del bajo. Todo junto es un ejercicio musical muy original que culmina cuando Elliot hace un breve scat mientras intenta arrancar la moto. Momentos como este o como la discusión entre Elliot y Maja, que coincide con los solos más rabiosos de la banda, valen la pena.
Como hemos dicho antes, son músicos reales interpretando a músicos. Estos son la banda residente en The Eddy, junto al trompetista francés Ludovic Louis, al saxofonista canadiense-haitiano Jowee Omicil y a la cantante polaca Joanna Kulig. También aparecen en la serie otros combos muy interesantes en escena, algunos de los cuales muestran la fusión de culturas que alimenta el multicultural jazz francés.
En la parte interesante, la serie refleja la realidad de un club de jazz y de los músicos, y puede atraer a todos los que siempre hemos querido tener un club de jazz (con todos sus problemas) y a los que nos excita que las películas suenen a jazz, pero ni la historia ni la manera en que está contada aportan mucho y se queda en un ejercicio estoico de visionado de 8 horas que nos deja, eso sí, buenos momentos de jazz y la curiosidad de saber cómo suena París. La banda sonora es recomendable.