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¡CANTAD, CHICAS, CANTAD!

Entrevistamos a Rouge a Tempo

No hay duda de que dos factores tan universales como Internet y el jazz en pacífica conjunción son una bendición para el aficionado. Hoy día no imaginamos qué sería de nosotros sin los contactos que la red global nos facilita, sin esa capacidad aparentemente infinita de sus recursos de audio y vídeo y sin su simultaneidad, ese don cuántico que nos trae todo tipo de novedades en tiempo real. La semana pasada nos encontrábamos con uno de esos grupos que nos sorprenden y nos hacen pasar horas frente a la pantalla con los auriculares puestos. En esta ocasión, se trataba de un grupo de jazz vocal radicado en (Argentina). Su nombre es Rouge a Tempo.

Rouge a Tempo está formado por las voces de Gabriela Mazzeo, Carolina Roisinblit y Soledad Fernández. Practican un jazz vocal muy tradicional, en la línea de Andrew Sisters, con un repertorio escrito principalmente en las décadas que van de 1920 a la de los 40: dixieland, boogie woogie, ragtime... Hoagy Carmichael e Irvin Berling forman parte de sus shows, pero también temas tradicionales anteriores a las primeras grabaciones de jazz y otros más actuales como alguno de Ray Charles.

Hemos estado charlando con Carolina Roisinblit para intentar conocer más a fondo su música. Esta es nuestra

Entrevista

Jazz, ese ruido: Con ese sonido y esas influencias, sorprende saber que venís de Argentina, de modo que nos preguntamos: ¿de dónde vienen Rouge a Tempo musicalmente hablando?

Carolina Roisinblit: Rouge a Tempo viene de lugares muy diversos: cada una tiene un pasado musical particular y distinto al de la otra. Gabriela Mazzeo es tal vez quien más se acerca a la música que hacemos: tiene ya varios discos de jazz grabados y a su vez es directora musical y arregladora de varios ensambles vocales. Soledad Fernandez viene del folklore y el tango, y es quizá quien más recientemente incursionó en el género musical alque Rouge a Tempo se dedica.
Tempo se dedica. Por mi parte y aunque durante mucho tiempo canté comedia musical, jazz y música celta, soy compositora y escribo canciones en castellano. Grabé un primer disco como cantautora y estoy a punto de presentar el segundo, en el que me dedicaré a explorar un repertorio muy heterogéneo, pero como intérprete. En este segundo álbum se van a poder escuchar desde una milonga hasta viejos standards del jazz.      Las tres sentimos una gran alegría por la riqueza del encuentro entre tres voces tan diferentes y con raíces musicales tan variadas.

J,ER: En vuestro repertorio hay temas que van desde 1911 hasta la década de los 40. También hay un guiño a Pink Martini. ¿De dónde os viene este amor por lo tradicional? ¿Cómo os llega hasta Argentina?

CR: La idea de cantar este tipo de música tan especial surgió cuando Gabriela Mazzeo presentó Vereda Dixie, su segundo disco solista, allá en el 2009. Yo participé en varios temas de su disco, cantando arreglos a voces y coros, y una de las canciones era "Bring back that Leroy Brown", de Queen, en versión charleston. ¡Fue tan divertido cantarlo así! Creo que en ese momento descubrimos que el boogie woogie, el charleston y el rag eran estilos de música que habían surgido, precisamente, con el objetivo de traer alegría. Por otra parte, mi amor por las Andrew Sisters venía desde mi infancia, y fue fácil decidir que queríamos armar un proyecto dedicado exclusivamente a eso. Un tiempo después convocamos a Soledad Fernandez a integrar el trío.
     "Bitty Boppy Betty", el tema de Pink Martini que incorporamos a nuestro repertorio, es de hecho el único tema de todo el disco posterior a la década de los '50. Pero la propuesta estilística y estética era tan bella y la temática tan divertida e irreverente, que no pudimos resistir la tentación de sumarlo al repertorio. Es nuestra "licencia poética" en un disco que, por lo demás, se ciñe rigurosamente a una época y un contexto histórico muy específico.


J,ER:  ¿Qué tipo de formación lleváis en directo?

CR: Cuando cantamos en vivo nos acompaña nuestra orquesta, compuesta por Yoni Mijelshon en piano, Roberto Seitz en contrabajo, Athos García Argüelles en batería, Yaír Lerner en trompeta y Lucas Capitelli en guitarra. Nuestro disco, Come on and hear! contó con la presencia de Damián Alegretti en batería y en el espectáculo que presentamos en el 2014 nos acompañó nuestro presentador, Dudú Marfayn.

J,ER:  ¿Podríais describirnos el panorama jazzístico actual en vuestro país (o en vuestra ciudad) y, más concretamente el jazz vocal?

CR: En este momento hay en Argentina un resurgimiento del jazz muy interesante. Son muchos los fanáticos de este género musical y es maravilloso ver que las jam sessions inundan Buenos Aires. Además, el jazz en nuestro país cuenta realmente con músicos talentosísimos, e incluso aquellos que no se dedican a este género admiten que ha tenido enorme influencia en ellos. Tenemos grandes orquestas haciendo repertorio clásico, tríos de jazz interpretando repertorio más actual, grupos de jazz fusión, jazz latino, jazz-tango y a Jorge Navarro presentando en este momento junto a Ernesto Acher un tributo a George Gershwin. Los grupos vocales son más infrecuentes, pero no somos el único grupo vocal de jazz en Buenos Aires.

J,ER:  Si tuvierais que elegir un tema de vuestro repertorio, ¿cuál sería y por qué razones?

CR: ¡Qué pregunta difícil! Creo que, en lo personal - no sé qué opinarían Gaby y Sole - elegiría "Alexander's Ragtime Band", el primer corte del disco. Creo que retrata bellísimamente la época en la que nace este tipo de jazz: entre la primera y la segunda Guerra Mundial, cuando los soldados necesitaban ánimo y alegría, los que se quedaban en casa despreocupación y un clima de ensueño para olvidar por un momento las penas, y la música cumplía un papel de refugio, de alguna forma, en el cual resguardarse del dolor y el abatimiento. Con su cadencia alegre y su letra ("Come on and hear Alexander's Ragtime Band!/ It's the best band in the land!/ They can play a bugle call like you've never heard before/ So natural that you'll wanna go to war!) muestran el paisaje de una época única en la historia del jazz.

J,ER:  ¿Cuáles son los proyectos a corto plazo de Rouge a Tempo?

CR: En este momento está por salir nuestro primer trabajo discográfico, Come on and hear!, que estaremos presentando el Jueves 9 de Julio a las 21hs en Bebop Jazz Club. De momento es lo que más ocupadas nos tiene. Vamos a interpretar el repertorio del disco con alguna que otra sorpresa para nuestro público. ¡Nos tiene muy entusiasmadas! Luego tenemos previstas varias fechas para presentar el disco afuera, en diferentes provincias del país, y veremos, ¡quizá algún día podamos llevarlo a España!
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Poco se puede añadir, sólo esperar que llegue el disco y que tengamos la suerte de que hagan gira internacional. Mientras tanto, nos conformamos con disfrutar de sus vídeos y del boogie woogie. Por favor, ¡cantad, chicas, cantad!


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* Web oficial: www.rougeatempo.com.ar


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EL TROMPETISTA

Luces y sombras de un músico con alma

El trompetista (Young Man With A Horn) de Michael Curtiz pasa por ser la primera película que aborda el personaje del músico de jazz como un artista, con su preocupación por la creatividad y su lucha interior a flor de piel. Esta faceta, que hoy puede parecer un cliché más de los que Hollywood cuelga a las películas de jazz, fue en aquel momento (1950) una novedad desconcertante.




Cuando el protagonista, Rick Martin (Kirk Douglas) aprende que hay dos formas de tocar: la complaciente que busca el público y la excitante que agrada al artista, pregunta al director de la orquesta: "¿Tenemos que tocar siempre los números de la misma forma?". A cambio, recibe un consejo: "Si te gusta la soledad, toca jazz". En 1950 tocar jazz ya era nadar a contracorriente. Pasada la moda de las orquestas de swing, con los efectos de la onda expansiva del bebop aún sin valorar (justamente) por los críticos, una novela y después una película ahondaron por primera vez en la psicología de un músico preocupado no por su carrera sino por la música en sí. La búsqueda (sobreentendida en casi todo el metraje) de una nota especial ("una de esas notas que rara vez se producían") es sólo un ejemplo de inconformismo.


El aspecto de la película más criticado por los amantes del jazz es que se haya vendido siempre como una biografía o una dramatización de la vida de Bix Beiderbecke, el primer músico blanco que alcanzó relevancia en el jazz. Pero la película tiene poco que ver con la vida de Bix, apenas algunos puntos en común. El problema viene de la novela original de Dorothy Baker, que se inspiró libremente en la vida del trompetista y que lleva como título "Young Man With A Horn", uno de los temas que grabó Bix. Pero si así fuera, si se tratara de Bix, el gran acierto sería ese Hoagy Carmichael que hace las veces de narrador en la película y de contrapunto al protagonista. Ácido, chispeante y, aportando peso a esta película blanca, Hoagy Carmichael en su punto.

Con personajes coloridos (aunque blancos en su mayoría, salvo el mentor de Rick, el origen de su jazz, un negro, por supuesto) con nombres sonoros como Jo Jordan y Will Willoughby, la película puede parecer un tanto floja con el paso de los años, pero la lucha del personaje no ha cambiado: el desafío intelectual ha prevalecido en el jazz de las décadas siguientes sobre el simple ejercicio de la música de baile.

Uno de estos personajes, Jo Jordan, está interpretado por Doris Day, paradigma de las comedias simples de la época, actriz y cantante de jazz con discretos recursos y notable éxito. Anecdóticamente, Day ya había sufrido las calamidades de formar parte de una orquesta de jazz, y aquí interpreta al ángel bueno que apoya la carrera del protagonista mientras que Lauren Bacall encarna al personaje contrario, una psicóloga que desprecia el jazz y aleja a Rick de sus sueños. Doris Day, además, interpreta tres buenos temas "With a Song in my Heart", "The Very Thought of You", and "Too Marvelous for Words", canciones que son como declaraciones de amor, y pone caritas a Douglas en una convincente interpretación (menos empalagosa que en otras de sus películas) de una chica impresionada por el alma de un artista.

Siguiendo con el lado musical de la película, habría que recalcar la banda sonora, con retazos de jazz, compuesta y adaptada por Ray Heindorf (y Max Steiner, aunque éste no aparezca en los títulos de crédito) y la deliciosa trompeta (¡con ecos de Bix Beiderbecke!) de Harry James, que toca en la sombra los temas que "interpreta" Kirk Douglas en la pantalla. El trompetista fantasma está acompañado por la Harry James Orchestra.

Siempre que no lo vean como una biografía de Bix, podrán disfrutar de un buen film con una estimulante banda sonora. Advertencia: la película cambia de título según el país (Young Man With a Trumpet, Young Man of Music, Luz y Sombras, Música en el alma, Dois Mulheres e Dois Destinos) y, aunque aparece como descatalogada, yo conseguí una copia en inglés en ebay.

Les dejo con la escena rebelde, una de las que explican mejor el espíritu del personaje y el momento histórico en que ocurre la historia. Interpretan "Get Happy":



TÓCALA OTRA VEZ

¿Quién es Hoagy Carmichael?

Que el cine de Hollywood tardó muchos años en mostrar cierto respeto por el jazz como forma de arte y como forma de vida es algo que nadie duda. Casi todos los papeles que el gran Satchmo hizo en el cine fueron meras apariciones de "negro tocando la trompeta", los actores negros interpretaban exclusivamente a criados y campesinos. Véase el ejemplo de King of jazz (John M. Anderson, 1930), película sobre una orquesta de jazz blanca en la que sólo aparecen los negros para llevar las maletas.

Cuestiones raciales aparte, el jazz siguió siendo durante muchos años un borroso telón de fondo, meramente ornamental, que ilustraba ciertos aspectos dramáticos en los que nunca se profundizaba. Un pianista interpretando ragtime de fondo de un diálogo, una referencia a un club de jazz, una banda sonora con swing... elementos que han dado mucho juego en la historia del cine sin ofrecer al mundo del jazz nada a cambio: la música de jazz hasta los años 50 no fue más que un toque exótico sin que a nadie se le ocurriera tomar en consideración escribir un argumento en el que la música (creación, interpretación, forma de vida) tuviera un papel protagonista.

A Hoagy Carmichael (1899-1981) le tocó interpretar el papel de "pianista de atrezzo" un sinfín de veces. Sus papeles en el cine en los años 40 suelen aparecer citados en los repartos como "Singer" o "Piano man", dejando claro que en algunas películas el cantante o el pianista son meros extras. Eso sí, también le toca de vez en cuando levantar la cabeza de las teclas y dar algún consejo gracioso a la chica de otro.

La biografía de Hoagy Carmichael dice que aprendió a tocar el piano empujado por su madre, quien le advirtió, sin embargo, que esto nunca le daría de comer. También cuenta que fundó su propia banda de jazz mientras estudiaba derecho en Indiana pero que fue el descubrimiento de un cornetista llamado Bix Beiderbecke lo que le hizo "perder el juicio". Cuando improvisó ante aquel músico blanco de jazz, Bix le preguntó "¿Por qué no escribes música, Hoagy?". La primera grabación de Hoagy Carmichael fue Riverboat shuffle, que grabó el propio Bix. Pero su carrera no sería tan fácil como la de su ídolo. Después de sus primeros (y moderados) éxitos se mudó a Nueva York, donde los editores musicales rechazaron sus composiciones por falta de comercialidad. Tuvo que ganarse la vida con trabajos más mundanos, pero continuó escribiendo, tratando de ser "comercial", componiendo temas tan imprescindibles como Georgia on my mind, Stardust o Heart and soul, hasta que luminarias como Duke Ellington, Louis Armstrong o los hermanos Dorsey comenzaron a interpretar los temas que Hoagy había escrito, reescribiéndolos a su estilo y haciendo justicia a un compositor que amenazaba con caer en el olvido.

A pesar del éxito de sus canciones en orquestas y en la radio, Hoagy Carmichael seguía siendo un desconocido para el público. Se mudó a Hollywood, meca de los compositores de la época, comenzó a trabajar con Johnny Mercer (con quien ganó un Oscar), Frank Loesser y Mitchell Parish, grabó discos y apareció en algunas películas, interpretando siempre a músicos, como en Tener y no tener (Howard Hawks, 1944) tocándole el piano a Lauren Bacall, Los mejores años de nuestra vida (William Wyler, 1946) y la película sobre la vida (idealizada) de Bix Beiderbecke (Young man with a horn, Michael Curtiz, 1950). A partir de la irrupción de la televisión, dejó el papel de "pianista de decorado" y comenzó a hacer papeles esporádicos en multitud de series de televisión, lo que le permitió sobrevivir dentro del show business.

Sin embargo, a pesar de la relevancia y la inmanencia de sus composiciones (sus temas aparecen según imdb.com en 170 bandas sonoras), su discografía como intérprete apenas tiene resonancia en nuestros días, y podemos considerarlo una gloria olvidada a quien le tocó interpretar un papel de relleno.