The Choco's Hot Seven recrean esa manera festiva de disfrutar del jazz que se aleja de complejos para hacer prevalecer el placer de la música, lo que no excluye la necesidad de cierto virtuosismo para defender estos ritmos incansables. La banda acaba de sacar su primer álbum en Blue Asteroid Records con el título de Spanish Tinge. (que viene a significar "tinte español", algo que nos devuelve a la Nueva Orleáns que vio el nacimiento del jazz hace más de cien años y donde, entre otras influencias musicales, prevalecían los ritmos que venían del Caribe y que, a su vez, eran herederos de los ritmos africanos y de las tradiciones de los colonos españoles. Como Luis Escalante Ozalla nos comentaba en una entrevista a raíz de su libro Nueva Orleáns 1717-1917, sexo, raza y jass:
Los esclavos que llegaron a Nueva Orleans no procedían de África sino del Caribe, y muchas de sus islas estaban bajo dominio español por lo que estos trabajadores forzosos ya venían con una música influenciada por la española, de ahí que Jelly Roll Morton expresase que el verdadero jazz debería de poseer algo de “spanish tinge” (tinte español).
Y esa es laesencia de The Choco's Hot Seven, un jazz desde la raíz, el que se podía escuchar en aquel momento glorioso de surgimiento, sin posteriores intelectualizaciones ni fusiones forzadas. Los temas no son breves pero se nos hacen fugaces, con la necesidad de escucharlos de nuevo, y se suben a la cabeza desde el primer acorde. El uso de los mismos instrumentos que se usaban en aquella época convoca el espíritu de aquellos fundadores del jazz y garantiza un sonido crudo y auténtico: tuba (Daniel Abad), banjo (Mario Pousada), tabla de lavar (Álvaro Blas), corneta (Nacho Botonero), trombón (Israel Lino), clarinete (Ernesto Naranjo) y claqué (Samuel Rigal).
En cuanto al repertorio, pocas sorpresas y muchos temas imprescindibles. El banjo nos da la bienvenida a este disco con una canción que es toda una declaración de intenciones: "Old Fashioned Love" (el cantante invitado es nada menos que Marcos Padilla, de O Sister!) y todo a partir de aquí nos sonará viejo, viejo con el lustre de lo verdaderamente valioso y que vale la pena preservar, temazos que han sobrevivido a todo un siglo a las modas pasajeras, como "St. Louis Blues" (que escribió WC Handy y a la que dio su forma inmortal Louis Armstrong), aquí con unos solos fabulosos a la corneta (con un toque español) y al trombón; "Makin' Runs", atribuida a Buddy Bolden; o esa pieza imprescindible que es "It Don't Mean a Thing" con sus sucesivos solos, siempre al límite, y su juego de llamada/respuesta entre la tabla de lavar y el claqué. El final es una gloriosa versión de "On The Sunny Side of Street" que comienza con un tempo lento, perezoso, que sugiere ese calor de Louisiana, y que conduce a un final lírico, inspirador, a un final estimulante.
Aquí les dejo un medley, pero lo mejor, sin duda, es escucharlos en directo, ya sea en concierto callejero o en los formatos que ofrecen de concierto dramatizado o concierto didáctico. No se los pierdan.
...y una breve historia del jazz con fines solidarios.
No suelo hacer reseñas de conciertos porque nunca he sido partidario de los diarios y porque los conciertos hay que vivirlos. El jazz es efímero y lo que hoy suena mañana sonará a otra cosa. Pero anoche tuve la ocasión de vivir uno de esos conciertos en los que no hay ni un compás de desperdicio. Cuatro músicos (cinco en algunos temas) que venían de distintos puntos de la provincia de Huelva y que nunca habían tocado juntos, se juntaron una hora antes del concierto y convirtieron luego una pequeña colección de standards ("Cherokee", "Four", "My Funny Valentine" entre otros) en una noche memorable.
Los músicos: Antonio Olivo al saxo alto, todo un prodigio de fuerza e imaginación, con solos enormes y muy imaginativos; Pablo Báez (bajista de Jorge Pardo, entre otros proyectos), sonando aquí muy mainstream, capaz de conseguir cualquier cosa de su contrabajo en los solos; Juanki Silva a la guitarra, con un estilo sorprendentemente limpio tanto en single line como en los acordes; el jovencísimo Martín Regañá, que a sus 18 años parece dominar la batería y todos sus recursos, sólido en el acompañamiento y nunca aburrido; y, finalmente, Israel Lino, trombonista muy personal y potente. Después, jam session...
La excusa del evento era la presentación de una breve Historia del Jazz desarrollada por Rubén García López y que viene a sumarse a una larga lista de eventos (conciertos, presentaciones, jams, visionado de documentales...) con los que la asociación Bellavista Social Club pretende fomentar la pasión por el jazz. El club, ahora constituido como asociación cultural, tiene su base (no podía ser de otra forma) en el bar donde realizan los conciertos. La edición de esta Historia del Jazz, muy breve, de apenas 70 páginas y profusamente ilustrada, se ha realizado en colaboración con la asociación de músicos de Huelva Onujazz y con la Asociación "Lazos de Familia", que realiza todo tipo de labores solidarias con niños saharauis. Al fin solidario del libro se unen los conciertos benéficos Sahajazz que cada Navidad el club realiza. Casi nada.