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TIEMPO DE HOMENAJES

CLARK TERRY, WAYNE SHORTER, MONK...

Recopilamos en este artículo (sin interés comparativo) tres álbumes monográficos editados recientemente. Cada uno de ellos se mira en un jazzman clásico para enfocar su repertorio con una personalidad nueva. Son un saxofonista que reimagina a Monk, un guitarrista que lleva a su terreno temas de Wayne Shorter y un saxofonista barítono que versiona a Clark Terry con toda una big band detrás. Cosas del jazz.


ADAM SCHROEDER & MARK MASTERS, CT! 
(Capri Records, 2024)

El arreglista Mark Masters aparece con regularidad en el panorama del jazz al frente de discos muy interesantes en los que juega simplemente el papel de arreglista o de director. En el disco que hoy escuchamos, se ha aliado con el saxofonista barítono Adam Schroeder para versionar nada más y nada menos que a Clark TerrySeguramente, los standards compuestos por Clark Terry no tengan los títulos más recordados entre los aficionados al jazz, pero todos reconocen perfectamente la voz de su trompeta. En este disco, el papel protagonista lo tiene Adam Schroeder (no interpreta a Terry salvo en espíritu), uno de los músicos más solicitados de Los Angeles, que se mueve con elegancia y contundencia en temas como "Groundhog" o "Boardwalk", con un swing enérgico que se aprecia mejor en el barítono. 


Schroeder concibió el proyecto como una celebración del centenario de CT, pero el parón de la pandemia le hizo posponer el proyecto, ahora publicado por Capri Records. En alianza con el arreglista Mark Masters, ha definido este proyecto a lo grande, con una docena de músicos (Sal Lozano, saxo alto; Bob Sheppard, tenor y soprano; Kirsten Edkins, tenor; Adam Schroeder, barítono; Francisco Torres, trombón solista; Ido Meshulam y Lemar Guillary, trombones; Dan Fornero; trompeta solista; James Ford y Aaron Janik, trompetas; Edwin Livingston, bajo; Peter Erskine, batería) y temas arreglados de una manera muy inteligente, respetando el espíritu juguetón de la música original pero acercándola (mérito de Masters) a la filosofía de Duke o de Count Basie, jugando con el ritmo y con intervenciones explosivas de los vientos, eso sí, con un brillante sonido de big band moderna. Los temas de CT, llenos de solos, guardan constantes momentos de esos que un aficionado al jazz aprecia. También continen pasajes que nos recuerdan aquella complicidad entre Clark Terry y Pepper Adams... o Bob Brookmeyer. Nostalgias... 




* Más info en Capri Records: caprirecords.com

* Foto: Joe Masters.






CHRISTOPH GRAB'S REFLECTIONS QUINTET, Oneness
(Lamento Records, 2023)

En Oneness, el saxofonista suizo Christoph Grab y su quinteto Reflections hacen un particular homenaje a la música de Thelonious Monk con un repertorio que se sale de lo habitual, rebuscando en su discografía para construir su propia versión de los grandes éxitos de Monk sin sus temas más conocidos. Sí, están "Ugly Betty" y "We See", pero muchos echarán en falta temas mucho más escuchados (y repetidos). A este repertorio inesperado se une una formación bastante inusual, un quinteto sin instrumento armónico, con tres vientos al frente: saxo, trompeta y trombón (Christoph Grab, Lukas ThoeniAndreas Tschopp, respectivamente), bajo (Bänz Oester) y batería (Pius Baschnagel).


Los arreglos (todos de Grab) respetan los indecisos ritmos de Monk (ah, esa seductora versión de "Skippy") y adapta su peculiar manera de escribir los acordes al lenguaje de un quinteto con la peculiar tímbrica de tres instrumentos de viento sonando al unísono. A eso se añade una dosis bastante importante de improvisación. El grupo suena bastante melódico en los chorus y, por momentos salvaje, en temas donde la improvisación "empuja" a las composiciones de Monk hasta sonoridades callejeras que nos recuerdan a Nueva Orleans ("Wee See") o más contemporáneas y atonales ("Work") sin perder de vista la filosofía monkiana en ningún momento.

En definitiva, un disco recomendable, tanto para fans de Monk como para seguidores de sonidos más modernos, en especial porque demuestra que la modernidad de este pianista fallecido hace 40 años sigue vigente.



* Más info: www.christophgrab.com


ERAN HAR EVEN, Shorter Days (World Citizen Music, 2024)

El homenaje (quizás) más inesperado es el del guitarrista Eran Har Even. Su álbum Shorter Days es toda una revelación. A priori, reinterpretar las armonías de un músico tan complejo como Wayne Shorter a las seis cuerdas parece imposible. Transportar su música para saxo es, ya de por sí, un trabajo que no puede dar buenos resultados, pero el guitarrista (a trío con el bajista Omer Govreen y el baterista Wouter Kühne) se ha centrado en las melodías y las armonías para construir un sólido homenaje donde trae a su terreno los temas de Shorter para que parezcan escritos para guitarra. 


Documentales como Zero Gravitydirigido por Dorsay Alavi (y producido por Brad Pitt, entre otros) para Prime Video, no hacen sino avivar la nostalgia por este compositor tan espiritual, siempre buscando nuevas dimensiones musicales. Puede que, a la guitarra, sus temas no suenen tan místicos, y tengamos que asumir que, en el fondo, Shorter era humano, pero su jazz, especialmente el de sus inicios, suena efervescente y swingueante en las manos de Eran Har Even ("One by One", "Capricorn"), evocador en la desnudez del trío ("Night Dreamer", que mantiene su delicioso 3/4 original) o lleno de extensos discursos melódicos ("Nefertiti").

Quizás sea un álbum que vaya a gustar más a los aficionados a la guitarra de jazz que a los fans de Shorter (a quienes también recomiendo) pero es un buen ejemplo de cómo hacer un tributo a un músico respetando su filosofía musical y, al mismo tiempo, empleando una voz personal, nueva.



* Más info: www.eranhareven.com

QUINCY

El músico, el arreglista, el productor, el mago...

Puede que, como dice la publicidad, nadie haya tenido una carrera como la de Quincy Jones, y de ello se ocupa este documental original de Netflix. La excusa argumental es la apretada agenda de este músico octogenario, incluidos los preparativos, durante casi tres años, de un concierto en el African American Museum Smithsonian para su inauguración. Su hija Rashida Jones filma y dirige este documental junto con Alan Hicks, quien ya dirigió un documental sobre otro grande del jazz, Clark Terry (Keep on Keepin' On) en 2014, uno de los grandes amigos de Q, como le llaman sus allegados.

El documental hace un repaso a sus orígenes pobres en el Chicago de los años 30, con la explosión de los gangs, en una época en la que, dice, "los negros no existían en los libros de texto", razón por la cual no tenía referencias y no sabía qué quería ser en la vida hasta que descubrió un viejo piano vertical, lo tocó unos segundos y supo que había encontrado su vocación. Cuenta que aprendió percusión, trombón, tuba, trompa... hasta que se decidió por la trompeta porque no tenía dinero para un instrumento más caro. Entonces, conoció a músicos de jazz, "negros dignos y orgullosos" y descubrió que eso era lo que quería ser.
Solía juntarme entre bambalinas con Count Basie y con Clark Terry. Sé que los molestaba muchísimo pero tuvieron la amabilidad de decirme: "Bueno, así es como se hace."
Nieto de una esclava liberada y de un emigrante galés, hijo de un jugador de béisbol, Quincy Jones comenzó a tocar la trompeta con 14 años en bandas de soul en Seattle para luego ingresar en la big band de Lionel Hampton, tocaba con algún grupo y luego iba a tocar toda la noche bebop... A los 18 entra en la banda de Lionel Hampton y descubre el mundo, las giras, el racismo, el extranjero... Dinah Washington le pidió que escribiera su próximo disco y luego lo llamó Frank Sinatra para que le hiciera unos arreglos, y así despegó su carrera como arreglista y compositor con Louis Armstrong, Count Basie, Dizzy... Fue productor en París antes de convertirse en director de big band con ese sentido del ritmo y los metales tan grandilocuente que se hizo tan popular y que también le hizo un hueco en el soul y en otras músicas negras que explotaron en los 60 y los 70.

El documental está aderezado con la música compuesta o producida por Quincy Jones y con apariciones de músicos como Miles Davis, Ella Fitzgerald, Al Jarreau, Herbie Hancock, Chick Corea, Richard Bona, Carlos Santana, Stevie Wonder, Frank Sinatra, Bono... monstruos del rock y del jazz que forman parte importante de esta historia.

Q, aficionado a los horóscopos, es un piscis que ha vivido (y sigue viviendo) de la creatividad. Les dejo con uno de los temas más recordados de su larga discografía, "Soul Bossa Nova", de su álbum Big Band Bossa Nova (Mercury, 1962) en una actuación reciente en el 50º edición del Festival de Montreux (2017).



DUKE ELLINGTON's HARLEM SUITE

Bienvenidos a la amalgama

Que Duke Ellington fue un genio sobra decirlo, de manera que no es necesario recordar sus méritos musicales ni lo longevo de su creatividad. Cualquier álbum del Duque al que uno recurra para que "le salve la vida", como decía la chica de American Hustle, es garantía de que uno va a pasar un buen rato. La obra de la que hoy hablamos y que lleva toda la semana sonando sin parar dentro de nuestra cabeza es la conocida como "Harlem Suite".

El tema en cuestión, una suite de 14 minutos, comienza con un solo de trompeta que entona repetidamente la palabra "Harlem" y que marca la frontera racial del territorio al que estamos a punto de viajar musicalmente... Les invitamos a acompañarnos pulsando play más abajo..


Toda la amalgama de razas y tradiciones va ilustrando paulatinamente la suite. El propio Duke lo explicaba en sus memorias con las siguientes palabras: "Es domingo por la mañana. Vamos paseando de la calle 110 hasta la Séptima Avenida, dirigiéndonos al Norte a través del Harlem hispano y al Oeste por el barrio hindú hacia la zona de negocios de la calle 125... Puedes oír un desfile pasar o un funeral o reconocer el paso de esos que reclaman derechos civiles." De hecho, está todo ahí: las prisas, el metro, el gentío, el cambio cultural de una calle a otra... incluso se puede percibir la moda, la forma en que vestía Harlem en 1950, hablaba, se movía...

Diversas fuentes apuntan a que fue el pianista clásico Arturo Toscanini quien encargó a Duke la composición de esta suite, de ahí la estructura culta de la pieza. El italiano, atraído por la mezcla de sonoridades del jazz ellingtoniano jamás llegó a dirigir la obra, que fue incluida un año después en el álbum Ellington Uptown (Columbia, 1951) y aparecía con el título completo de "A Tone Parallel To Harlem (Harlem Suite)". Duke repite esta perspectiva clásica del jazz en otras composiciones como la "Liberian Suite" o la "Suite Thursday", llegando a estrenar alguna con orquesta sinfónica, pero, a nuestro parecer, ninguna de ellas aúna con tanta autoridad los cánones musicales occidental y africano como esta "Harlem Suite".

Aunque para los expertos, la década de los 50 (y especialmente su primera mitad) fue la época más anodina de Duke, lo cierto es que el elenco de músicos que participa en este disco es espectacular e incluye a más de 30 músicos, entre los que cabría destacar (por no nombrarlos a todos) a Billy Strayhorn al piano; Clark Terry y Ray Nance a la trompeta; Juan Tizol al trombón de válvulas; Willie Smith y Johnny Hodges en el saxo alto; Paul Gonsalves al tenor; Fred Guy a la guitarra; Oscar Pettiford al bajo...